by Editorial Excentrica | 10 \10\America/Argentina/Buenos_Aires agosto \10\America/Argentina/Buenos_Aires 2026 | Carrousel, Poesía
Poemas del uruguayo maca, del libro recientemente publicado en Argentina por La mariposa y la iguana.
Sapo
había sapos y era de noche
padre embromaba con que era sonámbulo
y a mí me daba un poco de miedo los sapos
y eso de caminar dormido
hasta la propia palabra
era San José de Carrasco
y no recuerdo otra cosa que eso y la sangre
burbujeando en la sopa de remolachas
y tal vez cierta tristeza
ante la posibilidad de defraudar a padre.
*
«te acordás la cantidá
de primos que tenías?» le dice
abuelo al menor de los primos / aquel
rubiecito / «no pienses en eso», llenando
los vasos de los culones / «…y varios
eran más jóvenes que vos» / apenas
un poquito se desbordó uno
de ellos «no queda ninguno vivo» / pero
no le respondió naides
*
cada día me entero que se murió otro poeta
que no he leído
cualquiera puede hacer el cuatro
una pila de papeles se deja caer de la mesa
sin un porqué
chinga la manga
abuelo albañil, pescador compulsivo
ensarta la lombriz en el anzuelo
algo se le escapa
chinga, chinga la manga
tapa tío con la mano la boca del vaso
«tamo servido»
*
tensa la tanza lo conecta con el río
pasaban las toninas como sonriendo
aquel verano
bien cerquita
—esta es mi roca dice abuelo
los pies metidos en el agua fría / el río
dice lo mismo y no está de acuerdo
mientras
el Lobo dormido se desentiende
de la pesca con todos sus abrojos prendidos
abuelo a veces también dormita
la tarde:
*
el abuelo que murió en el 76
me pregunta por hija
mientras me pasa el violín
le digo que posiblemente vuelva para las fiestas
en eso madrina pasa con su tacita en la mano
no le gusta el pescado a hijo
dice que está llenito de alfileres
creo estar servido
igual llamo a la enfermera
que no me escucha
–acaso acusa acoso–
hay un profundo aliento anciano
no me gusta
la comida sin sal
(nunca más volvimos a ver al loco del barrio)
trajeron el cachorro
es chiquito
le voy a poner Lobo:
Gustavo Wojciechowski (maca) nació en Montevideo en 1956. Diseñador gráfico, ilustrador, artista visual. Poeta y editor. Ha publicado una veintena de libros de poesía, una novela, poesía visual y tipográfica, así como algunos cds con sus textos en colaboración con músicos y diversos artistas multimediales. Funda e integra el grupo de trabajo y sello editorial Ediciones de UNO (el cual integra desde 1982 hasta 1987). En 2004 funda su propio sello editorial: Yaugurú. Ha realizado varias exposiciones de poesía visual y tipográfica, tanto en el Uruguay como en el extranjero. Ha participado en festivales de poesía en Uruguay, Argentina, México, Puerto Rico, El Salvador, Guatemala, Chile y Venezuela.
by Editorial Excentrica | 6 \06\America/Argentina/Buenos_Aires agosto \06\America/Argentina/Buenos_Aires 2026 | Carrousel, Entrevista
Entre el rock independiente y el activismo feminista y LGBTTIQ+, Paula Maffía construyó una carrera a fuerza de autogestión. Con su tercer álbum solista, República afectiva, recién editado, Paula será quien abra el XVI Festival de Poesía en el Centro Cultural de la Cooperación. Acá, sus primeras epifanías con la música y sus claves para no perder la voz interior.
por Leandro González de León y Nicolás Mateo*
Tu tío abuelo era Pedro Maffía, uno de los grandes bandoneonistas del tango. Sin embargo, has contado que tus familiares no te incentivaron hacia la música. ¿Qué pasó con ese legado?
Sencillamente eso: la música se saltó una generación… Los Maffía eran inmigrantes italianos que llegaron a General Rodríguez y tuvieron doce hijos. Uno de ellos era mi tío bisabuelo. Cuando nacía el más chico, el más grande ya se había ido de la casa. Entonces mi abuelo no responde directamente a esa rama: quizás se odiaban a muerte, se debían plata, o directamente no se conocieron nunca…
Mi parte de la familia es la rama de la abuela Tuca y el abuelo Coco, una parte unida, linda, que se vino a Capital hace casi un siglo. Tengo entendido que gran parte de la familia todavía vive en General Rodríguez, dedicada al tambo.
De la historia de Pedro me enteré más de grande, la verdad. Pero cuando vi fotos de él, el parecido es asombroso: tiene los mismos rasgos que mi viejo y mi hermana. Tenemos la misma ojera, la misma boca —toda la familia tiene esos rasgos, es increíble— hasta el movimiento de las cejas. Con la llegada de YouTube, cuando vi por primera vez un video de él, fue impactante. Me emocionó muchísimo ver qué poderosa es la genealogía. Pero mi música no tiene nada que ver con la suya.
Entonces tu conexión con la música no llega de ahí, llega de otro lado…
Yo era melómana desde muy chiquita, desde los dos. De hecho, uno de los primeros recuerdos vívidos que tengo es con la música.
¿Te acordas un poco de esas músicas?
La primera canción que me descalabró el cerebro fue “Canción de bañar la luna”, de María Elena Walsh. La escuché en el jardín, en su versión original. Me impactó mucho la imagen de la luna haciendo las cosas que yo haría de niña: chapotear en un charquito, robar una flor, comer arroz. Y algo de la melodía, ¿no? Esa pentatónica —ahora lo analizo retrospectivamente— es un lenguaje común entre la música asiática y un carnavalito… Después, a los cinco escuché “Moonlight Shadow” de Mike Oldfield en el auto de papá, y también me pareció una canción increíble. Al punto tal que me acordé del nombre “Moonlight Shadow” sin saber yo inglés y averigüé el significado.
Tus primeras palabras en inglés…
Posiblemente, ¿eh? Y a los nueve me pasó con “Dreams” de los Cranberries: quería que todo se detuviera y quedarme solamente escuchando la música. Por último, a los 15 me acuerdo que tuve una epifanía. En esa época ibas a Musimundo y tenían unos dispositivos donde vos ponías un disquito y lo podías escuchar entero, en un display. Había salido hacía muy poco “Mezzanine”, el tercer disco de Massive Attack. Me puse los auriculares, puse play, y me quedé parada los 72 minutos que dura ese disco sin poder largarlo. Lo escuché de principio a fin. Nunca fui tan buena oyente como ese día, a mis 15 años, parada ahí, escuchando ese disco de principio a fin, aguantando la respiración porque no quería que nada lo interrumpiera. Fue un viaje, una locura.
Yo no le pierdo el rastro a una canción que me encanta, soy una cazadora, no la dejo ir. Me parece que eso en gran medida es lo que diferencia al artista de la persona que puede generar arte y la deja pasar. Porque hay un método urgente, que es como “esto es indispensable, mi vida no puede seguir si yo no busco esto”.
¿Cómo fue tu relación con la antropología?
Fue una carrera que quise estudiar y que deseé mucho. Entré posiblemente por el estudio de las religiones comparadas, la mitología. Pensé que ahí iba a saciar un montón de esta curiosidad que tenía, y también algo en relación a cómo la humanidad se vuelve una especie tan necesitada de la cultura, ¿no? Porque es la gran diferencia que tenemos con los animales —posiblemente, aparte de la tecnología, obvio— pero esa herida que tenemos con la cultura y con el lenguaje siempre me pareció muy interesante. En la pulseada le ganó la música, y honestamente dije: “Yo ya me llevo lo que necesito de esta carrera.” Les agradecí mucho eso.
Nos retrotraemos a tus años de punk, aunque no los nombraste como epifanías…
Bueno, es que yo siento que sigo mis años de punk…
En el contexto del 2001, las fábricas recuperadas, toda esa cultura de la autogestión que fue bastante propia de esa época y que hoy vuelve a estar presente. ¿Qué te dejó esa experiencia? ¿Cómo impactó esa lógica autogestiva en tu música y en la forma en que organizás tu trabajo hoy?
Para mí hacer música es imbricarse con un montón de otras áreas de la cultura que tienen que ver con la producción, con la gestión, con el registro, con la radio… Por haber empezado mis primeros años en la autogestión puedo salir airosa en cualquier situación, y eso me volvió muy independiente. He visto gente entrar y salir del mundo de la música un poco perdida, gente muy talentosa como música pero sin ningún tipo de talento para producirse o para llevar adelante su carrera. De alguna manera o estás muy bien en el mainstream, o sos autogestivo: no existe una clase media en la música. Porque no hay dinero, sencillamente, o está todo en el mainstream, y si no, se genera en este circuito paralelo que es el off, la escena autogestiva.
Así que es autogestión o mainstream… o abandonar la música. No hay término medio, ¿no?
No hay términos medios… Son caros, son difíciles de sostener. Cada vez se difumina más el rol de productor y comienza más el de manager, de esa persona que acompaña un proyecto…
La buena noticia de la autogestión, tal como la presentas, es que la autogestión permite permanecer en la música…
y es un lugar al que volver también… Digo, hay mucha gente que quizá de pronto empieza en la autogestión y de pronto su carrera despega, o es esponsoreada, u obtiene un mecenazgo, y despega su carrera. Y después esa persona puede volver a la autogestión, ¿no? No pasa nada. Es una forma de vida. Nunca es bueno ser dependiente.
Das tutorías sobre creatividad, ¿qué nos podés contar sobre eso?
La creatividad es muy personal y es, ante todo, una atención. Garantizar una buena creatividad es aprender a oír esa voz interior que nos da una narrativa. Las tutorías que doy tienen que ver con crisis creativa y bloqueo, y tiene que ver con que a veces desoímos esa voz interna, no por necedad, sino porque estamos quizá un poco ensordecidos por un montón de información externa.
Entonces, la expectativa, la noción del éxito que vemos desde afuera, la voluntad de replicar lo que a otros les pasó y lo que queremos, el delirio de grandeza, el complejo de inferioridad: hay un montón de factores que nos hacen un poco desoír esa voz interna, que es un poco la narrativa de algo que queremos contar, algo que necesitamos decir.
Entonces, un poco aprender a despejar esas voces gritonas que nos cacarean dentro de la mente y empezar a vislumbrar con un poco más de claridad aquello que queremos contar es una gran manera de estar a tiro con la creatividad propia. Si no escuchamos eso, es muy difícil que podamos ver el objetivo de lo que buscamos decir: el fundamento de lo que necesitamos explicar, el motivo por el cual y desde el cual queremos comunicarnos. Y si no la vemos, no la hacemos; si no la creemos, no la creamos.
Dicho esto, para mí también es muy importante animarse a tener un método propio. No es una tontería, ¿eh? Y tampoco es una tontería hacerse de las herramientas para garantizar esa creatividad.
¿Cómo es la dinámica de esos encuentros?
Es completamente custom a las necesidades que tenga la persona que viene. Lo que yo busco es destrabar un nudo, o ayudar a una persona que tiene la hoja en blanco y no puede a partir de ahí hacer algo; también ayudar en esos primeros pasos. Hay una pequeña ética del espacio, que es: yo quiero estar solamente para esta etapa, no quiero generar un vínculo absorbente. O sea, yo soy medio iconoclasta, y no me gusta ni que la gente sea dependiente a la hora de crear. Para mí parte de mi método es: no tengas un método conmigo. No tengas un método. Mi método es no tener método. Ese es mi método.
Es tan necesario repensar las cosas, ¿no? En una época donde todo ha cambiado —el cambio tecnológico, los cambios en la política, cosas que dejan de funcionar y que necesitan reinventarse—, es clave apelar a la creatividad, incluso para la propia vida.
No hay nada peor que trabajar por inercia, porque enseguidita nos volvemos eslabones de este sistema macabro que nos devora. Fijate cómo, si tenemos un segundo libre, lo que hacemos es caernos de narices sobre el teléfono. No toleramos un espacio vacío, necesitamos llenarlo con algo. Es una urgencia violenta e infantil. Solo para no hundirse, no hay que sucumbir a la inercia. Hay que hacer un ejercicio como de flotar, un ejercicio de movimiento pequeño y permanente.
Paula Maffía (Buenos Aires, 1983) es cantante, compositora, poeta e ilustradora. Integrante de bandas como Viva Zapata, Las Taradas y La Cosa Mostra, además de su carrera solista. Cuenta con tres discos solistas: Ojos que ladran (2015), Polvo (2019) y República afectiva (2026); y el EP Lesbiandrama (2023) junto a Lucy Patané. En 2021 publicó su primer libro de poesía, Verso.
Leandro González de León (Buenos Aires, 1986) es licenciado en Comunicación (UBA) y maestrando en Sociología de la Cultura y Análisis Cultural (UNSAM). Conduce el ciclo Nadie podrá impedirlo, por FM La Tribu.
Nicolás Mateo (Castelar, 1985) es licenciado en Gestión Cultural (UNTREF) y Magíster en Sociología por la Universidad de Barcelona. Se desempeña como gestor en la Secretaría de Cultura del Municipio de Morón y columnista musical en Nadie podrá impedirlo, por FM La Tribu.
by Editorial Excentrica | 20 \20\America/Argentina/Buenos_Aires julio \20\America/Argentina/Buenos_Aires 2026 | Carrousel, Ensayo
Fútbol, duelo y narración
por Leandro González de León
“No quiero más perros”, repetía mi madre, llorando, el día que enterramos a Morgan. Morgan era un perro enano, morrudo, que había nacido en mi casa en Castelar. Mi madre no quería más perros y tenía sentido: los perros viven poco. A Morgan me tocó verlo nacer y morir, viejo, lisiado, antes de que yo mismo cumpliera veinte años. Y mi madre —que entonces ya había perdido a su esposo— no soportaba más pérdidas.
Por distintas circunstancias, en Castelar llegamos a tener cinco perros. La primera fue Pepa. La rescató mi hermano de la calle en un año espantoso: 1994. Mi madre colgaba la ropa, llorando, y repetía “ojalá que no sea Diego” cuando escuchó el anuncio del antidoping. Mi padre me ponía al tanto del robo del mundial 90 del que yo no tenía recuerdos. Eran confusos los motivos del robo. Nos cagaron. Nos odiaban. Los italianos, los mexicanos. El gobierno de Estados Unidos. No nos permitían cierta cosa, no nos perdonaban tal otra. “Ojalá que no sea Diego”, repetía mi madre.
No tengo fotos de ese año pero conservé muchos dibujos. Un Dieguito Maradona con la camiseta albiceleste, que aparecía como personaje de una marca de alfajores, y un Conde Drácula con la camiseta amarilla de Rumania, el personaje que yo realmente admiraba. Pasaba mucho tiempo en el espejo contemplando con decepción que el nacimiento del pelo sobre mi frente era completamente recto. Yo quería tener el pelo en punta como Bela Lugosi y otras versiones del vampiro basadas en él. Googleando me entero de que esto se llama pico de viuda. Pedí demasiadas veces que me lleven a la peluquería y alguna vez me pinté la frente, pero no lo conseguí. Googleando me entero de que el pico de viuda se debe a un gen dominante que solo un pequeño porcentaje de la población tiene.
Mi hermano apareció con Pepa, una perrita blanca, minúscula, con ojos saltones y patas chuecas, que lo había seguido por la calle. “No quiero más perros” dijo mi madre mirando a Pepa, mientras decían en la tele que, efectivamente, era Diego. Rumania nos eliminó en octavos de final. Nos cagaron. Nos odiaban. A los argentinos. O sea a mí. Mis intentos de ser un conde rumano no habían dado resultado.
Pepa se terminó quedando en casa y tiempo después parió a Pancho. Luego mi padre adoptó a Fita, una perra que se refugió en su local. Pancho y Fita fueron los padres de Morgan. La quinta mascota, Negrita, había sido primero de mi abuela. En 2006 vimos jugar a la gran selección de Riquelme, que cayó ante Alemania. Mi padre falleció inesperadamente. Luego se fueron muriendo los perros. Tenía sentido: los perros viven poco.
Se podría decir que la muerte de mi padre me hizo adulto. Pero de forma más precisa, fue la muerte de Morgan, el enano morrudo. Morgan había quedado lisiado y empezó a tener dificultades para orinar. Mi madre no se atrevía a tomar la decisión. Acordé la eutanasia con el veterinario y sostuve al perro de una pata hasta el final. “No quiero más perros”, me escuché decir.
El primer jugador fue Blas Giunta, campeón con Boca en 1992. Mi padre estaba fascinado con Sergio, el hijo de uno de sus amigos, que había entrado a las inferiores de Boca. Mi hermano y yo notamos que papá desaparecía los días de partido y volvía contando las hazañas de Sergio y el futuro que tenía. Aunque yo pasaba más tiempo dibujando que jugando a la pelota, aquella vez, con cinco años, elegí parecerme al legendario cinco de Boca. Entró Sergio a casa saludando y no esperaba la patada salvaje que le di por atrás al grito de “Giunta, Giunta, huevo, huevo”.
En el 95, mi padre me recomendó no incluir a Giunta en el equipo de El Gran DT. Sus puntajes ya eran bajos. Me nombró otros jugadores: Hugo Ibarra, de Colón; Pedro Barrios, de Huracán. Googleando confirmo que Giunta se terminó yendo de Boca a fines del 96. La generación siguiente fue duradera y ganadora. A Riquelme me tocó verlo debutar y retirarse, antes de que yo mismo cumpliera treinta años.
Este año cumplí cuarenta y asistí a otro fin, el de la extensa carrera de Messi en la selección y del ciclo (¿terminado?) de Lionel Scaloni, el técnico con más partidos en mundiales de la selección argentina. Las estadísticas no encajan en absoluto con la memoria. 2018 fue ayer. Bilardo y Menotti son figuras legendarias, eternas. Googleando confirmo que efectivamente dirigieron menos partidos que Scaloni. Tiene sentido: los ciclos duran poco. Los jugadores tienen un par de años buenos. El mejor de todos, el de proporciones divinas, completó 20 años en la selección.
La vida sigue. O no. El relato se detiene.
Tengo una buena cobertura de salud. Según mis últimos exámenes de laboratorio, estoy sano. Puedo vivir otros 40 años. Las estadísticas no encajan en absoluto. La esperanza de vida es un abuso del lenguaje.
Escribo estas líneas desvelado tras la final contra España. El equipo de Scaloni no pateó al arco en 120 minutos. Los españoles derrotaron a los argentinos. O sea a mí.
No puedo dormir. Me levanto, deambulo por la casa. Tomo un libro reciente, La crisis de la narración, de Byung-Chul Han. Preparo café, leo portales de noticias.
Googleando veo que no hay feriado, que hay que trabajar. Tengo reuniones con clientes, tengo gimnasio, tengo terapia. Hoy es 20 de julio, se vence el pago del monotributo para los argentinos. O sea para mí. Dice Han: “Vivir es más que resolver problemas. Quien se limita a resolver problemas, no tiene futuro”.
El fin de semana próximo habrá fútbol nuevamente. ¿Más partidos? Dice Han: “Sin narración, la vida es completamente aditiva”.
En algún momento, volverá a jugar la selección. Bien o mal. Seguramente mal. ¿Otra selección? No quiero más perros.
¿Por qué perdimos? ¿Y por qué pensamos que podíamos ganar? Dice Han: “La narración nos salva de la contingencia de la vida”.
Escribo estas líneas desvelado. Dice Han: “La narración es lo único que abre el futuro, al permitirnos albergar esperanzas”.
Escribo estas líneas. Ya no dice nada Han y tiene sentido: sus libros son cortos.
Yo escribo.
Leandro González de León (Buenos Aires, 1986) es licenciado en Comunicación (UBA) y maestrando en Sociología de la Cultura y Análisis Cultural (UNSAM). Conduce el ciclo Nadie podrá impedirlo, por FM La Tribu.
by Editorial Excentrica | 8 \08\America/Argentina/Buenos_Aires julio \08\America/Argentina/Buenos_Aires 2026 | Carrousel, Poesía
Poemas de An Lu
Todos los días las flores de durazno siguen el curso del agua
El grillo
está
en la habitación.
Su cantar
me avisa:
hay que seguir
despierta.
¿Lo mato, no lo mato?
¿Matarías a un grillo?
Gema
Mueve
una por vez
la pieza
los sombreros
golpean
la silla
los peones
asaltan
las ciudades.
Ojal
La azafata
despliega
indicaciones
en el océano
queridos muertos
sin respuesta
todavía.
Harina en vuelo
Canciones
de protesta.
Marchas
interminables.
Banderas
con consignas.
Y la niña
sola
espera
repitiendo
el abecedario.
Aventura
Si estiro con
firmeza
una
de las piernas
sacudo el mapa.
An Lu es el nombre con el que Laura Szwarc da cuenta de su poesía. Artista escénica, escritora, activista cultural. Como poeta ha publicado Harina en vuelo (Ediciones Eolas), También sonidos (Somas) y Es tirar el dado (Editorial Bajamar).
by Editorial Excentrica | 6 \06\America/Argentina/Buenos_Aires julio \06\America/Argentina/Buenos_Aires 2026 | Carrousel, Poesía
Poemas de Carolina Biscayart
COELHO DE MEYRELLES (De : La ciudad fragmentada)
¿Hay fin para los restos que flotan naufragados
el hueso que en la playa musita la irrezable
plegaria a la terrible anunciación?
T.S Eliot
Los pescadores van llegando a esta hora
sus manos surcadas de sol acomodan las redes
brilla la plata de las escamas entre sogas apiladas en las proas
le dicen hasta mañana al mar
con la nostalgia de morirse esa noche
el cielo es tan confuso
que no hay otra opción más que la calma
las gaviotas desconocen la ley de gravedad
y sobrevuelan con gula el olor a pez muerto
se lanzan de repente en línea recta a su bocado
traen esa sensación incómoda
entre el hambre y mantenerse en el aire
a pura ala desplegada
el puerto tiene siempre la esperanza de otro día
los lobos sitian el territorio
con movimiento bruscos
en la impotencia
de sus cuerpos pesados y sus extremidades cortas
estiran la cabeza hacia el último calor de la tarde
no hay en este puerto signo de riqueza
y todo es abundancia
la mirada se clava en la suciedad del muelle
y en la escollera arqueada de humedad y de años
poblada de musgo hasta el ahogo
la poeta vuelve a repetirse
mirando al horizonte
como si no estuviera en el punto de partida
mira profundo
justo ahí antes de la línea donde se unen mar y cielo
la poeta insiste en decir:
nadie busca náufragos que no conoce.
***
JAZMÍN DE LAS AZORES (De : La ciudad fragmentada)
No me hablen de la sabiduría de los ancianos
Sino más bien de su locura
T.S ELIOT
La calle sigue siendo de adoquines
por aquí resuena aún por las mañanas
el sonido del afilador de cuchillos
las luces en las casas
no son para mostrar nada
ni para iluminar
están para dar signos de vida
para despistar
los ladrillos están hechos de piedra
un modo de intentarle
otra jugada al tiempo
los árboles son testigos
bajo su sombra
están los muertos
que gustan del verano
y siguen en esas casas
las suyas
reivindicando las rutinas
del living comedor
las escaleras
los patios
ellos podan aún los domingos
los jazmines de las Azores
que trepan medianeras
y cuidan perfumados
el resto del jardín
Las nietas ya no vamos a misa de diez
no le tememos a los cuchillos
ni a los pibes descarriados
tuvimos hijos en febrero
a la sombra de los mismos árboles
caminada de día por los abuelos
seguimos encendiendo otras luces
para que puedan partir
para velar por su amor
para que nos perdonen.
***
SEMÁNTICA (De: Extrañamiento)
Te sentás en el asiento de atrás del auto del adiós
a los seis años
llevás tu muñeca
entre abrazada y tirada de los pelos
el Sur es un exilio
pero a esa edad
no sabés el significado de la palabra
e xi lio
tal vez hasta te suene bonito
a esa edad sos tan frágil
te pueden sacar
hasta el último amor que te sostiene
te dejás a ese viaje
a ese destino
de escalera empinada sin barandas
a esa visión del abismo
y te vas con el amor hacia atrás
mientras pisás cada escalón
te vas hacia atrás
con el amor
mientras subís a ese cielo final
desangelado.
***
MANTRA Y BALDOSAS (De: Reproducción del barrio)
Mi abuela le teme a los locos
no te acerques dice
se me vienen encima
yo les gusto
me atraen
tienen algo que contar
no se mueven igual
miran distinto
no duermen fácil y las noches le hablan
pero lo más importante:
dicen otras cosas
cosas que huelen a pan recién horneado
a campo en verano después de la lluvia
cosas que cierran un círculo
mi abuela no puede con ellos
yo soy chica y no la entiendo
prefiere morir y rezar el rosario entero
perla por perla
esa repetición logra calmarla
mantra contra los locos
hay en todos los barrios
eso tienen ellos
no eligen donde caer
son como la poesía
aunque los eviten
les bajen el precio
no dejan de florecer
hasta se elevan zigzagueando
como florcitas
ariscas, brillantes
entre las baldosas
de las veredas del barrio.
***
HACIA LA PLAYA (De: Reproducción del barrio)
Los rosales desbordan las medianeras
se van en vicio
los helechos tocan la cara, cosquillean
al andar por las veredas
el verano trae esas cosas
se espera a la madre salir del trabajo
con ropa liviana en el bolso
la piel imagina el color de la orilla
caminamos las dos primero al norte
luego al este
no contamos las calles
si llevamos la cuenta de algo
nos perdemos
irremediablemente
mamá arma cada día
una casa en la arena
sombrilla, toallones, galletitas
la playa es un hogar
que huele a sal y a sapolan ferrini
un chapuzón, aprender de los peces
nuestra piel es dorada
en una bendición de los colores me dicen
mamá brilla
en la precariedad de esa vivienda diaria
olvida su postergación
yo la miro así resplandeciente
y junto caracoles
hundo los pies
en la arena mezclada con piedritas
la miro y siento que el sol así, sobre el cuerpo
le recuerda el principio
donde todo es posible
todavía.
***
INOCENTE (De: Boleto de ida)
No se vuelve
las cosas no permanecen intactas
salvo la infancia
la casa de la calle Roca
cambió de fachada
si me dejaran entrar
los sillones no serían verdes
ni el espejo grande estaría
frente a la puerta principal
el aljibe del patio
tal vez sea un monumento histórico
decorado con macetas mexicanas
la escuela del barrio
ya no alberga los espíritus
de aquellos maestros
de guardapolvo blanco impoluto
trascendieron la escuela, la placita Tucumán
y rodaron hasta la orilla del mar
no se vuelve
se compra boleto de ida
vulgar y silvestre
destino: ciudad feliz
las cosas no permanecen intactas
salvo la noche sobre el mar
en esa orilla que no es cualquiera
con aquel cielo no despejado
donde las manos sobran para contar estrellas
y la humedad molesta hundiéndose hasta el hueso
y esa sensación brutal
de poder ser devorada por las olas
ese temor
a que la única belleza del mundo
te engulla, se alimente de vos
y te dejes ir blandamente
porque no hay obediencia mayor
ni más perfecta
ni más justa
que la inocente.
***
RECURRENCIA ( De: Boleto de ida)
Hay cierta claridad en el inicio
en el lugar del nacimiento
en la ciudad olvidada
hay una marca en el instinto
desde el líquido amniótico
hay una perla en el lugar
donde aquella placenta
quedó enterrada o tirada por descarte
y alimentó luego
un trébol, un insecto, un árbol
un animal
aún se huele la sangre
derramada en el parto
y el olfato no es una bestia mansa
hay una perla esperando
en el viejo jardín
más allá de los dueños
en la memoria del Jazmín de las Azores.
Carolina Biscayart (Mar del Plata, 1972) Desde 1985 vive en Bariloche. Es docente de la Universidad Nacional del Comahue. Es autora de los libros de cuentos Invenciones (Ediciones en Danza 2008 premio Concurso de Escritores patagónicos, reeditado en 2010 por CONABIP) y El amor, sólo una idea (Ediciones de Dock 2012) y de los libros de poesía Eso otro se llama luna (El suri porfiado 2014), La trama que sostiene los jardines (premiada y editada por EMB, 2016), El trazo inevitable de las horas (Ediciones en danza, 2017) , Un lugar para los huesos (El suri porfiado, 2018), y Las Arañas de Moebius (FER 2023), Jazmín de las Azores (Ediciones Las Guachas 2025).