Todos los días las flores de durazno siguen el curso del agua

Todos los días las flores de durazno siguen el curso del agua

Poemas de An Lu

 

Todos los días las flores de durazno siguen el curso del agua

El grillo

está 

en la habitación.

 

Su cantar

me avisa:

         hay que seguir

                                 despierta.

 

¿Lo mato, no lo mato?

 

¿Matarías a un grillo?

 

Gema

Mueve

una por vez

la pieza

 

los sombreros

golpean

la silla

 

los peones

asaltan

las ciudades.

Ojal

La azafata

despliega

indicaciones

 

en el océano

queridos muertos

sin respuesta

todavía. 

 

Harina en vuelo

Canciones 

                   de protesta.

Marchas 

              interminables.

Banderas 

              con consignas.

 

Y la niña

               sola

                     espera

repitiendo

el abecedario.

 

Aventura

Si estiro con 

firmeza

una 

de las piernas

 

sacudo el mapa.

 

An Lu es el nombre con el que Laura Szwarc da cuenta de su poesía. Artista escénica, escritora, activista cultural. Como poeta ha publicado Harina en vuelo (Ediciones Eolas), También sonidos (Somas) y Es tirar el dado (Editorial Bajamar).

Jazmín de las Azores

Jazmín de las Azores

Poemas de Carolina Biscayart

COELHO DE MEYRELLES (De : La ciudad fragmentada)

 

¿Hay fin para los restos que flotan naufragados

el hueso que en la playa musita la irrezable

plegaria a la terrible anunciación?

 

T.S Eliot

 

Los pescadores van llegando a esta hora

sus manos surcadas de sol acomodan las redes

brilla la plata de las escamas entre sogas apiladas en las proas 

le dicen hasta mañana al mar

con la nostalgia de morirse esa noche

 

el cielo es tan confuso

que no hay otra opción más que la calma

 

las gaviotas desconocen la ley de gravedad

y sobrevuelan con gula el olor a pez muerto

se lanzan de repente en línea recta a su bocado

traen esa sensación incómoda 

entre el hambre y mantenerse en el aire 

a pura ala desplegada 

 

el puerto tiene siempre la esperanza de otro día

los lobos sitian el territorio 

con movimiento bruscos

en la impotencia 

de sus cuerpos pesados y sus extremidades cortas

estiran la cabeza hacia el último calor de la tarde

 

no hay en este puerto signo de riqueza 

y todo es abundancia

 

la mirada se clava en la suciedad del muelle

y en la escollera arqueada de humedad y de años

poblada de musgo hasta el ahogo

 

la poeta vuelve a repetirse

mirando al horizonte 

como si no estuviera en el punto de partida

mira profundo 

justo ahí antes de la línea donde se unen mar y cielo

 

la poeta insiste en decir:

nadie busca náufragos que no conoce.

 

***

JAZMÍN DE LAS AZORES (De : La ciudad fragmentada)

 

No me hablen de la sabiduría de los ancianos 

Sino más bien de su locura

T.S ELIOT

 

La calle sigue siendo de adoquines

por aquí resuena aún por las mañanas

el sonido del afilador de cuchillos

las luces en las casas 

no son para mostrar nada

ni para iluminar

están para dar signos de vida

para despistar

los ladrillos están hechos de piedra

un modo de intentarle 

otra jugada al tiempo

los árboles son testigos

bajo su sombra 

están los muertos

que gustan del verano 

y siguen en esas casas

las suyas

reivindicando las rutinas

del living comedor

las escaleras

los patios

ellos podan aún los domingos

los jazmines de las Azores 

que trepan medianeras

y cuidan perfumados 

el resto del jardín

 

Las nietas ya no vamos a misa de diez

no le tememos a los cuchillos

ni a los pibes descarriados

tuvimos hijos en febrero

a la sombra de los mismos árboles

caminada de día por los abuelos

seguimos encendiendo otras luces

para que puedan partir

para velar por su amor

para que nos perdonen.

***

 

SEMÁNTICA (De: Extrañamiento)

 

Te sentás en el asiento de atrás del auto del adiós

a los seis años

llevás tu muñeca 

entre abrazada y tirada de los pelos

el Sur es un exilio 

pero a esa edad

no sabés el significado de la palabra

e xi lio

tal vez hasta te suene bonito

a esa edad sos tan frágil

te pueden sacar 

hasta el último amor que te sostiene

te dejás a ese viaje 

a ese destino

de escalera empinada sin barandas

a esa visión del abismo

y te vas con el amor hacia atrás

mientras pisás cada escalón

te vas hacia atrás 

con el amor

mientras subís a ese cielo final

desangelado.

***

MANTRA Y BALDOSAS (De: Reproducción del barrio)

 

Mi abuela le teme a los locos 

no te acerques dice

se me vienen encima 

yo les gusto

me atraen

tienen algo que contar

no se mueven igual

miran distinto

no duermen fácil y las noches le hablan

pero lo más importante:

dicen otras cosas

cosas que huelen a pan recién horneado

a campo en verano después de la lluvia

cosas que cierran un círculo

mi abuela no puede con ellos

yo soy chica y no la entiendo 

prefiere morir y rezar el rosario entero

perla por perla

esa repetición logra calmarla

mantra contra los locos

hay en todos los barrios

eso tienen ellos

no eligen donde caer

son como la poesía

aunque los eviten 

les bajen el precio

no dejan de florecer

hasta se elevan zigzagueando

como florcitas

ariscas, brillantes

entre las baldosas

de las veredas del barrio.

***

HACIA LA PLAYA (De: Reproducción del barrio)

 

Los rosales desbordan las medianeras

se van en vicio

los helechos tocan la cara, cosquillean

al andar por las veredas

el verano trae esas cosas

se espera a la madre salir del trabajo

con ropa liviana en el bolso

la piel imagina el color de la orilla

caminamos las dos primero al norte

luego al este 

no contamos las calles

si llevamos la cuenta de algo

nos perdemos

irremediablemente

mamá arma cada día 

una casa en la arena

sombrilla, toallones, galletitas

la playa es un hogar 

que huele a sal y a sapolan ferrini

un chapuzón, aprender de los peces

nuestra piel es dorada 

en una bendición de los colores me dicen

mamá brilla 

en la precariedad de esa vivienda diaria

olvida su postergación

yo la miro así resplandeciente

y junto caracoles

hundo los pies

en la arena mezclada con piedritas

la miro y siento que el sol así, sobre el cuerpo

le recuerda el principio

donde todo es posible

todavía.

***

INOCENTE (De: Boleto de ida)

 

No se vuelve

las cosas no permanecen intactas

salvo la infancia

la casa de la calle Roca 

cambió de fachada

si me dejaran entrar 

los sillones no serían verdes

ni el espejo grande estaría 

frente a la puerta principal

el aljibe del patio

tal vez sea un monumento histórico

decorado con macetas mexicanas

la escuela del barrio

ya no alberga los espíritus 

de aquellos maestros

de guardapolvo blanco impoluto

trascendieron la escuela, la placita Tucumán

y rodaron hasta la orilla del mar

no se vuelve

se compra boleto de ida

vulgar y silvestre

destino: ciudad feliz

las cosas no permanecen intactas

salvo la noche sobre el mar

en esa orilla que no es cualquiera

con aquel cielo no despejado

donde las manos sobran para contar estrellas

y la humedad molesta hundiéndose hasta el hueso

y esa sensación brutal 

de poder ser devorada por las olas

ese temor 

a que la única belleza del mundo

te engulla, se alimente de vos

y te dejes ir blandamente

porque no hay obediencia mayor

ni más perfecta 

ni más justa

que la inocente.

***

 

RECURRENCIA ( De: Boleto de ida)

 

Hay cierta claridad en el inicio

en el lugar del nacimiento

en la ciudad olvidada

hay una marca en el instinto

desde el líquido amniótico 

hay una perla en el lugar

donde aquella placenta 

quedó enterrada o tirada por descarte

y alimentó luego

un trébol, un insecto, un árbol 

un animal

aún se huele la sangre

derramada en el parto

y el olfato no es una bestia mansa

hay una perla esperando

en el viejo jardín

más allá de los dueños

en la memoria del Jazmín de las Azores.

 

Carolina Biscayart (Mar del Plata, 1972)  Desde 1985 vive en Bariloche. Es docente de la Universidad Nacional del Comahue. Es autora de los libros de cuentos Invenciones (Ediciones en Danza 2008 premio Concurso de Escritores patagónicos, reeditado en 2010 por CONABIP) y El amor, sólo una idea (Ediciones de Dock 2012) y de los libros de poesía  Eso otro se llama luna (El suri porfiado 2014), La trama que sostiene los jardines (premiada y editada por  EMB, 2016), El trazo inevitable de las horas (Ediciones en danza, 2017) , Un lugar para los huesos (El suri porfiado, 2018), y  Las Arañas de Moebius (FER 2023), Jazmín de las Azores (Ediciones Las Guachas 2025).

Anomal

Anomal

Fragmentos de la última novela de Blanca Morel publicada por Eolas.

¿Por qué necesita tocar Eso? Es algo que no puede comprender. Hay un impulso de asir. Es la Marina de cuatro años la que lleva las manos a ese gusano. Debe cogerlo, sentir cómo late, cuál es su temperatura, cómo es la textura de su piel. Debe hacerlo, hay una necesidad. Imagina el verdor pantanoso y repugnante de su interior. Ella lo había visto, la mucosidad verde que salió del gusano que aplastó de niña sin querer. Dentro existía un mundo verde, húmedo, extrañísimo, un mundo prohibido que nunca debía ser desvelado.

Así como el interior de su propio cuerpo es un jardín vedado de ramaje blanco y flores granates: hígado en flor, riñones en flor, pulmones en flor, la rosa sanguínea del tórax, la rosa blanquecina que un cráneo guarda, el tallo de la espina dorsal; también dentro de los gusanos hay un mundo vegetal y cromático. Ella reconoce su paisaje humano interno en rojo y blanco frente a ese verde del gusano que vibra en los bosques y pantanos.


“En una habitación hay un hombre. En otra una mujer. Con manos oscuras y luminosas el hombre pulsa unas pequeñas láminas de metal. Millones de finos hilos de distintos colores:

azules, rojos, amarillos, verdes, negros, blancos… vibran en la casa. La casa se ha llenado de música. Ella lo imagina recostado sobre la cama, desnudo tal vez. Sus pulgares avanzan

y retroceden toman y sueltan, eligen y prosiguen, la melodía viaja por este presente que ambos comparten. Los ojos de Marina se cierran lentamente, luego se entreabren, sus párpados reflejan placidez. Un lento parpadeo se transforma en un único ojo que no es humano, los ojos se cierran, el ojo interior se abre. Está dentro de ella, o tal vez ella esté fuera. Marina contra un ojo, es el ojo de una diosa, un ojo bellísimo que no termina de abrirse ni termina de cerrarse. El ojo vierte una lágrima inmensa, como un cuerpo. Las manos de Marina se elevan, se multiplican, giran en su interior. Brazos, manos, hilos de colores, esferas. El gusano blanco se yergue en la oscuridad. El gusano blanco se convierte en uróboro, después en iris, en ojo de diosa. Comienza a girar dentro del ojo entrecerrado hasta que se deshace. Después esferas, dualidad roja y azul. Geometría vegetal, esférica. Giran flores de seis pétalos, los pétalos danzan. Ella es una de las flores que se repite sin fin. Igual que las olas, que los gusanos. Los contornos que se dibujan en su mente, desde que Joana murió, cada vez están más ordenados, son más complejos. Algo se expresa dentro de ella transformándose. La visión producida por la música es una puerta de entrada o de salida.”


La tarde ha muerto para la luz. Marina es traspasada por la impureza. Es el momento en el que algo puede dejar de ser. Vivir es peligroso, hay momentos en que esto es constatado y

Marina llora y tiembla porque todos están callados y la están mirando. Son amarillos los ojos del que sonríe, redondos y saltones los del portador del machete, de pantera los del hombre que sostiene su móvil. Ellos se miran entre sí y presiente que una montaña va a ser vaciada de su núcleo. En algún lugar lejano resuenan campanas y su pensamiento se vuelve residuo, bilis negra. Pero a pesar del tañido de las campanas hay aún algo que la aleja de la muerte. Ellos desean el significante impuro: dinero. Y por esto entiende que quizá no muera, pues debe operar con cuentas bancarias, hacer transferencias, tal vez entregar claves para que suplanten su identidad. Y mientras es mirada por los tres hombres negros y ferales, recuerda a Mor y el abrazo de despedida. Del cuerpo glorioso al cuerpo profanado. Pero, ¿y si ha sido Mor el que ha facilitado la entrada de aquellos hombres? Aunque él le había devuelto las llaves, las copias existen; la maldad existe y la traición.

—¿Dónde está Mor? — pregunta Marina a los demonios.”

 

Blanca Morel (Madrid, 1970) es poeta y narradora. Su trabajo explora la escritura en diálogo con la voz y otras prácticas híbridas. Es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y máster en Literatura Comparada y Crítica Cultural por la Universitat de València.

Imparte talleres de creación poética y narrativa y ha participado en festivales de poesía nacionales e internacionales. Sus textos han aparecido en diversas antologías, entre ellas Ex/céntricidad. 11 poetas que abren camino en la poesía española contemporánea (1959-1986).

Ha publicado el libro de relatos Misión secreta y los poemarios Bóveda, Pájaro sangre, Pan impuro, La ladrona, No hay domingo al oeste de Omaha, Polvo, Hoja santa y Suma noche. Forma parte de la Asociación Feminista de Mujeres Poetas Genialogías que visibiliza la poesía escrita por mujeres. Su último libro es Anomal, una novela publicada en 2026 en la editorial Eolas.

 

Cosas que pierdo con los días

Cosas que pierdo con los días

Poemas de Valeria De Vito, de su libro editado por Trapezoide

 

Maravilla

 

Hoy lunes

a esta hora

de la tarde

donde no se escucha más

que un colectivo que pasa

lejano

este poema

aparece

y se ilumina la ventana

con la luz que entra

a morir en el sillón

de cada palabra

el día se ahoga

y en contraste

los colores cambian

igual que la maravilla

sombría de las cosas.

 

Invierno

 

Esa luz

que hace un puente

entre nosotros

es fuerza que rompe sombras.

 

Somos rayos de velocidad

que fugan del corazón

la oscuridad

de una vieja herida.

 

Formas

 

Puedo ser calma.

Puedo estar quieta.

Puedo ser fogarada

                               o río.

 

Correr hasta morir en una palabra

transitar la espuma.

Ser el retoño de una semilla

secarme y volver a intentarlo.

 

Máscaras

 

Cae la luz de la tarde

cerramos las ventanas.

Todo lo que escondemos

revela lo que falta.

 

Lo que sobra

es la secuencia del choque

los ojos rojos

las tostadas quemadas

los cigarrillos baratos, la fe.

 

Tenemos la certeza

de nuestros cuerpos

reímos, hasta

que nos duele la panza.

 

Igual que los pájaros

huimos a la velocidad de lo efímero.

 

Valeria De Vito nació en diciembre de 1977. Publicó los libros de poesía: Colección de fantasmas; Un ramillete de rocío; Clown; Cosas que pierdo con los días y el fanzine HAMBRE. Es creadora del taller literario El paisaje que habito, el cual imparte desde 2010. Dirigió el sello editorial independiente El ojo del mármol de 2013 a 2019. Participó como editora y poeta en la antología Martes Verde (2018, Poetas por el aborto legal, seguro y gratuito). Poemas suyos fueron publicados en las antologías: Otros colores para nostras (Argentina) y Caledoiscopio (España). Como gestora cultural organizó ciclos de lectura y entrevista a escritorxs. Fundó junto a Andrea Donnini el ciclo Las invitadas. Es profesora de Castellano, Literatura y Latín. Enseña Literatura, hace fotos y le encanta cocinar para sus amigues.

Doce rounds

Doce rounds

 

Tres poemas inéditos de Lucía Gagliardini

 

boxear es verla venir

escribir ciencia ficción es ver otra cosa

escribir poesía es ver diferente

boxear es ver el hueco

escribir ficción es ver la grieta

escribir poesía es ver el pliegue

boxear es cuidar el ojo

escribir ficción es ser visionario

escribir poesía es ser oráculo

boxear es evitar la ceguera

escribir ficción es hacer del ojo un portal

escribir poesía es ver en algo diminuto

algo más diminuto todavía

boxear es ver con los ojos hinchados

escribir ficción es ver con la mente

escribir poesía es ver con el oído

 

en todos los casos si dejás de ver

quedás knockout

 

primer round – un lunar azul

 

me gustaría saber cuánta gente dijo: este mundo me aburre

cuánta dijo…

 

decidí inventar un sugus de ananá

sí, que te haga un lunar azul,

si dijiste la frase: este mundo me aburre

 

lo comés, se te hace un lunar,

a la altura de la boca,

como el de Marilyn

 

sin cintura, ni pelo rubio

ni fama, solo un lunar,

 

esa comunidad creció,

pero ese no fue el problema

no hubo problema

hubo hechos

mirá el cielo una noche muy oscura, 

¿cuántas estrellas ves?

¿tantas?

así de personas con lunares

 

del lunar crecieron seres

seres tremendamente divertidos

pero caníbales

que hicieron reír muchísimo a sus portadores

y después se los comieron

decían que comerlos antes era indigesto,

 

no, no los criaban ni nada,

eran libres, sólo que se divertían

hasta llegar al punto óptimo de felicidad sostenida,

y ahí se los comían

 

muerte, sí, podrían llamarse Muerte,

los seres que nacieron de los lunares

surgidos del sugus de ananá

inventado para saber

quiénes dijeron: este mundo me aburre

 

les voy a contar sobre ellos, de su historia y de su fin,

claro que hay fin, en este poema no creemos en dios

 

segundo round – los seres más divertidos del mundo

 

tan abrumadores como el mar o el derrumbe de una montaña

los seres más divertidos del mundo y caníbales, además eran suicidas

pero no sólo en la práctica, también en la teoría, estudiaban a los suicidas, 

leían sus obras, escuchaban sus músicas, se tatuaban sus caras 

memorizaban sus versos, visitaban sus tumbas,

hacían reuniones para conversar sobre las distintas maneras de suicidarse

escribían, clasificaban, discutían, ejercían, enseñaban, enumeraban

 

una de ellas, TITILANTE, llevaba en su bolsillo un calendario de suicidas:

 

enero: 1855, Gérard de Nerval se ahorcó 

febrero: 1963, Sylvia Plath abrió la llave de gas de su cocina

marzo: 1941, Virgina Woolf decidió llenarse los bolsillos de piedras y tirarse al río Ouse

abril: 1930, Vladimir Mayakovsky jugó a la ruleta rusa, ganó dos veces pero perdió en la última

mayo: 194 a.C., Eratóstenes, director de la biblioteca de Alejandría, casi ciego, ante la imposibilidad de leer, decidió dejar de comer hasta la muerte

junio: año 68, Nerón huyó de Roma y decidió matarse con la ayuda su secretario Epafrodito que le clavó una daga en la garganta

julio: 1961, Ernest Hemingway a primera hora de la mañana se metió el cañón de su escopeta en la boca y apretó el gatillo

agosto: año 30 a.C., Cleopatra bebió una mezcla de venenos, un tóxico elixir que contenía cicuta, acónito y opio

septiembre: 2008, David Foster Wallace se ahorcó en su casa

octubre: 1938, Alfonsina Storni se arrojó desde un acantilado al mar cerca del Club Argentino de Mujeres en Mar del Plata

noviembre: 1970, Yukio Mishima, practicó el seppuku con la ayuda de miembros de la Tatenokai 

diciembre (vacante disponible)

 

pero no fue el suicidio lo que extinguió

a los seres más divertidos del mundo,

fue una flor,

llamada Bundicall,

existente en la imaginación de ciertos monos

cuando sueñan,

la Bundicall requiere de al menos

cien soñadores en simultáneo para juntar sus partes

y tomar cuerpo,

esto no pasa casi nunca,

pero los seres más divertidos del mundo

tienen monos que les hacen compañía,

y enseñan a andar de esas maneras tan monas

y a comer bananas,

y a despiojarse

 

una cierta noche de diciembre,

donde el calendario de suicidas siempre estaba vacío,

los monos soñaron,

soñaron primero un perfume tan intenso

que toda la comunidad de seres más divertidos del mundo

se sintió

embriagada,

tan intenso que no hubo otra opción 

que la materialización de aquello

que generaba ese perfume,

pero antes de los pétalos,

hubo una baba pegajosa y transparente

que empezó a correr por todos lados

y a agrupar en una especie de melaza 

a los seres más divertidos del mundo,

finalmente se formaron los pétalos,

cien pétalos violetas suaves como seda de un lado

pero del otro llenos de cerdas ácidas,

pétalos que envolvieron la melaza 

de los seres más divertidos del mundo,

y se los engulleron en un estertor

y sacudida y suave reverberación 

que despertó a los monos

pero ya era tarde

 

la reina mona tomó la flor violeta

y se la puso en el pelo

 

(tan pequeña y perfumada)

 

agarró un poco de polen y con uno de sus dedos

escribió en el calendario

en el espacio vacío del mes de diciembre

la palabra

FIN

 

Lucía Gagliardini (Buenos Aires, 1976) Poeta, artística plástica y docente. 

Escribe poesía y dibuja desde la niñez.  Tiene tres libros de poemas publicados, El camino de los elefantes (Nusud, 1997), A campo traviesa (Pánico el pánico, 2014) y La reina del desierto (Bajo la luna 2024). Y un libro todavía inédito: Doce rounds.

Se formó en escritura con Diana Bellessi.  Estudió Bellas Artes en la Prilidiano Pueyrredón.  Investiga y da talleres sobre los sentidos, atravesados por la literatura, las artes visuales y la filosofía. Este año se edita su libro de ensayos sobre este tema, Dejar que entren los pájaros por editorial Echinopsis. Directora y docente de la escuela Belgrano del Método DeRose desde el 2003.

 

Nuestro amor es un país

Nuestro amor es un país

Poemas de Manuel Geremías Marchioni Fasanini

 

De NUESTRO AMOR ES UN PAÍS (2024)

 

Los guardapolvos

jazmines

esconden

lácteos

pálidos de apresto

y velan

aplicados

de almidón y añil

los cuerpos prometidos

a la patria.

La patria

un sacrificio color cielo

que flamea

un sol de mayo

sube, sube,

sube bandera del amor

cima de

este patio junio

de silencios y derrotas

escondido debajo de la alfombra

yace Nuestra América.

Aquí están

tus soldados

Aurora

señorita francesa

boca rojo tabaco

manos piel reseca de tiza

de escritorios con manzanas

rojas

cayó

tu voz:

¿Prometen defenderla, respetarla y amarla, con fraterna tolerancia y respeto, estudiando con firme voluntad, comprometiéndose a ser ciudadanas y ciudadanos libres, justas y justos, aceptando solidariamente en sus diferencias a quienes pueblan nuestro suelo y transmitiendo, en todos y cada uno de nuestros actos, sus valores permanentes e irrenunciables?

¡Sí, prometo!

Al unísono,

dijimos.

 

Cincuenta disparos

Milagros

cincuenta balas

en el cuerpo

de la noticia

todas salieron

todas,

pero su piel está intacta.

El resultado de balística

es un negativo:

la estela de tu nombre

aleja la ausencia

reprime el dolor

justicia

que sólo a nosotros

nos condena.

de EN LA ESQUINA DE LA ESCUELA (2025)

 

11 S

Todos los once de setiembre

no vamo´ a trabajar

como un capricho de Rodolfo Zapata

como si el músico encontrase en su pregón 

una victoria contra la plusvalía 

y la opresión capitalista.

Cantamos

Lunes y es Día del Maestro

saludamo´ a Don Sarmiento y no vamo´ a trabajar

no vamo´ a trabajar

no vamo´ a trabajar

no vamo´ a trabajar

no vamo´ a trabajar.

Por un día somos decentes

y no nos despertamos cuando todavía 

los gestos de la mañana le pertenecen a la noche.

 

Tomamos mate en la cama

y recuperamos una novela que se nos quedó 

en la mesita de luz junto con los pendientes.

 

El pinchazo del segundo recreo

es el dolor de un miembro fantasma.

Un hormiguero nos crece en la oreja que espera el timbre

y a media mañana

aprovechamos para lavar 

nuestra ropa de fajina.

 

Tenemos las manos en fiesta de espuma,

zambullimos lo blanco, 

un fuentón de zinc alberga la solución

de agua, vinagre y bicarbonato 

de sodio y de pan 

de jabón una ofrenda

que las burbujas nos crezcan y se nos empañen los miedos

que todo sea algodón, etéreo, volátil 

y se nos impregne el juego 

mientras batimos el agua

y saco una manito, la hago bailar

la cierro, la abro y la vuelvo a guardar

saco otra manito, la hago bailar

la cierro, la abro y la vuelvo a guardar.

 

Nuestro lavadero es un quilombo de burbujas,

nos olvidamos dónde comienza la espuma

y termina la cara,

redescubrimos la suavidad de la tarea 

en la aridez de una agenda en blanco.

 

Salimos al patio y en una soga

saltamos cada prenda con un broche

ropa y estrella compiten por ver

quién se lleva todos los colores,

es un mediodía radiante

y nuestros trajes duermen al sol.

 

Palabras cruzadas sobre la reposera

vertical, 

seis letras,

sueño que se toma después de comer,

s

i

e

s

t

a

una Bic azul fragmenta el día

 

(…)

 

al despertar vamos al vivero 

vestidos de civiles a comprar unas plantas 

para embellecer el balcón

toda una hilera de pensamientos sobre 

el filo de la ventana de la cocina,

así se nos van los últimos mates

con la aspereza del algodón seco

mientras el sol cae entre los edificios.

 

Al otro día,

recibimos abrazos, 

decimos gracias

y comemos torta a escondidas 

en la sala de maestros.

Volvemos a casa con una confederación 

de bolsas y de tazas,

de papeles y dibujos;

de tanto leer y releer

comenzamos a sospechar

quizás era verdad 

eso de la ternura.

de SÓLO SÉ HABLAR DE COSAS QUE NO EXISTEN (2026)

 

¿Por qué hemos olvidado, 

si lo que sí sabíamos entonces 

es que es difícil 

cierta clase de belleza, dar con ella, estar despiertos

cuando cruza por delante de nosotros, 

no para atraparla, 

sino para quedarnos a vivir 

en la estela que deja? 

Claudia Masin

 

El 93 con destino Avellaneda 

cruza el puente Pueyrredón,

en la mitad del pasillo

estoy

a punto de pulsar el timbre 

de plástico rojo.

Un pasajero me toca el hombro,

levanto la mirada

y veo el sol que cae

sobre el río.

Recuerdo la final del mundial 78,

las mandarinas que juntábamos en la quinta,

el envase transparente de Crush

y toda la gente que vive 

en la Antártica Base Marambio.

 

Las manchas de aceite brillan,

el río es un árbol de navidad

cada luz es una casa,

cada casa un refugio,

pero vigilan las cámaras 

en esta ciudad.

 

El pasajero se sube la bragueta

su dedo medio recorre los dientes apretados

relámpago,

al mismo tiempo que 

el colectivo 

hace chirrear los frenos

un dúo de bandoneones marca el final de un tango.

Ahora que los fuelles están cerrados

uno de cada lado

dos milicos hacen la venia

y juntan el taco interno de sus botas.

Podrían ser también 

por qué no

dos biombos que se cierran

que se acurrucan en cada esquina

dos jóvenes que se abrazan 

y se prometen amor eterno

el ascensor de un viejo edificio

un antiguo posafuentes de metal plegable.

Todo este trabajo para decir que las puertas se abren

y el hueco que dejan es más grande que todo este puente 

que todos los puentes de Buenos Aires.

Sin llegar a ver la Plaza Belgrano, 

ni la cancha de Independiente,

alguien baja.

 

El aire entra y renueva las narices

afuera

el cuadro es interactivo.

Las personas son satélites, 

changos de feria 

adentro de un supermercado 

a la intemperie de nailons y cartones.

 

El pasajero saca el encendedor

y mientras se sumerge en el cuadro,

Homero cruza el portal hacia la tercera dimensión,

enciende un cigarrillo

y el humo se confunde con el de la señora que vende tortillas.

 

La luz blanca del colectivo

es la noche hacia adentro.

Del otro lado del vidrio: 

el semáforo en rojo

brasitas que respiran 

y se delatan en cada pitada,

el pasajero cruza

arroja la colilla 

y un punto fulgura en la noche.

Estamos en el medio de un campo 

volvemos de pescar

mi papá apaga las luces de la camioneta

mi hermano pregunta qué son 

bichitos de luz 

luciérnagas

dice mi papá.

INÉDITOS

 

Tosí, tosí y tosí

siempre tosía:

el pecho tosco

duro, acartonado

inflacionarias 

válvulas pulmonares.

Cuando te escuché 

quise imitar tus alaridos,

tus palabras piedra,

con algo que lo equipare.

Golpié el pecho,

zurda cósmica en barrilete,

la mano abierta contra la caja

torácica,

probé los muslos

las palmas

hasta fui capaz de apoyar 

una pluma sobre la mesada de la cocina

     qué iluso,

sólo sonidos convencionales

azul Pelikan en azulejo

tres tres tos

que con inercia natural se plegaban

musicalmente 

en repetición.

Fue la tos

oso en pozo esgrime un gozo 

     letargo,

digamos

tos de tosedores tosudos que tosean tosudamente 

nietos migrantes del Vietcong 

todes con sus toses 

(lo único que funcionó)

digamos

golpear la garganta desde adentro

digamos

hacer fuerza desde el intestino

delgado, 

raspar la glotis

con delicadeza,

poner la mano sobre la boca,

imaginar

un micrófono en el centro del espiral

ahí

donde el mago esconde un pañuelo de seda color cielo.

 

Has visto las aves 

en las ramas 

sus ojos fulgurantes,

has escuchado sus graznidos perniciosos,

has 

comprendido el misterio del silencio

crujido fósforo

cuando cae la noche

y los brujos 

piensan en volver.

 

Cierro la canilla 

y la última 

gota coincide con la bocina de un tren 

que viene de madrugada.

¿Cuántas personas esperan 

llegar a destino?

Los sonidos de la noche 

son invisibles 

falla la costumbre, siempre 

hay algo que se puede esconder

conocer es jugar con otros 

sentidos que no riman con noche 

por ejemplo 

ahora intuyo 

el movimiento de mi perra

los golpes

de la pelota contra el piso

pero antes 

hubo un corte

la esponja sobre el filo

el filo sobre tu piel

tu piel sobre la cuchilla 

la cuchilla que partió 

la esponja que quedó 

en dos apenas una línea 

la sangre cae desde la palma.

 

Las personas descienden 

del tren con hambre 

del día, un chirrido, 

las puertas se cierran, ruido de panzas, miedo 

a la boca del túnel.

¿Cómo llegan hasta su Fabián?

¿Tendrán casas? 

Pagamos por la tierra donde vivimos 

como mi camino 

que termina donde 

comienza un hogar 

al final de una ruta 

estás

a trescientos cincuenta kilómetros 

estás 

y decir trescientos cincuenta kilómetros 

y decir vos 

es menos doloroso que contar

tres mil quinientas cuadras

o tres millones quinientos mil metros 

¿cuál es el sinónimo de tu distancia?

tres mil quinientos fósforos usados

o tres millones quinientos mil corchos 

o medias sueltas sin el par 

o colectivos azules perdidos.

¿Cuántos accidentes geográficos

desde la puerta de mi casa 

hasta el fondo de la tuya?

El tiempo es una prensa

que hace fuerza 

contra mi pecho.

 

La canilla quedó mal cerrada

cada página que doy 

vuelta con una gota 

coincide que cae

dentro de la olla 

en remojo

un poco de vinagre 

(el guiso se volvió a pegar)

giro la llave

la gota crece

más y más a la derecha

más y más agua

aplico más 

fuerza

pero el agua aumenta

ya es un gotaza que crece majestuosa 

y de pronto zup, ahí va, plaf.

La canilla se parte

el chorro pega contra el pecho 

el agua cae sobre el piso

y forma un charco

que progresa, luego es arroyo

pliego una servilleta

hago un barquito

y me subo

quizás la corriente 

me llevé hasta tu casa

y distancia

sea sólo 

forzar

el vástago de una canilla.

 

Manuel Geremías Marchioni Fasanini vive en Turdera desde que nació en 1989. Es Instrumentista Superior en Música Popular (EMPA) y diplomado en Promoción Cultural Bonaerense y Perspectiva de Derechos (UNLP). Actualmente cursa una Licenciatura en Artes de la Escritura (UNA). Publicó Aeropuertos (Textos Intrusos), Nuestro amor es un país (La Máquina Eterna), En la esquina de la escuela (Ediciones Otras) y Sólo sé hablar de cosas que no existen (Patronus ediciones).

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