Cinco poemas de Felipe Herrero

Cinco poemas de Felipe Herrero

Compartimos cinco poemas de Felipe Herrero, entre ellos un adelanto de Luz natal, de próxima publicación.

 

 

NOSOTROS SIN TECHO

 

 

ESTÁ ahí

sola

como ella sólo sabe estar sola

con su indomable humor de árbol alto

pero está bien

hoy podré amarla otra vez

invadirla de animales encendidos

y sobre todo

podré decirle

que ya no cerraré puertas

que todo el humus que preciso

está entre esas paredes que la contienen

sin techo

para que nunca deje de crecer

 

 

 

NATALICIO

 

 

Y se teje claridad en las sombras de los yuyos

y hay rumores que se sueltan de la flora

plantas vestidas de traje

que echan a andar por las riberas

 

sí,

se teje el destino del páramo mientras el día

desteje su forma hacia la sangre del atardecer

 

orejones salen despavoridos hacia la maleza

Hugo mira el fuego crepitar desde las brasas

esas brasas resplandecientes que

destronan la madera de árbol viejo

 

hay una luz natal en las cosas

que amortigua en su superficie

la toco con las manos apenas

una caricia que me cansa

 

echaré el cuerpo

quedaré dormido en la maleza

cobijado con la luz natal

de las cosas

 

 

* Ambos poemas pertenecen a Luz natal (de próxima publicación).

herrero

 

 

 

 

 

 

 

 

 

.

LUZ DE ENERO

 

 

  1. Estoicos

 

DEJAR de lado ciertas conclusiones disonantes

pensamientos familiares haciendo corto durante años

32 personas dentro de un radio de 400 metros

cuando en verdad

siempre estuvieron juntas en un radio

de 11.000 kilómetros

6 hermanos en un círculo

el coro reunido

el mismísimo edén de estrella y el jardín universal

la despedida adentro entre sus cosas

entonces

uno empieza a entender

que una despedida —cualquiera que sea—

está aferrada en sentimiento a la persona que parte

todos los operarios están focalizados en ese brote

de memoria que florece

entre las 32 personas Alejandro se hace presente

él hubiese querido de esta forma

32 personas estoicas

sin recurrir a flaquezas o grietas

pero convengamos

no hay terremoto en la escala de Ritcher

que tenga más puntos que el último adiós

aún así

estoicos en cierta forma

un poco como él quería

haciendo de esos 11.000 kilómetros

un recuerdo

una sonrisa

o una lágrima

 

 

 

  1. Luz de enero o cualquier mes

 

ENTONCES vi en los ojos la pesada lumbre de la angustia

se iban des estructurando cada una de tus ideas

al ritmo que empezaba a florecer el cambio radical

diez y seis años de tu sonrisa echados al vacío y él ahí

postrado en la cama quirúrgica

y vos sentado al otro lado junto a esa ventana

sin poder centrar la vista

rompiendo en llanto al ver pasar tanta gente que lo fue

a despedir y él ahí

sin paso cadencioso sin renguera

sin esa cabeza estructurando una historia un chisme

cuatro fábulas

sin esa luz de enero en su rostro

A todo le encontraba su magia —me dijiste—

ahí postrado en lo que había sido tu habitación en otro

tiempo

y la familia de Salta desplegada en la quinta

San Ramón y vos ahí

creyendo que le fallaste

que no fuiste un buen hijo

cuando en verdad

yo no recuerdo haber visto tal orgullo en la cara

de un padre

por el compositor y pianista que había dado al mundo

aquél día en Salta… ¿recordás?

cuando lo angustié por fumar los CJ

rumbo al cerro de los siete colores

 

y ahora que el silencio está sentado sobre su boca

cada fábula está narrada por su voz

 

 

 

* Luz de Enero pertenece a Estoico (editorial lisboa, 2016).

 

 

CALLE RAWSON

 

 

entre lluvia y sombra diluido

un zorzal echa versos en el aire

un camión deja un olor pasable

entre aire, luz hacia el domingo

 

por la cuadra tropieza deleznable

en sombra va cayendo desnutrido

atención carente, oído ido

en vereda lo tildan detestable

 

ya no hay gestos, ni bondad, ni besos

ya no hay árbol, ni risa o nada

todo encastra en tristes conceptos

 

hambre nueva echada entre lajas

la humildad echada en el cesto

humanidad dormida en las zanjas

* inédito


 

Felipe Herrero (Buenos Aires, Argentina, 1985). Es poeta, librero y editor. Fue director de Melón editora (2011~2014) y actualmente dirige la editorial lisboa que publica a poetas y narradores de habla hispana. En poesía publicó entre otros, Legua roja (2011; 2013), pirueta solar (2011), El cálido viento de la noche (2012), Noruega / Norway (2012), Avenida de Mayo (2013), Impureza de los días (2014), Río antiguo, alba antigua (2015), Estoico (2016), Cañones para despeinar a Hitler (2017) y Luz natal (2018). En narrativa publicó Del ovillo al suéter (2008) y Agua marina / Otoño y olvido / Bajo nieve (2010). Su poesía fue parcialmente traducida al inglés y al italiano y está incluida en distintas antologías de su país y del extranjero, entre las que destaca El hilo dorado. Muestra de poesía argentina reciente (Vallejo & Co., 2015, Perú).

 

Fotografía original: Marco Zanger.

Cinco poemas de Felipe Herrero

Diez poemas de “Tumbita”, de Miguel Martínez Naón

Compartimos diez poemas de Tumbita, el último libro del poeta argentino Miguel Martínez Naón, publicado por Ediciones Lamás Médula (2017). “Tumbita es la tierra fértil que rodea a la lápida. Allí donde se amuchan los quijotes de las causas justas: poetas muertos que viven. Artistas, militantes, revolucionarios. Simples mortales que ya hemos fallecido en otras ocasiones. Sobrevidas de otras vidas que siguen cantando con la mirada erguida en una misma fosa común”, escribió Sol Giles para la Agencia Paco Urondo.

 

 

Padre

 

 

Se desune

la muerte de mi viejo se desune.

No me apura el mar con toda su ceniza

no me apura el recuerdo con toda su inocencia

 

se puede ensayar todavía

y se puede militar

 

Yo digo que vamos a hacer la revolución

y mi viejo se distiende sobre el mar

y sonríe

 

Por debajo de su locura

es un muerto a caballo

que mancha

 

 

 

Cosa de loco

 

No me voy solo

cuando salgo de vos

Juan Gelman

 

 

Un loco dormido sobre la mesa

sueña con el centro del universo

 

Gira su voz

 

El centro del universo es un alfiler

no descose su voz un solo día

 

El loco sueña descosido de vos

 

 

Nunca

 

Lo que separa la noche

son dos ciudades

y mañana será el principio

de no habernos conocido nunca

 

 

Quiere decir

 

Por esta noche no sueño.

Hay una calle bajo mis pies y una cuadra

donde vivís y una vereda

y una sola luz

 

Eso quiere decir que estamos cerca

y que no vamos a estar tristes

 

 

 

Otro cantar

 

Las canciones se ahogan

los muertos bucean

 

en mis ojeras

los muertos

confían

que voy a caer

de pie

que voy a morir

de pie

 

y cantan

 

 

 

En la tierra

 

Corazón hermano mío

para qué volví

para qué senté cabeza

yo no sé

 

Me corto la voz con tu filosa suerte

vas a reventar en la nuca

de los muertos en la

copa donde no

fueron velados

en la tierra donde los

asesinaron

 

 

Los juguetes

 

A mi vieja

 

Hoy todos los juguetes se van al mar

 

Vos tejido de lana y los poemas

el perro cumpliendo más años que su muerte

el albañil un poco más sordo

la casita que navega en pisos rotos de madera

la infancia sobre la madera

 

Van tus luciérnagas

al mar

los últimos obreros de la noche

tu parral

tu paz

tus viejos ojos

 

 

 

Hijos del exilio

 

Los hijos del exilio somos huesos rodantes

 

Nadie pregunte lo que soñábamos

 

Siempre estábamos lejos y ahora

todo

nos queda lejos.

 

Fuimos dulces bajo las palmeras

y la nieve nos hirió el idioma.

Fuimos los casettes que cuentan ahora

lo que jugábamos

o lo que comíamos

y siempre estábamos divinos en la foto

y cerrábamos los sobres

para los abuelos

con ganas de meternos adentro

como enanos

manuscritos

 

 

Muchachos

 

El dolor nace del viento

de las telas de araña

piedras

boca de los cementerios

 

Chicos cerrados a la luz:

el recuerdo es otro país

con la sangre entre los huesos

 

No hay recuerdo

muchachos

sólo golpes de puño

que todo lo cierran.

 

No olviden el cielo entre los ojos

guirnaldas

relámpagos

 

No quiero dar la espalda ni olvidar

 

Muchachos

 

Estamos aquí

en el otro país

tal vez en sus olvidos haya sangre

todavía

 

No corran

hay tiempo para descansar

para olvidarse de nosotros

 

 

Muertos y despeinados

 

A Raúl Mansilla

A Silvia y Darío

 

Devueltos al rock

los músicos toman vodka con naranja

debajo de la tierra

cada dos o tres planetas

tocan

ensayan el eterno

 

Los músicos se ríen solos

y la tierra es una risa del color de las naranjas

sangran los borrachos

cazan palomas sobre los techos

se las comen y vuelan

con alas en la pija

 

 


 

naonMiguel Martinez Naón nació en Palo Alto, California, Estados Unidos, en 1976. Es escritor y actor, nació durante el exilio de sus padres (ambos argentinos) en Estados Unidos, pasó su infancia en México y regresó junto a su familia a la Argentina con el retorno de la democracia, en 1984. Además de Tumbita, publicó Estación de Servicio (Poesía, 2012). Vive en Buenos Aires, colabora como redactor para la Agencia Paco Urondo.

 

Fotografías: Julián Athos.

Cinco poemas de Felipe Herrero

La “poesía sin música” de Pepe Núñez

 

Presentamos una muestra de la poesía de Pepe Núñez, recientemente publicada bajo el título Poesía sin música por Ferullo Burke y Alba ediciones, con selección y compilación a cargo de Mario Melnik, Alba López y Guillermo Siles.

 

Prólogo

Por Mario Melnik

 

Fue en sus años de juventud cuando Pepe conoció a dos artistas a quienes él nombraba entre sus grandes referentes: Jaime Dávalos y Manuel J. Castilla. Contaba Pepe que allí, en esos bares de Salta que ambos frecuentaban, estuvo su escuela de la música y la vida. Escuchar dialogar a esos dos tipos era para él andar de asombro en asombro. Su escucha que era de las más lúcidas y atentas supo percibir de lleno esas esencias que tan bien le vendrían en la búsqueda de un camino artístico propio. Elocuencia del decir y el hacer, en la que Pepe no les vino en zaga.

Con el tiempo Pepe decidiría que el suyo era el arte del músico y del letrista. El letrista como aquél cuyo oficio es complementar el decir de la palabra con la forma musical para lograr una integración en armonía. Un arte en sí mismo que él diferenciaba del hacer poético donde la palabra adecua su ritmo, su fraseo, su sentido a sus propias leyes. Así elaboró una obra coherente e innovadora que fraguó en el sentir de la gente y marcó a muchos artistas.

A lo largo de los años y en forma casi paralela al hacer musical, Pepe tenía también la hermosa costumbre de escribir poemas y aforismos, un hecho conocido por pocos. Esta producción era ofrendada a los amigos del alma, a su compromiso con voces acalladas, y -mucha- al amor por los suyos. Sin duda no podía escaparle a Pepe este afán, mucho más cuando ya enseñoreaba, y en mayúscula, la letra de sus canciones, acompañando su caudal innovador. No podía dejar de buscar una hendija para dar curso a esta inquietud que también era parte de su desvelo.

Quienes han rumbeado por el latir de su arte “de salud numeroso”, encontrarán en esta selección de poemas y aforismos a un Pepe más íntimo, más libre, persiguiendo y arrinconando a las palabras siempre, apretándolas “hasta dolerlas contra el papel”. Interrogando al corazón para dar con el giro inesperado, la chanza, la humanidad a cuestas, el testimonio de los días en tierra firme y en el abismo. El decir en fin que lleva su sello, su inspiración.

 

Selección de poemas de Poesía sin música, de Pepe Núñez

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26 de agosto de 1962

 

A mi madre en su muerte

 

Gabriela del Carmen Arias

vieja pastora de sueños,

camina y camina tu sangre,

tu sangre color mirada,

cántame tu copla ahora

y que te sientan mis ojos,

Gabriela del Carmen Arias…

Esta vez fueron tus labios

a los que el viejo viento de otoño

quebró lento;

esta vez, sencilla,

como el perfil de tu plegaria,

caminó implacable el aroma

de tu luz, de tu calma.

Tu alma se ha vuelto ahora

martes, enero,

o cosas que ya pasaron

y ahora tus manos trabajan,

se hacen esquina,

o rosa o puerta

donde uno llama;

caliente tu perfume anda nombrando

flores que ya no vemos

y se hace fiesta el silencio

en tu boca callada.

El viejo viento de otoño

lleno de oro vencido

deja en las manos tu peso

y la espalda de tu risa;

tu senda inaugura la imagen

de una mañana vacía

una calle sin nombre

una mirada perdida.

…Gabriela del Carmen Arias

vieja pastora de sueños

camina y camina tu sangre

tu sangre color mirada…

Tus ojos que ahora miran

sendas nuevas, calladas

cavan aquí en el pecho

y nos dicen: nada…

y nos dicen: nada…

La noche que siempre crece

enredada en tus cabellos

clava su frío en los labios,

muerde implacable el momento;

y hay un rezo solitario

y una misa sin dueña

un clavel que no perfuma

y tu voz que ya no suena.

Mis manos –loca faena–

quieren mojar tu camino

llenar de risas y alfombras

tu silencio y tú: no vuelvo;

y están como ellos, lejos,

ciegas y amanecidas,

golpean en puertas sin dueño

sin tu lumbre se lastiman.

…Gabriela del Carmen Arias

cántame tu copla ahora

y que te sientan mis ojos

Gabriela del Carmen Arias…

Te partió el pecho el otoño

y tu recuerdo crece

ha reventado el llanto

…y el duraznero florece…

Ya no me suenan tus pasos

y tu luz brilla escondida,

tu ventana ya no te encuentra

…y el durazno florece…

Has encontrado de pronto,

en un camino secreto,

una lluvia de silencio.

Que no te lloren con lágrimas

ni con flores marchitadas:

el río de tu amor no duerme

…y el duraznero florece.

…Gabriela del Carmen Arias

vieja pastora de sueños

camina y camina tu sangre,

tu sangre color mirada,

cántame tu copla ahora

y que te sientan mis ojos.

Gabriela del Carmen Arias

tú me amabas…

tú me amabas…

Entrega

 

Allí,

en el punto más visible y más exacto de tus ojos

dejo la paciencia de mis manos

y la impaciencia de mi sangre.

Ya no más estar conmigo,

ahora elijo el camino de tu pecho,

el de tu pan

que duele tanto,

el de tu vino,

el de tu beso liberado de la pena

y el camino que me lleva

a tu misma vereda cancionera.

Si tu nombre

es el que sé nombrar,

si de tus manos puedo beber,

tómame,

arráncame de este pequeño sitio

que ocupo en la tierra,

pero arráncame de raíz

y entiérrame en tus venas,

en tus besos

y devuélveme mañana

en una mesa de amigos

hecho canción y sonriendo.

Justamente desde aquí,

desde este pequeño pedazo

que ocupo en la tierra,

espero la tierra de tu sangre,

hermano.

 

                                     Pepe / 16-12-65

 

 

 

La fundición de acero

 

El acero, de pronto, es mi amigo

y el fuego no me quema

y el martillo es mi niño

…y mi pueblo lo sabe

y estamos aquí, en este comienzo

…y mi pueblo lo sabe.

Antes, cuando el acero era frío,

cuando los ojos eran color acero,

cuando aceraba mi alma

el frio del invierno

entonces yo, que soy pueblo,

no lo nombraba,

pero ahora sí, porque soy pueblo

porque mi voz -hija de su temple-

que es de pueblo, sabe de todo eso

y sabe más:

dice acero por decir trabajo

y dice cuchillo

porque ahora sí mi pueblo está en juego

y el acero es pan

y por él tengo un amigo

que a la mañana me saluda en la calle

y por el tengo un oficio

y por él…y por él… por él…

interminablemente él.

Para nombrar al acero-pueblo

voy a quemar mis manos y mis ojos

hasta el tiempo lejos del acero-acero

y templado y rojo con mi sangre por bandera

tiraré mi voz -que es de pueblo-

como una semilla enorme y esperada.

 

                                    Pepe / 30-5-67

 

 

 

Para ser padre

tuve que decir ¡Te quiero!

tuve que saber primero

que podía ser bueno

y tuve que convencerme

que iba a repartir mi sangre.

En el espejo soy padre

y mis manos son de padre

y en padre nomas me veo.

Por haber dicho ¡Te quiero!

por haber aprendido

a ser furtivo

(de esto quien es madre

lo sabe),

por haber puesto a capricho

la bandera de mis besos

en el más alto lugar del tiempo

hoy me veo de padre

y a mi sangre

repetida veo.

Por ser padre, ¡qué hice!

si tan sólo fui elegido.

 

                                Pepe 18-6-67

 

 

 

(Recién iniciado el día)

 

Tiempo del miedo

Mi amor,

cómo empieza el miedo?

mi amor, lo pienso,

cómo empieza el miedo?

mi amor, temo mis costados;

qué pasa si el horizonte

­–siempre irrefutable–

se tambalea?

mi amor;

y el dolor de los huesos?

y la implacable circunstancia,

la reconocida “cosa”

que manejamos como pañal…

Mi amor,

y el aplomo?

y todo lo dado?

por lo que costaron,

por el tiempo entregado con alma;

mi amor

y el diálogo?

aunque mal hecho, nuestro diálogo

y la mano corazón?

puestas no a la macana

y la sangre derramada?

justamente en la sangre

por el hecho viejo, mi amor

de no tenerle miedo al miedo,

qué pasa mi amor

cuando se piensa en él?

Hoy querida mía

a pesar de todo

paso al frente

a brindar con tus ojos

mucho más allá del miedo y el tiempo gris.

Además, mi muchacha

nuestro gran beso inicial

nos espera para que sean cuatro

las copas que llenamos.

…aprendamos mi amor

con tu piel y la mía

a reponer los mendrugos

que el miedo se lleva.

 

Pepe / 24-11-73

 

 

 

Qué triste ha de ser

 

Qué triste ha de ser,

carpintero,

el de la fragua o tornero,

dejar la ropa en la noche

sin el olor a pan

o a taller recién barrido,

qué triste ha de ser morirse, digo,

…mejor que no piense y siga.

Qué triste ha de ser,

minero,

vendimiador o carrero,

llenar de esperanza el aire

para que cuaje al fin

y quedarse sin silbido

como sin sombra y sin nadie, digo

…mejor que no piense y siga.

Qué trsite ha de ser,

zafrero,

domador o carbonero,

que se hagan blandos los puños

y no poder golpear

donde el hambre se hace duro,

quedarse medio amagando, digo

…mejor que no piense y siga.

Pero mejor pienso y sigo

duro de voz y de pecho.

La muerte por el momento

tendrá que tener paciencia.

 

                          Pepe / 6-5-75

 

 

 

Inclaudicables

 

No es restallante

el capullo que le traigo

mas, recíbalo confiada

que es así la primavera.

…los rebrotes

de la vida

siempre fueron

ida y vuelta

nuestros…

 

                         Pepe / 5-2-88

 

 

 

El cobijo

 

Salud mi bella

salud señora

por nuestros años buenos

por nuestros años rotos,

por su buena laya

que de usted se trata.

Mi copa clara

mi copa turbia

el abrevante niño

que aún cree en su bata.

Le tiro el silencio

se mis bravucadas

y el pan de mis sueños

se cuece en sus faldas.

…regazo tremendo

color de su casa.

 

                       Pepe / 24-12-89

 

 

 

El silencio

 

 

Hijo que golpean

ve a ver

no madre no es nadie

hijo que yo oí

madre que estamos solos

tan sólo tú y yo

hijo que insisten

debes oír

madre no te descuides

pon tus oídos

escucha tus contracciones

que son por mí.

 

                         Pepe / 7-1-90

 

 

 

Lo que somos (Baguala)

 

Si hay que gritar, grito

tengo pulmones, tengo jeta

a veces grita el silencio

y se maltraen mis orejas

así se da

la libertad.

Yuyo hay ser quien crece

cuando ser pasto no puede

lo abarca siempre el rocío:

ángel guardián que conmueve

la luz y el sol

que sabios son.

Si hay que dejar, dejo

pues si no tengo no llevo

el lazo de los olvidos

no se ha trenzado pa´mi cuello

cuando uno está

no está de más.

 

                        Pepe / 11-96

 

 

 

Se acabó la fiesta

…no me gusta mirar

la espalda de la gente

cuando se va luego del espectáculo.

Sólo porque no me gusta.

El señor del espectáculo dijo:

“señores se acabó la fiesta”.

Siempre pensé que una fiesta

es de todos

que todos somos dueños de la fiesta;

que hay un eje misterioso

que nos hace girar en derredor

y no que hay alguien que dice giren

alrededor.

Puse mi risa en mi hombro

al rocío en mi boca puse

en mis brazos puse mi historia

a mi sombra le instalé volumen

a mis manos un yeso eterno

y ya con todo el desamor de mi vida

le puse un putamadre a mi nacimiento.

 

                            Pepe / 8-7-98


 

Pepe Núñez, nombre artístico de José Antonio Núñez (1938-1999). Poeta y músico de la Provincia de Tucumán (aunque nacido en Salta), autor de clásicos como la “Chacarera del 55”, “El manco Arana”, “Agüita demorada”, por nombrar sólo tres.
Como solista grabó “La Piel del Pueblo”, y luego formó con su hermano Gerardo el memorable dúo Los Hermanos Núñez, con el que grabó “A Cantar Corazón” en 1987 y “Del mismo vientre”, luego de la muerte de Pepe. Su familia editó en su homenaje un disco póstumo, “Pepe Núñez”, con obras inéditas. Compuso con Ariel Petrocelli, Juan Falú, Lucho Hoyos, Alfredo Grillo, Lalo Aibar, Víctor Gentilini, Miguelito Ruiz y Rolando Valladares, y sus canciones fueron grabadas por Mercedes Sosa, el Dúo Salteño, Los Arroyeños, Alfredo Zitarrosa, Juan Falú, Amparo Ochoa, Coqui Sosa, Liliana Herrero, entre otros.

Mario Melnik (S. M. de Tucumán, 1958). Profesor de inglés, traductor y bibliotecario. Participó de las antologías de poesía Espacios y espejos (JOETUC, Tucumán, 1987) y Amanecer de esquinas (Grupo Literario Polymnia, Tucumán, 1988). Es autor de Palabrara (1999), De sentido en sentido (Colección Nuevo Hacer, Grupo Editor Latinoamericano, 2008) y Un latido en la voz del viento (Alción, 2014).

Cinco poemas de Felipe Herrero

Un paseo por la poesía de Susana Cabuchi

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Como de los buenos viajes, de la poesía de Susana Cabuchi (Jesús María, Córdoba, 1948) no se vuelve siendo los mismos. Por eso presentamos un breve paseo por algunos de sus poemas memorables, a los que sumamos dos inéditos.

 

EL DULCE PAÍS

 

 

Entonces, tus ojos eran caramelos de miel

y hablabas

de las bicicletas que regalaba el Niño Dios

a los que no podíamos comprarlas.

El río se callaba para que tú contaras figuritas.

Yo era alegre,

y eran alegres los nísperos del patio.

Y tú eras otro,

no el hombre de hoy

lejano como todos.

Cada domingo era una sorpresa de ciruelas,

de plaza con hamacas.

Tu padre cantaba en el taller

mientras tu madre

lavaba mamelucos de amor y aceite.

El mío no había partido todavía

y llegaba al hogar con dulces y regalos.

Yo oía con asombro tus mentiras

y creía en gigantes voladores

y en ángeles guardianes

que cuidaban tu ropa y mis zapatos.

Por cada diente el ratón nos compraba mandarinas.

La abuela, abría el gran ropero

y sacaba

turrones envueltos en papeles crocantes.

Si vuelves, como entonces,

con sombrero de piel y las manos con barro

verás, que guardo aún

el corazón de las manzanas.

 

                         De El corazón de las manzanas, 1978

 

 

 

LA CARTA

 

Ha llegado la carta.

Está sobre la mesa,

al lado de las flores.

La miro

            largamente.

Conozco la letra.

Pero la leeré

a la medianoche,

cuando los trenes

que pasan hacia el norte

hagan temblar

los vidrios de la casa.

 

                         De Patio solo, 1986

 

 
VISITA

 

Un viajero

ha llegado a la casa.

Salimos todos

a abrazarlo

porque trae noticias del hermano.

Habla de campos secos,

del hambre en las ciudades,

muestra fotografías.

Después del almuerzo

le servimos

la fruta más dulce del ciruelo.

Y la ha comido,

                         pero sin alegría.

 

                         De Patio solo, 1986

 

 

 

ÁLBUM FAMILIAR 

 

Los padres

fueron una vez

a Mendoza.

Me dejaron

una foto con nieve

a orillas del camino

con un gran auto negro

y con amigos.

 

Me dejaron

una foto con nieve

y este frío.

 

                         De Álbum familiar, 2000
 

 

PASOS

 

He bebido las aguas

del Shu – Am

como si no estuvieran

contaminadas.

A orillas

del río silencioso

crecen flores amargas

sobre las que he descansado,

                         leyendo.

Y no he pecado

sino

lo necesario.

 

                         De Álbum familiar, 2000

 

 
12 DE JUNIO

 

Esa mano que muere

no está sola.

El anillo dorado

la devuelve

a una danza de bodas

y a sus giros.

A una siesta

de parrales ardientes.

A los vinos

guardados

para las grandes fechas.

Está

el metal redondo

sosteniendo

que todo fue verdad.

El anillo de bodas

de mi padre,

en la mano, en la vida

de mi padre.

En el día de la muerte

de mi padre.

 

                         De Álbum familiar, 2000

 

 

CIELO

 

Sobre las montañas nevadas,

como una flecha oscura,

van los patos salvajes.

Cruzan.

Como tu sombra

sobre mi corazón.

 

                         De Álbum familiar, 2000

 

 

 

VINCENT VAN GOGH 

 

Aquí estoy

en esta soledad luminosa,

plena, habitada

de fuegos y ventanas.

La casa

arde de girasoles

como un infierno congelado

entre aceites

y vientos amarillos.

Sordo de tanto silencio

y dispuesto

a entreabrir

cada lirio celestial,

cada cristal de paja,

cada gota de acero,

cada ojo de sangre,

cada vidrio de miedo.

Así te escribo.

Sobre las torres de la desesperación,

a orillas del Ródano,

entre la mezcla brumosa de los óleos,

a la hora del ángelus,

a pleno mediodía,

sobre el caballo áspero

                         de la pena,

con la piedra roja

                         de la desgracia,

con la arena negra de la locura,

con las sílabas celestes del amor,

con la sorpresa blanca de la tela

                         vacía,

con el cuervo del hambre

                         sobrevolando mi cama,

con la mordedura hirviente

                         del deseo,

entre el humo agrio de la luz,

en el paraíso húmedo

                         de los manteles,

en los bares nocturnos,

así,

           hermano mío,

              hermanito menor,

                  casi mi padre.

 

                         De Álbum familiar, 2000

 

 

 

EXILIO

 

Al cerrar el negocio

mis padres

se sentaban en la vereda

del Panamericano

a mirar el desfile.

 

Mi padre sonreía

con la misma serena tristeza,

repetida,

tantos años después,

en la fila de cajones

abiertos hacia el crematorio,

más oscuro, con los párpados quietos,

entero, intacto,

                         esperándome.

Así dio su perdón,

                         así recibió el mío.

 

Acompañaba la fiesta

con la mirada suave

del que ha danzado, inocente,

sobre los barcos del exilio.

 

Cuando pregunté

en el Registro de su país

la íntima caligrafía

sentenciaba “desertor”.

Cómo explicar

que tenía dos años al partir,

que nunca se había ido,

que cada mañana

ascendía las calles amarillas

de Maalula

mientras levantaba las persianas.

 

 

                         De Detrás de las máscaras, 2008

 

 

 

VISITA AL PURGATORIO

 

El cartel anuncia

             “El Paraíso”.

Aquí están

la directora del colegio,

la fundadora del Teatro Vocacional,

el carnicero,

el prestamista, el notario.

–Sí madre,

traigo galletas,

sacaremos una mesa,

jugaremos a la confitería,

tomaremos el té.

Las pequeñas carrozas

                         –trípodes, andadores,

                         sillas de ruedas–

giran.

Aferrados al pasamanos

los caminantes

repiten la peregrinación,

como antes en la plaza,

ahora a orillas de la ciudad,

a orillas de la vida,

con las máscaras de la vejez,

con los pesados trajes,

                 marchitos.

Sí madre,

soy la tía Emma

y también soy Susana.

Entre sombras

la comparsa emite

entrecortados llantos, gemidos secos.

–No madre, sus padres

no la olvidan,

están muy ocupados.

Cuando puedan

          vendrán

con un ramo de rosas.

 

                         De Detrás de las máscaras, 2008

 

 

 

SIRIA

                         A Jeannette Kabouchi

 

I

 

Ha despertado

seguramente temblorosa.

Ha escuchado los ayes

ascender las piedras de Sednaya,

ondular sobre las cambiantes dunas

hacia el desierto,

reptar entre los arcos de Palmira,

crecer en los olivos.

Por favor querida, dice

desde ciudades inolvidables

a la hora del sueño.

Por favor querida,

insiste,

escriba sobre Siria.

 

 

II

 

Juntas hemos visto

los juegos del Mediterráneo

frente a las costas de Latakia

y las manchas lejanas de la tierra turca

a través del mar.

Sabe que escuché, conmovida,

cinco veces al día

el hondo llamado a la oración

que surge, poderoso y verdadero, desde

las mezquitas, desde sus altos minaretes.

Sabe que me gustaba caminar

hacia el zoco Al-Hamidiyah

para oler los tejidos

y las especias.

En mitad de la noche

ha querido llamarme. A pesar

de los años y la distancia.

Debió recordar que en la Feria

de Libro de Damasco

me vio adquirir obras

escritas en un idioma que no leo

y que algo en mí reconoció los signos,

esas suaves y delgadas canoas

sobre el papel, esas líneas

de arenas y de vientos.

 

 

lll

Jeannette,

la prima de mi padre,

no usa velo.

Simplemente lo prefiere así.

Ella es cristiana, Fayez

su esposo, musulmán.

Hemos viajado  al mar,

hemos nadado juntas

vestidas con trajes de baño occidentales

como las cristianas y las judías

mientras las musulmanas jugaban

en el agua

con sus largos vestidos mojados

adheridos al cuerpo, más sugestivas

que las turistas europeas

que extendían sus claras

y desnudas figuras

en las playas doradas.

 

 

IV

 

Qué sé, qué desconozco para que ella repita

varios meses después, Susana, no lo olvide

–suena firme su voz en el teléfono–

escriba sobre Siria.

Qué espera, qué me pide?

Hablaré de Quneitra,

del pasto crecido sobre los escombros,

de los testimonios del Golán?

 

Ibrahim me muestra unos montículos de nada

y dice: esta era mi casa.

Por esta calle iba a la escuela cada mañana.

Y señala la escuela, lo que debo

creer que fue una escuela,

cemento y hierros

arrasados por las topadoras.

 

De quiénes eran las tumbas?

Cuántos lloraban entre los olivos?

 

Alguien  preguntó

sobre la poesía después de  Auschwitz,

también yo lo pregunto

desde las ruinas de Quneitra,

sus hospitales muertos, sus calles incendiadas,

las infinitas filas de cruces blancas sobre

la vergüenza del mundo.

 

De quiénes son las tumbas?

Cuántos lloran entre los olivos?

 

 

                         De Siria, inédito

 

 

 

ULEILA*

 

Porque no hay que viajar

grandes distancias,

además es apacible, es bello,

encantador, decían.

Y cada año autorizaba el ocio

una población serrana

cuyo nombre proponía

un juego sin salida,

un interminable y misterioso acertijo:

Salsipuedes.

 

La calle principal

era de oscuro y empinado asfalto

y ondulaba, perfecta para el patinaje

y sus consecuentes advertencias.

Juntábamos piedras, mariposas,

plantas medicinales. Buscábamos
víboras, avispas, miel.

Pero lo inolvidable

fue el nombre de la casa alquilada:

Uleila del Campo.

Uleila sonaba a oleaje campesino,

a ciclos lunares en una lengua antigua,

a ulular marítimo,

a lagunas nocturnas, a luz.

¿Uleila era una flor silvestre,

un extraño y distante país,

un pájaro prodigioso y desconocido,

una mujer?

Desde entonces, en secreto,

llamamos así a nuestra madre:

–¿Llegó Uleila del Campo?

–Uleila dice que ordenemos el cuarto.

–¿Ha visto usted a la señora Uleila?

 

Nos había prometido estarse viva,

tostar zapallos porque –dijo– serían muy dulces

ese verano,

hacerme un vestido de seda verde

para los bailes de carnaval.

A veces la nombramos.

En las calientes noches,

desde cualquier lugar, le preguntamos:

Señora Uleila,

Uleila del Campo,

¿dónde está, por qué no vuelve,

por qué demora?

¿O está en el Mirador

reconociendo amaneceres, colinas,

lejanías,

y no puede salir?

 

                         De Siria, inédito

 

* Ulelia: palabra árabe que tiempo después de escribir el poema supe que significaba mirador.

 


 

Susana Cabuchi (Jesús María, Córdoba, 1948) ha publicado: El corazón de las manzanas (E. y G. López editores, 1978), Patio solo (Alción Editora, 1986), Álbum familiar (Alción Editora, 2000), El Dulce País y otros poemas (Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación, 2004), Detrás de las máscaras (Ediciones El Copista, 2008), Poética-1965-2010 (El taller del Escritor, 2010) y Album de famille – Livre CD (París, Francia, 2015). Su poesía integra numerosas antologías argentinas, americanas y europeas, y ha sido traducida al francés, italiano, portugués y árabe. Ha ganado diversas distinciones nacionales e internacionales. Como gestora cultural organizó ferias del libro, semanas de cultura, concursos literarios, ciclos de lectura, entre otros eventos culturales. Ha sido miembro de jurado en diversos concursos de poesía y narrativa, y participado como panelista y conferencista en congresos, encuentros, y jornadas, tanto en el país como en el exterior. Actualmente colabora en revistas especializadas, en sitios virtuales y coordina talleres de escritura. 

 

Fotografía: cortesía de la autora.

Cinco poemas de Felipe Herrero

Diez poemas de Green Square, de Fabiola Rinaudo

Compartimos una selección de poemas de Fabiola Rinaudo (Salta, 1964), pertenecientes al libro Green Square, publicado por El suri porfiado en 2014.

 

I.

Nada me pertenece,

ni siquiera los displicentes contornos de la poesía.

Los versos me han abandonado después de mi

repudio histórico.

Me negué sistemáticamente a ceder a su necesidad

y les llené la boca de comida rápida y globos de

azúcares ligeros.

La otra noche, cuando el rocío me humedecía los

ojos,

tirada en el parapeto de aquella ventana que guarda

los secretos de los libros,

una mujer negra que los cantaba por un dólar me

los trajo de vuelta.

 

 

III.

Henry con su mano temblorosa

me escribe en griego antiguo

el primer versículo del libro de San Juan

y se divierte con los arcanos signos de la lengua de Uruk.

Nos comunicamos con palabras inconexas

como almohada, sofá o aceite

que les debemos a los árabes.

Si le digo que no oigo,

él me responde “audire”

y los dos nos reímos como niños.

La semana pasada entregó a su hija en el altar

y ella se casó sin arroz y sin confites.

Me cuenta en pocas palabras

que bailó un escueto vals,

que no se escuchó ningún ritmo mestizo

y que los novios se fueron con un cartel de “recién casados”.

El breve espacio de  nuestro encuentro

es el puente con esa otra parte del país

y él dice Borges y yo digo cifra

y si digo México, él dice Octavio Paz.

Y después nos vamos por caminos separados.

De nuestro encuentro solo quedan unas

Migas de pan de chocolate esparcidas en un plato.

 

V.

Como las rayas en la piel de los tigres lleva sus

cicatrices.

Las otras llagas se ven en su mirada fiera,

que no es otra cosa que el vano ropaje del miedo.

Son suyas la oscuridad y las colillas

de todo aquello que pueda meterse en el cuerpo,

sólo para huir del horror,

de las luces azules y rojas de los patrulleros

y de un borceguí aplastándole la cara.

 

 

VII.

Una cruz de hierro tiene escrita en la piel.

También otras marcas prefabricadas,

testimonio de batallas que sólo se piensan en la

juventud.

Partida que se repite en el crepúsculo,

cuando todos se van y hay que hacerse valer.

El cuerpo es el único territorio conocido.

Todo lo demás es hostil y rastrero.

Su cuerpo es látigo, es una emboscada,

y un día de desafío y derrota, tendrá  precio.

 

 

VIII.

Se diría un Buda de polyester.

Su vientre es una bóveda que el pantalón encierra.

Tiene la mirada asiática, a fuerza de donas y

malteadas,

y manos que engullen hamburguesas y aros de

cebolla frita.

Sentado en el banco espera el autobús,

para ubicarse por fin frente al plato.

Su hambre, terca como mi dolor no puede

moderarse.

Él sabe que la angustia,

perdida en los corredores de su estómago,

no podrá hallarlo. Yo, en cambio, estoy perdida.

 

 

XII.

“Hola! Soy Selena”, me decís.

Sos como la noche, pero sin luna.

“¿Linda, qué haces aquí?”, me decís.

No entendés qué hago entre los desheredados.

Me ofrecés cerveza caliente,

disfrazada de té o limonada

en un coqueto vaso violeta.

Pero no acepto porque tenés razón.

No soy de tu lugar. Tal vez de ninguno

“¿Qué es lo que te pasa, linda?”, insistís.

Invento una mentira para volver a ser quienes somos.

Vos me pedís setenta y cinco centavos. Y yo te los doy.

 

 

XV.

Tu tobillo es flaco y el pie se te ha encogido.

La hebilla del zapato tintinea

mientras tu mandíbula sigue el ritmo de esa música.

Estás elegante,

con tu campera de cuero y ese sombrero para turistas.

Leés sin atención el periódico.

Esa guerra está lejos y el único testimonio son las

hileras de tumbas.

La OTAN dice que van a dejarlo antes de lo previsto,

pero un teniente general lo desmiente.

Y todo para qué te preguntás.

Entonces con cuidado cerrás el periódico, lo enrollás

y al tintín del zapato le agregás el golpe del parche

de tu pierna

contrapunto  de coplas que no entienden,

pero que a vos te sirven para explicar el mundo.

 

 

XVII.

Soy una de las voces de la plaza.

Un dólar por dos cigarrillos

vende el hombre camuflado

detrás de la parada de autobús,

y la chica, a su lado, se vende por algunos dólares más.

Mi voz y la plaza tienen la misma sed,

pero no somos hermanas.

Una es heredera de una historia

con muertos por recordar y un porvenir.

La otra…. la otra es una extranjera.

 

 

XXIV

Ciento trece dólares traías en los bolsillos,

agujereados por el viaje polizón

Sueño que te mantiene en vilo.

como el pan que se arrebata al horno, como un

hijo nonato.

Ciento trece dólares.

Precio de la derrota vestida de polyester,

monedas que te devolvió Aqueronte

transido por la pena de no aceptar tu alma

sombra de la caverna enamorada y pobre,

que me toma la mano para cruzar el río.

 

 

XXVIII

¡Hemos venido de tan lejos!

Nuestro barco encalló en esta ribera

y nuestros enmohecidos pies,

como las caracolas que alcanzan la playa,

no pudieron volver para atrás.

No nos atamos a los mástiles

y la música del sueño nos dejó penitentes,

gritando verdades bilingues que herrumbraron el

oropel de las palabras.

Llegamos al paraíso,

un paraíso fetiche para la melancolía.

Cuando cierro los ojos,

el miedo es sólo un charco de agua que se seca en

el piso,

Las palomas, sin embargo, siguen su rutina

como símbolos de paz, adornos de estatuas.

Los gendarmes  de otra plaza se toman una siesta

mientra el sol derrite los cerrojos

y la mano del padre alcanza la del hijo

y el hermano regresa a la hermana,

y nosotros regresamos a nosotros,

porque no podemos volver a lo que fuimos.

Te miro, y en tus ojos afligidos intuyo la huella de

la esperanza.

Entonces, nuestro fetiche melancólico se convierte

en el Paraíso,

y ya no tengo miedo.

 

 


 

Fabiola Rinaudo. Escritora. Abogada, Periodista y Docente. Reparte su tiempo entre Salta, Buenos Aires, Toronto (Canadá) y New Haven, (Connecticut).  Colabora como columnista en el periódico hispano Identidad Latina, imparte clases de español y escribe crónicas que difunde a través de las redes sociales. Tiene publicados artículos de Derecho en revistas especializadas, y cuentos y poesías en antologías y periódicos. En 2014 apareció su primer libro de poemas, Green Square (Buenos Aires, El Suri Porfiado). Tiene escrita una novela inédita, Lo que dicen los zapatos, que alude al tema de la migración, y está trabajando en su segunda novela (s/título) que navega entre la crítica social y el roman noir.

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