by Claudio Medin | 6 \06\America/Argentina/Buenos_Aires febrero \06\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Poesía
Compartimos cinco poemas de Felipe Herrero, entre ellos un adelanto de Luz natal, de próxima publicación.
NOSOTROS SIN TECHO
ESTÁ ahí
sola
como ella sólo sabe estar sola
con su indomable humor de árbol alto
pero está bien
hoy podré amarla otra vez
invadirla de animales encendidos
y sobre todo
podré decirle
que ya no cerraré puertas
que todo el humus que preciso
está entre esas paredes que la contienen
sin techo
para que nunca deje de crecer
NATALICIO
Y se teje claridad en las sombras de los yuyos
y hay rumores que se sueltan de la flora
plantas vestidas de traje
que echan a andar por las riberas
sí,
se teje el destino del páramo mientras el día
desteje su forma hacia la sangre del atardecer
orejones salen despavoridos hacia la maleza
Hugo mira el fuego crepitar desde las brasas
esas brasas resplandecientes que
destronan la madera de árbol viejo
hay una luz natal en las cosas
que amortigua en su superficie
la toco con las manos apenas
una caricia que me cansa
echaré el cuerpo
quedaré dormido en la maleza
cobijado con la luz natal
de las cosas
* Ambos poemas pertenecen a Luz natal (de próxima publicación).

.
LUZ DE ENERO
- Estoicos
DEJAR de lado ciertas conclusiones disonantes
pensamientos familiares haciendo corto durante años
32 personas dentro de un radio de 400 metros
cuando en verdad
siempre estuvieron juntas en un radio
de 11.000 kilómetros
6 hermanos en un círculo
el coro reunido
el mismísimo edén de estrella y el jardín universal
la despedida adentro entre sus cosas
entonces
uno empieza a entender
que una despedida —cualquiera que sea—
está aferrada en sentimiento a la persona que parte
todos los operarios están focalizados en ese brote
de memoria que florece
entre las 32 personas Alejandro se hace presente
él hubiese querido de esta forma
32 personas estoicas
sin recurrir a flaquezas o grietas
pero convengamos
no hay terremoto en la escala de Ritcher
que tenga más puntos que el último adiós
aún así
estoicos en cierta forma
un poco como él quería
haciendo de esos 11.000 kilómetros
un recuerdo
una sonrisa
o una lágrima
- Luz de enero o cualquier mes
ENTONCES vi en los ojos la pesada lumbre de la angustia
se iban des estructurando cada una de tus ideas
al ritmo que empezaba a florecer el cambio radical
diez y seis años de tu sonrisa echados al vacío y él ahí
postrado en la cama quirúrgica
y vos sentado al otro lado junto a esa ventana
sin poder centrar la vista
rompiendo en llanto al ver pasar tanta gente que lo fue
a despedir y él ahí
sin paso cadencioso sin renguera
sin esa cabeza estructurando una historia un chisme
cuatro fábulas
sin esa luz de enero en su rostro
A todo le encontraba su magia —me dijiste—
ahí postrado en lo que había sido tu habitación en otro
tiempo
y la familia de Salta desplegada en la quinta
San Ramón y vos ahí
creyendo que le fallaste
que no fuiste un buen hijo
cuando en verdad
yo no recuerdo haber visto tal orgullo en la cara
de un padre
por el compositor y pianista que había dado al mundo
aquél día en Salta… ¿recordás?
cuando lo angustié por fumar los CJ
rumbo al cerro de los siete colores
y ahora que el silencio está sentado sobre su boca
cada fábula está narrada por su voz
* Luz de Enero pertenece a Estoico (editorial lisboa, 2016).
CALLE RAWSON
entre lluvia y sombra diluido
un zorzal echa versos en el aire
un camión deja un olor pasable
entre aire, luz hacia el domingo
por la cuadra tropieza deleznable
en sombra va cayendo desnutrido
atención carente, oído ido
en vereda lo tildan detestable
ya no hay gestos, ni bondad, ni besos
ya no hay árbol, ni risa o nada
todo encastra en tristes conceptos
hambre nueva echada entre lajas
la humildad echada en el cesto
humanidad dormida en las zanjas
* inédito
Felipe Herrero (Buenos Aires, Argentina, 1985). Es poeta, librero y editor. Fue director de Melón editora (2011~2014) y actualmente dirige la editorial lisboa que publica a poetas y narradores de habla hispana. En poesía publicó entre otros, Legua roja (2011; 2013), pirueta solar (2011), El cálido viento de la noche (2012), Noruega / Norway (2012), Avenida de Mayo (2013), Impureza de los días (2014), Río antiguo, alba antigua (2015), Estoico (2016), Cañones para despeinar a Hitler (2017) y Luz natal (2018). En narrativa publicó Del ovillo al suéter (2008) y Agua marina / Otoño y olvido / Bajo nieve (2010). Su poesía fue parcialmente traducida al inglés y al italiano y está incluida en distintas antologías de su país y del extranjero, entre las que destaca El hilo dorado. Muestra de poesía argentina reciente (Vallejo & Co., 2015, Perú).
Fotografía original: Marco Zanger.
by Claudio Medin | 31 \31\America/Argentina/Buenos_Aires enero \31\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Poesía
Compartimos diez poemas de Tumbita, el último libro del poeta argentino Miguel Martínez Naón, publicado por Ediciones Lamás Médula (2017). “Tumbita es la tierra fértil que rodea a la lápida. Allí donde se amuchan los quijotes de las causas justas: poetas muertos que viven. Artistas, militantes, revolucionarios. Simples mortales que ya hemos fallecido en otras ocasiones. Sobrevidas de otras vidas que siguen cantando con la mirada erguida en una misma fosa común”, escribió Sol Giles para la Agencia Paco Urondo.
Padre
Se desune
la muerte de mi viejo se desune.
No me apura el mar con toda su ceniza
no me apura el recuerdo con toda su inocencia
se puede ensayar todavía
y se puede militar
Yo digo que vamos a hacer la revolución
y mi viejo se distiende sobre el mar
y sonríe
Por debajo de su locura
es un muerto a caballo
que mancha
Cosa de loco
No me voy solo
cuando salgo de vos
Juan Gelman
Un loco dormido sobre la mesa
sueña con el centro del universo
Gira su voz
El centro del universo es un alfiler
no descose su voz un solo día
El loco sueña descosido de vos
Nunca
Lo que separa la noche
son dos ciudades
y mañana será el principio
de no habernos conocido nunca
Quiere decir
Por esta noche no sueño.
Hay una calle bajo mis pies y una cuadra
donde vivís y una vereda
y una sola luz
Eso quiere decir que estamos cerca
y que no vamos a estar tristes
Otro cantar
Las canciones se ahogan
los muertos bucean
en mis ojeras
los muertos
confían
que voy a caer
de pie
que voy a morir
de pie
y cantan
En la tierra
Corazón hermano mío
para qué volví
para qué senté cabeza
yo no sé
Me corto la voz con tu filosa suerte
vas a reventar en la nuca
de los muertos en la
copa donde no
fueron velados
en la tierra donde los
asesinaron
Los juguetes
A mi vieja
Hoy todos los juguetes se van al mar
Vos tejido de lana y los poemas
el perro cumpliendo más años que su muerte
el albañil un poco más sordo
la casita que navega en pisos rotos de madera
la infancia sobre la madera
Van tus luciérnagas
al mar
los últimos obreros de la noche
tu parral
tu paz
tus viejos ojos
Hijos del exilio
Los hijos del exilio somos huesos rodantes
Nadie pregunte lo que soñábamos
Siempre estábamos lejos y ahora
todo
nos queda lejos.
Fuimos dulces bajo las palmeras
y la nieve nos hirió el idioma.
Fuimos los casettes que cuentan ahora
lo que jugábamos
o lo que comíamos
y siempre estábamos divinos en la foto
y cerrábamos los sobres
para los abuelos
con ganas de meternos adentro
como enanos
manuscritos
Muchachos
El dolor nace del viento
de las telas de araña
piedras
boca de los cementerios
Chicos cerrados a la luz:
el recuerdo es otro país
con la sangre entre los huesos
No hay recuerdo
muchachos
sólo golpes de puño
que todo lo cierran.
No olviden el cielo entre los ojos
guirnaldas
relámpagos
No quiero dar la espalda ni olvidar
Muchachos
Estamos aquí
en el otro país
tal vez en sus olvidos haya sangre
todavía
No corran
hay tiempo para descansar
para olvidarse de nosotros
Muertos y despeinados
A Raúl Mansilla
A Silvia y Darío
Devueltos al rock
los músicos toman vodka con naranja
debajo de la tierra
cada dos o tres planetas
tocan
ensayan el eterno
Los músicos se ríen solos
y la tierra es una risa del color de las naranjas
sangran los borrachos
cazan palomas sobre los techos
se las comen y vuelan
con alas en la pija
Miguel Martinez Naón nació en Palo Alto, California, Estados Unidos, en 1976. Es escritor y actor, nació durante el exilio de sus padres (ambos argentinos) en Estados Unidos, pasó su infancia en México y regresó junto a su familia a la Argentina con el retorno de la democracia, en 1984. Además de Tumbita, publicó Estación de Servicio (Poesía, 2012). Vive en Buenos Aires, colabora como redactor para la Agencia Paco Urondo.
Fotografías: Julián Athos.
by Claudio Medin | 27 \27\America/Argentina/Buenos_Aires enero \27\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Poesía
Presentamos una muestra de la poesía de Pepe Núñez, recientemente publicada bajo el título Poesía sin música por Ferullo Burke y Alba ediciones, con selección y compilación a cargo de Mario Melnik, Alba López y Guillermo Siles.
Prólogo
Por Mario Melnik
Fue en sus años de juventud cuando Pepe conoció a dos artistas a quienes él nombraba entre sus grandes referentes: Jaime Dávalos y Manuel J. Castilla. Contaba Pepe que allí, en esos bares de Salta que ambos frecuentaban, estuvo su escuela de la música y la vida. Escuchar dialogar a esos dos tipos era para él andar de asombro en asombro. Su escucha que era de las más lúcidas y atentas supo percibir de lleno esas esencias que tan bien le vendrían en la búsqueda de un camino artístico propio. Elocuencia del decir y el hacer, en la que Pepe no les vino en zaga.
Con el tiempo Pepe decidiría que el suyo era el arte del músico y del letrista. El letrista como aquél cuyo oficio es complementar el decir de la palabra con la forma musical para lograr una integración en armonía. Un arte en sí mismo que él diferenciaba del hacer poético donde la palabra adecua su ritmo, su fraseo, su sentido a sus propias leyes. Así elaboró una obra coherente e innovadora que fraguó en el sentir de la gente y marcó a muchos artistas.
A lo largo de los años y en forma casi paralela al hacer musical, Pepe tenía también la hermosa costumbre de escribir poemas y aforismos, un hecho conocido por pocos. Esta producción era ofrendada a los amigos del alma, a su compromiso con voces acalladas, y -mucha- al amor por los suyos. Sin duda no podía escaparle a Pepe este afán, mucho más cuando ya enseñoreaba, y en mayúscula, la letra de sus canciones, acompañando su caudal innovador. No podía dejar de buscar una hendija para dar curso a esta inquietud que también era parte de su desvelo.
Quienes han rumbeado por el latir de su arte “de salud numeroso”, encontrarán en esta selección de poemas y aforismos a un Pepe más íntimo, más libre, persiguiendo y arrinconando a las palabras siempre, apretándolas “hasta dolerlas contra el papel”. Interrogando al corazón para dar con el giro inesperado, la chanza, la humanidad a cuestas, el testimonio de los días en tierra firme y en el abismo. El decir en fin que lleva su sello, su inspiración.
Selección de poemas de Poesía sin música, de Pepe Núñez

26 de agosto de 1962
A mi madre en su muerte
Gabriela del Carmen Arias
vieja pastora de sueños,
camina y camina tu sangre,
tu sangre color mirada,
cántame tu copla ahora
y que te sientan mis ojos,
Gabriela del Carmen Arias…
Esta vez fueron tus labios
a los que el viejo viento de otoño
quebró lento;
esta vez, sencilla,
como el perfil de tu plegaria,
caminó implacable el aroma
de tu luz, de tu calma.
Tu alma se ha vuelto ahora
martes, enero,
o cosas que ya pasaron
y ahora tus manos trabajan,
se hacen esquina,
o rosa o puerta
donde uno llama;
caliente tu perfume anda nombrando
flores que ya no vemos
y se hace fiesta el silencio
en tu boca callada.
El viejo viento de otoño
lleno de oro vencido
deja en las manos tu peso
y la espalda de tu risa;
tu senda inaugura la imagen
de una mañana vacía
una calle sin nombre
una mirada perdida.
…Gabriela del Carmen Arias
vieja pastora de sueños
camina y camina tu sangre
tu sangre color mirada…
Tus ojos que ahora miran
sendas nuevas, calladas
cavan aquí en el pecho
y nos dicen: nada…
y nos dicen: nada…
La noche que siempre crece
enredada en tus cabellos
clava su frío en los labios,
muerde implacable el momento;
y hay un rezo solitario
y una misa sin dueña
un clavel que no perfuma
y tu voz que ya no suena.
Mis manos –loca faena–
quieren mojar tu camino
llenar de risas y alfombras
tu silencio y tú: no vuelvo;
y están como ellos, lejos,
ciegas y amanecidas,
golpean en puertas sin dueño
sin tu lumbre se lastiman.
…Gabriela del Carmen Arias
cántame tu copla ahora
y que te sientan mis ojos
Gabriela del Carmen Arias…
Te partió el pecho el otoño
y tu recuerdo crece
ha reventado el llanto
…y el duraznero florece…
Ya no me suenan tus pasos
y tu luz brilla escondida,
tu ventana ya no te encuentra
…y el durazno florece…
Has encontrado de pronto,
en un camino secreto,
una lluvia de silencio.
Que no te lloren con lágrimas
ni con flores marchitadas:
el río de tu amor no duerme
…y el duraznero florece.
…Gabriela del Carmen Arias
vieja pastora de sueños
camina y camina tu sangre,
tu sangre color mirada,
cántame tu copla ahora
y que te sientan mis ojos.
Gabriela del Carmen Arias
tú me amabas…
tú me amabas…
Entrega
Allí,
en el punto más visible y más exacto de tus ojos
dejo la paciencia de mis manos
y la impaciencia de mi sangre.
Ya no más estar conmigo,
ahora elijo el camino de tu pecho,
el de tu pan
que duele tanto,
el de tu vino,
el de tu beso liberado de la pena
y el camino que me lleva
a tu misma vereda cancionera.
Si tu nombre
es el que sé nombrar,
si de tus manos puedo beber,
tómame,
arráncame de este pequeño sitio
que ocupo en la tierra,
pero arráncame de raíz
y entiérrame en tus venas,
en tus besos
y devuélveme mañana
en una mesa de amigos
hecho canción y sonriendo.
Justamente desde aquí,
desde este pequeño pedazo
que ocupo en la tierra,
espero la tierra de tu sangre,
hermano.
Pepe / 16-12-65
La fundición de acero
El acero, de pronto, es mi amigo
y el fuego no me quema
y el martillo es mi niño
…y mi pueblo lo sabe
y estamos aquí, en este comienzo
…y mi pueblo lo sabe.
Antes, cuando el acero era frío,
cuando los ojos eran color acero,
cuando aceraba mi alma
el frio del invierno
entonces yo, que soy pueblo,
no lo nombraba,
pero ahora sí, porque soy pueblo
porque mi voz -hija de su temple-
que es de pueblo, sabe de todo eso
y sabe más:
dice acero por decir trabajo
y dice cuchillo
porque ahora sí mi pueblo está en juego
y el acero es pan
y por él tengo un amigo
que a la mañana me saluda en la calle
y por el tengo un oficio
y por él…y por él… por él…
interminablemente él.
Para nombrar al acero-pueblo
voy a quemar mis manos y mis ojos
hasta el tiempo lejos del acero-acero
y templado y rojo con mi sangre por bandera
tiraré mi voz -que es de pueblo-
como una semilla enorme y esperada.
Pepe / 30-5-67
Para ser padre
tuve que decir ¡Te quiero!
tuve que saber primero
que podía ser bueno
y tuve que convencerme
que iba a repartir mi sangre.
En el espejo soy padre
y mis manos son de padre
y en padre nomas me veo.
Por haber dicho ¡Te quiero!
por haber aprendido
a ser furtivo
(de esto quien es madre
lo sabe),
por haber puesto a capricho
la bandera de mis besos
en el más alto lugar del tiempo
hoy me veo de padre
y a mi sangre
repetida veo.
Por ser padre, ¡qué hice!
si tan sólo fui elegido.
Pepe 18-6-67
(Recién iniciado el día)
Tiempo del miedo
Mi amor,
cómo empieza el miedo?
mi amor, lo pienso,
cómo empieza el miedo?
mi amor, temo mis costados;
qué pasa si el horizonte
–siempre irrefutable–
se tambalea?
mi amor;
y el dolor de los huesos?
y la implacable circunstancia,
la reconocida “cosa”
que manejamos como pañal…
Mi amor,
y el aplomo?
y todo lo dado?
por lo que costaron,
por el tiempo entregado con alma;
mi amor
y el diálogo?
aunque mal hecho, nuestro diálogo
y la mano corazón?
puestas no a la macana
y la sangre derramada?
justamente en la sangre
por el hecho viejo, mi amor
de no tenerle miedo al miedo,
qué pasa mi amor
cuando se piensa en él?
Hoy querida mía
a pesar de todo
paso al frente
a brindar con tus ojos
mucho más allá del miedo y el tiempo gris.
Además, mi muchacha
nuestro gran beso inicial
nos espera para que sean cuatro
las copas que llenamos.
…aprendamos mi amor
con tu piel y la mía
a reponer los mendrugos
que el miedo se lleva.
Pepe / 24-11-73
Qué triste ha de ser
Qué triste ha de ser,
carpintero,
el de la fragua o tornero,
dejar la ropa en la noche
sin el olor a pan
o a taller recién barrido,
qué triste ha de ser morirse, digo,
…mejor que no piense y siga.
Qué triste ha de ser,
minero,
vendimiador o carrero,
llenar de esperanza el aire
para que cuaje al fin
y quedarse sin silbido
como sin sombra y sin nadie, digo
…mejor que no piense y siga.
Qué trsite ha de ser,
zafrero,
domador o carbonero,
que se hagan blandos los puños
y no poder golpear
donde el hambre se hace duro,
quedarse medio amagando, digo
…mejor que no piense y siga.
Pero mejor pienso y sigo
duro de voz y de pecho.
La muerte por el momento
tendrá que tener paciencia.
Pepe / 6-5-75
Inclaudicables
No es restallante
el capullo que le traigo
mas, recíbalo confiada
que es así la primavera.
…los rebrotes
de la vida
siempre fueron
ida y vuelta
nuestros…
Pepe / 5-2-88
El cobijo
Salud mi bella
salud señora
por nuestros años buenos
por nuestros años rotos,
por su buena laya
que de usted se trata.
Mi copa clara
mi copa turbia
el abrevante niño
que aún cree en su bata.
Le tiro el silencio
se mis bravucadas
y el pan de mis sueños
se cuece en sus faldas.
…regazo tremendo
color de su casa.
Pepe / 24-12-89
El silencio
Hijo que golpean
ve a ver
no madre no es nadie
hijo que yo oí
madre que estamos solos
tan sólo tú y yo
hijo que insisten
debes oír
madre no te descuides
pon tus oídos
escucha tus contracciones
que son por mí.
Pepe / 7-1-90
Lo que somos (Baguala)
Si hay que gritar, grito
tengo pulmones, tengo jeta
a veces grita el silencio
y se maltraen mis orejas
así se da
la libertad.
Yuyo hay ser quien crece
cuando ser pasto no puede
lo abarca siempre el rocío:
ángel guardián que conmueve
la luz y el sol
que sabios son.
Si hay que dejar, dejo
pues si no tengo no llevo
el lazo de los olvidos
no se ha trenzado pa´mi cuello
cuando uno está
no está de más.
Pepe / 11-96
Se acabó la fiesta
…no me gusta mirar
la espalda de la gente
cuando se va luego del espectáculo.
Sólo porque no me gusta.
El señor del espectáculo dijo:
“señores se acabó la fiesta”.
Siempre pensé que una fiesta
es de todos
que todos somos dueños de la fiesta;
que hay un eje misterioso
que nos hace girar en derredor
y no que hay alguien que dice giren
alrededor.
Puse mi risa en mi hombro
al rocío en mi boca puse
en mis brazos puse mi historia
a mi sombra le instalé volumen
a mis manos un yeso eterno
y ya con todo el desamor de mi vida
le puse un putamadre a mi nacimiento.
Pepe / 8-7-98
Pepe Núñez, nombre artístico de José Antonio Núñez (1938-1999). Poeta y músico de la Provincia de Tucumán (aunque nacido en Salta), autor de clásicos como la “Chacarera del 55”, “El manco Arana”, “Agüita demorada”, por nombrar sólo tres.
Como solista grabó “La Piel del Pueblo”, y luego formó con su hermano Gerardo el memorable dúo Los Hermanos Núñez, con el que grabó “A Cantar Corazón” en 1987 y “Del mismo vientre”, luego de la muerte de Pepe. Su familia editó en su homenaje un disco póstumo, “Pepe Núñez”, con obras inéditas. Compuso con Ariel Petrocelli, Juan Falú, Lucho Hoyos, Alfredo Grillo, Lalo Aibar, Víctor Gentilini, Miguelito Ruiz y Rolando Valladares, y sus canciones fueron grabadas por Mercedes Sosa, el Dúo Salteño, Los Arroyeños, Alfredo Zitarrosa, Juan Falú, Amparo Ochoa, Coqui Sosa, Liliana Herrero, entre otros.
Mario Melnik (S. M. de Tucumán, 1958). Profesor de inglés, traductor y bibliotecario. Participó de las antologías de poesía Espacios y espejos (JOETUC, Tucumán, 1987) y Amanecer de esquinas (Grupo Literario Polymnia, Tucumán, 1988). Es autor de Palabrara (1999), De sentido en sentido (Colección Nuevo Hacer, Grupo Editor Latinoamericano, 2008) y Un latido en la voz del viento (Alción, 2014).
by Claudio Medin | 10 \10\America/Argentina/Buenos_Aires enero \10\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Poesía

Como de los buenos viajes, de la poesía de Susana Cabuchi (Jesús María, Córdoba, 1948) no se vuelve siendo los mismos. Por eso presentamos un breve paseo por algunos de sus poemas memorables, a los que sumamos dos inéditos.
EL DULCE PAÍS
Entonces, tus ojos eran caramelos de miel
y hablabas
de las bicicletas que regalaba el Niño Dios
a los que no podíamos comprarlas.
El río se callaba para que tú contaras figuritas.
Yo era alegre,
y eran alegres los nísperos del patio.
Y tú eras otro,
no el hombre de hoy
lejano como todos.
Cada domingo era una sorpresa de ciruelas,
de plaza con hamacas.
Tu padre cantaba en el taller
mientras tu madre
lavaba mamelucos de amor y aceite.
El mío no había partido todavía
y llegaba al hogar con dulces y regalos.
Yo oía con asombro tus mentiras
y creía en gigantes voladores
y en ángeles guardianes
que cuidaban tu ropa y mis zapatos.
Por cada diente el ratón nos compraba mandarinas.
La abuela, abría el gran ropero
y sacaba
turrones envueltos en papeles crocantes.
Si vuelves, como entonces,
con sombrero de piel y las manos con barro
verás, que guardo aún
el corazón de las manzanas.
De El corazón de las manzanas, 1978
LA CARTA
Ha llegado la carta.
Está sobre la mesa,
al lado de las flores.
La miro
largamente.
Conozco la letra.
Pero la leeré
a la medianoche,
cuando los trenes
que pasan hacia el norte
hagan temblar
los vidrios de la casa.
De Patio solo, 1986
VISITA
Un viajero
ha llegado a la casa.
Salimos todos
a abrazarlo
porque trae noticias del hermano.
Habla de campos secos,
del hambre en las ciudades,
muestra fotografías.
Después del almuerzo
le servimos
la fruta más dulce del ciruelo.
Y la ha comido,
pero sin alegría.
De Patio solo, 1986
ÁLBUM FAMILIAR
Los padres
fueron una vez
a Mendoza.
Me dejaron
una foto con nieve
a orillas del camino
con un gran auto negro
y con amigos.
Me dejaron
una foto con nieve
y este frío.
De Álbum familiar, 2000
PASOS
He bebido las aguas
del Shu – Am
como si no estuvieran
contaminadas.
A orillas
del río silencioso
crecen flores amargas
sobre las que he descansado,
leyendo.
Y no he pecado
sino
lo necesario.
De Álbum familiar, 2000
12 DE JUNIO
Esa mano que muere
no está sola.
El anillo dorado
la devuelve
a una danza de bodas
y a sus giros.
A una siesta
de parrales ardientes.
A los vinos
guardados
para las grandes fechas.
Está
el metal redondo
sosteniendo
que todo fue verdad.
El anillo de bodas
de mi padre,
en la mano, en la vida
de mi padre.
En el día de la muerte
de mi padre.
De Álbum familiar, 2000
CIELO
Sobre las montañas nevadas,
como una flecha oscura,
van los patos salvajes.
Cruzan.
Como tu sombra
sobre mi corazón.
De Álbum familiar, 2000
VINCENT VAN GOGH
Aquí estoy
en esta soledad luminosa,
plena, habitada
de fuegos y ventanas.
La casa
arde de girasoles
como un infierno congelado
entre aceites
y vientos amarillos.
Sordo de tanto silencio
y dispuesto
a entreabrir
cada lirio celestial,
cada cristal de paja,
cada gota de acero,
cada ojo de sangre,
cada vidrio de miedo.
Así te escribo.
Sobre las torres de la desesperación,
a orillas del Ródano,
entre la mezcla brumosa de los óleos,
a la hora del ángelus,
a pleno mediodía,
sobre el caballo áspero
de la pena,
con la piedra roja
de la desgracia,
con la arena negra de la locura,
con las sílabas celestes del amor,
con la sorpresa blanca de la tela
vacía,
con el cuervo del hambre
sobrevolando mi cama,
con la mordedura hirviente
del deseo,
entre el humo agrio de la luz,
en el paraíso húmedo
de los manteles,
en los bares nocturnos,
así,
hermano mío,
hermanito menor,
casi mi padre.
De Álbum familiar, 2000
EXILIO
Al cerrar el negocio
mis padres
se sentaban en la vereda
del Panamericano
a mirar el desfile.
Mi padre sonreía
con la misma serena tristeza,
repetida,
tantos años después,
en la fila de cajones
abiertos hacia el crematorio,
más oscuro, con los párpados quietos,
entero, intacto,
esperándome.
Así dio su perdón,
así recibió el mío.
Acompañaba la fiesta
con la mirada suave
del que ha danzado, inocente,
sobre los barcos del exilio.
Cuando pregunté
en el Registro de su país
la íntima caligrafía
sentenciaba “desertor”.
Cómo explicar
que tenía dos años al partir,
que nunca se había ido,
que cada mañana
ascendía las calles amarillas
de Maalula
mientras levantaba las persianas.
De Detrás de las máscaras, 2008
VISITA AL PURGATORIO
El cartel anuncia
“El Paraíso”.
Aquí están
la directora del colegio,
la fundadora del Teatro Vocacional,
el carnicero,
el prestamista, el notario.
–Sí madre,
traigo galletas,
sacaremos una mesa,
jugaremos a la confitería,
tomaremos el té.
Las pequeñas carrozas
–trípodes, andadores,
sillas de ruedas–
giran.
Aferrados al pasamanos
los caminantes
repiten la peregrinación,
como antes en la plaza,
ahora a orillas de la ciudad,
a orillas de la vida,
con las máscaras de la vejez,
con los pesados trajes,
marchitos.
Sí madre,
soy la tía Emma
y también soy Susana.
Entre sombras
la comparsa emite
entrecortados llantos, gemidos secos.
–No madre, sus padres
no la olvidan,
están muy ocupados.
Cuando puedan
vendrán
con un ramo de rosas.
De Detrás de las máscaras, 2008
SIRIA
A Jeannette Kabouchi
I
Ha despertado
seguramente temblorosa.
Ha escuchado los ayes
ascender las piedras de Sednaya,
ondular sobre las cambiantes dunas
hacia el desierto,
reptar entre los arcos de Palmira,
crecer en los olivos.
Por favor querida, dice
desde ciudades inolvidables
a la hora del sueño.
Por favor querida,
insiste,
escriba sobre Siria.
II
Juntas hemos visto
los juegos del Mediterráneo
frente a las costas de Latakia
y las manchas lejanas de la tierra turca
a través del mar.
Sabe que escuché, conmovida,
cinco veces al día
el hondo llamado a la oración
que surge, poderoso y verdadero, desde
las mezquitas, desde sus altos minaretes.
Sabe que me gustaba caminar
hacia el zoco Al-Hamidiyah
para oler los tejidos
y las especias.
En mitad de la noche
ha querido llamarme. A pesar
de los años y la distancia.
Debió recordar que en la Feria
de Libro de Damasco
me vio adquirir obras
escritas en un idioma que no leo
y que algo en mí reconoció los signos,
esas suaves y delgadas canoas
sobre el papel, esas líneas
de arenas y de vientos.
lll
Jeannette,
la prima de mi padre,
no usa velo.
Simplemente lo prefiere así.
Ella es cristiana, Fayez
su esposo, musulmán.
Hemos viajado al mar,
hemos nadado juntas
vestidas con trajes de baño occidentales
como las cristianas y las judías
mientras las musulmanas jugaban
en el agua
con sus largos vestidos mojados
adheridos al cuerpo, más sugestivas
que las turistas europeas
que extendían sus claras
y desnudas figuras
en las playas doradas.
IV
Qué sé, qué desconozco para que ella repita
varios meses después, Susana, no lo olvide
–suena firme su voz en el teléfono–
escriba sobre Siria.
Qué espera, qué me pide?
Hablaré de Quneitra,
del pasto crecido sobre los escombros,
de los testimonios del Golán?
Ibrahim me muestra unos montículos de nada
y dice: esta era mi casa.
Por esta calle iba a la escuela cada mañana.
Y señala la escuela, lo que debo
creer que fue una escuela,
cemento y hierros
arrasados por las topadoras.
De quiénes eran las tumbas?
Cuántos lloraban entre los olivos?
Alguien preguntó
sobre la poesía después de Auschwitz,
también yo lo pregunto
desde las ruinas de Quneitra,
sus hospitales muertos, sus calles incendiadas,
las infinitas filas de cruces blancas sobre
la vergüenza del mundo.
De quiénes son las tumbas?
Cuántos lloran entre los olivos?
De Siria, inédito
ULEILA*
Porque no hay que viajar
grandes distancias,
además es apacible, es bello,
encantador, decían.
Y cada año autorizaba el ocio
una población serrana
cuyo nombre proponía
un juego sin salida,
un interminable y misterioso acertijo:
Salsipuedes.
La calle principal
era de oscuro y empinado asfalto
y ondulaba, perfecta para el patinaje
y sus consecuentes advertencias.
Juntábamos piedras, mariposas,
plantas medicinales. Buscábamos
víboras, avispas, miel.
Pero lo inolvidable
fue el nombre de la casa alquilada:
Uleila del Campo.
Uleila sonaba a oleaje campesino,
a ciclos lunares en una lengua antigua,
a ulular marítimo,
a lagunas nocturnas, a luz.
¿Uleila era una flor silvestre,
un extraño y distante país,
un pájaro prodigioso y desconocido,
una mujer?
Desde entonces, en secreto,
llamamos así a nuestra madre:
–¿Llegó Uleila del Campo?
–Uleila dice que ordenemos el cuarto.
–¿Ha visto usted a la señora Uleila?
Nos había prometido estarse viva,
tostar zapallos porque –dijo– serían muy dulces
ese verano,
hacerme un vestido de seda verde
para los bailes de carnaval.
A veces la nombramos.
En las calientes noches,
desde cualquier lugar, le preguntamos:
Señora Uleila,
Uleila del Campo,
¿dónde está, por qué no vuelve,
por qué demora?
¿O está en el Mirador
reconociendo amaneceres, colinas,
lejanías,
y no puede salir?
De Siria, inédito
* Ulelia: palabra árabe que tiempo después de escribir el poema supe que significaba mirador.
Susana Cabuchi (Jesús María, Córdoba, 1948) ha publicado: El corazón de las manzanas (E. y G. López editores, 1978), Patio solo (Alción Editora, 1986), Álbum familiar (Alción Editora, 2000), El Dulce País y otros poemas (Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación, 2004), Detrás de las máscaras (Ediciones El Copista, 2008), Poética-1965-2010 (El taller del Escritor, 2010) y Album de famille – Livre CD (París, Francia, 2015). Su poesía integra numerosas antologías argentinas, americanas y europeas, y ha sido traducida al francés, italiano, portugués y árabe. Ha ganado diversas distinciones nacionales e internacionales. Como gestora cultural organizó ferias del libro, semanas de cultura, concursos literarios, ciclos de lectura, entre otros eventos culturales. Ha sido miembro de jurado en diversos concursos de poesía y narrativa, y participado como panelista y conferencista en congresos, encuentros, y jornadas, tanto en el país como en el exterior. Actualmente colabora en revistas especializadas, en sitios virtuales y coordina talleres de escritura.
Fotografía: cortesía de la autora.
by Claudio Medin | 28 \28\America/Argentina/Buenos_Aires diciembre \28\America/Argentina/Buenos_Aires 2017 | Poesía
Compartimos una selección de poemas de Fabiola Rinaudo (Salta, 1964), pertenecientes al libro Green Square, publicado por El suri porfiado en 2014.
I.
Nada me pertenece,
ni siquiera los displicentes contornos de la poesía.
Los versos me han abandonado después de mi
repudio histórico.
Me negué sistemáticamente a ceder a su necesidad
y les llené la boca de comida rápida y globos de
azúcares ligeros.
La otra noche, cuando el rocío me humedecía los
ojos,
tirada en el parapeto de aquella ventana que guarda
los secretos de los libros,
una mujer negra que los cantaba por un dólar me
los trajo de vuelta.
III.
Henry con su mano temblorosa
me escribe en griego antiguo
el primer versículo del libro de San Juan
y se divierte con los arcanos signos de la lengua de Uruk.
Nos comunicamos con palabras inconexas
como almohada, sofá o aceite
que les debemos a los árabes.
Si le digo que no oigo,
él me responde “audire”
y los dos nos reímos como niños.
La semana pasada entregó a su hija en el altar
y ella se casó sin arroz y sin confites.
Me cuenta en pocas palabras
que bailó un escueto vals,
que no se escuchó ningún ritmo mestizo
y que los novios se fueron con un cartel de “recién casados”.
El breve espacio de nuestro encuentro
es el puente con esa otra parte del país
y él dice Borges y yo digo cifra
y si digo México, él dice Octavio Paz.
Y después nos vamos por caminos separados.
De nuestro encuentro solo quedan unas
Migas de pan de chocolate esparcidas en un plato.
V.
Como las rayas en la piel de los tigres lleva sus
cicatrices.
Las otras llagas se ven en su mirada fiera,
que no es otra cosa que el vano ropaje del miedo.
Son suyas la oscuridad y las colillas
de todo aquello que pueda meterse en el cuerpo,
sólo para huir del horror,
de las luces azules y rojas de los patrulleros
y de un borceguí aplastándole la cara.
VII.
Una cruz de hierro tiene escrita en la piel.
También otras marcas prefabricadas,
testimonio de batallas que sólo se piensan en la
juventud.
Partida que se repite en el crepúsculo,
cuando todos se van y hay que hacerse valer.
El cuerpo es el único territorio conocido.
Todo lo demás es hostil y rastrero.
Su cuerpo es látigo, es una emboscada,
y un día de desafío y derrota, tendrá precio.
VIII.
Se diría un Buda de polyester.
Su vientre es una bóveda que el pantalón encierra.
Tiene la mirada asiática, a fuerza de donas y
malteadas,
y manos que engullen hamburguesas y aros de
cebolla frita.
Sentado en el banco espera el autobús,
para ubicarse por fin frente al plato.
Su hambre, terca como mi dolor no puede
moderarse.
Él sabe que la angustia,
perdida en los corredores de su estómago,
no podrá hallarlo. Yo, en cambio, estoy perdida.
XII.
“Hola! Soy Selena”, me decís.
Sos como la noche, pero sin luna.
“¿Linda, qué haces aquí?”, me decís.
No entendés qué hago entre los desheredados.
Me ofrecés cerveza caliente,
disfrazada de té o limonada
en un coqueto vaso violeta.
Pero no acepto porque tenés razón.
No soy de tu lugar. Tal vez de ninguno
“¿Qué es lo que te pasa, linda?”, insistís.
Invento una mentira para volver a ser quienes somos.
Vos me pedís setenta y cinco centavos. Y yo te los doy.
XV.
Tu tobillo es flaco y el pie se te ha encogido.
La hebilla del zapato tintinea
mientras tu mandíbula sigue el ritmo de esa música.
Estás elegante,
con tu campera de cuero y ese sombrero para turistas.
Leés sin atención el periódico.
Esa guerra está lejos y el único testimonio son las
hileras de tumbas.
La OTAN dice que van a dejarlo antes de lo previsto,
pero un teniente general lo desmiente.
Y todo para qué te preguntás.
Entonces con cuidado cerrás el periódico, lo enrollás
y al tintín del zapato le agregás el golpe del parche
de tu pierna
contrapunto de coplas que no entienden,
pero que a vos te sirven para explicar el mundo.
XVII.
Soy una de las voces de la plaza.
Un dólar por dos cigarrillos
vende el hombre camuflado
detrás de la parada de autobús,
y la chica, a su lado, se vende por algunos dólares más.
Mi voz y la plaza tienen la misma sed,
pero no somos hermanas.
Una es heredera de una historia
con muertos por recordar y un porvenir.
La otra…. la otra es una extranjera.
XXIV
Ciento trece dólares traías en los bolsillos,
agujereados por el viaje polizón
Sueño que te mantiene en vilo.
como el pan que se arrebata al horno, como un
hijo nonato.
Ciento trece dólares.
Precio de la derrota vestida de polyester,
monedas que te devolvió Aqueronte
transido por la pena de no aceptar tu alma
sombra de la caverna enamorada y pobre,
que me toma la mano para cruzar el río.
XXVIII
¡Hemos venido de tan lejos!
Nuestro barco encalló en esta ribera
y nuestros enmohecidos pies,
como las caracolas que alcanzan la playa,
no pudieron volver para atrás.
No nos atamos a los mástiles
y la música del sueño nos dejó penitentes,
gritando verdades bilingues que herrumbraron el
oropel de las palabras.
Llegamos al paraíso,
un paraíso fetiche para la melancolía.
Cuando cierro los ojos,
el miedo es sólo un charco de agua que se seca en
el piso,
Las palomas, sin embargo, siguen su rutina
como símbolos de paz, adornos de estatuas.
Los gendarmes de otra plaza se toman una siesta
mientra el sol derrite los cerrojos
y la mano del padre alcanza la del hijo
y el hermano regresa a la hermana,
y nosotros regresamos a nosotros,
porque no podemos volver a lo que fuimos.
Te miro, y en tus ojos afligidos intuyo la huella de
la esperanza.
Entonces, nuestro fetiche melancólico se convierte
en el Paraíso,
y ya no tengo miedo.
Fabiola Rinaudo. Escritora. Abogada, Periodista y Docente. Reparte su tiempo entre Salta, Buenos Aires, Toronto (Canadá) y New Haven, (Connecticut). Colabora como columnista en el periódico hispano Identidad Latina, imparte clases de español y escribe crónicas que difunde a través de las redes sociales. Tiene publicados artículos de Derecho en revistas especializadas, y cuentos y poesías en antologías y periódicos. En 2014 apareció su primer libro de poemas, Green Square (Buenos Aires, El Suri Porfiado). Tiene escrita una novela inédita, Lo que dicen los zapatos, que alude al tema de la migración, y está trabajando en su segunda novela (s/título) que navega entre la crítica social y el roman noir.