by Claudio Medin | 8 \08\America/Argentina/Buenos_Aires septiembre \08\America/Argentina/Buenos_Aires 2017 | Poesía
La poeta Laura Carnovale es autora del libro Tengo un cielo en la cocina (Ruinas Circulares, 2015), obra con la que inicia su trayectoria en el campo literario pampeano. Acaba de publicar un nuevo texto de poesía que tituló piedras verdes (Ruinas Circulares, 2017). En Excéntrica presentamos el prólogo y una selección de sus poemas.
“la única aproximación o explicación de un poema,
cuando uno lo ha leído, consiste en volver a leerlo de nuevo”
Roberto Juarroz
Leer y releer, aunque se sature el sentido, para poder aprehender el estilo. Encarnarse en el lenguaje de la poesía. Entonces, ¿desde dónde es posible hablar sobre lo poetizado?, o ¿cómo interpretar lo poético? Pues: leyendo de nuevo lo que se ha leído, nos advierte el poeta/filósofo. Indagar desde la resonancia que deja la lectura. Aproximarse. Hollar el poema. Trillar la huella que lleva al lugar que la poeta ha fundado simbólicamente: “A veces son/ tan extrañas las palabras/ que vuelvo a repetirlas/ para mí,/ una/ y otra vez/ para confirmar su significado”. El lector relee para explicarse el poema. La poeta escribe para comprenderse en el mundo.
Desde la invocación a la musa, a la tradición órfica, pasando por el sacerdocio druídico, el mito faústico, la teoría del duende, la carta del vidente, el chamanismo, hasta el esoterismo, han contaminado la historia y la práctica de la poesía. ¿Por qué se hace esta ilación respecto a la creación poética? Por lo que se propone y subyace en el nuevo libro de Laura Carnovale.
El ser es escritura. La poesía manifiesta esa ontología. El lenguaje es la casa del ser. La poesía será lenguaje de la experiencia espiritual, será metafísica. El mundo es la trama de signos que nutre a la poeta. Por eso, Carnovale reconoce que la poesía sopesa y tantea el universo, que se bulle en su propia lengua. Escribir es “Entrar al mundo, soplar la belleza”. El trabajo de sostener el funcionamiento de la casa y ver los días que pasan, uno tras otro, es una especie de anclaje donde se manifiestan y suceden las situaciones que se inmiscuyen en cada uno de sus versos.
Respecto a su primer libro, Tengo un cielo en la cocina, había dicho: “Se cuece en esta cocina carnovaleana el fuego de los cuerpos poéticos, para darle así asidero a la palabra y fundar la morada del alma, la casa del ser […] Carnovale, desde su cocina habitada, invita al lector a una aventura en donde hierve el agua en las ollas, los sueños se materializan entre vapores, y las letras se comportan como condimentos de la vida”.
En sus versos irrumpen elementos que conforman su cotidianidad. Podría plantearse que hay una trayectoria dentro de su hogar que es posible asociarla a la katábasis griega. Un descenso al averno para entender la existencia: “¿Si escribir no es más que escurrirse en el agua/ canilla abajo?”. Ese abajo es interesante, porque ocurre en el ámbito familiar y sólo hay algún que otro atisbo o mención al exterior, pero resignificado desde el plano de los recuerdos. Esa excursión por el propio lar tiene dos o tres referencias fuertes que basculan entre lo material y lo inmaterial. El agua y la luz son convocados en varios de los poemas, alumbrando y purificando al ser, otorgándole liviandad al alma que asciende (anábasis) por el sendero temporal de la poesía, que es de carácter vertical. Cuando se descubre ese atajo espinoso, se recusa el tiempo que expolia y oprime, y se discierne el devenir de los otros, de la vida y del mundo. También las piedras (verdes) tendrán un protagonismo particular en este poemario, participan en la trama y la poeta va tejiendo nudo a nudo el instante de la fuerza personal; es decir, serán esas piedras (del altar personal) la rueda del poetizar. “Para quien se espiritualiza —refiere Gastón Bachelard— la purificación tiene una suavidad extraña y la conciencia de la pureza prodiga una extraña luz”.
En consecuencia, la poesía no es simple expresión lingüística o fonética; implica un conocimiento que la convierte en emisaria a la poeta, en portadora de claves, que sólo funcionan en la ceremonia cuasi religiosa con que se invoca a las musas. Está imbuida de un proceso misterioso, pero que no la sustrae del quehacer mundano. Ese cuerpo poético se alimenta del habitual roce diario. Carnovale abre una brecha en la rutina, halla su tiempo, porque sabe que cada vez que advoca a la palabra, se inicia un ritual.
Tengo un puñado de piedras verdes en mi mano.
Recuerdo beber del arroyo
siete tragos,
siete sorbos pidiendo agua
que me revele el secreto de lo no dicho.
Buscar el secreto por medio de la anunciación. Azuzar lo no dicho. Escribir conlleva el íntimo acto ceremonial, el llamamiento y la experimentación del desenfreno razonado de todos los sentidos (Rimbaud). Apretar o sobar las piedras para que hablen. Entrar en trance: visionar. ¿Profetizar?
Bustriazo entrega su alma en la Salamanca para tener dominio sobre la palabra, para transmutarse en el Ghenpín. Carnovale elige las piedras. Y he aquí que resurge la noción clásica del poetizar como ritual del que se obtiene una compensación revelatoria. La liturgia dona en su transfiguración poética el libro piedras verdes.
Hans Biedermann resalta en su Diccionario de símbolos: “El hombre necesita símbolos para entrar en el terreno de lo concreto, de lo palpable, que de otro modo no podría entenderse. Y cuando decimos ‘palpable’ usamos ya también un concepto simbólico, derivado de la mano que quiere tocar para poder apreciar más cabalmente una cosa”.
Laura Carnovale recoge las piedras (“No puedo dejar de mirar la piedra”), bebe agua, espiritualiza los elementos, los hace palpables, como la mismísima poesía cuando se inscribe. La poeta reclama por lo no dicho, lo por/venir, y a su vez declama, poetiza, pretende describir la belleza (del mundo, de la vida); al igual que como lo instauró John Keats: “A thing of beauty is a joy for ever: Its loveliness increases; it will never”. Más cerca en el tiempo puede leerse en el extraordinario Paterson, de William Carlos William, que “El rigor de la belleza es la búsqueda”; o la letanía matriarcal de Cristian Aliaga: “Belleza, belleza, entera madre que sacudes”.
Carnovale se somete al rigor del poetizar, saborea la acritud de la palabra que no llega, pero avanza buscando, toca y desafía a la belleza (“No hay manera de pronunciar más belleza”). piedras verdes es un espíritu vivo, el rescoldo de la poeta que se explora y apaga la tiniebla extrema, iluminando todo a su alrededor, brinda su figura secreta, se encrece plena: “Si desvestirse no es desnudarse/ ¿para qué escribir?”.
La poesía más intensa es la de la carencia, la de la cosa ausente. Ese vacío hace que la palabra hable, que la poeta Laura Carnovale palpe (palpite) las piedras y vuelva a nombrar.
Santa Rosa de Toay, 16 de junio de 2017.
Selección Poética
1
Tengo un puñado de piedras verdes en mi mano.
Recuerdo beber del arroyo
siete tragos,
siete sorbos pidiendo al agua
que me revele el secreto de lo no dicho.
Tengo un puñado de piedras en mi mano,
piedras entre las piedras
que me miraron desde el fondo.
Y yo, que no sé mirar.
Corriente silenciosa que no dice y dice.
Piedras verdes
para buscar
el otro nombre de las cosas.
6
Paralizada
como la luciérnaga atrapada entre la gramilla
que enciende su luz y no,
que enciende su luz
y no.
10
¿Está muerta la piedra?
La piedra seca de barro
con que construye el hornero su nido
la piedra limpia del agua.
la piedra fría de hielo.
La pequeña piedra,
ese escombro que fue otra casa
y hoy es parte de mi casa.
Cada una
sola y con otras,
piedras que cambian.
14
Guardé las piedras
en la mesita de luz
entre los papeles y los libros.
Hay días que pierden
la memoria del arroyo
y se creen piedras preciosas
pero solo son
piedras mudas.
20
Palabras entre los libros
y las revistas,
en las paredes, los diarios
y las ventanas.
Palabras entre las cosas
y el aire.
Palabras entre palabras.
Palabras sobre palabras.
Palabras, sin palabras
No encuentro mi voz.
27
Humedezco mis piedras verdes
para que alcancen
su voluntad de brotar.
Y no sólo lo espero
además lo creo
desmedidamente.
Del negro carbón
también nace el fuego.
38
No es el color lo que designa a las piedras,
no es su proporción
ni su redondez
ni siquiera
el filo oblicuo de su cuerpo.
Es ese temblor,
el ruido de su voz en el agua.
Laura Elena Carnovale
Nació en Santa Rosa (La Pampa) y transitó su infancia en distintos pueblos de la provincia. Actualmente reside en General Pico. Es docente. Egresada de la Universidad Nacional de La Pampa. Participó de talleres literarios presenciales y virtuales y de las jornadas de lectura del Grupo de Escritores Piquenses (GEP). Publicó algunos de sus poemas en revistas culturales y antologías, como “A la hora del café”, un proyecto que unió a veinte mujeres de habla hispana residentes en distintos países. En el año 2013 obtuvo una beca del Fondo Nacional de las Artes para realizar una capacitación con la poeta Irene Gruss.
by Claudio Medin | 5 \05\America/Argentina/Buenos_Aires septiembre \05\America/Argentina/Buenos_Aires 2017 | Notas
Artistas como el poeta Leopoldo María Panero son la conjunción de devenires experienciales extremos y representan, en síntesis, “ese inmenso bullir de rastros verbales que un individuo deja en torno suyo en el momento de morir”.
Muchas veces se ha considerado que determinadas poéticas —poéticas fuertes, sólidas— se componen solas, aisladas, y aparecen como si fueran una manifestación casi única y última de lo que la criatura humana puede llegar a decir sobre sí misma. Pero esa coexistencia sólo será posible en correspondencia con alguien, porque el diálogo nos reúne y se necesita de la presencia del Otro para situarse y ser en el mundo.
Dentro de tal síntoma, la literatura es una vía para la búsqueda, para las preguntas esenciales y, por consiguiente, para encauzar y obtener ciertos conocimientos. La poesía va más allá de las palabras, dialoga con el verbo, que es como recuperar su carácter mesiánico, el hálito divino.
La palabra mesiánica
La invención de un laberinto —del aventurado laberinto— es como la fábula fundacional, donde prima el vértigo y la verticalidad; una metáfora de la que sólo se sale por arriba, como afirmara Leopoldo Marechal. Dicho relato tiene que ver mucho con la poesía, porque el destino de ésta es transitar por territorios no trillados, desafiando a lo inhóspito, a lo desconocido, y a lo que no ha sido nombrado. Según denota la historia va hacia lo que se halla en el borde, casi en el mismo precipicio del (sin)sentido. Siempre el hombre anda al acecho de la palabra mesiánica. Es un modo de vivir en tensión permanente con y junto al verbo, en cuya peripecia extrema se pretende cerrar heridas, completar ausencias, reencontrar el viejo jardín, el perdido paraíso bíblico.
Rebelión en la sociedad
En cuanto a las poéticas que refieren a la soledad y sobre el aislamiento de determinados artistas, es factible realizar rastreos, rastrillajes —acorde a una concepción amplia del arte y que su relato no se encuentre ni castrado ni reprimido—, a sabiendas que esas percepciones, perversiones y flagelaciones simbólicas están inscriptas en la obra de Leopoldo María Panero. Contra ellas atentan, injieren y prohíben, constantemente, las instituciones reguladoras o disciplinarias; porque lo distinto debe ser clausurado para que no intoxique lo legitimado y, desde ya, tampoco afecte lo que ha sido socialmente admitido como instrumento útil y rector. Es que el poder (en este caso, cultural) que incita tanto como coarta, es un dispositivo complejo que se extiende sobre todo el cuerpo social y sobre sus producciones.
Muchas veces esta ofensiva correccional surge ante la irrupción contemporánea del ritual, como que lo arcaico y lo mítico desafía a la razón positivista; entonces se extirpa a los posibles puntos de fuga. El “imaginista-hacedor”, o sea Panero, que en su práctica transgrede lo instituido, modelando e inventando nuevas formas, se convierte en el chivo expiatorio para la condena y el castigo del placer. En la disputa de sentidos y sensaciones, de un lado se encuentra la sumisión al orden establecido, y del otro se plantea la sublimación y la creación artística, donde no regentea la coartada paranoica de los sujetos de una comunidad que se constriñe o autoflagela. Por eso es más lógico —aunque este concepto se vincule más a lo institucional— y significativo que Panero acuda para identificarse al Marqués de Sade, a El diario de un seductor, del existencialista Søren Kierkegaard, a Dashiell Hammet (fundador de la novelística policial negra), o a Georges Bataille (interesado en el erotismo y obsesionado por la muerte), autor, justamente, del libro El erotismo. Bajo esta impronta, lo sacro muta en pagano, el mito retorna con una potencia inusitada y lo blasfemo recupera su antiguo poder.
Contradecir es un deber
A la perspectiva o situación de empresa solitaria, recostada sobre la espalda de la multitud, se la procesa en términos que, en definitiva, remiten a otras poéticas, a la trama ineludible de las influencias. Pero a su vez, en tal antropofagia nutriente, se cimienta la cosmovisión de una mirada particular —de múltiples y diversas miradas particulares—, que se contamina en la semiosis social y es donde tiene que funcionar el discurso artístico que, muchas veces, se encuentra fosilizado en los museos, en las bibliotecas, en los organismos de cultura.
“La historia de los hombres —ha dicho Char— es la larga sucesión de los sinónimos de un mismo vocablo. Y contradecir es un deber”. Por eso hay lenguajes que se escapan de la nomenclatura habitual, por lo tanto construyen el propio metarelato que los contiene. Es que ulteriormente al acto de reconocimiento, de obligada referencia con la tradición, es lícito que se la deconstruya y se la restaure, incluso, distinta y enriquecida. En ese proceso dialéctico los cuestionamientos son similares en todos los hombres, pero el itinerario es muy distinto, debe ser diferente porque cada experiencia es efímera e irrepetible. En consecuencia, aquel artista que esté despierto captará los símbolos que requiere dicho tiempo y será impulsor del manifiesto de la vanguardia, su propio estandarte.
Correspondencias
Es inevitable citar algunos autores y libros que, a pesar de haber pernoctado por largas temporadas en la periferia como emisarios de las letras malditas, en la actualidad se han incorporado al sistema que los descartaba; pues, lentamente, los fue devorando, libando el mercado para convertirlos en mercancía. Se nombran algunos legendarios: Flores del mal de Baudelaire, Cantos de Maldoror del Conde de Lautréamont, Una temporada en el infierno de Rimbaud; los cuales se pueden articular con libros que tienen como aliciente el siglo XX: Trópico de cáncer de Henry Miller, El almuerzo desnudo de Burroughs, Las puertas de la percepción de Aldous Huxley, Una plegaria americana de Jim Morrison, Las enseñanzas de Don Juan de Carlos Castaneda. También canciones de bandas como The Velvet Underground, Rolling Stones, Joy División, Nirvana, Sumo, o Los Redondos, y cantautores como Leonard Cohen, Tom Waits, Laurie Anderson, Miguel Abuelo, Spinetta, y Andrés Calamaro, entre otros.
“Razón” y “locura”
Y el archivo resguarda historias “anormales” que musitan desde la sombras, puestas a resguardo por la “normalidad”, tal cual lo señalara Michel Foucault en La vida de los hombres infames. En ese libro se nos cuenta que hombres marginados que no contaban sino para el silencio y el rechazo de la pulcra comunidad organizada (o sea el fundamento del propio panóptico), y que por un instante, en su encuentro con el poder, son arrancados de la noche: “brillan solamente por un segundo en la franja de luz que proyecta sobre ellos el poder; y no obstante, hay algo en aquella instantánea fulguración que excede la subjetivación que los condena al oprobio, que queda marcada en los lacónicos enunciados del archivo como la traza luminosa de otra vida y de otra historia”.
Y están los otros hombres, también excluidos, pero por cuestiones simbólicas. Ellos sí narraban en su estética ese silencio impuesto y denunciaban en su literatura a la sociedad lapidaria: la de los cuerdos y sensatos, esos que señalan con el dedo y ajustician lo que no comprenden. Como si vigilar y castigar fuera un vademecum ciudadano ejemplar.
Hölderlin vivió 37 años en la casa de un carpintero, a la sombra de la “locura”, y no dejó de escribir hasta su muerte. Antonin Artaud ingresaba y salía de distintos establecimientos psiquiátricos, hoy son reconocidas y valoradas sus Cartas desde Rodez. Sylvia Plath fue sometida a tratamientos de electroshock. Jacobo Fijman permaneció gran parte de su existencia en el Hospicio de las Mercedes. Alejandra Pizarnik orilló esos sitios lúgubres y escapó a base de barbitúricos. A Felipe Aldana se le practicó una lobotomía. A causa del alcoholismo, tanto Julio Domínguez como Bustriazo Ortiz visitaron con frecuencia psiquiatría. Ninguno de esos autores abandonó la escritura. Leopoldo María Panero —poeta musicalizado por Enrique Bunbury— se internó en varios “loqueros” y desde uno de ellos concibió Poemas del manicomio de Mondragón.
Sujeto espinoso
Panero acucia a la temporalidad, a las instituciones y al mismísimo origen del hombre, a esa criatura desnuda y llorona; y lo hace desglosado, proyectado y multiplicado en la máxima concentración significativa del lenguaje. Para el escritor español la escritura es el territorio del padecimiento y de la iluminación.
El tránsito a la deriva por la frontera de lo real, de lo material, implica un instante en que se alinean el caos y el logos, y es donde se pican las piedras del delirio, de la esquizofrenia, para que irrumpa el sujeto espinoso. Un “border” en el filo mismo de la nada y de lo absoluto; un “outsider” royendo letras, medio diablo y medio dios, trashumante, meditabundo, aferrado a los signos —como paliativo— hasta la caída final y sin retorno.
Por eso Panero deambula incrustado en una literatura tan imprescindible como destructora, y lo reconoce en este poema:
La poesía destruye al hombre
mientras los monos saltan de rama en rama
buscándose en vano a sí mismos
en el sacrílego bosque de la vida
las palabras destruyen al hombre
¡y las mujeres devoran cráneos con tanta hambre
de vida!
sólo es hermoso el pájaro cuando muere
destruido por la poesía.
En fin, esos nombres, esos artistas, entre los que se halla Panero, son la conjunción de devenires experienciales extremos y representan, en síntesis (incompleta), “ese inmenso bullir de rastros verbales que un individuo deja en torno suyo en el momento de morir”.
by Claudio Medin | 27 \27\America/Argentina/Buenos_Aires agosto \27\America/Argentina/Buenos_Aires 2017 | Ensayo
En este artículo se propone una nueva exploración por la poética de Juan Carlos Bustriazo Ortiz. En este caso se realza una relectura de los textos que han sido transpuestos a la canción, considerando el pivoteo de la obra del poeta pampeano entreo lo oral y lo escrito.
MYTHOS
Ha escrito Jorge Luis Borges en la “Parábola de Cervantes y del Quijote”: “Porque en el principio de la literatura está el mito, y asimismo en el fin”.
La sirena del molino Werner sonaba a las 11 de la mañana. Años después Bustriazo dirá que anunciaba su nacimiento, un 3 de diciembre de 1929. Su universo está contaminado de anécdotas y experiencias. La semblanza de su vida congrega instancias y sucedidos para ser noveladas. El mito fue anudándose a su trayectoria, lo acompaña en el proceso de escritura de gran parte de su obra. La palabra mito viene del griego mythos, que significa relato o historia; es una narración que presenta explicaciones fantásticas de determinados hechos. Son historias imaginarias o fabulosas.
Surge en los recuerdos de Bustriazo la localidad de Trilí y un hecho paradigmático, aún siendo niño. Cuenta que pasaba por el lugar un linyera, iba con un rollo de papeles escritos, y le indicó a su madre que sería poeta. Esos relatos, sumados al vaso de vino con la tapa para que no huyan los espíritus, el portafolio portando la bombilla de hueso, la linterna con que ahuyentaba a los perros y otras cosas, fomentan su figura mítica.
Quizás la firma personal sea la elaboración más alta en esa cadena de significaciones que se funden y complementan con la magnitud de su obra. Bustriazo explica que se compone con elementos que se encuentran presentes en su cosmovisión del mundo, y son trabajadas o resignificadas constantemente en su poesía. Además de las iniciales y apellido se colige la cruz mapuche, una serie de rulos que significarían el infinito (o la eternidad), un báculo egipcio, el triángulo sexual representado por tres puntos y, desde ya, las piedras.
Es por eso que se ha convertido anticipadamente en un espectro que no sólo irrumpe en la realidad, sino que toma por asalto y modifica el canon literario; porque recién estaba fundando su estilo y ya era un mito. Roland Barthes nos había advertido que la poesía estaba saturada de sentido; pero es en el sentido y en la significación de una poética donde se asienta la innovación de un autor.
En consecuencia, a la vez que vive poéticamente, al mismo tiempo, emplaza, sin saberlo, el síntoma lacaniano; pues en los 79 libros que componen el Canto Quetral reúne lo real, lo imaginario y lo simbólico, fundando de esa manera su nombre, su particularidad en el campo literario: Juan Carlos Bustriazo Ortiz.
LENGUAJE ORAL
Marcel Raymond habla de poetas videntes y poetas artistas. Bustriazo también fue un visionario en y desde su artificio poético: domando, dominando la lengua como el Ghenpín, el dueño de la palabra en la cultura mapuche. Su poética repuso, conjugó y potenció las raíces de los pueblos originarios, la cepa criolla y la prosodia de los inmigrantes.
La preeminencia del “habla” sobre la “escritura” traspasa la primera parte de la obra de Bustriazo Ortiz. En su formato primigenio, aunque se los reconozca como poemas, también podrían haber sido canciones, no haber necesitado otro soporte que la memoria (Platón dixit).
De alguna manera, podríamos también conjugar unas líneas de Borges que esboza en una conferencia sobre La Divina Comedia: “El verso siempre recuerda que fue un arte oral antes de ser un arte escrito, recuerda que fue canto”.
Esta preeminencia del “habla” sobre la “escritura” traspasa la primera parte de la obra de Bustriazo. Es que las poesías que comprenden sus libros iniciales están identificadas con “los repertorios de impronta folklórica y forma tradicional”, como resalta Dora Battiston, por lo tanto se hallan más vinculadas al género musical. Aunque su formato primigenio sea en moldes de letras, y se las reconozca como poemas, también podrían haber sido canciones, no haber necesitado otro soporte que la memoria. Lo confirma Battiston: “…nos brindaba casi cotidianamente la oralidad de su creación, la fiesta de su decir joyoso, enamorado y doliente, sea a través de los textos vueltos canciones por los músicos pampeanos…”.
En tal sentido podríamos enumerar zambas, triunfos, huellas, estilos y canciones; justamente Rosa Blanca de Morán destaca estos atributos en un artículo en el suplemento cultural “Caldenia”, e incluye la copla. En la práctica, aquellas poesías de Bustriazo han sido apropiadas y musicalizadas por compositores pampeanos (Guillermo Mareque, Enrique Fernández Mendía, Guri Jaquez, Cacho Arenas, Oscar García, José Gerardo Molina, Alberto José Acosta, Machi Sañez, Juan Olivera, Josefina García, Alejandro Rodríguez y Nicolás Etchegoyen, son algunos), pero también por autores de fuera de la provincia (Carlos Di Fulvio, Litto Nebbia, Nicolás Blum, Bruno Arias y José Luis Pascual), e interpretadas por grupos o solistas (Los cantores de La Pampa, Los Ranquelinos, Confluencia, Alpatacal, Rojo Estambul, Los herejes bebedores de la noche, Leticia Pérez, Laura Paturlanne, Edith Rosetti, Nicolás Rainone, Luis Gesualdi, entre otr@s). Si consultamos el Cancionero Pampeano (1973), el Cancionero de los Ríos (1986, 2015), los libros de investigación de Rubén Evangelista sobre el folclore pampeano, o el Canto Quetral (Tomo I y II), la cantidad de poemas de Bustriazo transpuestos a la canción llega al centenar y medio.
LENGUAJE ESCRITO
A partir de 1969, cuando se edita Elegías de la Piedra que Canta, emerge una escritura que contiene el sustrato de la producción anterior pero que amplia el registro a un modelo lingüístico novedoso, excéntrico, que marca una diferencia, y es donde se inicia la etapa experimental. Bajo esta óptica, la escritura fonética no agota los recursos de la escritura; porque la posibilidad de la escritura fundamenta la posibilidad de la lengua misma. Entonces en varios libros de este período podrá observarse a la escritura como huella, como que el ejercicio se hace más puntilloso y se focaliza, incluso, sobre las mismas letras.
Incluso Juan Carlos Bustriazo Ortiz se integra a los textos y se convierte en lenguaje. Quien escribe no puede situarse fuera de la lógica del lenguaje y, por lo tanto, tampoco fuera de su propio texto; por eso otro plano o perspectiva que da asidero a estas indagaciones es lo que sucede en el cuerpo textual, donde se interrelacionan la producción oral con la escrita.
Decíamos que se interpreta a la escritura como huella, con la marca bustriazana. El trabajo se percibe en la lectura directa, en una hoja recargada de aditamentos; sostenida en una visión estética de la literatura que prevé una pluralidad abierta de palabras y de signos para los textos. Sin embargo Bustriazo no sólo se destaca en la invención de palabras —neologismos—, sino también en el empleo sobreabundante de los enclíticos, la metonimia, la combinación de la lengua española con la lengua de los pueblos originarios, el juego fonético y su efecto musical.
Tanto en Los decimientos (1972-1973) como en Libro del Ghenpín (1977) hay una productividad textual que funciona y cataliza la poiesis a plena exploración y juego. Queda implícito en la misma diferencia de la escritura, en la estructuración del topoi bustriazano, el texto multiplica el significado de las palabras, y su polisemia es llevada al extremo en su posible tensión y expresión.
Ariel Williams, poeta y docente, recorre los mismos meandros en su experiencia creativa, y explica:
“La poesía abre ‘lugares’ y ‘vidas’ en la lengua, crea lenguas en la lengua, la agujerea, la abre hacia su afuera y sus límites. La poesía muestra que no podemos hablar una sola lengua, que deben ser posibles otras lenguas incluso al mismo tiempo y con los mismos materiales: que una lengua no es una lengua, sino muchas”1.
El estilo es una marca que conserva un “espacio de inscripción”, y esa “presencia” sígnica implica la escritura de la huella. Y esa huella sólo puede identificarse e interpretarse en el decurso de la lengua, del poema como palabra calcinada, que se integra con su propio estilo a la serie literaria. Y Bustriazo suma su experiencia a una importante estirpe de exploradores de la lengua.
En la experiencia extrema de subvertir a la lengua se destacan César Vallejo: Trilce (1922), Vicente Huidobro: Altazor (1931), Nicolás Guillén: Sóngoro Cosongo (1931), Raúl Bopp: Cobra Norato (1931), Oliverio Girondo: En la masmédula (1954), Juan Gelman: Gotán (1962), Miguel Ángel Asturias: Mulata de tal (1963), Severo Sarduy: Big Bang (1974), Néstor Perlongher y Emeterio Cerro: el neobarroso (década del ‘80), Susana Thénon: Distancias (1984), Leónidas Lamborghini: Las reescrituras (1996) Ariel Williams: Conurbano Sur (2005) y, desde ya, Juan Carlos Bustriazo Ortiz y Libro del Ghenpín (1977; 2004). Vale citar el neocriollo de Leopoldo Marechal.
Cada uno de ellos abrió en sus procesos creativos las compuertas del lenguaje al flujo libre de ciertas palabras condenadas por la lengua hegemónica y por las reglas gramaticales, es decir, reinventaron la lengua.
Gastón Bachelard sentenció: “La poesía es una admiración, exactamente en el nivel de la palabra, en la palabra y por la palabra”.2
Así, la poética de Bustriazo Ortiz avanza por un camino que comporta un creciente y profundo trabajo de recreación idiomática, en donde lo semántico, lo sonoro, lo simbólico se relacionan y fusionan para refundar un sistema de singular significación.
Escribió el poeta Juan Carlos Bustriazo Ortiz casi 80 libros, esa obra completa se denomina Canto Quetral, y ha demostrado humildemente su maestría; porque inventaba y dudaba para seguir creando, para seguir siendo poeta nochernícola, archimítico, polifónico y desnudo en lo fonético. Y lo hacía en la lengua, en la misma lengua multiplicada con que nombró al universo, en la variable lengua en que se nombraba, en la que seguirá nombrándose; porque para su verbo cíclico siempre hay despedida y reencuentro.
Notas
[1] Cristian Aliaga, Desorbitados. Poetas novísimos del Sur de la Argentina, Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 2009, p. 24.
[2] Gastón Bachelard, La intuición del instante, México, Fondo de Cultura Económico, 2002, p. 134. Trad. de Jorge Ferreiro.
by Claudio Medin | 8 \08\America/Argentina/Buenos_Aires agosto \08\America/Argentina/Buenos_Aires 2017 | Festival de Poesía, Poesía
La actual Canciller del Ecuador, María Fernanda Espinosa, una de las voces poéticas más destacadas de su país, será una de las participantes en la próxima edición del Festival Latinoamericano de Poesía en el Centro. Aquí una muestra de sus poemas.
De Caymándote, 1990:
GATO DESNUDO
Solo humedad
grillos de las estridencias
hojas persianas del monte
y vos
gato desnudo de muslos dorados
te despalazas son ruido
te haces memoria
de todas las prisas
Vuela anor bracea
que estoy mirando por cada ranura
tu cuerpo espiral
de fuego y felino.
De Loba triste, 2000:
POÉTICA
Lo temporal está en nosotros
como en las ranas su metamorfosis.
Atados a la escritura
para no morir
nos enlazamos verbales
jungláseos
lianas buscando el eco.
Así el pasado permanece
empoemado.
De Selección Poética, 2006:
Fragmentos XXXIII
Ningún espacio es suficiente para contenernos
ni esta selva que se desnuda en vértigo
ni el más allá del brujo y su ayahuasca
reclamo tu olor
y repaso
los pliegues del aire
que nos sostiene inmóvil
detengo este sueño
para que se haga el silencio
para que te devuelvas
cubierto de sábanas tibias
en rumor
en ojeras de tiempo circular.
XLV
En la selva
la luna es más grande y más tibia
un círculo de cera con penachos de luciérnaga
atravesada por ríos de sueño
anchos ríos como el Napo y sus islas.
Es otra luna
otro tiempo
son otros los hombres
las mujeres de ojos rasgados
otras las cascadas
carcajadas de agua y espuma
de sombra garúa
que apenas moja
como amante tardío.
A los guacamayos
les crecen alas nuevas todos los días
y a las nubes unicornios de viento.
Es otra luna
otro tiempo
son otros los hombres
otras las cascadas
carcajadas de agua y espuma
de sombra garúa
que apenas moja
como amante tardío.
MATILDE
Matilde
quiero traerte en el trapecio de la memoria
eres café pasado
pinol
los idiomas de los animales
los secretos que compartías con el canario
el pan remojado que pasabas
de tu boca a la boca del gato
o a la mía
quisiera llevarte más por dentro o por fuera
en el marsupio de mi espalda
en mis tatuajes internos
en mis plazas parentales
en mis rústicas palabras
quiero alojarme en tus arrugas
quedarme con algo tuyo.
Por ti supe que los duendes se hacen trueno
al pie del sauce
que las fiestas de la cosecha se cantan
envueltas en mujeres con enaguas de sigse
aprendí de flores y ungüentos
los frotes con colonia y caldo
para el espanto y la pena
quiero acordarme
de tus lecciones de botánica
de cocina
de curaciones digitales
tus bálsamos de eucalipto y menta
o tus amnesias selectivas
antídoto para el llanto.
Tengo una joroba de demonios por dentro
demonios con antifaz y piernas de cadmio
cúrame
cúbreme de flores como a Ofelia
hazme peso pluma
pluma del canario que te crecía en las manos
cántaro con grietas tus manos
riégame té de paciflora o valeriana
sóplame agua de tilo
tengo cristales de cuarzo en los ojos
no veo
los frailejones
los pencos de hoja ancha
ya no están
el páramo se devoró a sí mismo
decías que el páramo no come a su yunta
pero sí
tampoco están los lagos
que se tragan las garzas
o los mirlos desplumados
quiero ver
pónme colirio de aguas de azahar
de flor de mandarino
pónme saliva de lince
quiero verte
es que la miopía es como la amnesia
un cuarto sepia con filos borrosos
un saco de arena con gusanos
de eso sufren muchos por aquí
pájaros coronados
hormigas con cabeza roja
tigres reales
toda la fauna de este corral
olvidar es no ser
me enseñaste que la memoria es como andamio
como canasta de vigas que nos sostiene.
Entre los espíritus que crecen en los maizales
las vírgenes preñadas y los santos sin nombre
recobro tus trenzas envueltas en sogas de colores
envolviendo tus ideas fijas y circulares
matizando las canas
el verano es siempre el mismo pero otro
me decías
la lluvia es el agua que les sobra a las nubes
y las gotas son porque el aire es cedazo
como cedazo es la memoria
la amnesia es cuando el cedazo se rompe
y el agua llega en caída libre
el olvido inunda.
Nunca conociste la selva
pero estaba en ti
eras heliconia
níspero
chontaduro y camote
las alfareras
las cultivadoras de yuca y jicamas
las danzadoras
tienen tu perfil de guerrera
tus silencios
la tierra en las uñas
los pómulos en punta
los ríos de tanino
se limpian con tus cenizas
las lianas
crecen
cuelgan
envuelven mi recuerdo de ti.
Tengo frío
cobíjame con piel de foca
de oveja en celo
vísteme de humo tibio
cicatrízame con sangre de drago
savia de cactus
o mejor
con tu saliva que teje y moja
como granizo
que se estrella contra piernas beatas.
Cómo parecérteme
si lo único que tenías de postizo son los dientes
estoy patoja
tengo un clavo de pólvora
que me atraviesa la médula
quiero volar como guacamaya púrpura
hasta atraparte
pero el viento es hueco
no te vayas
si tú como el páramo no devoras a tu yunta
no me dejes
lábrame
cúbreme de humus
pódame
hazme un bonsai con tus semillas
alójate en mis arrugas
báñame de espuma
y vértigo.
El eco de tu nombre en la memoria no alcanza
haz que los duendes dejen de ser nómadas
en las cabezas de los sin memoria
que el pinol se desgrane
por las gargantas de los otros
hasta devolverles el paladar
no dejes que los sigses se deshuesen
o rompan las enaguas secas de las momias
haz que las mujeres
se mojen los tobillos antes de gritar
pero que griten
habla con los pájaros
para que recobren el silencio
y puedan parir
planta musgo y líquenes
en las acequias estériles del páramo
recobra los párpados de los que no quieren ver
dibuja en sus córneas escenarios de tiza
bosques de lava
hombres y mujeres de espaldas
sin tocarse
cuando los ciclos te devuelvan al monte
avísame
quiero recogerte pedazo a pedazo
hacerme una cobija con tus trenzas
ahí me envuelvo
así me quedo.
De Geografías torturadas, 2013:
El pez dorado de Arizona
En Agua Prieta, desierto de Arizona,
vive el pez dorado.
Tiene una memoria que dura tres segundos.
Vive solo en el presente.
Nada sin parar.
Reinventa todo a cada instante,
pero no llega a ninguna parte,
porque su camino es siempre otro.
El pez dorado olvida su nombre,
olvida el amor,
olvida su propósito,
sus hijos, sus padres.
Es como la historia escrita por los poderosos:
está hecha con una memoria de apenas tres segundos,
para que nadie recuerde la guerra o la noche.
La historia que guarda el pez dorado
es como la nuestra, dura apenas tres segundos.
Nuestros dolores se repiten
y aparecen nuevos cada vez.
María Fernanda Espinosa (De nacionalidad ecuatoriana, nació en Salamanca, España en 1964) Canciller del Ecuador. Geógrafa ambiental y antropóloga. Tiene estudios en ciencias sociales y estudios amazónicos, lingüística aplicada, análisis crítico y cultura contemporánea. Ha publicado Caymándote (1990), Tatuaje de selva (1992); Loba triste (2000), Antología (2005) y Geografías torturadas (2013). Premio Nacional de Poesía 1990. Ha sido incluida en numerosas antologías y ofrecido recitales de poesía en Tarragona, Lausana, Basilea, Ginebra, Santiago de Chile, La Habana, entre otras ciudades. Invitada a celebrar el centenario de la Biblioteca Pública de Nueva York.
by Claudio Medin | 7 \07\America/Argentina/Buenos_Aires agosto \07\America/Argentina/Buenos_Aires 2017 | Festival de Poesía, Poesía
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15 al 20 de agosto de 2017 – Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini
Av. Corrientes 1543 (C1042AAB) Ciudad de Buenos Aires – Argentina
[54 11] 5077-8000
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| “Tantos momentos en los que creí que nada pasaba / y trabajaban para mi insomnio y mi retrato.” Juana Bignozzi
“Pero los huéspedes, amiga, no han vuelto. Y tú me dijiste: / -Me voy por unos días-, y yo te lo creí, / como un creyente de las cosas que vuelan.” Manuel Ruano
“Yo me fui y estoy aquí,/ tocando el violín sin cuerdas / del día que nunca vino.” Máximo Simpson
“¿Qué música está mirándome? […] / ¿Quién compone esta música oída con los ojos?” Leonardo Martínez
Nueve años ininterrumpidos de buena poesía, representativa de las distintas tradiciones argentinas y latinoamericanas. En esta nueva edición de nuestro Festival, latinoamericano pero también intercontinental, el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini se enorgullece por la continuidad, redoblando la apuesta y el compromiso hacia más encuentros, más poesía de calidad, más identidad cultural, más diversidades poéticas.
PROGRAMA
[MAR 15] Sala Solidaridad [2° S]
19:00. Apertura. Música y poesía. Virginia Innocenti y Sergio Zabala: En la luna, canciones de amor. Palabras de bienvenida. Presentación de la revista Excéntrica. Poéticas en movimiento, del Espacio Literario Juan L. Ortiz. www.excentrica.com.ar Presentación de los poetas internacionales invitados al Festival: Javier Bozalongo (España), Lía Colombino (Paraguay), Norberto Codina (Cuba), María Fernanda Espinosa (Ecuador), Alfredo Fressia (Uruguay), Felipe García Quintero (Colombia) y Marcia Mendieta Estenssoro (Bolivia). Brindis.
[MIE 16] Sala Jacobo Laks [3º P]
15:00 – 17:00. Mesa teórica: Relaciones entre poesía y teatro. Participan: Ludmila Barbero, Patricia Díaz Bialet, Jorge Dubatti, Nara Mansur y Dayra Restrepo (Colombia
[MIE 16] Sala Osvaldo Pugliese [PB]
18:00 – 19:20. Alternativas político-culturales La poesía ante el discurso único. Mesa de debate. Participan: Norberto Codina (Cuba), Felipe García Quintero (Colombia) y Américo Cristófalo (Argentina). Coordina: Juano Villafañe.
19:30 – 20:30. Mesa de lectura. Participan: Javier Bozalongo (España), Lía Colombino (Paraguay), Leandro Calle (Córdoba) y Marta Miranda (Mendoza). Coordina: Vicente Muleiro.
[JUE 17] Sala Osvaldo Pugliese [PB]
18:00 – 19:30. Poetas narradores. La literatura en modo anfibio. Mesa de debate. Participan: Patricia Suárez (Rosario), Juan Sasturain (Buenos Aires), Fernanda García Lao (Mendoza) y Mercedes Araujo (Mendoza). Coordina: Carlos J. Aldazábal.
19:40 – 21:00. Mesa de lectura. Participan: Norberto Codina (Cuba), Felipe García Quintero (Colombia), Paula Jiménez España y Guillermo Saavedra (Buenos Aires). Coordina: Nara Manzur.
[VIE 18] Sala Osvaldo Pugliese [PB]
18:00 – 19:30. Mesa de lectura. Participan: Gisela Galimi (Buenos Aires), Flor Codagnone (Buenos Aires), Gabriela Larralde (Buenos Aires), Javier Bozalongo (España) y Alejandro Tarruella (Buenos Aires) Coordina: Susana Szwarc.
19:40 – 21:00. Mesa de lectura. Participan: Alfredo Fressia (Uruguay), Maite Esquerré (Buenos Aires), Juan Báez Nudelman (Misiones) y Leticia Hernando (Buenos Aires). Coordina: Nara Mansur.
[SAB 19] Museo Etnográfico [Moreno 350]
15:00 – 19:00. Feria de editoriales de poesía. Participan: Ediciones en Danza, Espacio Hudson, Melón Editora, Caleta Olivia Ediciones, El suri porfiado, Lamás Médula, Clara Beter, Desde la Gente y Ediciones del Dock, entre otras.
15:30 – 16:30. Visita guiada al Museo Etnográfico. “Lola Kiepja, la poeta del fin del mundo”.
17:00 – 18:00. Los Pompapetriyasos: Lo que la peste nos dejó. Dirección: Agustina Ruíz Barrea.
18:30 – 19:30. Mesa de lectura. Participan: Mercedes Araujo (Mendoza), Patricia Suárez (Rosario), Lía Colombino (Paraguay) y Alfredo Fressia (Uruguay). Coordina: Marina Cavalletti.
19:30 – 20:30. Mesa de lectura. Fernanda García Lao (Mendoza), Juan Sasturain (Buenos Aires), Leandro Calle (Córdoba) y Norberto Codina (Cuba). Coordina: Romina Dziovenas.
20:30. La poesía y la canción. Nahuel Porcel de Peralta.
[DOM 20] Museo Etnográfico [Moreno 350]
15:00 – 19:00. Feria de editoriales de poesía.
15:30 – 16:30. Visita guiada al Museo Etnográfico. “Lola Kiepja, la poeta del fin del mundo”.
16:30 – 18:00. Narradores orales.
18:00 – 19:00. Mesa de lectura. Participan: Marcia Mendieta Estenssoro (Bolivia), Felipe García Quintero (Colombia), Rodrigo Galarza (Corrientes), Juan Báez Nudelman (Misiones) y Agustín Mazzini (Buenos Aires). Coordina: Luciana Jazmín Coronado.
Cierre musical con brindis. |
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POETAS INVITADOS
Mercedes Araujo (Argentina)
Juan Báez Nudelman(Argentina)
Javier Bozalongo (España)
Leandro Calle (Argentina)
Flor Codagnone (Argentina)
Norberto Codina (Cuba)
Lía Colombino (Paraguay)
Américo Cristófalo (Argentina)
María Fernanda Espinosa (Ecuador)
Maite Esquerré (Argentina)
Marcia Mendieta Estenssoro (Bolivia)
Alfredo Fressia (Uruguay)
Rodrigo Galarza (Argentina)
Gisela Galimi (Argentina)
Fernanda García Lao (Argentina)
Felipe García Quintero (Colombia)
Leticia Hernando (Argentina)
Paula Jiménez España (Argentina)
Gabriela Larralde (Argentina)
Agustín Mazzini (Argentina)
Marta Miranda (Argentina)
Guillermo Saavedra (Argentina)
Juan Sasturaín (Argentina)
Patricia Suárez (Argentina)
Alejandro Tarruella (Argentina)
Ilustración: Ernesto Pereyra
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PROGRAMACIÓN ESPECIAL
ENCUENTRO DE POESÍA Y MÚSICA
En la luna, canciones de amor, con Virginia Innocenti y Sergio Zabala. Apertura del IX Festival Latinoamericano de Poesía en el Centro. Martes 15/08 a las 19:00. Sala Solidaridad [2º S] Entrada gratuita. Capacidad limitada.
La poesía y la canción: Nahuel Porcel de Peralta
Sábado 19/08 a las 20:30. Museo Etnográfico, Moreno 350. Entrada gratuita. Capacidad limitada.
ENCUENTRO DE POESÍA Y TEATRO
La memoria de Federico
Ttexto y dirección de Etelvino Vázquez, protagonizado por Cecilia Hopkins. Viernes 4 y 11/08, a las 20:30. Sala Osvaldo Pugliese [PB]. Localidades: $ 150.-
Sur y después
De Vicente Muleiro; protagonizado por Horacio Roca, Mario Alarcón, Daniela Catz y Sebastián Richard. Escenografía y Vestuario: Sebastian Sabas, Músico en Escena: Federico Marrale; Dirección: Hugo Urquijo. Viernes a las 22:30 (estreno: 18/08). Sala Raúl González Tuñón [1º P]. Localidades: $ 250.-
Frida Kahlo (luces y sombras)
Espectáculo con dramaturgia y dirección de Patricio Abadi; protagonizado por Jimena Anganuzzi. Sábados a las 20:00. Sala Raúl González Tuñón [1º P]. Localidades: $ 230.-
Gabriela infinita (o el país de la ausencia)
Sobre textos y poemas de Gabriela Mistral, en versión, interpretación y dirección de María Marta Guitart. Domingo 06/08, a las 20:30. Sala Osvaldo Pugliese [PB]. Localidades: $ 150.-
La noche a cualquier hora
De Patricia Díaz Bialet; protagonizada por Ana María Cores, Florencia Carreras y Gustavo Pardi, con Música en Escena de María De Vittorio; Música original de Gabriel Senanes y dirección de Mariano Dossena. Domingos 19:00. Sala Raúl González Tuñón [1º P]. Localidades: $ 220.-
Charlotte Corday. Poema dramático
De Nara Mansur (Cuba), con Marian Dames (piano) y Guillermo Esborraz (batería). Lunes 14/08, a las 21:00. Sala Osvaldo Pugliese [PB]. Entrada gratuita. Capacidad limitada.
La segunda muerte del inspector aves
Concierto de ficción para dos voces y guitarra, con textos de Alberto Bistue, interpretado por Alberto Bistue, Hernán Reinaudo y Victoria Di Raimondo; Asesoramiento Artístico: Isabelle Páez; Producción: Walter Alegre. Dirección musical: Hernán Reinaudo Domingo 20/08, a las 20:30. Sala Osvaldo Pugliese [PB]. Localidades: $ 150.-
ENCUENTRO DE POESÍA Y TANGO
Si te contara
Espectáculo con poemas de Jorge Boccanera y música de Alejandro del Prado. Coordinación: Matías Mauricio.
Miércoles 16/08, a las 21:00. Sala Osvaldo Pugliese [PB]. Localidades: $ 150.-
Tango y Milonga, encuentro para bailar y brindar
Viernes 18/08, a las 23:00. Milonga Parakultural, Raúl Scalabrini Ortiz 1331). Localidades: $ 130.-
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POETAS INVITADOS
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Mercedes Araujo
Nació en Mendoza en 1972. Publicó los libros de poesía Ásperos esmeros (2003), Duelo (2005), Viajar sola (2009), La isla (Tercer Premio del Fondo Nacional de las Artes, 2009) y la novela La hija de la cabra (Primer Premio del FNA, 2011). En 2016 obtuvo la Beca Bicentenario del FNA en la categoría Letras con un proyecto de novela. Participó en el Encuentro de Poetas del Mundo Latino en México, el Festival “No hay Ciudad sin poesía” y el Festival Latinoamericano de poesía “Salida al Mar” entre otros encuentros literarios nacionales e internacionales.
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Juan Báez Nudelman
Nació en Posadas, Misiones, en 1991. Con estudios en letras, comunicación, música y producción artística, ha realizado distintas experiencias en la radio, el cine, el teatro y la danza. Forma parte del grupo de teatro comunitario La Murga de la Estación. Desde 2015 hasta la actualidad produce la Periferia del Libro –de carácter mensual y declarado de interés municipal– en la ciudad de Posadas. Referente del grupo Poesía de miércoles, ha publicado dos antologías poéticas: Decimos para no decir (2014) y Tremendismos (2017), ambas por la editorial independiente RayMond. |
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Javier Bozalongo
(Tarragona, España, 1961) Ha publicado los poemarios Líquida nostalgia (2001), Hasta llegar aquí (2005), Viaje improbable (2008) y La casa a oscuras (Accésit del Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma, 2009), además de las antologías Nunca el silencio (Costa Rica, 2012), Has vuelto a ver luciérnagas (México, 2015) y Las raíces aéreas (Ecuador, 2016). Dirige la colección de poesía de Valparaíso Ediciones (www.valparaisoediciones.es). Todos estaban vivos (2016) es su primer libro de relatos. Asesora el Festival de Poesía de Granada desde su fundación, en 2014. |
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Leandro Calle
Nació en Zárate, Provincia de Buenos Aires, en 1969, y reside en Córdoba. Es licenciado en Letras, traductor y profesor de Estética de la Universidad Católica de Córdoba. Ha publicado Tatuaje de fauno (1999), Una luz desde el río (2001), Los elementos (2003); Pasar (2004), entonces (2010), Blasfemo (2013) y animalia urbana (2014). Ha traducido a Guy de Maupassant, y a los marroquíes Abdellatif Laâbi, Siham Bouhlal y Miloud Gharrafi. También, a los poetas francófonos Anissa Mohammedi (Argelia) y Gabriel Okoundji (Congo Brazzaville). Dirige para Alción Editora la Biblioteca de autores y temas marroquíes. Es columnista cultural del diario Hoy Día Córdoba. |
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Flor Codagnone
Nació en Buenos Aires en 1982. Es traductora y periodista. Publicó los poemarios Mudas(2013), Celo (2014) y Resto (2016). Participó de las antologías Esto pasa. Poesía en Buenos Aires (2015), Tansfronterizas. 38 poetas latinoamericanas (2016), Grito de mujer Buenos Aires(2016) y Poemas de la resistencia (2016). Escribió, junto a Nicolás Cerruti, Literatura ∞ Psicoanálisis: El signo de lo irrepetible (2013). Tradujo junto a Luciano Lutereau, Los Beatles y Lacan: Un réquiem para la Edad Moderna, de Henry W. Sullivan (2013). Coordina talleres y clínicas literarias. |
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Norberto Codina
(Caracas, Venezuela, 1951). Poeta y editor cubano-venezolano, radicado en La Habana. Desde hace veintinueve años dirige la revista de arte y literatura La Gaceta de Cuba. Tiene publicados una veintena de títulos, entre libros de poesía como A este tiempo llamarán antiguo (Premio David 1974), Lugares comunes (finalista del Premio de la Crítica, 1987), Cuaderno de travesía (2003) y El leve viaje de la sangre (2013); prosa y compilaciones de otros autores. Premio Nacional de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro 2002. Miembro de Latin American Studies Associaton (LASA). |
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Lia Colombino
(Asunción, Paraguay, 1974) Publicó Las cavidades ausentes (2000), Tierra de secano (2001), Proyecto auricular (con el músico Javier Palma, 2006) y (lupa) (2009). Integra el colectivo Ediciones de la Ura. Es docente en la Universidad Nacional de Asunción. Participó del V Festival de Poesía de Granada, Nicaragua (2009), del Encuentro de mujeres poetas en Santiago de Chile (2010), de la 20 Feria Internacional del Libro de La Habana (2011) y de Poetry Parnassus en Londres (2012). Fue parte del Taller “Al filo de palabra” en Buenos Aires, de 1996 a 1999. Coordina “Abrapalabra” – Taller de Escritura desde el año 2000. |
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Américo Cristófalo
Nació en Buenos Aires en 1954. Licenciado y profesor en Letras por la Universidad Central de Barcelona, ciudad donde vivió entre 1976 y 1985. Publicó artículos, estudios críticos y ensayos en diversos medios locales e internacionales, y los libros La parte de sombra (Barcelona, 1984), y en Buenos Aires La política excluyente (1996), Baudelaire (2002) y Violer d’amores(2016). Ha traducido a Wilde, Baudelaire, Kerouac y Bataille, entre otros. Desde 2005 forma parte del Consejo Editor de la revistas Las ranas. Entre 2009 y 2014 fue director de la Carrera de Letras, y es actualmente vicedecano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. |
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María Fernanda Espinosa
(De nacionalidad ecuatoriana, nació en Salamanca, España en 1964). Canciller del Ecuador. Geógrafa ambiental y antropóloga. Tiene estudios en ciencias sociales y estudios amazónicos, lingüística aplicada, análisis crítico y cultura contemporánea. Ha publicado Caymandote (1990), Tatuaje de selva (1992); Loba triste (2000), Antología (2005) y Geografías torturadas(2013). Premio Nacional de Poesía 1990. Ha sido incluida en numerosas antologías y ofrecido recitales de poesía en Tarragona, Lausana, Basilea, Ginebra, Santiago de Chile, La Habana, entre otras ciudades. Invitada a celebrar el centenario de la Biblioteca Pública de Nueva York. |
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Maite Esquerré
Nació en Buenos Aires en 1984. Es poeta y actriz. Licenciada y profesora en Teatro por la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza. Publicó Nina nombre de guerra (2016). Varios de sus poemas han sido publicados en blogs y revistas virtuales. Coordina el taller de lectura y escritura Levanta corazón / tu puntería. Actualmente forma parte de la compañía teatral Menuda Bestia y dirige la obra Las casas íntimas. Cursa la Maestría en Dirección escénica en la Universidad del Centro, Tandil. |
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Marcia Mendieta Estenssoro
(Bolivia, 1992) Poeta, narradora y comunicadora. Su poemario La casa que nos habita (2017) fue finalista del 8vo. Premio Nacional “Escritores Noveles”, organizado por la Cámara del Libro de Santa Cruz. Diplomada en Escritura Creativa por la UPSA. Forma parte del taller “Llamarada Verde” que dirige el poeta Gabriel Chávez Casazola y del taller permanente de escritura creativa dictado por el narrador Maximiliano Barrientos. Participó en la IV Semana Internacional de Poesía de Bolivia. |
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Alfredo Fressia
(Montevideo, Uruguay, 1948). Traductor y profesor de literatura, fue destituido de la enseñanza por la dictadura uruguaya. Se instala entonces en São Paulo, Brasil, donde reside desde 1976. Ha ejercido la crítica literaria en medios de Uruguay, Brasil y México. Su primer poemario fue publicado en 1973. Sus libros más recientes son Poeta en el Edén (2012, reeditado en Buenos Aires en 2016), Cuarenta años de poesía (Montevideo, 2013), la edición bilingüe Clandestin (París, 2013), Susurro sur (México, 2016) y La mar en medio (2017). Su obra ha sido traducida al portugués, inglés, francés, rumano, italiano, griego y turco. |
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Rodrigo Galarza
Nació en Caá Catí, Corrientes, en 1972. Desde 2001 vive en Madrid donde se ha desempeñado como editor y director de la revista de estudios poéticos Amargord. Es profesor en Letras. Co-fundador del grupo literario “Pájaro de tinta” y director de la revista del mismo nombre. Ha obtenido, entre otras distinciones, el Primer y Segundo Premio de Poesía “Los Creadores en la Universidad del Sol” (Universidad Nacional del Nordeste) en 1998 y 2000. Algunos de sus poemarios publicados son: Soles dormidos (1992), El desierto de la sed (2005), Parque de destrucciones (2007), Odiseo en Lavapiés (2007), Dietario del sur (2009) y Urubamba (2016). |
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Gisela Galimi
Nació en Lobos, provincia de Buenos Aires. Estudió Periodismo y Maestría en Escritura Creativa. Ha publicado los poemarios Claroscuro y Colorado (2005), Para que nada cambie(2012), Memoria de la Piedra (2015) y Flamenquitos y otros poemas (2017). Es coautora, junto a Analía Alcón, del libro de textos Documentos de comunicación institucional (2007), y con Leandro Africano, de Protagonistas de la cultura de Buenos Aires y espectáculos 1810-2010(2013). Participó de la Antología Infancias, Antología poética III Festival de Poesía en la Escuela (2012). Dicta talleres de escritura y es docente de la Universidad Católica Argentina. Es madre de Marcos y Guido, ambos poetas. |
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Fernanda García Lao
Nació en Mendoza en 1966. Seleccionada por la Feria Internacional de Libro de Guadalajara 2011 como uno de “Los secretos mejor guardados de la literatura latinoamericana”. Vivió en España desde 1976 a 1993. Es escritora, dramaturga y poeta. Publicó las novelas Muerta de hambre (2004, 1º Premio del FNA), La perfecta otra cosa (2007, 3º Premio Cortázar), La piel dura, Vagabundas (2011), Fuera de la jaula (2014) y Amor invertido (2015, en coautoría con Guillermo Saccomanno). Es autora además de Cómo usar un cuchillo (2013, cuento) y del poemario Carnívora (2016). Colabora con Babelia, Revista Quimera, Letraslibres, Revista Ñ, entre otras publicaciones. |
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Felipe García Quintero
(Bolívar, Departamento del Cauca, Colombia, 1973). Doctor en Antropología de la Universidad del Cauca, Popayán, donde es titular de Comunicación Social. Autor de siete libros de poesía compilados en La piedad (1994-2013), publicado por Mantis Editores en Guadalajara en 2013. Y de antología personales como Casa de huesos (2002) y Honduras de paso (2007). Su poemario Algún latido salió a la luz en México en 2016 por Valparaíso Ediciones. En Buenos Aires publicó Mirar el aire (2016, El Suri Porfiado). Obtuvo los premios Encina de la Cañada (1999, España), Iberoamericano Neruda (2000, Chile) y Eduardo Cote Lamus (2012, Colombia). |
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Leticia Hernando
Nació en Buenos Aires en 1976. Ha publicado los poemarios La alegría del desarreglo (2005), Loba de sueño rosa (2010), Prosas del desbarranco (2012), Todo lo que calla el que canta(2015) y Pianistas en estrépito y fuga (2016). Participó de la compilación Si Hamlet duda le daremos muerte: antología de poesía salvaje en 2010. Desde ese año desarrolla el proyecto editorial La mariposa y la iguana, junto a la también poeta Dafne Pidemunt, dedicado a publicar poesía y temáticas de género y diversidad sexual, pero no exclusivamente. En este marco tradujo, entre otros, La cruzada de los niños, de Marcel Schwob y La marca en la pared y otros cuentos, de Virginia Woolf. |
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Paula Jiménez España
Nació en Buenos Aires en 1969. Publicó varios libros de poesía, entre ellos, Ser feliz en Baltimore (2001), La mala vida (2007), Espacios Naturales (2009, Premio del FNA, Paisaje alrededor (2014), que obtuvo al año siguiente un reconocimiento del Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Cultura, y la antología personal El corazón de los otros (2015, México, Tabaquería Libros). En 2007 recibió por su cuento Mariquita Sánchez el Segundo Premio de relato corto LGTB de Hegoak (País Vasco), que pasó a integrar el libro Pollera pantalón/cuentos de género, publicado en 2012 por La mariposa y la iguana. Es periodista de los suplementos Soy y Las 12, del diario Página 12. |
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Gabriela Larralde
Nació en Buenos Aires en 1985. Es poeta y narradora. Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA). Publicó los poemarios Las cosas que pasaron (2013) y Lo que el agua promete (2016), y el libro de cuentos Soluciones quirúrgicas (2015). Es autora de la investigación Los mundos posibles sobre literatura para niñxs (2014), un estudio acerca de la literatura LGBTTTI para niñxs, Organiza el ciclo de poesía Rumiar Buenos Aires desde 2013. Participó en diversas antologías y publicaciones literarias y académicas. Dicta talleres literarios y es profesora en la carrera Artes de la Escritura de la Universidad Nacional de las Artes. |
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Agustín Mazzini
Nació en Buenos Aires en 1993. Sus poemas y participaciones periodísticas figuran en antologías y revistas nacionales e internacionales. Sus libros El ciervo blanco (sobre el artista y su oficio) y El cielo no termina de quemarse han sido galardonados con el Primer premio del “Concurso nacional Homenaje a Jorge Luis Borges” en 2015 y el Premio Nacional para Jóvenes Poetas “Bustriazo Ortiz” en 2017, respectivamente. Es estudiante de Derecho en la UBA y de la Licenciatura en Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes. |
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Marta Miranda
Nació en Mendoza en 1962. Es poeta y gestora cultural. Publicó los libros de poesía Mea Culpa (1991), El Oleaje (1997), La misma piedra (2002), Nadadora (2008), El Oleaje y otros poemas – Antología bilingüe (2013), Antología (2013, Cuadernos Amerhispanos, México) y El lado oscuro del mundo (2015). Ha sido incluida en compilaciones como Poetas II Autores Argentinos de Fin de Siglo (Editorial Desde la gente), Poetas Argentinas Contemporáneas 1961-1980 (Ediciones del Dock) y La Poésie aux coeurs des arts (Ed. Bruno Doucey, Francia). Dirige junto al escritor Ricardo Rojas Ayrala el Festival Internacional VaPoesía Argentina. |
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Guillermo Saavedra
Nació en Buenos Aires en 1960. Es poeta, editor y traductor. Publicó los libros de poesía Caracol (1989), Tentativas sobre Cage (1995), El velador (1998), La voz inútil (2003), Del tomate(2010, con dibujos de Eduardo Stupía), Treinta y tres tristes trípticos (2015, con fotografías de Daniel Caldirola), Diario de viaje de Pretty Jane (2016, en colaboración con Liliana Heer), tres libros de poesía para niños y la selección de entrevistas con narradores argentinos La curiosidad impertinente (1993). Ha recibido, entre otras distinciones, la Beca Guggenheim en 2001. Actualmente, es codirector de EUFyL (Editorial Universitaria de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA). |
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Juan Sasturain
Nació en Gonzales Chaves, Buenos Aires, en 1945. Docente de la UBA hasta la dictadura. Autor de las novelas Manual de perdedores I y II (1985 y 1987, respectivamente), Arena en los zapatos (1988), Los sentidos del agua (1992), Parecido S.A. (1990), Los dedos de Walt Disney (1991), La lucha continúa (2002), Pagaría por no verte (2008) y Dudoso Noriega (2013). Ha publicado los libros de relatos Zenitram, Picado grueso, La mujer ducha y Pretextos, además de varios ensayos. El versero: cien poemas (1976-2016) reúne su poesía. Trabaja en los medios gráficos desde hace casi medio siglo. Fue guionista de la historieta Perramus, dibujada por Alberto Breccia. |
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Patricia Suárez
Nació en Rosario en 1969. Es dramaturga y narradora, así como escritora de libros para niños. Se desempeña en talleres de escritura. Publicó los libros de poesía Fluido Manchester (2000), Late (2003), Secreto desencanto (2007), Ligera de equipaje (2011, Premio Editorial Municipal de Rosario) y Hojaldre (2014). En 2003 ganó el Premio Clarín de Novela con Perdida en el momento. Ha escrito libros de cuentos como Esta no es mi noche (2005), Brindar con extraños (2011), El árbol de limón (2012, Premio Cortes de Cádiz) y Siempre caigo en los mimos errores (2017). Actualmente es colaboradora del diario Clarín y suele publicar cuentos en las revistas Billiken y Genios. |
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Alejandro C. Tarruella
Nació en Vicente López, Buenos Aires, en 1948. Es periodista y escritor. Publicó los libros de poesía Amorar (1981), Funeral y otros poemas (1985), El viento llueve en agosto (1999) y Rescoldos (2016). Tiene un reconocimiento del FNA por su novela policial Negro al sur. En 2003 fue finalista del Premio Alarcos Llorach en Gijón, España, con Las muertes de Albornoz. Es autor de la novela policial Una lágrima en el polvo (2015), y en periodismo de investigación, de Historias secretas del peronismo (2007), Historia de la Sociedad Rural Argentina (2012) y Guardia de Hierro. De Perón a Bergoglio (2016, segunda edición), entre otros. Actualmente es periodista de Infobaires24.
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El IX Festival Latinoamericano de Poesía en el Centro se propone reflexionar sobre la situación de la poesía argentina y latinoamericana, convoca a voces representativas de distintas tradiciones, que durante los días del encuentro, muestran sus diversas expresiones artísticas y teóricas.
Organiza: Espacio Literario Juan L. Ortiz. Secretaría del Festival: Nara Mansur (La Habana – Buenos Aires). Comisión organizadora: Carlos J. Aldazábal (Salta), Daniel Perrone (Buenos Aires), Susana Szwarc (Chaco), Vicente Muleiro (Buenos Aires), Juano Villafañe (Buenos Aires), Patricia Díaz Bialet (Buenos Aires) y Daniel Perrone (Buenos Aires). Coordinador del Espacio Literario Juan L. Ortiz: Carlos J. Aldazábal. Integrantes: Santiago Alonso, Marina Cavalletti, Romina Dziovenas, Luciana Jazmín Coronado, Nara Mansur y Lucía Parravicini.
Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini
Director General: Prof. Juan Carlos Junio // Subdirector: Ing. Horacio López // Director Artístico: Juano Villafañe // Secretario de Investigaciones: Pablo Imen // Secretario de Comunicaciones: Luis Pablo Giniger // Coordinador Espacio Literario Juan L. Ortiz: Carlos J. Aldazábal // Comunicación Visual: Claudio Medin.
ORGANIZAN

Espacio Literario Juan L. Ortiz -Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini
Museo Etnográfico – Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires
AUSPICIAN


Ediciones Colihue – Red Nuestra América de Festivales Internacionales de Poesía
Sociedad Argentina de Escritores – Antígona Libros – Bodega Amakaik
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