Aproximación crítica a poetas hispanoamericanas (1940-2010)

Aproximación crítica a poetas hispanoamericanas (1940-2010)

A partir de las voces de 14 mujeres hispanohablantes, la crítica mexicana Andrea Rivas propone un método de lectura en el que se entrecruzan distintos dispositivos de análisis. Un abordaje desafiante, fragmento de un trabajo más extenso (Premio Herminia Franco Espinosa para la mejor tesis de licenciatura en 2017), en el que la crítica supera la textualidad para conducirnos a la dimensión humana de los poemas.

 

Lectura textual de la poesía

  1. Una de las cuestiones fundamentales que surgen al elegir una obra para su estudio o, como en este caso, un compendio de obras es ¿bajo qué teoría o aparato crítico abordo el estudio? Sin embargo creemos que ―y es una de las cuestiones fundamentales que trataremos en este trabajo―, cuando se habla de literatura escrita por mujeres, el aparato crítico para su análisis parece dado con antelación: feminismo.

¿Por qué, usualmente, toda obra escrita por una mujer se inscribe, casi automáticamente, dentro de los estudios de género? ¿Acaso toda escritura realizada por una mujer plantea una rebelión contra el patriarcado, un lenguaje subversivo y todos aquellos valores planteados por las feministas en un origen? Habremos de recordar a Judith Butler para distinguir género y sexo, hombre y mujer, masculino y femenino; Butler en El género en disputa sostiene que hay una diferencia importante entre sexo y género, el primero (macho / hembra) refiriéndose a la condición natural que es dada a partir de los órganos reproductivos, y el segundo, el género, (hombre / mujer) es dado por constructos culturales y sociales. Por otro lado habla de lo femenino como algo que no es esencial de ningún sexo; es decir, inherente a él, y más aún, dice que no hay nada que sea sustancialmente femenino ―o masculino―.

Siguiendo esta idea, podemos retomar a HélèneCixous en La risa de la medusa¸ quien plantea la idea de bisexualidad de la siguiente manera:“en la escritura propuesta por Cixous no hay una delimitación clara de los roles sexuales, de lo que se trata es de alternar el uno en el otro, ver lo masculino de lo femenino y lo femenino de lo masculino, cuestión que no tiene porque [sic] coincidir con el sexo de la persona que escribe” (Azaovagh 8). Es decir que, siguiendo a estas autoras, podemos afirmar que lo femenino no es único de la mujer, pensemos por ejemplo en Salvador Novo cuando escribe Yocasta o casi buscando hacer una nueva versión de Edipo rey a partir de la visión femenina. Pensemos en Abigael Bohórquez, que sin cambiar el sexo de quien habla en su poesía, utiliza una voz que se apega hacia lo femenino en poemas como Primera ceremonia donde escribe los siguientes versos: “Tú veranideces / cuando mis manos desdoblan su pobreza / y tocan tus cabellos dóciles, como el agua / y me tiendo a tu lado”. Pensemos también en el mismo Fernando Pessoa con su heterónimo ‘María José’, quien escribe una carta desde la voz femenina de una mujer jorobada y con tuberculosis que pretende declarar su amor a Antonio, un hombre al que nunca ha hablado, ni hablará.

Sin embargo, al buscar estudios sobre la obra de estos tres autores, encontramos muy pocos que hablen desde un punto de vista feminista. Incluso tratándose en dos de los casos expuestos de autores homosexuales, el estudio de su obra no está enfocado en todos los casos a cuestiones de género. ¿Por qué entonces son tan amplios los estudios de género en obras de mujeres, y tan pocas las mismas obras estudiadas desde otros aspectos? ¿Acaso lo único importante de la escritura de una mujer es lo referente a su condición sexual o genérica? ¿O es que hay más obras poéticas, más abordajes sobre las mismas y no nos hemos fijado en ellos? Más aún, ¿es realmente indispensable que sea el género del autor quien da la pauta para la lectura que debe hacerse de su obra, y no la obra quien debe guiar hacia el abordaje que se hará de la misma[1]?

Muchas de estas preguntas han sido ya planteadas por diversas teorías y algunas otras pueden incluso caer en lo pretencioso, sin embargo son preguntas que guiarán este estudio y no se pretende dar una respuesta universal e irrefutable, sino más bien, dar una visión más amplia que permita conocer perspectivas nuevas sobre distintas poéticas, su textualidad y los métodos bajo los cuales han sido concebidos sus discursos.

 

  1. José Pascual Buxó, durante su discurso a la Ceremonia de ingreso a la Academia Mexicana, habla sobre los estudios que se han realizado con respecto a la obra de Sor Juana Inés de la Cruz, específicamente, aquellos sobre el Primero Sueño. En la charla cita a Robert Ricard para decir que juzgaba “imprudente exagerar el alcance de la comparación y desconocer la originalidad del poema” (Buxó 10), refiriéndose a los estudiosos que hablan del poema buscando relaciones extratextuales con otros elementos culturales y literarios de los cuales no hay un indicador certero de conocimiento por parte de la autora y mucho menos aún, de relación para la composición de su texto; es decir, para Ricard, se demerita la originalidad creando estas comparaciones exageradas, e incluso forzadas; Buxó cita al mismo Octavio Paz cuando dice que “seguro que debe haberlo conocido, ya sea directamente o a través de los incontables autores que, desde el Renacimiento, se refieren a esa obra”, mostrando lo poco analítico que puede ser un estudio, haciendo suposiciones poco fundamentadas como la de que cierto autor “debió” conocer cierto texto, sin tener prueba de ello.

Buxó dice entonces que “parecerá recomendable volver a las apuntaciones de los ‘censores’ contemporáneos de Sor Juana para ver si, examinándolas, podemos ponernos en el camino de una exégesis de El sueñoacorde con sus intenciones semánticas (su texto) y con los paradigmas culturales (los contextos) que subyazcan en él” (Buxó 12). Entendemos entonces que lo que propone es leer el texto y a partir de su significado intrínseco hacer una valoración que sea correspondiente con el contexto, y no de modo inverso.

Partiendo de lecturas como la de Buxó (1986), nos preguntamos cómo hacer una lectura que no pierda de vista al texto.  Fue así que recurrimos a la herramienta planteada por el Grupo μ en la Retórica General, gracias a la cual es posible un análisis que siga la estructura jakobsoniana en los distintos niveles de la lengua, lengua misma que Buxó afirma necesita ser estudiada para comprender a Sor Juana, de modo que finalmente, podamos realizar nuestra antología crítica, por medio de análisis pormenorizados la estructura de la poesía publicada en los últimos 60 años en Hispanoamérica.

 

El Grupo μ y la neoretórica

Las funciones de la retórica moderna están en encontrar cuáles son los procedimientos de lenguaje que caractericen a la literatura, esto es, las funciones inmanentes a la literatura que es, para el Grupo μ, un uso específico y particular del lenguaje; entendido esto, el primer objeto de una retórica general será crear una teoría del uso.

El Grupo μ entiende a la literatura[2] como una transformación del lenguaje, esto es, se trastoca el código. La poesía es un desvío de la norma, si existen las figuras, es porque existe un cambio en el sistema, porque los sonidos, las palabras, la sintaxis, o el contenido de una palabra está alterándose para decir algo más que no podría expresarse del mismo modo o crear el mismo efecto apegándonos a las normas de la lengua. Así por ejemplo en la sexta estrofa de “Árbol de Diana” de Alejandra Pizarnik, podemos encontrar desvíos de todos estos tipos.

ella se desnuda en el paraíso
de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visiones
ella tiene miedo de no saber nombrar
lo que no existe

En esta estrofa podemos notar varias cosas. Quizá la primera sería la falta de signos de puntuación, de mayúsculas, los cortes entre versos que da lugar a encabalgamientos; luego, quizá, podríamos percatarnos de la reiteración del sonido sibilante /s/, y más tarde podemos notar cierta extrañeza en lo que se dice, una repetición de la idea de lo intangible vuelto concreto, es decir, un desvío lógico. Todos estos ―y más― son los desvíos que el Grupo μ busca estudiar. ¿Qué es específicamente lo que se está trastocando del lenguaje? ¿Por qué y en qué nivel está ocurriendo el desvío? ¿Qué efecto busca producir?, es decir, ¿qué ethos[3] persigue?

La retórica es un conjunto de desvíos susceptibles de autocorrección, es decir, que modifican el nivel normal de redundancia de la lengua, infringiendo reglas o inventando otras nuevas. El desvío creado por un autor es percibido por el lector gracias a una marca y reducido inmediatamente después gracias a la presencia de una invariante. El conjunto de estas operaciones, tanto las que se desarrollan en el productor, como las que tienen lugar en el consumidor, produce un efecto estético específico que se llama ethos y que es el verdadero objeto de la comunicación artística.

La descripción completa de una figura retórica debe, pues, comportar obligatoriamente la de su desvío, de su marca y de su ethos. (Grupo μ, 1987: 91).

Si bien la definición de retórica puede ahora resultar compleja, para aprehenderla desarrollaremos tres de sus conceptos operatorios básicos para comprender los postulados del Grupo μ: el Grado Cero, las isotopías y el desvío[4].

  1. a) Grado Cero: Es “el límite hacia el cual tiende el discurso científico” (Grupo μ: 1987: 77), el que tiene menor número de interpretaciones, es decir que busca la univocidad. El grado cero es lo más apegado que hay a la norma lingüística, el mensaje está diseñado para llegar al lector sin que se preste a diversas interpretaciones, es llano y directo. Un lenguaje con sólo lo esencial y sin posibilidad de error resulta prácticamente imposible, y mucho más en la literatura, sin embargo en la Retórica General se plantea el grado cero como límite, lo que quiere decir que si bien se le añade algunos semas a los semas esenciales de un discurso, es solo para permitir las funciones del vocabulario y dar paso a la comprensión entre las partes, y ellos mismos aceptan que la idea de grado cero queda más como “promesa que como instrumento eficaz” (Grupo μ: 1987: 79). Sin embargo, aquí nos quedaremos con la primera definición que apela al discurso científico, o bien a un discurso plenamente normativo en todo el sentido de la palabra.
  2. b) Isotopías: término retomado de Greimas, que quiere decir “con el mismo tópico”. “Norma semántica del discurso: cada mensaje o texto pretende ser captado como un todo de significación” (Greimas, 69). En un texto literario predomina uno o más tópicos que dan sentido al texto completo y que crean un entretejido con unidad de significación.
  3. c) Desvío: El desvío constituye una alteración intencional y perceptible del grado cero, sin embargo en muchos casos existe para servir de soporte en las insuficiencias de la lengua, en caso de que no se conozca o no exista una palabra o forma expresiva. El desvío no es sistemático por lo que es poco previsible, causando sorpresa y en realidad, “el solo hecho del desvío está cargado de sentido”(Grupo μ 1987: 87), por tanto, todo desvío que un receptor perciba, crea un efecto retórico.

Para el Grupo μ, la poesía es precisamente la conjunción de desvíos y convención. Es necesaria la combinación de ambos para que los desvíos reduzcan la redundancia de la lengua y creen expectativas frustradas ―es decir sorpresa―, mientras que la convención permite que los desvíos no sean tantos que el texto sea ininteligible. El poema debe ser entonces legible pero sorprendente, los desvíos deben ser susceptibles de reducción, pero no convencionales. Cabe resaltar que los desvíos, claramente, no pueden ser siempre los mismos; cuando se gasta un desvío se convierte en convención, esto es, de nuevo se genera comunicación en vez de poesía.

 

Metáboles     

Si bien existen figuras sin que haya poesía, no hay poesía sin figuras, la poesía está necesariamente en cómo se dicen las cosas, no solo en las cosas que se dicen, por lo tanto la función retórica equivale a reificar el lenguaje, manipularlo y, como ya dijimos, esta manipulación resulta de un desvío en cierto nivel del sistema lingüístico.

Estas operaciones o figuras de la lengua se efectúan 3 en niveles[5]: el de los fonemas, de las sílabas y superiores a la frase, entonces, plantean sus estudios desde el nivel fónico, sintáctico, semántico y lógico, que son los dominios básicos del estudio lingüístico. Una metábole es por tanto “Toda clase de cambio de cualquier tipo de lenguaje” (Grupo μ, 1987: 62). Los cambios pueden ocurrir, como ya esbozamos, en 4 niveles: metaplasmos, metataxos, metasememas y metalogismos[6].

  1. Metaplasmo: es el desvío en el nivel plástico. Se encuentran mayormente en poemas como los caligramas, aunque pueden aparecer en cualquier tipo de poema. Son percibidos a primera vista por la disposición gráfica del texto.
  2. Metataxo: todos los desvíos ocurridos en el nivel sintáctico de la lengua, se consideran metatáxicos. Dentro de esta metábole entonces encontramos figuras retóricas como el hipérbaton, puesto que afecta directamente el orden oracional. Los encabalgamientos también son de orden metatáxico.
  3. Metasemema: éstos afectan a la semántica del texto, es decir, al significado de las palabras y el uso que se da de ellas en el poema. Encontramos aquí a las metáforas y sinécdoques, por ejemplo.
  4. Metalogismo: el metalogismo es quizá la más compleja de las metáboles, porque afecta al nivel lógico de la lengua. Dentro del nivel lógico encontramos las referencias extra, intra y metatextuales. Es común confundirlo con los metasememas puesto su cercanía con el significado, sin embargo, los metalogismos pueden no estar en una sola palabra sino a nivel frasístico, de estrofa o del poema entero.

Ethos: Gracias a las metáboles que acabamos de describir podemos hacer un análisis amplio de cómo es la construcción de un poema en todos sus niveles, hacer una lectura pormenorizada de la textualidad de un poema pero ¿podemos abarcar todo lo que un poema representa? Pensemos esto: si veo un buen poema, ¿cómo explico por qué es bueno? En efecto, una vez que hemos leído un poema que nos maravilla, podemos hacer este tipo de lectura y explicar la gran cantidad de procedimientos que lo componen, la lógica que subyace tras él, cómo desafía o es distinto de otros poemas. Pero si necesitamos hacer toda una lectura neoretórica para encontrar aquellos procedimientos, ¿cómo nos dimos cuenta, por qué creímos, en primer lugar, que el poema era bueno? Porque un poema tiene como finalidad producir una sensación en el lector, esta sensación, para el Grupo μ es el ethos.

El ethos equivale a lo que Aristóteles llama pathos en el ArsRhetorica: “un estado afectivo suscitado en el receptor por un mensaje particular cuya cualidad específica varía en función de cierto número de parámetros” (Grupo μ, 1987: 234). Es evidente entonces que el ethos depende, en gran medida, de la subjetividad del lector, sin embargo no podemos olvidar que esta subjetividad es guiada por datos objetivos que operan a través de los muchos desvíos de un poema, es decir, el ethos, con todo y su subjetividad, es motivado.

 

Análisis neoretórico 

Como ejemplo del trabajo analítico[7]realizado en la antología, presentamos uno de los análisis que aparecen en la misma. El presente corresponde al poema “Sortilegios” de Alejandra Pizarnik.

Sortilegios

Y las damas vestidas de rojo para mi dolor y con mi dolor insumidas en mi soplo, agazapadas como fetos de escorpiones en el lado más interno de mi nuca, las madres de rojo que me aspiran el único calor que me doy con mi corazón que apenas pudo nunca latir, a mí que siempre tuve que aprender sola cómo se hace para beber y comer y respirar y a mí que nadie me enseñó a llorar y nadie me enseñará, ni siquiera las grandes damas adheridas a la entretela de mi respiración con babas rojizas y velos flotantes de sangre, mi sangre, la mía sola, la que yo me procuré y ahora vienen a beber de mí luego de haber matado al rey que flota en el río y mueve los ojos y sonríe pero está muerto y cuando alguien está muerto, muerto está por más que sonría y las grandes, las trágicas damas de rojo han matado al que se va río abajo y yo me quedo como rehén en perpetua posesión.

 

Descomposición retórica

  1. La escritura en prosa del poema significa un desvío metaplásmico importante ―y podemos en un primer momento considerarlo también como un metagrafo por la impresión visual que genera―, puesto que la forma canónica del poema es suprimida, esto conlleva a un nivel distinto de observación en los fenómenos de repetición de palabras, ya que son éstas las que llevan el ritmo de manera lineal y este por tanto no depende ya de la escisión del verso. La musicalidad radica entonces en la reiteración de sonidos en palabras como “dolor, soplo, calor” o en el uso constante de polisíndenton, así como de la repetición de las palabras “damas, rojo, dolor, sangre, muerto”, todo esto afecta, por tanto, a la plasticidad sonora del poema; podemos entonces hablar de que el ritmo del poema se sustenta en un ritmo semántico perteneciente al orden de los metasememas.
  2. El poema inicia con la conjunción “y”, lo cual llama la atención desde el primer momento puesto que implica ruptura con la sintaxis canónica, además este desvío particular se relaciona también con el nivel de los metalogismos ―desarrollaremos esta cuestión más adelante―. Este uso de coordinación por medio de la conjunción “y” aparece reiteradamente a lo largo de todo el poema, por un lado para hacer enumeraciones de verbos en infinitivo y por otro lado de momentos. Es de notar que morfosintácticamente, el poema está construido únicamente por dos oraciones; la primera consiste, primordialmente, en un verbo implícito seguido por un amplio número de complementos del nombre: “Y las damas vestidas de rojo […] agazapadas, […] que me aspiran, […] a mí que siempre […] a mí que nadie […] la que yo me procuré”; el verbo principal de esta oración resulta difícil de hallar puesto que parece estar en algún sitio antes del “y” con que inicia el poema; en realidad la acción nunca es dicha, sino que se intuye, de manera implícita; podríamos decir que el verbo sería “están”: “Y [están] las damas vestidas de rojo” o bien “Y las damas [están] vestidas de rojo”. Sea como sea, la elisión de este verbo genera un extrañamiento a nivel de metataxo por la complejidad de hallar la oración o acción que desata el poema. Por otro lado, la segunda oración implica un desenlace y continúa con la fórmula inicial de conjunción: “y ahora vienen a beber de mí”. Esta oración no hace ya enumeración de elementos aparentemente atemporales, sino que hace ya uso de verbos conjugados que designan acciones específicas en un tiempo y espacio definido, sin embargo es de notar que gracias al uso de los metataxos el ritmo de todo el poema se mantiene en un solo sentido.
  3. Los metasememas no son tan recurrentes como el resto de desvíos y en realidad, los que aparecen, aparecen para sustentar esencialmente a los metalogismos. El primer y quizá único metasemema visible de inmediato aparece en la primera línea: “agazapadas como fetos de escorpiones en el lado más interno de mi nuca”, tenemos entonces un metasemema por supresión-adjunción, por un lado, los fetos toman el lugar de las damas, y la nuca toma el sitio del locutor, dejando clara la materialidad humana del locutor y la inasibilidad de las damas, su capacidad de metamorfosis.
  4. Dentro de los metalogismos encontramos varios desvíos significativos.

4.1. El desvío metatáxico implica, en este caso, un desvío a nivel lógico. El inicio con un elemento de conjunción significa un “antes” del poema, podemos entender que hay algo de lo que se dice, y que no se dice. Hay cierta idea de continuidad a partir de este inicio, sin embargo es una continuidad escondida.

4.2. La lógica de los personajes se sustenta a través de la suma de sus semas que aparecen poco a poco a lo largo del poema: “las damas” se sostienen a través de su materialidad cambiante, como ya mencionamos. Así pasan a agazaparse como fetos, a ser madres de rojo, a ser grandes damas que se adhieren y son trágicas. Su cualidad inherente, por otro lado, aquella que no muta, es la de quitar la vida, arrebatar la respiración y el calor y la sangre. El locutor y el rey, por otro lado, no mutan materialmente, sin embargo difieren en la conciencia de sí. El rey es enunciado por el locutor, mientras que el locutor tiene voz sobre sí mismo y explicita su condición de atacado por las damas, mientras que narra la muerte del rey.

4.3. El locutor viaja entre la total disforia “mi corazón que apenas pudo nunca latir” y un atisbo intermedio donde a pesar de los ataques de las damas, es capaz de procurarse la vida a sí misma: “mi sangre, la mía sola, la que yo me procuré”; la figura de la voz lírica genera un oxímoron puesto que a pesar de su tono solemne y desamparado, posee la capacidad de proporcionarse a sí mismo elementos vitales, mismos que la figura del rey, en contraposición, no pudo obtener de sí mismo, sucumbiendo ante “las damas”.

4.4. La figura del rey aparece como un ente desconocido, no se sabe quién es, sin embargo su figura parece ser de suma importancia para el locutor, que tras su muerte queda rehén de las damas y aparece solo. Sin embargo y como ya mencionamos, su papel en el poema quizá tiene poder en cuanto a que se contrapone al locutor.

El poema constituye un metalogismo en sí mismo, puesto que todos los eventos y personajes aparecen velados. A nivel de construcción, queda claro que todas las metáboles apuntan hacia un desvío que desafía a la lógica y que genera extrañamiento en todos los niveles de la lengua.

  1. El ethos del poema es clara y concisamente disfórico. Si bien hay una intención también clara de extrañamiento, una tendencia hacia lo surreal que más bien genera rareza y cierto malestar por la dificultad de reductibilidad, todo en el poema apunta hacia la pérdida: el locutor, aun siendo consciente de su capacidad de procurarse la vida, se ve acechado por imágenes que indudablemente recaen en un sentimiento de tristeza irremediable y de conmiseración hacia sí mismo. Aquél que habla en el poema se lamenta de su condición y se asegura de transmitir su pena para que el lector sienta con él todo aquello que está mal y que está perdido.

 

Referencias

Aristóteles. Poética. México: Porrúa, 2002.

Arriaga, M. Literatura escrita por mujeres: literatura femenina y literatura feminista en Italia. Sevilla: Universidad de Sevilla.

Azaovagh, Anisa. Hélène Cixous: La escritura del cuerpo. Santa Cruz de Tenerife: Universidad de La Laguna, s.f. 1-11.

Barthes, Roland. El susurro del lenguaje. Barcelina: Paidós, 1987.

Beristáin, Helena. Diccionario de retórica y poética. México: Porrúa, 2002.

Butler, Judith. El género en disputa: el feminismo y la subversión de la identidad. España: Paidós, 2007.

Butler, Judith. El Género En Disputa. México: Paidós, 2001. Impreso.

Buxó, José Pascual. “Sor Juana Inés De La Cruz En El Conocimiento De Su Sueño”. 1984. Conferencia.

Buxó, José Pascual. Introducción A La Poética De Roman Jakobson. México: UNAM, 1978.

Cixous, Hélène. La risa de la medusa: ensayos sobre la escritura. Barcelona: Anthropos, 1995.

Cixous, Hélène. La Llegada A La Escritura. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 2006.

Esteban, Angel y Ana Gallego Cuiñas. Juegos De Manos. Madrid: Visor Libros, 2008.

Grupo μ. Retórica General. España: Paidós, 1987.

Grupoμ. Rhétorique De La Poésie. París: Editions du Seuil, 1990.

Jakobson, Roman. El marco del lenguaje. México: Fondo de Cultura Económica, 1998.

Jakobson, Roman. Ensayos De Poética. Mexico: Fondo de Cultura Economica, 1977.

Jakobson, Roman. Lingüística y Poética. Madrid: Ediciones Cátedra, 1981.

Kristeva, Julia. El lenguaje ese desconocido. España: Fundamentos, 1998.

Paz, Octavio. Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. México: Fondo de Cultura

Pizarnik, Alejandra y Ana Becciú. Poesía (1955-1972). Barcelona: Lumen, 2001.

Richard, Nelly. Masculino/Femenino: prácticas de la diferencia y cultura democrática. Santiago de Chile: Francisco Zegers, 1993.

Sabsay, Leticia. “Judith Butler para principiantes”. Pagina 12. 2009. Web. 10 de julio 2016.

Sarabia, Rosa. Poetas de la palabra hablada: un estudio de la poesía hispanoamericana contemporánea. Londres: Tamesis, 1997.

 

 

[1]Lo anterior no significa, desde luego, que las lecturas feministas carezcan de valor. Muy por el contrario, creemos que es gracias al feminismo que ahora tenemos la oportunidad de leer y profundizar sobre todas estas mujeres que han sido publicadas durante los últimos 60 años. Sin embargo creemos que en muchas ocasiones, el campo de estudio de las teorías de género está centrado más en los ámbitos de lo sociológico, antropológico y cultural, que en lo puramente literario. Es cierto también que en ocasiones los poemas tienen una carga que apunta hacia cuestiones de género. En estos casos es sumamente importante tomar en cuenta las aportaciones del feminismo para el análisis en el campo metalógico.

 

[2] Decimos literatura y no poesía puesto que en la Retórica General aún se habla de literatura en general pero, como veremos más adelante, sus estudios se enfocan en la poesía en Rethórique de la poésie.

[3] Ahondaremos en esta cuestión más adelante.

[4] En el texto original se explican muchos otros conceptos que se obvian en este resumen.

[5] En este punto retoman a Emile Benveniste pero especifican que en este caso se simplifica o da una visión más general que resulta más conveniente para el estudio que pretenden realizar.

[6] Estos desvíos tienen una larga explicación que aparece en el trabajo original. En este resumen nos limitamos a hacer una breve mención de ellos.

[7] Parte del trabajo crítico se encuentra en estos mismos análisis, sin embargo la mayor parte forma parte de las conclusiones, las cuales se han omitido de este resumen.

 

andrea-rivasAndrea Rivas (México, 1991). Licenciada en Lingüística y Literatura Hispánica, es poeta, y traductora. Ganadora del premio Herminia Franco Espinosa para la mejor tesis de licenciatura en 2017. Colabora activamente en la revista electrónica Círculo de Poesía. Entre sus traducciones destaca el poemario El país entre nosotros de Carolyn Forché, editado por Valparaíso México.

Programación de agosto del Espacio Literario del CCC

Programación de agosto del Espacio Literario del CCC

Nuestro Espacio Literario. Protagonistas, lugares, fechas y horarios de todas las actividades, con entrada libre y gratuita, que se realizarán durante el mes de agosto en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (Av. Corrientes 1543, Ciudad de Buenos Aires)

 

Dramaturgias posibles. El segundo jueves de cada mes, el teatro es pensado desde la literatura. El 10 de agosto el entrevistado será Arístides Vargas. Coordina Nara Mansur. Sala Jacobo Laks (3° piso), 19 hs

 

Ficciones. Los narradores comparten su producción. El viernes 11 de agosto, la literatura de Luisa Valenzuela. Coordina Lucía Parravicini, Sala Jacobo Laks (3° piso)

 

IX Festival Latinoamericano de Poesía en el Centro. Del 15 al 20 de agosto, en el Centro Cultural de la Cooperación y en el Museo Etnográfico (Moreno 350). Poetas de Nuestra América y del mundo se encuentran para reflexionar sobre el género y leer sus producciones. El programa completo puede consultarse en

http://festivalpoesiaenelcentro.blogspot.com.ar/ y en www.excentrica.com.ar

 

Las raras circunstancias. El martes 29 de agosto Eduardo Romano, Oscar Steimberg, Nora Perusín y Clara Anich suman su poesía a los festejos por los diez años de vida de la editorial el suri porfiado. Coordinan: Marina Cavalletti, Luciana Coronado y Romina Dziovenas. Sala Osvaldo Pugliese (PB), 19 hs.

 

Intervenciones críticas, donde la realidad es pensada desde la literatura. El 31 de agosto, el invitado será Ricardo Forster. Coordinan Ayelén Rives y Marina Cavalletti. Sala Jacobo Laks (3° piso), 19 hs

Programación de agosto del Espacio Literario del CCC

Javier Bozalongo

Llega desde España la poesía de Javier Bozalongo. Una apuesta vital, comprometida con la existencia y el lenguaje, que estará participando de la IX edición del Festival de Poesía del Espacio Literario Juan L Ortiz

 

LAS CONSECUENCIAS

De cualquier arco iris
se puede deducir una tormenta.

Cualquier adiós
fue antes bienvenida.

Los amantes merecen el descanso

sólo si son capaces
de avivar el incendio de sus cuerpos.

En tu risa puedo leer las lágrimas
que precedieron al abrazo
y en los pasos de cualquier madrugada

puedo escuchar cristales rotos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OPCIONES

Un amor que se hace o una cárcel de amor.

El sabor del pecado sin arrepentimiento.

¿Si te dan a elegir,
mentiras con limón o veneno con hielo?

El negro de tus ojos o un blanco hospitalario.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL ARTE DEL DESNUDO

 

Cuando alguien duerme solo

no hay contradicciones: desnudarse despacio
sin pensar en el orden

y meterse en la cama casi siempre deshecha

con expresa intención de oscuridad.

Cuando la noche acierta y hay alguien junto a ti

procuras ordenar ropa e ideas
y tienes buen cuidado
de que el guión se cumpla.

Desnudarse requiere una coreografía:

un

dos

tres

un

dos
tres

y el silencio del aire
que el deseo interrumpe
y el frío del ambiente
roto por el calor de un cuerpo nuevo.

Cuando alguien duerme solo
sólo duerme,
indefenso y desnudo frente al tiempo.

POR ALGO SE LLAMA ASÍ

 

Hay ciudades que no admiten abrazos
y sólo vociferan por negros altavoces
la salida de vuelos hacia ninguna parte.
Hay ciudades con ríos que quisieran ser mar,

ciudades que recuerdan siempre a otra,
ciudades a merced de piratas vestidas de Chanel,

ciudades donde el dólar es una religión.

Todas podrían parecer la misma
pero ninguna esconde la que en verdad fue tuya.

Detrás de las miradas sospechosas
la noche de San Telmo protege a los amantes,
y las parejas salen a descubrir Retiro,
vuelven a ser los mismos cenando en Villa Freud,

los que fueron el día que amaneció en La Boca

con un sol que bailaba canciones italianas.

Y salen del teatro en la calle Corrientes

luciendo una sonrisa recién inaugurada,

pasean por Florida mirándose a los ojos,

manteniéndose firmes al salir del Colón

para no ser tragados por la 9 de julio.

 

En Buenos Aires todo invita a la nostalgia,

incluso los recuerdos que guardas del futuro.

 

 

LUCES DE GRANADA

 

Es mentira que no creas en nada.

Lo imposible se vuelve a veces cierto
y se enciende la luz, todo está abierto,

eres el nuevo Lázaro y caminas
–de puntillas sobre un campo de minas–

pero erguido después de la caída,

avanzando sin prisa a la salida.

Se ilumina la noche de Granada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ESA CIUDAD EXISTE

 

Añoro una ciudad de aire tan limpio
–no me refiero sólo a la contaminación–

en la que uno pueda salir a caminar
sin sentir que su sombra
desaparece a plena luz del día.
Los actos nos reflejan
pero no es siempre una la verdad,
y uno añora sentirse al menos libre

para que los errores
no sean confundidos con mentiras.

 

Añoro una ciudad donde los parques

no terminen por ser una emboscada
y se escondan detrás de cada arbusto

tus peores recuerdos.

Las miradas se vuelven peligrosas
y quien creíste amigo puede ser tu asesino.

Añoro esa ciudad donde un poeta
no ha de cavar su fosa al escribir
ni debe camuflarse, vestirse de soldado

para hacer de su verso una trinchera.

Esa ciudad existe, pero tal vez no es esta.

 

Javier Bozalongo (Tarragona, España, 1961) Ha publicado los poemarios Líquida nostalgia (2001), Hasta llegar aquí (2005), Viaje improbable (2008) y La casa a oscuras (Accésit del Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma, 2009), además de las antologías Nunca el silencio (Costa Rica, 2012), Has vuelto a ver luciérnagas (México, 2015) y Las raíces aéreas (Ecuador, 2016). Dirige la colección de poesía de Valparaíso Ediciones (www.valparaisoediciones.es). Todos estaban vivos (2016) es su primer libro de relatos. Asesora el Festival de Poesía de Granada desde su fundación, en 2014.

Programación de agosto del Espacio Literario del CCC

Alfredo Fressia

El poeta uruguayo Alfredo Fressia, una voz significativa de la poesía hispanoamericana actual que estará presente en el IX Festival de Poesía del CCC

 

EL MIEDO, PADRE

 

Padre, yo me espanto

de estar preso en mi cuerpo, el condenado

umbral, perfecto, este retorno, padre,

eternamente en viaje y muerto, por las cuatro

estaciones y la suerte

echada de los hombres, los hijos

obedientes de la especie, padre,

los muertos venideros. ¿Quién es

este huésped en mi cuerpo? Estos años,

¿de quién son prisioneros en las venas?

¿Qué hago, padre, con mi espanto

a cuestas, y mis días

en los días implacables de los hombres?

 

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LOS PERSAS

 

 

Según Herodoto, la armada de Jerjes

ya había dejado Sardes camino a Salamina,

cuando el sol empezó a abandonar su lugar en el cielo

y a desaparecer. El día, sereno y sin la sombra de una nube,

se fue transformando en noche. El sol

tomaba el color del zafiro y, al mirarse entre sí,

los hombres se veían pálidos como muertos.

Todas las cosas parecían bañarse en un vapor oscuro.

El estupor y el espanto se apoderaron del corazón

de aquellos hombres jóvenes. Jerjes veía el prodigio,

lo siguió con atención y preguntó a sus magos

lo que significaba. El cielo, le respondieron,

anunciaba a los griegos la destrucción de sus ciudades

pues el sol, decían, es el astro profético de los griegos,

y la luna el de los persas. Jerjes, suspendido,

se encantó con la respuesta, alivió a sus hombres

con palabras confiantes y ¾no callará nunca

Herodoto¾ ordenó que retomasen la ruta.

 

Al morir lo comprendieron: morimos

de un eclipse, eternos como el zafiro,

y seguiremos el retorno de las lunas

mientras un Coreuta recite nuestros nombres.

Fue sólo para eso que vivimos.

 

Jerjes murió en palacio, asesinado por un traidor.

 

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ALFREDO Y YO

 

Duerme bajo el firmamento

la paciente flora del invierno.

Yo también duermo en mi cuarto de pobre.

Del lado ciego de la almohada

otro Alfredo tirita, es un ala

o una sombra que prendí al alfiler

entre las hojas de herbario, un insomne

aprisionado en las nervaduras,

mi fantasma transparente.

¿Qué haré contigo, Alfredo?

Afuera pasará un dromedario

por el ojo de la aguja, un milagro,

la larga letanía de tus santos

para escapar del laberinto,

tocar el infinito herido por la flecha

en la constelación de Sagitario

y siempre la tortuga en tu poema

ganaba la carrera.

Sobrevivo a cada noche

como un potro celeste

nutrido con alfalfa y con estrellas

mientras tú, Alfredo, hueles a hierbas viejas

en el cajón atiborrado de secretos.

Yo te olvido al despertar, sigo mi busca

obstinada en el pajar del mundo

y te reencuentro en la almohada

pinchado al otro lado de mi sueño.

 

 

 

 

DIARIO DE CAZA

 

 

Duró toda una noche. Navegamos

más allá de las columnas, lejos los bosques

donde ríe una diosa y las estrellas

sin memoria apuntaban al lunario. Yo les robo los pétalos

a las plantas carnívoras del jardín de las delicias.

Acecho sobre la escotilla, enhebro collares vegetales

para los tripulantes de efímeras gargantas. Mis dedos ágiles

siguen la línea sinuosa en el elzevir:

Estos son los ríos de Babilonia, se suben

en busca del olvido y vuelven siempre

soberbios como un planeta. A veces me detengo

en los jardines suspendidos del imperio, y ejercito

la muerte en mis últimos torneos de cetrería.

El Centauro me afiló los dientes y las uñas, tengo

la avidez de trece lunas llenas, y del viaje sólo recuerdo

unas cartas de navegación hundidas, una cacería

de altura y el canto de los marineros.

 

 

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LA TABLA DE MENDELEIEV

 

Dimitri Ivánovich Mendeleiev

(Tobolsk, Siberia, 1834-San Petersburgo, 1907)

 

Dimitri Ivánovich, amigo puntual: te lo confieso,

últimamente ando desencontrado, se me confunden

las lunaciones, supe que me hacía trampas

el solitario, toco y no me cierra

la escala periódica entre los dedos.

De noche no duermo, y recorro en la tabla

los metales más raros y pesados,

aquel del cansancio milenario que previste sin saber nombrar,

mineral, salado, el de la estatua.

Fui presionando con las yemas de los dedos, encontré amantes

escondidos atrás de los jacintos, era entre el umbral y el cielo,

y vi los genios que bajaban por los cipreses para tocar a los muchachos.

También contemplé el vientre atómico

de las cruces y las flechas, abierto bajo la luna llena:

se maldecían de tanto que se amaban.

Entonces fui un amante metafísico (era el cansancio)

y absorbía los Valores con los labios secos.

Me disfracé de pastora en el Segundo Imperio y consultaba las tablas

historiadas con grabados de Doré. Mi perfil era griego

y abrigaba sonetos con la lana del rebaño

que le robé a Virgilio. Tenía el plectro

engarzado con metales preciosos,

y otros que no eran preciosos, Dimitri,

lo confieso, pero eran mi tabla de salvación.

Después vino el otoño, y los metales volátiles,

los del vino que mareaba el sueño de los dioses,

me desviaron las manos hacia el sur,

¡Islas Marquesas!, gritaba el equipaje,

a rehacer la escala inevitable.

Hablé aliviado con el Inca en Cuzco,

le pedí consejos de coquetería en el futuro

próximo y lejano y el futuro futuro

de tu Tobolsk inversa, y me descubrí en la playa

en brazos de un Marqués rubio y ciego

e impotente y sabio.

Dimitri, hice tabla rasa del orden de los elementos

y giro entre trece signos nuevos para mi horóscopo

de estrella sin galaxia. Se me saltean peldaños

en la escala, y oigo la risa de Jacob

por las fisuras del universo.

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VERSO OCIOSO

 

Combino con distancia y con recuerdo,

existo poco y mal en el presente.

Vengo de lejos, pero sólo en sueños,

de cerca mi presencia se disuelve.

 

El sol que me ilumina es de topacio,

y en mi carta la luna es de papel

en áspero cuadrado con el astro

más opaco: mis tonos son pastel.

 

Escribo versos en endecasílabos

los días lluviosos (como es hoy) y llego

casi al presente donde me deslizo

recto hacia atrás en busca de sosiego.

 

Visto de cerca yo me desvanezco.

¿Música en mí? Sólo de las esferas.

Por la línea del tiempo huyo del duelo

de ese abismo en el hoy que nos acecha.

 

Lo aprendí en el camino del exilio:

duele el país real de la memoria

y nace como un hongo en otro sitio,

envenenado y que también acosa.

 

Y por eso hoy combino con distancia.

Cuando casi estoy vivo casi muero,

y casi escribo, torpe de añoranza,

un verso ocioso, ausente y con defectos.

 

 

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                        FRACASO

 

 

Llegó tarde el poema, la piedra

lanzada al azar del tablero, y pujaba al nacer

en la violencia de un volcán, el del basalto

en bruto, hecho oscuro adoquín,

era rosado el de granito,

adoquines de mi infancia

que no evocan nada

y el poema emanaba sin respuestas, cubría

el adoquinado, entre el futuro

y la calle Marsella, rocío

en las mañanas sobre la piedra que giraba

entre el blanco y el negro, sibila

de mi barrio, piedra rota

que ya no lee nada

en la lava endurecida del poema.

 

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            LA TRAVESÍA DE LA MAR EN MEDIO

 

 

Fueron cuarenta días con sus noches.

No estuve en el vientre de una ballena,

nadé en el vientre de la mar en medio,

contaminada, sucia, con sus manchas

de óleo y odio y el dolor del oprobio

humano y animal, restos de un mundo

mordido por cardúmenes enfermos.

 

 

Fueron cuarenta días y cuarenta

las noches que velé en la mar en medio.

Vi la pobreza emigrante y en tierra

un asesino constructor de cárceles,

vi el ángulo de un astro en su declive

(y a veces, sólo a veces, digo, casi

la estrella inexplicable de un alivio).

 

 

La noche era de insomnio, el día amargo.

Vi flotar durante la travesía

los esquivos testigos de mi vida,

amor y desamor familia adentro

de la infancia y afuera el desamparo,

la soledad de la tinta, el poema

de un niño en bicicleta (fue en Piriápolis).

Vi el nacer del sexo y las esperanzas

que escurrían por el adoquinado.

(El niño que saltaba entre pretiles

continuó merodeando en azoteas).

 

 

Vi la pesadilla excavando el mundo

para que el mar desagüe en aquel sótano

desmantelado tras la voladura,

en la calle Marsella, en el Reducto,

el del hueso, huero, huecos de un huérfano

de ancestros y postreros, mar en medio

para atravesar como a una ordalía.

 

 

Días y noches en la marejada,

vi el orgullo de los triunfadores

y el otro, el mudo, el de los humillados,

vi que ese orgullo vuelto en rebeldía

ardía como la medusa, ardía

hecho poesía, sal sobre la herida,

para tragar toda la mar en medio

y cruzar una vida componiendo

este diario de viaje o un poema.

 

 

 

 

 

 

 

SOUVENIR D’AUTOMNE

 

 

Fue en Praga, allá por el otoño

del año 1980, a la hora del té en el Café Europa

y él se llamaba Hyacinthe, como los gatos

deberían llamarse. Olía a jazmín

y me decía “je l’aime encore”.

Nunca te olvidé, Hyacinthe

aux yeux verts, aux cheveux noirs, y hoy

sentado frente a la playa, entre los jazmineros

del Boulevard de la Mer, al borde

del Atlántico en América del Sur, digo

“je l’aime encore” en voz alta

y me río solo mientras dos muchachos

se vuelven para mirar a un viejo que ríe sin motivos, dice

“je l’aime encore” y también huele a jazmines.

 

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GAY PORN BUSINESS

 

 

Con ser más bellos que sus propios cuerpos, tanto así

que nada saben de amor y sólo se desean, con deslizar

sobre esos cuerpos húmedos, ya bellos si de hecho

la belleza fuera materia del sexo y seña unánime de los untuosos

orificios, y aun más codiciados que Ganímedes

por ser objeto del deseo de un tercer y ávido voyeur,

 

 

y con lucir siempre jóvenes y listos

para entregar su juventud del Middle West a los crueles

altares del Bondage o a los otros

cuerpos ágiles en la gimnasia de luces

reflejadas de la caverna gay, más flexibles

que el músculo inmemorial y vigilante

de Príapo implacable en las aras

del gozo, y no por el efímero placer de los mortales

sino por obediencia, como los ritos pertinaces del incesto

calculado en el Dad-Boy, vueltos ora adolescentes

ora audaces objetos del dolor o de un Rape-sex o el mero Spanking,

 

 

y con ejercer su disciplina en palacetes de utilería

o bastidores de castillos kink, a sabiendas

de que sólo cuentan los rostros del olvido, sus errantes

recodos habitados por fantasmas, esos

que precedieron a estos hombres

más bellos que sus propios cuerpos,

white, black, Russian, latino, Asian, interracial

sex, melting pot del gay porn, ellos

beben impasibles del semen de Zeus

y observan, eternos, tu ser mortal y sin poesía,

reducido al acabar a esta náusea pasajera.

 

Alfredo Fressia (Montevideo, Uruguay, 1948). Traductor y profesor de literatura, fue destituido de la enseñanza por la dictadura uruguaya. Se instala entonces en São Paulo, Brasil, donde reside desde 1976. Ha ejercido la crítica literaria en medios de Uruguay, Brasil y México. Su primer poemario fue publicado en 1973. Sus libros más recientes son Poeta en el Edén (2012, reeditado en Buenos Aires en 2016), Cuarenta años de poesía (Montevideo, 2013), la edición bilingüe Clandestin (París, 2013), Susurro sur (México, 2016) y La mar en medio (2017). Su obra ha sido traducida al portugués, inglés, francés, rumano, italiano, griego y turco.

Programación de agosto del Espacio Literario del CCC

Norberto Codina

Desde Cuba, la poesía de Norberto Codina, también en el IX Festival Latinoamericano de Poesía en el Centro

 

Una cáscara de cebolla puede ser…

 

Una cáscara de cebolla puede ser

el atlas donde mi madre quiere descubrir mi paradero,

el destino que la hace llorar de un modo manso

por mi prolongada ausencia

mientras funda con sus provisiones

la sabiduría diaria de la cocina.

Esos recipientes, carnes y legumbres tienen de antaño

su código para los amores desdichados,

los hijos perdidos, los amigos muertos.

El cuenco de la cáscara,

la cifra y el fantasma

son detalles de la penumbra,

atributos de cada una de sus franjas de silencio.

El barro único se renueva

al explorar los impulsos hondos

que se adivinan en aquellos primeros hornos,

en aquellas primeros venablos,

en los pétalos de piedra convertidos

en herramientas de venganza.

Es la ruta del miedo

que descubrimos por los sentidos

al revelar el olor de la adrenalina del enamorado,

el tacto del ciego que teme a la soledad,

el paladar del enfermo que confunde los sabores.

La sequedad del alma que murmura

sus vicios y fracasos,

las pérdidas ásperas y los objetos queridos.

Queridos y tan raros como el marfil

de esa cáscara de cebolla,

delicada película con sus capas

que la mano de mi madre va separando

como la piedra filosofal en el espacio doméstico.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tiempo libre

 

En la puerta de madera de doble hoja,

entre estos muros ocres,

están ordenadas las palabras en raros caracteres

que celebran la acogida a este extraño paraíso:

“No preguntes”.

¿Cómo bregar con la muerte de la persona amada?

Pabellones dedicados al sueño,

a la nostalgia, al curso de las cosas elementales

que pueden desencadenar una borrasca

en el pozo del espíritu.

Noticias y rumores se dispersan sobre un papel delicado,

que flota y queda suspendido sobre el lomo del mundo,

los recodos de la lectura azarosa de los periódicos y los telegramas,

como los científicos que miden la pérdida de hielo

en millones de toneladas al año.

La devoción puede ser taciturna cuando es algo humilde y sin confusiones,

o transparente, por ser pulida y traslúcida.

Los árboles y el césped,

y las bacterias, y los ratones

y las aves acuáticas,

y los frutos podridos y el helecho pujante

declaran su cadencia particular.

Una música triste donde cada compás

es como el sonido cuando crecen las plantas

o mueren los insectos.

Una música para escuchar

en nuestro tiempo libre

aunque no tengamos mucho tiempo franco

como lo tienen el guardabosque o el torrero.

No hay frases sobre pájaros

que nos hagan felices,

ni filamento de la luz

que sea imperecedero.

Es en fin, el poco tiempo que tenemos

para todo lo que amamos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A través de la filigrana del texto

 

En algún lugar

los prodigios de la luz en la superficie de la esfera,

fin en sí misma, sin aparente sospecha.

¿La esfera es la forma geométrica más perfecta?

Que vamos a dejar para nosotros

si el mundo no está completamente explorado.

Desde la época en la que los poetas como Casal

deslumbrados por las luces de la ciudad

de lo alto de las graderías contemplaban

la pálida y uniforme ausencia de color de sus piedras

donde surgen tonos calurosos, los tonos sepias

que usurpan sus florestas a la luz del verano

Como la resina que se encuentra

en la piel del ciervo,

recreamos  en el universo

la tensión de la superficie del agua en un ambiente sin gravedad,

en ese diálogo entre el mundo misterioso del espacio exterior

con su tierra originaria,

donde nuestra presencia se reproduce

del lado salvaje de la vejez.

 

 

 

 

Cuando dobla un oro tenue la hoja de la tarde

Ángel Gaztelu

 

Es peligroso asomarse al interior, como cavilaron Buñuel y Dalí,

en esas contramarchas y periferias del alma

luminosas y ausentes como la corona boreal.

Solo nos asomamos a una mínima parte

de nuestra substancia interior,

pero basta ese breve atisbo,

íntimo y ligero

como la presencia de un pájaro.

El sonido de su nombre se escucha multiplicado,

suave y húmedo se desliza

en oraciones disonantes,

en letanías que se encadenan

en el cotidiano lidiar de la ciudad,

el ómnibus lejano con su ruido

como de bestia en celo.

Es un santuario fabricado con tus deseos,

leves e inciertos, traicioneros, como son los recuerdos.

Esta noche te sientes sencillamente triste,

con esa tristeza particular te confías

sobre la cama que compartimos

pero que tu respiración puede convertir en

jardín o páramo

donde tu tristeza me reconcilia en parte de ti.

La verdad se reconoce en su naturaleza,

más allá del detritus y las infidelidades,

cuando dobla un oro tenue la hoja de la tarde

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La voz devuelta                                                                                                               

 

La voz devuelta

que se quiebra en el eco,

pájaros imaginarios que cruzan la noche

con el silencio frágil de todo lo que parte.

A veces con la incertidumbre del regreso,

a veces con la interrogante del que aguarda,

pájaros imaginarios y fatales

que cruzan la luna y la luz de su sombra

da sentido y cuerpo a la palabra Nadie.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El concepto de la vida 

 

                                        Para María y Félix Masud, hermanos.

 

                                         horas de tigre, de zorra, y de cerdo

                                                    José Martí

 

 

Cómo diferenciar el resplandor pasajero

de la luz perdurable,

los frutos maduros de la naturaleza muerta,

de aquellos que se pudren en el campo.

Y el cuerpo atravesado de alambres

los ojos vacíos,

las piernas rotas

que puede ser una víctima o un espantapájaros,

como el joven gay linchado en un descampado

del Wyoming rural, que se confunde en el vapor del amanecer

mientras que yo, en el distante Illinois

en la calle Paulina Norte

de la lejana ciudad de Chicago

desayunaba cándidamente con mis amigos.

¿Qué sentido pueden tener en esas circunstancias exactas

la charla trivial, la hogaza deliciosa,

la lectura de ficciones maravillosas y sublimes?

¿Podemos amar o incluso jugar y especular

con los guarismos y con las estrofas al mismo tiempo

que la familia y los amigos desconocen su paradero?

Desde las entrañas del concepto de la vida

que repercute, supuestamente, en las distintas formas

de la matemática y la poesía,

de lo infinito del ser humano

hay escalofríos y golpes vallejianos

para el espíritu y la razón,

razonamiento severo y agónico para nosotros,

los románticos de siempre.

Misterios regresan como preguntas.

Necias y casi incompatibles con la sustancia humana,

cifras de la sinrazón y el alma

son las horas de tigre, de zorra, y de cerdo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como la sombra de un niño

 

¿Dónde se encuentra,

en que pasado remoto y familiar,

esa casa encendida,

cuya esencia es el tiempo, el azar, las dudas?

Ventanas iluminadas por su moradores

que cuentan sus horas como el rosario

del condenado a muerte, pobres de solemnidad

en la estática milagrosa de esas paredes testigos

de épocas de buenaventura, cuando

había varias respuestas para cada interrogante.

Entonces se jugaba al invento de sacar respuestas

y creer, como único argumento

en algo tan frágil

como nuestra propia, triste y solemne verdad.

¿Y era esa la definición terrenal y justa de felicidad?

Por eso prefiero ahora la rebeldía

contra
los que tienen el fausto y la soberbia de las respuestas,

y posan en la circunstancia de una lámina..

Me quedo con la pregunta universal que entraña

la sombra de un niño que se alarga

tanteando, como quien roza apenas

las paredes y el aire

de esa casa fantasmal en sus luces

que convocan

el tiempo, el azar,

las dudas, las enfermedades.

Creo en mis dudas

y creo en el sexo siempre irrepetible,

creo en el jardín surrealista del Bosco

y que

la tierra será el paraíso bello de la humanidad,

porque me conduce la sombra del niño,

tan cercano en su temperatura y su tristeza,

que una vez fuimos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Personal

Para Gisela

 

Pudimos conocernos

en las avenidas de París,

en un apartamento de alquiler que no era más

que la buhardilla para la servidumbre.

Allí, en el habitat burgués

planificado por un arquitecto de nombre impronunciable,

todas las tardes

nos asomábamos a la Plaza de la Estrella.

Tus cabellos largos, blond girl.

Tu cutis perfecto, mademosil.

Perfecto aunque no tanto como tus perfectas manos.

Serías de Saint Fernand,

única heredera de un falsificador de antiguedades,

traductora de los poetas alsacianos

y moderna como las reliquias de tu padre.

 

 

II

Pero todo ocurrió en La Habana,

en un apartamento de la calle ocho

mirando toda la noche mis pies equivocarse.

Somos nuestros propios sirvientes, y es bastante.

Nos asomamos, cuando el trabajo,

tus clases, la cocina y la niña lo permiten,

al encendido malecón habanero

donde se organizan las parejas cada tarde.

Tu pelo corto, tu piel común,

pero no tan común como tus manos necesarias

que tanto se parecen a las de mi madre.

 

Tu pueblo, desconocido como término municipal,

de músicos convertidos en lanzadores de béisbol.

El maestro agrícola jubilado,

el más puntual de todos los panaderos,

la nobleza de sus ojos te dejó.

Por ahora traduces

el código de mis ruidos nocturnos

hasta que la memoria de la hija

defienda

el último dibujo de los dos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El leve viaje de la sangre

                                    No me duele morir,  y que me olviden

                                    sino morir y no tener memoria                                                                  

                                                                          Jesús Orta Ruiz

 

En la voluntad de viaje que es la vida,

los ateos parecemos estar  condenados a no tener otra.

Cómo reencarnar aunque sea

en la fugaz película del polvo,

destruida una y otra vez por el paño implacable,

que desconoce que en esa nube a contraluz

se alarga mi memoria.

La memoria de aquella primera vez

de Beatles y ron peleón,

de amigos, escaramuzas, infidelidades.

 

O el cuerpo mínimo de la criatura

que al voltearse

dejó ver el lunar como de la mano de Dios.

Como la columna trunca que ayer fue conquista,

no vale por su mármol

sino por su memoria,

no importa si fue el tiempo

o la mano soberbia de aquel que la derriba,

mandato de las constelaciones.

 

Y es la naranja en su luz y geometría,

que como tu cuerpo  ahora me corresponde.

No oír ya la piedra nocturna,

el leve crecimiento de la raíz,

el roce de la hierba y la neblina.

 

También en el estiércol el hombre se interroga,

sobre los caprichos del alma y de la carne

y la sentencia del postrer latido

quebrado el pecho, rota la arteria

entre tinieblas

alguien que por ti delira,

las paredes de mi cuarto son un templo,

eres luz, y me perdonas,

cuando no habré ya de recordarte.

 

 

 

 

 

 

Mi madre nació junto a Ingrid Bergman

 

Mi madre nació junto a Ingrid Bergman.

Por eso, tal vez

las he amado tanto.

En Casablanca, mi madre

tuvo su primer divorcio y nadie la esperaba.

Conocí a Anastasia a los cinco años

y quise ser el obrero bolchevique

que enterró su cadáver.

En el Expreso de Oriente las dos se juntaron

pasaban por primera vez falsas y lejanas.

Yo confundí mis cartas

y unas veces escribí sobre los guiones

que protagonizó mi madre

y célebre su rostro de estrella.

Otras devoré con júbilo,

con lealtad a su irrepetible sazón,

los asados y dulces que Ingrid me preparaba

.

Pero la preferí haciendo el papel de  enfermera

doblando a mi madre en la pantalla.

Ambas crecieron juntas,

ambas se casaron con Rosellini y Ángel,

ambas envejecieron y me perdonaron.

Se comportaron magníficas,

tremendamente actrices y maternales.

Contra la muerte de una me defendí

repitiendo sus películas.

Para la otra muerte

tengo el desamparo del actor secundario

que se pierde en la paneo de la cámara.

 

Norberto Codina (Caracas, Venezuela, 1951). Poeta y editor cubano-venezolano, radicado en La Habana. Desde hace veintinueve años dirige la revista de arte y literatura La Gaceta de Cuba. Tiene publicados una veintena de títulos, entre libros de poesía como A este tiempo llamarán antiguo (Premio David 1974), Lugares comunes (finalista del Premio de la Crítica, 1987), Cuaderno de travesía (2003) y El leve viaje de la sangre (2013); prosa y compilaciones de otros autores. Premio Nacional de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro 2002. Miembro de Latin American Studies Associaton (LASA).

 

Foto de Andrés Ordóñez

 

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