by Editorial Excentrica | 18 \18\America/Argentina/Buenos_Aires marzo \18\America/Argentina/Buenos_Aires 2026 | Carrousel, Entrevista
Una conversación entre poetas: Lidia Rocha, en su papel de periodista cultural, entrevista a Yanina Audisio. El punto de partida de la conversación es Mordida por las flores, el último libro de Audisio, recientemente publicado por El Desenfreno
por Lidia Rocha
En 2025, Yanina Audisio publicó por El Desenfreno un nuevo libro de poesía con el sugestivo título de Mordida por las flores, que fue presentado por María Malusardi. El pasado 15 de enero entrevistamos, con Gerardo Curiá, a la autora en el programa de radio “Moebius”.
Luego de escuchar el programa, me di cuenta de que me habían quedado ganas de ir por más, junto a Yanina, en la exploración de este estupendo libro de poemas en prosa cuyo tema es el dolor. .
Uno de los recursos de escritura en este libro consiste en personificar o animizar el dolor: “apenas conocidas las crueldades del nacimiento, comenzó a beber de mí”, decís, por ejemplo.
De algún modo, mis escrituras rodean lo innombrable del cuerpo. En este caso, me centro en el dolor físico, esa sensación que se da en mí desde siempre, entre otras omnipresencias. La hipersensibilidad a los estímulos acaba configurando un pesar, un lastre, un impedimento para liberarse de la conciencia constante de estar dentro de una bestia de la naturaleza. “Enemigo cuerpo” digo en un poema del libro Nombradero; territorio de pugna entre lo que se tiene y lo que se desea, lo que se busca y lo que se puede, darle entidad de ser a la molestia constante me concede esa pulseada donde al menos con el lenguaje puedo torcer su permanente victoria.
Otro de los aspectos de ¿confrontación? ¿negociación? con el dolor es su divinización. La frase “El dolor es conmigo” es similar a la religiosa “Dios es conmigo”.
Se juega algo místico en la despersonalización que fuerza el dolor intenso y sostenido por días. Para poder seguir en el mundo y responder a sus demandas, el único modo es disociarse: apuntalar el dolor en el centro del día y pivotear alrededor, menguada. Esto es también un hallazgo, poder poco, pero poder algo, a pesar de portar una mayúscula deficiencia. Un descubrimiento desde las profundidades que conecta con algo sagrado, quizás divino. También una interconexión con todo lo que padece, lo que es torturado o sometido. Un poder desde el declive.
Se juega cierto deslumbramiento. Literal primero, en tanto la luz es uno de los estímulos que se tornan difícilmente tolerables en las crisis de migraña. Luego, figurado: ser minúscula, azotada por el dolor, el mareo, la inestabilidad y, aun así, seguir siendo la que batalla el día con todo y encandilamiento. El dolor físico intenso abre algunos umbrales, inaugurando un territorio de soledad, por lo intransferible de la experiencia (cómo sabrá otro cuánto me duele y qué pierdo con ello). Me unge “esplendorosa y desvalida”, como Silvina Ocampo adjetiva a la patria en uno de sus poemas. Uno de los lugares donde vivo es el dolor.
A medida que avanza” el libro, (1) el dolor va adquiriendo otras propiedades como la animalidad o su carácter de herencia. ¿Son maneras de hacerte amiga? ¿de pensarlo? ¿de darle espesor lírico?: “Este dolor es un armadillo de los que, en el campo donde ella nació, llaman peludo. Comprendo ahora la aspereza de la abuela, su amor a tirones. La alumbro: caparazón en una esquina del comedor, fascinada por los obituarios” o “¿Qué culpa estoy pagando de los que me sucedieron en el camino de la carne?”.
Creo que son maneras de acomodar la experiencia mortificante en relación con seres significativos, existentes o no, más o menos impensables por fuera de esa experiencia. Con el dolor, todo se disloca y es entonces cuando se puede percibir lo irremediable como desconocido y, por tanto, darle la bienvenida.
Otro superpoder el dolor es el dar formato a tu vida o, debería decir, de encauzar la vida de la subjetividad que se expresa en este libro, de su “yo lírico”. Cuando decís “el armadillo condujo mi salida del redil”, ¿el dolor modela su forma de ser fuera de los cánones? ¿se convierte en “escolta”? Y también: “Por su inquietud, por su vicio, he de amar con piedad lo que se repliega, lo que fatiga la esperanza, la expedición por la fronda de las ternuras, los lujos impagables de la inadecuación”.
Dice uno de los poemas: “A la princesa del guisante, uno de esos, diminuto bajo una pila de colchones, le arruinaba el descanso. A mí el roce fugaz, el mínimo desacomodo de los materiales donde me abrigo o apoyo, la aspereza, el viento, la humedad, me perturban, me enferman, me lastiman”.
Estar librada al efecto de los elementos naturales, estar sometida a la reacción excesiva del cuerpo, me ha llevado, entre otras cosas, a un vuelco al lenguaje (leyendo con fruición desde los 6 años y escribiendo como resultado de ese exceso desde los 8), a una visión casi redentora de los demás, a un pesimismo no derrotista, a realizar y escribir ejercicios de revisión, de identificación, de compasión.
El cuerpo en los poemas termina por convertirse en un territorio donde cada parte se señala (como en los mapas) por su vínculo con el dolor. Es como si el dolor fuese un poder imperial que toma territorios y se alimenta de ellos.
Dice uno de los poemas: “En mi cuerpo, clavada como en otros lugares que también son el fin del mundo” y también “voy uncida a ese rey áspero”, “voy uncida a una montura desleal”. Empecé la relación con el mundo ya con esa limitación, y el dolor atenta contra el poder, por lo que toda conquista será sustentada en compensaciones.
La elección del poema en prosa ¿fue deliberada? ¿salió así? ¿por qué la elegiste?
El poema en prosa permite otra respiración, de largo aliento. Este es mi cuarto poemario en prosa, es una forma con la que me siento cómoda. Me habilita a jugar con el anclaje narrativo y los signos de puntuación, alternar la condensación con el desplazamiento, combinar frases largas y cortas, intensificar el sentido por acumulación en un flujo continuo de lenguaje.
Nunca elijo a priori la forma, empiezo a escribir el primer poema de una serie y sale como sale. Los siguientes poemas quedan signados por ese ejercicio fundacional.
Otra inversión interesante es la de los valores luz/oscuridad. Puesto que necesitamos del sol para vivir, la luz es para los humanos metáfora de todas las bendiciones. Pera la voz lírica de “Mordida por las flores” la pone del revés y podés hablar de “las fiestas tiránicas de la luz”.
La fotofobia está presente en mis crisis de migraña. Por eso, “hiere al mirar”, es casi literal, acuchilla, invade, ciega. Cuando aparecen las auras de migraña, puedo llegar a percibir formas y colores que sé que no están ahí, pero funcionan como presencias.
Dice uno de los poemas: “Entre la mañana y yo pasa un pez blanco, pedacito de luz lamida al modo de la piel cuando arde, desgajada cuando nadie ve”.
¿Lograste sorprenderte a vos misma durante la escritura, con esas frases que parecen haber caído desde quién sabe dónde, como “mordida por las flores” o “entre la mañana y yo pasa un pez blanco”?
Sí, es una experiencia que persigo: dar con hallazgos, que aparezca en la espesura del lenguaje una forma inesperada.
Me hablaste del acompañamiento en la escritura por parte de María Magdalena, me gustaría saber cómo fue su encuentro y su relación con un género que podríamos quizás llamar “poesía del cuerpo” o “poesía del dolor”.
María Magdalena me alojó en una oportunidad de escritura que llamó “Escribir la enfermedad”. Habiendo pasado por diferentes experiencias que redundaron en poesía, en ese momento y después de muchos años de sufrir con intensidad físicamente, yo no podía elaborar desde el lenguaje lo que me dejaba anquilosado el cuerpo.
María, a través de reuniones virtuales semanales, fue ayudándome a amplificar la mirada, desde el diálogo, las lecturas de otros autores sobre el cuerpo, la enfermedad y el dolor, y las devoluciones sobre los textos que primero precariamente y luego más suculentamente pude ir generando. Mordida por las flores no existiría si no fuera por ese invaluable acompañamiento de María.
Algunos poemas del libro:
A lA pRIncesA del gUIsAnTe, uno de esos, diminuto bajo una pila de colchones, le arruinaba el descanso. A mí el roce fugaz, el mínimo desacomodo de los materiales donde me abrigo o apoyo, la aspereza, el viento, la humedad, me perturban, me enferman, me lastiman.
Adversa, infructuosa, impar. Corrijo los harapos con un lacito de seda. Me trepo a la anciana que seré y tramo su violencia. Afronto el anegamiento con un puñado de cal. La crueldad del mundo es contra el cuerpo, y aferrarse a los días, como zarpa sobre tules, es lo mismo que aferrarse al dolor. Si me preguntan por la piel, sé dónde se aja, si por la sangre, cómo le cuesta coagular.
Vienen a dormirme con sus gorjeos los pájaros que enjaulé de niña, a poner una semilla bajo mi almohada y torcerme el sueño. Todavía ágil, llega el caballo que me dio el galope: me erige en la princesa que daría sus jaeces por una hora de insensibilidad.
Cuerpo ancla, cascote, anzuelo. Estoy en la vida y llevo como una perla el éxtasis degradado de anticiparlo todo: va a doler.
*
En MI cUeRpo, clAvAdA Como en otros lugares que también son el fin del mundo. Espuma que se disuelve en el acantilado, mácula de alga espesa, lluvia de abajo.
Voy uncida a ese rey áspero. Cae vencido, imperfecto en un océano de criaturas sin fallas: cada pez, cada medusa que no necesita más que materia traslúcida para reinar. ¿Qué sabe de impureza, dificultad, obstrucciones?
En mi cuerpo, desbocada sobre una duna que se desmorona. Voy uncida a una montura desleal: no regresa al origen ni lo desmiente. Ancla, caracola, larga cadena. Lecho del agua, sal de los ojos, ningún asidero.
Nota
(1) Si es que los libros de poesía “avanzan”. La lectura siempre termina por resultar más circular ¿no?
Yanina Audisio (1983). Ha publicado 11 poemarios, entre ellos Hacer el lobo (XXV Premio Latinoamericano de Poesía Ciro Mendía), Mordida por las flores (Mención especial del Premio Municipal de Literatura Luis José de Tejeda 2024) y Pastizal (2025), así como el libro de cuentos Rancho aparte. Tradujo Pájaros de oscuras vocales. Poesía temprana de Dylan Thomas.
Lidia Rocha es profesora de lengua y literatura. Publicó los libros de poesía Aves migratorias (2006), Roma (2010), Así la vida de nuestra primavera (2015), Soltar la casa (2020) y Hechicerías (2024)
by Editorial Excentrica | 11 \11\America/Argentina/Buenos_Aires marzo \11\America/Argentina/Buenos_Aires 2026 | Carrousel, Poesía
La académica patagónica Rayén Pozzi nos acerca una breve reseña, acompañada de una selección de textos, del último libro del poeta Tomás Watkins, publicado recientemente por El Suri Porfiado
por Rayén Pozzi
Nueva Mitología (El Suri Porfiado, 2025) es una reedición ampliada del poemario Mitología de Tomás Watkins, publicado en Neuquén en 2012 por EDUCO, la editorial de la Universidad Nacional del Comahue. Doblando su volumen inicial, el poeta nos invita nuevamente al ritual de la forja de mitos a través de la palabra poética. Con versos de precisión milimétrica, cada poema se arremolina en torno a dos o tres aristas que abren los sentidos de cada mito, revelando una imagen inédita o revisitada de personas, personajes, territorios que integran un amplio acervo cultural. La palabra poética aquí interpela, revitaliza y revaloriza elementos antiguos, modernos o contemporáneos en este labrado de mitos intemporales que trazan los perfiles de la singular poética de Watkins. La articulación de múltiples voces, el erotismo, el humor, la crudeza, la ternura constituyen rasgos sobresalientes de esta apuesta, hábilmente inscripta en nuestro presente histórico para combatir el olvido y la indiferencia.
La heterogeneidad de estos poemas, moldeados en un inconfundible estilo, no sólo permite vislumbrar al poeta como un coleccionista, sino también invita a quienes leen a fundar una propia colección de mitos. “Somos / materia rebelde // Carne / de mitos futuros” augura Watkins en el poema “Epitafio”, abriendo la puerta a una nueva mitología que, en la eterna busca del sentido, continúe nutriendo el campo de la poesía.
Avaaz
La historia
reciente
es reescrita en sutil
explotación
Negocios
distracción
impuestos a la guerra
al confort
Químicos para todo
Por fortuna
un grupo insumiso
trama (im)posibles
Pasa la voz
una canción
busca sanar
Pasa la voz
Quijote
El juicio prepara el concepto
yo
me aferro a mi lanza
y jalo las bridas del viento
Mi cabello se funde en las crines
de lo que es
hacia lo incierto y el futuro
Represento la voluntad del hierro
soy héroe por amor y por olvido
Macky
Loca de Lispector (1)
de la ficción
del amor
Macky
De la clase de luz
que no se extingue
Tu cuerpo
Llyfr Coch Hergest
Páginas rojas y ancianas
hablan del furor de la gesta
Páginas rojas y ancianas
escritas con tinta de espadas
Todo pasado es vértigo
para el apetito del sentido
La historia recoge las migas
del banquete celestial
Los dioses verdaderos
siguen vivos en el viento
Walküre
Ánima amarilla
vuelve a elegirme
mil veces deseo morir
por tu mano
Guíame
al dolor y al placer
al banquete con los dioses
a tu alcoba
Ya no temo
La batalla está perdida
Benigar
Canto hechicero
agua en ascenso
Las ranas crepitan
la luna es la misma
Diosa del primer instante
El extranjero
contempla azorado
Escribe (ama)
salva el silencio
Egipto
Encanto muerto en la arena
el Regalo del Nilo (2)
A la vera de los cocodrilos
las piedras se juntaron
para fundar belleza
con la piel de los esclavos
Prometeo
Has vertido el progreso como el oro
con violenta precisión sobre los hombres
Tu sacrificio amplía el tiempo
y debemos venerar tu nombre oscuro
tus cadenas y tu costado flagelado
XV
Llegaste a tierras mágicas
otra piel aguardaba en las orillas
fascinación es la moneda
lo extraño
avistado en la memoria
Tu fuerza fue la del segundo fuego
escupido por las bocas del progreso
Sekhmet
Terrible fortuna
la cosecha
Leonas y claros de luna
en crueles caminos
desiertos de sangre
Porque
de noche
he sembrado tempestades
Escaldo
Soy quien narra
protagonista y testigo
Vivo si escribo
con pluma o con hacha
Mira cómo blando
el metal del aire
Mira cómo despido hermanos
Cantando
Gilgamesh
Busca en la historia futura
la clave de su lápida
De noche invoca el olvido
Una forma de esperar
sin esperanza
Notas
(1) Durante una entrevista realiza por Tomás Watkins para su proyecto Almacén literario, Macky Corbalán se definió de esa manera.
(2) Definición atribuida a Heródoto.
Tomas Watkins nació en Neuquén. Integró el grupo de poetas “Celebridades” con el que recorrió la Patagonia y el sur de Chile presentando su espectáculo de poesía, música y humor. En coproducción con Radio y Televisión del Neuquén, dirige el proyecto “Almacén literario”, registro audiovisual de escritoras y escritores del Neuquén, por el que obtuvo tres becas del Fondo Nacional de las Artes (2011, 2014, 2021). Es artífice de la creación del Centro Editor, editorial del Consejo Provincial de Educación del Neuquén (2017). Sus últimos libros de poemas publicados son Árboles (2020), Tordos (2021) y Mirage (2021). Su poesía fue incluida en antologías nacionales y extranjeras. Poemas de Nueva Mitología obtuvieron el primer premio de poesía por la Universidad Nacional del Comahue.
Rayén Daiana Pozzi (Río Negro, 1985) es Profesora en Letras (UNCo), Especialista en Literatura hispanoamericana de siglo XX (UNCo) y Doctora en Letras (UNS). Se desempeña actualmente como docente en la cátedra de Literatura argentina (FaHu, UNCo)
by Editorial Excentrica | 2 \02\America/Argentina/Buenos_Aires marzo \02\America/Argentina/Buenos_Aires 2026 | Carrousel, Poesía
Fragmentos del último libro de poemas de la uruguaya Paula Simonetti, publicado por la editorial salvadoreña El Pez Soluble.
*
Es cierto. Nunca te pedí que no me sueltes. Ni que fueras el vaivén. El viento lento que engrandece hasta el yuyo del jardín que descuidaste. Así fue, no fue maldad, solo descuido. Me soltaste. Creció de pronto una tierra desolada. Esa cosa que caía sin remedio, una filtración incontrolable, algo menor. Pero el daño igual que el agua se ensancha de manera imprevisible. Se aprende, ¿sabés?, a caer. El cuerpo se acomoda a esa presión. No avisaste que me ibas a soltar. Eso está ahí. Eso es mi voz que se repliega. Ese es mi pie que retrocede. Esa, mi cabeza que se agacha. Esa, mi piel, la que se enrolla. No sé cómo pero sé que estoy en deuda. Veo cómo me soltás, mucho antes de desear que me sostengas. Y esa imagen inaugura esta obediencia.
*
Yo te miro desde el vidrio y ensayo un gesto de bondad. Sé que hubo una herida. De mirarla tanto me volví mujer. Mi tarea de siempre fue ignorarla. Es preciso cruzar este desierto de tu mano. Ya sabemos: nada va a crecer entre nosotros, pero quién soy yo para cortar el lazo
*
¿Te acordás de aquella medallita? Flotaba en mi pecho contra todos los peligros. Me vería crecer. Me alentaría. Un dios secreto que colgaba en mi centro y suturaba mis heridas. Casi una compensación. Era mi responsabilidad. Me entretenía cuando te esperaba. De un lado a otro de mi boca. Un pedazo de metal era mi espera. ¿Y cuando la perdí? ¿Te acordás que en el medio de mi pecho no había nada? ¿Un hueco? ¿Supiste que detrás del hueco había crecido una mujer sin que la vieras?
*
Creías que un mueble guardaba intacta la carne de tu madre. Le hubieras pedido perdón por tu torpeza, con la casa en penumbras, después de la cena. Vos eras débil, temblabas y sin embargo te expandías. Yo le ponía tu rostro a las cosas grandes. Dios tenía tu frente ancha, tu impostado gesto de bondad. Esa inmensidad me devolvía mi medida justa. La admiración y el miedo, la vista hacia arriba. Cuando tuve tu altura pude observar ese proceso. Lo que empezabas a dar se deslizaba hacia adentro de esa herida. Lo acaparaba todo. Cada pedazo de pan que no ofrecías. No suturaba nunca, se agrandaba. Ahora las cosas grandes me dan pena.
*
No pude amar sin quitarme las manos de la cara, por si acaso. Era una cara distinta, un poco ajada, que recordaba la tierra y nunca el mar. Nació después de ese verano. Tenías la tarea de cuidar, es decir, de interrumpir una cadena de pequeñas distracciones que pudiera matar esa inocencia. No hiciste bien ni hiciste mal. Fue así, como un animal que no especula. Al verano no lo rige la moral. Un poco de aire nos ganamos después de sumergirnos tan profundo. Mirá, ahí está el sol, no te distraigas. Ese invierno me entretuve sacando uno a uno los pellejos. Los puse encima de la mesa, me divertía apilarlos, me esforzaba. Iba mejorando, obtenía cada vez uno más grande. Como vos, no busqué nada. Sin darme cuenta me quité la cara.
*
De esa habitación solo retengo el asunto de las dimensiones. Mi hermano entraba todo en aquel baño. Pensé trancar la puerta y dejarlo solo hasta que pidiera perdón. Pero no teníamos tanta confianza. Vos cabías por entero en la camilla. Estabas blanco, prolijo, recortado. Me espantó dimensionar tu pequeñez. Te miré desde arriba, como nunca te había visto. Esa perspectiva te dejaba inofensivo y dócil. Observé la distancia que nos separaba. Por primera vez eras un hombre, como cualquiera.
*
Sos ese submarino del que apenas hay noticias. Vas a demorarte como una mancha de óxido o de sangre. Esas manchas que vuelven a las playas para espanto de los veraneantes. Las madres auxilian a sus niñas vírgenes. Les quitan la sal que no las hiere. No puede arder. Lo que duele es una suma, una acumulación, casi un reflejo. No hay un punto cero del dolor. Un día el mar se va a imponer sobre esas manchas. Las va a engullir. No te das cuenta, pero así se impone la belleza sobre el mundo. A fuerza de insistir. Solo hay calma y silencio en el ahogo. Y yo voy a gritar porque estoy viva.
Paula Simonetti, poeta uruguaya nacida en Montevideo. Publicó los poemarios En la boca de los tristes (2013), El conocimiento y la ignorancia (2018), Provocaciones para desarmar la escritura (2023), y En deuda (2026). Entre otros, obtuvo en 2012 el Primer Premio de Poesía Joven Pablo Neruda; y en 2017 el Tercer Premio Nacional de Poesía en la categoría Poesía Inédita de los Premios Anuales de Literatura del MEC (Uruguay).
by Editorial Excentrica | 23 \23\America/Argentina/Buenos_Aires enero \23\America/Argentina/Buenos_Aires 2026 | Carrousel, Poesía
Poemas del último libro de Lidia Rocha, publicado por Sigamos enamoradas
1
Que no me falten las ganas ni la fuerza
para cortar tus pies.
Que ate el manto de la noche
con un nudo de sombras.
Y te quedes adentro.
Que festeje la esclavitud de tus labios.
Que celebre el silencio de tu voz.
Así como tiembles no volverás a hacerlo.
Las manos en las manos.
Mi pecho sobre el tuyo.
Y la fusión fantasma para comer tu espíritu.
Quizás adviertas
que un goce semejante no lo has sentido nunca.
Cuando me haya hecho humo de madrugada,
recordarás apenas,
como los peces ciegos
entre los arrecifes.
Yo escribiré la historia.
Serás Nadie.
10
Te di una fiesta de mujeres hambrientas.
Ellas, las comensales; vos, el banquete.
¿Ha sido un sacrificio?
Creí que gritabas de placer.
Sorbieron tus lágrimas.
Te arrasaron.
Yo dirigía el asalto.
¿Me veías reír?
En un ritual así se expande la conciencia.
Prendé la luz ahora.
Estás en mi regazo y el niño que no sos canta.
Te sostengo en el hueco de mi costilla.
Sos mi Eva ahora, mi pequeña.
Decíme: ¿sos mi prisionero?
Hay ventanas abiertas
para que vuelvas a tu vida ordinaria.
¿Has aprendido algo?
Regalaste tu alma a cambio de un hechizo.
12
Si te entrego a otro hombre
es porque tu cuerpo lo pide.
En los engaños del espejo,
cualquier pájaro se clava el pico.
¿En qué pensabas?
¿No te advirtieron sobre los peligros
de beber con extraños?
¿Qué te pone en la boca?
¿No es raro que todo emane una luminosidad cálida,
como si hubieras nacido para ser feliz?
Soy un pozo al que vas a tirarte de cabeza.
Reímos los tres, nos abrazamos
y subís a la rueda de la fortuna.
Las flores se cierran sobre sí hasta asfixiarse
y que sólo quede un aroma de siega.
Así es como obra el conjuro,
Así destila su magia.
13
¿Qué artista de altura aceptaría una red?
Nuestro juego es sin resguardo.
No me mires con esos ojos quietos y azules,
vos sabés que el deseo
librado a sus ensueños
sólo acaba en el crimen.
Te dejo ondular en el lago de la buenaventura.
A nuestro alrededor flotan flores anestesiadas.
Sellaste tu esclavitud por un veneno.
Tu única libertad
es la puerta de embarque.
21
La belleza es un problema.
Me pedís que alguna vez sea más tierna,
que te abrace.
Como si así no fuera yo a engrosar
las filas de tus seguidoras.
Como si no quisiéramos todas
verte sangrar el labio.
Besarlo así.
Quererte así, roto.
Mejor si están tus manos atadas a la pared.
Mejor aún si estoy sobre tus piernas
y aprieto tu cuello con mis manos.
No sé si creés que conozco este juego,
que no voy a cancelarte la línea de la vida
de un tajo sobre la palma izquierda.
En la apnea otros son los milagros,
otra la intensidad.
O mejor, mejor aún, comerte,
comerte mientras mi pie se clava en tu garganta
y sabés que me bastaría un golpe de talón.
De tales estallidos emergés como un pez fuera del agua.
Y el oxígeno que entra tan de a poco,
en un goteo de álamos dormidos en la niebla.
Después pedirás más.
Después pedirás eso.
Voy a decir que no.
No vaya a ser que te acostumbres.
Y que no quieras otros regalos de menor importancia.
O que tales ofrendas se te hagan cotidianas.
Y ya no me agradezcas.
Lidia Rocha es profesora de lengua y literatura. Publicó los libros de poesía Aves migratorias (2006), Roma (2010), Así la vida de nuestra primavera (2015), Soltar la casa (2020) y Hechicerías (2024), del cual forman parte los poemas anteriores inspirados por La Venus de las pieles, novela del escritor austriaco Leopold von Sacher-Masoch.
by Editorial Excentrica | 19 \19\America/Argentina/Buenos_Aires enero \19\America/Argentina/Buenos_Aires 2026 | Carrousel, Entrevista
Por Leandro González de León y Laura Vazquez Hutnik*
Una entrevista sobre humor, arte y compromiso en tiempos difíciles.
Arquitecto, humorista gráfico e ilustrador, Sergio Langer inició su carrera en Humor Registrado en 1979. Publicó en Rico Tipo, Página 12, Barcelona y Clarín, donde durante años realizó, junto a Rubén Mira, La Nelly. Editó numerosos libros, entre otros Langer Blanco y Negro, Manual de historia argentina: De Carlos a Néstor, Burroughs para principiantes y Judíos. Su obra fue reconocida con premios en Japón, Brasil, Alemania y Taiwán. En 2022 recibió el Diploma al Mérito del Premio Konex por su trayectoria en la última década. \
¿Cómo te encontrás en este momento, Sergio?
Bien, bien. Pasaron muchas cosas. Estamos hablando de la post-pandemia. De alguna manera uno ya está acostumbrado a estar tipo en modo Ana Frank: los dibujantes solemos estar solos mucho tiempo dibujando. Con la pandemia en su momento sentí que era más una especie de aventura medio rara, bizarra, pero a la distancia se notan los efectos, sobre todo en los pibes más jóvenes.
La sociabilidad siempre ha sido importante en tu trabajo, se ve en lo querido que sos. Apenas apareció tu nombre en redes sociales nos llegaron comentarios por todos lados: el groso, el maestro, el monstruo, pero además el amado Sergio Langer. Contanos de tu espacio laboral, dónde trabajás…
Para mí el taller, el espacio, es fundamental. Soy canceriano, me gusta estar abrigado en un lugar que me guste. Después de que ganó Macri, ‘’casualmente’’ nos rajaron de Clarín. Yo estuve casi 20 años en Clarín, en distintos suplementos, Turismo, Arquitectura y Zona, que dirigía María Seoane. Y cuando salió la tira La Nelly, en 2003, que hicimos junto con Rubén Mira, estuvimos casi 14 años. Éramos como una especie de infiltrados en el diario, porque nos matábamos de risa. Lo disfrutamos, fue un goce total. Sabiendo que estábamos en el nido de la serpiente, siempre. Lo hicimos con un clima festivo y siempre tratando de correr el límite lo que se pudiera.
Y cuando nos rajaron en 2015, no fue casual. Ya la guerra la habían ganado los tipos. Después de 200 tapas contra Cristina, contra los K, ya estaba listo. Con la televisión era una blitzkrieg, por decirlo de alguna manera. Una guerra relámpago que no fue tan relámpago, porque duró como 15, 20 años. Y bueno, ganaron… ¿Para qué querían un par de humoristas satíricos que hacían un grotesco y que se cagaban de risa? Nos rajaron al mes que subió Macri. Me vino bárbaro porque con la indemnización pude armar mi búnker en Paternal.
Que tiene nombre, ¿no?
Sí, es el Espacio Dickman. Ahí mi hija tenía un lugar para tatuar. Fue una especie de micro, mini centro contracultural, o no sé cómo llamarlo. Fue en el momento más interesante en el cual podía tener mi propio estudio cuando ya dejó de haber laburo. Porque ya está, no hay soporte de diario. Salvo los que ya están en algunos diarios en papel, que igual ¿quién compra un diario? Ni sé lo que vale un diario. Pensé que jamás prescindiría del diario en papel, como una especie de ritual que uno tiene.
¿Te quedaste ahí en tu búnker?
Sí, en el momento en que ya dejó de haber laburo. El año pasado me jubilé y pensé, ¿qué es eso, jubilarse? Siempre estuve por el borde del sistema, a nivel ideológico, porque laburé para los medios gráficos, desde los más pequeños fanzines hasta medios hegemónicos. Sin embargo, siempre sentí que estaba ahí, siempre haciendo lo que yo hago. Y de repente dejó de haber laburo. Me jubilé y empecé a hacer cosas que nunca hice. Empecé a dibujar en grande, pasé a otra escala. Hice dos muestras: una en Córdoba, otra el año pasado en Rosario. Empecé a hacer cerámica. Estoy en un espacio donde hago cerámica y hago tanques de guerra. En lugar de estar internado en un hospital de día, hago eso.
Comenzaste a hacer La Nelly en el año 2003, post-menemismo…
María Seoane me dijo que La Nelly tenía que ser como Mafalda… Yo la miré y dije, no, no… En todo caso como Susanita después de tres abortos, porque La Nelly salía con una motosierra, muy alejada de Mafalda. Yo no tenía nada que ver con Mafalda, a pesar de que estaba en Clarín y que se supone que ahí tenés que ser lo bien pensante y lo correcto, que es Clarín representando a la clase media. Pero justamente en ese lugar nosotros es donde metíamos la cuchara.
¿Y hoy lo bien pensante dónde queda?
Y hoy lo bien pensante está en todos lados… Votarlo a Milei era lo no bien pensante y lo disruptivo, lo punk, porque a la gente no le quedó más remedio. Quedó inerme ante un escenario donde era mucho más apasionante votar a un tipo con una motosierra en un camión que al boludo de Massa. Yo no soy un politólogo, pero mientras se los cuento lo voy pensando.
Igualmente pensar en la deriva de la clase media entre Mafalda y La Nelly, la consigna de pensar dónde estaría Mafalda en 2003 está en la génesis…
Entre Mafalda y La Nelly hubo 30.000 desaparecidos. Y la crisis del 2001. Estábamos tratando con El Colo (Rubén Mira), que es un cráneo —yo lo amo, es un capo ese chabón, a mí me ayudó a aclarar, a saber cuál es mi trabajo, es un gran artista—, él sobre todo estaba preocupado por saber qué era y cuál era el signo de los tiempos que estábamos atravesando mientras hacíamos la tira, qué era el kirchnerismo. Entonces era apasionante. Llegamos a hacer a Cristina bailando en el caño y fue una de las pocas tiras que nos rebotaron. Porque era antes de la pelea entre kirchnerismo y Clarín.
¿Se publicó después?
No. No la publiqué en ningún lado. La tengo en una carpeta que dice ‘rebotado, cancelado’.
Pero tenemos El libro de oro de La Nelly, que es un gran libro, un lingote…
El libro es un compendio, es una historia de cómo construimos la tira con El Colo, con Rubén. Es diseñado por Rubén…
¿Volverías a hacer la tira?
Qué se yo… A mí me encanta el personaje y sigue vigente. Ayer en la movida de la Gran Paternal en la que estoy, una movida de casi cincuenta talleres que dos veces al año salen a mostrar sus trabajos, proyectamos en unas paredes de un edificio gigantesco con un grupo que se llama Horrenders, por el tema de la gentrificación… Tuve el honor de que pasaron mis tiras de La Nelly del 2007, una saga donde La Nelly se va a la terraza a tomar sol y le hacen en una hora, dos torres express de 30 pisos. Esa es la saga, dura un mes. Desde el 2007, casi 18 años, y está vigente todavía. Ahí me doy cuenta, ¿no? Está bien que era una obra que hacíamos juntos con El Colo, y que yo lo diga no tiene mucha gracia, pero reconozco que es así… Viste cuando se genera una tercera mente, ¿no? La mía más la del Colo, otra cosa. Es así cuando salen verdaderos resultados artísticos zarpados.
Estaría buenísimo que salgan en redes, en donde sea. Porque necesitamos un personaje crítico.
Sí, pero claro, lo que pasa es que ahí tenés que jugar en las redes, en TikTok, los reels. Y yo no sé ni cómo hacer, empezar a hacer eso, no tengo idea. Y soy muy vago. Pero estoy igualmente. Y ahora son tiempos terribles. Lo de Gaza es increíble. Yo siempre me puse en valor mi condición de judío con un orgullo, porque para mí ser judío era ser antifascista. Y mirá a lo que llegamos, a este exterminio.
La cuestión autobiográfica te atraviesa y lo contás con dolor.
Sí, lo cuento a veces. Lo conté tantas veces, a veces te conectás con la emoción y a veces no. Mi vieja era sobreviviente de un campo de concentración en Ucrania. Mataron a toda su familia, judíos. Yo me crié con eso y con el Estado de Israel como una especie de respuesta, la creación de un hogar para los judíos, porque en Europa no dieron respuesta. De hecho fue un genocidio. Entonces yo además sionista, con una perspectiva humanista o de izquierda, si querés. Pero nada, después del 7 de octubre me di cuenta que todo ese relato escondía un dolor muy grande de la gente que ya estaba, del pueblo palestino que fueron expulsados, la Nakba. Eran 800.000, 750.000 palestinos. Yo eso lo supe siempre, pero me crié en un ambiente en el que era más fuerte la idea de que por fin Israel tiene un ejército y puede defender a sus ciudadanos, y todos somos hermanos y todos los judíos del mundo tienen derecho a ir a vivir. Yo me crié con eso.
¿En qué años estuviste en Israel?
Siempre hubo familia. En el año 79 fui a un kibbutz, porque para mí el link con el Estado de Israel eran las granjas colectivas, el socialismo. Pero en ninguno de esos relatos estaban los palestinos. Era como un fantasma. Los palestinos, sí, un territorio para dos estados, dos pueblos hermanos, pero no pasó nada de eso. Y fueron justamente los gobiernos laboristas los que fundaron el Estado. No hicieron un carajo y se fue derechizando cada vez más.
¿No hay un pueblo, un margen al menos que resista?
Sí, hay un diario muy conocido que es Haaretz que refleja a un 20% de la sociedad israelí, a las universidades,a una clase media progre, que es la oposición a Netanyahu… Tampoco es que Netanyahu secuestró al Estado y es un fanático junto con otros tres. Representa la opinión de la sociedad. Después del atentado del 7 de octubre, sí, pero bueno… O sea, si después de 80 años de humillaciones, de asesinatos, de bombardeos, ¿qué podés esperar? ¿Que te vengan con una caja de bombones? Yo me he distanciado de muchos amigos y familiares por expresar mis opiniones o por mis dibujos contra el Genocidio del pueblo Palestino.
Salvando las distancias con lo que contabas antes de Argentina (porque queda doméstica la grieta política argentina contra esto, que es la grieta más universal que hay) pero igual no dejamos de pensar en la soledad del que se queda entre grietas o queda al margen de eso. En ambas historias te vemos defendiendo ideas que no encajan en un escenario de polarización…
Yo colaboraba en un medio que se llama Nueva Sion. Un medio que se creó cuando se creó el Estado de Israel, lo fundó Avraya Rottenberg, que es el padre de Ariel Roth y de Cecilia Roth. A mí nunca me gustó mucho el nombre Nueva Sion, pero bueno, yo hacía los chistes más disruptivos. Después del 7 de octubre, en el grupo de WhatsApp, sentí que estaba todo como demasiado tibio. Había un consenso en que había que responder, esto no podía ser. Entonces empecé a subir cosas que tenían que ver con el contexto y nadie me contestaba. Cuando vi el grado de ferocidad con la que el Estado de Israel se fue derechizando en segundos, me bajé, me fui y renuncié.
No había lugar para el humor…
No, simplemente me di cuenta que estaba en el lugar equivocado. Y me llegaron a decir: ‘Che, no es momento para que pongas eso’. Otro tipo me dice: ‘¿Por qué subís esa mierda? Le podía haber pasado a tu hija’. Otro me decía: ‘¿Cuándo un chistecito para este lado?’ Entonces, ahí hay como un parteaguas zarpado. Hay que atravesarlo como pueda. Yo la verdad que no sé. Simplemente les cuento lo que me está pasando.
Te la jugás sabiendo que por ahí perdés afectos, que perdés no solo laburo, que perdés afectividad, que perdés amor…
Sí, me da pena eso. Pero lo estoy transitando, no sé. Estoy evaluándolo mientras me voy cayendo en ese abismo.
Además hay proyectos artísticos relacionados con este tema en los que estás trabajando.
Sí, me crucé con la gente de Tinta Limón, que es una cooperativa editorial, y me ofrecieron hacer la tapa de un libro de Bifo Berardi, después la tapa de otro libro con la cuestión de Gaza. Entonces, a partir de ahí surgió la posibilidad de hacer en la Casona de Flores, en el marco de la feria editorial que se hace todos los años, una muestra. Era de dibujos míos, pero en un momento dije: bueno, vamos a abrir el juego, vamos a hacer una muestra colectiva. Y se me fue un poco de las manos, porque ya somos como 40 artistas. Yo soy el curador, cuando nunca fui curador, ni nada. Tengo la voluntad de juntar gente siempre, me da vértigo y miedo, porque es una situación donde estás exponiendo, te estás exponiendo. Entre los más conocidos están Marcia Schwartz, Roberto Jacoby, Maitena, Isol, Chichoni, Scafati, Nacha Vollenweiderl, María Alcobre, y un montón de dibujantes menos conocidos pero de mucha trayectoria, amigos y colegas. Muchos no saben qué hacer porque tienen miedo de hacer algo que sea molesto o los acusen de antisemitas Y digo: hacé lo que se te cante. Esto es una emergencia, es algo improvisado, es un acto político. Es una acción. Estoy en ese lugar como un referente, y eso me da un poco de miedo y al mismo tiempo me motiva.
Va a repercutir en medios y va a generar también broncas. Pero es la idea, ¿no? Mover el avispero.
Bueno, sí, a mover un poco. Lo que no se puede es que se esté quieto. Y además yo, como judío, yo tengo que estar acá. Yo no puedo tolerar esto. A mi familia la masacraron en Europa. ¿Por qué tengo que estar tolerando esto? ¡Al contrario! ¡Hay que parar este genocidio!
Estás actuando con tu coherencia y argumentado…
Sí. Y yo lo abordo desde el humor negro, que es lo que a mí me convoca.
Acá nos ponemos más académicos… ¿Qué es el humor negro?
El humor negro es reírte de algo horroroso. Poner en el primer plano una situación que es horripilante y es dolorosa y darle una vuelta y que la chispa de la risa se prenda. Pero es notable, no es un invento mío. Es algo que te sale. No hay límites. Si no hay límites para el horror, ¿por qué va a haber límites para reírse de ese horror? Eso lo pensé después del atentado terrorista en la revista francesa Charlie Hebdo, cuando mataron a doce dibujantes y periodistas que laburaban ahí, todos decían: ‘Ah sí, pero ¿cuáles son los límites? Porque estos tipos se reían del Islam, de los judíos, los neonazis…’ Y yo, ¿qué? ¿No te podés reír? Pero claro, si yo hubiera estado en Francia hubiera estado colaborando en Charlie Hebdo. Pero también, estar en Buenos Aires en ese contexto era estar en Disneylandia. Yo hacía unos chistes sarpados con el Islam y con los judíos. Acá siempre se vivía un clima donde la libertad de expresión no estaba en juego.
El tema es que también no te gane el miedo. Hoy hay mucha autocensura, incluso a veces impulsada por la gente común, por los usuarios en las redes…
Y también desde el progresismo hubo mucho de eso… Yo colaboro con una revista en España que se llama Mongolia. Hice un chiste sobre una violación en manada que pasó ahí, hice varios chistes. La tapa de Mongolia era la justicia golpeada. Publiqué 6, 7 chistes, historietas de humor negro. Y uno de esos chistes lo subí en mi Instagram acá y me recontraputearon. Yo tenía ahí en Espacio Dickman un lugar donde se juntaba un colectivo de artistas disidentes, La Línea Peluda, que eran en su mayoría feministas . Un día yo estaba emocionado por tener a esas minas en mi espacio y al otro día yo era un falocrático burgués machirulo por ese chiste de humor negro…
¿Cómo lo viviste?
Mal, mal… Lo borré en un momento, fue mi primer contacto con las cancelaciones.
Tuviste el problema en una redacción tradicional en Clarín, que te dicen: no, esta tira no sale, y años después, en un espacio autogestivo y en redes sociales, te cancela el feminismo…
Un nuevo paradigma, jugar en las redes y bueno, bancátela, aprendé a jugar en las redes. Y eso genera empobrecer la obra.
¿Hay un origen del humor negro, de esa pasión por molestar, por esa crítica corrosiva? ¿Dónde lo acordás, es tu familia, en el inicio de tu trabajo?
Me parece que era una buena herramienta para abordar mi propia historia dolorosa. Si vos hacés humor, encontré que con un personaje como Mamá Pierri, que yo hacía en la revista Barcelona, con un personaje abiertamente fascista, yo podía meterme en la piel de un fascista y burlarme de los progres, del progresismo. Es un mecanismo… Después está Capusotto con Violencia Rivas, todo el tiempo satirizando y parodiando al fascismo. Yo estoy dentro de esa corriente. Encontré que esa era la única manera. ¿Qué voy a hacer? ¿Voy a bajar línea? “No chicos, esto está mal”, eso no hace reír a nadie. Entonces encontré una complicidad con mucha gente que se reía de eso y la Barcelona era ideal.
En Judíos también está muy presente.
Yo lo veo tibio ahora, porque tiene 10 años. El libro fue para mí como una especie de álbum blanco medio cachivachesco porque puse todo. El minimalismo no es lo mío. Entonces me gustaría hacer una edición nueva con todo lo que hice ahora, pero tendría que ser la mitad de ese libro. Mi fantasía es hacer una edición para poder publicarla en Europa. Pero imagínate ahora, en este contexto es imposible, iría en cana por antisemitismo, un delito de odio, jaja…
Queríamos preguntarte por Lápiz Japonés.
Empecé en la revista Rico Tipo,que dirigía el gran Ferro, después fui a la revista Humor donde publiqué mi primer dibujo en el 79. Entonces, yo lo que aspiraba era hacer mejor haciendo humor gráfico y publicar en medios. Si podía publicar en Playboy, publicaba, y de hecho publiqué en Playboy de acá y de España. Mi aspiración era crecer en eso, nada más alejado de lo contracultural. Después de haber hecho todo ese recorrido me crucé con Diego Bianki, con otros artistas: con Elenio Pico, con Ral Veroni, con Rapa Carballo, Sergio Kern. A los treinta y pico de años empecé a explorar lo under, lo contracultural, directamente lo alternativo y lo independiente.
Entonces hicimos Lápiz Japonés número uno, número dos, número tres y un cuarto. El primer número fue muy loco porque le hicimos un Quaker que se abría la tapa y estaba troquelado. Era la tapa de una caja de Quaker y había una mina arrodillada de espalda como rezando y el quakero sonriendo, era una intervención Pop. Entonces la Quaker nos clavó un juicio por 100.000 dólares.
Lápiz tiene que estar reeditado, pero primero podemos buscarte un abogado…
El abogado nuestro fue Pablo Jacoby, hermano de Roberto Jacoby, que es un referente del arte contemporáneo. De hecho, en el juicio, Roberto estuvo presente para darnos una mano. Oscar Steimberg fue también testigo, porque queríamos mostrar, decir: “che, loco, esto es pop art, no jodas”. Decían que era obsceno y no pudieron demostrar eso. Jacoby le dijo al juez, que la defensa que la mujer estaba agradeciendo al tipo. Le estaba haciendo un pete, pero no se veía en ningún momento, la tipa estaba agachada. ¿Dónde hay algo obsceno? No había. Entonces, bueno, el juicio duró como 4 años y finalmente desistieron de avanzar en eso porque dijeron: ‘bueno, no pueden volver a usar nunca más la imagen sin pedir autorización’.
Pusimos con Diego cinco mil dólares cada uno. Yo que sé, me podía comprar una moto con cinco lucas, pero no era mi mambo. El fanzine de lujo duró cinco años y se armó la comuna del Lápiz Japonés. Participaron artistas, dibujantes de historieta, fotógrafos, periodistas. Fue un parteaguas en la escena de las ediciones independientes y de experimentación gráfica, quedó como algo de culto hasta el día de hoy.
Siempre en la academia vuelve. Hay monografías, trabajos. Es de culto.
Yo venía de un viaje por Nueva York donde estuve casi un año y había conocido a Art Spiegelman, el autor de Maus. Yo era un pichi… Yo me estaba construyendo como artista. Y en ese viaje me acuerdo que vi la revista Raw. Entonces vine con todo eso y después me crucé con Diego e hicimos Lápiz Japonés.
¿Compartiste con Spiegelman? ¿Le dijiste que también eras sobreviviente?
Sí, estuve en su casa en 1991 en NY, con mi inglés de mierda, jaja. Ese día él había invitado a Víctor Mora, que era un guionista español muy conocido, el guionista del Capitán Trueno, una historieta de los años 50 que Spiegelman leía de chico y era muy fan. Me acuerdo que cuando llamé a Spiegelman, me dijo: ‘bueno, va a venir Víctor Mora, let’s have a Spanish night’. Fue un encuentro muy genial…
Él también está ahora muy comprometido con Gaza, trabajando en una obra de eso. Con Joe Sacco se juntaron.
¡Sí, tal cual! Joe Sacco es un capo total, aún no pude ver esa obra que hicieron juntos.
Te queríamos preguntar por la persistencia. Pasaste por muchos escenarios difíciles y persististe.
Lo tengo naturalizado. No siento que haya hecho un esfuerzo o un trabajo adicional, o me puse en peligro, o me expuse. No es que no tengo conciencia del peligro, no. Yo soy bastante cagón, pero en este caso puntual, no puedo. El desafío en estos momentos es con los amigos y familiares más queridos que piensan y sienten tan distinto.. O sea, vos podés guardarte el ego y no ir con la remera palestina al casamiento de tu primo sionista, eso no va a parar el Genocidio.
Me identifico más con lo punk y con la provocación, esa es mi impronta, mi persistencia a través de los años, pero con el tiempo aprendí a no exponerme al pedo… A veces por ahí no me doy cuenta. Tiene que valer la pena. Hablando un poco de Medio Oriente, no quiero martirizarme, pero me fui acomodando a los distintos procesos de una manera natural, quizás salvaje, sin traicionar mis convicciones más profundas, aferrándome a esa tabla de salvación que es el humor.
*Entrevista realizada en Nadie podrá impedirlo (FM La Tribu) el 22 de septiembre de 2025. Desde diciembre de 2025, Lápiz Japonés está disponible en el Archivo Histórico de Revistas Argentinas https://ahira.com.ar/revistas/lapiz-japones/
Laura Vazquez Hutnik es doctora en Ciencias Sociales (UBA), investigadora independiente del CONICET y profesora en UNA y UTDT. Autora de El oficio de las viñetas. La industria de la historieta en Argentina y de Fuera de cuadro. Ideas sobre Historieta.
Leandro González de León (Buenos Aires, 1986) es licenciado en Comunicación (UBA) y maestrando en Sociología de la Cultura y Análisis Cultural (UNSAM). Conduce el ciclo Nadie podrá impedirlo, por FM La Tribu.
by Editorial Excentrica | 15 \15\America/Argentina/Buenos_Aires enero \15\America/Argentina/Buenos_Aires 2026 | Carrousel, Poesía
Poemas inéditos de la poeta mexicana Sveltana Garza
Hay un pasaje de la biblia
que habla de mi padre
y de mis hermanas:
Ese en el que Noé se embriaga
¿sin querer?
y tira su ropa y su pudor al piso
y se tambalea por sus viñedos.
Uno de sus hijos lo ve
y avisa a sus hermanos.
El hijo que acusa a su padre
queda maldito.
Los otros dos van por un manto
caminan de espaldas hacia Noé
para no ver su cuerpo
para no ver si impudor;
lo cubren y lo llevan a casa…
Decía la maestra
que la moraleja de la escena
es que a veces los hijos
deben voltear la mirada
ante los pecados de los padres
ante los errores de los padres.
Una de mis hermanas y yo
(Quizás porque leímos la biblia,
quizás porque somos adoptadas)
hicimos eso mismo:
La vista gorda
al alcoholismo de mi padre
Pero la menor no tuvo tanta suerte
Ya lo había visto desnudo
Ya lo había visto tambalearse
Ya lo había visto
Y la maldición de la ira fácil
cayó sobre el Canaán de su vida
y ahora no puede ver a los hombres…
sin ver su desnudez
sin ver a mi padre
sin odiar a mi padre.
Alivio
Cuentan que, en los Mochis,
ya se iba cayendo,
llevaba todo el hocico sangrando
Corrido del Caballo Blanco
Al fin murió mi padre.
Ya no más su enfermedad en la cocina
Ya no más servirle primero en la cocina
Ya no más su violencia en la cocina
Ya no más sus tambaleos torpes,
en el pasillo, y en la sala
y en la cocina
Su puño sobre la mesa
Su prótesis dental
Su bolsa urinaria
Sus ronquidos estentóreos,
categóricos como puñetazos,
sus puñetazos en la mesa
Ya no más
sus huesos rotos
regados por el pasillo
para que los nietos se tropiecen
de cara contra el azulejo
Ya no más su úlcera reventada
en el desayuno, en la cena
en la comida familiar,
ya no más garbanzos de a libra
Ya no más su próstata en la sala
a la vista de todos
entre el retrato de la abuela
y el de los niños
Ya no más su miembro flácido,
en las camas nupciales
de su esposa y de sus hijas,
exprimiéndose en el urinal
Ya no más muletas en la cajuela
andador en la cajuela
silla de ruedas en la cajuela
“Tráete unos pañales
ya que vas a salir”
Ya no más:
“Está frío”
“No sabe a nada”
“Quítame el plato”
Ya no más
“Boladehuevonas”
“Tu chingado gato”
“A ver si te acomides”
“¿Y esa blusita es nueva?”
“¿Quién es ese que te vino a buscar?”
Ya no más:
“Siéntese bien”
“Aquí no es cantina”
Ya no más decirle “mija”
a las enfermeras
en su cara
Y “la pinche vieja esa”
a sus espaldas
Ya no más su “esas no son formas”
Ya no más
“Caballo de la sabana”
“Perdieron tus patriotas”
“Al mar se le respeta”
“Esas son pendejadas”
Ya no más “mi reina” donde iría tu nombre
“Sé me fue tu nombre”
Ya no más jugo de naranja
recién exprimido
Ya no más naranjas en sacrificio
Ya no más sacrificio
“Ayúdame a levantarme”
“Ayúdame a ponerme el reloj”
“A amarrarme los zapatos”
“A poner la tele”
“A programar la tele”
“A cortarme las uñas de los pies”
“Ayúdame a limpiarme el culo”
“Ayúdale a tu mamá”
“Ayúdame a morir”
Ya no más navidades en la del valle
Ya no más “pobre de tu papacito”
Ya no más su tos, sus gases, sus flemas
sus movimientos intestinales
Ni su demencia senil,
Ya no más salas de espera
Ya no más sus orines y su mierda encima
Ya no más su dolor
Hijo de tigre
“Mi amor por ti
Me enseñó a nadar,
a andar en bici,
a gritarle a la tele,
a beber como cosaco,
a beber como los hombres,
a beber como malmarido,
a regresar siempre, aunque sea ebrio,
a manejar ebrio,
a morir como un buen borracho…
como un buen hombre
Cuidadora paliativa
Yo solía tener un nombre
algo con luz en la raíz.
También tuve un amor
con más raíces que luces.
¿A quién engaño?
Tuve un chingo
de amores… y de nombres,
suficientes
para sembrar la duda
También solía tener la noche.
La noche,
de la que todos se creen dueños,
era mía.
Ahora son tuyas todas,
más que tuyas,
de la sala de espera
También solía tener hermanas,
hermanas diurnas
y tan esbeltas
que no les hacía falta sombra.
Y en el esbelto hueco que dejaron
ahora tengo enemigas
Yo solía tener una madre
y suficientes reproches
para llamarla mía,
con risos perfectos,
que de puro mezquina
no le heredó a nadie.
Yo solía tener una madre
con más lunares
de los que ha habido estrellas.
Yo solía tener una madre
pero se murió en la cama
donde tu rehusabas morirte
donde todas te ahuyentábamos la parca
Yo solía tener una vida
pero con el superpoder de tu sonda
la absorbiste en la tuya
Funeral para un planeta
Marte, despierta
Pobre planeta rojo,
aprendiendo
a golpes de meteoro.
Hay planetas que
no han nacido nunca
y tú has muerto
ya tantas veces.
Marte ha tenido
una vida dura,
sobre todo
después de muerto
Es incapaz de vida nueva
no sabe cómo sanar
No va a volver a caminar nunca
pero tampoco muere para siempre
Despierta, Marte
si hace frío
canta
si quema
canta
Abre los ojos, Marte
contempla las estrellas
entrégate al infinito
Svetlana Garza (México) es profesora de la Escuela Nacional de Lenguas, Lingüística y Traducción (ENALLT) de la UNAM. Publicó los poemarios La Rinoceronta en el cuarto” y Bestiario de mis exxxes.