Poemas sobre la inmortalidad de mi padre

Poemas sobre la inmortalidad de mi padre

Poemas inéditos de la poeta mexicana Sveltana Garza

 

Hay un pasaje de la biblia

 

que habla de mi padre

y de mis hermanas:

Ese en el que Noé se embriaga 

¿sin querer?

y tira su ropa y su pudor al piso

y se tambalea por sus viñedos.

Uno de sus hijos lo ve

y avisa a sus hermanos.

El hijo que acusa a su padre

queda maldito.

Los otros dos van por un manto

caminan de espaldas hacia Noé

para no ver su cuerpo

para no ver si impudor;

lo cubren y lo llevan a casa…

Decía la maestra 

que la moraleja de la escena

es que a veces los hijos 

deben voltear la mirada

ante los pecados de los padres

ante los errores de los padres. 

Una de mis hermanas y yo

(Quizás porque leímos la biblia,

quizás porque somos adoptadas)

hicimos eso mismo:

La vista gorda

al alcoholismo de mi padre

Pero la menor no tuvo tanta suerte

Ya lo había visto desnudo

Ya lo había visto tambalearse

Ya lo había visto

Y la maldición de la ira fácil

cayó sobre el Canaán de su vida 

y ahora no puede ver a los hombres…

 

sin ver su desnudez

 

sin ver a mi padre

 

sin odiar a mi padre.

 

Alivio

 

Cuentan que, en los Mochis, 

ya se iba cayendo, 

 llevaba todo el hocico sangrando

Corrido del Caballo Blanco

 

Al fin murió mi padre.

 

Ya no más su enfermedad en la cocina

Ya no más servirle primero en la cocina 

 Ya no más su violencia en la cocina 

Ya no más sus tambaleos torpes,

en el pasillo, y en la sala      

y en la cocina

Su puño sobre la mesa

Su prótesis dental

Su bolsa urinaria 

Sus ronquidos estentóreos,

categóricos como puñetazos,

sus puñetazos en la mesa 

 

Ya no más 

sus huesos rotos

regados por el pasillo

para que los nietos se tropiecen 

de cara contra el azulejo

 

Ya no más su úlcera reventada

en el desayuno, en la cena

en la comida familiar,

ya no más garbanzos de a libra

 

Ya no más su próstata en la sala

a la vista de todos
entre el retrato de la abuela 

y el de los niños

 

Ya no más su miembro flácido,

en las camas nupciales

de su esposa y de sus hijas,

exprimiéndose en el urinal  

 

Ya no más muletas en la cajuela

andador en la cajuela

silla de ruedas en la cajuela 

“Tráete unos pañales

ya que vas a salir”


Ya no más: 

“Está frío”
“No sabe a nada”

“Quítame el plato”

Ya no más
“Boladehuevonas” 

“Tu chingado gato”

“A ver si te acomides”

“¿Y esa blusita es nueva?”

“¿Quién es ese que te vino a buscar?”

Ya no más:

“Siéntese bien”

“Aquí no es cantina”
Ya no más decirle “mija” 

a las enfermeras 

en su cara

Y “la pinche vieja esa”

a sus espaldas 

Ya no más su “esas no son formas”

 

Ya no más

“Caballo de la sabana” 

“Perdieron tus patriotas”

 “Al mar se le respeta” 

“Esas son pendejadas” 

 

Ya no más “mi reina” donde iría tu nombre

“Sé me fue tu nombre”

 

Ya no más jugo de naranja 

 recién exprimido

Ya no más naranjas en sacrificio

 Ya no más sacrificio

“Ayúdame a levantarme” 

“Ayúdame a ponerme el reloj” 

“A amarrarme los zapatos”
“A poner la tele”

“A programar la tele”

“A cortarme las uñas de los pies”

“Ayúdame a limpiarme el culo”
“Ayúdale a tu mamá”
“Ayúdame a morir”

 

Ya no más navidades en la del valle

Ya no más “pobre de tu papacito”

Ya no más su tos, sus gases, sus flemas 

sus movimientos intestinales

Ni su demencia senil, 

Ya no más salas de espera

 

Ya no más sus orines y su mierda encima 

Ya no más su dolor

 

Hijo de tigre

 

“Mi amor por ti

Me enseñó a nadar,

a andar en bici,

a gritarle a la tele,

a beber como cosaco,

a beber como los hombres, 

a beber como malmarido,

a regresar siempre, aunque sea ebrio,

a manejar ebrio,

a morir como un buen borracho…

como un buen hombre

 

 

Cuidadora paliativa

 

Yo solía tener un nombre 

algo con luz en la raíz. 

También tuve un amor

con más raíces que luces. 

¿A quién engaño?

Tuve un chingo

de amores… y de nombres,

suficientes 

para sembrar la duda

 

También solía tener la noche.

La noche, 

de la que todos se creen dueños,

era mía. 

Ahora son tuyas todas,

más que tuyas,

de la sala de espera 

 

También solía tener hermanas, 

hermanas diurnas 

y tan esbeltas 

que no les hacía falta sombra.

Y en el esbelto hueco que dejaron 

ahora tengo enemigas

 

Yo solía tener una madre 

y suficientes reproches

para llamarla mía,

con risos perfectos, 

que de puro mezquina

no le heredó a nadie.

 

Yo solía tener una madre

con más lunares 

de los que ha habido estrellas.

 

Yo solía tener una madre

pero se murió en la cama

donde tu rehusabas morirte 

donde todas te ahuyentábamos la parca

 

Yo solía tener una vida

pero con el superpoder de tu sonda

la absorbiste en la tuya

 

Funeral para un planeta

Marte, despierta
Pobre planeta rojo,
aprendiendo
a golpes de meteoro.

 

Hay planetas que
no han nacido nunca
y tú has muerto
ya tantas veces.

Marte ha tenido
una vida dura,
sobre todo
después de muerto

Es incapaz de vida nueva
no sabe cómo sanar 

No va a volver a caminar nunca
pero tampoco muere para siempre 

Despierta, Marte
si hace frío
canta
si quema
canta

Abre los ojos, Marte
contempla las estrellas
entrégate al infinito 

 

Svetlana Garza (México) es profesora de la Escuela Nacional de Lenguas, Lingüística y Traducción (ENALLT) de la UNAM. Publicó los poemarios La Rinoceronta en el cuarto” y Bestiario de mis exxxes.

¿Se puede criticar? A un año de la muerte de Beatriz Sarlo

¿Se puede criticar? A un año de la muerte de Beatriz Sarlo

 

Por Leandro González de León

El pasado 17 de diciembre se cumplió el primer aniversario del fallecimiento de Beatriz Sarlo. Una oportunidad para preguntarse qué se pierde con su muerte, qué prácticas y qué gestos se hacen necesarios en su ausencia.

En una de sus últimas entrevistas públicas, en el streaming Gelatina, Sarlo se refería a la dificultad de “distinguirse como interlocutor cultural en un momento donde todo es pluralismo estético”. Su último libro publicado en vida, Las dos torres (Siglo XXI) reúne escritos en torno al lugar de los intelectuales, de la crítica cultural, en un contexto donde se ha enseñado “que la pelea es algo que debe evitarse a toda costa”. Sarlo considera que “una discusión estética, intelectual, económica es importante” y se pregunta: “¿cómo se llega a acuerdos si no es a través de esa discusión?”.

Dice en Las dos torres: “[en la posmodernidad] el conflicto es suplantado por la coexistencia pacífica de las estéticas y otras prácticas. Incluso la discusión estética es irrelevante dentro de ese marco”. 

Sarlo define a la cultura como un sistema de diferencias. Esto y no aquello. La identidad es siempre oposicional y “todo reside en la forma que toman las oposiciones”. Si hacia el año 2000, la oposición entre el capitalismo y el socialismo había perdido fuerza, lo mismo sucedía para Sarlo entre lo prohibido y lo permitido, lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo (“tanto en un sentido moral como estético”). En ese contexto, la figura del crítico cultural perdía sentido o asumía un carácter puramente negativo.

Si todo vale lo mismo, nada tiene sentido. Dice Sarlo que “es posible suspender la necesidad de llegar a un sentido”, pero “¿por cuánto tiempo?”

En diciembre de 2025, Quentin Tarantino, en el podcast de Bret Easton Ellis, habló de las mejores películas del siglo XXI. Ubicó There Will Be Blood en el puesto 5 de su lista personal. Dijo que podría haber sido número 1 o 2 “si no tuviera un gran defecto: Paul Dano” y lo llama “el actor más flojo del SAG”. No critica su vida personal. No critica su identidad. Critica su trabajo como actor, en una película nominada al Oscar. Una crítica discutible, pero crítica al fin.

La reacción de Hollywood fue inmediata y corporativa. Matt Reeves (director de The Batman) tuiteó “Paul Dano es un actor increíble y una persona increíble.” En el mismo sentido, Reese Witherspoon dijo “Paul Dano es un actor increíblemente talentoso. Más importante aún, es un caballero” y sigue la lista. El enfoque de Matt Reeves predominó en la mayoría de las declaraciones, la indiferenciación entre la calidad artística y la condición personal. La solidaridad se organiza como si Dano hubiera sido víctima de discriminación, de agresión a su identidad, no como si hubiera recibido una crítica sobre su desempeño profesional.

En Buenos Aires, Santiago Motorizado se refirió al fenómeno en torno a Lux, el nuevo disco de Rosalía: “imaginate criticar el disco de Rosalía, te liquidan acá en la puerta”. Santiago no termina diciendo que Lux es malo. Pero ante la maquinaria del “mejor disco de la historia” un posicionamiento matizado tiene poco espacio y un alto costo.

¿Se puede criticar? ¿Por qué es necesario hacerlo?

Sarlo fue lectora de Raymond Williams, de los estudios culturales británicos que revalorizaron la cultura popular. Escribió sobre folletines sentimentales (El imperio de los sentimientos), sobre la cultura de masas, sobre Arlt y el criollismo urbano. Fue parte de una generación que amplió el canon, que discutió la alta cultura desde la cultura popular.  Pero en sus últimos años defendió posiciones que podrían considerarse conservadoras y hasta reaccionarias: la necesidad de jerarquías en el arte, la diferencia entre una buena y una mala obra, el rol del crítico como instancia de evaluación, el canon como construcción colectiva argumentada.

Sarlo ve que el “pluralismo estético” no produce democracia cultural sino parálisis crítica. Que la horizontalidad total no empodera sino que disuelve. Que cuando “todo vale igual”, cuando no se puede decir que algo es mejor que otra cosa, el campo cultural entero pierde prestigio, pierde función, pierde sentido.

Las consecuencias no son solo estéticas. Son morales y organizacionales. 

En 1934, Enrique Santos Discépolo escribe “Cambalache”. En plena dictadura, en plena crisis, hace una crítica que no es solo económica ni solo política. Es una crítica estético-moral:

“Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio, chorro,
generoso, estafador.
Todo es igual, nada es mejor,
lo mismo un burro que un gran profesor.”

Lo sagrado junto a lo utilitario. Lo trascendente junto a lo banal. Pérdida del canon, pérdida de jerarquía. Discépolo defiende el canon porque entiende algo fundamental: la pérdida de jerarquías no es democratización sino decadencia.

Una comunidad artística que no se autocritica, que no jerarquiza, que no pondera, pierde la capacidad de distinguir. Y cuando el campo cultural pierde esa capacidad de evaluación, de jerarquización, esa función no desaparece: la ocupa otro. Necesitamos criterios. Y cuando el campo cultural democrático no los provee, se buscarán en otros campos.

El reordenamiento (o el mero caos) geopolítico en el que ingresamos en 2026 señala un evidente cambio de época con las extremas derechas en la vanguardia de un nuevo mundo, donde la confrontación directa, física y verbal, las dramáticas distinciones entre el bien y el mal, vuelven a ser dominantes. Nos aciertan una piña en la cara en un ámbito donde hasta hace muy poco tiempo nadie se podía agarrar a piñas, y el que lo intentaba era un borracho, un loco, al que sacaban rápidamente de la escena. 

El primer desafío no es entonces de fondo, sino de formas. Después de agotados consensos, de una extensa decadencia, es necesario volver a confrontar y, sobre todo, aprender a hacerlo.

 

Leandro González de León (Buenos Aires, 1986) es licenciado en Comunicación (UBA) y maestrando en Sociología de la Cultura y Análisis Cultural (UNSAM). Conduce el ciclo Nadie podrá impedirlo, por FM La Tribu.

Bitácoras del expatriamiento. Poesía reunida de Iván Cruz Osorio

Bitácoras del expatriamiento. Poesía reunida de Iván Cruz Osorio

 

Selección de poemas y nota: Giordana García Sojo
La poeta venezolana Giordana García Sojo nos presenta una lectura de la poesía reunida del mexicano Iván Cruz Osorio, recientemente publicada por New York Poetry Press.

En Bitácoras del expatriamiento, Iván Cruz Osorio no solo reúne dos décadas de quehacer poético; ofrece un mapa de resistencias, una cartografía íntima y colectiva donde la palabra se planta como testimonio y arma. Este volumen, parte de la colección Piedra de la locura en homenaje a Alejandra Pizarnik de la editorial Nueva York Poetry, es mucho más que una antología personal: es un proceso escritural en movimiento, un diálogo lúcido y desenfadado con la historia, la política y la tradición poética.

Desde el prólogo de Héctor Carreto a Tiempo de Guernica (2005), se anuncia una voz que rehúye el individualismo estéril y el metalenguaje complaciente. Cruz Osorio construye una poesía política innovadora, arraigada en una conciencia crítica que interroga las nociones de patria, identidad y poder. Su poesía no se limita a denunciar, investiga, transfigura y recompone los fragmentos de un mundo ‒y un México‒ devastado por la violencia y la exclusión. Su poesía opera como una crónica del “extrañamiento ante el lugar que nos alberga y nos repele, que se ama y se odia”. En este claroscuro emocional se forja una de las búsquedas centrales del libro: la desarticulación y recomposición de la noción de Patria.

La Patria, en Cruz Osorio, no es una bandera idealizada ni un relicario de héroes de bronce. Es un territorio en disputa, una herida abierta, un “puñado de escombros / que el viento intenta dispersar”, como define en el poema «Los dominios perdidos». Este concepto se desglosa en varias capas a lo largo del libro. Por un lado, está la Patria como paisaje del despojo, palpable en secciones como Erinias, donde la represión en Oaxaca se convierte en un microcosmos del país fallido: “Acribillaron a los maestros, / Ulises dio la orden. / Ulises, hace poco, era el señor de estas tierras, / ahora es sepulturero”. La Patria es aquí el escenario de una masacre, la tierra manchada por sus propios gobernantes.

Por otro lado, está la Patria como archipiélago de ausentes, tejida con los hilos rotos de los que se fueron, los desaparecidos, los migrantes. En la secuencia «Éxodo», el desarraigo se expresa con una lucidez desgarradora: “El disgusto, finalmente, no es por la ignorancia del idioma, / […] / Es por nuestro origen. También aquí, / como allá, somos extranjeros”. La Patria, entonces, es un lugar del que siempre se está partiendo o al que no se puede volver, un sentimiento de orfandad que trasciende las fronteras geográficas.

Esta investigación sobre lo nacional alcanza su cota más reflexiva y ambiciosa en Contracanto (2010). Aquí, Cruz Osorio no solo denuncia; investiga, transfigura y recompone el imaginario independentista latinoamericano. Dialogando con las figuras de Bolívar, Sucre, Miranda, Manuela Sáenz y otros libertadores, el poeta los desmitifica y los humaniza, sumergiéndolos en un presente distópico. En «Vengo de gritar tu nombre», un poema de aliento épico y tono coloquial, escribe: “Yo pude ser Pancho Villa / o Ernesto Guevara o Sandino, / y agitar en el aire nuevas banderas, / […] / pero las banderas se han vuelto trapos / flotando sobre los paredones”. La Patria soñada por los héroes es un sueño desmembrado, un proyecto inconcluso cuyas promesas se pudren en la burocracia y la traición.

Esta operación de “contracanto” ‒una dialéctica entre lo utópico y lo distópico‒ le permite hurgar en las contradicciones fundacionales. La Patria, sugiere Cruz Osorio, nació con un germen de fracaso, una “herencia de ruinas” que arrastramos como un estigma.  Sin embargo, esta mirada crítica no nace del desamor, sino de una feroz lealtad a la posibilidad de una Patria verdadera, una Patria justa. Cruz Osorio interroga el proyecto nacional no para demolerlo, sino para limpiarlo de sus mitos fundacionales más opresivos. En «Apostilla a una identidad latinoamericana», si bien señala con amargura cómo “Nunca hemos conocido otro milagro / que no sea el de convertirnos en reses, / en bestias que se pueden uncir al yugo”, esta denuncia es en sí misma un acto de fe: se critica lo que se ama porque se anhela su redención. Lejos de cualquier esencialismo, el poeta no rechaza la Patria, sino que excava en sus cimientos violentos para desmontar, desde la “crítica y la autocrítica” que toma de José Revueltas, el relato impuesto y así poder imaginar, desde los escombros, una comunidad verdaderamente propia y libre. Su poesía es, en este sentido, un acto de amor devastador y necesario: la única manera de honrar la Patria es no aceptar sus fracasos como un destino irrevocable.

Asimismo, la mirada crítica no nace del cinismo, sino de una profunda raíz ética y de un reconocimiento amoroso de la tradición que lo precede. Cruz Osorio no es una voz aislada, es un eslabón consciente en una cadena de voces que han usado la poesía para interrogar la realidad. El poeta se reconoce y se nutre de una tradición que incluye a Borges, pero también a José Revueltas, a las voces críticas de Efraín Huerta y Jaime Reyes, y a la herencia de la poesía social y política latinoamericana. En su «Nota del autor», lo explicita: su poesía es una bitácora del “extrañamiento ante el lugar que nos alberga y nos repele”.

La estructura del libro ‒que incluye además secciones como «Zoológico», donde la crítica se vuelve fábula grotesca, o «Hogar», donde lo político se refracta en la intimidad de lo doméstico‒ evidencia un proyecto poético de una coherencia notable. Cada parte es un registro distinto de una misma sinfonía del desencanto.

Bitácoras del expatriamiento es un libro mayor. Iván Cruz Osorio logra el difícil equilibrio de ser rigurosamente político y profundamente lírico. Su voz, a la vez honesta y desenfadada, construye una bitácora imprescindible para navegar el naufragio de nuestro tiempo. Nos devuelve una imagen de la Patria no como respuesta, sino como una pregunta constante. Es una voz que no teme mirar de frente al abismo, pero que, al hacerlo, nos invita a no bajar la mirada. Un libro que duele, pero que también ilumina; que denuncia, pero que, sobre todo, interroga con una honestidad radical. 

«No somos mejores ni distintos / a nuestros padres y abuelos. / […] / Como ellos, hemos venido a morir, / a irnos sin dejar huella, / a hacerles compañía en el fracaso» (Poema 11, Tiempo de Guernica). En estos versos, como en todo el libro, late la conciencia de un tiempo compartido, de una lucha que, aunque a menudo se sienta perdida, vale la pena seguir librando con la palabra como testigo.

Selección de poemas

De Tiempos de Guernica (2005)

  1. TIEMPO DE GUERNICA 

Que tus legiones te sacien de oro, que sea próspera tu batalla en los valles cerrados y brumosos de mi reino. Que te sirvan de alimento aquellos que se oponen a tu espada. Que la sangre de mi pueblo te colme de gloria. Que salgas victorioso. Que tus Dioses icen sus banderas y que exhiban nuestra sorda eternidad, nuestro inofensivo nombre indigno del mañana…

«La venganza no es un banquete 

donde abreven los sapos, 

este manjar de perfecta hermosura 

no satisface la gula 

de criaturas tan míseras. 

 

Con qué bocas prodigiosas, 

con qué estómagos consistentes 

digerirían cuerpos rigurosamente estéticos, 

carnes de maduración tan larga, 

vísceras inconcebibles que impulsan al vértigo. 

 

Aun la ira está vedada 

para estos batracios, 

forzosamente numerosos y horrendos.»

 

«¿Qué esperaban del lobo, ovejas?, 

¿buena educación?, 

¿modales sobre la mesa? 

El lobo sólo se concreta a sus garras, 

a sus colmillos. 

Si buscan un culpable 

piensen en aquel 

que cometió la vileza de contarlas 

para conciliar este sueño.»

11 

No somos mejores ni distintos 

a nuestros padres y abuelos. 

No hay por qué sentirse superiores, 

ni la internet ni los autos aerodinámicos 

ni el teléfono celular nos distinguen 

del telégrafo, de las carretas tiradas por mulas. 

Como ellos hemos venido a morir, 

a irnos sin dejar huella, 

a hacerles compañía en el fracaso.

 

LOS DOMINIOS PERDIDOS

Llorad, amigos míos, 

tened entendido que con estos hechos 

hemos perdido la nación mexicana. 

 

CANTARES MEXICANOS 

No tenemos una patria, 

tenemos un paisaje, 

tenemos cólera, indignación, 

tenemos divinidades rotas, 

tenemos a los muertos hundidos 

en las entrañas, 

tenemos un puñado de escombros 

que el viento intenta dispersar.

 

DESAPARECIDOS 

A veces, los desaparecidos, sueñan con tiernos 

corderos. 

Y ruegan a dios, en este mundo para todos dividido, 

por una cuerda para asfixiar.

 

LÍBRANOS, SEÑOR

Líbranos, Señor, del crimen, 

de los asaltos descarados, 

del agravio de los secuestros, 

de las guerras cínicas 

de cada día. 

Líbranos, Señor, 

de esta camada 

nueva y violenta. 

Líbranos, Señor, 

de ti, Señor, 

el principal entre 

las bestias carroñeras 

de esta miserable selva.

 

CAZADORES 

Que tengan buena noche asesinos, 

que sueñen con la más oscura y miserable de las traiciones, 

con el más ornamental y carnicero de los cepos, 

con sus rojas y crueles fauces desgarrando su piel dormida, 

y que ya no sea un sueño.

 

De Contracanto (2010)

 

andres bello 

Navegué toda la noche 

con la mirada fija en los días por delante, 

con el miedo apretado en los puños. 

Algo de la Tierra que dejé atrás 

ha labrado mi sombra y mi abismo, 

y aún no sé de qué patio, 

de qué puerto sin brillo partí 

con los sueños desvanecidos. 

Pero sé que no habrá regreso, 

porque nadie vuelve 

para atizar los rescoldos 

de su propia ceniza.

 

VENGO DE GRITAR TU NOMBRE, 

de clamar a la vastedad de la noche 

una palabra inofensiva 

que sonó como el nombre de una patria. 

Vengo de gritar 

que Malintzin ha muerto 

y que su corazón quedó torcido 

como el alma de sus hijos, 

que Cortés llora la ausencia 

mientras ordena las cargas 

sobre las muchedumbres, 

y los pueblos se dispersan 

como archipiélagos marcados con tiza. 

Vengo de gritar tu nombre, 

pero eso no importa, 

la noche es blanca en los Andes, 

y estoy solo, 

y necesito una mujer 

que no diga 

que no es tiempo para el amor, 

que amar en estos tiempos 

es lo mismo que flotar como un cadáver 

frente a las playas; 

por eso grito tu nombre 

y traigo estas piedras 

desgajadas del Chimborazo y el Aconcagua, 

la arena sedienta del desierto de Sonora, 

y este buchito de agua del lago Titicaca para que sonrías 

y pronuncies mi nombre, 

que no recuerdo, 

que me fue arrebatado, 

y que quiero escuchar de tus labios. 

La noche es blanca en los Andes. 

Yo vi los triunfos en Cochabamba, 

en Guanajuato. 

Vi a Hidalgo y a San Martín 

admirarse cuando Quetzalcóatl 

sangró su miembro 

sobre los huesos polvosos 

de Lautaro y Cuauhtémoc 

para tornarlos al mar de la vida 

como hombres nuevos 

y hacerlos pelear 

por el país que pendía bocabajo 

como un ahorcado. 

Vengo de gritar tu nombre, 

de enseñar ola tras ola 

el mar de mi desesperación. 

Vean mi sombrero, vean mi reloj, 

yo pude ser Margaret Thatcher 

y ganar una guerra más grande que ésta, 

y hablar de países lejanos, 

y poner mi bandera en islas 

donde me cabe un solo pie.

Yo pude ser Pancho Villa 

o Ernesto Guevara o Sandino, 

y agitar en el aire nuevas banderas, 

y llevar en la garganta 

como un solo canto 

a nuestros pueblos, 

pero las banderas se han vuelto trapos 

flotando sobre los paredones, 

y yo sólo soy un montañés 

que no pudo ser un vagabundo de los puertos, 

que no conoció los bares flotantes 

de Rotterdam ni de Marsella, 

y en cambio miró a Mar del Plata, 

a Cartagena, 

a Veracruz, 

a Valparaíso, 

y pudo sentir el rumor de todos los mares, 

y los labios salados 

de todas las mujeres de las costas. 

Vengo de gritar tu nombre, 

de ver a los marinos que tienden las velas 

y confían a los mares su destino. 

Los heraldos han dicho 

que la pampa está en llamas, 

que arde el sitio en Cuautla, 

que Morelos agita el doliente de Hidalgo, 

que el Pacífico y el Atlántico 

revientan en los cascos de los barcos,

que una mujer pasea sus lamentos 

en las calles angostas 

No vendrá nadie 

a contar tu ceniza, 

nadie gritará tu muerte, 

invocarás su nombre, 

pero ella no vendrá, 

nadie te espera, 

nadie te ha buscado nunca. 

La noche es blanca en los Andes. 

A diario cantamos un epitafio, 

una historia más de desamor. 

Todo el continente es desamor, 

no un viñedo mendocino 

abriéndose paso hacia la cordillera, 

no el desierto boliviano 

buscando la salida al mar. 

Vengo de gritar tu nombre, 

pero eso no importa, 

siento que he gritado todo el amor 

y toda la desolación de nuestros padres, 

sin dejar de estar solo, 

sin dejar de tener miedo, 

como un marinero a la deriva 

que sólo espera el grito de las sirenas. 

Mendoza, Argentina, junio-Caracas, Venezuela, noviembre 2008.

 

josé de san martín 

Ese día me pondré a hablar de Quetzaltenango 

porque es una palabra alegre y engañosa, 

porque mis compañeros de pulmones fatigados no 

saben 

que Morazán tomaba el colectivo 

entre sus callejuelas de polvo 

y dibujaba sus rebeldías en una libreta de aventuras. 

A todos los desconocidos les diré que vengo 

de las hornacinas de Santo Domingo, 

donde la risa es constante y el alma libre, 

que tengo un corazón grabado 

con tu nombre fresco y embustero. 

Les hablaré 

de tu lunar y tus hoyuelos de Grace Kelly, 

de tus ojos tan humildes y trágicos 

que adornan tu boca de arrabal; 

les diré que vives en San Juan, 

que trabajas bajo un farolito de la calle 

entre gente miserable y sutil, 

y hablaré de tus pocas alegrías 

frente a las acequias, 

mientras bebo el té de las cinco 

y conspiro contra los hombres 

de bigotes de alambre. 

 

Ese día tomaré el aire con otros 

más jóvenes e infelices, 

y caminaré por la calle François Villon, 

no tardarás en reconocerme: 

tendré una vieja escopeta, 

un zurrón peruano 

y una cosecha de papas para ti. 

Ese día, en que caminaremos 

con nuestros corazones de cera bajo el sol, 

ya nos habremos encontrado para siempre.

 

simón rodríguez 

Los ancestros tenían corazones fatalistas y enfermos, 

ciudades monótonas de montañas rusas, 

y chimeneas olorosas de petróleo. 

Nací odiando el sollozo último de su siglo, 

y aunque mis ojos son curvos 

y mi mundo deforme y dolorido, 

yo soy un aviador ebrio de vértigo, 

ebrio de la locura sonora de las máquinas, 

de la vida febril, 

del vagar sin rumbo 

en los transoceánicos y aeroplanos 

galvanizados de emociones. 

Me gustan las fiestas de pirotecnia, 

los mundos perdidos del cinematógrafo, 

los rascacielos inflamables de cartón 

y las epilepsias del jazz-band. 

Yo digo que volamos 

sobre el desconsuelo de nuestra geografía 

con los motores desencajados, 

yo digo que convalecemos 

porque he sentido mi fiebre 

en todos los trenes y barcos 

ennegrecidos de carbón. 134 

 

Yo no quiero a los ancestros de alma frívola y trágica, 

que sepultaron sus deseos en los campos de batalla, 

yo que me entrego sin amor 

a todas las metrópolis libertarias, 

me dan risa los hombres que me precedieron 

con sus banderitas coloridas de miedo 

y sus hurras mecánicos de mampostería, 

me dan risa los soldados desconocidos 

que surcan nuestros pechos 

con la artillería del enemigo, 

me da risa la propaganda perdida 

en la ceniza del tiempo 

y las cabezas de radiola 

de los países del norte. 

Yo tengo un tren que estremece las celosías 

cuando se aleja despavorido 

del pasado de las naciones levantadas, 

un tren con todos los adioses 

de los niños abandonados, 

que deshoja los caminos. 

El futuro empezó hoy, 

la vida se entrega como las mujeres del bulevar. 

Aunque nada nos sacie, 

aunque nadie venga a dejarnos satisfechos, 

pongamos nuestros rostros de bufón 

frente al Volga suicida 

para que nos guiñe un ojo. 

 

Todas las brújulas del mundo nos señalan, 

yo tengo sueños, 

historias, locuras, 

y un perdón para los ancestros 

que ojalá estén esperando. 

El futuro empezó hoy, 

yo seré feliz 

con una mujer de senos robustos 

y nariz roja, 

que salta cuando hace frío, 

y que espera mis frases de amor prefabricadas 

en un Luna Park de la posguerra.

 

De Erinias (2006)

 

ERINIAS 

Con las madres 

aprendimos a caminar 

en el seno de la Tierra, 

a surcar los campos a través de la noche; 

con ellas aprendimos 

el lenguaje de los rostros derruidos, 

la intensidad de una mirada 

huérfana durante siglos. 

 

II 

Aquel intenso aroma a muerte, 

aquella sangre decidida con aroma a muerte, 

aquellas balas interminables con tu aroma a muerte. 

A Jean 

 

III 

Acribillaron a los maestros, 

Ulises dio la orden. 

Ulises, hace poco, era el señor de estas tierras, 

ahora es sepulturero. 

Lo que Ulises hace ahora de sepulturero, 

ya lo hacía antes como gobernador.

 

VIII 

INFILTRADOS 

De pronto se juega a deshilvanar 

el secreto de esta espera, 

a buscar la intensidad de este laberinto, 

a tejer y destejer la entraña 

inaudible del hombre; 

se juega entonces a escuchar 

los latidos tenues del mundo, 

a tener la palabra correcta 

que haga temblar 

a nuestra propia oscuridad. 

También, de pronto, 

uno descubre que el juego 

es un juego simplemente, 

uno descubre la hebra engañosa, 

la palabra artera, 

esa, en fin, sanguinaria traición 

que habita en cada uno de nosotros.

 

Poemas sueltos

GILGAMESH REDIME A ENKIDÚ 

A Saúl Ibargoyen 

[Humbaba maldice a Gilgamesh y a Enkidú] 

¡Que ninguno de los dos llegue a viejo, 

y que por su amigo, Gilgamesh, 

Enkidú no obtenga salvación! 

 

Yo, el más famoso de los reyes, 

hombre de sudor y de estirpe 

que abrí los pasos de la montaña, 

que erigí los baluartes de Uruk 

morada de Ishtar; 

yo, verdugo de Humbaba 

que alcancé los confines de la tierra 

en busca de la vida; 

yo, Gilgamesh, amigo de Enkidú, 

hoy, solitario y enfermo, vuelvo al barro. 

 

Pido a los dioses 

que mis pasos merezcan el olvido, 

que mi nombre sea polvo y dispersión, 

que la gente de Uruk 

no llore ni se lamente por mi, 

que no haya duelo, 

que no haya luto, 

antes bien que el pueblo esté gozoso; 

 

pero que mi amigo, a quien tanto amé, 

perdure en el mañana de los hombres 

bajo estos muros de ladrillo cocido 

que ningún rey en el pasado 

ni ningún hombre en el futuro igualará.

 

PERSECUCIÓN DE UNA SOMBRA 

A Max Rojas 

¿Qué más queda por hablar? 

Compartimos un dolor 

que por fuerza es un barco 

que no deja de golpear 

contra las escolleras. 

Observaste mis temores, 

los potros desatados de mis neuronas 

y me hablabas de los maderos 

crujiendo contra las rocas, 

de la ternura de la sal 

sobre las astillas. 

¿Qué más queda por hablar? 

¿De que el último resuello también 

es una brisa dominada 

por el odio? 

¿De esa helada luz en la que nos adentramos 

entre mezcales 

como rumbo a una soledad más honda, 

más fija 

y aún no podemos escapar de ahí? 190 

 

Quizá ya no sé cómo hablarte 

o entender esos ladridos 

de la noche a media calle. 

¿Qué más queda por hablar? 

si las botellas rotas 

han olvidado 

nuestras heridas y la sangre 

como a viejos desahuciados 

bajo la mar. 

¿Qué más queda por hablar?, 

¿de la militancia retrograda de las aves?, 

¿de que la embarcación colapsa?, 

¿de que nuestros salados pulmones 

se trizan 

bajo el insondable mar? 

Simples ahogados 

que no llegaron a parte alguna 

y que encontraron en el fondo de sus rencores 

un estado de saciedad.

 

Iván Cruz Osorio (Tlaxiaco, Oaxaca). Licenciado en Lengua y Literaturas Modernas Inglesas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es codirector y editor de Malpaís ediciones y Dogma Editorial. Autor de los poemarios Tiempo de Guernica (2005), Contracanto (2010) y Dogma (2020). Poemas suyos aparecen en diversas antologías nacionales e internacionales. La editorial New York Poetry Press, acaba de publicar su poesía reunida, Bitácoras del expatriamiento (2025)

 

Giordana García Sojo (Mérida, Venezuela). Licenciada en Letras (Summa Cum Laude) por la Universidad de Los Andes, con estudios de posgrado en Antropología Social y Derechos Culturales, ha ocupado altos cargos de diseño y ejecución de políticas públicas. Actualmente se dedica a la promoción y gestión editorial a través de Nila Ediciones. Es compiladora y coautora de obras de análisis político, como Venezuela, vórtice de la guerra del siglo XXI (2020) y de los poemarios Bajo el rezo animal (2023), Diarios de flote (2025) y Dinero y otros poemas (2025).

una mochila llena de dios

una mochila llena de dios

Patricio Foglia nos comparte algunos poemas de su último libro.

parecido a cuando llego
hasta la luz de la heladera
ya medio sin tener idea
de qué era lo que estaba
yendo a buscar bastante
desmemoriado voy
siendo con el tiempo
y les juro que tenía muchas
más cosas por contar
con metáforas imágenes epa
lo que es la experiencia
pero ahora y siendo honesto
con ustedes y conmigo
tampoco me acuerdo bien
por qué era
que había llegado hasta acá

 

desde el balcón de casa
puedo verlos volar
girando para delimitar
en círculos alucinantes el
perímetro de su territorio
quiero decir
en lo más alto
justo en pleno centro
en mitad de la gran avenida
más allá de las antenas
de las terrazas
pájaros cazan pájaros como
lauchas como liendres como
oscuras ideas dentro de mí

 

creo en dios
padre todopoderoso
(creador del cielo
& de la tierra)
yo sí creo en dios
en un dios pero chúcaro
medio bravo tipo zeus
antiguo testamento style
dios chasqueó su látigo sobre mí
y yo puse en la consola
cada uno de sus hechos
mezclé copié & pegué
y así fue como hice
que su música retumbe

a maría belén aguirre

 

 

de tal palo
mi madre
rouge bijouterie
mi padre
traje y corbata
mi madre
copa de vino
mi padre
vaso de agua
mi madre
fitness
mi padre
siesta
mi madre
chispa
mi padre
piedra
mi madre
música
mi padre
(silencio)

 

al costado de la ruta veo
cinco cables de alta tensión
que evidentemente transportan
incesante electricidad
de un punto a otro
por el territorio
ajeno a todo este comercio
un simple pájaro negro
anónimo
abre sus garras de miniatura y vuela
transmutando los cables
postes la ruta y el cielo
en un pentagrama hecho de silencio

 

PATRICIO FOGLIA nació bajo el signo del Búfalo chino en 1985 en Buenos
Aires. Es poeta, traductor y productor.

Publicó Temperley, Lugano 1 y 2, Tokio, Todo lo que sabemos del cielo,
Sampler (2do Premio Municipal, bienio 22/23), Oscuras flores de duelo, y la
plaquette Perros de Buenos Aires. En 2025, una mochila llena de dios, por
Paisanita Editora.
Tradujo, junto con Natalia Leiderman, Salto del ciervo (Sharon Olds), El
pájaro rojo, El trabajo del sueño, Primitiva americana (Mary Oliver),
Cuerpo mi casa (May Swenson; Beca Creación 2022, FNA). Antologó Los
fuegos de Orc y Una marca de nacimiento. Dirigió, junto con Tom Maver,
el blog de poesía Malón Malón.
Estudió coctelería, ciencia política y tarot. Magister en escritura creativa de
la UNTREF. Fue guionista del podcast Mostras – Maestras de la poesia y
parte del equipo de producción del Festival de Poesía YA, CCK, a cargo de
Gabriela Borrelli Azara.

Organiza el ciclo de lecturas Meditaciones en una emergencia. Coordina
talleres de poesía. Poemas suyos forman parte de diversas antologías y
blogs.

Obrera, la poesía reunida de Paula Jiménez España

Obrera, la poesía reunida de Paula Jiménez España

Sonia Scarabelli nos comparte unas palabras sobre la presentación del libro.

“Esta verdad tan grande” 

Palabras para la presentación de Obrera, de Paula Jiménez España

Sonia Scarabelli

En su prólogo para este libro precioso que hoy estamos celebrando, Obrera, que reúne la poesía de Paula Jiménez España, Claudia Masín escribió que “cada uno de [los libros de Paula] además de hermoso, es más y más sabio”. Y sentí de inmediato que eso era cierto y que esa palabra, sabiduría, era algo que daba perfecto en el blanco de lo que querría compartirles hoy sobre la poesía de Paula. Pero debería empezar antes por otro lado, debería empezar por contar, hasta donde me sea posible, el efecto —algo del orden de un temblor que es sorpresa y regocijo— que tiene en mí leer sus poemas desde hace muchos años, desde que llegó a mis manos con sus tapas rojas La casa en la avenida, y después La mala vida y después Espacios naturales, por ejemplo, y más cerca El cielo de Tushita o El latido que pulsa entre tus cosas

Y entonces la palabra que viene es esta: emoción. Esa emoción tiene, por así decir, muchas capas. Porque así es también la poesía de Paula, me parece a mí, hecha de capas finísimas, depositadas con delicadeza, en las que el sentido se va plegando a una cadencia única, cada palabra como traída de alguna parte justo a su lugar, justo a su tiempo. Sin ningún empeño en ser retenida, sino como llegando con la precisión más encantadora, como si ese equilibrio cadencioso fuera en sí mismo una forma de justicia. Una justicia que se le hace al poema, y a través de él, al gran misterio de la vida, que tanto está sujeta a las formas del mundo y su caducidad como es “madeja eterna” donde estaremos “Por fin yo en vos / y vos en mí, sin diferencias, como el oro /del tiempo diluido”, según escribe en “Mas polvo enamorado”. Esa justicia la podría nombrar también como justeza, belleza del límite que ofrece, como en el primer poema de Ser feliz en Baltimore, ese soñado ojo de buey “para mirar / pequeñamente /el inmenso caudal de agua revuelta”. Ese gran caudal, ese océano, esa agua lustral y sobrecogedora es una sustancia persistente en los libros de Paula, antes que una imagen, un movimiento donde el caos de lo vivo, y más, de lo existente, es siempre contraparte de un orden provisorio y amoroso que le exige al ser humano un compromiso íntimo y, por eso mismo, político. 

Y ahí encuentro otra capa de lo que tanto me emociona en estos poemas. El modo en que la voz, yendo atenta al ritmo viviente, con sus sobresaltos y sus momentos de seda, se entrega a un acento pulido y noble, ganado con la humildad serena del trabajo. Ese que esta obrera ha dejado inscripto a lo largo de los años, en versos casi tangueros por momentos y en otros de un esplendor oracular o visionario, como los de La suerte. Y también en aquellos que nombran, con una extraña dulzura comprensiva y no por eso menos herida, la belleza de todo lo que existe, donde basculan, impredecibles y constantes, lo ligero y lo atroz, que se reparten el viaje de una vida. 

De ese viaje, que es también el nuestro, habla, creo yo, cada uno de los libros que componen esta poesía reunida de Paula Jiménez España, en la que se enlazan lo luminoso y lo subterráneo, los amores con su felicidad o su tristeza, la pesadilla o el sueño, la muerte con su horror o su consuelo y lo que siempre pulsa por sostenerse o rehacerse, como si se tensaran al modo de esa flecha del poema “Mudanza”, que apunta “al corazón de la pena/ y como una epifanía, a la par da en el blanco/ del milagro, el chispazo / exultante”. Las diversas formas de pérdida entonces que, igualmente, atraviesan esta poesía no se vacían en pura carencia, sino que más bien ciernen lo tenido, no como posesión, sino como una manera —a veces trabajosa, a veces redentora— de destino. Y de ese modo, cada poema termina siendo la clave de algo atesorado, y en especial, de “esos tesoros /por los que nadie /pagaría un centavo”, y que revelan así ser los verdaderos dignos de guardar.

Cuando no hace tanto tuve por fin la oportunidad de encontrarme con Obrera, hallé ahí algo más, el cuerpo de un largo poema que cualquier lectura atenta revelará, y que me trajo a la memoria esas palabras de Truman Capote que Paula incluyó en un epígrafe de Espacios naturales. El epígrafe dice así: “Solo sé esta verdad tan grande: que el amor es una cadena de amor, del mismo modo que la naturaleza es una cadena de vida.”

Esa verdad tan grande brilla en estas páginas con la luz extraordinaria de esta poeta para mí tan admirada y querida. Las leo y releo con agradecimiento, ese agradecimiento revelador, esa emoción profunda y secreta, ese temblor que produce “un estallido de esplendor / como la rosa estalla / sin reveses, cuando llega noviembre”. Ha llegado noviembre, ha llegado, por fin, Obrera, la sabia rosa florece una vez más: ¡festejemos!

 

A continuación, una selección de poemas:

 
Los pájaros 

 

Si yo fuera el gorrión

que una noche calurosa de diciembre

se sentó en una rama junto a otro

y se puso a cantar.

Y yo quisiera serlo,

silbar el tiempo que dure la canción,

cosquilla en la garganta o nerviosismo

por el ritmo inevitable.

No cantar más que eso, ni volar

si el aire está tan quieto que no ayuda.

Quedarme junto a otro repitiendo

la intimidad, la forma del amor,

vivir con calma las pausas solitarias.

Quiero decir, si yo

tuviera esa sapiencia que indicara

una razón real para quedarme

o salir a buscar.

O si supiera dónde y cuándo

los momentos elevan su señal,

si mirara el azar con ojos plenos

sin estos torpes

fragmentos de memoria,

no quedaría nada en el camino

ni sentiría vergüenza del error

o del deseo

que a veces son lo mismo.

 

Desierto

 

El paisaje ondulante y antiquísimo, las fallas de la tierra

y el relato de un mundo derrumbado.

Nunca hubo nadie acá, por eso no hay tragedia en tus palabras

por eso es que no cae más que el viento

en la grieta de tu voz.

Apenas animales alborotados vuelan

con alas de murciélagos sobre la arcilla y la roca.

Todo esto era la nada

y la nada fue todo: cordilleras, glaciares, fondo acuático

petrificado al sol. La muerte persiguiendo

la vida y viceversa. Charlamos de estas cosas y otras más

en la intimidad del auto, tan lejos de tu boca

está la mía

donde antes hubo amor.

 

Japón

 

La tierra no da más. Los caminos se abren y se tragan

la vida breve. Esto es temblar. La estabilidad perdida.

Porque la tierra no da más, mi amor. El pecho abierto

como un león cazado, los colmillos inútiles, inútil su fiereza.

¿Resistirse? Aunque te aten de pies y de manos, aunque contenga

una pared el viento

se escaparía, de cualquier modo. Entonces, ¿con qué sentido?

¿cómo pedirle a la tierra que obedezca

al destino maleable

de las cosas pequeñas? Y más aún, me pregunto

mirando la luna desde mi cuarto, sola: ¿cómo puedo esperar

una quietud así de mi propio corazón?

 

La Emperatriz

 

Yo soy la tierra

las líneas repetidas del segundo hexagrama

la redondez compacta, el círculo de hormigas

el reptar de lombrices apretadas circundando mi ombligo.

Lo excipiente abona mis entrañas,

el resto del amor, lo que secreta el goce cuando llega a su fin

y el corazón se vuelve a su propio destino solitario.

Nada me saca el don de concebir y si estoy seca

voy a crear el llanto

nutrido de las sales del océano, las lágrimas: mis hijas.

Nada hay detrás de mí, pero al futuro

le antepongo un escudo que defiende con hierro a la iniciada.

Capaz de rapiñar, declarar guerras, matar para cuidarla

o proteger esta matriz que crece

debajo de mi vestido azul, como la noche. Esta matriz

que es molde

de la especie, de la raza imponiéndose a la raza.

Adentro mío, dios

hierve como una bruja en una olla, porque yo soy la tierra

y estoy para quemar su frío, el nombre hueco

la madera hecha cruz, el poder de su cielo disgregado.

Soy la concentración.

Estoy para que dentro de mí

se originen volcanes, la erupción insensata.

Y soy mi propia rajadura, por donde caigo

hermafrodita y llena, para gestarme.

Es mi poder de magma: el invencible.

Yo engendro los berridos y la materia que se multiplica

porque soy primavera

la exultante de todo florecer

y me opongo al vacío, a su árbol despojado

y al desierto.

Si la esterilidad gana esta guerra

si gana esa semilla híbrida, el no espacio,

lo que sigue es retorno. En mi vientre

albergo lo que sea, lo que quede, para otra vez crear

un movimiento de gusanos milenarios ovando entre los huesos

el aserrín de las generaciones, el olor hediondo de lo inmenso

convertido en pasado y desazón.

Yo soy la tierra y soy

los ojos ciegos húmedos

los ojos apretados contra el suelo, la puja

del cuerpo acuclillado a la orilla del río.

Miren los peces

salir de entre mis piernas, nadar

bajo el agua cristalina y rozarse uno al otro

para reproducir solo un destino, un futuro de espejos

que estallarían si

otra vez un Big Bang, pero inverso y centrifugo,

me tragara de pronto, atropellada

por sus siete jinetes de ceniza.

No lo dudo: después, suave como una brisa

volvería a ser brote de jarilla en la arena

micromundo escondido, la proteína

que alimenta a las raíces invisibles.

No se queden tranquilos.

Sientan mi aliento verde abriéndose al oxígeno,

tiene la fuerza total de las catástrofes.

 

El tilo

 

De la noche a la mañana reverdecen

tus escuálidos brazos y la calma

se anuncia en hojas como espigas

valvas abiertas de un fruto que desgrana

la brisa sobre el pasto.

Bajo tu sombra, antes de morir

durmió la siesta Chola

y al despertar, henchida de tu oxígeno

oyó que preguntaba ¿Qué cosa

habré hecho mal

para andar tan nerviosa? Y ella

mirá a tu alrededor, me contestó,

no te digo más nada.

Era noviembre, la suavidad flotaba

buscando tu materia entre los huecos

que urdían la red

brillante de la copa. Por estos días,

la misma savia acopiada en las raíces

del invierno, como entonces

retorna en sutileza liberada

que vela nuestro sueño.

Mientras, las calles de mi pueblo

estallan otra vez de pasionarias

trepando por los muros y alambrados

para ablandarlos, como si fuese arcilla

el hormigón, hilos de luz

los rombos de metal entretejido.

Es una fiesta sin grandes pretensiones

acá, la primavera

hablando con tu voz del tiempo austero

que nos retiene para dejarnos ir y florecemos

después, en esa exultación fugaz cuya promesa

es siempre acompañarnos.

Me parece escucharla a Chola todavía

que me enseña a vivir sin proponérselo

o a Diana, mi maestra de poesía

que lo que tiene, tiene

y eso alcanza. Mirá a tu alrededor,

corazón confundido

no te digo más nada.

 

Sonia Scarabelli nació en Rosario, en 1968, ciudad en la que vive. Ha publicado los siguientes libros de poemas: La memoria del árbol (Los Lanzallamas, 2000), Celebración de lo invisible (Premio Municipal de Poesía Felipe Aldana, EMR, 2003), Flores que prefieren abrirse sobre aguas oscuras (bajo la luna, 2008), El arte de silbar (bajo la luna, 2014), Últimos veraneantes de febrero (bajo la luna, 2020), La felicidad de los animales. Poesía reunida 2000/2021 (bajo la luna, 2021), que incluía dos libros inéditos, y Las cosas comunes (bajo la luna, 2025). En 2009, publicó La orilla más lejana, en la Colección de crónicas de la EMR (Editorial Municipal de Rosario). En 2023 recibió el Premio Provincial de Poesía José Pedroni para obra publicada por Últimos veraneantes de febrero.

Paula Jiménez España nació en Buenos Aires. Es poeta y narradora. Publicó varios libros de poesía, entre ellos La mala vida (2007), Espacios naturales (2009), Paisaje alrededor (2015), La suerte (2021), El cielo de Tushita (2022), El latido que pulsa entre tus cosas (2024) y en México la antología El corazón de los otros (2015). Su libro de cuentos Pollera pantalón (2012) lleva varias ediciones. Publicó las novelas La doble (2018) y Desde está noche cambiará mi vida (2024). En 2005 obtuvo el 1º Premio de poesía Tres de Febrero; en 2007 el 2º premio de Relato corto LGBT Hegoak (País Vasco); en 2008, el 1º  Premio Fondo Nacional de las Artes, y en 2015 un reconocimiento del Premio Nacional. Acaba de ser publicada Obrera, su poesía reunida. Como periodista colabora con “Soy” y “Las 12”, suplementos del diario Página/12.

Impenetrables

Impenetrables

Francisco Tete Romero presentó su libro de cuentos “Impenetrables” en el Ciclo del Espacio Literario del Centro Cultural de la Cooperación.

 

Ficcionario de los fantasmas de las memorias y los futuros.

En el marco del Ciclo del Espacio Literario del Centro Cultural de la Cooperación, bajo la clave de “Las raras circunstancias”, que coordina el poeta Carlos Aldazábal junto con Abril Rufino, el martes 21 de octubre, a las 19:00, Francisco Tete Romero, escritor y docente, presentó su reciente libro de ficción, los cuentos de “Impenetrables”. 

 

Daniel Luppo escribió en su prólogo: 

Francisco “Tete” Romero ha construido un hipertexto muy particular de su obra. En este caso comparte pantalla con Impenetrables su nuevo trabajo literario. Impenetrables en su doble acepción informa, por un lado, la cuestión geográfica y por otro la constitución de los personajes en sus conductas herméticas, ¿indescifrables? En el conjunto del universo narrativo nos encontramos con delatores, detectives digitales, viajeros en el tiempo, pactos suicidas, fiscales encubiertos, contrabandistas, desaparecidos, streamers de pornografía, asesinos seriales y raciales, delatores, dirigentes sociales, artistas plásticos, psiquiatras, justicieros sociales marginales, etc. Catálogo sintético de narrantes que sostienen la arquitectura narrativa elegida por Tete en un extrañamiento constante entre personajes, circunstancias y lugar donde suceden. Los personajes de “Impenetrables”, en permanente estado de combustión, tratan de encontrar un espacio en su existencia donde poder sosegar sus infortunios. 

Marina Arias, por su parte, escribió:

En Impenetrables, Francisco Tete Romero, con la literatura poética y visceral que lo caracteriza, escribe una vez más desde la selva chaqueña, no “sobre” ella. En estos diecinueve cuentos se entrelazan realismo, fantástico, terror, ciencia ficción, policial y crónica histórica, en una suerte de gótico del monte profundamente comprometido con los pueblos del noreste argentino. 

En este libro, el Impenetrable no es paisaje, es personaje: sagrado o maldito, guarda secretos, fantasmas y memorias rotas. En la obra de Tete Romero, lo fantástico no es invención, sino otra forma de comprender el mundo, y la memoria aparece siempre como un territorio en disputa.

Desaparecidos y apariciones del monte, relatos de trata y sectas, la matanza llevada a cabo por la “conquista del desierto”, IA y conspiraciones del capitalismo corporativo, todo eso habita Impenetrables; una obra fragmentaria, polifónica, cargada de imágenes y voces populares. 

Sin dejar nunca de lado una dimensión política transversal que denuncia la opresión y la injusticia, estos cuentos habitan el Chaco más profundo, donde el tiempo se pliega. Lo siniestro convive con lo cotidiano para hablar del amor y de violencias que se traspasan de generación en generación.

 

Cuento 

No somos sosiego

Ahora dos de nosotros hacen guardia. Aprendimos a escuchar las señales de peligros que trae cada noche. 

Al primero de ellos no lo vimos venir. Parecía uno más de nosotros, otra isla aburrida gris y gastada que volvía del trabajo a la tardecita, en un ómnibus repleto. El tipo sabía avanzar despacio sin llamar la atención, desgarbado y como pidiendo permiso, la cabeza caída e inclinada hacia un costado, hasta que se agachó de pronto porque se le cayeron los anteojos negros. Ahí cobró otra vida, porque vimos el destello furioso de sus ojos y velozmente ágil, como si fuera serpiente, mordió la pierna de una piba joven que calzaba un short corto. Ahí escuchamos y temblamos con los alaridos de la primera víctima, con nuestros propios gritos, pero nada se puede comparar con los rugidos del primer rabioso. 

Los que quisieron intervenir para socorrer a esa chica que estaba siendo mordida recibieron certeras patadas que los hicieron retorcerse contra los asientos de pasajeros que chillaban y pedían socorro. Enseguida el chofer detuvo el coche, pero cuando nos hizo callar con su vozarrón de mando el mordedor ya no estaba y lo más raro es que ninguno de nosotros lo vio salir.

Nuestro grupo ya sufrió muchas bajas. Tal vez ya estemos cercados. 

A ese primer ataque le siguieron miles y miles en la ciudad y en todo el país. Durante los días y las noches de los últimos tres años ninguno de nosotros estuvimos a salvo, ni lo estamos ahora, aunque oficialmente nos impusieran la versión de que la peste, como estamos obligados a llamar a lo que nos horroriza la vida, se terminó hace un año. Sus víctimas, en el registro público de la peste acabó por no distinguir a quienes habían mordido de quienes fueron mordidos porque todos tuvieron que ser internados y luego casi en su totalidad sacrificados. Se salvaron de las ejecuciones quirúrgicas solo un par de centenares sin que se especificara si habían sido víctimas o victimarios. 

Ahora los recuperados, como se los designó gubernamentalmente, cumplen tareas de monitoreo, al igual que la legión de drones que infectan nuestros cielos y sobrevuelan edificios y cabezas. Buscan detectar los focos de crispación emocional, e identifican a quienes promueven el desorden social. El resto de las islas también suele colaborar desde las nuevas aplicaciones de sus celulares porque ellas están transformando en ojos y oídos a casi todos. 

Preferimos no conocer nuestros nombres pasados ni ningún dato que pueda volvernos más vulnerables de lo que ya somos. Aprendimos a no usar ciertas palabras, rabia, por ejemplo, fuera de lo que es nuestra comunidad, pero eso también es pasado, porque ahora todo es pura diáspora. 

Nosotros todavía usamos ciertas palabras, canceladas a partir del advenimiento del tiempo del orden y el sosiego que son los valores del nuevo régimen que se impuso en este tiempo que llaman de post peste. Porque muchas palabras cargan con una memoria nociva, que solo remueve los falsos recuerdos de una falsa realidad, la que originó la peste. El sosiego llega cuando se descubre esta verdad por tanto tiempo escondida. Este mensaje aparece como nuevo mantra cuando vemos y escuchamos un video en Youtube o en cualquier otra red social, y está omnipresente siempre en cada plasma de cada negocio y en las pantallas gigantes que pululan en los centros comerciales de esta y de todas las ciudades del país. El tiempo de los conflictos y las crispaciones ha muerto, dicen. 

Uno de nosotros una vez contó que vio que en los mapas digitales de la central nos identifican como puntos rojos y se recomienda a los sosegados que se señalan con color celeste flúor que no hagan contacto visual con nosotros. 

El año uno post peste reordenó la matriz de nuestra sociedad porque habíamos descubierto, nos dicen, que allí, en esa antigua matriz estaba la fuente de la infección que nos corroía los corazones y las mentes con ideas y palabras que movilizaban pasiones enfermizas. 

Ahora uno de nosotros se repone del último ataque de un mordedor al que ya no se lo reconoce ni por la expresión de los ojos ni por los lentes oscuros, sino por la mueca cruel de sus bocas y la media sonrisa siniestra que no busca ocultar nada sino exhibir. Es la más joven, se repondrá pronto. Ahora solo aparecen de noche, bien tarde, y no en lugares públicos. Sus blancos son selectivos. Somos nosotros. Desde el principio ese creemos que fue el plan. 

Por eso aprendimos a movernos en las sombras, a vivir una vida de día y otra de noche. Las otras islas casi nunca reparaban en nosotros. Sabíamos cómo parecernos a ellas porque fuimos como ellas y todavía en cierta forma lo seguimos siendo. Pero nosotros no somos ni queremos ser sosiego. Por eso terminaron por descubrirnos. Por eso estamos aquí y ahora que apesta a encerrona. 

Ahora en el techo de esta casa en la que conseguimos nuestro último refugio se empieza a escuchar el tararear previo que precede como viento maligno los sonidos primero apagados luego ensordecedores de las carcajadas brutales que nos anuncian que vienen por nosotros.

La más joven de todos canta muy bien y a medida que se repone de las heridas canta, nos dice, para agradecernos. Canta un chamamé de su tierra y mientras parece muy concentrada en lo que nos cuenta, chamamé en guaraní significa estar en la lluvia con el alma mía nos dice y afuera la llovizna ya se transforma en vendaval de agua, salta de golpe y trepa los escalones que conducen al techo. Entonces sentimos que esa es la señal para esta batalla que huele a final. 

Y sapucai en guaraní quiere decir le arde o le quema el sonido en los ojos. Porque el chamamé era una música sacra para que volviera la lluvia en tiempos de seca o para que no se acabara el mundo y regresara la luz del sol cuando sobrevenía el eclipse. 

Salimos así a la noche lluviosa sin luna. Estamos completamente rodeados, aturdidos por carcajadas crueles. Nos miramos entonces a los ojos quienes hemos hasta aquí sobrevivido y mientras nos preparamos para el ataque de los nuevos mordedores nos vamos diciendo uno por uno los nombres que nuestras madres nos pusieron.

 

SOBRE EL AUTOR

Francisco Tete Romero es escritor y docente. Profesor en Letras egresado de la UNNE. Especialista en investigación Educativa y Pedagogía de la Lectura. Director de Estudios del Instituto de Educación Superior de la Fundación Mempno Giardinelli, donde a su vez dicta Literatura Argentina I. Fue director del Instituto de Investigación Juan Filloy. Narrador y ensayista. Publicó las novelas Eclipse de mujer, La próxima lluvia, Oler la tempestad, Fantasma del Paraná y Furtivas. Escribió diversos ensayos: Culturicidio. Historia de la Educación Argentina (1966-2004). con ediciones en Venezuela y Cuba. Épica de lo Imposible. Culturicidio 2. Cultura, Educación y Poder en la Argentina 2004-2019, Chaco 8 tesis para otra historia, Napalpí. El crimen por la tierra. Genocidio y Terricidio. Preparó dos antologías: Confines de la Patria Narrativa del nordeste argentino –selección y estudio preliminar– y Narrativa Argentino/ Paraguaya de la Colección Chaco Americano

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