by Claudio Medin | 1 \01\America/Argentina/Buenos_Aires mayo \01\America/Argentina/Buenos_Aires 2017 | Notas
Una lectura sobre la poesía del Noroeste argentino a partir de dos antologías publicadas por el Fondo Nacional de las Artes
Mi sabiduría viene de esta tierra
Una reunión de jóvenes. Ocurrió en Salta a mediados del 2008. Una guitarra circulando por el hall de un hotel, y la mirada puesta en los intérpretes: catamarqueños, santiagueños, tucumanos, salteños, jujeños, todos hermanados de repente por una cancionística en común: la del cancionero folclórico. Por ahí sonaba el “Cuchi”, acompañado por Manuel J. Castilla y el “Chivo” Valladares y las “Coplas para la luna”, y Julio Espinoza con “Vidala para mi sombra”, y los Carabajal, a pura chacarera. Y la memoria en versos: poemas de Calvetti, de Raúl Galán, de Raúl Aráoz Anzoategui. Pero también coplas anónimas atravesando el aire. Hacía falta esa noche de guitarra y vino para completar la descripción que había hecho el poeta porteño Javier Adúriz a la tarde, refiriéndose a los nuevos poetas del Noroeste que acababa de antologar Santiago Sylvester para el Fondo Nacional de las Artes (2008).
Así, a la opinión de Adúriz de una generación atravesada por la globalización, internet, el rock y las nuevas tecnologías, la identidad norteña le contestó esa noche con dos rasgos desconocidos para poetas jóvenes de otras regiones: la capacidad de memorizar textos propios y ajenos, y la ductilidad para remitir la poesía al canto, más allá de las experimentaciones formales y vanguardistas.
Esto que ocurre ahora, con la última generación de poetas del NOA es, sin embargo, un gesto que ha marcado diferencial y positivamente la región poética, desde sus remotos orígenes en la copla española y anónima, mixturada con la escala tritónica de la baguala indígena (Juárez Aldazábal, 2009). Y en contra de lo que se podría suponer, la poesía del NOA se destaca por esa capacidad de elaborar lo propio en el sincretismo: ya, en pleno auge del modernismo latinoamericano, la región había anticipado esa avanzada de América sobre España (especialmente en la figura de Rubén Darío) con la poesía del salteño Joaquín Castellanos (1861-1932), romántico en sus formas pero, sin embargo, permeable a la influencia del gran modernista argentino, Leopoldo Lugones. Su poema, de tono moral, titulado originalmente “El borracho”, para luego convertirse en “El temulento”, ingresó en el sistema escolar argentino memorizado por generaciones de jóvenes en todo el país (Castellanos, 2000).
Pero así como Castellanos permeó la región al movimiento modernista desde su romanticismo, el NOA, gracias al santiagueño Bernardo Canal Feijóo (1897-1982), ingresó tempranamente a las formas vanguardistas del género. Su Penúltimo poema del fútbol, publicado en su provincia natal en 1924, fue el gesto pionero y fundacional que anticipó una de las capacidades más significativas de la región poética: incorporar tempranamente las novedades de la época sin perder, sin embargo, la matriz de la cultura local: su temprano vínculo con el martinfierrismo porteño posibilitó su acercamiento al poeta peruano José Parra del Riego, precursor de la poesía del fútbol en el Continente. Pero su preocupación por involucrarse en la vida futbolística de su provincia, fue lo que terminó dándole forma al poemario (Juárez Aldazábal, 2007). Del mismo modo, el catamarqueño Luis Franco (1898-1988) desarrolló una poética al modo de Neruda, en simultáneo con el gran chileno.
Otro ejemplo significativo en este delicado equilibro entre lo propio y lo ajeno, que fue delimitando la identidad poética de la Región, lo dio, sin embargo, otro santiagueño: el gran Homero Manzi (1907-1951), capaz de construir una identidad anfibia entre el NOA y la Ciudad Puerto que anticipó, en pleno auge del género tango a nivel mundial, el desembarco de las músicas (y también las poéticas) de las provincias del Norte en el panorama cultural argentino, desembarco que continuarían el también santiagueño Andrés Chazarreta, junto al tucumano adoptivo Atahualpa Yupanqui, y todo el aluvión salteño que consolidaría al género folclórico en la industria discográfica de las décadas del 40 y 50 (Juárez Aldazábal 2009).
Es importante señalar que este fenómeno musical, de fuerte incidencia nacional y, posteriormente, latinoamericana, tuvo su contracara poética en la fundación oficial de la Región que hizo el grupo de poetas (aunque había artistas de otras disciplinas) nucleados alrededor del jujeño Raúl Galán (1913-1963), y que, manifiesto mediante, se autodenominó “La Carpa”.
El manifiesto de La Carpa, fechado en 1944, redactado por Galán y suscripto por, entre otros, Manuel J. Castilla (Salta), María Adela Agudo (Santiago del Estero), María Elvira Juárez (Tucumán), y Raúl Aráoz Anzoátegui (Salta), significó una fuerte consolidación hacia lo propio, escapando, sin embargo, a las pretensiones puristas de los folclorólogos. Anticipando otros gestos regionales, el NOA poético se reinventó a sí mismo apoyándose en esa tradición de sincretismo que significaba deglutir la cultura universal en términos locales (Parfeniuk, 1990).
Fue esta generación, la llamada “generación poética del 40”, la que consolidó y tendió el puente hacia la cancionística folclórica, siendo Manuel J. Castilla (1918-1980) el poeta mayor en este acercamiento entre poesía y música, sin desmerecer los aportes de Jaime Dávalos (Salta, 1921-1981), Miguel Angel Pérez (Catamarca, 1930) o el propio Raúl Galán, entre otros memorables y extraordinarios creadores.
Lo que sorprende, ya en pleno siglo XXI, es que esa tradición se haya mantenido incólume, como lo demostró aquella reunión de jóvenes poetas en Salta donde la identidad cultural, más allá de las diferencias estilísticas y las particularidades de cada una de las poéticas, se manifestó en la capacidad de decir poemas de memoria, o en la predisposición al canto.
Es difícil saber si Javier Adúriz cambió su versión homologante entre poetas jóvenes del NOA y poetas jóvenes de cualquier otra región del País. Probablemente no, porque Adúriz no participó de esa guitarreada. Pero para los poetas que participamos fue una marca de identidad indeleble que se manifestó en forma espontánea. La práctica de la memoria. La práctica del canto.
“Mi sabiduría viene de esta tierra”, escribió alguna vez Manuel J. Castilla, pensando en un eslogan para la Universidad Nacional de Salta. Esa frase sirve para pensar la originalidad de la poesía del NOA frente a las poéticas de otras regiones: habla de un modo de invocar el pasado (incluso el más arcaico: el de la naturaleza) en el presente, y de ese modo poder proyectarlo hacia el futuro.
Gracias al trabajo responsable y desinteresado del poeta salteño Santiago Sylvester, los nuevos poetas del NOA nos descubrimos, pero en ese descubrimiento también trajimos a luz las voces de nuestros mayores, resucitando en nuevas formas, formas capaces de mantener viva esa capacidad de sincretismo que habla de una cultura inteligente y abierta, que logra sostener su identidad sin cerrarse a la época ni al mundo.
Las antologías
Justamente, Santiago Sylvester es el responsable de dos libros significativos a la hora de pensar el desarrollo poético de la Región: Poesía del Noroeste Argentino Siglo XX y Poesía Joven del Noroeste Argentino, dos antologías editadas por el Fondo Nacional de las Artes en 2003 y en 2008, respectivamente.
El recorrido que hace el antólogo por el siglo XX del NOA parte del poeta tucumano Mario Bravo (1882-1944), cerrando con el salteño Carlos Jesús Maita (1966), en un recorrido atinado que muestra 84 nombres, algunos tan significativos como los que he mencionado antes (Castilla, Canal Feijóo, María Elvira Juárez -1915/2009-, María Adela Agudo -1912/1952-, Raúl Aráoz Anzoátegui -1923-, Jaime Dávalos, Homero Manzi, Luis Franco), pero también nombres relevantes como Nicandro Pereyra (1914-2001), Holver Martínez Borelli (1930-1978), Jacobo Regen (1935), Leopoldo Castilla (1947), o los riojanos Francisco Squeo Acuña (1938-2006) y Lucía Carmona (1946). 84 nombres que hablan de un siglo en el que la Región consolidó su identidad, con grupos de poetas como el ya citado de La Carpa (1944), con sus antecedentes en La Brasa santiagueña (1925) y sus continuaciones en la riojana Calíbar (1953) y la jujeña Tarja (1955), donde destacaban los nombres de Mario Busignani (1908-1990), Jorge Calvetti (1916-2002), Néstor Groppa (1928) y Andrés Fidalgo (1919-2008), todos incluidos en la antología (Sylvester, 2003).
Entre el siglo XX y el siglo XXI la Región perdió a La Rioja. Lo explica Sylvester en el prólogo a la Poesía Joven del Noroeste Argentino: “En esta selección no está incluida La Rioja, que siempre fue considerada parte del Noroeste: la razón se debe a que esta provincia ha resuelto integrarse a la región del Nuevo Cuyo; desde entonces ha pasado el tiempo, y el tiempo produce sus efectos. Uno de ellos es que en la zona cuyana, según información que me ha llegado, se están gestando antologías regionales, y en ellas se considerará a la provincia de La Rioja: evito, por lo tanto, una posible superposición” (Sylvester, 2008: 9). Este criterio de selección significó que en aquella guitarreada, mencionada en el apartado anterior, no haya estado ningún riojano, lo que nos privó, seguramente, de escuchar alguna canción con el ritmo de la chaya riojana, probablemnte con letra del poeta Héctor David Gatica (1935), incluido en la antología del siglo XX.
Así, los poetas del siglo XXI antologados, nacidos, en concomitancia o con posterioridad al golpe de estado del 76, somos treinta: la antología se abre con el tucumano Guillermo Siles (1967), y se cierra con otro tucumano, Manuel Martínez (1988).
El dato de la dictadura no es menor. Esto lo explica muy bien el antólogo: “por sus fechas de nacimiento, los poetas que integran esta selección llegaron al mundo en el momento de ese quiebre, de consecuencias no sólo políticas; un cambio tan absoluto que podría decirse que se formaron en un país distinto, casi en otro país, que las generaciones previas” (Sylvester, 2008: 15). Y más adelante hipotetiza: “Pero lo que sin dudas se lesionó es la continuidad que hasta ese momento había existido; y esta herida se sumó a la paradoja que señalábamos como parte de esta época globalizada: empujó en esa misma dirección para que el acervo propio se diluyera” (Sylvester, 2008:15). Nuevamente la tensión, la discusión entre lo propio y lo ajeno.
Una reunión en Salta
Con la excusa de la antología, la Secretaría de Cultura de Salta invitó a los jóvenes poetas del NOA para presentar el libro. Santiago Sylvester, antólogo y responsable, convocó al poeta Javier Adúriz de Buenos Aires, para que realizara una lectura de las poéticas emergentes.
Esto ocurrió en julio de 2008, y allí nos dimos cita los salteños exiliados (como el que escribe este texto) y locales, tucumanos, santiagueños, y jujeños. Fue un modo de reconocimiento, y también una forma de confirmar y, al mismo tiempo, refutar las hipótesis de los presentadores: lo propio continuaba presente, a pesar de la dictadura y la atmósfera globalizada.
La idea que enunciara alguna vez Beatriz Sarlo, una literatura regional no regionalista (Juárez Aldazábal, 1998), no pudo encontrar mejor ejemplo que esta reunión de poetas. Algunos, como Pablo Dumit (Tucumán), directamente vinculados a la renovación del cancionero folclórico en pleno siglo XXI, otros, como Idilko Valeria Nassr (Jujuy), fusionando la poesía con el microrelato, ese género tan de moda, pero también algunos, como el lírico Guillermo Siles, reflexionando sobre los fenómenos más recientes de la poesía nacional, incluyendo el “realismo atolondrado” del puerto, que tan bien supieron decantar en una versión superadora, que transforma el atolondramiento en humor corrosivo y crítica social, Juan Anselmo Leguizamón (Santiago del Estero), Federico Leguizamón (Jujuy) y Pablo Espinoza (Jujuy).
Y también están las poéticas intertextuales como las de Juan Manuel Díaz Pas (Salta), Agustín Guerrero (Jujuy) y Fabián Soberón (Tucumán). Las versiones femeninas de la intimidad, como las que elaboran Eva Gardenal (Santiago del Estero), Melisa Ortiz (Jujuy), Gerladine Palavecino (Salta), Celina Galera (Catamarca), Myriam Leal (Tucumán) y Sylvina Bach (Tucumán). Y las poéticas que remiten a realidades sociales propias, como las que practican Eduardo Atilio Romano (Salta), Mariano Ortiz (Jujuy), Sebastián Nofal (Tucumán) y Darío Villalba (Salta). Todo esto, sin descuidar los refinamientos líricos de Marcelo Ahumada (Catamarca), Eduardo Robino (Salta), Dolores Espeja (Tucumán), Denisse León (Tucumán), César Arrueta (Jujuy), Javier Foguet (Tucumán), Arturo Herrera (Catamarca), Camilo Ramos Gatti (Tucumán), Francisco Avendaño (Santiago del Estero) y el más joven de la muestra, Manuel Martínez, donde el manejo de lo local junto a la incorporación de elementos universales hablan de la vigencia de nuestra tradición sincrética.
Lo cierto es que la mayoría de nosotros nos conocimos en aquella reunión salteña. Y en contra de la idea de un corte completo de la tradición, el cancionero folclórico nos vino a hablar de una pertenencia, de una capacidad de la Región que aún persiste en nuestras poéticas, tanteos por lograr un decir propio en los que nos servimos de la cultura universal para confirmar nuestra pertenencia cultural.
La poesía del NOA, se presenta, de este modo, como una de las tradiciones más ricas de la poesía argentina. Una tradición que se remonta al canto de la copla, y que se ha venido consolidando en obras, en manifiestos, en canciones y poemas que enriquecieron la cultura argentina a lo largo y ancho del siglo XX, y que en pleno siglo XXI continúa diciendo desde su originalidad sincrética.
Y quisiera cerrar con una brevísima antología, a modo de homenaje, de uno de nuestros poetas más representativos, no incluido, por pudor, en ninguna de las dos antologías. Me refiero a Santiago Sylvester (1942). Una brevísima muestra de sincretismo poético, perteneciente al libro El reloj biológico (2007), que sólo podía conjugar un poeta del Norte:
(el enterramiento)
ARRIBA, en
la misma cresta, hay piedras mortuorias: muertes
que ya no son nuestras: en círculos: junto al ventisquero que, si se lo sube, concluye
en Chile. Muertos
tal vez ilustres: pero ésta
es tarea de antropólogos que no llegarán, espero, con sus medidas y sus pesas para que
nadie duerma en paz.
Eneas
llegó al templo de Cartago y supo que él era el argumento de ese friso: él
combatiendo y
escapando de Troya con la promesa que lo esperaba en la otra punta: el que dijo aquí
también hay lágrimas para la desventura.
Bajo estas piedras no está Eneas, aún
contando con lo inactual de todo,
pero puestas en friso narran la memoria de cuantos fueron por aquí, luchando
como él sus guerras, fundando ciudades con sus lágrimas porque cualquiera
ríe o se lamenta con la intervención de un dios.
¿Quién puso estas piedras? ¿traídas
o caídas de donde cada una tiene un nombre
y unas fechas? El enterramiento de hombres y palabras comienza siempre así, por el
planteo,
sigue por las historias que se cuentan junto al fuego y
termina con nosotros en círculo espiando para adentro.
¿Cuál es el argumento? ¿De quién se habla aquí, donde sin duda se habla de alguien
que tal vez seamos nosotros,
y todo el argumento sea el que conozco bien
porque es el mío?
Las palabras están naciendo siempre; estos muertos
muriendo siempre: y estas piedras
colocadas para llegar a ellas como si hubiera una piedra esperando a cada uno: mudas
de raíz,
y sin embargo hablan de una vida
y otra:
Una sóla vida tengo
dositas quiero tener,
una pa’ de vez en cuando
otra pa’ permanecer.
Bibliografía
Castellanos, Joaquín (2000), Obras literarias, Buenos Aires, Honorable Senado de la Nación.
Juárez Aldazábal, Carlos (1998), “La sombra del malentendido. Entrevista a Beatriz Sarlo”, en revista El Tyrano Nº 1, Buenos Aires, setiembre.
Juárez Aldazábal, Carlos (2007), “Prólogo a la edición”, en Canal Feijóo, Bernardo, Penúltimo Poema del Fútbol, Buenos Aires, el suri porfiado ediciones.
Juárez Aldazábal, Carlos (2009) El aire estaba quieto. Cultura popular y música folclórica, Buenos Aires, Ediciones del CCC.
Parfeniuk, Aldo (1990), Manuel J. Castilla desde la aldea americana, Córdoba, Alción.
Sylvester, Santiago (2003), Poesía del Noroeste Argentino Siglo XX, Buenos Aires, Fondo Nacional de las Artes.
Sylvester, Santiago (2008), Poesía Joven del Noroeste Argentino, Buenos Aires, Fondo Nacional de las Artes.
Sylvester, Santiago (2007) El reloj biológico, Buenos Aires, Ediciones del Dock.
by Claudio Medin | 27 \27\America/Argentina/Buenos_Aires abril \27\America/Argentina/Buenos_Aires 2017 | Ensayo
La crítica en la Patagonia es un ejercicio que usufructa distintas teorías para analizar el funcionamiento del campo literario y ha conformado una biblioteca que potencia la poética y la narrativa producida en la región. Este artículo es otro aporte a la discusión(1).
“Hoy en día la crítica carece de toda función social sustantiva. O es parte de la división de relaciones públicas de la industria literaria, o es un asunto privativo del mundo académico”.
Terry Eagleton(2)
Citar para situarnos, citar para comulgar, citar para discutir. La cita como suplemento de la hipótesis que se traza sobre lo escrito, sobre lo pensado, sobre lo atribuido. En la cita se coteja la materialidad del campo literario, también se evidencia la densidad de los bienes simbólicos. Tanto en la jerarquía tutelar como en la articulación institucional se encuentra manifiesta la episteme que se constituye como eje ordenador de determinado bloque histórico, estableciendo y garantizando su propia hegemonía. La cita es un interdicto en el discurso del poder. La cita literaria es el más acabado axioma del recorte y de la legitimación, es la promotora de los mapas de lectura, es la que enmarca la tradición selectiva y la que abona, en definitiva, el tributo de la pertenencia. La cita es el nexo o la junción que justifica a la misma literatura: la une, la despliega o bifurca, la nutre, la interrelaciona o desencaja. La cita se comporta como fenómeno intertextual, como dato y guía. En su función instrumental la acumulación de citas conforma y multiplica la biblioteca. La cita literaria es la autoridad que otorgan o condonan los predecesores. Citar es interpretar. Citar es resignificar.
La cita se acopla a la columna vertebral de la crítica literaria, es decir, al lenguaje como lenguaje. Señala Roland Barthes: “la actividad crítica debe contar con dos clases de relaciones: la relación entre el lenguaje crítico y el lenguaje del escritor analizado, y la relación entre este lenguaje-objeto y el mundo. La ‘frotación’ de esos dos lenguajes es lo que define la crítica”(3); o sea, el lenguaje segundo, o meta-lenguaje, el discurso de la crítica, es discurso sobre un discurso, es cita (obligatoria) sobre el lenguaje-objeto, se manifiesta y se hace patente sólo en la “frotación” con lo literario.
Desde los textos se organiza (en realidad, desde la herramienta “texto” se fundamenta, se cimienta, se instituye) la etapa de la dominación cultural. El “poder” es el que nombra y posee la prepotencia del orden del discurso, es la fuerza que ha materializado y plasmado en signos lo antiguo y la novedad, por ende enuncia la tradición y bautiza lo emergente, lo hace relato, forja, concretamente, la marca(4). Es necesario leer lo que se dice que se dice sobre la otredad, los modos con que el discurso dominante refiere al dominado(5). Pues la retórica hegemónica crea/recrea el imaginario colectivo, tiende sus hilos a través del discurso social, engendra su propia sociedad de discurso. Las retículas del poder contienen también el balbuceo del subalterno, lo incluyen, y éste sólo puede hablar en esa lengua, reproducirla, citarla, y puede convertir a la cita en contradiscurso.
Desde ese estado de emergencia sería posible interpelar a la literatura mayor, a la literatura argentina; es decir, repensar ―apelando a la crítica literaria― el cuadro de situación de los autores que escriben “literatura en situación patagónica”, como plantea la profesora Gabriela Luque.
Bajo esta perspectiva de análisis, los escritores contemporáneos que componen sus obras viviendo en la Patagonia lo hacen, podría señalarse, en y desde lugares cuasi marginales, periféricos dentro de la misma periferia; considerando el predominio de un centro de poder donde se toman las decisiones políticas y, por ende, culturales. Sin embargo, conociendo (e identificando) los dispositivos en donde se dirimen las batallas culturales, sería posible instrumentalizar una réplica desde el mismo oficio de la palabra como también ignorar esos posicionamientos en el campo literario nacional. Lo que no quiere decir que la escritura en el sur del sur esté ajena a la serie literaria de la región y mucho menos enajenada del mundo ―como podría insinuar algún incrédulo obnubilado por las europas―. Acorde a dicho correlato, debería importar mucho más la elaboración de una obra sólida que dónde y cómo se legitima el corpus literario, porque a pesar de los relegamientos del “poder” se construyen poéticas densas y representativas en este territorio que siempre fue vapuleado por los organizadores del imaginario de la Nación. Y esta multiplicidad de autores no escriben a destiempo ni a contramarcha de lo que se debe publicar según las reglas al uso y la moda impuesta por el mercado, sino que adscriben a una poética esencial parida del diálogo con la tierra que rezuma junto a un pasado que no calla (ni otorga olvido). Y no se habla de literaturas caratuladas como regionalistas, se habla del canto y del tono cimarrón que tan bien definiera el poeta y periodista Gerardo Burton.
Definen Gilles Deleuze y Félix Guattari que “una literatura menor no es la literatura de un idioma menor, sino la literatura que una minoría hace dentro de una lengua mayor”(6). Se resalta como particularidad el hecho que una parte de esa minoría hacedora y constructora de sentidos está instalada en Patagonia, y escribe, poetiza y hace crítica(7).
Considerando el artículo de los pensadores citados deben releerse en otra clave a las obras del acervo cultural patagónico, porque una “de las características de las literaturas menores es que en ellas todo es político”. Ese quehacer conlleva a destramar un tejido cargado de secuelas, heridas y olvidos que irrumpen en cualquier instante, una impronta —debido a que los hechos son sucesos históricos y cotidianos— que se conecta de inmediato con la acción política, y la literatura, tarde o temprano, dará cuenta de ello.
En consecuencia, toda construcción cultural requiere de un proceso político, donde queda expuesto lo social a su arbitrio, a su mandato, y a la vez se impone un disciplinamiento con sus propias “estructuras estructurantes”, aunque haya resistencias y mediaciones. Pero para instaurar esa hegemonía se debe constituir una biblioteca, formular listados, enunciar catálogos, instaurar archivos. El poder subvierte lo pre-existente, rebautiza, suplanta. Detallan Tomás Eloy Martínez y Susana Rotker: “Narrar era conquistar. Narrar era escribir la ley, la legalidad y la legitimidad. Era encontrar un discurso que ordenaba lo real, y al ordenarlo, establecía las fuentes de la autoridad que lo regía”(8). Por ello la relevancia de la biblioteca, porque “Las bibliotecas, entonces, eran el lugar de lo irreal, o si se prefiere, el lugar de lo ideal; eran el reino que preservaba lo que debía ser, no lo que era”(9). Sobre sus cimientos se funda la ciudad letrada, desde donde opera y disciplina el mandato del vencedor, permeando las directivas y ordenamientos antecesores, por lo tanto el espacio (espacio de debate) es reconstituido por la interacción de las relaciones sociales, las instituciones culturales y las formas moldeadas y revulsivas de la subjetividad.
Según Jean Pierre Faye “el proceso de la historia se manifiesta en cada instante como doble: acción y relato”(10). La historia sería entonces un proceso o acción real y a su vez un relato que al enunciar lo acontecido produce la historia misma. El relato de la historia es sólo posible por medio de la narración de lo ocurrido; por lo tanto es transhistórica y transcultural. Esta resignificación se hace sobre la base de lo sucedido, sobre lo dicho y lo escrito.
De la cita, del relato, de la sociedad de discurso es necesario nutrirse para dilucidar el estado de emergencia, entrever la realidad pero también el campo ficcional que se monta a través de los bienes simbólicos. Recurrir al archivo sirve para soterrar lo que fue invisibilizado, también recuperar tramas, comprender los procesos, indagar, y fijar la toma de posición. La pluralidad de voces es un bosquejo en que puede explayarse un ejercicio de reconocimiento, un ejercicio de disputa del modo de “contar”.
Ante lo expuesto, apelando a la crítica, la pregunta sería ¿cómo se ha narrado la Patagonia y en la Patagonia? ¿cómo se narra la Patagonia y en la Patagonia?
Silvia Estela Casini, de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, indica:
“El espacio patagónico fue caracterizado de manera homogénea a partir de un discurso foráneo relacionado con prácticas imperiales de apropiación del espacio. Se configuró, así, una red textual (que hemos denominado ‘texto fundador’ del espacio patagónico)”.(11)
Laura Pollastri, de la Universidad Nacional del Comahue, refiere:
“Los modos que Occidente ha forjado para leer la Patagonia […] Nuestra Patagonia doméstica ―en el sentido de domus, hogar, lugar en el que desarrollamos nuestra vida cotidiana―, es un lugar de enunciación a contrapelo de las utopías de Occidente, y aunque se insista en instalar en ella una reserva de otredad maravillosa, nuestra mirada está obligada a deconstruir los aparatos y los modos con los que Occidente lee el mundo”.(12)
Expone María Gabriela Rodríguez, también de la Universidad Nacional del Comahue:
“La Patagonia se conforma como tal a partir de los relatos que la nombran, la constituyen, la recrean, y le dan existencia como espacio simbólico”.(13)
Estas docentes e investigadoras citadas deconstruyen y desmontan el discurso que ha legitimado el relato sobre la Patagonia, resemantizan la productividad significante dependiente de la mirada etnocéntrica europea, cambiando el horizonte de expectativa. Y esto fue posible gracias a la crítica literaria, a la aplicación de la teoría para analizar la literatura y la cultura.
En los últimos años se han publicado muchos artículos, ensayos, papers, ponencias, de investigadores, profesores, estudiantes y escritores que residen en la Patagonia(14), y esto conforma un corpus importante de bibliografía, en donde subyace la “lectura” de la representación literaria del espacio patagónico. Ante el reconocimiento de una dinámica cultural impuesta surge la necesidad de revisar los textos que refieren el pasado. Entonces los autores contemporáneos reescriben con una perspectiva distinta de la que fue heredada y multiplicada en los sistemas modelizantes secundarios (la literatura en sí). Por eso los ideologemas(15) fundacionales entran en crisis; en consecuencia prospera otra resignificación de lo escrito y de lo que se escribe respecto al territorio, sobre la “literatura en situación patagónica”.
En ese sentido hay escritos que son insoslayables, y que sirven, de alguna manera, para “interpretar” qué se codifica, qué se legitima, en tanto y en cuanto a producción literaria en la Patagonia. Además en el análisis de ese corpus se pueden evidenciar los constantes reacomodamientos del campo literario, acorde al funcionamiento del campo del poder. Y en ese entresijo se encuentra la crítica, porque no escapa ni puede evadirse de tales determinaciones(16).
Además de los textos citados habría que recurrir a una bibliografía que crece y se actualiza de forma continua; bibliografía que tuvo, por momentos, una consecución fragmentada, en otros, la distribución atentó en su conocimiento como en la posibilidad de interacción.
Muchas ponencias que se presentaron en congresos universitarios o encuentros de escritores se han destacado por su perspectiva de trabajo y aplicación de teorías, las cuales abrieron el panorama a veces cerrado, a veces tecnificado a su máxima expresión de la academia. Esos ensayos y ponencias contenían en interesantes punto de vista sobre el fenómeno que se caratula como literatura escrita en Patagonia.
La profesora Viviana Ayilef expone esta situación en el artículo “El patrocinio de los lugares comunes (Señales del tránsito literario en Patagonia)”:
“La crítica y la Academia en nuestra región han sido muy fructíferas en el estudio de estos textos (pienso en Pigafetta, en Darwin, en Musters, en Chatwin, en Hudson) o en la lectura de las miradas de escritores argentinos ―consagrados también― sobre esta Patagonia. Pienso en Payró, en Giardinelli, Roberto Arlt. […] Sin embargo, vale mencionar aquí que metodologías de trabajo como la de Ariel Williams, desde la cátedra específica de Literatura Patagónica, de la institución instituyente por excelencia, proponen una forma diferente de lectura: desde una concepción del canon como algo que fluctúa o se cuestiona, desde el desplazamiento permanente del objeto. Esa ruptura se evidencia en la incorporación año tras año de un corpus diferente y contemporáneo de lectura, y en la profundización desde los postulados del Neomarxismo o Materialismo Cultural, de los debates en pugna en ese campo cultural. Claro que Williams […] como Ricardo Costa, Sergio De Matteo, Claudia Sastre, Raúl Artola, Juan Carlos Moisés, Liliana Ancalao, entre muchos otros, han creado vías alternativas a la crítica académica, con amplios canales de circulación por fuera del camino señalizado de la lectura patagónica, por fuera del patrocinio del canon nacional como referencia autorizada”.(17)
La codificación de la realidad por medio de los discursos va acumulándose como capas geológicas. Uno de los modos o formatos para representar lo real es la misma literatura, donde se apela a lo imaginario y a lo simbólico. Las formas literarias se constituyen, así, en relato que interactúa con el discurso social, con el discurso político, por sobre todo porque el signo es de carácter ideológico. Lo fundamental es comprender al conjunto (la producción sociocultural) en su misma diversidad, en su proceso dialéctico; pues todos los factores y fenómenos culturales y sociales se ponen en juego, todo es reflejado y refractado en los respectivos “textos culturales”.
La palabra está viva, porque nace en el interior del diálogo como respuesta y réplica ideológica. La interacción se da entre las palabras, en el universo de las palabras. La ley del lenguaje es la lucha por el signo, por el discurso o la puesta en discurso (“el discurso del saber quiere ser discurso de poder”, ha dicho Jacques Lacan) que, a su vez, representa y comprime puntos de vista sobre el mundo, formas de conceptualizar las experiencias sociales. Cada punto de vista está marcado por entonaciones, valores, verdades y significados diferentes, porque la disputa por los signos no es otra cosa que la lucha de las mismas fuerzas sociales.
De un lado y del otro están las interpretaciones, el crítico ruso Mijaíl Bajtin ya había señalado que “todo signo es ideológico”. La ficción no escapa a este mandato, la poesía tampoco, al igual que el ensayo y la crítica. La representación que se trata en un relato, en un poema o en un ensayo se destaca por su densidad política, por su porosidad política, por el recorte y selección, por la construcción significativa que se hace sobre lo real en términos ideológicos. En consecuencia, así como hay una escritura, también hay una lectura desde algún lugar. Y quien realiza crítica también lee, interpreta, hipotetiza, ubica dentro de un contexto a la literatura y al análisis literario. La frotación de los dos lenguajes ―el del ensayista con el del escritor― patentiza y evidencia la acción crítica. En términos políticos, sociales y culturales no puede haber un no-lugar; la neutralidad se pretende apolítica pero no puede decirse que en la misma negación no hay política, que no hay relato. Aunque la posmodernidad haya insistido con el fin de la historia, intentando difuminar las tradiciones y los metarrelatos, siempre existe el punto de vista, siempre habrá toma de posición. Se lee y se desentraña desde un lugar, tanto desde la lectura como desde la escritura. Los modelos epistemológicos anteceden a toda producción significativa, y estos modelos se imponen en la etapa de formación, después, dentro de lo posible, se eligen. Las elecciones intelectuales están determinadas en principio por la familia, después por la escuela, sentencia el sociólogo Pierre Bourdieu. Por eso el pasado incide sobre las posibles elecciones, sobre las posibles lecturas, sobre las posibles escrituras.
Así como los artistas brasileros implementaron en el siglo pasado la antropofagia, cuando propusieron que “ante a la poesía de importación, poesía de exportación”; la crítica desde la Patagonia debería instrumentar una estrategia similar, una apropiación de la metodología, pensando a la misma como una antropofagia de las teorías(18). Valerse de la canibalización (y carnavalización) que sirva como andamiaje y potenciador de las producciones literarias de la región; y esto se piensa más allá de la lucha agonística que propende el campo cultural tanto a las obras como a los autores. Muchas veces esta situación en donde traccionan conocimientos, posturas ―e imposturas― que incurren en el funcionamiento del campo intelectual, las revoluciones, las experimentaciones, llegan primero por parte de los creadores; dando de esa manera los elementos o las vías para que la crítica explique, interprete e historie el proceso literario.
La poeta e investigadora Claudia Sastre conjuga ambas prácticas significantes (la poesía y la crítica) y lo deja manifiesto en el poema “engranaje by ferdinand”. Con ese texto se podría sustentar todo lo antedicho y dejar abierto, además, los cuestionamientos y los interrogantes a lo expuesto, porque la cultura ―en términos griegos― no es un ergon, una cosa dada y definitiva, sino una enérgeia(19), algo que se encuentra en movimiento, en construcción y deconstrucción constante, en trance, como la misma esencia de la literatura o la creatividad.
Un poeta monta un engranaje/ luminoso en su poesía/ un crítico intenta hablar/ de y sobre sobre esa luz/ y monta otro// quiere escribir crítica/ pero sale poesía// qué hacer con eso?// Ausencia?// O presencia plena?/ El engranaje del engranaje suena/ y es suficiente// el engranaje del engranaje canta/ eso es la música/ aunque se monte sobre lo imposible/ de decir, seguirá diciendo/ su número infinito/ todo su temblor (20)
NOTAS
1. Publicado en Mauricio Robles, Gabriel Arancibia y Lorena Wajdzik (compiladores). Seis momentáneos lapsos. Conversaciones hacia el adentro de la literatura y sociedad en la Patagonia. Trelew: La Galera ediciones, 2014, pp. 55-59.
2. Terry Eagleton. Función de la crítica. Buenos Aires: Paidós, 1999, p. 9.
3. Roland Barthes. “¿Qué es la crítica?”, en Ensayos críticos. Buenos Aires: Seix Barral, 2003, p. 349.
4. “Pocas veces el poder de la palabra escrituraria asoma con tanta nitidez como cuando se leen las crónicas de Indias, las primeras historias del Nuevo Mundo. Es en el orden del discurso y no en el orden de lo real donde todo se nombra por primera vez. El discurso escriturario construye (o re-construye, o crea) los documentos sobre los que se erigirá la historia legitimadora. La narración fija las marcas de lo real, establece los códigos, los límites, los linajes.” Tomás Eloy Martínez y Susana Rotker, “Oviedo y Baños: la fundación literaria de la nacionalidad venezolana”, en José de Oviedo y Baños. Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela. Caracas: Biblioteca Ayacucho, Colección Clásica N° 175, 2004, pág. XVII.
5. “Esa dificultad extrema para entender “lo Otro” impregna todos los textos que darán origen a las literaturas latinoamericanas, al menos hasta las primeras victorias independentistas. La extrañeza está siempre allí, como referencia y como pauta, aún en obras que se escriben desde la mirada del diferente.” Ibídem, pág. XII.
6. Gilles Deleuze-Félix Guattari. Kafka. Pour une littérature mineure. París: Les Éditions de Minuit, 1975.
7. Para sopesar la complejidad del campo intelectual patagónico es necesario hacer algunas digresiones. Primero, se debe resaltar que aún perdura la incidencia política del exterminio instaurado por la hegemonía para cimentar sobre los vencidos el estado moderno (y también el estado de carácter fascista). Se denomine Argentina o Chile (se nombra a este país porque coexiste una matriz cultural que sigue vigente), el caso es similar, se destruyó a través de un etnocidio programado a los pueblos originarios, y también de un genocidio a las formaciones ideológicas, para usufructuar los territorios rapiñados, la fuerza de trabajo, esclavizando o desapareciendo a hombres y mujeres que eran libres por garantía de la constitución tantas veces redactada y refrendada.
Si se piensa en una literatura que incluya a todos los agentes productores se deben considerar todas las poéticas menores, y más allá del canon que consagre el campo literario —merced a publicaciones, merced a premios—, es imperioso reinterpretar que una lengua mayor nos ha dictado hasta ahora las coordenadas para la escritura, dejando las lenguas subalternas sin radio de acción dentro de la institución, es decir, repujándolas a los márgenes, condenándolas casi a una muerte simbólica, pero aún así hay y se palpa por la variedad y cantidad una “literatura en situación patagónica”.
En los trabajos de análisis, muchas veces, se simplifica demasiado, y parece que escribir en Patagonia es hacerlo solamente en español, es decir, en la lengua dominante o lengua mayor. En contrapartida los estudiosos de la literatura patagónica deben —en algunos casos paradigmáticos se hace— considerar cada uno de los idiolectos con los que fue nominando su historia y memoria, articulando los bienes culturales de los pueblos originarios junto a los procedentes de una tradición tan fuerte dentro de la poesía como los galeses.
8. Tomás Eloy Martínez y Susana Rotker. Op. cit., pág. XX.
9. Ibídem, pág. XXVI.
10. Jean-Pierre Faye. Théorie du récit. Paris: Hermann, Col. “Savoir”, 1972.
11. Silvia Estela Casini. Ficciones de Patagonia: la construcción del sur en la narrativa argentina y chilena. Rawson: Fondo Editorial Provincial Chubutense, 2007.
12. Laura Pollastri, “Las coordenadas del laberinto: patagonia argentina y escritura”, en IV Encuentro de Escritores, Esquel literario 2009, Esquel, 2009.
13. María Gabriela Rodríguez, “Patagonia: el poder está en el nombre que la nombra”, en 4° Jornadas de Historia de la Patagonia (CD), UNLPam, Santa Rosa, 2010.
14. La página www.revuelto.net fue un sitio desde donde Cristian Aliaga abrió un intersticio en los links del mundo global e irrumpió, de modo virtual pero real, toda una literatura y un arte pergeñado en el Sur. Muchos productores culturales venían desde antes dándole sentido a la producción cultural patagónica, claros ejemplos son la revista Coirón y Cavernícolas, los grupos Poesía en Trámite y Canto Fundamento. Otros continuaron ese trabajo a través de la red, en las imprentas o en la organización de encuentros en la Patagonia. Se crearon institutos y cátedras para estudiar esa “literatura” en distintas facultades, editoriales, revistas y suplementos culturales para publicar ―Editorial Universitaria de la Patagonia, Revuelto Magallanes, Libros Celebrios, Editorial Limón, Bogavante, Vela al viento, Tela de rayón; Patagonia/Poesía, Museo Salvaje, Confines, El Camarote, Verbo Copihue, Caldenia, Tinta China―, encuentros y congresos para difundir y debatir ―Encuentro de Escritores Patagónicos (Puerto Madryn), Culturas del Sur del Mundo (Trelew), Jornadas de Literatura Patagónica de la Universidad San Juan Bosco (Trelew), Feria de la Palabra (Comodoro Rivadavia), Jornadas de Literatura Argentina en la Patagonia de la Universidad del Comahue (Neuquén), Conversaciones de Otoño (General Roca/Fisque Menuco), Esquel Literario, Seis momentos lapsos (Trelew)―.
15. Para Julia Kristeva: función intertextual que se materializa en los diversos niveles de la estructura de cualquier texto y que condensa el pensamiento dominante de una determinada sociedad en un momento histórico.
16. A las referencias citadas sería posible agregar: Irma Cuña. Identidad y Utopía. Neuquén: Editorial Educo, 2000. María Eugenia Correas y Sergio Mansilla (Selección y prólogos). Abrazo Austral. Poesía del Sur de Argentina y Chile. Chile: Desde la Gente, Chile, 2000. Niní Bernardello (Selección, prólogo y notas). Cantando en la casa del viento. Poetas de Tierra del Fuego. Comodoro Rivadavia: Editorial Universitaria de la Patagonia, 2001. Ernesto Livon-Grosman. Geografías imaginarias. El relato de viaje y la construcción del espacio patagónico. Rosario: Beatriz Viterbo Editora, 2003. Juan Carlos Moisés. “Escribir en la Patagonia”, en revista El Camarote N° 3, junio/julio 2004, Viedma (Río Negro). Ariel Williams. “Campo literario patagónico: políticas, zonas, territorios”, Ponencia en las 1º Jornadas de Literatura Argentina en la Patagonia, 16 al 18 de junio de 2004, Universidad del Comahue (Neuquén). Héctor Raúl Ossés. Patagonia, ficción y realidad. Buenos Aires: Terra Incógnita, 2005. Concha García (Selección y prólogo). Antología de poesía de la Patagonia. Málaga: Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga, 2006. Raúl Artola (Compilador) y Mónica Larrañaga (Estudio preliminar). Poesía/Río Negro. Antología consultada y comentada. Viedma: Fondo Editorial Rionegrino, 2006. Ricardo Costa. Un referente fundacional. Las letras neuquinas (período 1981-2005) y su (in)transferencia al campo educativo. Buenos Ares: El Suri Porfiado, 2007. Silvia Estela Casini. Ficciones de Patagonia: la construcción del sur en la narrativa argentina y chilena. Rawson: Fondo Editorial Provincial Chubutense, 2007. Héctor Raúl Ossés. Patagonia. Ficción y realidad. Mitos y certezas de navegantes y aventureros. Ushuaia: Zagier & Urruty Publicaciones, 2008. Luciana Mellado. “Patagonia se dice en plural: algunas cartografías literarias de la Patagonia (Circa 1960- 2000)”, II Jornadas Nacionales de Investigación en Ciencias Sociales, del 13 al 15 de noviembre de 2008, Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (Sede Trelew). Marcelo Eckhardt, “Literatura entre fronteras (narraciones del desplazamiento)”, II Jornadas Nacionales de Investigación en Ciencias Sociales, del 13 al 15 de noviembre de 2008, Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (Sede Trelew). Jorge Spíndola, “Poesía mapuche y fronteras culturales”, II Jornadas Nacionales de Investigación en Ciencias Sociales, del 13 al 15 de noviembre de 2008, Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (Sede Trelew). Ariel Williams, “Las prácticas intelectuales en la Patagonia: memoria e impronta”, II Jornadas Nacionales de Investigación en Ciencias Sociales, del 13 al 15 de noviembre de 2008, Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (Sede Trelew). Cristian Aliaga. Desorbitados. Poetas Novísimos del Sur de la Argentina. Buenos Aires: Fondo Nacional de las Artes, 2009. Ángel Uranga. El Eco de la letra. Escritos al margen. Ensayos patagónicos 1997-2011. Buenos Aires: Tela de Rayón, 2011.
17. Viviana Ayilef, “El patrocinio de los lugares comunes (Señales del tránsito literario en Patagonia)”, en revista Museo Salvaje N° 24/25, verano 2010/2011, Santa Rosa (La Pampa), p. 29.
18. Claudia Sastre resalta el empleo de recursos epistemológicos para estudiar la literatura de la Patagonia y en su texto “La mitad secreta del mundo” se lee: “En el ámbito de la crítica literaria hemos coincidido algunos investigadores, en la cuestión de la singularidad de nuestra literatura, que exige un aparato crítico diferente al de la literatura nacional. Este aparato crítico se está formando, pero nuestra literatura, por su características, exige a los críticos trabajar con métodos poco ortodoxos, con cierto grado de ‘antropofagia teórica’, como bien lo definió el poeta e investigador pampeano Sergio De Matteo” en http://www.librodearena.com/blog/postsCategoria/2730/2519.
19. “…ya no significaría un conjunto de pautas culturales ya dado, un ergon, sino el proceso mismo de su hacerse ―enérgeia― y no de cualquier modo (pues también categorialmente pueden estudiarse las culturas en este trance), sino de suerte que este ‘hacerse’ tenga un alcance práctico tal que, en él, quedemos incorporados nosotros mismos…”, Gustavo Bueno Martínez. El papel de la filosofía en el conjunto del saber. Madrid: Editorial Ciencia Nueva, 1970, p. 38.
20. http://es.calameo.com/read/000750551ed5e0fff6e73.
by Claudio Medin | 12 \12\America/Argentina/Buenos_Aires abril \12\America/Argentina/Buenos_Aires 2017 | Ensayo
La diversidad de la poesía argentina contemporánea a partir del análisis de las poéticas de Cristian Aliaga (Chubut), Carlos J. Aldazábal (Salta), Liliana Campazzo (Río Negro), Mario Arteca (La Plata, Buenos Aires), Marcelo Dughetti (Córdoba) y Roberta Iannamico (Villa Ventana, Buenos Aires). Una lectura incisiva en la que se conjugan distintas tradiciones para describir el mosaico complejo de la poesía nacional.
La poesía argentina actual manifiesta en varios de sus planos la inestabilidad y la ambigüedad de la situación del poeta, tanto con respecto a su lugar social y su práctica como con respecto a su discurso. Dicha situación, por supuesto, no es concebida solamente como una falla, como algo negativo, sino también como un elemento inherente a la práctica poética. Esta es de por sí, hoy en día, ambigua, busca y cultiva la inestabilidad y la precariedad, camina sobre un suelo que no está nunca asegurado. Como consecuencia de ello, la poesía argentina es, con mucha frecuencia, autorreflexiva: los poemas hablan de la escritura, de la cotidianeidad del poeta, polemizan con otras poéticas, con distintas formas de leer, hablan de la posibilidad o imposibilidad del poema, etc. La poesía y el poeta se ubican, así, en un lugar crítico: se hallan en permanente estado de crisis y autorreflexión y, simultáneamente, se construyen como crítica social, ideológica, discursiva, literaria, etc.
La poeta patagónica María Silvina Ocampo, por ejemplo, autora de una obra extraordinaria como Mujeres de maíz, se ha negado durante mucho tiempo a editar su trabajo y solo lo ha difundido oralmente en contextos muy acotados (reuniones de amigos, veladas de poetas). Esta actitud constituye una crítica del sistema literario y editorial tal como funcionan actualmente. El cuestionamiento se ejerce, en lugar de dándose a la publicidad, asumiendo un lugar precario y bastante solitario y difícil: el de la poeta inédita. Sin embargo, ¿en cuánto se diferencia del de los poetas que editan? Lo que hace la poeta es enfatizar, actuar ese lugar, llevarlo hasta sus últimas consecuencias… señalándolo como el locus político que de hecho es. La poesía es marginal, se halla en permanente estado de crisis, y esa es su debilidad, pero también esa es su fortaleza. Lo que esto quiere decir es que la marginalidad es la que sostiene a la poesía como una práctica en crisis y, por eso, crítica.
En este trabajo, analizaré las obras de seis poetas de Argentina: Cristian Aliaga (Lago Puelo, Chubut), Carlos Juárez Aldazábal (nacido en Salta, vive en Buenos Aires), Liliana Campazzo (Viedma, Río Negro), Mario Arteca (La Plata, Buenos Aires), Marcelo Dughetti (Villa María, Córdoba) y Roberta Iannamico (Villa Ventana, Buenos Aires). En sus poemas se percibe, de una o de otra manera, la inestabilidad del poeta y la poesía que vengo señalando, y también, el carácter autorreflexivo que esta última ha ido adquiriendo en dicha situación.
Descargar el ensayo completo (versión PDF).
by Claudio Medin | 11 \11\America/Argentina/Buenos_Aires abril \11\America/Argentina/Buenos_Aires 2017 | Poesía
Siete poemas de Mario Meléndez, voz insoslayable de la poesía chilena contemporánea.
Tiro piedras a esos cisnes
que habitan mis lagunas mentales
pero las piedras se convierten en lagunas
y las lagunas en otros cisnes
que huyen a pie por una tierra baldía
Cámara lenta
El señor del chaleco triste
ya no da de comer a las palomas
los domingos por la tarde
Ahora ha encontrado una viuda joven
con la que espera pasar sus últimos días
tendidos en el lecho y comiendo manzanas
Los domingos por la tarde
vuelve a aquella plaza
del brazo de su amada
y se sienta en el mismo banco
a contar la misma historia
que antes repitiera a las palomas
La mujer escucha embelesada
cada palabra que asoma
por la boca de su héroe
El paisaje se cruza de brazos
el viento cabecea y bosteza entre los árboles
la tarde sale a estirar las piernas
las palomas lo miran con nostalgia
Oveja negra
Nunca nos despedimos de Dios
tampoco lo hicimos de la muerte
Éramos arrogantes hasta decir basta
creíamos que al final
las musas se pondrían de rodillas
Pero estábamos equivocados
nadie nos esperaba en ninguna parte
ni siquiera en el más allá
Sr. Pessoa
Usted está hecho de frutas extrañas
que envejecen cada tarde al
volver a casa
Son frutas inútiles como esas cartas
que lleva en la memoria
Así es la vida, señor Pessoa
la mano que mece la cuna
fue cortada por un tren de carga
donde iban sus heterónimos
crucificados
Deberá escribir sus obituarios
Pero quién escribirá el suyo
ahora que Dios sólo pinta grafitis
en las tumbas de los niños muertos
El último aquelarre*
De todas las brujas que vinieron a casa
el día de muertos
eras la única que no traía escoba
Tal vez esa manía de imitar a jovencitas
que lucen extraños tatuajes
o aquellas que salen en burdos comerciales
hace que pierdas el norte de tu vuelo
y encuentres horizontes más aptos
para evadir la realidad
Cuál pócima será la indicada
para que entres en razón
cuántos pelos de gato serán suficientes
cuántos huevos de araña bastarán
para sacarte de aquel sueño en el que habitas
con los muslos apretados
Será mejor que por tu bien recapacites
y vuelvas con los tuyos
hazlo por esa escoba que gime en las noches
mientras barre el polvo de la soledad
*Reunión de brujas en torno a la figura del Diablo, representado por un macho cabrío.
La lengua habla a través de sus recuerdos
No tiene pelos en la lengua porque no tiene lengua
se la arrancaron
como a esos bueyes que surten los mataderos
y llevan polvo en las axilas
Pero la lengua habla a través de sus recuerdos
se comunica en el idioma de los muertos
a quienes tanto debemos
se hace entender a cucharadas
como esos árboles que mueven los pies
para decir presente
La lengua habla aunque se llene de hormigas
aunque se pudra y ya no sea la misma
sigue cantando o ladrando o haciéndose a un lado
para que se oigan más fuertes los gritos del silencio
El cadáver de nadie
Usted verá pasar el cadáver de nadie
por una sinagoga en llamas
Estará parado en la esquina
donde el cortejo se divide en dos
Unos irán a pie
llevando el ataúd por un atajo
Otros en línea recta
escoltando la carroza de rodillas
Llegado al cementerio
la madre y la viuda del cadáver
se quitarán el luto
y las piernas ortopédicas
Podrá ingresar al recinto
sólo si es familiar
De lo contrario
deberá contemplar resignado
al igual que esos curiosos
apostados en los techos
o colgados de los plátanos orientales
Terminada la ceremonia de cremación
las cenizas serán arrojadas
sobre la concurrencia
y usted volverá a la misma esquina
a esperar el siguiente funeral
Años después
Cuando mi abuelo sacó por fin
los muertos del baúl
un grillo ensayaba
sobre un esqueleto sin nombre
su primera sinfonía
Mario Meléndez (Linares, Chile, 1971). Entre sus libros figuran: “Apuntes para una leyenda”, “Vuelo subterráneo”, “El circo de papel”, “La muerte tiene los días contados”,”Esperando a Perec” y “El mago de la soledad”. Sus poemas aparecen en diversas revistas de literatura hispanoamericana y en antologías nacionales y extranjeras. Parte de su obra se encuentra traducida al italiano, inglés, francés, portugués, holandés, alemán, rumano, búlgaro, persa, catalán, macedonio, griego y árabe. Actualmente radica en Italia. Al inicio de 2015 fue incluido en la antología “El canon abierto. Última poesía en español”, publicada en España por Visor.
by Claudio Medin | 11 \11\America/Argentina/Buenos_Aires abril \11\America/Argentina/Buenos_Aires 2017 | Poesía
Poemas de Marisa Martínez Pérsico, una de las voces más personales de la actual poesía argentina.
XII
(De Poética ambulante, 2003)
Te rodeaba una cofia de marfiles
como flores o túnicas
inútiles.
Yo quería despojarte de esas mantas,
verte bailar liviana y cadenciosa.
Sí,
era ese traje incómodo,
te hacía lucir de porcelana.
Yo a tu lado,
estatua viva de mármol en la fuente
dedicando su elogio de Narciso
a una réplica de labios
indefensos.
Allá hay un vaso que siente como yo,
una prolongación vidriada
de mi cuerpo.
Qué lástima verme en ese vaso,
compartiendo su ser
de recipiente.
DUNAV SAVA
(De El cielo entre paréntesis, inédito 2016-2017)
Pasan los pinos azules de Belgrado.
Desde su último invierno,
a través del ramaje de otra lengua,
me saluda mi padre.
No habré cambiado mucho en estos años,
más allá de una hija
cuya vida no acertó a murmurar.
Debajo del collar de las bocinas,
por el vidrio que esboza un pentagrama,
el ayer es un libro que comienza.
Quién dijera:
convocar dos recuerdos que no pueden hablarse
en mi mesa de tres del pensamiento.
El viajero de enfrente me sonríe,
por sus ojos desfilan memorias del futuro.
Mi hija observa, también, por la ventana.
¿En qué distante mundo
se ha sentado a evocarme
mientras mira los pinos de otro cielo
que transcurren, copiosos de avutardas?
Hemos llegado a la estación. Se desvanece
el coloquio familiar. Nada es distinto.
Tal vez lo que importa del paisaje
es merecer un asiento en la memoria
de alguien que nos quiso
cuando estamos ausentes.
LJUBLJANICA SAVA
(de La única puerta era la tuya, 2015)
Se esfuman ciertos gestos
del crucero que hicimos por Ljubljana.
Las sensaciones aéreas,
cómo el viento jugaba con mi falda,
cómo el agua cantaba en movimiento.
Allí toqué,
por un segundo,
el alfiler agudo de la dicha,
pero fue tan leve al tacto
que lo perdí al doblar el primer puente,
donde aprieta el pasado
como un zapato antiguo y defectuoso
que aún quisieras ponerte.
DESARRAIGO
(de La única puerta era la tuya, 2015)
Aquí me rindo, tendida a tu derecha.
De todos los rincones del planeta elijo tu hombro,
sin más norte que el sur de mis recuerdos
a pesar de esos pájaros de leche
que me arrojan de fauces al futuro
como se echa una piedra
en un estanque sin fondo.
PEQUEÑAS MUERTES PROVISORIAS
(De El cielo entre paréntesis, inédito 2016-2017)
Este vagar por todas las ciudades
buscando un gesto tuyo:
un rizo, un pelo, un gajo de tela en las vitrinas,
una medusa tibia como tu alma,
un elefante muerto.
Este cuarto alquilado en un altar de Roma,
este ir sudando en blanco por el mundo:
carreteras, telarañas de luz, carretas mudas
con peldaños sin rumbo
al corazón. Este ir mudándose
a otro sitio, sin saciarse,
eterna enemistad que me une
con las cosas.
Este rodar distritos
indagando, sin eco, al horizonte,
dónde puso el tejado de tus labios
o el viaducto oscilante de tus dedos.
Estas piezas de nada que te invocan,
esta nada en añicos que te nombra
y no te encuentra
y no te encuentra
y no te encuentra
y no te encuentra
(eco)
I
(De Los pliegos obtusos, 2004)
Tengo miedo del río y de las puertas,
son aceras que cruzan
a otra parte.
Tengo miedo
de partir y no encontrarte,
de volver a sembrar
orillas muertas.
Tengo miedo de la roca silenciosa
que aglomera su núcleo
de virutas.
Tengo miedo
del himno de los perros
contra el cerco violeta
de la luna.
¿Para qué?
Si ya perdí la cuenta
de las mantas que tejió el olvido
para abrigo de noches
inconclusas.
BOLETIN BLANCO
(De El cielo entre paréntesis, inédito 2016-2017)
De día, en el trabajo,
en el rumor feliz de una cafetería,
mientras suenan cascabeles en la calle,
tacones, collares, estornudos,
casi nada perturba el corazón
o eso parece,
todo marcha en la luz.
Hay hombres
que usurpan mi aliento
cuando pasan.
Los dejo indagar en mi mirada
esas sucias palabras
que me trepan tan limpias
por la boca.
Y si me quedo a oscuras con mi espejo
en el dedal vacío de mi cuarto
no hay guarida,
no hay ombligo ni abrazo
flor de metal más honda que estar lejos,
saber que vas cambiando
sin que yo sea testigo.
La estación envejece sus coronas.
El pedregoso ovillo de tu pelo
prueba un paso de danza en el pasillo,
esos gestos ambiguos de empezar a vestirme
para hacerte más largo transitar el deseo
que me arroje a la brecha
de otro olvido.
El futuro no es tiempo
que pueda llevarnos de la mano
y aun así el espíritu se aferra
a quien le dio de latir.
He crecido contigo.
Hemos saltado juntos a otro lado,
del que no se regresa.
ESTACIÓN DE CAPRANICA
(De El cielo entre paréntesis, inédito 2016-2017)
Las ideas tienen sus paisajes.
Juan Ramón Jiménez
La ventana se frena en un grafiti.
Mi sposerai?
La tinta está borrosa
por la trama de lluvias sucesivas.
Qué será del presente
de aquel fuego con médula y ardor.
El tren arranca,
se apaga una pregunta.
FAREWELL DOS
(De Las voces de las hojas, 1998)
Adiós a la poesía burda, aquella absurda
maravilla inescrutable.
Maremágnum sintagmático del siglo,
metástasis de versos troquelados.
La vanguardia del erizo y del carpincho,
alegrémonos que no entendemos qué bárbaro,
te quiero pero estoy bien light alone,
qué oprobio ese vestido de la abuela.
Marketin’ del verso adiós,
adiós.
FRANCOTIRADORES DE SARAJEVO
(De El cielo entre paréntesis, inédito 2016-2017)
¿Por qué no vamos
de vacaciones a Bosnia?
Ha sido tu pregunta
de estos años.
Hojeabas la revista Bell’Europa
y andabas por la casa
con un cuadro
del antiguo cementerio judío.
En la foto de la tienda
que reza Cvjecara
las flores germinan en la roca
a través de los impactos
de mortero.
Hay orquídeas en venta,
para los amantes
y los muertos, me decías.
¿Por qué no organizar
un viaje a Herzegovina,
este verano?
Estabas triste a destiempo.
Por entonces
eras solo un muchacho
de familia opulenta
que franqueaba el confín
de los Balcanes
por tumbarse en las playas
sin bombas del Egeo.
Pero es fácil ser lírico
con la tragedia ajena.
Pavonearse entre los símbolos
con temas prestados
sin usar las rodillas
como patas de perro
por burlar a los maquis
del Bulevar Selimovica.
¿Por qué no vamos a Mostar,
aunque sea unos días?
Yo tenía trece años.
El padre de mi amiga
amanecía pegado
a una emisora europea
para oír del asedio,
de su hermano en Markale,
de esa Miss Universo
coronada en un sótano.
Yo escuchaba The Cult
en la otra sala.
La pureza no duele
cuando el mal no nos toca.
Después de Sarajevo
no es posible mirar una criatura
sin vendarse los ojos.
No volviste a insistir.
La llevarás, ahora, de la mano
al osario de tórtolas
del cuadro.
Y todo está en su sitio,
amor,
no te disculpes.
Yotendréotrasmontañas.
Marisa Martínez Pérsico (Lomas de Zamora, Buenos Aires, 1978). Desde 2010 vive en Italia. Es licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires y Doctora en Literatura Española e Hispanoamericana por la Universidad de Salamanca. Se desempeña como docente universitaria desde 2011. Ha publicado los libros de poesía “Las voces de las hojas” (1998), “Poética ambulante” (2003), “Los pliegos obtusos” (2004) y “La única puerta era la tuya” (2015). Varios de los poemas aquí reproducidos pertenecen a su quinto poemario, “El cielo entre paréntesis”, todavía inédito.