by Claudio Medin | 22 \22\America/Argentina/Buenos_Aires julio \22\America/Argentina/Buenos_Aires 2017 | Festival de Poesía, Poesía
Poemas del poeta colombiano, que estará participando de la nueva edición del Festival de Poesía del CCC
MI CASA, como el desierto, no tiene techo ni puerta, sólo boca.
Mi casa, como la piedra, no posee vigas ni cimientos, sólo una mano empuñada la sostiene.
Esta casa la he construido quitando ladrillos y entregando mis huesos al vacío que resta.
La casa es oscura como mi voz en sus corredores.
Vivo en la casa que camino. La que acecho y me persigue como el gusano tras la carne enferma.
A cada grito se levanta; con cada silencio la destruyo.
De: Vida de nadie, 1999
VIAJO EN UN TREN de veintiún vagones, conducido por todos mis muertos. Miro a través del cristal roto de la ventana una batalla de mariposas mutiladas por el cielo quemado de mis cinco años.
Converso con los árboles de la intemperie que desaparecen en mis ojos, los que no tienen camino; con los pájaros que son ya recuerdos del viento.
Yo tampoco sé qué tierra es esta.
De: Vida de nadie, 1999
Piedra vacía
1.
Piedra,
sé un pensamiento mío.
La fijeza de mi mudez latente,
no la sombra de mi cuerpo, su herida.
Yo tu posesión, mi huésped
en la voz; la habitación vacía de cada hueso.
2.
Colmada miseria
y perpetua errancia de la quietud.
Piedra
¿Dicha vencida o mudez cantada?
En el puño cierto del llanto
cuánto hay de ti, siempre conmigo.
3.
Sordo cielo mío de cada grito
pueblas la oscuridad de mi infancia.
El silencio en la voz te toca,
la nada te alegra,
la soledad te encierra.
Vigilia oculta y serena de cada muerte.
4.
Piedra,
sé la fuga de mi caída.
De: Piedra vacía, 2001
Con amor de piedra
El pájaro mira el cielocautivo en el agua.
Gotaagotalo rompe.
Y a sorbos, el reflejo de las alturas.
Al tornar la miradadel aire,
—esevolver al aire la mirada—
llenos de sed sus ojostiemblan.
De: Mirar el aire, 2009
La cabra
Como UmbertoSaba, he hablado a una cabra.
Y como hoy yo mismo, estaba sola en el prado, atado, como ella también de noche, a un viejo lazo, haíto de hierba. Bañado por la lluvia, igual, balaba.
Ese su balido, como ahora el poema, era fraterno a mi dolor. Será porque yo hablé primero que la cabra entonces se acalló. Y porque el dolor es eterno, dice el poeta, tiene una sola voz y nunca cambia.
Mi voz escuché en el gemir de la cabra solitaria.
De: Siega, 2011
Muchacha del viento
La que pasa por el sol y no es sombra.
La que ninguna lluvia acalla
ni voz alguna escribe
porque es luz del canto.
Así su andar entre rincones,
bajo aleros altos de calles ausentes.
Por los hondos sembradíos, en que pasta el deseo,
la muchacha del viento florece.
En la distancia fugitiva de las nubes
la veo reposar, entre las piedras latir,
sobre la piel del agua donde abreva el aire.
Sus cabellos locos,como la risa, en mis torpes manos.
De: Siega, 2011
La mañana
Nada ahora parece ocurrir:
el alto cielo,
el agua insomne,
la piedra quieta.
Nadie en cuanto habla,
ni tan siquiera esta huella
que tantos pasos lleva.
Sombras de la hierba,
hebras del viento entorno;
guijarros todos de la lengua absuelta.
El que mira sus ojos cerrados
y ve crecer la distancia, la arena.
El aire allega la montaña a sus talas inciertas.
De: Terral, 2013
En casa del fotógrafo
a Socorro Quintero Dorado
Luego de cruzar el parque he llegado al zaguán del sueño, donde una limpia mañana de enero nos fuera tomada la foto que mi madre resguarda del viento.
Llevo tres años de correr el pueblo y me he puesto un pantalón a cuadros, calzonarias y botas vaqueras de hule roto.
Miro de sesgo, con recelo quizás, hacia el lado más lejano del aire blanco, y a oscuras ya de ese instante junto a la ventana.
Mi hermana de escasos meses, sonríe tanto, que el negro de sus ojos brilla aún en mitad del papel ajado.
Repaso tal hondura.
Porque sin nubes llegó el sol en cenizas a los párpados para oscurecer el aire, mas los pájaros cantaban y eran del cielo lo mirado.
Mariposa del día, menuda luz es la lluvia de un feroz amanecer en las manos.
La flor breve de la inmensidad pasa cerrando mis ojos, como el latido constelado del rayo.
De: Terral, 2013
Liturgia
Sobre el piso llano brilla el polvo de nuevo. Minúsculo y pródigo su exceso.
Paso mi mano y lo palpo sin verlo. Detengo mis ojos en sus filamentos.
Lo siento latir, lo sacudo y estremezco. El polvo sin fin vuela:
Miro irse lo que soy por el aire; lo que soy al caer al suelo, la criatura a quien doy mi visión y aliento.
De: Algún latido, 2016
MEMORIA
El nombre de las flores cada mañana.
De los pájaros por el cielo, de tarde.
O de los árboles, al alba, frente a los ojos abiertos, a un palmo del aliento.
¿Quién los sabe?
De: Algún latido, 2016
Felipe García Quintero (Bolívar, Departamento del Cauca, Colombia, 1973). Doctor en Antropología de la Universidad del Cauca, Popayán, donde es titular de Comunicación Social. Autor de siete libros de poesía compilados en La piedad (1994-2013), publicado por Mantis Editores en Guadalajara en 2013. Y de antología personales como Casa de huesos (2002) y Honduras de paso (2007). Su poemario Algún latido salió a la luz en México en 2016 por Valparaíso Ediciones. En Buenos Aires publicó Mirar el aire (2016, El Suri Porfiado). Obtuvo los premios Encina de la Cañada (1999, España), Iberoamericano Neruda (2000, Chile) y Eduardo Cote Lamus (2012, Colombia).
Foto de Miguel Varona
by Claudio Medin | 3 \03\America/Argentina/Buenos_Aires julio \03\America/Argentina/Buenos_Aires 2017 | Poesía
Poemas de Manuel Ruano (Buenos Aires, 1943-2017), poeta argentino de la generación del 70 fallecido recientemente
DE LAS MUCHAS ENCRUCIJADAS DE CIDE HAMETE BENENGUELI
“…volviendo de improviso el arábigo en castellano,
dijo que decía: Historia de Don Quijote de la Mancha,
escrita por Cide Hamete Benengueli, historiador arábigo.”
Miguel de Cervantes Saavedra,
Don Quijote de la Mancha, Cap.IX
Yo, Cide Hamete Benengueli,
encarnadura y voz del sueño y la impostura,
escribí con pluma de ganso mi Quijote en secreto gabinete.
Alá, introdujo esas letras de una ruta de la ensoñación,
de caballero andante, con adarga y armadura, e ilusoria Dulcinea
del Toboso.
Jamás sabré ponerles nombre a las rutas del corazón,
sólo me fío de quien me soñó en graves temporadas con la muerte.
Esas cabalgaduras cierran cualquier herida.
Largas horas pasé con un morisco toledano que tradujo esos folios
y un oscuro amanuense llamado Cervantes,
secretario años ha de un cardenal en Roma,
y soldado del Rey, mutilado en la Guerra de Lepanto.
Yo celebro ser criatura de su sueño y su penuria.
Perdido fui en el jardín de los tropiezos,
argumentando entre sombras glorias fallidas y soldaduras
de la peor especie.
No hubo lugar ni papel de estraza que alcanzara para contar
tan luenga historia,
cuya pertenencia fuera puesta en duda.
Que nadie diga que Cide Hamete Benengueli traicionó a Dios.
Para que ahora hablen mal de mí,
y me cierren las puertas de la sensatez.
Tan real era el hidalgo don Quijote, que soñó Cervantes,
como aquél puesto en prisión en la noche de los insomnes.
(No lejos está maese Pedro y su mono adivino.)
Los grilletes, trajeron a Cervantes el recuerdo de Argamasilla de Alba,
en la Cueva de Medrano, y no le dejaron dormir…
Pero estos cautiverios, son asuntos para picapleitos,
y han quedado en un libro de actas donde se escritura la fe.
Yo, Cide Hamete Benengueli, escriba de arábigas fronteras,
fui quien dictó a Cervantes el Libro que los soñó a todos.
Y él, me soñó a mí en trágico laberinto.
¡Oh, luna de Mahoma, cuán tétrica es mi alabanza!
¡El mito nos atrapa a todos en su desamparada resurrección!…
—oo0oo—
ESTE ES MI TIEMPO
Este es mi tiempo, en el que se consagran los renaceres
como una flor muy pura.
Donde relucen los empedrados de antiquísimos adoradores del Sol,
que fueran víctimas del fuego y del maíz.
Aquí se conjugan los sacerdocios ya extinguidos de la muerte,
En rezos inacabables, donde se enaltecen los pregones salidos
de la tierra…
Acaso en súplicas impenitentes que amonedaron telúricas visiones,
en sacrificados lamentos que vienen de la carne
y entretejen algún lugar de la penumbra.
¡Grandes plumajes han vaticinado el Canto!
Y adoradoras lunares fueron las que han ejercido sus poderes
en pócimas secretas.
Desde ahí, cada deslumbramiento ha sido una música
de consumación.
Se perdían los músicos en melodías de atabales,
ebrios por los ritos de iniciación.
Se expurgaban dolores de parturientas como ofrenda
para los viejos dioses,
Y era un peregrinaje que ponía al descubierto
El lenguaje desnudo de las sombras,
Adonde se refugiaban magos y cantantes de un culto olvidado.
Este es el espejo de las nieblas que llama a las criaturas enmudecidas,
adormecidas por un licor de plantas mercuriales.
En el lugar donde se adornan los esplendores en libros secretos.
Inexplicables lagunas cristalizadas me entregaron
en tipos cuneiformes, que leen las aguas del corazón.
Viejos danzantes me acompañaron bajo las lluvias.
Y con el tiempo, se perdieron en goces los aullidos vegetales.
¡Tenía una palabra muy antigua para ensalmar la luz!…
Donde se recuperan las especies en un amanecer
de estridencia floral,
en pintarrajeados esmaltes de tenebrosas edades,
en el que convergen torrentes de esporas como aire suave.
No, no hay prodigio sin música que suene y toque
en el diapasón de la muerte.
Yo tengo los oídos y los ojos atados al Canto,
Como celebrante de un oficio muy antiguo.
—oo0oo—
NUBES VIAJERAS PARA UNA DESVELADA AUSENTE
(1920-1999)
A Olga Orozco, in memoriam
Esa es tu voz.
Sí, un cartílago de oro que iluminó al sol.
Más bien debería recordarte que he aquí un cristal de roca
de belleza inaudita.
Ese espacio por donde tu alma pasa con el verbo ad verbum
atemperado,
que contradice a las presencias en su traje ritual.
En sinfonía de voces.
Más exactamente, había en ti una convalecencia de penumbra,
que llegaba sin aliento a las conclusiones inesperadas…
De igual manera había en la memoria una pajarera
desconocida para las nubes,
adonde entrabas y salías siempre, alabando los paseos perdidos.
Tengo la sensación de estar tomando contigo el té de las difuntas,
en el fondo de un jardín y tú, con tu corona de flores.
–Es un diálogo secreto entre los huérfanos-, dijiste.
No estoy tan seguro de haber develado esas ausencias,
pero esos lamentos, esos paraísos perdidos,
son de aquella geografía del adiós.
Con rigor, debo confesarte que no debes confundir los sabores,
los reinos invisibles, las pasiones inescrutables
que alguna vez te han hecho llorar.
¡Ah, tapices revestirán una galería de abriles crueles,
de gladiolos moribundos,
de lágrimas de una mujer solitaria que toma sopa
con los retratos de un paisaje irrenunciable!
No debes alzar la voz cuando alguien te habla
de los salones desiertos…
Más aún, deberías controlar a quienes te adulan.
No siempre son de confiar.
Pero la niña terca que hay en ti, mira fijamente su plato
mientras se mueven las cortinas que dan hacia un balcón vacío…
No hay nada que hacerle: ¡robarle fuego al sol, ocasiona desgracias!
Te pone por delante una viuda de luto que augura calamidades
y prepara el pensamiento para la muerte.
Con todo respeto, siempre hay un embaucador de cosmogonías,
que pretende ocultar las nubes, las tormentas que se avecinan,
como un anticipo de los tiempos.
No te dejes impresionar por la distancia.
Recuerda que los poetas se reconocen más cuando no hablan.
Realmente, no hay embuste posible en los versos
que no hayan dejado flores marchitas como la soledad…
Pero los huéspedes, amiga, no han vuelto. Y tú me dijiste:
–Me voy por unos días-, y yo te lo creí,
como un creyente de las cosas que vuelan;
los poemas de Pessoa se vuelan en un lejano bar de Lisboa
que ha quedado fijo en tu recuerdo;
pero tú, te ibas para siempre…
—oo0oo—
TAL ERAS COMO ESPUMA QUE SE PIERDE
Mal está que sobrenades gloriosa en esas aguas de la turbulencia,
que no conocen de la pasión y están llenas de ingratitud
como la misma muerte.
Peligroso está que sobrenades esas pesadillas
y te alejes de la playa de mi memoria.
Tal eras como espuma que se pierde
y se reencuentra a lo lejos de la piedra de fundación.
Perdida estás, si crees que con alabanzas me condenas,
entre congrios y floras turbulentas.
Los grandes océanos tienen ojos de un niño
que desnuda el horizonte como una fruta,
como se desnuda el amor de los cuerpos irredentos
que brillan en la arena.
Se ha perdido el adiós como el casco vacío de un barco antiguo.
En arrecifes de coral.
En algas vivientes.
En corrientes profundas que cantan un amanecer ignorado
en el que se depositan los reflejos de la luna.
Mal está que me precipites como cabeza de mármol
de un dios ignorado en el fondo esas aguas…
Las páginas a las que siempre vuelvo,
son páginas de naufragios temibles que han aprendido a soñar.
No más cangrejos.
No más grutas de la fatalidad.
El mar no responde por esas adolescentes tímidas
tras el múrice perdido de una tintura hórrida.
Soy tan torpe, tan torpe, que te confundo el fondo del mar
con mi propio olvido.
Y soy tan olvidadizo, que una isla se hunde en mi memoria
sin el más leve asomo de dolor…
—oo0oo—
A UNO QUE SOÑÓ SOBRE LA FUGACIDAD DEL TIEMPO
“Ayer se fue, mañana no ha llegado.”
Quevedo
“En la sombra del otro buscamos nuestra sombra”.
Borges
No hay piedad para Quevedo.
Con usura se le cobran sus despojos,
sus sueños infernales, sus desplantes,
sus poemas, sus antojos…
Los chismes de la corte lo señalan con el dedo.
Ahí va entre corchetes
a la mazmorra de los siglos.
Amonedado ha la leyenda
de una galería de libros raros,
unos pocos libros doctos, de músico silencio.
Como perla de las perlas –testifico-,
sus edades son poemas de existencia.
(Me corrijo: pedernal del concepto
sus palabras de las horas,
son resina en soledad).
¿Era agua aquel vino de taberna
que nos cuenta en sus poemas?
¿O era vino maltratado de la historia rufianesca
de los tiempos que algún pícaro escanciara?
No lo sé. Borges mismo nos alerta que es verbal.
Yo no dudo. Mas me ayuda su grandeza
entre hojas muy temibles,
plumas raras, tinta ausente
y el perfume de rincones de los biblos
carcomidos por las ratas,
por las pulgas y humedad.
Los instantes de su angustia
se reciben de condena.
La Premática del canto
da acogida a su verdad.
Es el verso su alabanza más gentil.
Como aroma que es buril del pensamiento,
del sepulcro más profundo
que alguien llama soledad.
Escorpión de bajo fondo
que reclama su instrumento.
(Pasa el viento, pasa el viento…)
Y el que queda con su capa y con su espada,
es el cojo caballero de la Orden de Santiago.
¡No hay piedad que se resista a don Francisco!
Borges mismo lo argumenta:
en su retórica del llanto.
Yo quisiera rescatarlo de la noche más incierta,
y muy alerta,
encantarlo para siempre en la Torre Juan Abad.
Viene sólo como padre
de esa sombra tan siniestra.
Orquestador empedernido
de El Buscón en biblioteca,
contador de Cuenta cuentos en el Mar de Solimán.
(Pasa el viento, pasa el viento…)
Se le acercan como plaga,
manuscritos de otros días,
que se pierden en el fuego del adiós.
Borges mismo en su ceguera,
se declara quevedesco.
Sigue fiel a su arrabal.
En el diálogo que esboza
se esgrimen compadritos, cuchilleros,
y es Quevedo el que se asoma,
entre gritos y burdeles,
soñador cual el que más
de Cuna y de Sepultura,
que reparte sus sonetos,
sus romances,
por tahúres de la Corte celestial.
(Pasa el viento, pasa el viento…)
Memorial y Memorioso
ya se han ido entre las sombras.
Y los libros más añejos,
son la carta de un soñado y soñador.
No hay piedad para Quevedo.
Todo es sombra.
Sus palabras reverdecen de otro tiempo.
(Yo reclamo e interrogo desde aquí:
¿son blasones y estandartes
sus divinos gallardetes
que confirman el linaje, su lenguaje,
como encaje en seda fina del amor?)
(Pasa el viento, pasa el viento…)
Serenata muda del asombro
que se queda aprisionada
como mágica figura del ensueño,
del misterio,
del metálico sonido que reclama el corazón,
como música,
como música estridente de un fagot.
—oo0oo—
ANTONIO MACHADO
(Imitación de Propercio)
“Estos días azules y este sol de la infancia”
Antonio Machado
(verso encontrado en un bolsillo del poeta a la hora de su muerte)
No sé si tu Pegaso vuela todavía.
Rubén te recuerda montado en él.
Empapado de misteriosa tormenta.
Referencia necesaria: hay un aire de Gorgonas en todo esto,
más allá del amor o la impostura.
En todo caso, Perseo decapitó a la cruel Medusa,
de cuya sangre nació Crisaor
y su hermano Pegaso, el caballo alado.
Lo que da viento a tu canto:
“Estos días azules y este sol de infancia” …
Te remonta a decir, como del pudor a la remembranza,
a lomo del caballo heroico,
para reiniciar una égloga de caminos.
Así, maestro, te recuerdan todos con tu gabán raído
por olivares de sol canicular,
por callejones de vides trepadoras,
en campos ubérrimos que la memoria arracima
como frutos tiernos del ayer.
Después, ¿qué han de recomendarte ante los dioses?
Apolo y Baco, han sido propicios.
Otras divinidades, desaprueban tu nostalgia,
mas no tu melancolía musical del cante jondo;
pero ven con agrado tus campos castellanos que relucen todavía,
tus encinas crepusculares,
tus patios andaluces, las fuentes de húmeda tristeza,
que suplanta plazas solitarias con bancos de piedra,
como testigos mudos de la luna.
(De un cadáver asoma su mortaja,
que se quedó con la boca abierta).
Lo que da la medida exacta de tus versos.
¡Son fugacidades manifiestas
de una casa de afónicas ventanas!
Pero, en iguales circunstancias,
te fuiste entre atabales,
empero tu cante, es incienso
que se eleva adonde no llega mortal…
—oo0oo—
CANTATA
“Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos pero doctos libros juntos
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos”
Quevedo
Hicimos plegarias en las madrugadas y al anochecer…
Encendimos el fuego mientras caía la lluvia de los siglos
y se desencadenaban vientos atroces.
Elevamos monumentos de granito que algún día tendrán poderío.
Esparcimos almizcle en los sembrados y en las calles de la ciudad
en nubes de polvo.
Y fuimos las Destiladoras del aire y Recogedores de ocasos invernales
e invocamos a los Espíritus del Norte y del Sur,
del Este y el Oeste,
que no oyeron nuestras súplicas…
Fuimos tras esas sombras que venían de otras sombras, de un extraño
País de la ignominia,
y cantamos sin saber sus alabanzas por tierra y por mar.
Y también perdimos la ruta en un mapa muy antiguo de los viejos dioses
que se creyeron de un poderío inexpugnable.
No. No nos fueron propicios los Cantos y los esponsalicios de aquellas
sombras.
Y moraron sus espectros en las selvas, en las fuentes y en los ríos,
como criaturas desventuradas.
Velamos cuerpos en capillas ardientes y endurecimos el corazón
para anunciar la gran batalla;
pero la muerte no tuvo poderío.
También recitamos versos de alabanza para conjurar las víboras de la
Ensoñación.
Y entonamos ritos muy antiguos con las Expendedoras del sol.
Y expandimos incienso a esos seres benéficos de la Historia;
aunque los dioses nos ignoraran y hasta gozaran de nuestro infortunio.
Pero auspiciamos un nuevo Canto que nos redimió del silencio y la
infamia.
En una palabra, nos iluminó la oscuridad y nos templó el fuego.
¿Hijos de qué luz fuimos? ¿Habitantes de qué amanecer pernoctamos?
Somos la memoria de una memoria infinita en un país del Sur.
Y es verdad: lloramos muchas muertes y les rendimos sacrificios
que no llegaron a ninguna parte.
Se pronunciaron nupcias secretas entre las sombras de purificación.
Y ángeles en torbellino revolotearon para acallar a los demonios
que soñaban con nuestro exterminio,
para enmudecer nuestros cánticos en noches de Luna.
Demonólogos del Norte encendieron pavesas de los demonios del Sur
y acribillaron nuestros cuerpos en frías tierras australes.
Pero otra vez celebramos bodas de las presencias con las ausencias,
y enviamos primorosos mensajes a los ángeles benéficos.
Y auspiciamos la bienvenida de los himnos para tener poderío…
Y el alma se endureció como coraza de acero.
Y Hechiceras hubo para las oraciones. Y Teñidoras de ocasos.
Y pacientes Suplicantes que destilaron músicas para mitigar el tormento
y la tortura.
Y muchos de nosotros dejamos correr lágrimas y ensalmos y elevamos
maldiciones a los usurpadores
para que su poderío no nos destruyera…
Así y todo, celebramos esta asamblea de gente del común del Norte
y del Sur,
del Este y el Oeste, con grandes pájaros y aladas criaturas para quienes va
este réquiem de voces,
que anula las pestes y desgracias, como piedra sagrada de todas las
estirpes y poderíos de la tierra.
(Como venturosa carrera de centauros jóvenes en pos de la luz).
—oo0oo—
CARTAS PARA MAREAR OCÉANOS
Una mentira difícilmente pueda destruir un reino; pero mi reino
estaba basado en una mentira.
Cuando me detenía en tus ojos bajo las aguas,
te inventaba una vil mentira y eso calmaba tu corazón,
como un atardecer de verano en un bosque de cormoranes
y peces de escamas plateadas como la luna.
Cuando tu madre decía que no debías creer en mis palabras;
porque mis palabras te harían descreer de Dios,
yo te decía que el paraíso recobrado estaba en el fuego del infierno,
porque las mentiras traen monstruos de una región temible.
Puedo asegurarte que jamás con una verdad,
Nunca nadie podría haberte hecho tan feliz como te hice yo
con una mentira.
De ahí que pueda asegurarte que una gran mentira es un truco de magia,
y tú ansiabas la magia de los encantamientos…
“Una mentira es un encuentro peligroso”, me dijiste.
Y mi soberbia fue un atajo bajo el mar, hacia la costa más lejana.
Si te digo que un ángel es una mentira,
tus amigas se reirán de ello y dirán que no me hables.
Si te digo que un sueño que tuve anoche es una mentira,
¿eso arrancaría tu corazón de la indiferencia?
Tú, ahora, eres un mascarón de proa olvidado en el Pacífico Sur,
junto a un ancla y un timón sin dueño.
Ya ves, que una triste verdad jamás podrá reinventar un reino.
Debieras tener presente que las mentiras son cormoranes de la nada;
porque las estrellas ya no te hablan como te hablaba yo.
En cambio, una mentira, es siempre una extraña flor de pétalos inolvidables…
¿Recuerdas que te las juntaba de una gruta profunda,
más allá de las Hespérides?
Yo te despojé con mis mentiras del Oriente y del Occidente.
Yo te cautivé siguiendo una ruta de Norte a Sur.
Pero ahora eres un mascarón de proa de las profundidades;
adonde a veces me pierdo con la verdad,
como si realmente todo fuera el sendero turbio de las más viles mentiras…
—oo0oo—
CELEBRACIÓN DE LOS CUATRO ABUELOS
O EL GAY SABER
El panorama es desde este puente de incendio
que exige el vuelo sobre la ciudad y el río.
De luminoso espíritu en la piedra que lava su decir
En agua de roca.
Y en las estrellas ocultas de Dolores,
La que lava su decir en la gran llama de las ilusiones.
Organizador del Caos:
¡Devuélveme la claridad de la llama!
Yo soy el Ángel de la coronación, el primum nóbile,
De los esmaltes y las luces que te escribe desde el Imperio.
En las ardientes bodas de la Claridad,
Como en la jaula de los Malignos,
Se repite la gran consagración de mi alma.
La tierra lava sus sueños en su escritura.
En la inevitable purga de los sentidos.
Así como el aire lava las ilusiones y siente mi dolor
como las vivientes plantas de Agustina,
la que espera la nueva estación de las nupcias
de los elementos.
En el mineral, la roca
y en el pájaro la llama de la peregrinación
de los alegres días del Tiempo.
Brújula de los mares que oyeron mi nacimiento,
en una sinfonía de vibraciones eternas…
El agua lava mi visión como perfume
Que vitaliza mis sentidos
Y el mal purifica las voces en el gran cántaro de los recuerdos:
Así como el néctar atrapa las almas en un trapiche viejo.
Pócima purificante de Eduardo,
llamado en el segundo año de la quinta década,
Que se cerraron para Manuel, el invisible para mis ojos…
En el río desconocido
que no deja de correr dentro de mí.
En el comienzo y en el fin de todas las luces…
Manuel Ruano (Buenos Aires, 1943-2017). Fue autor de diez libros de poesía y dos de narraciones. Inspirado en la tesis poundiana de que “en poesía lo único que importa es la calidad de la emoción”, su escritura se manifiestó como exponente de la década de los setenta. Ya en 1969, Leopoldo Marechal (1900-1970) al presentar su libro Los gestos interiores lo había señalado como una voz nítida en el panorama de esa época: “Sigo con atención las tendencias de la nueva poesía, y Manuel Ruano se cuenta entre los jóvenes poetas cuya originalidad e inspiración están dando ahora sonidos nuevos a la poesía nacional.” Estudió en su ciudad natal y perteneció a la revista literaria El escarabajo de oro. Su poesía ha sido traducida al japonés, al francés, al búlgaro, al rumano, al italiano y al inglés.
by Claudio Medin | 23 \23\America/Argentina/Buenos_Aires junio \23\America/Argentina/Buenos_Aires 2017 | Poesía
Máximo Simpson fue un referente de la poesía argentina y latinoamericana. A poco de su fallecimiento, presentamos tres poemas inéditos junto a algunos otros de su memorable producción.
Mohamed, Isaac
…vuestro holocausto, nuestra catástrofe…
Emile Habibi
“¡Yo soy la víctima!” ¡”No, yo soy
la única víctima!” “Ellos no replicaron:
´’Una víctima no mata a otra”
Mahmoud Darwish
Mohamed, Isaac, yo soy quien los convoca,
soy el gaucho judío, y soy el musulmán,
el afrentado,
el que viene de orillas colmadas de paciencia,
desde antiguas y nuevas sepulturas,
desde Egipto y la Meca,
desde Jerusalén, desde Cracovia.
Vengo desde Sefard,
vengo desde la Rábida y la Alhambra,
vengo desde Treblinka,
vengo de Moisés Ville,
vengo desde aquel niño que aún espera
en un portal de Flores Sud,
temblando,
aquí cerquita de la pampa.
Soy ninguno y soy todos,
y yo les pido ahora
que vengan a mi mesa a conversar,
y les digo que Abraham,
como un hermoso tío nos aguarda.
Vengan a conversar con él, conmigo,
con la lumbre y la muerte para aclarar las cosas.
Y hablemos en familia, sin tapujos:
ya hace mucho que un joven poeta palestino,
judío de Belén,
en la flor de su edad nos dijo a todos,
Amaos los unos a los otros,
y aún otro poeta de este tiempo
clamó tal vez en el desierto:
Devuélveme la herida/
y cúrame el dolor/que te he causado (*)
Mohamed, Isaac,
acabo de poner un mantel blanco
bordado con desdichas,
con hebras de este mundo,
y vengo desde el alma del creyente,
también desde el insomnio del incrédulo,
desde el sótano y la flor tomados por asalto,
y les ofrezco ahora este mate cordial,
esa tisana para curar, si eso es posible,
el incurable mal
del hábitat de todos que es ajeno,
y rescatar el tú de cada yo,
el yo de cada tú,
oh Mohamed, Isaac,
cuñados, primos míos,
muertes mías,
cadáveres amados,
nietos míos que sueñan con Alá,
que escuchan a Yaveh o al arco iris:
siéntense aquí, la mesa está tendida,
y por el este asoma tal vez una guitarra,
asoman unas manos de esplendor,
un doloroso canto de alegría,
y el mate está servido, coterráneos,
parientes de este breve montoncito de polvo
que anhela, que pregunta,
oh paisanos del agua,
vecinos de la dicha inalcanzable,
del paisaje sediento de justicia.
(*) Versos del poeta mexicano José Ángel Leyva
(de Último Aviso, inédito, 2012)
Cuando me vaya
Cuando me vaya de aquí,
cuando me vaya y me quede
para seguir esperando
en la ambigua luz del día;
cuando perdido me apoye
en la puerta sin adentro,
sin número, sin afuera;
tal vez encuentre allá lejos
a la anónima calleja
que antaño un dios habitó.
Cuando me vaya de aquí,
cuando me vaya y me quede,
tal vez descubra la aldaba,
la casa de mi silencio
y el gran río apaciguado,
el que fluye sin fluir
en la quietud del instante
sin fechas ni aniversarios.
Entonces habrá convite
para campanas que abrevan
toda su luz en lo oscuro,
y un epitafio que diga:
Yo me fui y estoy aquí,
tocando el violín sin cuerdas
del día que nunca vino.
Cuando me vaya de aquí,
cuando me vaya y me quede.
(de Último Aviso, inédito, 2016)
Último aviso
Ciudadanos, amigos y clientes,
vengan a ver y crean lo que ven,
aquí están los secretos de la vida
y todo lo demás,
aquí están las señales por unos pocos pesos,
I sell, I sell, I sell,
vengan antes de que todo se acabe,
antes de que cierre el negocio,
pues se está haciendo tarde,
y yo que soy conciencia del más extremo sueño,
seré sólo materia al borde del camino,
y por eso aconsejo, dense prisa,
for sale,
for sale,
for sale.
(de Último Aviso, inédito, 2016)
El rastreador
¿Dónde están las pisadas de mis pasos,
dónde están las miradas que dejé por el aire?
En pos de aquellos rastros
camino tras el puma,
el buitre, la calandria,
pruebo pasto, mastico,
huelo el viento, la brisa,
registro las raíces,
las grietas, los resquicios,
vuelvo atrás, adelante,
giro en torno
del olor a pasado,
a triste antigüedad, a tardes viejas,
convoco desde el sueño las guitarras del mar,
los tambores del tiempo.
¿Quién soy yo entre tinieblas?
Yo soy el rastreador,
el que se busca.
(De La casa y otras visiones, 1995)
Resurrección
Hoy me he puesto de pie, me he levantado.
En un rapto de orgullo pude mover la piedra,
sacudirme la bóveda.
Mirad el jeroglífico sediento
de avara eternidad:
esta inscripción soy yo,
mi muerte.
Después de interminables cataratas de olvido,
aún los sueños me acechan
con su cortejo de sangrantes manos,
y aluviones de gritos me persiguen.
Y aquí estoy yo, señores;
soy el amortajado:
yo soy el rey de Egipto,
padre de las cosechas,
ruiseñor de las lluvias,
y a mí el trueno irascible me obedece.
Yo vi a Tutankamón sonreír de orgullo,
levanté la pirámide de Keops,
y aquí estoy yo, miradme.
Yo quiero este socorro, esta limosna,
la migaja del último terrestre:
quiero morir de amor,
tomar un ómnibus.
Mirad mi piedra, contemplad mis párpados,
mi sueño melancólico,
mi enfermedad letal de piedra viva,
de resplandor que no se acaba:
siento el terror del tiempo,
sus pezuñas de cal sobre mis ojos.
(de Poemas del hotel melancólico, 1963)
To be or not to be
Yo quise ser un rojo violín desorbitado,
un ex abrupto eterno,
un jardín de magnolias o una tromba,
y sólo soy ahora profesor de nostalgias,
edecán del otoño pesaroso.
Yo quise ser el mar,
o tal vez quise ser lo que no quise,
un triángulo isósceles o un trueno,
o una momia egipcia
con su paz infinita, imperturbable.
Eso quise tal vez en mi constancia,
en mi apuro, en mi afán, en mi zozobra,
quise ser el revés, la mano izquierda,
el costado de mí, mi renegado,
y sólo soy mi tú, mi pobre mí,
un pronombre ya exhausto,
un posesivo huérfano, un despojado mí.
Eso quise tal vez,
y sólo soy ahora mi vecino,
apenas mi perfil, mi suroeste,
mi terco lateral:
estoy en la adyacencia limítrofe de mí,
y siento desazón, me extraño mucho.
(de Poemas del hotel melancólico, 1963)
Canción de don Elín
Pero, ¿qué se hicieron las nieves de antaño?
François Villon
Yo vi una melodía ahogada en alta mar,
un arpegio sonámbulo, exiliado,
ya ciego entre los pájaros,
y un piano derribado en la intemperie,
y un músico extraviado por las nieves del tiempo.
Yo he visto todo eso, pero dónde,
¿dónde andará mi padre, don Elín?
¿Acaso está en el aire? ¿Acaso está en la nieve?
¿Acaso está en los pétalos dormidos?
Yo vi una melodía ahogada en alta mar,
vi un caballo sin alas,
un fuego sin calor, un río sin orillas.
Yo he visto todo eso, pero dónde,
¿dónde andará mi padre, don Elín?
¿Está reconstruyendo los rotos mecanismos?
¿Está bebiendo luz, prepara sus maletas?
Yo vi una melodía ahogada en alta mar,
vi un sueño que corría hacia el abismo,
vi un zapato perdido,
una paloma herida convocando a los ángeles.
Yo he visto todo eso, pero dónde,
¿dónde andará mi padre, don Elín?
¿Cómo hará en las mañanas para entornar las puertas?
¿Cómo hará por las noches para inventar las flores?
Yo vi una melodía ahogada en alta mar,
Yo vi una copla exhausta, despoblada,
una trova, un acorde, una rapsodia
sin violín, sin garganta.
Yo he visto todo eso, pero dónde,
¿dónde andará mi padre, don Elín?
¿Dónde andará?
Ay, yo vi una melodía ahogada en alta mar.
(de La casa y otras visiones, 1995)
Ellos
Eran tres árboles riendo a pura brisa, tres tal vez en las veredas, tres insomnios,
tres preguntas sin posible respuesta.
Eran la fiesta, eran la música, eran ríos; eran la mesa de billar,
eran la vida, acaso eran la niebla, la alegría de ser; y eran
la espera, la fe, la desventura.
Cariñosas distancias (*) los unían, y a veces la mateada profunda,
tejida con los hilos adversos de la dicha;
eran sólo tres hombres, tres seres transitorios en un orbe al acecho,
en un tiempo inhallable debajo de la Luna, detrás de las mareas.
Eran palabras y ademanes, eran razón de las mañanas, eran los dones de su estar,
¡oh sinrazón de los ocasos!
Eran Alex, Roberto, eran Gustavo;
y eran la trinidad de los Alessio,
tres toques de campana,
tres candiles,
tres voces.
Dejaron todo aquí,
y son los tres ahora tres camisas sin nadie,
tres olas, tres mareas
contra la sucesión de las edades,
contra la indiferencia de las flores.
(*) Esta expresión la he tomado en préstamo de un poema de Carlos Mastronardi.
(de Transcurso, 2013)
Máximo Simpson (1929-2017) nació en Buenos Aires y residió largos años en México y Brasil. Cultivador de travesías y amante del mate amargo. Publicó: Túpac Amaru (1960); Más poesía (1962); Poemas del hotel melancólico (1963); Hacia dónde tan lejos (1981); Estación final (1985); Elegías americanas, (1992); La casa y otras visiones (1995); Alrededores (1999); Esta precaria luz (antología) (2003); Antología poética (Fondo Nacional de las Artes, 2004); A fin de cuentas (2006). Ese mismo año recibió el Premio Esteban Echeverría, de la Asociación Gente de Letras de Buenos Aires. En 2007, la Asociación “Poetas de las dos Orillas” (Montevideo, Uruguay), le otorgó la distinción María Eugenia Vaz Ferreira. En 2008 recibió el Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía. En 2012 le fue adjudicado el Premio a la Trayectoria por la Asociación Premiados Argentinos y en 2014 obtuvo el Premio Biblioteca Nacional “Rosa de Cobre”.
[Agradecemos a Ximena Simpson por los poemas inéditos y la fotografía].