by Claudio Medin | 11 \11\America/Argentina/Buenos_Aires enero \11\America/Argentina/Buenos_Aires 2023 | Poesía
Tres poemas del libro Calles laterales, de Jorge Spíndola, recientemente publicado por Ediciones Facón Grande, a veinte años de su primera edición.
en el camino
la pampa
animal extenso apuñalado
la ruta es un cuchillo
lamiendo los bordes de la luz
el aire azota matas, todo vuela para atrás
todo es pasado, todo está por suceder
el automóvil y su sombra van flotando
sobre un paisaje amarillo
hasta el fondo de la piel
un tendal de postes infinito
sostiene cuadros con campos de van gogh
sensuales las curvas
aves sensuales flotando por allá
todo es pasado, todo está por suceder
*
Lisboa
nunca estuve en Lisboa
siempre acá,
metido en este cuerpo,
atado al páramo o abrazado
al mar y sus acantilados
siempre los mismos ojos
con cuchillos naranjas en la tarde
siempre acá
nunca caminé por las calles de lisboa
siempre pampa seca
y autos abandonados al borde de la ruta
ahora mismo me invade la imagen de un colectivo
detenido para siempre
oxidándose con yuyos en su cuerpo
un bedford verde agua
con teros lejanos en su lomo
nunca puedo abrir esa cortina
que envuelve la existencia
esa cortina agitada por el viento
que anda como gasa
cayéndose sobre mi cuerpo
siempre acá,
entregado como un perro a este paisaje
oliendo matas, salpicado de escarcha
para siempre
lisboa crece por mi boca en esta noche
mientras orino abrazado al álamo de casa
mientras pasan autos en la ruta
mientras llueve y crece el perfume de la tierra
mientras nada se parece a lisboa
y sólo un gato
camina en los paredones de mi calle
lisboa qué lugar extraño
navegando en mis entrañas
lisboa tantas cosas
tantas noches navegando
al sur de toda mi existencia
*
el círculo de orín
a veces alguien cruza los límites del olor
entran y salen policías requisan
cada pequeño círculo de orín
se llevan del forro a un sospechoso
de infragar
la noche que el sapo le partió
la cabeza al viejo ñancupel
acá no había dios
estaban ellos solos
pelearon por una caja de vino
no había esa noche poderes del estado
la república queda al otro lado de este círculo
cabrón
no había luz sólo un par de velas
cuando manaba sangre del cuerpo de ñancupel
no había un sólo rasgo de virtud
estaban ellos solos como lobos resacados
mordidos y sudados en alcohol
esa noche cayó una helada
y la ropa se hizo escarcha contra el piso
cuando llegó la policía el sapo ya no estaba
luego lo encontraron dormido en una pieza
hecho un ovillo con la caja reseca de tetra
en el regazo
el imputado presenta huellas de polvo de ladrillos
en las manos varios hematomas en el cuerpo
anote principio de congelación mejilla izquierda
todo gira en silencio adentro del círculo de orín
un pullover amarillo con manchas de café
un par de zapatos comidos por la cal
un balde de albañil una plomada
dos medallas de box de la liga amateur
cosas que ahora es extraño enumerar
sobre los techos de zinc
cae la luz de la ciudad

Jorge Spíndola nació en C. Rivadavia en 1961. Habitante del Wallmapu, ha vivido en el sur de Argentina y Chile alternativamente, donde integra diversas organizaciones culturales, sociales y académicas. Licenciado en Letras y Doctor en Ciencias Humanas. Docente-investigador en en la Universidad Nacional de la Patagonia y en el ISFD 807. Publicó los libros de poemas Mátame si no te sirvo (1994, Último Reino) Premio Fondo Nacional de las Artes 1994, Calles laterales (2002, Sur del Mundo, 2022, Ediciones Facón Grande), Premio Festival de Poesía de Medellín, Jerez volcado (2010, El Suri Porfiado), Perro lamiendo luna y otros poemas (2013, Jinete Insomne), Flores encontradas -Peshake rayen- (2021, Espacio Hudson), y los ensayos ¿Conocimientos y saberes para quién? Conflictos sociales y universidad (2017, SERIFA, Santiago de Chile) y El Az Mapu: poética y políticas del Buen Vivir (2022, Editorial INOLAS. Potsdam- Londres).
Fotografía: Dmitri Ivanov
by Claudio Medin | 7 \07\America/Argentina/Buenos_Aires enero \07\America/Argentina/Buenos_Aires 2023 | Poesía
Compartimos tres poemas del último libro de Sabrina Barrego, Máquinas de duelo, publicado en 2022 por Falta Envido Ediciones.
Creo que a mí me brota
el mal humor
como a los frutos
de una damasca
que ya nadie cosecha.
Cada herida es autosuficiente,
se encapsula en un botón
diminuto, imperceptible,
donde se hincha el dolor.
El dolor es un brote
como este,
dentro del diente de un ajo;
para cocinarlo
se remueve ese capullo
con un cuchillo afilado
y se lo desmadra.
Desmadrar:
el último término
que mi madre me enseñó.
*
TOC TOC :
él abre la puerta.
Una mujer pasa
y, después, otra.
Lo que una vez pasa
puede seguir pasando.
Imaginamos
un objeto,
una sustancia,
un estado,
una acción,
una experiencia,
una persona,
un sentido.
No importan.
En realidad,
lo que deseamos
es la sensación de alivio
cuando se llega allí.
Lo que deseamos
es descansar
de la sospecha.
Buscamos dejar
de buscar:
anhelamos.
Desilusión tras desilusión
descubrís que ninguna cosa externa
es capaz de ponerle fin al ciclo.
Nada fuera
de nosotras.
Reconciliada con vos misma,
te das cuenta de que esto es
lo que siempre habías deseado
desde el primer momento.
Acá, ahora,
siempre tan cerca y
en la dirección equivocada.
*
PERDONÁ QUE LO DIGA, PERO COGER NO ES NADA. PARA LOS DIOSES, PARECEMOS PERROS. Y SIN EMBARGO MIRAN [MARY RUEFLE]
¿perdiste
documentación vital?
¿te mudaste?
¿te atardeciste
sentada en el capó
de un viejo auto
contemplando los trigales
(así de amarilla
es la pampa)?
¿te bañaste
en un tanque australiano?
¿cuidaste de una yegua?
¿te excediste con su avena
y saliste picando
al galope?
¿peinaste en una
terapia intensiva
el cabello
blanco,
desde muy temprano,
de tu madre?
¿te lo reprochó?
¿atendiste un parto
de un bebé
o de un ternero?
¿saludaste al tren?
¿visitaste en la cárcel
a un ser amado?
¿intentaste coser
o rezar?
¿buscaste lo eterno
o la manera
de despertar
sin sentir
ya más la muerte?
¿atropellaste a un perro?
¿te atropellaron?
¿mataste para comer?
¿con qué sanaste
los moretones
de tus muslos
después
de los inyectables?
¿sentiste miedo de quedarte
dormida?
¿pasaste hambre?
¿te escribieron cartas?
¿le escribiste a tu bebé
en caso de no lograrlo?
¿viste llorar a tu padre?
¿cuántos amigos perdiste
esa vez?
¿bailaste morenada
borracha de chicha?
¿pasaste una noche
en la guata
de la serpiente?
¿te heriste la planta suave
de un pie
con la espina del algarrobo?
¿te curaste sola
con llantén?
¿aprendiste a nadar
desnuda
en un canal?
¿despertaste
por la mañana
con el olor a hinojo
recién regado,
a manzanilla?
¿comiste patay?
¿robaste granadas?
¿cosechaste ciruelas?
¿miel del panal?
¿preparaste después el dulce?
¿amasaste el pan?
¿le suministraste morfina
a un niño?
¿sobrevivió?
¿practicaste el abandono?
¿contaron los lunares
de tu espalda
en la vía láctea?
¿llovieron en vos?
¿rasguñaste a propósito
en el pecho de alguien
buscando provocar dolor?
¿él te cuidó en tu cautiverio
o cuando llegó la sangre
o cuando la sangre se fue?
¿atravesaron un incendio?
¿lo levantaste del suelo,
una y otra y otra vez?
¿guardaron juntos
el sueño de tu hijo?
¿fuiste para alguien
un tema de amor?
¿un amor como el que
pueda aparecer
en los libros
que lee
o en los que escribe?
¿has sentido
en tu corazón
la caída inexorable del otro
como el desprendimiento
de una rama que cae…?
¿caíste como
desde un barranco
vos también?
¿te pidieron que
te quedases aunque sea
para vengarte?
¿cultivaste un jardín?
¿leíste a Virginia Woolf?
¿la entendiste?
¿construiste una casa?
¿un cuarto propio?
¿lo derribaste
y lo comenzaste de nuevo
hasta que, como a todo,
la devore la hierba?
¿sacaste la basura?
¿te burlaste del dolor?
¿y del horror?
¿qué poema
vas a estar escribiendo
a la hora de tu muerte?
qué pena si fuese malo.

Sabrina Barrego, Luján, Buenos Aires, 1987. Actualmente sobrevive en Mendoza. Fue antologada por Susana Szwarc en Puentes poéticos (DLG, 2018), por Silvio Mattoni en Poesía del estero (Secretaría de cultura de Santiago del estero, 2021) y por Elena Annibali en Poetas Argentinas 1981-2000 (Ediciones Del Dock, 2022), entre otros. Editó Trinchera por Ediciones culturales de Mendoza en 2019. Las hojas del otoño (audiolibro) plataforma mendozaencasa.com, 2021. Participó del festival Poesía ya! del CCK en 2022, en la categoría Poesía en voz alta y en el ciclo Poesía en la terraza del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti. Coeditora de la revista La intemperie Mendoza. Grabó el disco Poemas de amor junto a Tulpa, FLAI, 2022. Participa de proyectos de experimentación sonora. Este año se editó Máquinas de duelo en Falta Envido Ediciones (Tucumán).
by Claudio Medin | 28 \28\America/Argentina/Buenos_Aires diciembre \28\America/Argentina/Buenos_Aires 2022 | Ensayo, Narrativa
Por Marcelo Valko*
Selk’nam, genocidio y resistencia es un libro que corporiza aquella cruda advertencia, lanzada por Thomas Hobbes en Leviatán, cuando define al hombre como lobo del hombre. Ciertamente sus páginas exhiben un muestrario de lobos de hombres y mujeres, lobos disfrazados de intrépidos buscadores de oro, de patrióticos militares, de arriesgados latifundistas y beneméritos eclesiásticos que, según corresponda, se apropian de lo que existe en la tierra y de lo que suponen irá al cielo.
En principio resulta evidente que el autor fue capturado por el embeleso de sueño y sangre de la mítica Patagonia, como ya se insinúa en Menéndez, rey de la Patagonia, su obra anterior. La enorme extensión del territorio, el clima severo y los vientos punzantes atraviesan estas páginas y forman parte de un riguroso relato que se centra en los pueblos aónikenk, yagán, kawésqar y selk’nam, habitantes del extremo sur patagónico y de Tierra del Fuego, quienes padecieron de lleno el contacto de “la civilización” en los últimos decenios del siglo XIX y comienzos del XX. Anticipo que el conocimiento de la geografía en la que José Luis Alonso Marchante basa la investigación, no la obtuvo desde su escritorio madrileño mediante el google maps. El autor recorrió y estuvo in situ en los principales puntos donde se centra la trama, tanto de Chile como de Argentina. De ahí su asombro y su genuino espanto ante el genocidio perpetrado en ambos lados de la lábil frontera fueguina, que secciona en dos jurisdicciones políticas a sus habitantes originarios. Dos jurisdicciones unidas por un mismo mandante: el capital como lo demuestra el llamado “abrazo del estrecho” protagonizado por el presidente chileno Federico Errázuriz y su par argentino Julio Roca el 16 de febrero de 1899. Más allá de distender el ambiente hostil entre ambos países por diferencias limítrofes, el encuentro tuvo un condimento extra, que demuestra la estructura económica imperante en la región. En este sentido el autor nos ofrece una verdadera perlita. Si bien ambos mandatarios pernotaron en Punta Arenas, Errázuriz lo hizo en el palacio de Sara Braun y Roca en la mansión de José Menéndez. Estas familias (o diríamos fortunas) terminan luego unidas por lazos de parentesco, demostración de que ese abrazo fue un abrazo de oso, un abrazo del capital verdadero dueño de ese lejano sur que estrujó soberanía y la existencia de los fueguinos.
Los datos y testimonios que facilita el texto acerca del arrinconamiento que padecen los originarios, por la disputa de la costa y el avance del alambrado sobre los pastizales en favor de la inversión lanera de los gentelman farmer, eliminando individuos y desplazando guanacos, dieta básica de los selk’nam, son tan abrumadores que el lector no puede menos que estremecerse ante el progresivo cerco de hambre y muerte que se le impone a los dueños de la tierra. Ese modus operandi de “la civilización” nos retrotrae a lo sucedido durante el mismo período cuando se produce la “Conquista del Chaco”. Allí, el Ejército argentino desplazó a las comunidades de las márgenes de los ríos privándolos de la pesca y de sus territorios de caza, obligándolos a replegarse al interior condenándolas al hambre y la miseria. La posterior expansión de la frontera agropecuaria significó el tiro de gracia.
La recopilación de citas, siempre oportunas, nos posibilita recrear el imaginario de época, de ese modo nos facilita un sinfín de testimonios contemporáneos que manifiestan su horror ante el exterminio de las poblaciones indígenas. En estas páginas emergen las voces de exploradores, cartógrafos, científicos, historiadores, botánicos y periodistas que pasan por la zona, demostrando cómo el espanto que hoy causa aquel genocidio era compartido en aquel tiempo por personalidades como Otto Nordenskjöld, Carl Skottsberg o Charles Rabot entre otros, que dejan constancia de “las carnicerías científicas que se llevaban a cabo para la obtención de cráneos para museos europeos” o las crudas referencias “a las cabelleras de los perros salvajes” como denominaban los cazadores de indios a sus presas, siendo constante las menciones a “la hiriente desnudez y miseria en que yacen cientos de indios”.
Selk’nam, genocidio y resistencia ya desde el título anticipa que se encuentra en las antípodas de una historia servil o complaciente. Con datos inobjetables, el libro explica el incremento de la violencia de los primeros encuentros con militares o aventureros hasta convertirse en algo sistemático, ya que los hacendados consiguen una absoluta subordinación policial a sus intereses dictados por la libra esterlina. Por lo demás, Alonso Marchante tampoco apunta a dictar sus conclusiones al lector. Su vuelo de investigador es más ambicioso. Con paciencia admirable expone las pruebas del caso para que cada quien juzgue lo ocurrido. La descripción prolijamente descarnada, la minuciosa pesquisa bibliográfica, las imágenes que nos instalan en la zona y las acertadas referencias lo tornan en un libro imprescindible para estudiosos y al mismo tiempo, su narración fluida lo convierte en un texto de divulgación para el gran público, que verá desfilar las intrigas palaciegas de anglicanos, salesianos y latifundistas que convergen en un atroz genocidio del que pocos hablan ya que el silencio de unos y otros fue muy lucrativo. Hacía falta una mirada como la suya para desmontar en forma pormenorizada lo ocurrido en Finis Terrae, una geografía tan distante que algunos la califican como el lugar donde dobla el viento. Esa misma lejanía facilita la acción criminal causada por una ambición desmedida tanto para apropiarse de tierras y recursos como para apoderarse de “las almas imperecederas de los infelices salvajes”. Una situación que nos retrotrae a aquella premisa de Karl Marx cuando afirma que así como el capitalismo se disfraza en las metrópolis, del mismo modo no tiene empacho en pasearse desnudo en la periferia. Existen autores que borran con el codo lo que escriben con la mano, este no es el caso. Alonso Marchante, a quien tuve oportunidad de conocer durante su estadía en Argentina mientras recopilaba información que se plasmó en su magnífica investigación anterior, demuestra que su accionar de historiador camina junto a un compromiso de vida. Selk’nam, genocidio y resistencia es uno de esos textos que no terminarán en la mesa de saldos, por el contrario es de las investigaciones que interpelan al lector invitando a una reflexión profunda. Es un libro que apunta al pensamiento.
Considero sobresaliente el capítulo sobre la “Reducción de Indios” de la isla Dawson a manos de los salesianos encabezados por Giuseppe Fagnano. Si bien el reasentamiento estratégico de la población en un punto determinado fue común en toda la América colonial y luego prosigue durante la era republicana, lo acontecido allí entre 1888-1911 escapa a toda lógica. En principio, dado que los salesianos no conocían el idioma de los fueguinos, la evangelización era una simple utopía: bastaba con lo mínimo y que abandonen sus quillangos de piel para vestirse con harapos occidentales. Dawson pronto se transformó en un muy próspero establecimiento industrial. Lo expresa con contundencia un dignatario eclesiástico “los indios civilizados se convertirán en peones baratos, que permitirán realizar una producción abundante a poca costa”. El negocio era tan fructífero que pronto los empresarios madereros de Punta Arenas levantaron sus quejas ya que les resultaba imposible enfrentar esa competencia desleal, a menos “que hallen el medio de hacer trabajar gratuitamente a sus hombres”. Paradójicamente en medio de tanta prosperidad, el sitio más concurrido de la misión fue el cementerio, donde las fosas comunes se expandieron hasta casi alcanzar el millar de decesos. Los kawésqar y los selk’nam confinados allí morían a causa de la tuberculosis, la tisis y el sarampión, potenciados por el hacinamiento, el absoluto abandono a su suerte y la falta de medidas de profilaxis elementales como separar sanos de enfermos. Vale aclarar que, tal como consigna el autor, la reducción carecía siquiera de una mínima enfermería. En medio de ese auténtico apocalipsis, resulta incomprensible el negacionismo y la increíble distorsión perceptiva de las religiosas a quienes les “causaba envidia verlos partir [a los selk’nam] de este mundo para la eternidad tan bien dispuestos, llenos de fe y alegría como si fueran a un festín”.
En varios pasajes Alonso Marchante menciona la imposición de un nuevo nombre a los originarios que acaban en manos de los religiosos, semejante sustitución no solo supone avasallar la mismidad de un individuo sino convertirlo en otro. Se trata de una verdadera metamorfosis. Dentro de la dialéctica sígnica de unos y otros, la “Reducción de Indios” proyecta dos implicancias fundamentales. Detrás de sus paredes se encuentran el reducidor y el reducido. Es un asunto de proporciones geométricas. La Reducción guarda relación con el desmantelamiento y colonización del mundo simbólico. Esta curiosa evangelización a la liliputiense consistió en un sistema diseñado para empequeñecer al individuo en todos los órdenes y guarda estrecha relación con el proceso de invisibilidad. Quienes ingresan en las Misiones admiten de facto su reducti. Aceptan el cercenamiento de su estatura humana. Al reducido se le amputa “el sobrante salvaje” es decir su bagaje simbólico (cultura, sueños, religión, cosmovisión). Aun existe otra implicancia, tal gradación reduce al originario en la misma proporción que agiganta al misionero. Traspasar el portal presupone pasar por una suerte de tamiz que separa modalidades del ser. Al participar de esta constelación simbólica, forzosamente se le extirpa parte de su esencia. El movimiento dialéctico de reducidos y reducidores se convertía en un círculo de viciosa retroalimentación, en definitiva instaura un terrorismo simbólico. Tengamos presente que a principios de 1946, Argentina aún contaba con un organismo denominado Honorable Comisión de Reducción de Indios que tenía como postulados básicos la reducción, protección e instrucción. Incluso la Constitución, que fue reformada en 1994, todavía poseía un artículo que “obligaba a la conversión de los indios al catolicismo”.
Un mérito adicional del autor o si se quiere un plusvalor literario, consiste en su nacionalidad. Desde estas costas es pertinente y necesario que un español se ocupe de narrar el horror que el Descubri-MIENTO (ya que hay más Mientos que Descubris) trajo a este continente. Su percepción venida desde el otro lado del Atlántico, si bien no es objetiva, nadie lo es, es una mirada despojada del-estar-aquí y por eso mismo logra una dimensión singularmente efectiva que potencia su obra. Mucho más podría añadir sobre este profundo trabajo de Alonso Marchante, pero creo que con lo dicho es suficiente para preparar al lector deseoso de conocer la verdad sobre lo ocurrido en aquel remoto espacio patagónico, en donde se pagaba una libra esterlina por cabeza de selk’nam que morían sin vislumbrar por qué unos pocos hombres acaparaban para sí millares de ovejas y toda la tierra. En definitiva, no comprendían cómo la propiedad privada crea un mundo absurdo, un mundo de injusticias donde algunos pocos se apropian de tanto arrojando a la marginación a millares de seres humanos. Un siglo después, compartimos en un todo la extrañeza e incomprensión de aquellos fueguinos ante semejante aberración y celebramos que los selk’nam de hoy hayan comenzado una efectiva lucha por sus derechos y la tierra de sus ancestros.

* Marcelo Valko se dedica a la investigación antropológica en relación con el genocidio indígena y afrodescendiente. Especializado en etnoliteratura, ha publicado más de una docena de libros y numerosos textos en Argentina, Chile, Brasil, Perú, Colombia, México, EEUU, España y Francia.
El texto precedente corresponde al prólogo de Selk’nam, genocidio y resistencia (La Flor Azul, Argentina, 2022).

José Luis Alonso Marchante (Gijón, España, 1971) es de profesión economista y apasionado de la historia por vocación. Vinculado al Grupo de Investigación Frente Norte, en 2006 publicó su primer libro, Muerte en Somiedo, una historia de la guerra civil en Asturias y León (editorial Azucel). En 2014 publicó Menéndez, rey de la Patagonia (Catalonia, Chile; Losada, Argentina), libro que recibió una Mención Honorífica en los Latino Book y que ya lleva trece ediciones en Argentina y chile. En 2019 aparece Selknam, genocidio y resistencia (Catalonia), cuya edición argentina por La Flor Azul se publicó en 2022. Ha participado también en el libro colectivo Patagonia rebelde, 100 años (Red Editorial).
by Claudio Medin | 17 \17\America/Argentina/Buenos_Aires diciembre \17\America/Argentina/Buenos_Aires 2022 | Poesía
Presentamos tres poemas de La oscuridad del signo (El Suri Porfiado, 2022), primer libro del poeta fueguino Franco Riquelme.
Clonazepam y dioses
Hay un ruido en el alma
galpón pequeño
circuncidado.
¿Dónde está la boca del río?
Hay una balsa prístina
que decanta los vacíos.
Ya no quiero saber.
Hay en mí
un desorden necesario.
Coloquio de los signos menores
Ya me desparramé por el aire
y no deseo ser normal,
crecer y echar raíces.
Todavía recurso
los coloquios de amor
y caigo como un durazno
cuando veo un manzanal.
Por la pobreza y los psicofármacos
supe que soy una cáscara dura,
única semilla.
¿Cuántos signos puede abarcar un cuerpo?
Si el amor viene del lenguaje
no vuelvas nunca.
La oscuridad del signo
Soy un signo que nadie escucha.
Una lengua muerta
que busca el ojo eterno
por placer y crueldad.
Quiero descansar allá
donde todo se derrama,
si no ¿de qué habla el lenguaje?


Franco Riquelme (Río Grande, Tierra del Fuego, 1995) es docente en Historia y dicta clases en el Instituto Provincial de Educación Superior Paulo Freire. De vez en cuando publica textos académicos y literarios en revistas locales y latinoamericanas. Su primer libro, La oscuridad del signo, fue publicado por la editorial El Suri Porfiado (Buenos Aires). Las campanas no tienen paz, su segundo libro de poemas, será publicado por la Editora Cultural Tierra del Fuego próximamente.
by Claudio Medin | 20 \20\America/Argentina/Buenos_Aires octubre \20\America/Argentina/Buenos_Aires 2022 | Poesía
Rapsodia descontenta, este nuevo libro de Alejandra Méndez Bujonok plantea, ya desde el título, la pasión –en tanto afecto, sentimiento- que ordenará el ánimo de todos los textos. Un canto triste, un canto falto de alegría, o quizá la alegría como un terreno despojado, un vacío. Se acusa una falta. Y como se trabaja EN o DESDE ese vacío, hay un apuro –un desconcierto- del lenguaje por nombrar lo innombrado. Algunos términos estallan ante nuestros ojos como una granada de luz: allí tanto juegan los sentidos que estos términos despliegan, como la estela que dejan tras de sí -generando una dificultad consentida desde la voz lírica- pero también un haz de sombra y oscuridad con la que hay que negociar para ir hacia la comprensión. Más que comprensión, diría intuición del poema (fragmento del texto escrito por Elena Anníbali para la contratapa del libro).
El río
Las tardes no son bombas aquí
pero nos llegan noticias desde lejos.
La tierra es un lugar terrible,
un desolado campamento de idiotas
que olvidan en mitad de la noche canturreando.
Mi cuerpo ya no existe entre el gentío,
desaparezco firme en la extrañeza.
La sangre nunca fue un río eterno.
Rhizanthella
para Fabiola
Por los caminos del agua en busca del silencio
las máquinas son máquinas secretas.
Como una Rhizanthella, sin romper
jamás la superficie de la tierra,
florecen por lo bajo aquellos rayos.
Regresa el canto antecesor
La fiebre terrenal en un susurro infantil
llena de aromas la noche clara,
y así llueven el alba,
los perdidos.
Como una estampida de caballos salvajes
sus corazones en el mío llueven
vuelven con la lluvia, llueven
los latidos de las cosas
yacen junto a mí.
Los aprendices
Dijo el silencio de Wang-Fô
que nos detengamos a contemplar los astros,
que aprendamos del mundo de las palabras:
ellas son las creadoras de las cosas.
Ruiseñores en colonias llenas
de humanos extraviados,
¿sabremos cantar en las aristas del mañana?
Que arroje la primera piedra
Ese animal no calma su hambre comiendo.
Tiene las ramas torcidas desde siempre.
Nadie ha podido calmar la pena
y se le enquistó en tumor una rabia,
estrella que estalló llevándolo todo.
Creció en voracidad la noche
de su corazón.
Alejandra Mendez Bujonok nació en 1979 en San Cristóbal, Santa Fe. Reside en Rosario, Argentina. Estudió psicología en la UNR. Es escritora, docente y productora cultural. Coordinó los ciclos de lecturas: Poesía en los Bares (auspiciado por la Secretaría de Cultura y Educación de la ciudad de Rosario) Poetas que leen a otros Poetas, Poetas del Tercer Mundo y las trasnoches del FIPR (Festival Internacional de Poesía de Rosario) en 2010 y 2011, entre otros.
Ha participado en importantes Festivales de Poesía nacionales e internacionales.
Publicó los libros de poemas: Tarde abedul (La Pulga Renga, Rosario, 2013), Charlas con Cuchúa (Editorial DeAcá, San Luis, 2018), Trece maneras de enfocar otro pájaro (Ediciones Arroyo, Santa Fe, 2019) Rapsodia descontenta (CR editorial, Rosario 2022).
Fue declarada Artista Distinguida por la Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe (2019). Integra numerosas antologías nacionales e internacionales.
Actualmente coordina un ciclo de lecturas en la Biblioteca Argentina Dr Juan Álvarez y junto a la poeta Vicky Lovell, el Área Letras del Complejo Cultural Atlas, donde se destaca, entre otras actividades, la curaduría del Melopeas Fest (Festival. Nacional de Poesía y Música).