“La hija menor” de María Laura Decésare. Por Paula Jiménez España

“La hija menor” de María Laura Decésare. Por Paula Jiménez España

 

Una lectura hecha por Paula Jiménez España sobre “La hija menor”, libro de la poeta santafesina María Laura Decésare, editado por la colección Pez Náufrago de Ediciones del Dock (2017).

 

Una vez Jorge Monteleone dijo sobre Hugo Padeletti que su obra plástica era voluntariamente inocente. No se me van estas palabras de la cabeza a medida que avanzo en la lectura de La hija menor. La inocencia, dice un diccionario, es un término que describe la carencia de culpabilidad de un individuo. Creo que es una definición muy a tono con el espíritu de estos poemas que no atinan a encontrar culpables humanos, entre los seres cercanos, a la pérdida o el dolor, porque la pérdida, la muerte, las separaciones forman parte del juego. El final del poema “Amores”, dice: “Pero el amor verdadero/ llegó un tiempo después/ con ojos oscuros/ más vibrantes que la noche. / Mi boca todavía tiembla/ cuando repite su nombre”. Es decir: no es él el que se fue, no es él mi amargura, este dolor es mío. “Por fin, esta desgracia es mía”, escribió una vez Claudia Prado, como si ese reconocimiento fuera el primer gesto de emancipación. Con  esta apropiación el yo lírico acepta las reglas, acepta que la oscuridad viene con la luz, la muerte se baraja con la vida.  María Laura pone el foco en la luz, echa un manto benévolo, inocente, sobre ese pasado que mi generación re significó, muchas veces a través de un mal psicoanálisis, dando aquí y allá con culpables de las frustraciones personales, encontrando autoindulgencia. María Laura, que también es de mi generación, parece rechazar el vicio tentador, rebelarse a ese desplazamiento. Como la buena budah que es en la vida y que se expresa ya desde su primer libro, hay una cierta complejidad del alma, fantasiosa e indómita, en la que sabiamente parece preferir no hurgar, una hojarasca a la que no atiende, por eso estos poemas tienen una apariencia ingenua, como los haikus o incluso pienso en ciertas exaltaciones de Kavafis, encarnan una suerte de alabanza sencilla al amor, como también hacia el entorno natural. En el poema “Tardecita en Caseros”, que me toca de cerca porque yo soy de ese mismo barrio del Oeste y esta es una de mis coincidencias con Laura además del cine oriental, la autora dice: “Baja un poco el sol y llega al jardín/ el colibrí aleteando sobre el regador, / en lo alto una avioneta hace círculos, / vuelvo los ojos y veo a mis padres/ tomando mate en el banco de siempre. / El humo del cigarrillo de papá se confunde/ con el claro de luz, mamá me mira/ y yo no puedo hacer otra cosa/ que celebrar esta ilusión primaveral”. Llanos, a veces contenidos, pero siempre intensos y con relieve sensorial, en estos poemas gana la grandeza de lo simple, lo suave que se muestra con contundencia. Dice en “Veranos en Junín”: “Sin mamá ni papá a la vista/ salíamos con mis hermanos/ a la hora de la siesta/ buscando esos duraznos maduros. / Mi poca estatura no me permitía/ alcanzar el árbol/ por eso me entretenía/ saltando hasta derribar alguno. / Guardo una foto nítida/ con el brillo de esas tardes/ para aquellos días en que siento/ la urgencia de un abrazo”. Con  La hija menor María Laura Decésare va a buscar escenas a las raíces históricas familiares y también a su propia adultez, a los momentos de soledad en los que el corazón vacío de impurezas  puede hacerse escuchar mejor, sobre todo a la hora en que cantan los pájaros. Tantas veces cantan los pájaros en estos poemas, tantos desvelos los de ese yo íntegro, despojado, que le presta oídos al silencio del cual es hija esta poesía. Por ejemplo, en “Certeza”, dice: “Una noche más un pájaro/ me regala su canto/ y con mi desvelo pienso en él. / Tan cerca en su silbido/ ¿busca la noche un milagro?/ Por su silencio repentino/ y en la extrañeza del instante/ nos une la misma fe”.  Esa hora, la madrugada, es en la que todo empieza, es una hora también raíz como la familia, pero raíz del día, el momento en que el tren llegó a Rufino trayéndole al padre la presencia de la amada que más tarde será madre. En el poema “Carta fechada en marzo del 55” (no cualquier año para la historia argentina) dice: “Ella en Rufino, él en Alianza/. El reencuentro asoma/ como un tren que llega a la estación/ de madrugada”. Esa misma hora es la del último cigarrillo, como en ese poema en que el yo fuma y escucha desde la cama a los vecinos volver de una fiesta por el pasillo del edificio, jolgoriosos van los otros, vale decir, acompañados. Además de fumar, María Laura levanta su copa, brinda, parte el pan y comparte las pastas del domingo en los versos de La hija menor donde la suma de escenas gozosas, cotidianas, retienen lo que se tiene en fuga, fijan lo errante como diría Marosa Di Giorgio, lo que andaba dando vueltas por ahí sin ser dicho, y también desatan lo fijo, lo que no parecía tener otra dimensión más que la que tuvo entonces, cuando la cosa sucedió. Los recuerdos de infancia, de los que Rilke diría que son una fuente infalible de inspiración, adquieren movilidad cuando la poesía los toca. El trabajo de la escritura, digo yo, es armar una suerte de Frankestein al unir partes, percepciones disímiles, e insuflarles otro tipo de vida. Virginia Woolf, escribió en Orlando que la poesía es una costurera que junta retazos de aquí y de allá. Es así como se componen libros como este, una suerte de álbum fotográfico que no respeta cronología. Aunque sí, no se le puede negar la voluntad de reconstruir la historia a estos poemas, a esta hija menor que es la voz de la familia, la encargada de apagar la luz cuando todos se hayan ido, la que sobrevive a la novela familiar.  En otras épocas, era la menor la que se quedaba velando por la madre, en este libro esa que vela es la poesía, guardiana de una historia a la que mantiene a salvo de los peligros del mundo y del olvido. Dice María Laura en el poema “De madrugada”: “La niña que fui/ vuelve con la noche,/ me toma de la mano/ y pide que cierre los ojos/ oigo el ladrido del perro/ un movimiento de sillas/ y la voz de papá./ No abras los ojos, insiste/ la niña y siento una caricia/ sobre mi pelo negro,/ tiemblo al reconocer/ ese olor familiar./ No te vayas, murmuro/ no me despiertes”.

Paula Jiménez España

 

Dos poemas de La hija menor

 

Con sus manos

 

Papá hizo grandes cosas:

de la tierra levantó nuestra casa

y aunque no tuvo doctorados

fue un experto haciendo radios.

Las hacía de todos los tamaños.

Mamá cuenta que leía

folletos y manuales con entusiasmo

e incluso un día

la sorprendió haciendo un televisor.

Él sabía bien de oficios

y sus manos fueron el instrumento,

tenía el don de dar forma

a lo minúsculo

como esa radio que tengo frente a mí

y a la que observo con puro gozo

de haber visto

lo que un padre es capaz de hacer.

 

Primavera

 

Todo lo que veo

todo lo que sueño

me lleva al mismo lugar:

un jardín de color intenso,

pájaros picoteando el pasto

y un colibrí que baila

sobre el regador.

El cielo azul del atardecer

y mi madre en la silla

mirando a papá,

así como se mira

aquello que se ama.

 


md

María Laura Decésare nació en Rufino, provincia de Santa Fe, Argentina, en 1969. Reside en Buenos Aires. Estudió Ciencias de la Comunicación y es Técnica Superior en la Corrección de Textos. Publicó los libros de poemas: La letra muda (Ediciones del Dock, 2010), Vida de gatos (Ediciones del Dock, 2012 – reeditado en 2015) y Somos lo que damos (Ediciones del Dock, 2015), La hija menor (Colección Pez Náufrago, Ediciones del Dock, 2017). Integra la antología Décima Convergencia Internacional de poemas “JUNÍNPAÍS2011” (Ediciones de las tres lagunas, 2012). Sus poemas fueron publicados en diferentes medios y revistas gráficas y virtuales de Argentina, Chile, México, Colombia, España y Estados Unidos. Recientemente, poemas del libro Somos lo que damos fueron traducidos al francés, portugués y al italiano. Administra el blog La letra muda: http://mldecesare.blogspot.com.ar/

Fotografía: Nacho Gatica.

 

paula-jPaula Jiménez España nació en Buenos Aires en 1969. En poesía publicó, entre otros, Ser feliz en Baltimore, La casa en la avenida, La mala vida, Espacios naturales, Paisaje alrededor, El corazón de los otros, Terrores nocturnos. En prosa publicó Pollera pantalón / Cuentos de género. Recibió distintos premios provinciales y nacionales y fue traducida al italiano y al inglés. Desde 2008 colabora con “Soy” y “Las 12”, suplementos del diario Página/12. Dicta Talleres de escritura y de lectura grupales e individuales.

“La hija menor” de María Laura Decésare. Por Paula Jiménez España

Cinco poemas de Catalina Boccardo

bocc

Una selección de cinco poemas éditos e inéditos de la poeta argentina Catalina Boccardo.

 

expresión corporal

 

                                                   “La manera de danzar que lleva el sello de cada individuo. Comparándolo con la poesía de cada poeta. Por medio de este quehacer queremos ayudar a que el cuerpo piense, se emocione, y transforme esta actividad psíquica-afectiva en movimiento, gestos, ademanes y quietudes cargados de sentido propio.”

(Patricia Stokoe)

 

semidesnudas

nos contorsionábamos

un patio repleto de piernas

saltos

otra vez al piso mugientes

 

y reprimidas y temerosas

 

aquellos años setenta

freían el cerebro

quedabas con la dura cicatriz de un fascista

 

por eso la dulce prueba

la imaginación

 

si ser otras

nos convertía en nosotras mismas

 

más que la realidad

los ejercicios de expresión corporal

daban a las niñas sus músculos

 

aprendías

hay una pelvis

libre de cercos

 

sus bestias enlazan la asfixia

para siempre

 

De BAILAR, 2013 (Inédito)


 

6

 

a lo lejos

un biguá

peces enganchados

irrumpen el curso de la especie

 

nos alimentamos

unos de otros

 

este hambre campesino se salva

con los dedos pequeños

 

De FORMOSA, El Suri Porfiado, 2015


 

kusama y bacon

 

he visto a kusama en orgías

pintar el falo

una etapa de su arte

corriendo desnuda dentro de una multitud

 

(luego atraparon a la artista

que deseaba alguna vez ser atrapada)

 

nunca entendí lo suficiente

ir al extremo

otorgar un salvoconducto al cuerpo

esa guarnición no termina de romperse

frente a los ataques

 

no es matar o violar de manera directa

 

el material de la fotografía sobrevive

hasta que alguien logra su captura

como la pintura

o los golpes de la escultura

 

bacon sabía mucho de esto

se llevaba los pedazos y sus obras parecen frigoríficos

 

De COLLAGE, En Danza, 2015


 

arrojó poemas

como un vaso de agua

 

había pasto seco en la dedicatoria

 

y su lectura

desnuda

corrosiva

taló mi cuerpo

 

que mi escritura no haya caído
en la punta filosa de las cañas
_ pensé

 

hay palabras buitre
y otras
originan incendios

 

 

De ELEMENTOS, La Mariposa Y La Iguana, 2013


 

3

y granos de chocolate

los muxes

muelen

repletos de esos  ademanes

vistos por las banquetas de oaxaca

 

tibia

la mano

ahora

cabe en una taza el líquido más oscuro que la melancolía

 

del español curtido nada queda

 

adentro de esos montes aledaños

gente colorida viaja y regresa

 

entre amigos recientes

la risa

el mezcal de la taberna

con un alacrán del tamaño de camafeos y ella que no sabe si es él

o él que tampoco sabe de ella

 

los machos cuelgan los ojos en los espejos detrás del mostrador

 

acá entrecruzamos vasos

nos movemos como en una película

ardor se siente por dejar la realidad

 

De EL VIAJE Y EL OMBLIGO, 2017 (Inédito)

 

 

Catalina Boccardo (CABA). Publicó los libros de poesía: el jardín santo y collage (En Danza);  territorios (Del Dock); formosa (El Suri Porfiado); los cuadernos  elementos, mangos, bailar y clases de collage (La Mariposa y La Iguana); el e-book Punto Ciego (selección de poemas y fotografías de su autoría, Biblioteca de las Grandes Naciones, País Vasco, 2016). Participó con el microrrelato “Sangrar” en un libro objeto de (c)acto ediciones, Foro de ediciones contemporáneas del Museo de Arte Carrillo Gil, México, 2012. Su poesía aparece en blogs, fanzines y  revistas. Fue invitada a diversos ciclos, encuentros y festivales de poesía en distintas ciudades del país, y en Uruguay y México. En coautoría realiza la columna La Casa Entera Ya no existe para la Revista virtual El Infinito Viajar de Artes y Poesía.

Certificados SSL Argentina