Los rastros de un poeta galés en la patagonia argentina

Los rastros de un poeta galés en la patagonia argentina

Las literaturas comparadas nos permiten asociar e interpretar determinados rasgos entre las producciones de diferentes autores regionales, de generación e incluso estéticas distintas. En esta nota relacionamos al poeta galés Dylan Thomas con otros poetas de la Patagonia argentina.

Convulsionada Europa por la Segunda Guerra Mundial, apareció en Inglaterra en el año 1939 The New Apocalypse, primera publicación de un grupo de poetas denominado “The Apocalypse” —formación cultural integrada por Henry Treece, Nicholas Moore, Vernon Watkins, Tom Scott, Dylan Thomas, Herbert Read, entre otros—. A grandes rasgos, en un manifiesto del año ’38, afirmaban que el hombre necesita liberarse de la máquina y del pensamiento mecánico; que ningún sistema político ni ninguna ideología artística —ni el superrealismo ni la escuela política de Auden— puede dar esa libertad; que el mito es un medio personal de reintegrar la personalidad.
A esa altura del siglo las vanguardias habían perdido su fuerza transformadora —dadaísmo, surrealismo, futurismo, etc. — y también las ideas del positivismo como el progreso y la igualdad de oportunidades. En cambio se afianzaba a grandes pasos la enajenación y el fetichismo que proponía el capitalismo con sus objetos seriados, y en una progresión aritmética los estados-nación comenzaban a estallar entre conflictos bélicos fulminantes, inhumanos (campos de concentración, bombas atómicas, etc.).
Entonces, atentos a lo que les exigía el campo del arte, especialmente la poesía, y contrariando las concesiones que se habían hecho hasta el momento frente a los aconteceres de la esfera política y social, cada uno de estos poetas condena la poesía “mecánica”, materialista de los años anteriores y buscan renovarse en los mitos. Por eso señalan: “Creemos que la edad de la razón toca a su fin, y que estamos en el umbral de una nueva era en la cual la vida será servida por la cultura, la razón, el arte, pero no sobrepasada y sojuzgada por ellos. La cultura debe inclinarse ante la vida, el arte ante la vitalidad y la sangre.”

El poeta galés
Entre esas voces emergentes se destaca una y es la del poeta galés Dylan Thomas. Nacido en Swansea, en 1914. Desde su primer libro “Eighteen Poems”, sorprendió por la utilización de recursos estilísticos que sobrepasaban al de sus compañeros de ruta. Y fue agigantándose con otra serie de libros de poemas y, también, textos narrativos.
Más allá de la leyenda que se ha tejido en torno a sus vicisitudes personales (alcoholismo), otro es el panorama que ha dejado en lo que es la práctica de la poesía y la narrativa.
Roland Barthes ha señalado que “la poesía moderna está saturada de estilo; que entre la lengua y el estilo se sitúa la escritura”. En ese territorio donde el escritor comete sus asesinatos se convoca a las imágenes, el léxico, la elocución, la carga de la tradición, las rupturas, los homenajes y las influencias. Simbiosis y comunión en donde se encuentra el hombre que escribe y la letra, en donde se gesta —en la soledad de la producción y la multitud avasallante del contexto— y transgrede una sintaxis que siempre se encuentra en emergencia, pronta a los cambios, la renovación. Es el lugar en donde se adensa la presencia de un autor como Dylan Thomas, donde se encarna el verbo, haciéndose inexpugnable su compromiso con la escritura, la conquista de un estilo, la irrupción de una voz, sólida y original, distinta de las demás, que le permiten ser, estar en la literatura.

Línea estética
Elizabeth Azcona Cranwell —en una excelente estudio introductorio, además de la traducción y las notas, a los “Poemas Completos”, editada por Corregidor—, sintetiza las líneas de producción de Dylan Thomas diciendo que: “El nacimiento, la infancia, la adolescencia, la sexualidad, la religión, la muerte, el idioma del paisaje, la leyenda, en la visión acelerada de un múltiple universo de símbolos conforman la esencia de esta poesía. Rebelión de las fuerzas vitales ante las formas que avanzan hacia su caducidad, música y memoria de un paraíso perdido en la niñez, gozo profundo ante los milagros y una constante búsqueda de la verdad inmutable del hombre, oculta en los mitos, los colores, los sonidos, las repeticiones eternas. Y que sólo se manifiesta a la luz de las palabras. Dylan Thomas trata de aprehender los limites de lo creado, la belleza y el terror de vivir, por medio de una participación activa en ambos extremos. Se trata del ‘éxtasis de la vida y el horror de la vida’ de que hablara Baudelaire. Y en esa travesía de opuestos, se cumplirá finalmente un acto de apertura y celebración.”

Reveladores son a veces los ejemplos o las asociaciones que se trazan entre escrituras, entre libros, por ende, también el mito intercede:

“Pero cuando el escritor, y este es el caso de Thomas, se convierte en un fenómeno que desborda el marco literario no suele ser sólo por un manejo inteligente de los recursos técnicos del oficio; cuando esto ocurre, es que el lector no lo ve como un creador de belleza o de ideas, sino que encuentra en él algo que le lleva a creer que está descubriendo una parte desconocida de sí mismo…”

Esto ha escrito Emilio Olcina en el prólogo de Retrato del artista como perro joven, y que, de alguna manera, transparenta este ejercicio que se presenta en los párrafos subsiguientes, es decir una serie de asociaciones que algunos acordarán y otros dirán que no son posibles, pero de alguno u otro manera ciertas filiaciones caen por sus nombres, por sus símbolos, por el peso mismo de la producción poética. Además esa es la otra riqueza que tiene la literatura, la posibilidad de discutir, de hacer del hombre además de un animal simbólico, el hombre que vuelve a discutir la visión del mundo en el ágora. Entonces, esta mirada hacia la literatura de nuestros coterráneos sureños será partiendo, articulando y yuxtaponiendo (en esa “Continuidad de los parques” del gran Cortázar) desde la obra de Dylan Thomas como base para la exploración en otros autores locales.

Pero este artículo no es para celebrar la poesía de Dylan Thomas; aunque las líneas precedentes intenten mostrar a grandes rasgos su importancia e influencia en la poesía moderna. Justamente la idea de estas anotaciones es el hallazgo de homenajes —a través de conexiones textuales— que le realizan varios poetas patagónicos en la elaboración de sus propios poemas. Remarcar la intertextualidad existente entre los trabajos del poeta galés y algunos autores sureños, explotando esa categoría de interpretación del análisis literario, y que en otras oportunidades excede a la producción de la misma forma textual y, directamente, da cuenta de la relación con la figura imaginaria del autor.

En la poesía chubutense no sería una sorpresa que la producción del poeta galés influyera sobre las nuevas generaciones, debido a que en dicha provincia se entrega hace décadas el Premio de Poesía Corona del Eisteddfod del Festival Galés de Arte Eisteddfod de Chubut, como en la vieja tradición bárdica, e inclusive se escribe actualmente poesía en ese idioma. Pero aquí es importante resaltar que Dylan Thomas “manifestó a Stephen Spender, en diciembre de 1952, que no sabía leer galés y, por tanto, no había sufrido las influencias de la poesía bárdica galesa”.
Entonces nosotros tampoco vamos a intentar demostrar si existe o no una influencia de dichas características, sino simplemente se colocará en relación una serie de poemas creados a partir de la poesía de Dylan Thomas; en esas huellas se hará la reposición, se identificará cada uno de los textos creados por poetas, o, también, la traducción o versión que han intentado ante “la angustia de la influencia”.
Porque “la literatura —al decir de la profesora Silvia Barei— sirve como andamiaje que construye una estructura de encuentros y copresencias y de negaciones”. Es interesante esta particularidad en la que la producción de un poeta galés se incorpora en los textos escritos en la región, textos que reciben muchas influencias, entrecruzándose con las vertientes provenientes de las culturas originarias o aquellas que exceden justamente el mismo campo literario, y se contamina con discursos o imágenes de la música, la plástica.
En dicho caso también aparece en el horizonte de expectativa sureño la nombradía y participación de muchos poemas la figura del pintor Vincent Van Gogh, tanto en su prosapia como en los colores que destacan su obra. En ese sentido, al modo de una red de comunicación y tráfico, nos animamos en este pequeño artículo a vincular estos autores derramados en el territorio patagónico pero unidos y atados por la poesía de Dylan Thomas.

 

Selección poética

Juan Carlos Bustriazo Ortiz | “Cuadragésima Sexta Palabra”

renacido pasaba con su gaita era él era él la noche ondeaba
ondulaba el gentío y él pasaba con su rostro rosillo lampagueaba
su pupila terrible celta en llamas su laringe animal ay insuflada
por la vida y la muerte que sonaban como el viento de dios con la garganta
el cogote animal que regresaba dylan thomas bermejo con su gaita
dylan rojo gemido dylan lágrima dylan odre de alcol balido panza
loca lengua caliente bofe entraña de los clanes remotos se asomaba
me rozó su quemor porque él se alzaba del hervor de vivir soplo soplaba
poderoso viviente de su gaita yo temblé de un temblido yo temblaba
de profundo temblor dylan rojeaba salvajoso de amor se calcinaba!

(noche del 16,
casa de edgar,
casa de abraham.)

de Libro del Ghenpín (1977), Cámara de Diputados de la Provincia de La Pampa, Santa Rosa, 2004, pág. 65.

 

Juan Carlos Moisés | “Habla Dylan Thomas”

He peleado
no en una guerra
no contra una tal Pamela
o una tal Caitlin, mi mujer
y una familia grande y pobre
ni contra el fantasma de la cerveza
ni siquiera contra mis propios poemas
—algo más fuerte me persiguió
durante toda la vida—
contra Dylan Thomas he peleado
y he perdido.

de Querido mundo, Ediciones El Lagrimal Trifurca, “Colección de Poesía El Búho Encantado” / 24, Rosario, 1988, pág. 33.

 

Margarita Monges | “Sueño del país de Gales”

“…un verde
como no hay otro…”
Amy Lowell

Mientras el auto cruza
campos de Santa Fe:
maizales, girasoles,
qué me trae de pronto la memoria
de la tierra de Gales?

Castillos, brumas, verde.
verdes valles
—todavía son verdes los valles,
aún el Valle de Rhondda—
“un verde como no hay otro”
dijo Amy.

Las Montañas Negras
blancas bajo la nieve;
el parque del Castillo de San Fagan,
con su alta escalinata
y la estatua
de un diosecillo
mirándose serena
en el arroyo,
oculta entre el boscaje.

Cardiff
donde las hayas son tan altas
que llegan al cuarto piso
del Centre Hotel,
y desde la ventana
se ve correr el río Taff,
cruzando
el corazón de la ciudad.
Una ciudad con corazón.

En dónde
sino en Cardiff
puede haber un lugar que se llame
Moira Place,
y en todas las vidrieras
siempre el mismo retrato
de Dylan Thomas,
joven y delgadito,
y siempre con el mismo
saco tejido a cuadros.

Por qué recuerdo a Gales
ahora,
mientras corremos
entre arboledas y sembrados
verdes?

Porque la tierra de Dylan Thomas
no se puede olvidar,
tierra de antiguos bardos
que aún sigue coronando
a sus cantores,
y reverdece
en sus amables gentes
que se brindan
a quienes traen el corazón abierto.

Los viajeros se marchan.
Pero el que ha visto el verde
del país de Gales
nunca verá otro verde.

(en viaje a Rosario)

en Suplemento Cultural “Caldenia”, diario La Arena, domingo 16 de octubre de 1994, pág. 8.

 

Jorge Spíndola | “Y la muerte no tendrá dominio”

habrá más mi amor
habrá derrumbes
se caerá tu sombra desmayada

habrá más mi amor
se llevarán el bosque
quedarán fotografías de viejos mochileros
/yo estuve allá/ dirán alguna tarde

pero habrá más
nos meterán uranio entre las uñas
habrá liebres mutantes enlatadas

habrá un oleaje de párpados caídos

todo cae amor
y tu cuerpo es tan brillante
delante del colapso

habrá nubes de ácido querida
y aun así
haremos el amor
entre sábanas de ozono

habrá un oleaje de párpados caídos

y aun así
la muerte no tendrá dominio

de Calles laterales, Culturas del Sur del Mundo Ediciones, “Colección Poesía del Sur del Mundo”, Trelew (Chubut), 2002, pág, 62.

 

Dylan Thomas | “In my Craft or Sullen Art”

IN my craft or sullen art
Exercised in the still night
When only the moon rages
And the lovers lie abed
With all their griefs in their arms,
I labour by singing light
Not for ambition or bread
Or the strut and trade of charms
On the ivory stages
But for the common wages
Of their most secret heart.

Not for the proud man apart
From the raging moon I write
On these spindrift pages
Nor for the towering dead
With their nightingales and psalms
But for the lovers, their arms
Round the griefs of the ages,
Who pay no praise or wages
Nor heed my craft or art.

de Dylan Thomas, Poemas 1934-1952, Visor. Alberto Corazón. Editor, “Volumen LX de la Colección Visor de Poesía”, Madrid, 1976, pág. 80. (Selección, traducción y prólogo: Esteban Pujals).

 

Margarita Monges (traducción) | “En mi oficio o arte huraño”

En mi oficio o arte huraño
ejercido en la noche quieta
cuando sólo la luna rabia
y los amantes yacen en el lecho
con todas sus tristezas en sus brazos,
yo trabajo a la luz cantante
no por ambición o pan
o el relumbrón y comercio de encantamientos
en los escenarios de marfil
sino por el común salario
de su corazón más secreto.

No para el hombre orgulloso que se aparta
de la rabiosa luna escribo
en estas páginas de espuma
ni para los muertos eminentes
con sus ruiseñores y salmos
sino para los amantes, sus brazos
en torno a las tristezas de todas las edades,
que no pagan ni alabanzas ni salario
ni se preocupan por mi oficio o arte.

en Suplemento Cultural “Caldenia”, diario La Arena, domingo 16 de octubre de 1994, pág. 9.

Poesía y regiones: Patagonia

Poesía y regiones: Patagonia

En este ensayo, el poeta Juan Carlos Moisés realiza un mapa exhaustivo y riguroso de la poesía de su región, la Patagonia, dando cuenta de una diversidad prolífica que sigue aportando calidad y nombres al mapa de la poesía nacional.

Uno

En una encuesta que el 4 de julio de 1982 publicó el suplemento literario de La Nación con el título “La literatura en el interior”, a una de las preguntas, “¿De qué modo se inscriben dentro de la literatura nacional las manifestaciones literarias de su provincia?”, la conclusión de mi respuesta —un poco grandilocuente, es cierto— fue: “…para hablar en firme de la literatura de Chubut tendríamos que retomar el tema dentro de algunos años.” Escritores había; los libros publicados, de los que se podía tener noticias, sin embargo, eran escasos y de difusión limitada. La excepción eran dos narradores de temáticas similares pero de estéticas e indagaciones diferentes: Asencio Abeijón en Comodoro Rivadavia y Donald Borsella en Trelew. Ambos, en plena y madura producción, tenían obra editada en editoriales de Chubut y de Buenos Aires. Habría que sumar al maestro de varios escritores comodorenses, David Aracena, poeta y sobre todo un narrador magnífico que no vio sus cuentos en libro hasta 1986. Los tres, a pesar de haber muerto hace algunos años, aún siguen vigentes. Es la misma vigencia que tiene el escritor Diego Angelino, entrerriano de nacimiento, que vivió varios años en Comodoro Rivadavia para luego radicarse en el Bolsón, Río Negro, donde reside desde entonces. Pero los poetas no eran igualmente visibles que los narradores. Es inevitable deducir que en toda la región patagónica pasaba algo similar. Y no sólo porque era incipiente la actividad literaria en nuestras jóvenes provincias y en el Territorio Nacional de Tierra del Fuego, cuyas preocupaciones eran el desarrollo económico y el poblamiento de sus grandes espacios, sino porque mucho incidieron los años de dictadura en el país entero cuando la palabra estuvo silenciada, y el temor y la autocensura se imponían como una forma obligada de la supervivencia.

Pasaron treinta años. Hay varios escritores más que entonces, pertenecientes a generaciones surgidas a finales del siglo XX y en lo que va del XXI, y las ediciones de libros han sido cada vez más abundantes, en particular de poesía. Muchos poetas, en su mayoría jóvenes que empezaban a escribir y, algunos, a publicar en el país en los años difíciles de las décadas del 70 y 80, se radicaron en la Patagonia buscando mejores condiciones laborales, aires nuevos, respirables, e hicieron de estas tierras el motivo y la motivación de sus poéticas. Es un punto de inflexión para nuestra literatura y es pura ganancia, como en río revuelto. Ricardo Costa lo expresa del siguiente modo: “los síntomas de una maduración en la producción poética se advierten recién en las últimas décadas del siglo XX.”…

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Los rastros de un poeta galés en la patagonia argentina

Programación de septiembre del espacio literario del CCC

Nuestro Espacio Literario. Protagonistas, lugares, fechas y horarios de todas las actividades, con entrada libre y gratuita, que se realizarán durante el mes de septiembre en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (Av. Corrientes 1543, Ciudad de Buenos Aires)

Ficciones. Los narradores comparten su producción. El viernes 08 de setiembre, la literatura de Celso Lunghi y Leandro Avalos Blacha. Coordinan Lucía Parravicini y Anaïs Giannandrea. Sala Jacobo Laks (3° piso), 19 hs

 

Infieles. Performance poética de Ana Arzoumanian. Martes 12 de setiembre, sala Osvaldo Pugliese (PB), 19 hs

 

Dramaturgias posibles. El segundo jueves de cada mes, el teatro es pensado desde la literatura. El 14 de setiembre el entrevistado será Alejandro Robino. Coordina Nara Mansur. Sala Jacobo Laks (3° piso), 19 hs

 

Rubén Amaya. Lectura y presentación de las últimas publicaciones del reconocido poeta tucumano. Martes 19 de setiembre, sala Osvaldo Pugliese (PB), 19 hs

 

Intervenciones críticas, donde la realidad es pensada desde la literatura. El 21 de setiembre, el invitado será Santiago Gándara. Coordinan Ayelén Rives y Marina Cavalletti. Sala Jacobo Laks (3° piso), 19 hs

 

Las raras circunstancias. El martes 26 de setiembre Claudia Lorenzetti, María Rosa Mó, Pablo Queralt y Edgardo Zuain suman su poesía a los festejos por los diez años de vida de la editorial el suri porfiado. Coordinan: Marina Cavalletti, Luciana Coronado y Romina Dziovenas. Sala Osvaldo Pugliese (PB), 19 hs.

Los rastros de un poeta galés en la patagonia argentina

El poema como estampa del entorno

La editorial el suri porfiado continúa publicando libros de poesía, con una lógica que se sustenta en las producciones regionales, y todos los años amplía y consolida su cuidado catálogo. Esta nota presenta el prólogo y una selección de textos que sirve como anticipo del volumen Después de la ceniza, de la poeta Marisa Martínez Pérsico.

En la escritura de Marisa Martínez Pérsico conviven varias tradiciones y se entrecruzan distintas tipologías culturales, además de sobresalir una poética trashumante, que resalta el valor del instante y le otorga anclaje a las preguntas milenarias de la humanidad. En el acto de lectura cada escritor, ensayista y lector resignificará una poesía plena de matices, profunda como el amor de dos seres y en estado de emergencia o tensión como se vive (o sobrevive) en la actualidad.

Tanto Charles Baudelaire como Walter Benjamin plantearon ante la irrupción de la ciudad moderna un modo de transitarla. El filósofo alemán influenciado por el poeta francés propone el flâneur como figura emblemática de ese nuevo modo de aprehender el paisaje urbano. Martínez Pérsico escribe “voy sola/ a observar a los otros”. Pero no solo observa a los otros, también a ella misma (“nadie puede escaparse de sí mismo”), y tiene como sostén el mapa de los recorridos que quedan patentados en sus poemas. Esa Poética ambulante anticipatoria (2003) se encarna en una poética de la errancia, trashumante, que se funda en el desarraigo pero que crea significados: “vagar por todas las ciudades”, “ir mudándose/ a otro sitio”, “rodar distritos”.

El tiempo se transforma bajo la incidencia simbólica de la poeta. Podríamos pensar en el tiempo-ahora benjaminiano, en la filosofía del instante de Gastón Bachelard, cuando el autor de La poética del espacio resalta que “el tiempo solo tiene una realidad, la del instante”. El instante en que la poeta tiene la visión, en que las imágenes trasuntan al poema, sujetando la revelación o epifanía por medio de las palabras; por eso “el territorio es relato”, tal como señala Paul Zumthor. Se apela como ejemplo la cita de lugares en los poemas: Procida, Sant’Elmo, Belgrado, Salamanca, Roma, Ljubljana, Bosnia, Herzegovina, Mostar, Markale, Sarajevo. Asimismo, las referencias balcánicas representan una muestra de las incidencias del viaje (real o imaginario), un caleidoscopio de sucesos que son condensados en el poema y que la misma poeta ha denominado “estampas del entorno”. Aun así, para que esta percepción transcrita a signos sea una poesía completa, necesita del otro, de esa otredad amorosa que queda patentada en varios de los poemas de distintos libros: “No conozco este mundo/ sin que tú lo percibas”, y agrega: “De todos los rincones del planeta elijo tu hombro”.

Más allá de las estratificaciones y jerarquías que han impuesto la revolución industrial y la modernidad, la palabra es el centro de todo (el orden del discurso), y se sostiene frente a la imposición de la cultura de las imágenes, de los universos digitales de internet, de la RV (la realidad virtual), en donde se podrán ampliar y superar los límites con los que disputa el cuerpo real, la liberación de su discontinuidad. A la poeta Martínez Pérsico no se le escapa esta transformación del mundo, y por eso en su obra van a recalar los formatos con los que tratan cotidianamente hombres y mujeres: “…le manda por WhatsApp la tapa de un poemario…”, “…insiste en saludarla a medianoche/ por una red social. Y no se rinde/ ni con fútbol en televisión abierta”, “…eligen un Samsung Galaxy/ importado de Alemania,/ con tecnología surcoreana”, “Cogerás tu teléfono del bolso./ Será inmortal la rosa,/ finalmente,/ atrapada en un pixel/ de ©Instagram”; sin olvidar la cita de la película futurista Blade Runner: “La luz que brilla con el doble de intensidad/ dura la mitad del tiempo”.

El poeta francés Paul Claudel ha dicho que “Poeta es el que nombra”. Considerando esa acepción también podría reponerse la idea de Lacan en donde expresa que “La palabra es el asesinato de la cosa”; es decir, relacionando los enunciados citados tendríamos como resultante que el poeta al nombrar a través de la pala­bra estaría destruyendo el objeto sobre el que poetiza. Justamente el poeta Juan Gelman ha señalado que “el poema es palabra calcinada”, es el resto que queda de lo pensado, de lo entrevisto, de la idea primera de lo que será el poema. Esta palabra calcinada gelmaniana dialoga con el título del libro de Marisa Martínez Pérsico, Después de la ceniza; porque el poema quema (al creador y al lector) como aquella afirmación hecha por Dionisio: “el arte es el ardor del alma”. Es una llama que arde en el tiempo, porque como afirmara Octavio Paz “la poesía es tiempo y arde”; ese después de la ceniza, esa palabra calcinada, es la poesía que nos dona Martínez Pérsico.

Estas apreciaciones intentan ser el pórtico de una antología que cruza varios libros con varios registros estilísticos de Marisa Martínez Pérsico, interpretando en su producción poética el nexo entre las creaciones residuales y las contemporáneas como instancia germinadora (poiesis) de símbolos emergentes y como una praxis necesaria ante el intenso trajín cotidiano que sufren las palabras.

Sergio De Matteo. Santa Rosa de Toay, 21 de junio de 2017

 

SELECCIÓN POÉTICA

“Dunav Sava”

Pasan los pinos azules de Belgrado.

Desde su último invierno,
a través del ramaje de otra lengua,
me saluda mi padre.

No habré cambiado mucho en estos años,
más allá de una hija
cuya vida no acertó a murmurar.

Debajo del collar de las bocinas,
por el vidrio que esboza un pentagrama,
el ayer es un libro que comienza.

Quién dijera:
convocar dos recuerdos que no pueden hablarse
en mi mesa de tres del pensamiento.

El viajero de enfrente me sonríe,
por sus ojos desfilan memorias del futuro.

Mi hija observa, también, por la ventana.
En qué distante mundo
se ha sentado a evocarme
mientras mira los pinos de otro cielo
que transcurren,
copiosos de avutardas.

Hemos llegado a la estación. Se desvanece
el coloquio familiar. Nada es distinto.

Tal vez lo que importa del paisaje
es merecer un asiento en la memoria
de alguien que nos quiso
cuando estamos ausentes.

 

“Francotiradores de Sarajevo”

¿Por qué no vamos
de vacaciones a Bosnia?
Ha sido tu pregunta
de estos años.

Hojeabas la revista Bell’Europa
y andabas por la casa
con un cuadro
del antiguo cementerio judío.

En la foto de la tienda
que reza Cvjecara
las flores germinan en la roca
a través de los impactos
de mortero.

Hay orquídeas en venta,
para los amantes
y los muertos, me decías.

¿Por qué no organizar
un viaje a Herzegovina,
este verano?

Estabas triste a destiempo.

Por entonces
eras solo un muchacho
de familia opulenta
que franqueaba el confín
de los Balcanes
por tumbarse en las playas
sin bombas del Egeo.

Pero es fácil ser lírico
con la tragedia ajena.

Pavonearse entre los símbolos
con temas prestados
sin usar las rodillas
como patas de perro
por burlar a los maquis
del Bulevar Selimovica.

¿Por qué no vamos a Mostar,
aunque sea unos días?

Yo tenía trece años.
El padre de mi amiga
amanecía pegado
a una emisora europea
para oír del asedio,
de su hermano en Markale,
de esa Miss Universo
coronada en un sótano.

Yo escuchaba The Cult
en la otra sala.

La pureza no duele
cuando el mal no nos toca.
Después de Sarajevo
no es posible mirar una criatura
sin vendarse los ojos.

No volviste a insistir.
La llevarás, ahora, de la mano
al osario de tórtolas
del cuadro.

Y todo está en su sitio,
amor,
no te disculpes.

Yo tendré otras montañas.

 

“Desarraigo”

Aquí me rindo, tendida a tu derecha.
De todos los rincones del planeta elijo tu hombro,
sin más norte que el sur de mis recuerdos
a pesar de esos pájaros de leche
que me arrojan de fauces al futuro
como se echa una piedra
en un estanque sin fondo.

 

“Poema al 12 de octubre que ya no es”

Me tiene bastante harta
el jaleo que se monta
cada 12 de octubre.

A ambos lados del Atlántico
volvemos a 1492
como si fuéramos los hijos de Pizarro
o los del inca Huayna-Capac.

Yo me pregunto qué queda
de ese mundo.

A muchos europeos
les renace un complejo anacrónico de culpa
y te miran con cara de yo nunca violé a una india,
hay que reivindicar a los pueblos originarios,
yo no tuve nada que ver.

Sus pares del Nuevo Continente
se sienten víctimas retroactivas de sus antepasados
después de 105 generaciones
y en vez de plumas en la cabeza
o boleadoras de cuero
usan un Samsung Galaxy
importado de Alemania,
con tecnología surcoreana.

A unos se les despiertan
los furores independentistas.
A otros, la melancolía de las colonias.

Una profesora de pensamiento latinoamericano
que leía a Frantz Fanon en el Roca
(vaya nombre de tren
donde leer Los condenados de la tierra)
me pregunta: ¿te fuiste a estudiar a Salamanca?
como queriendo decir te has pasado al enemigo.
Y prepara sus clases
al mejor estilo del enciclopedismo francés,
enseña el abecé del postestructuralismo,
y evita recordar que el Padre de la Patria,
el Belgrano de blasón albiceleste
estudió Derecho en 1786
en territorio castellanoleonés.

A otros les reviven las nostalgias imperialistas
y te dan consejillos paternales, del tipo:
el habla rioplatense es sexy
aunque Castilla es la cuna del idioma.
En el fondo te quieren decir:
Nebrija publicó la primera Gramática castellana
el mismo año del Descubrimiento de América,
los jesuitas no habrán hecho una buena misión,
mejor ponte a leer a Rafael Lapesa.

No se trata de fagocitar culturas
pero tampoco ser
la paradoja viviente.

Arde la realidad de penas acuciantes
para ir cantando
las fugas de virreyes.

Oh, padre Walter Benjamin,
el discurso del resentimiento
ha heredado el discurso del poder
y habla por otro,
–Oh, padre, Mijail Bajtin–
mal que le pese.

Después de cinco siglos,
el reloj marca la hora,
Oh, Dios Huitzilopochtli,
de indagar horizontes
con los ojos delante.

 

“Instarose”

La rosa que vio Horacio.

La rosa que eras tú, mujer, perdida
en la insondable maraña de los siglos.
Nombre mudo, ramillete
de polvo en la niebla inexorable.

La rosa emancipada del otoño
que soñaba un Adán de vecindario.

Cándida rosa no sin dura espina.
Cerco mustio de agujas contra el muro,
reloj impostergable,
viento helado.
Cuatro letras por pétalos
la rosa es una rosa es una rosa
cuando acaba el lenguaje de morir.

Perfil en flor, rosa celeste, flor desnuda.
Las vio crecer, paciente, Funes,
en el fértil vergel de su memoria.

Ninguno se atrevió a inventarles otra edad.

¿Qué harás, apenas la recibas, esta noche?

Cogerás tu teléfono del bolso.
Será inmortal la rosa,
finalmente,
atrapada en un píxel
de Instagram.

Leyendo a Gelman nada más. Entrevista a Xavier Oquendo

Leyendo a Gelman nada más. Entrevista a Xavier Oquendo

La poeta boliviana Paura Rodríguez entrevista a su par ecuatoriano, Xavier Oquendo, responsable de “Furia de pájaros”, la antología de Juan Gelman que se editó en Ecuador en 2013.

 

Hace varios años ya de la presentación de la antología Furia de pájaros de Juan Gelman, preparada por el poeta y editor ecuatoriano Xavier Oquendo, libro agotado al poco tiempo de su publicación.

Ese volumen reúne una selección de poemas de los 29 libros que Gelman había publicado hasta fines de 2012. Ahora, el editor Xavier Oquendo espera preparar una segunda edición, en la que se incluyan textos de los dos últimos títulos de Gelman: Hoy y Amaramara.

Bajo el sello de El Ángel Editor y en la colección Monstruos, Furia de pájaros lleva una contratapa del poeta mexicano Marco Antonio Campos y dos epílogos que corresponden al poeta ecuatoriano Jorgenrique Adoum y al poeta mexicano José Ángel Leyva.

La visión de cada uno enriquece el acercamiento de los lectores a la obra gelmaniana y a su vida.  Adoum lo recuerda siempre “preocupado, como por un viaje, sombrío como por un regreso”. Quizá atrapado con la misma tristeza que agobia al Principito, irremediablemente triste antes de partir. Quizá la suya haya sido una partida perpetua, un viaje lúcido sin tregua.

Leyva lo retrata a través de sus ‘Otros’, a través de las distintas voces y seres que habitaron a Gelman y que poblaron su obra.

Campos recurre a la metáfora para definir de algún modo la belleza, la profundidad y la vastedad de su legado, señalando que es un “dilatado poema río”.

Para el antólogo, quizá Furia de pájaros haya sido como un pequeño presente de gratitud al poeta admirado, al que leyó antes y vio por primera vez en Oaxaca, en 1999 y quedó aún más deslumbrado luego de comprobar que Gelman era un hombre humilde y purificado por el dolor.

En una de sus visitas a Bolivia, Oquendo nos habló de su minuciosa labor de lector y editor de uno de los poetas más importantes de habla hispana nacidos en siglo XX y en esta entrevista comparte su experiencia:

 

¿Cómo nació la idea de la antología?

Bueno, imagínate, íbamos a tener a Juan Gelman con nosotros (en el Encuentro Internacional de Poetas en Paralelo Cero 2013), acá en Ecuador, país que no había publicado antes la poesía del maestro ni mucha de la más grande poesía latinoamericana, así que lo primero que hice fue pedirle a Juan si me podía ceder los derechos de esa antología en Ecuador y así lo hizo.

Me ayudó en todo y luego decidí crear una colección para semejante fin: así que nació la Colección “Monstruos”, que se inauguró con su libro y el del poeta ecuatoriano Euler Granda.

Cuando tenía ya el visto bueno de Juan y su venia para publicar la antología, solo allí me di cuenta del horror en el que me metía. Tenía que excavar por una obra de más 60 años de existencia y 29 libros a su haber, con más de 1.500 poemas y una vastedad increíble. Fui a librerías y estuve tentado a leer solamente antologías emblemáticas de Gelman hechas por grandes autores: como José Leyva, Eduardo Milán, Jorge Boccanera, Marco Antonio Campos, que habían hecho antologías de él. Llegué a la librería y me encuentro con que había solo los últimos dos o tres libros de Gelman y alguna selección de Visor.

Pero justo en ese momento, como si fuera un adagio divino, llegó a la librería la obra poética completa de Juan, publicada en dos tomos por el Fondo de Cultura Económica de México. Esto fue lo que me salvó, pero también lo que me condenó.

En esta obra completa Gelman me dijo que había algunos errores que fueron subsanados en la edición de su obra completa en Argentina, por Seix Barral, entonces, cuando, luego de dos meses de intenso trabajo de lecturas, leyendo a Gelman y nada más, le mandé la lista de los poemas escogidos y el hizo un gran trabajo revisándolos, leyéndolos, fue un cómplice increíble.

¿Cuánto fue todo el tiempo de preparación de la antología?

Cuatro meses duró aproximadamente la edición del libro desde que comencé a leerlo hasta que le pusimos el título a la antología.

¿Cuál fue el criterio de selección?              

El criterio de selección que tuve estuvo siempre ligado a toda aquella poesía gelmaniana que me diga algo, que demuestre la fortaleza de espíritu de Gelman, que se deje ver en su mejor manera de manipular y trabajar el lenguaje, que uno se encuentre con un Gelman claro, de luz y de emoción. Lo maravilloso es que cuando concluí la antología Gelman me dijo que la selección le gustaba mucho porque para él estos poemas eran también los que más amaba. Eso fue muy bello.

¿Y el título?

Yo le propuse algunos títulos, sacados de su propia obra:

Aquí yace un pájaro; Al fondo de mi sombra; La secreta dulzura del dolor; La madera en el palito; Rabioso corazón; Noche lenta con toda su memoria.

Luego vimos cuáles son los símbolos que más se repiten en su poesía y vimos que eran árboles y pájaros. Lindos todos.

Yo le dije que encontraba siempre a su obra y a él con una rabia contenida e inteligente. Me dijo que más que rabia era furia. Y así unimos todo y a la final salió Furia de pájaros, nos encantó a los dos.

¿Y todo ese trabajo lo hacían por chat, por correo o por teléfono?

Lo hacíamos por mail. De hecho estoy revisando las fechas. En 28 de febrero del 2013, Juan me escribió un mail aprobando el nombre de la antología.

Trabajar con él, en una tarea tan delicada de selección, me imagino que fue una tarea que requirió toda tu concentración y responsabilidad.

Pues fíjate desde antes de Navidad de 2012 hasta fines de febrero de 2013, pasé con los libros de Gelman en todas partes: en el auto, las clases, la cama, la comida. Hasta los llevé a la playa, es increíble y verdadero.

Luego de este tiempo lo que me dio es por tratar de librarme de este fantasma necesario en el que se convirtió Juan.

¿Cómo veía Gelman su obra, te habló alguna vez de ello?

No me dijo específicamente algo sobre su obra. Pero me dejó una enseñanza increíble: me dijo que él escribía porque siempre estaba insatisfecho de lo que había escrito.

¿Ya te libraste del fantasma?

Creo que ya me libré de ese enorme poeta en mi obra lírica, pero también es bueno que permanezca su legado inmenso en la poesía. Creo que era tan grande que era inimitable.

Bueno, Juan Gelman no solo es un poeta sino también un personaje y en muchos de sus poemas también figura esa historia dolorosa y terrible que le tocó vivir y su poesía fue atravesada por aquello. La obra de Gelman no se entendería sin él como un personaje inmenso, por ejemplo su poema Carta a mi madre enorme voz lírica confesada en medio de un dolor tras otro. O su hijo Marcelo y sus amigos muertos en la dictadura o todo el horror del exilio. Todo esto tuve que ir documentando y como entré tanto en su vida como en su obra, sufrí mucho yo también. Se lo confesé a Juan y él me dijo que los seres humanos lo que tenemos siempre son pérdidas y que eso hay que afrontarlo, pero nunca con el olvido. El olvido es la verdadera derrota, decía.

Fue uno de los libros más vendidos en la Feria de Quito.

El libro fue muy bien acogido en Ecuador, tanto en Paralelo Cero, más tarde en las librerías, luego en la Feria del Libro de Quito y por último, tras el fallecimiento del poeta se desató una gran campaña para leerlo. La primera edición ya se agotó. Espero sacar una nueva pronto.

Quisiera que la segunda edición tenga una selección de su libro Hoy, que fue su último libro publicado en vida y de su libro póstumo e inédito aun Amaramara que ya estará por salir. Veamos si se puede hacer esto para los meses de agosto o septiembre.

¿Está en proyecto otro ‘Monstruo’?

Es difícil encontrar monstruos así como Juan, tan generosos, tan abiertos al diálogo, a las editoriales independientes, pero estaremos al pendiente.

¿Cuál es el libro qué más te conmovió de los 29 leídos y antologados?

Sería más fácil decirte cuáles me conmovieron menos. Luego de su maravilloso libro Valer la pena que lo publica con el nuevo milenio, la poesía de Juan gira un poco hacia una obra más abigarrada, más críptica, más oscura y sosegada; sin embargo, hay en ella también poemas que son joyas verdaderas. En verdad su obra es para mí una obra impresionante.

 

 

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