by Claudio Medin | 17 \17\America/Argentina/Buenos_Aires septiembre \17\America/Argentina/Buenos_Aires 2017 | Ensayo
En este ensayo, el poeta Juan Carlos Moisés realiza un mapa exhaustivo y riguroso de la poesía de su región, la Patagonia, dando cuenta de una diversidad prolífica que sigue aportando calidad y nombres al mapa de la poesía nacional.
Uno
En una encuesta que el 4 de julio de 1982 publicó el suplemento literario de La Nación con el título “La literatura en el interior”, a una de las preguntas, “¿De qué modo se inscriben dentro de la literatura nacional las manifestaciones literarias de su provincia?”, la conclusión de mi respuesta —un poco grandilocuente, es cierto— fue: “…para hablar en firme de la literatura de Chubut tendríamos que retomar el tema dentro de algunos años.” Escritores había; los libros publicados, de los que se podía tener noticias, sin embargo, eran escasos y de difusión limitada. La excepción eran dos narradores de temáticas similares pero de estéticas e indagaciones diferentes: Asencio Abeijón en Comodoro Rivadavia y Donald Borsella en Trelew. Ambos, en plena y madura producción, tenían obra editada en editoriales de Chubut y de Buenos Aires. Habría que sumar al maestro de varios escritores comodorenses, David Aracena, poeta y sobre todo un narrador magnífico que no vio sus cuentos en libro hasta 1986. Los tres, a pesar de haber muerto hace algunos años, aún siguen vigentes. Es la misma vigencia que tiene el escritor Diego Angelino, entrerriano de nacimiento, que vivió varios años en Comodoro Rivadavia para luego radicarse en el Bolsón, Río Negro, donde reside desde entonces. Pero los poetas no eran igualmente visibles que los narradores. Es inevitable deducir que en toda la región patagónica pasaba algo similar. Y no sólo porque era incipiente la actividad literaria en nuestras jóvenes provincias y en el Territorio Nacional de Tierra del Fuego, cuyas preocupaciones eran el desarrollo económico y el poblamiento de sus grandes espacios, sino porque mucho incidieron los años de dictadura en el país entero cuando la palabra estuvo silenciada, y el temor y la autocensura se imponían como una forma obligada de la supervivencia.
Pasaron treinta años. Hay varios escritores más que entonces, pertenecientes a generaciones surgidas a finales del siglo XX y en lo que va del XXI, y las ediciones de libros han sido cada vez más abundantes, en particular de poesía. Muchos poetas, en su mayoría jóvenes que empezaban a escribir y, algunos, a publicar en el país en los años difíciles de las décadas del 70 y 80, se radicaron en la Patagonia buscando mejores condiciones laborales, aires nuevos, respirables, e hicieron de estas tierras el motivo y la motivación de sus poéticas. Es un punto de inflexión para nuestra literatura y es pura ganancia, como en río revuelto. Ricardo Costa lo expresa del siguiente modo: “los síntomas de una maduración en la producción poética se advierten recién en las últimas décadas del siglo XX.”…
by Claudio Medin | 17 \17\America/Argentina/Buenos_Aires septiembre \17\America/Argentina/Buenos_Aires 2017 | Festival de Poesía
Nuestro Espacio Literario. Protagonistas, lugares, fechas y horarios de todas las actividades, con entrada libre y gratuita, que se realizarán durante el mes de septiembre en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (Av. Corrientes 1543, Ciudad de Buenos Aires)
Ficciones. Los narradores comparten su producción. El viernes 08 de setiembre, la literatura de Celso Lunghi y Leandro Avalos Blacha. Coordinan Lucía Parravicini y Anaïs Giannandrea. Sala Jacobo Laks (3° piso), 19 hs
Infieles. Performance poética de Ana Arzoumanian. Martes 12 de setiembre, sala Osvaldo Pugliese (PB), 19 hs
Dramaturgias posibles. El segundo jueves de cada mes, el teatro es pensado desde la literatura. El 14 de setiembre el entrevistado será Alejandro Robino. Coordina Nara Mansur. Sala Jacobo Laks (3° piso), 19 hs
Rubén Amaya. Lectura y presentación de las últimas publicaciones del reconocido poeta tucumano. Martes 19 de setiembre, sala Osvaldo Pugliese (PB), 19 hs
Intervenciones críticas, donde la realidad es pensada desde la literatura. El 21 de setiembre, el invitado será Santiago Gándara. Coordinan Ayelén Rives y Marina Cavalletti. Sala Jacobo Laks (3° piso), 19 hs
Las raras circunstancias. El martes 26 de setiembre Claudia Lorenzetti, María Rosa Mó, Pablo Queralt y Edgardo Zuain suman su poesía a los festejos por los diez años de vida de la editorial el suri porfiado. Coordinan: Marina Cavalletti, Luciana Coronado y Romina Dziovenas. Sala Osvaldo Pugliese (PB), 19 hs.
by Claudio Medin | 17 \17\America/Argentina/Buenos_Aires septiembre \17\America/Argentina/Buenos_Aires 2017 | Notas, Poesía
La editorial el suri porfiado continúa publicando libros de poesía, con una lógica que se sustenta en las producciones regionales, y todos los años amplía y consolida su cuidado catálogo. Esta nota presenta el prólogo y una selección de textos que sirve como anticipo del volumen Después de la ceniza, de la poeta Marisa Martínez Pérsico.
En la escritura de Marisa Martínez Pérsico conviven varias tradiciones y se entrecruzan distintas tipologías culturales, además de sobresalir una poética trashumante, que resalta el valor del instante y le otorga anclaje a las preguntas milenarias de la humanidad. En el acto de lectura cada escritor, ensayista y lector resignificará una poesía plena de matices, profunda como el amor de dos seres y en estado de emergencia o tensión como se vive (o sobrevive) en la actualidad.
Tanto Charles Baudelaire como Walter Benjamin plantearon ante la irrupción de la ciudad moderna un modo de transitarla. El filósofo alemán influenciado por el poeta francés propone el flâneur como figura emblemática de ese nuevo modo de aprehender el paisaje urbano. Martínez Pérsico escribe “voy sola/ a observar a los otros”. Pero no solo observa a los otros, también a ella misma (“nadie puede escaparse de sí mismo”), y tiene como sostén el mapa de los recorridos que quedan patentados en sus poemas. Esa Poética ambulante anticipatoria (2003) se encarna en una poética de la errancia, trashumante, que se funda en el desarraigo pero que crea significados: “vagar por todas las ciudades”, “ir mudándose/ a otro sitio”, “rodar distritos”.
El tiempo se transforma bajo la incidencia simbólica de la poeta. Podríamos pensar en el tiempo-ahora benjaminiano, en la filosofía del instante de Gastón Bachelard, cuando el autor de La poética del espacio resalta que “el tiempo solo tiene una realidad, la del instante”. El instante en que la poeta tiene la visión, en que las imágenes trasuntan al poema, sujetando la revelación o epifanía por medio de las palabras; por eso “el territorio es relato”, tal como señala Paul Zumthor. Se apela como ejemplo la cita de lugares en los poemas: Procida, Sant’Elmo, Belgrado, Salamanca, Roma, Ljubljana, Bosnia, Herzegovina, Mostar, Markale, Sarajevo. Asimismo, las referencias balcánicas representan una muestra de las incidencias del viaje (real o imaginario), un caleidoscopio de sucesos que son condensados en el poema y que la misma poeta ha denominado “estampas del entorno”. Aun así, para que esta percepción transcrita a signos sea una poesía completa, necesita del otro, de esa otredad amorosa que queda patentada en varios de los poemas de distintos libros: “No conozco este mundo/ sin que tú lo percibas”, y agrega: “De todos los rincones del planeta elijo tu hombro”.
Más allá de las estratificaciones y jerarquías que han impuesto la revolución industrial y la modernidad, la palabra es el centro de todo (el orden del discurso), y se sostiene frente a la imposición de la cultura de las imágenes, de los universos digitales de internet, de la RV (la realidad virtual), en donde se podrán ampliar y superar los límites con los que disputa el cuerpo real, la liberación de su discontinuidad. A la poeta Martínez Pérsico no se le escapa esta transformación del mundo, y por eso en su obra van a recalar los formatos con los que tratan cotidianamente hombres y mujeres: “…le manda por WhatsApp la tapa de un poemario…”, “…insiste en saludarla a medianoche/ por una red social. Y no se rinde/ ni con fútbol en televisión abierta”, “…eligen un Samsung Galaxy/ importado de Alemania,/ con tecnología surcoreana”, “Cogerás tu teléfono del bolso./ Será inmortal la rosa,/ finalmente,/ atrapada en un pixel/ de ©Instagram”; sin olvidar la cita de la película futurista Blade Runner: “La luz que brilla con el doble de intensidad/ dura la mitad del tiempo”.
El poeta francés Paul Claudel ha dicho que “Poeta es el que nombra”. Considerando esa acepción también podría reponerse la idea de Lacan en donde expresa que “La palabra es el asesinato de la cosa”; es decir, relacionando los enunciados citados tendríamos como resultante que el poeta al nombrar a través de la palabra estaría destruyendo el objeto sobre el que poetiza. Justamente el poeta Juan Gelman ha señalado que “el poema es palabra calcinada”, es el resto que queda de lo pensado, de lo entrevisto, de la idea primera de lo que será el poema. Esta palabra calcinada gelmaniana dialoga con el título del libro de Marisa Martínez Pérsico, Después de la ceniza; porque el poema quema (al creador y al lector) como aquella afirmación hecha por Dionisio: “el arte es el ardor del alma”. Es una llama que arde en el tiempo, porque como afirmara Octavio Paz “la poesía es tiempo y arde”; ese después de la ceniza, esa palabra calcinada, es la poesía que nos dona Martínez Pérsico.
Estas apreciaciones intentan ser el pórtico de una antología que cruza varios libros con varios registros estilísticos de Marisa Martínez Pérsico, interpretando en su producción poética el nexo entre las creaciones residuales y las contemporáneas como instancia germinadora (poiesis) de símbolos emergentes y como una praxis necesaria ante el intenso trajín cotidiano que sufren las palabras.
Sergio De Matteo. Santa Rosa de Toay, 21 de junio de 2017
SELECCIÓN POÉTICA
“Dunav Sava”
Pasan los pinos azules de Belgrado.
Desde su último invierno,
a través del ramaje de otra lengua,
me saluda mi padre.
No habré cambiado mucho en estos años,
más allá de una hija
cuya vida no acertó a murmurar.
Debajo del collar de las bocinas,
por el vidrio que esboza un pentagrama,
el ayer es un libro que comienza.
Quién dijera:
convocar dos recuerdos que no pueden hablarse
en mi mesa de tres del pensamiento.
El viajero de enfrente me sonríe,
por sus ojos desfilan memorias del futuro.
Mi hija observa, también, por la ventana.
En qué distante mundo
se ha sentado a evocarme
mientras mira los pinos de otro cielo
que transcurren,
copiosos de avutardas.
Hemos llegado a la estación. Se desvanece
el coloquio familiar. Nada es distinto.
Tal vez lo que importa del paisaje
es merecer un asiento en la memoria
de alguien que nos quiso
cuando estamos ausentes.
“Francotiradores de Sarajevo”
¿Por qué no vamos
de vacaciones a Bosnia?
Ha sido tu pregunta
de estos años.
Hojeabas la revista Bell’Europa
y andabas por la casa
con un cuadro
del antiguo cementerio judío.
En la foto de la tienda
que reza Cvjecara
las flores germinan en la roca
a través de los impactos
de mortero.
Hay orquídeas en venta,
para los amantes
y los muertos, me decías.
¿Por qué no organizar
un viaje a Herzegovina,
este verano?
Estabas triste a destiempo.
Por entonces
eras solo un muchacho
de familia opulenta
que franqueaba el confín
de los Balcanes
por tumbarse en las playas
sin bombas del Egeo.
Pero es fácil ser lírico
con la tragedia ajena.
Pavonearse entre los símbolos
con temas prestados
sin usar las rodillas
como patas de perro
por burlar a los maquis
del Bulevar Selimovica.
¿Por qué no vamos a Mostar,
aunque sea unos días?
Yo tenía trece años.
El padre de mi amiga
amanecía pegado
a una emisora europea
para oír del asedio,
de su hermano en Markale,
de esa Miss Universo
coronada en un sótano.
Yo escuchaba The Cult
en la otra sala.
La pureza no duele
cuando el mal no nos toca.
Después de Sarajevo
no es posible mirar una criatura
sin vendarse los ojos.
No volviste a insistir.
La llevarás, ahora, de la mano
al osario de tórtolas
del cuadro.
Y todo está en su sitio,
amor,
no te disculpes.
Yo tendré otras montañas.
“Desarraigo”
Aquí me rindo, tendida a tu derecha.
De todos los rincones del planeta elijo tu hombro,
sin más norte que el sur de mis recuerdos
a pesar de esos pájaros de leche
que me arrojan de fauces al futuro
como se echa una piedra
en un estanque sin fondo.
“Poema al 12 de octubre que ya no es”
Me tiene bastante harta
el jaleo que se monta
cada 12 de octubre.
A ambos lados del Atlántico
volvemos a 1492
como si fuéramos los hijos de Pizarro
o los del inca Huayna-Capac.
Yo me pregunto qué queda
de ese mundo.
A muchos europeos
les renace un complejo anacrónico de culpa
y te miran con cara de yo nunca violé a una india,
hay que reivindicar a los pueblos originarios,
yo no tuve nada que ver.
Sus pares del Nuevo Continente
se sienten víctimas retroactivas de sus antepasados
después de 105 generaciones
y en vez de plumas en la cabeza
o boleadoras de cuero
usan un Samsung Galaxy
importado de Alemania,
con tecnología surcoreana.
A unos se les despiertan
los furores independentistas.
A otros, la melancolía de las colonias.
Una profesora de pensamiento latinoamericano
que leía a Frantz Fanon en el Roca
(vaya nombre de tren
donde leer Los condenados de la tierra)
me pregunta: ¿te fuiste a estudiar a Salamanca?
como queriendo decir te has pasado al enemigo.
Y prepara sus clases
al mejor estilo del enciclopedismo francés,
enseña el abecé del postestructuralismo,
y evita recordar que el Padre de la Patria,
el Belgrano de blasón albiceleste
estudió Derecho en 1786
en territorio castellanoleonés.
A otros les reviven las nostalgias imperialistas
y te dan consejillos paternales, del tipo:
el habla rioplatense es sexy
aunque Castilla es la cuna del idioma.
En el fondo te quieren decir:
Nebrija publicó la primera Gramática castellana
el mismo año del Descubrimiento de América,
los jesuitas no habrán hecho una buena misión,
mejor ponte a leer a Rafael Lapesa.
No se trata de fagocitar culturas
pero tampoco ser
la paradoja viviente.
Arde la realidad de penas acuciantes
para ir cantando
las fugas de virreyes.
Oh, padre Walter Benjamin,
el discurso del resentimiento
ha heredado el discurso del poder
y habla por otro,
–Oh, padre, Mijail Bajtin–
mal que le pese.
Después de cinco siglos,
el reloj marca la hora,
Oh, Dios Huitzilopochtli,
de indagar horizontes
con los ojos delante.
“Instarose”
La rosa que vio Horacio.
La rosa que eras tú, mujer, perdida
en la insondable maraña de los siglos.
Nombre mudo, ramillete
de polvo en la niebla inexorable.
La rosa emancipada del otoño
que soñaba un Adán de vecindario.
Cándida rosa no sin dura espina.
Cerco mustio de agujas contra el muro,
reloj impostergable,
viento helado.
Cuatro letras por pétalos
la rosa es una rosa es una rosa
cuando acaba el lenguaje de morir.
Perfil en flor, rosa celeste, flor desnuda.
Las vio crecer, paciente, Funes,
en el fértil vergel de su memoria.
Ninguno se atrevió a inventarles otra edad.
¿Qué harás, apenas la recibas, esta noche?
Cogerás tu teléfono del bolso.
Será inmortal la rosa,
finalmente,
atrapada en un píxel
de Instagram.
by Claudio Medin | 17 \17\America/Argentina/Buenos_Aires septiembre \17\America/Argentina/Buenos_Aires 2017 | Notas
La poeta boliviana Paura Rodríguez entrevista a su par ecuatoriano, Xavier Oquendo, responsable de “Furia de pájaros”, la antología de Juan Gelman que se editó en Ecuador en 2013.
Hace varios años ya de la presentación de la antología Furia de pájaros de Juan Gelman, preparada por el poeta y editor ecuatoriano Xavier Oquendo, libro agotado al poco tiempo de su publicación.
Ese volumen reúne una selección de poemas de los 29 libros que Gelman había publicado hasta fines de 2012. Ahora, el editor Xavier Oquendo espera preparar una segunda edición, en la que se incluyan textos de los dos últimos títulos de Gelman: Hoy y Amaramara.
Bajo el sello de El Ángel Editor y en la colección Monstruos, Furia de pájaros lleva una contratapa del poeta mexicano Marco Antonio Campos y dos epílogos que corresponden al poeta ecuatoriano Jorgenrique Adoum y al poeta mexicano José Ángel Leyva.
La visión de cada uno enriquece el acercamiento de los lectores a la obra gelmaniana y a su vida. Adoum lo recuerda siempre “preocupado, como por un viaje, sombrío como por un regreso”. Quizá atrapado con la misma tristeza que agobia al Principito, irremediablemente triste antes de partir. Quizá la suya haya sido una partida perpetua, un viaje lúcido sin tregua.
Leyva lo retrata a través de sus ‘Otros’, a través de las distintas voces y seres que habitaron a Gelman y que poblaron su obra.
Campos recurre a la metáfora para definir de algún modo la belleza, la profundidad y la vastedad de su legado, señalando que es un “dilatado poema río”.
Para el antólogo, quizá Furia de pájaros haya sido como un pequeño presente de gratitud al poeta admirado, al que leyó antes y vio por primera vez en Oaxaca, en 1999 y quedó aún más deslumbrado luego de comprobar que Gelman era un hombre humilde y purificado por el dolor.
En una de sus visitas a Bolivia, Oquendo nos habló de su minuciosa labor de lector y editor de uno de los poetas más importantes de habla hispana nacidos en siglo XX y en esta entrevista comparte su experiencia:
¿Cómo nació la idea de la antología?
Bueno, imagínate, íbamos a tener a Juan Gelman con nosotros (en el Encuentro Internacional de Poetas en Paralelo Cero 2013), acá en Ecuador, país que no había publicado antes la poesía del maestro ni mucha de la más grande poesía latinoamericana, así que lo primero que hice fue pedirle a Juan si me podía ceder los derechos de esa antología en Ecuador y así lo hizo.
Me ayudó en todo y luego decidí crear una colección para semejante fin: así que nació la Colección “Monstruos”, que se inauguró con su libro y el del poeta ecuatoriano Euler Granda.
Cuando tenía ya el visto bueno de Juan y su venia para publicar la antología, solo allí me di cuenta del horror en el que me metía. Tenía que excavar por una obra de más 60 años de existencia y 29 libros a su haber, con más de 1.500 poemas y una vastedad increíble. Fui a librerías y estuve tentado a leer solamente antologías emblemáticas de Gelman hechas por grandes autores: como José Leyva, Eduardo Milán, Jorge Boccanera, Marco Antonio Campos, que habían hecho antologías de él. Llegué a la librería y me encuentro con que había solo los últimos dos o tres libros de Gelman y alguna selección de Visor.
Pero justo en ese momento, como si fuera un adagio divino, llegó a la librería la obra poética completa de Juan, publicada en dos tomos por el Fondo de Cultura Económica de México. Esto fue lo que me salvó, pero también lo que me condenó.
En esta obra completa Gelman me dijo que había algunos errores que fueron subsanados en la edición de su obra completa en Argentina, por Seix Barral, entonces, cuando, luego de dos meses de intenso trabajo de lecturas, leyendo a Gelman y nada más, le mandé la lista de los poemas escogidos y el hizo un gran trabajo revisándolos, leyéndolos, fue un cómplice increíble.
¿Cuánto fue todo el tiempo de preparación de la antología?
Cuatro meses duró aproximadamente la edición del libro desde que comencé a leerlo hasta que le pusimos el título a la antología.
¿Cuál fue el criterio de selección?
El criterio de selección que tuve estuvo siempre ligado a toda aquella poesía gelmaniana que me diga algo, que demuestre la fortaleza de espíritu de Gelman, que se deje ver en su mejor manera de manipular y trabajar el lenguaje, que uno se encuentre con un Gelman claro, de luz y de emoción. Lo maravilloso es que cuando concluí la antología Gelman me dijo que la selección le gustaba mucho porque para él estos poemas eran también los que más amaba. Eso fue muy bello.
¿Y el título?
Yo le propuse algunos títulos, sacados de su propia obra:
Aquí yace un pájaro; Al fondo de mi sombra; La secreta dulzura del dolor; La madera en el palito; Rabioso corazón; Noche lenta con toda su memoria.
Luego vimos cuáles son los símbolos que más se repiten en su poesía y vimos que eran árboles y pájaros. Lindos todos.
Yo le dije que encontraba siempre a su obra y a él con una rabia contenida e inteligente. Me dijo que más que rabia era furia. Y así unimos todo y a la final salió Furia de pájaros, nos encantó a los dos.
¿Y todo ese trabajo lo hacían por chat, por correo o por teléfono?
Lo hacíamos por mail. De hecho estoy revisando las fechas. En 28 de febrero del 2013, Juan me escribió un mail aprobando el nombre de la antología.
Trabajar con él, en una tarea tan delicada de selección, me imagino que fue una tarea que requirió toda tu concentración y responsabilidad.
Pues fíjate desde antes de Navidad de 2012 hasta fines de febrero de 2013, pasé con los libros de Gelman en todas partes: en el auto, las clases, la cama, la comida. Hasta los llevé a la playa, es increíble y verdadero.
Luego de este tiempo lo que me dio es por tratar de librarme de este fantasma necesario en el que se convirtió Juan.
¿Cómo veía Gelman su obra, te habló alguna vez de ello?
No me dijo específicamente algo sobre su obra. Pero me dejó una enseñanza increíble: me dijo que él escribía porque siempre estaba insatisfecho de lo que había escrito.
¿Ya te libraste del fantasma?
Creo que ya me libré de ese enorme poeta en mi obra lírica, pero también es bueno que permanezca su legado inmenso en la poesía. Creo que era tan grande que era inimitable.
Bueno, Juan Gelman no solo es un poeta sino también un personaje y en muchos de sus poemas también figura esa historia dolorosa y terrible que le tocó vivir y su poesía fue atravesada por aquello. La obra de Gelman no se entendería sin él como un personaje inmenso, por ejemplo su poema Carta a mi madre enorme voz lírica confesada en medio de un dolor tras otro. O su hijo Marcelo y sus amigos muertos en la dictadura o todo el horror del exilio. Todo esto tuve que ir documentando y como entré tanto en su vida como en su obra, sufrí mucho yo también. Se lo confesé a Juan y él me dijo que los seres humanos lo que tenemos siempre son pérdidas y que eso hay que afrontarlo, pero nunca con el olvido. El olvido es la verdadera derrota, decía.
Fue uno de los libros más vendidos en la Feria de Quito.
El libro fue muy bien acogido en Ecuador, tanto en Paralelo Cero, más tarde en las librerías, luego en la Feria del Libro de Quito y por último, tras el fallecimiento del poeta se desató una gran campaña para leerlo. La primera edición ya se agotó. Espero sacar una nueva pronto.
Quisiera que la segunda edición tenga una selección de su libro Hoy, que fue su último libro publicado en vida y de su libro póstumo e inédito aun Amaramara que ya estará por salir. Veamos si se puede hacer esto para los meses de agosto o septiembre.
¿Está en proyecto otro ‘Monstruo’?
Es difícil encontrar monstruos así como Juan, tan generosos, tan abiertos al diálogo, a las editoriales independientes, pero estaremos al pendiente.
¿Cuál es el libro qué más te conmovió de los 29 leídos y antologados?
Sería más fácil decirte cuáles me conmovieron menos. Luego de su maravilloso libro Valer la pena que lo publica con el nuevo milenio, la poesía de Juan gira un poco hacia una obra más abigarrada, más críptica, más oscura y sosegada; sin embargo, hay en ella también poemas que son joyas verdaderas. En verdad su obra es para mí una obra impresionante.
by Claudio Medin | 17 \17\America/Argentina/Buenos_Aires septiembre \17\America/Argentina/Buenos_Aires 2017 | Ensayo
En este ensayo, el poeta mexicano Alí Calderón reflexiona provocativamente alrededor de la idea de “riesgo” en la poesía experimental contemporánea. Una invitación a la polémica.
En mayo de 1871, un Rimbaud de diecisiete años escribía en carta a Paul Demeny: “exijamos a los poetas lo nuevo, ideas y formas” (Rimbaud 123). Es muy posible que una de las fantasmagorías fundamentales del siglo XIX, que habría de heredar el siglo XX y que mueve al enfant terrible a esa declaración, sea la pasión por la novedad. No por nada Walter Benjamin, en el Libro de los pasajes, recoge un grabado de 1816 cuyo título es “Todo lo que es nuevo es siempre bello” (755) que resume, de algún modo, la vida espiritual de aquel siglo.
Es el XIX y el capitalismo funciona con plenos poderes. Su gran metarrelato es el progreso. La producción en serie es ya una realidad y la fiebre del consumo ha encontrado por fin su templo, ahora de hierro colado y cristal: el aparador de un pasaje parisino. Benjamin afirma que en las imágenes desiderativas del nuevo modo de producción se destaca “el firme esfuerzo por separarse de lo anticuado –lo que en realidad quiere decir: el pasado reciente” (39). Es la época del flanêur, del hombre solitario entre la muchedumbre: la modernidad. Una modernidad que hace de lo “nuevo” su más alto fetiche, la piedra angular de la falsa conciencia. Y vuelvo a Benjamin:
La modernidad es la época del infierno. Las penas del infierno son lo novísimo que en cada momento hay en este terreno. No se trata de que ocurra otra vez siempre lo mismo, sino de que la faz del mundo, la inmensa cabeza, precisamente en aquello que es lo novísimo, jamás se altera, se trata de que esto novísimo permanece siendo de todo punto siempre lo mismo (838-839).
Dado lo anterior no es difícil entender la subjetividad de Rimbaud y la de la poesía de occidente en aquel momento. Así las cosas, el arte, la poesía desde luego, “tiene que hacer de lo nuevo su más alto valor” (46). Este es el punto, sin embargo, en el que surgen las interrogantes ¿Qué es lo nuevo? ¿Cuál es la forma de lo nuevo? Quizá Georg Simmel lo explique de algún modo cuando dice que “el ritmo de la vida moderna no sólo expresa el anhelo por un rápido cambio en los contenidos cualitativos de la vida, sino también el poder del estímulo formal del límite, del principio y del fin” (105). Iuri Lotman, el semiólogo lituano, lo pone en otros términos: “el espacio no semiótico, de hecho, puede resultar el espacio de otra semiótica”. Lo no semiótico es lo nuevo, lo experimental, lo no codificado, lo no canónico. En el caso de la poesía, se trata de los procedimientos de construcción y generación o disolución del sentido que intentan rebasar los límites, ampliar la frontera semiótica, trascender la barrera de lo que consideramos los códigos de género.
Descargar el ensayo completo (versión PDF).
Ilustración: Sabrina Díaz