Poemas de Eduardo Espósito

Poemas de Eduardo Espósito

Poesía universal que interpela y conmueve. Desde Moreno, en la Provincia de Buenos Aires, Eduardo Espósito.

 

CLASE TURISTA

Porque no estamos hechos
de carne ni de sangre como pretendemos
aunque alguno que otro traje parezca desmentirlo
Porque la humedad bisiesta de este pueblo
arropa formas innombrables y mezquinas
Y nuestras lenguas de trapo
achican dos talles en invierno
Y porque el sur también existe
en un afiche al menos
Porque soplamos semillas de amargón cada verano
para que alguien se eleve liviano en sus muñones
así enmohezcan los planos inclinados
Porque rezamos desnudos en las playas
y nadamos vestidos en nuestras sofocadas camas
y vacacionamos de oído
y hacemos de la fiesta una fanfarria
y porque sí
y porque el mar y la montaña
y estas ganas de ser otro
bajo una luna parecida.

A Robert F. Young

TODA LA CARNE ES HIERBA

Un despertar como de pájaro
en la jaula equivocada
y colas en el super
a la hora en que derrapan
la fiebre y su museo
La casa dada vuelta
uncida a los recuerdos
(un Poseidón henchido de naufragios)

Con el día crujiendo en el rescoldo
Algo en la causalidad cambia de mano
Prolijas/ tempraneras
las hormigas del patio del vecino
me acercan sus carritos
(en furtiva procesión la Reinas Magas)

El bamboleo de la existencia continúa
Como Tarzán en las lianas
Nosotros en los pasamanos
Las culpas repartidas con cada amanecer.

A Clifford D. Simak

CALIDOSCOPIO

Me voy cayendo al sol
Todos parecen darse cuenta
La hierba es fina
Mis manos transpiran soledad
ingravidez
La grave-edad desacelera para mí
con su manojo de arrugas
No hay cremas paliativas
para el cansancio de los materiales
Mi cuerpo es un satélite en desuso
Me voy cayendo al sol
como ellos
que encremados de espanto
reparten Pancután y botiquines
Ayer fuimos más que Dios
hoy somos pasto
Mis manos queman cromo
La hierba es inasible
Y el destino amarillo.

A Ray Bradbury

PLATEA BAJA

Los relámpagos queman la noche
La tonsuran
Sentados solos
en la sala de estrenos de Dios Padre
unos ojos palpitan la función

Dios aspira y unos nacen
Dios expira y otros mueren
Dios retiene su aliento
para batir un récord Guinness
y ocurren la resurrección y los aplausos

Lejos de la divinidad y las butacas
un niño juega al avioncito con su sombra
Le da vueltas al sol
como si el día todavía existiese.

A John Wyndham

LA LUNA ES UNA CRUEL AMANTE

La luna se aleja de la tierra a 38 milímetros por año
3 metros cada siglo y
qué esperamos Amor para dejar las matemáticas y
el Word
y así salir a acariciarnos
Para untar nuestros dedos en la brillantina
Para abrir nuevos agujeros de gusano
en su cárcel tormentosa hecha de tiempo
No hay arrugas que curar
El miedo nos va tiñendo el pelo
Nos va haciendo parecidos
Esa vieja redonda
guarda un luto de grullas por nosotros
un milagro blando algunas noches
y el sexo carcomido
como un rayo secuestrado en dos espejos
No nos va a esperar
Vendrá a buscarnos la ladrona
y antes de retirarse a su molienda de huesos
ya estaremos deshidratados y en letargo
Casi hermanos de su prueba de exilio.

A Robert Heinlein

HUEVOS FATÍDICOS

La panza tiesa de los días
se apoya laxa en las comisuras del mundo
Van pasando las horas como imanes
Este naufragio aspira a ser certeza
Se ha borrado la línea divisoria
entre la espiga y el suelo
Ya no hay mar donde empollar
los fatídicos huevos de la ira
Todo cabe en este caldero de pócimas
austeras
Y los días
combados por el peso de las revelaciones
aguardan a la sombra nuevas nupcias
Inclemencias montadas por la biología.

A Mikhail Bulgakov

MAREA BAJA

Cuántas veces más
verás la luna llena
Cuántos arcoiris del Walhalla
Cuántos grillos posarás en tus manos
Qué nueva especie en el Discovery Channel
verán tus ojos una última vez
La vida gira en círculos
Tu porcentaje de agua y el del mar
hacen la diferencia
Corren amaneceres por tus venas
y aún fracasa La Enemiga
Comete las margaritas de los puercos
no le niegues al mundo ese favor.

PREMIOS CLARÍN

Escribo un poema en un grano de arroz
Es un haiku creo y sublime además
Lo pongo a cocinar a fuego lento
Las palabras se hinchan hasta pegotearse
Desbordado apago las hornallas
Sobredimensionado el grano sigue hirviendo
Quién sabe cuántos comerán de esta novela

O’CLOCK

Raspar el hueso azul de la poesía
Preparar una pócima untuosa
y aromática
como para seducir a una elefanta
con restos de amores contrariados
de sueños enterrados en frasquitos
y una gloria que nunca supo poseernos

Sorber la médula
El caracú de lo que queda por tirar
al minuto del último naufragio
Que su poder proteico nos consuele
de este opio final
de su aliento de lija amortajada
sus vapores fungosos
y sus polvos

Y entonces (sólo entonces)
alzar la copa colmada a un nuevo día
Cada mañana una indócil golosina
birlada al maxiquiosco de la muerte.

MEDICINAS

Yo creí que el amor y la empatía
te lo vendían en dosis homeopáticas
para el consumo del hombre y la mujer
La prevención
El fraude
El difícil equilibrio del que dice amor
y te inocula su cuota de veneno
(que fue remedio un día)
Y vos que te parás frente al espejo
y la llamás a Alicia
como si Carroll tuviese algo que ver
con tu naufragio
Nadie puede salvar a nadie
Vivir es deambular por el Titanic
buscando una caricia
un gesto que sea claro
en un mar que se hunde
Morir es no encontrar esa caricia
Inflar globitos para siempre
donde la luz no importe
Vas comprendiendo ya?
Viste qué fácil?
Me ducho
Me afeito
Y desinfecto de tu orina los espejos
El tiempo es un hacha que cura.

Poemas de Eduardo Espósito

¿Qué hay de nuevo, viejo? Poesía argentina del siglo XXI

En este texto, publicado originalmente en la revista colombiana ULRIKA, el crítico y poeta Osvaldo Picardo analiza el campo de la poesía argentina actual. El análisis se complementa con una breve antología de doce poetas del presente.

Tengo entre mis manos un ejemplar de un libro de 1995, muy citado en el ambiente de la literatura argentina, Poesía en la fisura, una antología de poetas que por entonces no cumplían los 30 años, y que realizó el conocido crítico y poeta Daniel Freidemberg. El antólogo –lo dice en su prólogo- sentía y pensaba que las concepciones de lo “poético” que predominaron hasta los 90, habían cambiado: “un cambio, algo todavía difícil de precisar pero nuevo, una irrupción de otra cosa…” A partir de esa publicación, comenzaron –como era de esperar- los debates y las otras antologías contestatarias, con sus implicancias políticas de la posdictadura y de la crisis socio-económica del fin de siglo.
Algo aleccionador y hasta obsceno nos mueve a recorrer, luego de algunas décadas, las viejas antologías de “poetas jóvenes”. La novedad como la juventud siempre tienen fecha de vencimiento, pero el tiempo no es garantía suficiente de nada. Aún deformada por los años, la vigencia de una poética puede que no pierda su brillo si estuvo basada en una necesidad genuina, antes que en el mandato gregario de la escritura de época. Pero, lo más común, es que en las selecciones y recortes aparezcan denominadores y rasgos coincidentes, representativos y coleccionables, transformando la escritura individual en una escritura colectiva, una maqueta más o menos homogénea, con algunas diferencias de habla y registro de la realidad. Es más lo que brilla por su ausencia que lo que el acto prestidigitador del antólogo pone ante la vista. Todas las épocas tienen la necesidad de antologarse y esa necesidad genera también una manera de leer, de pensar y, digamos, “poetizar”.
Si podemos ir algo más allá de ese regodeo obsceno de la crítica y del tiempo, veremos, por un lado, un proceso de selección casi natural, aunque no menos arbitrario; es así que nos preguntamos cómo algunos nombres se ignoraron o desaparecieron de la actividad poética, y, también, cómo otros pocos se fueron desligando de la escritura colectiva hacia algo más personal. Al mismo tiempo, una lectura transversal, abarcadora de las antologías desde la posdictadura argentina hasta nuestros días, por ejemplo, de los nacidos después de 1970, permite entender por lo menos dos fenómenos: una merma llamativa del público lector y un cambio en la especificidad de lo que llamamos poesía. Entre las antologías que ocupan este segmento cronológico -principalmente construido desde Buenos Aires hacia el país-, y marcaron un mapa de inclusiones y exclusiones, está la ya mencionada Poesía en la fisura, compilada por Daniel Freidemberg (Ediciones del Dock, Buenos Aires, 1995); Monstruos. Antología de la nueva poesía argentina, compilada por Arturo Carrera (Fondo de Cultura Económica / ICI, Buenos Aires, 2001); Señales de la nueva poesía argentina, compilada por Pablo Anadón (Llibros del Pexe, Gijón, España, 2004); Última poesía argentina compilada por Gabriela Franco, Eduardo Mileo y Javier Cófreces (Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2008). Y de las más recientes, para contemplar un panorama más completo, son sin duda: La poesía del siglo XX en Argentina. Antología esencial, con prólogo y selección de Marta Ferrari (Colección La Estafeta del Viento, Visor, Madrid, 2010); así como Poesía de pensamiento. Una antología de poesía argentina, con un ensayo de mi autoría (Editorial Endymión, Madrid, 2da edición, 2015). También de muy reciente aparición, 53/70. Poesía argentina del siglo XXI compilada por Enríquez, Henderson y Orge.
Veamos por ahora, algunos fríos datos estadísticos. Según la Cámara del Libro, al año se lanzan aproximadamente 3000 títulos de la categoría literatura. La mayor parte son de narrativa y apenas un 4% de poesía, incluida la poesía traducida y las antologías. Esta constante, por lo menos, se mantuvo más de una década y acompañó la producción de los autores nacidos después de 1970, que han sido agrupados con mayor o menor precisión bajo una infinidad de rótulos: de los 90, realismo plebeyo, tendencia materialista, líricos y antilíricos, generación cero, etc. No es un secreto que la industria editorial latinoamericana fue concentrándose en grandes corporaciones extranjeras y que este hecho determinó políticas de mercado para el libro. Sin caer en tesis maniqueas e inútiles, también es lógico observar que desde entonces, cierto tipo de literatura –que no califico ni valoro- pasó a protagonizar la industria del libro, desplazando las categorías tradicionales.
El descrédito simbólico del género lírico ha ido creciendo hasta entre los mismos poetas. No debería llamarme la atención, entonces, que sean minoría, en el ámbito académico y en el periodismo cultural, críticos que se ocupen de la poesía; son, por ejemplo, muy esporádicos los textos de Piglia, recuerdo por ejemplo, su brillante discurso de apertura en la feria del libro de Buenos Aires, en el 2008, en que hace un rescate de la lectura de poesía.
Resulta de todo ello -y en defensa propia-, la atomización del mercado, la multiplicación de pequeñas editoriales autoproclamadas “independientes”, grupos alrededor de talleres y maestros, recitales, blogs , festivales, etc. Ese exiguo nicho dentro de la producción editorial argentina es un síntoma de una fuerte mutación en la genericidad lírica y en la recepción de la poesía. Digo, para que quede claro, que en estos años últimos, la lectura de poesía disminuyó aunque haya aumentado el número de autores. Y digo además, que lo que venimos llamando “poema” mutó -una vez más- hacia otras formas menos específicas y extendidas. Freidemberg acertaba al decir, en 1995, que se había producido la “irrupción de otra cosa”.
No es ésta la ocasión para hacer un desarrollo pormenorizado de lo que algunos críticos y poetas han visto como un proceso democratizador del mercado del libro y de consolidación de una poética “nueva”, pero tratré de delimitar someramente algunos de sus aspectos más evidentes. En primer lugar, un proceso de democratización que logra la reducción del mercado y, en consecuencia, de los lectores es llamativamente contradictorio, por lo menos si tenemos como punto de comparación la experiencia de Boris Spivacow y el Centro Editor de América Latina. Y por último, el género lírico tradicional es históricamente inestable desde Aristóteles hasta nuestros días, por eso mismo hemos leído como “poesía” una inmensa cantidad de formas y composiciones, que van desde el verso medido hasta la prosa poética, pasando por las letras de canciones y la perfomance . En resumen, lo que llamamos “poesía” o más específicamente “poema”, así como lo que leíamos como literatura o poesía, como dice el poeta Martín Rodríguez , casi no existe.
Para ir precisando los límites cronológicos de esta mutación en la poesía, creo que se pueden ver al menos dos momentos: uno que coincidiría con la posdictadura cuyos principales exponentes son reunidos en Poesía en la fisura y Monstruos; y un segundo momento, con la democracia y sus crisis de representación, donde encontraríamos algunos poetas que han sido antologados en Última poesía argentina y recientemente en 53/70. Un dato importante para tener en cuenta es que este proceso de cambio, fue nuevamente hegemonizado por el centralismo porteño y el olvido de las otras regiones . Recién Última Poesía Argentina del 2008, marca una nueva focalización regional, una preocupación creciente por lo que también estaba pasando fuera del mapa noventista: Buenos Aires, Rosario y Bahía Blanca.
Simultáneamente a estos dos momentos, que algunos consideran la continuidad de uno en el otro, se construyeron alternativas no siempre de impugnación o resistencia, sino de diálogo entre la especificidad poética y el inmenso océano de “lo otro”, y que a veces comparten alguna antología de ambos lados. En el sector de la impugnación y la resistencia del “lirismo” ante lo “nuevo” (o “antilírico”), podemos encontrar las revistas Hablar de Poesía editada por el poeta Ricardo Herrera y Fénix editada por el también poeta Pablo Anadón; en el anchísimo camino del medio, hay otros autores en diálogo con las poéticas de tirios y troyanos.
Según el crítico y poeta Martín Prieto , la fecha de inicio de la “nueva” poesía argentina -haciendo todas las salvedades sobre lo caprichoso de este tipo de datación- estaría ubicada en los poetas objetivistas y neobarrocos de los 80 del siglo pasado: “lo que aun hoy llamamos nueva poesía argentina empieza a comienzos de la década del 80 del siglo que pasó.” Aceptando en principio el argumento de Prieto, no cabe dudas de que fue determinante la aparición de la revista “Diario de poesía” y el activismo cultural del objetivismo y el neobarroco en esa etapa de la posdictadura. No se podrá negar que incidieron no solamente en la formación estilística de los jóvenes poetas, sino en la selección y conformación de una relectura de la poesía argentina y la consecuente reformulación de una tradición nacional “programáticamente” discutida y revisada.
A diferencia de los grupos que lo precedieron en la poesía argentina del siglo XX, el objetivismo no tuvo manifiestos. Existió en cambio una prédica con la que marcaron una línea tajante entre lo que era una escritura de época y aquello que no lo era. En ese sentido, irritaron a sectores más clásicos y tradicionales, y generaron una suerte de resistencia a comprender el uso –muchas veces sobrestimado- de la tercera persona, el distanciamiento emocional y la imposición de un tono antilírico. El afán de un realismo llano y seco, producía, es cierto, un estatismo descriptivo donde la exagerada observación de una realidad exterior casi siempre degradada por el capitalismo y la identificación minuciosa y fotográfica, ocupaban todo el texto, sin efecto evidente y sin un plus de sentido. “Paso a nivel en la chacarita” de Fabián Casas (Buenos Aires, 1965) es un ejemplo claro, que se tomó como modelo durante toda esa etapa. El poema dice así: “Los chicos ponen monedas en las vías,/ miran pasar el tren que lleva gente/ hacia algún lado./Entonces corren y sacan las monedas/ alisadas por las ruedas y el acero;/ se ríen, ponen más/ sobre las mismas vías/ y esperan el paso del próximo tren./ Bueno, eso es todo”. Solamente el lector avisado puede agregar sentido social y político, así como relacionarlo con William Carlos Williams y su famosa “Carretilla roja” o con Joaquín Giannuzzi y su “Poética”. Son textos que necesitan de una nueva comunidad de sentido y de otra clase de recepción. Una de las fuertes características fue su desencanto, como lo demuestra en los 90 la aparición de un libro como Metal pesado de Alejandro Rubio, al que se lo ha calificado de “manifiesto de la decepción de un peronista con el menemismo”.
Hasta entonces, se hablaba de una vieja disputa entre neobarroco (Perlongher, Kamenszain y el primer Carrera) y objetivismo (García Helder, Casas, Aulicino) que pronto fue superada por una propuesta en que se cruzaron ideas y procedimientos tanto como posicionamientos ideológicos. Esta nueva ola preparó las escrituras de los 90 (Martín Gambarotta, Cucurto o Santiago Vega, Alejandro Rubio, Oscar Taborda, Damián Ríos y Marina Mariasch, entre muchos otros). La operación sobre el lenguaje y el aparato oficial de lecturas conformaron un programa común que fue predicado y replicado hasta el cansancio, aún desde los sectores más reaccionarios que no abandonaron ni supieron reemplazar las categorías de aquellos argumentos. Casi como un ejercicio diario más que como una práctica reflexiva y cuidadosa, la escritura de época impone un lenguaje poético y también una sensibilidad que democratiza o banaliza cualquier distinción entre el lenguaje coloquial y el culto, entre la cultura de masas y la alta cultura. No se trata de esquemas completos, ni siquiera de estéticas del todo durables. Se reconquista el territorio del yo más que autobiográfico, autoficcional en un clima de amigos que se leen y comparten un rato de música, charla y juventud ruidosa. Estas poéticas están planteando de antemano la muerte de la poesía “bella y trascendental”, tal como lo expresa uno de sus teóricos, que desarrolla este concepto referido a la tradición lírica que, según él, ha dejado “ese lugar de silencio, de negatividad en que belleza ya no existe pero persiste su exigencia” . Esto se corresponde con lo que también fue llamado voluntad “antiprímula” que evita los elementos de la naturaleza y lo campesino, privilegiando únicamente lo barrial y sus márgenes, lo joven y su cronolecto.
Última poesía argentina aparece en 2008 y si bien hay muchas semejanzas, se nota un cambio de actitud y una operación distinta y heterogénea sobre el lenguaje y el sujeto, que hacen pensar en el inicio de la dispersión de aquellas poéticas de los 90. El libro selecciona argentinos nacidos después de 1977, como un punto de arranque significativo para señalar una etapa generacional de los nacidos y formados durante y después de la dictadura, “la generación de los hijos de los desaparecidos”. El recorte cronológico y geográfico nace de una sospecha de novedad, que me permite pensar en lo expresado anteriormente sobre el cierre de la etapa posdictatorial y el inicio de una escritura distinta y sin ruidos de fondo que, como ya dijimos, sonaban más fuerte en Buenos Aires que en el resto del país. Los compiladores son también poetas: Gabriela Franco (1970), Eduardo Mileo (1953) y Javier Cófreces (1957). En un breve y modesto prólogo que no propugna ninguna escuela, hablan del esfuerzo que debieron hacer para seleccionar los 32 poetas antologados de entre más de 300 de todo el país. Sería muy valioso detenerse en un estudio más pormenorizado que el que podemos hacer ahora, pero señalaré rápidamente algunas coincidencias y diferencias de época. En primer lugar, hay multiplicidad de temáticas y estilos, aunque continúa predominando, no obstante, un realismo icónico en que se dan cita obligada lo degradado y lo trivial, lo rantifuso y kitsch. Y aunque “no hay afán por construir una épica” no se huele aquel gesto/impostura de la década anterior, ni tampoco un rechazo al registro reflexivo o culto. Entre los poetas incluidos se nos revelan algunos nombres conocidos y otros no tanto: Florencia Abadi, Mariano Blatt, Guillermo Bravo, Martín Carlomagno, Soledad Castresana, Javier Foguet, Griselda García, Sebastián González, Laura Lobov, Gabriela Milone, Noelia Rivero, Martín Rodríguez, Victoria Schcolnik, Eugenia Segura, Mariana Suozzo, y Guadalupe Wernicke entre otros.
Un aporte importante de esta segundo momento fue la irrupción de una gran cantidad de mujeres con un imaginario propio y una voz que no sólo es personal, sino que participa y demanda por su género. El panorama a diferencia de los 90 es que se abandona o se aleja la línea fingidamente ingenua de lo que fue “Belleza y Felicidad”, un espacio de arte dirigido por Fernanda Laguna y Cecilia Pavón. Esa estética aniñada, como versión “blanda” del realismo “duro” precedente, así como la parodia y el juego, confirmaban la crisis de la experiencia y de la producción artística. Esta otra poesía femenina recupera otro tono y la línea anterior de poetas como Diana Bellessi o Irene Gruss. Asumen una búsqueda más próxima a la experiencia y a sus verdades.
Para ir completando el actual panorama, 53/70. Poesía argentina del siglo XXI aparece en el marco del 23 Festival Internacional de Poesía de Rosario y reúne textos de cincuenta y tres autores nacidos en la década de 1970. Su lectura permite observar la dispersión más que la amplitud del programa inicial. Algunos de sus poetas son Roberta Iannamico (Bahía Blanca, 1972), Walter Cassara (Buenos Aires, 1971), Cristian De Nápoli (Buenos Aires, 1972), Fernanda Laguna (Hurlingham, 1972), Santiago Pintabona (Buenos AIres, 1974), Claudia Masin (Resistencia, 1972), Aníbal Cristobo (Lanús, 1971), Cecilia Pavón (Mendoza, 1973), Francisco Garamona (Buenos Aires, 1976), Sebastián Morfes (Bahía Blanca, 1976), Alejandro Crotto (Buenos Aires, 1978), Analía Giordanino (Santa Fe, 1974), Pablo Katchadjian (Buenos Aires, 1977), Pedro Mairal (Buenos Aires, 1970), y Gabriela Luzzi (Rawson, 1974) entre otros.
Y también online, en el espacio “Círculo de poesía”, se puede consultar la selección que realizó el poeta, crítico y editor Carlos J. Aldazábal (Salta , 1974), Otra muestra de poesía argentina, cuyo título ya se presenta como contestatario a lo que él llama una cierta tendencia generacional de “grupo de amigos que, a fuerza de voluntad, quieren representar todas las cuerdas de la poesía nacional desconociendo la realidad pluricultural del país”. Entre los seleccionados de su propia generación están Eduardo Atilio Romano (Orán, Salta, 1971), Rodrigo Galarza (Corrientes, 1972), Geraldine Palavecino (Salta,1973), Julián Axat (La Plata, 1976), Elena Aníbali (Oncativo, Córdoba, 1978), Tomás Watkins (Neuquén,1978), Eliana Drajer (Mendoza, 1979) y Tony Salazar (Chaco,1980).
A la poesía argentina no deberíamos pensarla como una totalidad, sino como una fragmentación de la lengua y de los relatos de la realidad. Su variedad y abundancia dan cuenta de las muchas singularidades del siglo XX, pero sin concretar un conjunto acabado y homogéneo. Si bien Leopoldo Lugones, Jorge L. Borges, Alejandra Pizarnik o Joaquín Giannuzzi definieron y protagonizaron momentos importantes del siglo, ellos no son sino una muestra de algo que no terminamos de precisar y que, de alguna manera, se fragmenta, multiplica y dispersa después de los años 80 sin solución de continuidad en el siglo XXI. Esto ha contribuído a una inquietante reducción del público lector y de las estrategias de sobrevivencia de un tipo de poesía que se resiste a desaparecer del todo, una poesía abierta y en diálogo, una poesía mutante.

 

DOCE POETAS ARGENTINOS DEL S. XXI
1. Diego Colomba (San Nicolás, Argentina, 1972). Es profesor y licenciado en Letras, y doctor en Humanidades y Artes y periodista. Ha publicado últimamente: El largo aliento, Alción Editora, Córdoba, Argentina, 2016

EN EL OJO DE QUIEN MIRA

Ahora que la luz pulsa los vibrantes colores solares de la quinta
que les sale un sarpullido dorado a los tallos de las trepadoras
que vuelan basuritas y pájaros en la penumbra verdosa del naranjo
yo aboceto, sin buscarlo, el minuto de un brillo que empieza a corromperse.

Y no hay distingos lumínicos para mi propia urticaria,
mis picaduras, mis quemaduras del sol en la piel
ni para mis moretones, mis costras que supuran, ni para
la tripa del ombligo mal cortado que dejo al descubierto.

La verdad de mi versión no se resiente, fresca y natural
como la digo, en un mundo
de impresiones donde nada parece sustraerse a la
fuerza de un destino.

2. Alejandro Crotto (Buenos Aires,1978). Publicó los libros de poemas Abejas (2009), Chesterton (2013) y Once personas (2015). Administra el blog losporquesdelarosa.blogspot.com.ar dedicado a la poesía y la traducción de poesía. Es Licenciado en Letras.

MEDIODÍA

Bajo el cielo sin nubes, en la mesa, ahí están:
tallarines con salsa de tomates,
un pan quebrado y agua, vino.
Ahí está la harina con el huevo y las manos.
Ahí está el trigo, las uvas que tomaron sol y noche,
y los tomates destruidos, salpicados de queso,
el agua limpia.
Ahí están: mirá y olé y masticá feliz, devotamente.
Una canción tan fría y tan apasionada como el alba
Latas, vasos de plástico tirados al azar. Arranca
el día; arranca y muestra drástico en la playa
vacía el final de la fiesta. En la luz fría,
tapado con arena a nuestros pies, el resto
carcomido de un tronco humea apenas.
Detrás el mar, el ruido
opaco de las olas repetido.

3. Laura López Morales (Villa Dolores, Argentina, 1976). Publicó los cuadernillos de poesía. Su primer libro es “También afuera es todo esto” (Llanto de Mudo 2014).

RESPIRAR DONDE ANTES HUBO UN BOSQUE…

Respirar
donde antes hubo un bosque
te deja sin aliento

aprendí a caminar
entre los tocones talados
por eso pierdo el equilibrio
deambulo
porque no sé esquivar
lo que antes estuvo ahí
y ocupó un lugar
y tuvo un nombre

dijiste o insinuaste
que hay una voluntad en la ausencia
que tuviera cuidado
que de tanta frondosidad
podrías perderme de vista.

4. Elena Anníbali (Oncativo, Córdoba, 1978). Licenciada en Letras Modernas en la Universidad Nacional de Córdoba. Tiene publicados los libros de poesía Las madres remotas (2007) y Tabaco mariposa (2009).

MADRE

Mi madre, la Esquiva, la Lejana,
la perra blanca con sus tetas de leche,
con sus dulces venas azules agigantándose en la noche de la fiebre,
trepando las paredes para chupar mis sombras,
con su hermoso pico rosa, con todos sus brazos.
Mi madre tiene saudade de las ciudades que ha dejado atrás,
de donde le viene el cabello negro, suoi occhi de guerra.
Viene levantándose desde el poniente,
una Galatea de las esferas, que rueda sobre el mundo,
que lo impregna brevemente de sus perfumes,
y desde entonces, nada existe, sino su raza mezcla de bestia e inglés,
nada, sino sus cacerolas trashumantes, sus estropajos,
las vendas con nuestras sangres que guarda como sudarios.
¿Será ella, ese violento olor a almizcle que anuncia la mañana?
¿Dónde se anuncia su heredad en mi cuerpo?
Y a partir de la pregunta, aparecen las cicatrices, las alas,
la sal bajo la lengua, ese como a olor a humo y a calandria,
y todo el resto, todo, como una triste Barataria de sueños.

5. Valeria Cervero (Buenos Aires, 1972). Publicó los libros de poemas cadencias (2011) y equilibristas (Colectivo Semilla, 2014), la plaqueta el agujero negro de lo dicho (Colectivo Semilla, 2013) y el libro-álbum para chicos escondidas (Ediciones del Eclipse, 2013).

UNA ESCAMA
de realidad soporta
el peso casi inocente
de cruces, atajos,
superposiciones, desvíos

se impregna
de la humedad de este día
absorbe su calor, su vértigo
su olor a arena rancia

no pide más pretextos
que el de la música que apaña
cada resto de sí

una mínima parte
de dicha o desconsuelo
parece decir
que todavía

6. Carlos Aldazábal (Salta, 1974). Publicó los poemarios La soberbia del monje (1996), Por qué queremos ser Quevedo (1999), Nadie enduela su voz como plegaria (2003), El caserío (2007), Heredarás la tierra (2007), El banco está cerrado (2010), Hain, el mundo selknam en poesía e historieta (con ilustraciones de Eleonora Kortsarz, 2012), Piedra al pecho (2013) y Las visitas de siempre (2014)

TRILOBITES

Si es por tragedia, alguien debería
contar la historia de los trilobites,
animales marinos condenados a fósiles,
a que nadie humedezca sus mañanas
ni recuerde la razón de los abismos.
Pero no se trata de escribir lo que se sabe.
Aquí la tragedia es no poder despedirse,
no poder desear buena ventura,
un “que te vaya bien, que todo amaine”.
No se conocen las rutas de la muerte
ni los designios del azar que transforman los restos.
No se conoce el rumbo, ni el color, ni la forma.
Sólo sabemos lo que supura el ojo,
y líquido por líquido, ojo por ojo,
es la tragedia la que decora el cuadro:
caminata torcida para subir un cerro
con fósiles marinos creciendo en sus cornisas.

Un caprichoso adiós, que ya no importa.

7. Evangelina Aguilera (Mar del Plata, 1977). Profesora en Letras. Dicta desde hace años el Taller de escritura “Fernando Pessoa”. En el año 2009, publicó su libro Fuga.

ABISAL
En el muelle hay un hombre
que tira un medio mundo, arrastra
con poca fuerza y fe y espera.
Repite el ejercicio de memoria
como quien fuma o como quien recuerda.
Con mucha o poca suerte entiende
que toda trampa es una red ligera
que ha errado en la manera
pero es tarde.
La idea más oscura flota
saca el brazito izquierdo, lo sacude.
Si se hunde, mejor. Pero lo llama
y esto ya lo sabemos:
todo lo bueno está en el fondo.

8. Analía Giordanino (Santa Fe, 1974). Profesora en Letras. Publicó Fantasmas (Premio Alcides Greca, Ediciones UNL, 2008, narrativa) y Nocturna (Ediciones Diatriba, 2009, poesía).

RAZONES PARA NO HACER MANUALIDADES

Hay infinidad de pájaros
y plantas y árboles
de los cuales no sé bien el nombre.
De uno de ellos sí lo sé.

Sé del ceibo que había en un patio
por el que yo corría.
La maestra nos enseñaba los viernes a desbrozar.
Yo quería ir a carpintería
y no hacer puntadas macramé
o anudar con hilo sisal.

Me gustaba el olor de la madera balsa
y los mimbres en el agua
amarillos, verdes,
hinchaditos para la trenzada.

Una vez entré en la sala de carpintería
y ví las manos de los niños
y las virutas reposando en la ventana.
Ví el olor de las máquinas, del aceite
y el calor del torno y los metales.

Me pareció que en la otra punta
las labores se callaban
para poder rodear tanta belleza.

9. Emilio Teno (Bahía Blanca, 1978). Es librero y letrista de canciones. En 2004, en España, Editorial Renacimiento publicó su primer libro de poemas: El tiempo que nos toca. Su último libro publicado es La noche americana, ed. Sudaca, 2015.
DAS SCHWEIGEN DER SIRENEN

Como el Ulises de Kafka,
atados al palo mayor de la soberbia,
nos machacamos los tímpanos
con la astucia de la cera,
confiados en la ciencia del sextante,
mientras la belleza ronca de las piedras
tiembla un momento
justo como antes
que sople la tormenta.

Lo comprendimos tarde:
Todo canto imaginado
sólo puede nacer
de un silencio insoportable.

10. Claudio Archubi (Mar del Plata, 1971). Físico y escritor. Publicó La forma del agua (cuentos, ed. de la Universidad de La Plata, 2010), Siete maneras de decir tristeza (poemas en prosa, Lima, 2011), Sísifo en el Norte (poemas en prosa, ed. Ruinas Circulares, Buenos Aires, 2012), La casa sin sombra (poema en prosa, Buenos Aires, 2014) y La ciudad vacía (Maldonado, Uruguay, 2015).

EL FARO

El faro es el lugar de todos los poemas. Te das cuenta que nunca lo has visitado. Decides ir esta vez, y mientras te acercas, piensas en tu madre que creció en el puerto. Entrar en el faro es entrar en la infancia de tu madre, te dices, una que dando vueltas se convierte en la tuya. Pero la puerta está cerrada. El faro no funciona porque el motor que hace girar la luz se ha roto.
Te quedas parado sobre la arena mirándolo mientras oscurece.
La ciudad se va encendiendo, pero el faro no.
La ciudad entera es el faro; su luz perdida, tu infancia.

11. Diego Roel (Temperley, 1980). Publicó: Padre Tótem / Oscuros umbrales de revelación (Libros de Tierra Firme, 2004), Diario del insomnio (Libros de Tierra Firme, 2005), Cuaderno del desierto (Libros de Tierra Firme, 2007), Las variaciones del mundo (Ediciones El mono armado, 2010) y Los Jardines del Aire (Ediciones El mono armado, 2012).

VÍA LUCIS

El que Es Sin defecto y Grande
me habló a mí, que soy pequeña y triste,
para que pueda formar en mi mente letras desconocidas,
para que de mi boca salga un verbo nuevo,
una expresión más leve, una palabra que atraviese
los mares y las islas,
que resuene en los últimos términos de la tierra.

Sí, yo siempre estuve callada y guardé silencio.

Pero ahora Tu Voz en mí se expande y multiplica
como voces de mujer que está de parto,
como voces de mujer que está muriendo.

Ahora Tu Voz en mí se expande.

Cuando pase a través de las aguas del gran Río
no me anegarán sus corrientes.
Cuando salte en medio de las llamas
no me quemaré.

El que Es Sin defecto y Grande
me habló a mí, que soy pequeña y triste.

12. Paula Giglio, (Córdoba 1988). Lic en Filosofía. Publicó: Ella, naturaleza (Babel, 2012) y En el cuerpo (Dock, 2016)

PRINCIPIO ANTRÓPICO

Una palabra más
y se rompe el equilibrio.
El agua líquida no es casual;
tampoco la distancia
entre el Sol y la Tierra:
un poco más acá, y seríamos vapor;
un poco más allá, y seríamos de hielo.

Poemas de Francisco Avendaño

Poemas de Francisco Avendaño

Frente a la hoja en blanco…

 

Frente a la hoja en blanco algo debe hacerse

alguna reacción

un retazo del día

foto de este instante

de este hombre que acomoda papeles

Vuelve la mirada en torno

el cenicero vacío

el humo cediendo en el aire

una caja de fósforos gastados

Sabe que algún precio se pagará por estos días

sabe que el cansancio entrará por la misma puerta

y se descalzará a los pies de la cama

Por eso aprendió a tolerar los atentados poéticos

a inventar curiosidades en los bordes de las plazas

a soportar la gordura literaria de las viejas amantes

Todo conduce a este momento

al plazo perentorio de la hoja en blanco

a la insinuación de la primera palabra

Acertijos de la estética

los versos que se saben de la oscuridad y el silencio

el gusano sonoro de la rima

lo que sobrevive a fuerza de necedades ingenuas

Algo habrá que justifique los ejercicios de la música

algo que sirva para amortiguar el sabor del tiempo en la borra del café

El hombre traza una línea

un garabato que bien podría ser el límite de un labio

luego traza otra y se completa la figura

 

La boca

del papel

se abre

y el hombre es tragado

antes de estampar su firma.

 

 

(del libro “ La piedra de Sísifo”)

 

Escenario 2

El ojo idiota le hace un guiño y en la ventana cambia el paisaje. Confundido por el ruido y el entusiasmo de las luces trata de abrirse paso entre los papeles picados y las serpentinas sucias del otro carnaval. La belleza en este show es un culo sagrado, dice  la voz en off de su cabeza, arriba cruzan escotes en vuelo rasante. Baila un poco, se ríe, pasa prendido de una cintura, hacia arriba y hacia abajo se resuelve la modelo, el locutor gangoso dicta un nombre cuando aparece un envoltorio brillante.

Se cansa y cambia el paisaje esta vez en el vuelo del papel picado. Se reconoce en el color de la tribuna. Una pelota inquieta casi viva, salta de hombre en hombre hasta caer en la red, cielo de papeles blancos sobre los carteles, uno de los hombres festeja frente al lente, en ese grito va él.

 

Pausa, una dieta de yogures y escatología en tránsito lento.

Con un dedo y un control se puede cambiar el horizonte, de pronto está tirado en cualquier calle, atragantado de miedo bonaerense, el cuerpo ahí como un muñeco manchado y blando, las cámaras parpadeando al rededor, un mundo con muerte y sin moscas y el cielo estará nublado dice el pronóstico del tiempo.

Marcos Cáceres, “Miasma, plasma y otras sustancias”

Del libro “Biografía del instante”

 

 

“La acción de la partícula individual no se puede predecir. Pero no ocurre lo mismo con respecto a la acción de la masa. Allí se puede predecir. Esto da al átomo individual su libertad, pero a la masa su necesidad.”

Miels Bohr en conversación con Robert Frost

 

(24,6)

En la primera viñeta hay un enorme barco borracho

sobre la noche de rosario,

se llama dignidad pero en inglés

y parece arrastrarse río abajo.

Al frente unos silos de colores,

adentro los estripers de federico klemm

cambian tiernos besos de judas

o cuelgan del aire como cristos acalambrados

o caen en picada y no son ángeles.

A unos metros el rastro del poema,

paredes en código.

VENI A SER BARDO dicen las postales de inchauspe,

VENI A HACER BARDO dice el público en general.

Bailamos el pogo del poeta asesino,

ya lejos de su rama,

antes de que la madurez se descomponga

increpa a los jóvenes poetas,

les tira su aburrimiento en la cara,

los empuja hacia afuera con sus palabras de humo.

Los poetas jóvenes no le responden

contestar también aburre.

En el próximo cuadro llueven poemas

y la ciudad toda es una carámbano,

el sol no sale hasta que lo nombran.

Poemas histriónicos

histéricos

históricos

Poemas ingenuos

inexactos

intrépidos

Poemas con besos con hijos con drogas

con rencores prolijos

con café y con postre

Dicen las paredes:

Y SABER QUE EN ESTE MUNDO NO HAY NADIE A QUIEN ENVIARLE ESTE MENSAJE.

El túnel hace gárgaras con los autos

y repite una vocal largamente,

preposiciones y copulaciones conjuntivas del poema.

En el vértice de la página encuentro un níspero

su sabor es la memoria de mi infancia.

un árbol solitario.

Frutos del cielo o de los pájaros

que nunca más cayeron en mis manos de cinco años.

Entre las calles del poema,

en esta ciudad,

he plantado un árbol,

un algarrobo paciente

que como yo sea

un trozo de tierra nómade,

una coma o el silencio del coma

dentro del texto.

En la última viñeta

-PELIGRO BARRANCA-

sentados en el suelo

dos

tipos

vuelcan

fana

en una

bolsa

y respiran

un aire pegajoso.

El río está vacío.

Les pregunto por el barco

y me responden

que desapareció en la madrugada

como una ballena gateando por el paraná.

 

Del libro “A nivel del mar”

 

Principio de Arquímedes

El asunto sigue siendo entender los signos en la hoja de ruta. Martínez cree que los arabescos que ha trazado en el papel pueden entenderse como carta de navegación. Yo no discuto, sólo manejo, si una noche de estas amanecemos incrustados en medio de la Gral. Paz, no va a ser mi culpa. El resto de la tripulación ha sabido entender que esta humildad no es otra muestra de lo precario y que las pulgas que los habitan sirven al menos para dar cierta vitalidad a sus cuerpos. Hay una de la carga (como les llama Martínez) que puede mover la punta de los dedos ni bien se le presta un poco de atención y hasta llega a abrir la boca cuando le hablas. A Martínez y a los otros les gusta ir atrás y hablarle seguido, yo no, me dan asco las pulgas. El médico de la base me revisó y dijo que lo mío es un miedo venéreo, yo sé que son sólo las pulgas. Además no quiero encariñarme, puede que un día de estos no sepa cómo descifrar los dibujos de Martínez y ahí sí que no puedo volver a tener asco ni nada. Mejor no, además la carga dura tan poco. Martínez dice que no sufren cuando dan contra el agua, que para el caso es lo mismo porque ya vienen amortiguados de la base. A mi me da la impresión que el vértigo los mata en el aire. Los cuerpos paralelos al río, miembros agitándose, blandiendo en vano las extremidades, siempre que los veo caer pienso en que la velocidad no sólo come del tiempo.

Marcos Cáceres, “Plan de vuelo”, Buenos Aires 2076

Del libro “Biografía del instante”

Poesía circular

 

Sutil pero concreta

Una pulsión que trepe por los dedos

hasta tu lengua

un malestar preciso

constante

Abolir de inmediato todo otro tipo de trance

que la carne nos guarde ateridos

que nos cierre la piel el horizonte

las ideas suceden en cadena

como violentos puntos de una línea

un ansia cardinal nos divide el paisaje

 

Yo lanzo mis flechas al cielo de esta noche

y espero

El día beberá de los pájaros abatidos

 

Las palabras que desentierro

no tienen fin

tampoco origen

la sed que las busca es parte del mecanismo.

 

Marcos Cáceres, “La palabra y el síntoma”

Del libro “Biografía del instante”

“Pero no nos burlemos del lobo también nosotros nos dejamos seducir con tan poco fundamento, cada uno cree fácilmente en lo que teme y en lo que desea.”

Fedro

IV

(teriantropía)

En un punto ciego del paisaje estamos nosotros,

bloqueados por el oficio en la mirada del actor,

nuestro escenario es un mundo acelerado

risas y abrazos

que se acumulan

se enredan y caen.

A cada momento alguno de los personajes

tiene la sensación de ser una piedra arrepentida,

un lenguaje perturbado entre las mismas palabras.

Porque en el fondo sabemos

que no debíamos ser más que animales

de amores voraces

de sueños reversibles.

Inocentes de nuestro propio drama.

Pero el sol entrará por la misma ventana

y no necesitaremos otra certidumbre.

El pasado es el relato del hoy,

círculos que se explican a sí mismos

para perder su simetría.

 

De cara al vacío

nuestro graznido

es toda la poesía.

Del libro “A nivel del mar”

 

“Solemos olvidar

que la poesía es un instante

sabiamente clausurado

antes de que aprendamos a balbucear

la eternidad.”

Ana Emilia Lahitte

 

 

 

VI

 

(3.600)

Uyuni se fuga en las escamas de un pez interminable,

vibra en el cuerpo seco de un flamenco

cuando la muerte lentamente sucede sobre los hexágonos de luz

y la bandada se desgrana en una pregunta.

 

Primero naufragaron en la oscuridad,

el agua les cosió los pasos

y otra vez la sequía les llenó de silencio la mirada.

Dicen que los cactus del salar

son hombres condenados

cáscaras del viento que guardan la palabra de Wiracocha,

el ruido que los despertó a la vida.

Dicen que levantaron unas islas

con sólo permanecer

aferrándose a la tierra.

Aquí, lejos de todo, no existe el aquí,

sólo el rumor de un nervio catódico que se desvanece.

Flores de piedra como ofrendas del miedo,

fantasmas de bórax que aun queman mis párpados

Y la lúcida resignación de los derrotados,

los que mueren ahí sedientos de paisaje

ciegos por el clamor de la nada.

 

Sobre este suelo cada sol es definitivo.

El salar se ocupa de lamer el cielo

para que la noche se ensanche.

 

Del libro “A nivel del mar”

 

“… Santiago es una vaca que rumia diariamente su vuelo, es una pesadilla en la que uno corre una carrera vertiginosa pero sin moverse del lugar.”

Witold Gombrowicz, Diario Argentino

 

VIII

Una fuerza y su obstáculo,

es el remolino.

Los paisajes destiñen las ventanas

cuando dios aplaude los ángeles de la siesta

y en el zoológico triste

los leones son bostezos distantes.

 

Obligado a detenerse,

a probar el margen de cada resistencia,

el río se arrepiente

como el devenir del Nilo.

No asume su extensión

ni el brillo de su llanto

porque sabe que el espacio

es sólo tiempo,

tramos de tierra entre los días,

inútil

medir

espumas.

 

El agua no lava los restos,

no disuelve el dolor de las orillas,

permanece en fuga,

velando el trance de los árboles ahogados,

lamiendo huesos anónimos

para que fluyan las ciudades

 

Todo emite un latido preciso,

por las venas de las paredes

la luz en zumbido

es un mantra secreto

que el río escondió en la arena.

 

Aunque el cauce se dimane en peces muertos

y la ciudad vomite aburridos plásticos

todo final es apariencia,

cualquier sol

propicia espejismos.

Del libro “A nivel del mar”

 

 

Los Lamborghini y la épica del retorno

Los Lamborghini y la épica del retorno

Creo que los Lamborghini compartieron bordes. Al menos, dos: el de la épica cuando invade o es invadida por la lírica (la cuestión de los rechazos de la crítica canónica a la épica, a Leónidas lo lleva casi al manifiesto), y el borde de las apuestas de  estilo o de género cuando se acercan al territorio de la parodia pero sin abandonar -y el borde entonces sigue ahí- su condición dramática, agónica… El trabajo paródico –tanto el de Leónidas como el de Osvaldo- puso en escena las operatorias de adopción y desmontaje de una historia político-poética que juntó con honestidad, y parodió hasta el sacrificio, gauchesco, tango, peronismo de los 50 a los 70, policiales pulp, psicoanálisis lacaniano entre otros, jergas carceleras, izquierda post 68, lingüística estructural, revivals victorianos, ensayos contemporáneos sobre historia del arte y la literatura… Entre ambos, eso y más, y qué bueno; sin ese nomadismo sacrificial, sus recorridos por las vertientes discursivas folklorizadas de la región no hubiera llegado a existir, y se hubiera perdido mucho.

Es cierto: estoy sumando temas de uno y de otro, y nunca se asociaron para trabajar; pero creo que hay un emplazamiento compartido que permite hacerlo. Esos poemas invariablemente épicos y, siempre, tozudamente puestos en conversación, son, siempre, de después de una guerra. De guerras políticas, se sabe. Y de guerras poéticas, ellas también oscuras, secretamente múltiples, fragmentarias y plurales como las otras: la secuencia de marqueses de Sade incluye al que pasó por Freud y por Barthes, y cuando habla Arlt podría estar dirigiéndose a Oscar Masotta. Pero no se trata tanto de volver como de volver a hablar. Esa épica es la de la Anábasis: algo terrible pasó, algo que nos mostró una vez más lo que nos negábamos a ver, y ahora debemos volver a nuestro lugar contando (ya, porque no puede esperarse la consecución final de nada, el contar,  el saber y la memoria son para la marcha) lo visto, lo vivido, lo peleado y lo perdido. Hay que decir el recuerdo para retomar algo que ya no puede formularse bien, y en la batalla las palabras sufrieron como cuerpos. Sólo que, para el lector de los Lamborghini, para el que quiere abarcar parecidos y diferencias,  no hubo una sola batalla. En una se peleó en nombre de la Palabra, en otra en el de un Deseo que tal vez no quiera asumirla sino sabotearla.

Se intentará un recorrido de operatorias.

1. Las operatorias del elegir, del repetir, del mostrar, del parodiar…

Todos sabemos que el sentido del poema no podrá decirse, sólo podrá aludirse en accesos ensayados desde distintas costumbres de lectura. Y que en la instancia de la crítica se da cuenta de experiencias propias o ajenas registradas en algunos de esos accesos: en cada caso tal vez se amplíen, así, los alcances de una conversación.

Y sabemos también que hay poetas que no pueden dejar de cumplir el rol de críticos, así como hay (hace tiempo que cada vez son más) pintores, escultores, etc. que no pueden dejar de ser, además, curadores y críticos de sus obras. Siempre ocurrió, ahora se ve y se habla más: son tantos ya los que no esperan, no podrían esperar el momento del manifiesto o de la entrevista para opinar o argumentar.

Y todos sabemos que no hay poesía que no sea (también, pero siempre) poesía del pensamiento. Las diferencias, en todo caso, son de tiempo (verbal). Se canta, se juega, se confiesa, se impreca, se cuenta… pero también se exhibe un pensar o un haber pensado. En el primer caso -el de la opción por la exhibición del pensar-, algo se muestra en gerundio, interpelando desde el momento del escribir o del hablar. En el segundo caso  (¿el de  la opción por la poesía de confirmación? No demos ejemplos…) se trata de agitar emotivamente un pensamiento concluido, y en general ya socialmente conformado y cerrado. Con la poesía lamborghiniana -eh! metonimicemos, para volver después a la comparación-, con la poesía de los Lamborghini- no pasa. Se piensa eligiendo, repitiendo, mostrando, parodiando…

2. Te cuento / te dejo contar

Pero: Leónidas escribía y hablaba también sobre poesía. Osvaldo menos (menos fuera de la poesía), y sin el tono de manifiesto de Leónidas. Perdón: como si en Leónidas hubiera siempre un te voy a contar ,y en Osvaldo un te dejo eso ahí. Las distintas referencias de Leónidas, en textos diversos, al Eclesiastés hablan de un lugar del orador y hasta, más directamente, del argumentador, que existe exponiendo. Y en ese trance puede llegar a vivir y morir: en Siguiendo al conejo, cuidadosa y chocarrera adición bilingüe a Alice in Wonderland (a aguantarse el experimentar que una escritura en paralelo en dos idiomas siempre agranda el decir, cuestiona el traducir), al tema del Eclesiastés le ocurrirá convertirse en un debate sobre el tiempo en distintos sentidos:

Alicia: Pensé que el tema del Eclesiastés es el Tiempo y que ese es el tema del conejo con su reloj De Pronto, al que está consultando a cada rato…
I thought that the theme of Eccleciastes is Time, and that´s the theme of the rabbit with its Suddenly watch, which he´s consulting all the time…
Lewis Carroll: Parece lógico. ¿Otra taza de té?
It seems logical. Another cup of tea?
A.: Sí, gracias: ¿el té es lógico?
Yes, thanks; is tea logical?
L.C.: Si es el té de las 5 en punto, sí, es lógico.
If it´s 5 o’clock tea yes, it´s logical.
A.: ¿Y si se sirve a las 5 y un minuto?
And if it´s served at one minute past five?
L.C.: ¡Ah! Entonces ya no es lógico. Observo que no has perdido tu capacidad de hacer preguntas locas…
Ah! Then it’s no longer logical. I see that you haven´t lost your ability to ask mad questions… [1]

En principio, nada de Osvaldo ahí. Como si en la lectura de lo de Leónidas pudiera tomar su lugar el anuncio de un juego de argumentación, en el que uno podría elegir internarse  prescindiendo de otros. Pero puede sostenerse que el reencuentro espera ahí también, a pesar de los dos. En una de las últimas entrevistas[2]  en que trata de desplegar su poética (en el sentido clásico, retórico: sin privarse de la posibilidad de que se lea como propuesta, y sin cambiar de andén desde su argumentar en verso), Leónidas aclara que todo debe esperarse del tono (las proposiciones del gauchesco, por ejemplo, serían nada si se prescinde de él) y de una operatoria (agónica) sobre las formas: “se trata de dar vuelta las viejas formas, como un guante”. Esto aclarando que la frase es de Trotsky y… que está tomada de un citador, T. S. Eliot. La diferencia entre sus agonías dialógicas y los entredientes de Osvaldo parece nacer a veces de la distancia entre prioridades de recorrido, entre elecciones de estación.

Y el recorrido de los niveles o dimensiones de su poética los muestra siempre ampliándose, aun cuando los textos de referencia de esa poética se meten en estabilizados cantos de oficio o de género (del payador, del narrador en escena), que se suceden continuándose.

3. Los retornos de la tragedia,  la parodia, la palabra suelta

La lectura del Estanislao del mate es buena estación previa para la de El jardín de los poetas. En el ¿prólogo? de Tragedias y parodias I (ahí está el Estanislao) se dice que los maestros gauchescos “fueron (son) paródicos por trágicos y trágicos por paródicos”, ya que “vieron entre   posibilidades de lo cómico la fundamental de dar expresión profunda y verdadera, al dolor humano”, y que esa asunción es la que también “se respira en el aire de (esta) época” [3].

Pero hay algo en Tragedias y parodias que es un punto de flexión en la escena de escritura de Leónidas: la puesta en escena de “las palabras que juegan su propio juego” (en “La ovejíada”) como figura central con respecto a otras de su poética. Del “hueco enfermo de yo mismo” del cuerpo que se mete, desencarnándose, en la La estatua de la libertad ; [4] a “las palabras que se retoban” (después, como en Siguiendo al conejo, lo harán hasta en otras lenguas). Y que constituirán, a partir de entonces , el sujeto del drama y la tragedia. En El jardín de los poetas lo serán en la repetición de infinitas remisiones a los actos mínimos de la cotidianeidad, que seguirán cambiando de entidad mientras haya poetas soñando su poema. .Personajes de un acto de elección definitivo, pasarán por las desplegadas instancias de diálogos conceptuales, filosóficos o políticos; el poema se podrá soñar y decir desde cualquier lado y a cualquier hora porque será el decirse, hoy trágico pero permanente también ahí, de los discursos de la política y también de los literarios y filosóficos; el poetizar quedará precisamente jugado a la circunscripción de eso de lo que se habla: lo de “soñar” el poema, como metáfora, se muestra destinado a alcanzar en seguida la condición de metáfora de una creación que en algún momento pasará a ser de todos (con Leónidas Lamborghini se podría decir: destinada a llegar en seguida a la condición de verso compartido o de letra), en el segundo siguiente a aquel en que haya sido dicho por primera vez; hoy parece natural, convencional –tan natural o convencional como el lugar común- que la poesía se diga onírica y agramatical; pero se dice para empezar, o para decir otra cosa. Porque se sabe también que eso es algo que se ha dicho sólo temando, como en la payada. Que sin sueño no hay creación poética pero que el sueño no escribe, que el sueño no es poesía, que soñar no es escribir. Y como hablando de esto, en El jardín de los poetas cada tanto viene un “Bosquecillo” a sacarnos, de una, de toda ilusión de sencillez (comprendida esa ilusión de lectura que había operado como nuestro intérprete). Porque ahí el verbo empezará a retorcerse hacia adentro en cada estrofa y la acción se mostrará como la de generar, en su doble acepción: la de hacer nacer y ¿opuestamente? la de poner en género, en instancias de la más ritmada vida social: elegiaselándosela, baladeándosela.

Poetas soneteándosela
a su Musa.
Poetas eglogándosela
A su Musa.
Poetas silvándosela
a su Musa.

4. Poner en género, metrear, poner en verso

La elección de género, siempre en un borde del escribir: elección a la vez retozona y honda ella. ¿En cuestiones de poetizar hay algo más inevitable, y entonces más delimitablemente poético que ese poner en género? ¡Perdón! El género puede esquivarse, puede no estar. O, al menos, puede no verse. Pero entonces  habrá otro Acto Social, no menos inclusivo y excluyente: el de la elección y puesta en escena de  unos procedimientos constructivos:

Poetas metreándosela
a su musa. Poetas pareándosela
a su musa.

Y a partir de esos acuerdos en principio formales es que podrá llegar también a decirse todo, hasta –o especialmente- las palabras que muestran que ese estar, más allá de las formas puede abarcar todo el sentido::

poetas sodomoverseando
a su musa.

Ahí podrían llegar a estar juntos los Lamborghini, los dos: después de unos pasos caminados hacia atrás desde la tragedia, hasta señalar el territorio común. Para eso habrá que percibir el momento del corte, habrá que llegar a la cesura en que aparezca lo intransitivo del escribir. Pero una diferencia insistirá: los dos son, en el sentido de la palabra de Leónidas, dramáticos, pero la figura creada acerca de lo que se da a leer es diferente en cada caso: materia y decir impiden toda sencillez o transparencia en los dos, pero los elementos que oscurecen el campo son de objeto en el llamado de Leónidas, de tono en el de Osvaldo.

5. Historia / experiencia

lamborghi

Osvaldo Lamborghini

Reconozcamos que con parecidos: tanto esos objetos como esos tonos caen en la escena como piedras. Pero en un registro de planteos de escritura se mostrarán tomando la escena, del lado de Osvaldo, una expresión que se exhibe masticada, sangrada, salivada en soledad; del otro, unas catástrofes históricas del temar y el decir, entonces políticas y sociales. No porque lo social y lo político no estén en Osvaldo, sino porque en él están para andar caminos o lugares o pretextos de la Experiencia:

Yo no hice una obra, hice
Una experiencia, experience.
Al margen, yo te amo como se ama
al rumor heteróclito,
el clítoris todavía todavía
de la página aún no esc rita,
manejo de los sinónimos.
¡Lo que es la lengua castellana!
Afirmación que hay, débese, entender
en estos términos
lo que es la lengua castellana
y no mi pésima bragueta.
Nocturno, nocturno, nocturno.[5]

Creo que deben encontrarse pocos ejemplos de utilización del esquema oposición entre lo general y lo  particular con remisiones tan abarcativas a la historia literaria de las oposiciones entre sociedad e individuo, vida y obra, oralidad y escritura, sexo y política, naturaleza y cultura… Los Lamborghini compartieron el interés por todas ellas, pero sólo en Osvaldo el sujeto construido por el discurso (el agónico decidor que aparenta tomar la palabra en sus interpelaciones) fue siempre el paradójico héroe y antihéroe del relato y la escritura.

6. La ciudadanía de la épica

Tanto Leónidas como Osvaldo cultivaron, de manera cambiante y fragmentaria pero permanente, la autorreferencia crítica. En Leónidas, con efectos cercanos a los de la autobiografía estilística. En una de sus últimas reflexiones [6] habla de lo que fueron vías de búsqueda desde los momentos fundantes de Al público, y parece hacerlo con las posibilidades de objetivación que da la elección de objetos reconocidos como externos:

 “Allí inicio otro recurso, el tronche, el corte violento del verso”.

El ejemplo: “En vez / tú no tienes voz propia / ni virtud / dijo /  y escribes sólo para”.

Y  la refundación incluía ya el emplazamiento de ese Texto-Autor anterior, venido de la letra (copla, himno…) como en un centro ajeno, a sufrir y disputar, porque la confluencia siempre se muestra esquiva, del trabajo poético:

“…son cosas que hice como una variante del poema clásico. Invocar a la musa, y la musa que (al poeta) no lo apoya”.

Y lo esquivo de la musa pudo coincidir con la distancia inicial de una crítica atenta a criterios que paulatinamente dejarían de condicionar la lectura de su obra, cuando el lirismo de los 40, vigente más allá de su década, dejó de manifestarse en el rechazo, por ejemplo, de  “temas que directamente no entraban, la épica no entraba, entraba lo lírico”.

Que la poesía épica entrara en expectativas valoradas de lectura, aunque no fueran las del tiempo y el lugar, y que era algo que había sido visto ya como deseable, pero difícil y poco frecuente, en la poesía latinoamericana: Borges, saludando unos poemas a los que veía alcanzar, desde una lírica con asentamiento de género (eran los sonetos de Daniel Ibarra), una condición épica: “La poesía nació con la epopeya: vuelve aquí a sus raíces”[7]. Y ya Amado Alonso había visto “prodigiosamente quebrarse los límites entre la lírica y la épica” [8] en  Residencia en la tierra,  con efectos que definía como los de una nueva fundación poética. Las remisiones se incluyen porque el tema de la épica como desvío

“El consierto del bagual”, en el Estanislao del Mate: en la poesía de Leónidas  juegan relatos que arrancan de una épica que no por paródica dejó de constituir su epopeya. Sólo que ahora la parodia forma parte también de su trama. En “El mate de Estanislao”:

Un guacho es un gaucho al que le han metido
la a ditrás de la u. ¡Hijunigransiete!
y por eso corre y ricorre la imensidá ‘e la pampa imensa
ihasta que a juerza e’ la juerza de correrla y ricorrerla
-¡iluminao de imensidá!-
se saca la a de atrás y se la mete por dilante. [9]

Esa lengua y su letra, instrumento que en la poesía de Leónidas están siempre a punto de no ordenarse, de no encuadrarse en sus funciones y que siempre pueden convertirse –esa lengua, esa letra- en condenado sujeto de la acción del que estaría para desempeñarla o hablarla. Mientras que el sujeto de la acción en la poesía de Osvaldo es el hacer y el decir de un sujeto de estrategias deseantes en permanente confrontación, que no podría soportar una rebeldía del sintagma como la de ocultarse detrás de un despegue estallado de fragmentos pero deberá vivir renovando escrituras porquesi no, es sabido:

Yo quería escribir
    Y bien
    No escribí
    Me dejé llevar por estupores, por
       “anotar en los márgenes”, por coleccionar
miserables cuadernitos de apuntes, para…
Mañana…
Hoy, 20 de agosto, 1980, los sucesos no
se han desencadenado,
las “fuerzas de la naturaleza” no
Se han desencadenado
Ocurrió en cambio que salí al corredor
y me crucé –necesito hacer contacto con alguien,
Con cualquiera para zafar de aquí-,
Me crucé con la rubia de buenas ancas
que me hace ojitos
Y ella me miró, dulzura,
Dispuesta al saludo
Pero,
     Yo también la miré:
  Hay un cierto modo… [10]

Desde el lado ¿opuesto? dice Leónidas: la escritura siempre traerá algo nuevo. Habrá que entender: algo por hacerse. Como el Eclesiastés al que no deja de referir, el poeta de Leónidas se muere por hablar. Sólo que finalmente se tratará de un hablar con ínfulas que lo plantan –destinos- ante toda re –ligio para sufrirla continuándola. Pero en parodia, porque el hacer incluirá un interpretar sin parámetros, una dicción tratará de oír su propio timbre para saber cómo continuar. Siempre habrá algo de nuevo, de condenadamente nuevo si se habla del drama desde su hablar. Un hablar de poetas “metreándosela”, “soneteándosela”, “metaforeándosela” (…) a su Musa. En El jardín de los poetas la mención de las prácticas seguirá hasta tirar abajo cualquier expectativa temática: para L.L. el personaje es el sentido compartido, transitado, golpeado por las prácticas que aguantan las exposiciones de la vía pública; y algo lo estará esperando para torcerlo en el curso de cualquier experiencia, pero no se puede no dejarlo insistir:

Parterre 4
Poetas esperando sin mayor esperanza
la inspiración de su Musa.
Poetas esperando sin ninguna esperanza
la inspiración de su Musa.
Poetas poniendo todas sus esperanzas en
la espera de inspiración de su Musa.[11]

7. Hablar del texto / hablar al texto

A la letra, sin llegar al cierre (así solía citar Leónidas los tangos, etc., y a su propia escritura, con aquellas remisiones al “tronche”), puede decidirse que dice: poniendo todas sus esperanzas en la espera de. Cortando la frase ahí: por un momento podemos dejar afuera la espera de inspiración de su musa; total, los cambios, los accidentes se dan siempre antes de ese repetido Objeto Directo. Suceden. En la espera. Ahí, no más allá. Hay mundos de escritura en los que se accede a la percepción de que es así, de que el sentido no podría encontrarse en su Después.  El Dicente y el Discurso lo entienden por igual en la poesía de los Lamborghini, y actúan de acuerdo con sus diferencias.

Diferencias: Osvaldo también puede dejar venir al verso, y a su historia, y a sus relatos, y a sus jugados –transitorios- efectos de transparencia. Pero cuando parece empezar a ser otro Leónidas –cuando parece dejarse interpelar por un Canto Primero como si fuera el sujeto del suyo-, abandona enseguida el lugar del interpelado; toma la palabra, él, como lector, pero para nombrar distancias; así sea para mostrar una oscura admiración:

Es inútil: ¡qué gran poeta
fue, fue José Hernández!

Desde el Desierto, al bardo

Al arte que sigue (no decir “insiste”)
como yum, yum yum,
entre la lengua siempre
y el paladar
y también un poco
del diente que acá (mala)

Más allá jamás –debe
ahí quedarse
en una eternidad de umbral
-contra la comida
-contra el alimento
-Yum: ahí sentado, en armas,
contra todo lo que nutrirse
quiere como consciencia.

“Viene uno como dormido
Cuando vuelve del Desierto”.
Dos: dos versos. [12]

Y ocurrió además que entre ambas poéticas se constituyera, con el tiempo, otro eje de oposición: con la aparición de Carroña última forma la poesía de Leónidas termina de asumirse en un vivir y morir / morir y vivir de los textos en inacabables alternancias de figura – fondo con los presentes de la escritura.

El artista no tiene por qué ser el que encuentra las fórmulas que den cuenta de su obra, pero el prólogo de autor de Carroña última forma es descriptivo:

“a un solo paso de mis Obras Completas me he visto (he alcanzado a verme), en este cuerpo verbal en descomposición, como en una última forma de vida que, como tal, seguía bullendo”.

.Los poemas de distintos momentos de esas Obras aparecen divididos en versos de extensión mínima, que pueden llegar a consistir en una sola palabra, o en una sílaba o letra. Como si no necesitaran ya la asunción de los discursos fundantes de ningún imaginario colectivo, con sus marcas de género y estilo. Pero un haber sido que no es sólo el del pensar o el sentir individual es igualmente convocado en el juego: la síncopa del cambio de sitio de palabras o letras sueltas no puede provenir de ningún decir (la muerte de la experiencia dadaísta del arrojar letras sueltas sobre el papel, sin cambios de soporte no tiene vuelta atrás)  con propósitos,  un jugar inenarrable  toma la escena, y el que deja de narrar es el Autor. O más bien se cambia de sitio en el narrar.  Supo que lo narrado también narraba, seguía narrando después de que el narrador, el pensador, dejara de escenificar sus decires, sus ritmos y sus respiraciones. Las fragmentaciones de las nuevas escrituras no podían unir formas y contenidos porque no podían formar parte de ningún pacto sintáctico. Aquellas formas y aquellos contenidos insistían, pero dependiendo ahora de la voluntad de memoria –de memoria sintáctica, y sin ella no hay frase ni discurso- del lector; en los libros que siguieron, otras formas de juego textual rehicieron o deshicieron sus empeñosas vidas de  escritor.

Otra vez para poner en fase, otros versos: los textos en los que Osvaldo también ve venir el discurso como dicente, pero, en todos los casos, para mostrar (el discurso) su dejar de decir. Para poder mostrar otra vez él (el discurso) que su destino paródico puede llegar a desmadejar la palabra.

Constituir, en fin, El Arte de la Elegancia
(y no, televisarlo). Hacer una publicidad sistemática
contra los fines: el zen y el Zenón.
Flechas de turbio mirar en una noche barrosa pero muy atemperada.
Taquito (¡Taquito!) camina por el corredor
así como la paloma
      vacila…
entre golondrina y golondra
¡alondra! ¿no?
¡Sí! Buscada por los ruiseñores a quienes ella desprecia
porque el Zorzal la fascina.[13]

Osvaldo era el Menor. Se podría inventar ahora una historia de motivaciones: vino a decir que, después de cada agonía del Eclesiastés, se puede seguir escribiendo. Porque si la poesía y la política valen por su andar,  no por su final o su cierre, cada andar, él mismo, vale tanto como su palabra y su causa. Tiene que seguir dando cuenta de su insistir, de su vacilar.


 

[1] En Leónidas Lamborghini,  Siguiendo al conejo / Following the rabbit, Buenos Aires, Paradiso, 2010, p. 42

[2] Entrevista de Carlos Maslatan, Revista Ñ, 2007

[3] En Tragedias y parodias I, 1. Estanislao del mate, Buenos Aires, Libros de Tierra Firme,1994, p. 7.

[4] En el comienzo de La estatua de la libertad, Buenos Aires, Alba Ediciones, 1967, esp. 11 a 15.

[5] Parte del poema 2 de “La divertidísima canción del diantre”, en Osvaldo Lamborghini, Stegmann 533’bla y otros poemas, Buenos Aires, Mate, 1997, p.20.

[6] “Vida”, en Mezcolanza, Buenos Aires, Emecé, 2010.

[7] “Proemio”, en Daniel Ibarra, Sonetos, Buenos Aires, Ed. La Luna Que, 1999 [1983}.

[8] En Poesía y estilo de Pablo Neruda, Madrid, Gredos, 1997.

[9] En Tragedias y parodias I, 1. Estanislao del mate, Buenos Aires, Libros de Tierra Firme,1994, p. 11.

[10] En Osvaldo Lamborghini, Poemas 1969 – 1985, Buenos Aires, Literatura Mondadori, 2012.

[11] En Leónidas Lamborghini, El jardín de los poetas, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 1999, p. 14.

[12] En Osvaldo Lamborghini, íd., íd., p. 364, 365.

[13] En “Taquito (para Silvia Del Curto)”. Osvaldo Lamborghini, íd., íd., p. 211.

Textos revisitados

Textos revisitados

En este ensayo se comentan diversos textos que impusieron debates entre los años 50 y 80 en la Argentina. Héctor P. Agosti, Juan José Hernández Arregui, Oscar Terán y José Arico, son revistados para intentar nuevas lecturas.

El ensayo tiene una gran tradición literaria y ha sido siempre un género destacado en nuestro continente. Durante todo el siglo XIX “fue la forma más original y vigorosa de la escritura en América latina”. El ensayo como escritura, y sobre todo cuando se elabora desde la primera persona, permite multiplicar lecturas, reconocer autores, establecer polémicas y mostrar una gran variedad de estilos.

El ensayo como literatura de la reflexión se ha distinguido por la prosa “dialogante” y por “la comunicación abierta”.  El Plan revolucionario de operaciones de Mariano Moreno, un documento clave de la independencia en la Argentina, se funda como una “operación literaria” y como una operación política. Es un documento que inaugura un ideario de radicalización ideológica y que además tendrá sus detractores que consideraban que el famoso Plan no fue escrito por Mariano Moreno. Las dudas sobre la autenticidad o lo apócrifo han sido algunas de las estrategias ensayísticas que marcaron parte del debate intelectual, como señala Jorge Lafforgue en su libro Explicar la Argentina.

El descubrimiento del Plan revolucionario de operaciones por parte del investigador argentino Eduardo Madero a fines del siglo XIX, quien estudiaba en el Archivo de Indias en Sevilla la historia del puerto de Buenos Aires, permitiría que se difundiera un texto clave. El Plan de Moreno nos permite hoy reconocer algunas de las diferencias políticas entre quienes formaban parte de la Primera Junta de la Revolución de Mayo. Como literatura de reflexión, este documento es sin duda un referente fundamental del ensayo como género, y a la vez un multiplicador de las disputas ideológicas y de las operaciones político literarias.

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