Lisandro González

Lisandro González

Antología de uno de los poetas rosarinos más significativos de su generación

REALIDADES

Hoy es el día
en que sueltan los trenes
sobre la llanura.
¿Y en las esquinas?
¿Un fragor?
transcurre sobre el silencio
sin sobresaltos.
Todo sucede como si flotara.
Y alguien que ha soñado anoche
se suelta del último
viaje.

(De “Esta música abanica cualquier corazón”)

DE REFILÓN

En el velorio de la tarde
cae una rodaja, se corta un péndulo.
Alguien
en el último espejo
escribe. Tersos baldíos.
Todo sucede
en el pequeño tamaño de las horas.
Hasta brotan cigarrillos
en rosas de cobre.
Umbrales alambran
otras memorias.
Y un tango. Cuelga
de una pieza con aliento a polvo.
Y el cielo, que deja de lado
algunas nubes.

(De “Esta música abanica cualquier corazón”)

SEDUCCIÓN

Rosario abre su escote:
lo recibe una cantera
donde los parroquianos
pulen diamantes
en las cervezas.

Esta ciudad no es fácil:
las memorias
aparecen
en los pocillos mal lavados,
en los cabellos de un río.

(De “Esta música abanica cualquier corazón”)

CONVOCATORIO NÚMERO

Se llaman los cadáveres
entre sí.
Los racimos de uvas azules,
los racimos de huesos.
Son elementos, tribulaciones
que preceden a tus manos.

La tibia transición
entre un beso, el llanto,
el estuche vacío del corazón.

Las calles sólo se serenan
al estallarnos la cabeza.
Y la ciudad es eso:
una casa sin techo.

(De “Esta música abanica cualquier corazón”)

DIFÍCIL DETENER EL DÍA

Atardecía.
Como otras veces,
como demasiadas veces.
Nada parecía poder detener
este sol.
Ya sólo resta
un ciego sonido de lumbres.
La boca del cielo
se cierra
y solo, un rastrojo de las sombras.
El encrespado batido de luces
se pierde
en un atardecer violeta.
Esta música
abanica
cualquier corazón.

(De “Esta música abanica cualquier corazón”)

ÍCARO

Estrangulás el balcón
con sus propios
b a r r o t e s
pero esperás
para volar

los días nublados.

(De “Leña del árbol erguido”)

NEBLINA

Aprendiz de estrellas
te embriagás
con el alcohol espumoso
abundante en las mañanas frías
hasta que el bisturí del sol
quiebra tu copa.

(De “Leña del árbol erguido”)

CANCIÓN SEDOSA

Las estrellas nunca muestran su soledad
de años luz
y hoy es una de esas noches,
suficiente para la compasión.

La apariencia vuelve las cosas tangibles.

(De “Leña del árbol erguido”)

POETI-K

El poeta
presencia el mar
“Acabo de encender
el arte
pero el agua del mar
se cansa de mis versos
y quiere una garganta
-además,
cada mar
tiene su ritmo
y no soy
tan brillante.-”

El poeta
y el mar
se despiden
y vuelven
a cotidianos asuntos.

(De “Leña del árbol erguido”)

DEGRADACIÓN

La luna se arqueaba
cuando le tocábamos la punta.

Su movimiento
era éxtasis, locura.

Pero un día
no dejó que la volviéramos a tocar.

Ahora la luna,
estrellas
son simples elementos decorativos.

(De “Leña del árbol erguido”)

I

el dardo
da al centro de la noche
bola blanca sobre bola negra
un papel se quema
y el cigarrillo es la metáfora

hay partes de la ciudad
donde el agua del tiempo
pesa diferente

(De “Hobbies de hotel”)

IV

las estrellas de carne
se cuelan por las rejillas
del cielo

nada sencillo
discutir sobre el sexo de la noche
cuando los animales hambrientos
rodean el hotel

(De “Hobbies de hotel”)

VOLVIENDO LENTO DE LA DERROTA

el triste huésped de la mañana
te llama
el sigilo
brota en los corredores de la sal
y brillan
dos o tres placas de la luna abandonadas
tus manos
dos arlequines mudos
y tus botas
han perdido
la templanza y el color

(De “Hobbies de hotel”)

NI LA PIEDAD, NI EL OTOÑO

golpea el azar
y el verano observa
los corazones:
sólo dos músculos
que no merecen
ni la piedad ni el otoño

(De “Hobbies de hotel”)

POEMA

un chico
confunde a
poe con
conan doyle
pues ha visto
a holmes
caminar con un mono

pretexto suficiente
para
más tarde
escribir cosas
que disgustarán
a edgar,
arthur,
sherlock
pero que el mono
tal vez lea
con gusto

(De “Hobbies de hotel”)

EL HOMBRE VOLVIÓ AL BAR
el hombre vuelve al bar
en busca de su paraguas

al llegar
encuentra algo de gente
escuchando leer a un poeta

el poeta dice
cosas sobre el don del agua líquida
la escarcha sobre el verde
el rostro de las morenas,
y le señala una mesa
al hombre

el hombre entonces
encuentra su paraguas
en la mesa
y deja el bar
en el momento
en que la lluvia se desvanece

algo confundido
por la poesía
(De “Intervalo lúcido”)

EL JUEZ DE LA PUREZA

en aquellos días
nuestra sed era de lluvia
-el río salado
nos quemaba la garganta-
usábamos el techo
como un embudo gigantesco.
en el ritual
debía yo acercar el vasito
y esperar que el color del agua
dijera “bébanme ya”
entonces dirigíamos
el dulce fluido hacia el aljibe
-algunos vecinos
dejaban sapos
para que comieran los posibles
insectos-.
todo hasta
que el tajo del cielo
se apiadara nuevamente
o el líquido vagón de un tren
se compadeciera.
años más tarde,
tendría una más pacífica pero indiferente
relación con un río marrón,
y no sería ya
el juez de la pureza

(De “Intervalo lúcido”)

NÍSPEROS

un árbol de nísperos
plantó un vecino
en la tierra suave de tu infancia
para que diera sombra
a las noches del mundo
para que me diera sombra

(De “Intervalo lúcido”)

NOTA ENCONTRADA EN UN PORTERO

por favor
limpiá bien la vajilla
no siempre el tiempo
hace proezas
con la grasa y el dolor

no ocultés la tierra
y el llanto en la alfombra:
un día vas a caminar sobre barro

la ortografía cotidiana
no se corrige sola

(De “Intervalo lúcido”)

FINAL TRISTE DE PELÍCULA

él se casaba
ella juntó más tarde cada grano
de arroz
y los lavó
los secó
sobre un pañuelo bordado
los cocinó
ya sin lágrimas
con agua de flores

(De “Intervalo lúcido”)

OCHO (PARADO EN EL MUELLE)

un pez fuera del agua
se pregunta por la altura de los edificios
por ese extraño color azul celeste
de la muerte posible
-las aves recortan
ese gelatinoso panorama
hasta que la mano del pescador
lo vuelve al agua-
¿será “otro” ese pez
que palpó otra muerte
diferente
a la que le espera
una o dos horas más tarde
en la boca de un pez mayor?
¿será entonces pez muerto,
comido
pero no “pescado”?

¿o será
ese par de horas
otra forma de salvación?
(De “Intervalo lúcido”)

METÓDICO

arranca las flores
de la vigilia
sólo para ver las raíces del sueño

arranca los tapones a todos los ríos
y con los cauces ya semivacíos
da con los objetos extraviados

(De “Los cauces vacíos”)

EN UN GÜEMES

terneros surreales
tocan con pinzas de langosta
delgadas capas de la muerte

pequeñas garras del paisaje
sueltan la mano de fuego
que más tarde abollará todo

(De “Los cauces vacíos”)

2 – otra vez la muerte insaciable

Elliott Smith prueba algo de la muerte
pero en realidad él hace otra cosa
siente dentro cuál sería la suerte
como si todos perdieran la rosa.

Es un hombre con la mirada fuerte
pero Smith siente miedo de una fosa
donde vuela gris un pájaro inerte
y por las noches su corazón roza.

Entonces Elliott abre la coraza
para que el pájaro asome su boca
y coloca la sangre en una taza;

y así es que se disuelve de la roca
se vuelve canción triste con la maza
mientras Elliott todo pájaro toca.

(De “Los cauces vacíos”)

MIENTRAS SE JUNTAN TELARAÑAS

hay que cambiar estos muebles
los colores las formas

el espacio cotidiano alguna vez se harta
algunos artefactos también

pero quién desempolva
el disco de spinetta con el infierno inflacionario?

quién abre las sábanas de la cama nueva
donde nadie concilia el sueño?

hay que cambiar los muebles
pasar de un extremo a otro

(De “Los cauces vacíos”)

ROCK SINFÓNICO

tardes adolescentes
la música será un ancla

que se arroja
a tu interior

flotan un caballero
y un bufón

en esas aguas pesadas
de peces de plomo

y sirenas
tremendamente esquivas

(De “Los cauces vacíos”)

¿y para quién será lo que has amontonado?

Lucas, 12-20

la última cosecha
pone en la diyuntiva
de seguir ocupándose en acumular ganancias
o dar el campo en alquiler
y dedicarse sólo a descansar, sí
pero sobre todo a disfrutar
los beneficios de una vida de beneficios
éstos y no otros pensamientos ocupan la cabeza
del conductor de la 4 x 4
que a 160
toma con cierta displicencia la curva
que lo toma, lo vuelve carne entre hierro retorcido
chamusca esa disyuntiva de prosperidad más o menos cómoda
los graneros repletos, pero de sangre
y la misma disyuntiva del ángel
en susurrarle
durante la curva
algo

un acto de contrición da a un alma la salvación

Graham Green; Brihgton, Parque de diversiones.

(De “Fin zona urbana” – Antología de poetas rosarinos)

conocés ya
la incipiente melodía de las cosas?
a la mañana dormís
resolviendo el fragor del mundo
angelicalmente

girasoles
ondean tu frente
niña
zona del
alba
libera sutilmente
en el mediodía
zumo de tus frutas florecidas

paulina
atisba el mundo

hasta ahora en su dulce
cosmos de agua presocrática
sólo comprende las cosas
por su ritmo
y la felicidad
que la cuna del vientre mece

pronto el viento le traerá
a su rostro
la maldad pero la bondad de la gente
y se empezará a llenar
el corazón de música
para aquellas noches
de bares cerrados

¿Dónde irá con esos poemas
mordiéndole los talones
-sacudiendo los pies

para que no estorben,
no piense ni lo que pasó
ni lo que pudo-?

Sí, desde la altura
se observa esa mujer
que huye de poemas

escritos no por mano del hombre que la amó
y ensayó versos
en el fragor del amor o desaliento

si no de sus poemas propios.
Raras criaturas
crecidas del musgo del horror.

(Anna Ajmátova corre por calle Italia…)

Lisandro González nació el 14 de marzo de 1973 en la ciudad de Resistencia, provincia del Chaco, Argentina. Reside desde los cinco meses de vida en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe. Es abogado. Colabora con textos y comentarios de libros en revistas y suplementos literarios de Rosario, Santa Fe, Uruguay y México. Poemas suyos han sido traducidos al portugués. Publicó, entre otros, Esta música abanica cualquier corazón (1994), Leña del árbol erguido (2000) y Hobbies de hotel (2004).

Una muestra de poesía boliviana

Una muestra de poesía boliviana

Texto introductorio y selección de Gabriel Chávez Casazola

Estrellas en el agua: descubriendo la poesía boliviana

Un signo de interrogación. Un signo que guarda un enigma a su vez escondido entre montañas. Así suele verse a la poesía boliviana desde fuera. Y aun esto es un decir, pues casi no se la ve. O no se la ve en absoluto, pese a que Bolivia tiene una rica, fecunda –y sobre todo vital- tradición poética. Y pese a que las montañas andinas son solo la porción occidental de un vasto territorio de valles y selvas, que desciende al naciente con los ríos (y el idioma) abiertos.

Para que nuestra poesía se encuentre invisibilizada conspiran varios factores: un pequeño mercado editorial; ausencia de publicaciones (libros, revistas, portales) con alcance internacional; escasos canales, flujos y contactos con autores, críticos, editores, traductores y divulgadores de otras naciones; falta de apoyo estatal. Pero, sobre todo, en el trasfondo, planea una suerte de enfermedad nacional que aqueja también a muchos poetas: la mediterraneidad espiritual.

Ésta consiste en creer, en los niveles subconscientes, que la ausencia de una salida al mar, a un mar arrebatado, encerró a los bolivianos, condenándonos a una suerte de confinamiento más allá (o más acá) de lo geográfico, tan determinante que de él no pueden escapar ni las palabras. Mucho hay de victimismo –y de ignorancia de la propia condición amazónica y platense del país- en esta mirada, en este mito que nos deja suponer que existen grandes barreras para la difusión internacional de nuestras creaciones y para el conocimiento de las creaciones de artistas y escritores de otros países.

En el caso de la poesía boliviana, este aislamiento perceptual se tradujo, durante varias décadas, en insularidad y asincronía. Una insularidad mediterránea, si tal cosa cabe, atribuible, en términos prácticos, al hecho de no existir un libre flujo de influjos, pues se tendía a leer poco a poetas de otras latitudes, a viajar poco los poetas y sobre todo a dejarse estar, sintiendo cierto recelo del mundo y de las propias capacidades, lo que muchas veces devenía ensimismamiento, umbilicalismo; aunque otras pocas veces, por fortuna, se concretaba en el surgimiento de poetas insulares dotados de una valiosa originalidad y una gran potencia creativa, crecidas a las márgenes de otras poéticas, constituyendo una suerte de periferia central del continente.

 

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Una muestra de poesía boliviana

Macky Corbalán y los signos itinerantes

Rememorar, pasar por la memoria, dar anclaje a lo pasado en el presente de la historia, en el tiempo-ahora que plantea Walter Benjamin. Resignificar la obra de una mujer como Macky Corbalán, que se convirtió en referencia en la literatura patagónica, en este 8M es necesario porque cuaja en su compromiso, en la toma de posición cultural y política. Ella misma se definía como poeta, lesbiana, feminista.

“Aquello que viene al mundo para no perturbar nada,
no merece ni consideración ni paciencia”.
René Char

Hay poetas que transitan por la literatura llenándola de anecdóticos ornamentos, nada más. Existe otra prosapia, otra estirpe de poetas que, además de constituir la serie literaria, causan un malestar en los lectores contaminándolos con sus búsquedas y preguntas celestes sin saber a ciencia cierta quién podría contestarlas. Porque todo es exploración en el arte lírico, es tanteo y se enfrenta en dicha búsqueda el vacilar de las cosas. En eso reside, por tanto, la magia de la poesía, que se asienta en un diálogo intemporal de voces derramadas a lo largo del espacio, del tiempo, y de textos fundantes.

Hablar de la poesía de Macky Corbalán es un desafío interesante, también, su lectura; donde, justamente, el lector no sale indemne. La construcción discursiva de sus textos desafía aquella apreciación de las estructuras estructurantes del sociólogo francés Pierre Bourdieu, en el sentido de que sus poemas van descontruyendo la trama de la hegemonía. Cada uno de sus enunciados despoja y desnuda la rutinaria repetición del habitus, indicando y señalando los espacios, los intersticios en donde fenece y se engendra la existencia ordenada. Por eso dice en el poema “Humanos”:

Leo en ellos como páginas escritas.
Atravieso sus órganos opacos, su piel,
el susceptible hilado de los nervios.
Es lo de siempre, lo de cada época:
rencillas, acuerdos y desánimo.
Una cosa,
no entiendo: esa oscura,
repentina agitación
cuando recuerdan.

Cada poeta elabora una serie de símbolos que van reiterándose en distintos textos, adoptando posiciones y significaciones de acuerdo a la cosmovisión del autor. Tanto en La pasajera de arena (1992), Inferno (1999), Como mil flores (2007), El acuerdo (2012), hasta Anima(i)s (2013), existe y aparece desplegada en la trama una zoología que cobra un valor preponderante en cada una de las publicaciones.
En el poema “3er mundo” (La pasajera de arena) se señalan en una comparación los animales de Pavlov, que reaparecerán en “Zoo BA” (Como mil flores), siendo aludidos en Inferno. Pero esta presencia generalizada de “los animales” posee una revalorización en cada uno de los textos, es decir, hay un trabajo de focalización e insistencia particular hacia las moscas, gatos, perros, grillos, mariposas. Esta trama animalística siempre se halla en activa relación con el ser humano. Quizás lo más ilustrativo al respecto sea su último libro Anima(i)s, que constituye un juego de palabras desde su título, y alude a la palabra latina que designa a los animales. Puede leerse en su primer libro La pasajera de arena:

Llámenme.

Yo estoy allí,
en la maleza oscura,
zozobrando sola,
mientras los animales orinan
mis tristezas / mis manos de paja.

Y en El acuerdo (2012) dirá:

el animal que me acompaña siempre
ahora duerme, dormiré también
para acompañarlo yo por una vez

Es importante resaltar la articulación entre lo público y lo privado en la poesía de Macky Corbalán, los sucesos que relata el yo poético acontecen tanto en una habitación desde donde se observa el mundo detrás de la ventana; como así también las calles, los parques y las plazas cobran en esta poética un protagonismo inusitado. En La pasajera de arena escribe:

El ómnibus cruza el paisaje,
como una flecha incontrolable;
en su interior,

la pasajera de arena
culmina una nota de adiós
y abre la ventanilla.

Otra cosa que se debe destacar es la insistencia de la mirada, el valor que cobra ese sema en su situación escrutadora de la realidad. Entonces habría una configuración de la observación que se va reiterando de forma paradigmática en los diferentes libros de la autora neuquina. Se anotan los correspondientes al libro Inferno: “la opaca mirada/ fija en una abertura cualquiera”, “andamos viendo un rostro”, “Hoy creí ver un pájaro”, “Apenas los ojos”, “Voy a decirte que te vi”, “no hay nada allí que nosotros/ podamos ver”, “sube por tus ojos antes/ de tocar mi cuerpo”, “viendo madurar los cuerpos/ con los manzanos”, “acostadas, veíamos”, “Miro por la ventana”, “abren sus ojos”, “¡ya vas a ver!”, “veo/ la dificultad de las frases/ al armarse”, “Estoy lejos,/ en la orilla, pero aún así/ alcanzo a ver”, “para no tener que ver/ en su habitación”, “Quisiera creer que todos lo ven”, “el día termina apenas abierto los ojos”. También encontramos:

VI
Apenas los ojos
humedecen su pábilo, los objetos
recuperan el orden
de su universo sin gentes.

Esta postura dominante de la mirada, inclusive, sobre otras que se repiten (oír y lectura), tal vez responda a aquello que escribiera Cristian Aliaga: “Un poeta […]/ no mira para ver,/ sino para abrir los ojos”. Es decir, el poeta como ordenador de un espacio incita a su lector a ver lo que él ya observó abriéndole los ojos, además de saber que ese otro verá otra cosa que escapa a la construcción misma del poema.

Se resalta la riqueza de esta poesía y la posibilidad de recorrer campos semánticos, estructuras sintácticas y hacer una lectura comparada. En ese caso se eligen fragmentos que son señalables como índices intertextuales, porque los enunciados presentes en sus poemas se relacionarían con algunos textos de Jorge Luis Borges. Teniendo en cuenta, desde ya, el trazado de una posible visión de la producción estética y que en la poeta nacida en Cutral Có pareciera reiterarse ese explorar de la creación.
Escribe Macky Corbalán: “Aunque, una sensación de pregunta/ que no alcanza a formularse/ en la conciencia, me agita, un instante”; y Borges ensaya: “esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizá, el hecho estético”. El otro segmento de la poeta sería: “¿Quién se acerca/ desde el vibrante labio del horizonte,/ protegido por la cegadora luz blanca? […] Se mueve detenido por la lejanía […] Aquí, en este lugar de la espera,/ todo sigue igual […] Y quien viene,/ sin llegar”. Ahora se trascribe el hipotexto correspondiente al cuento “El fin”: “Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una música…”. No sólo intertextualidad avalada por la crítica literaria, sino también se pueden observar las correspondencias baudelerianas en el ejemplo.
Considerando la perspectiva del fenómeno intertextual, es interesante la relación que puede hallarse entre estas constelaciones escriturarias. En otro parágrafo del cuento Borges refiere: “Un punto se agitó en el horizonte y creció hasta ser un jinete, que venía, o parecía venir…”.
En fin, como se intuye Recabarren encuentra su destino en el texto, en cambio Borges y Corbalán seguirán buscando en los signos su itinerario vital y estético; como nos dice en Inferno:

¿Quién se acerca
desde el vibrante labio del horizonte,
protegido por la cegadora luz blanca?

Quisiera creer que todos lo ven,
y lo esperan. (Pero ¿por qué lo pienso
en masculino? ¿Acaso mi mente puede leer
lo que se acerca y cuando esto es poderoso
lo imagina hombre?)
Miro a los costados,
nadie parece compartir mi digresión,
esta ansiedad, el aire de temor.

Se mueve detenido por la lejanía.

Aquí, en este lugar de la espera,
todo sigue igual: casas y tumbas se
chupan a los seres con igual codicia;
la piel se enciende en los sueños,
los sueños se acaban cuando empieza el día,
el día termina apenas abiertos los ojos.

Pero, ¿cuándo? ¿y ese gesto de los perros,
ese dejo de terror? Parecieran tener cajas en
la lengua y un movimiento
continuo en la cabeza
(dentro de la cabeza).

No hay nada: ni cámaras ni música ambientando
el final feliz. No hay final feliz.
No hay aliento, no hay afuera,
no hay siquiera UN intento
por anonadarse
con éxito.

Y quien viene,
sin llegar.

Quien quiera profundizar en la obra poética de Macky Corbalán puede acceder a sus tres libros publicados en formato digital en el sitio http://pasajeradearena.blogspot.com.ar/; y también para conocer más sobre lo que pensaba sobre la poesía es importante la nota “Poesía es mi madama”, que le realizaron Luciana Mellado, Mónica Baeza y Jorge Maldonado para el suplemento cultural “Confines” del diario El Extremo Sur de la Patagonia: http://www.confinesdigital.com/conf37/macky_corbalan_poesia_es_mi_madama.html; o el trabajo de análisis literario de la poeta e investigadora Silvia Mellado: http://lacebolladevidrio.blogspot.com.ar/2015/11/ensamblar-macky-corbalan.html.

Textos suyos figuran en las antologías: Voces a mano / Compilación de Ricardo Fonseca (Ediciones Culturales Neuquinas, 1987); Decires de cobreazul / Compilación de Lidia Muñoz de Gercek y María Juana Molfese de Martínez (Ediciones Senda, 1990); Poesía en la Fisura / Recopilación de Daniel Freidemberg (Ediciones del Dock, 1995); Antología de poesía de la Patagonia / Edición de Concha García (Diputación Provincial de Málaga, 2006); Poetas argentinas (1961-1980) / Selección y prólogo Andy Nachón (Ediciones del Dock, Colección El pez náufrago, 2007); La poesía del siglo XX en Argentina / Edición de Marta Ferrari (Visor Poesía, Colección La Estafeta del Viento, 2010); Antología Federal de Poesía. Región Patagonia (CFI, 2014) y La frontera móvil. Antología de la poesía contemporánea de la Patagonia argentina (Ediciones Carena, 2015).
Ha publicado La pasajera de arena (Libros de Tierra Firme, 1992); Inferno (Libros de Tierra Firme, 1999); Como mil flores (Hipólita ediciones, 2007); El Acuerdo (La Mondonga Dark, 2012), Anima(i)s (La Cebolla de Vidrio Ediciones, plaqueta, 2013), y habría que citar los inéditos La rama y Conversaciones acerca del amor, según consigna el poeta y periodista Gerardo Burton (http://lacebolladevidrio.blogspot.com.ar/2014/11/macky-corbalan-hacia-una-construccion.html). Es necesario destacar el libro Poesía (1992-2013), publicado en 2015 por el sello Ediciones En Danza, que reúne los cinco poemarios publicados en vida por la poeta Macky Corbalán.

Una muestra de poesía boliviana

El cuerpo debe ser escuchado

El 8M será otro día de movilización, denuncia y reivindicación del rol de las mujeres en la historia, la política y la cotidianeidad del siglo XXI. Adrienne Rich, una de las poetas capitales en la temática feminista, es un buen ejemplo para resignificar el sentido de la lucha y evidenciar la opresión del sistema patriarcal. Violencia masculina que en estos últimos tiempos generó la cifra escalofriante de una mujer muerta cada 18 horas.

El orden del discurso
Cuando casi todas las variantes enunciativas que comprenden al discurso social, con sus particularidades científicas, políticas y culturales, no pueden pronunciar o explicitar el estado de emergencia de ciertas subjetividades ―las cuales se hallan referidas en un relato―, es posible que los agentes que las formulan se comporten, según las relaciones sociales y el funcionamiento del campo intelectual, como fomentadores de procesos creativos e imaginarios radicales que cimienten nuevas significaciones, o como clausuradores de las alternativas innovadoras. En consecuencia, sea a través de la retórica hegemónica, sea a través de la pasión de lo real que se imprime sobre los cuerpos, el objetivo proyectado es el de hacer sentir el efecto del poder a los que osan, o se aventuran, en pensar y pensarse fuera del orden del discurso.
Ha sido así a lo largo de la historia. De modo encubierto siempre ha operado la persecución y el control de los sujetos; coartando, muchas veces, su posibilidad de expresión. A esto lo puso en evidencia Michel Foucault en sus estudios sobre la locura y la sexualidad. Pues, detectó la genealogía del poder y fue desenmascarando una serie de lugares comunes y de verdades a medias que circulaban tanto en la opinión pública, la academia y la arena política. El pensador francés le arrancó la venda a la legislación (manipulada por el poder) que acometía con la domesticación de los pueblos, de los individuos, en definitiva. Sus estudios atenuaron las normas que vigilaban y castigaban al que asediaba el orden de la élite.
En ese sentido el arte siempre fue y será una vía o un intersticio desde donde es posible elaborar otra mirada, otra lectura del mundo, y, por ende, fundar y establecer un contradiscurso. El conocimiento de ese cuadro de situación permitiría desmontar varios preceptos y mandatos que se inculcan desde la infancia. Pierre Bourdieu resalta que las elecciones o preferencias intelectuales de la vida adulta, de alguna manera, están predeterminadas e inculcadas desde la formación más temprana, partiendo desde el hogar familiar hasta la escuela.

Complejidad de los géneros
Mucho más problemática, que la cuestión referida, es si nos referimos a los géneros ―no a los géneros literarios―, sino a los que comprenden al hombre y a la mujer. Es una discusión que viene desarrollándose, con mayor intensidad, desde el siglo pasado, pero que tuvo anteriormente otras posturas, en reconocidas precursoras. Se destacan Olympe de Gouges, que redacta en 1791 la “Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana”; Mary Wollstonecraft, que escribe en 1792 la “Vindicación de los derechos de la mujer”; o las militantes políticas Clara Zetkin, que incide que a partir del 8 de marzo de 1911 sea declarado “Día Internacional de la Mujer” o “Día de la Mujer Trabajadora”, en conmemoración de las 129 mujeres fallecidas en el incendio de una fábrica en Nueva York (el 8 de marzo de 1909), y Alexandra Kollontái, que impulsa la inclusión de los derechos igualitarios para las mujeres en los apostolados de la revolución rusa de 1917.
Sin embargo, a pesar de estas luchas, la omnipresencia del patriarcado en la cultura occidental y su voluntad de dominio sobre lo femenino trasciende a toda expresión artística y científica, contaminando, a su vez, a la vida y a los oficios. Para el historiador Luis Vitale, la opresión de género no existía en la prehistoria porque ambos sexos realizaban las mismas tareas; y afirma que “los primeros síntomas de opresión comienzan a manifestarse en la división del trabajo por sexo.”

El cuerpo es biopolítico
Adrienne Rich, poeta y teórica feminista, refirió (allá por) 1968 que “El instante en que un sentimiento penetra en el cuerpo: es político”. El poema, como catalizador de la sensibilidad y refracción sociocultural, pasa a ser una interpretación de la realidad; la vida una continuación y una comunicación con el arte. Entonces el amor, la palabra, la política dejan de ser preocupaciones fragmentarias. A la sazón, lo personal se hace político, lo colectivo se hace político y, por sobre todo, la mujer se hace ―indiscutiblemente― política.
Se puede contraponer lo que Luis Vitale resalta ―que en la prehistoria las actividades era una práctica conjunta, pero que los tiempos modernos afectaron esa relación, pues la división del trabajo por sexo lo que hizo fue consolidar el dominio del patriarcado― para ampliar las opciones de un tema complejo. No obstante siempre hay excepciones a las reglas (artificios para vulnerar el orden del discurso decretado por los hombres), y una de ellas las encarna Oswald de Andrade, cuando desde los manifiestos antropofágicos pondera y reclama una vuelta al matriarcado (de Pindorama). Un regreso al matriarcado que no debe confundirse con el dominio del mundo por las mujeres, sino a toda la relación ritual con que se organiza una comunidad que tiene como eje lo femenino. Esta lucha se encuentra representada, según el poeta brasileño, entre la cultura antropofágica y la cultura mesiánica. La primera sería conducida por las mujeres y la otra ha sido la que impuso ―desde Esquilo hasta ahora― el hombre. Una parte de esta concepción se puede rastrear en el artículo “Variaciones sobre el matriarcado”, publicado en el diario O Estado de Sao Paulo (1953).

El hombre carnavalizado
Y siguiendo con estas consideraciones, podríamos decir que la respuesta a la metáfora femenina elaborada por hombres fue construyendo a su vez otro discurso ―como apunta la poeta Alicia Genovese―; un discurso de mujer que podría seguirse a través de diferentes voces. Por ejemplo, Rosario Castellanos titula su obra poética Poesía no eres tú, a modo de devolución lúdica e invirtiendo el “significado” que les propinara a las mujeres hace poco más de dos siglos Gustavo Adolfo Bécquer (Rimas, “21, XXI”). La poeta y ensayista Adrienne Rich, en su libro The Dream of a Common Language / El sueño de un lenguaje común (New York: W. W. Norton & Company, 1978), nomina a un capítulo como “Veintiún poemas de amor”, en obvia alusión a los Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda. Al deconstruir el sentido de una de las tantas líneas de la obra del poeta chileno (“Me gustas cuando callas porque estás como ausente…”), le presenta batalla al patriarcado y cuestiona, a su vez, la tradición literaria, notablemente masculina. Con dicho ejercicio sentencia que la mujer no debe callarse. Rich busca devolver su valor a la deslegitimada palabra de las mujeres y, según Paula Jiménez, “logrará refundar un mundo en decadencia, un lenguaje que reflejará una cultura no esclavista ni opresora”.
Podríamos citar a diversas autoras que se han posicionado en defensa del género, como Simone de Beauvoir, Luce Irigaray, Hélène Cixous, Judith Butler, Elisabeth Bishop, Anne Sexton, Diana Bellesi, Macky Corbalán, Laura Piñero, María Herminia y María Silvia Di Liscia, entre muchas. Justamente Hélène Cixous resalta que “la escritura femenina debe romper con la tradición del pensamiento logocéntrico basado en oposiciones binarias”. La forma de ruptura es la de volverse hacia el cuerpo ―resalta Genovese―, hacia la sexualidad femenina que la sociedad patriarcal (o sea, nosotros, los hombres) ha reprimido instalando la censura, la culpa y la violencia. En la escritura la mujer debe regresar al cuerpo, reconocerlo, escuchar sus propios deseos. Por eso Cixous dirá: “Escríbete: tu cuerpo debe ser escuchado”.

El cuerpo escuchado
Adrienne Rich, que integró la gran generación de poetas post Segunda Guerra Mundial, y es, junto con John Ashbery, una de las sobrevivientes vitales de ese grupo, comprendió ese malestar manifiesto tanto en el cuerpo femenino como en el cuerpo social. Sus inicios poéticos fueron precoces (se graduó en Radcliffe en 1951, el mismo año en que Auden la eligió para la serie de Yale Younger Poets), pero sus escritos eran lo suficientemente convencionales en términos de estilo, pudiendo situarla dentro del linaje de los poetas modernistas anglo-estadounidenses. Sin embargo, una carrera poética que se desarrolla dentro del canon (determinado por los hombres), así como considerarse una mujer de clase media en 1950 en Norteamérica, preocupaban cada vez más a la poeta nacida en Baltimore (1929). Tanto sus pensamientos como sus sentimientos de mujer y poeta ya no encajaban con las expectativas del mundo y, específicamente, de ese mundo en el que vivía cotidianamente. Entonces, a medida que la brecha entre interior y exterior se fue ampliando, Rich se convierte (ella misma se describe en un momento como si hubiera quedado “paralizada” ante esa crisis), y emerge fortalecida, con una voz poética que redefine la producción literaria y ensayística del feminismo norteamericano.

“An atlas of the difficult world II”

Here is a map of our country:
here is the Sea of Indifference, glazed with salt
This is the haunted river flowing from brow to groin
we dare not taste its water
This is the desert where missiles are planted like corms
This is the breadbasket of foreclosed farms
This is the birthplace of the rockabilly boy
This is the cemetery of the poor
who died for democracy This is a battlefield
from a nineteenth century war the shrine is famous
This is a sea-town of myth and story when the fishing fleets
went bankrupt here is where the jobs were on the pier
processing frozen fishsticks hourly wages and no shares
These are other battlefields Centralia Detroit
here are the forests primeval the copper the silver lodes
These are the suburbs of acquiescence silence rising fumelike from the streets
This is the capital of money and dolor whose spires
flare up through air inversions whose bridges are crumbling
whose children are drifting blind alleys pent
between coiled rolls of razor wire
I promised to show you a map you say but this is a mural
then yes let it be these are small distinctions
where do we see it from is the question

“Un atlas del mundo difícil, II”

He aquí un mapa de nuestro país:
aquí está el Mar de la Indiferencia, barnizado de sal
Este es el río maléfico que fluye de la frente a la ingle
agua que no nos atrevemos a probar
Este es el desierto en el que se han plantado misiles como bulbos
Este es el granero de las granjas hipotecadas
Este es el lugar donde nació el chico rockero
Este es el cementerio de los pobres
que murieron por la democracia Este es el campo de batalla
de una guerra del siglo diecinueve el sepulcro es famoso:
Esta es la ciudad marina de mito e historia cuando las flotas pesqueras se arruinaron
aquí es donde había trabajo en el muelle
congelando pescado en trozos paga por horas sin dividendos
Estos son otros campos de batalla Centralia Detroit
aquí están los bosques primitivos los filones de cobre de plata
Estos son los suburbios del consentimiento el silencio se eleva como el humo de las calles
Esta es la capital del dinero y del dolor; sus pináculos
estallan en el aire caliente, sus puentes se desmoronan
sus hijos van a la deriva por ciegos callejones confinados
entre alambres de espinas enrollados
Prometí mostrarte un mapa y dices pero esto es un mural
entonces bien, déjalo estar son pequeñas diferencias
la cuestión es desde dónde lo miramos

de An Atlas of the Difficult World / Un atlas del mundo difícil (New York: W. W. Norton & Company, 1991); en Poemas (1963-2000), Ed. y trad. María Soledad Sánchez Gómez. Sevilla: Renacimiento, 2002.

Una muestra de poesía boliviana

Tantos países que hay dentro de este país

Hay libros que auscultan una época. Dialogan y debaten la conformación del campo intelectual. Hay libros que resignifican la conformación cultural del país y en momentos críticos sirven como brújula para comprender la tradición y el estado de emergencia. Aguafuertes provincianas de Pedro Patzer cumple esa función y nos religa a la América profunda, a la Patria Grande.

Pensar(nos) en el país a través de la historia irreductible de sus pueblos, de sus héroes y personajes, pero también de los artistas y creadores que han retratado el pago chico que irrumpe con una fuerza arrolladora en el escenario nacional con sus matices, sus fraseos y tonadas. Un país que conjuga en su cultura numerosas culturas, diversas idiosincrasias y cosmovisiones de la vida, la naturaleza. El arte, en este caso particular y como ya lo hiciera en otras oportunidades, se plantea como manifestación y representación de la sensibilidad y el pensamiento nacional.

El diálogo comienza con la misma reflexión de Pedro Patzer…

―Desde la protesta de los Qom, hasta Spinetta… ¿Cómo es nuestro país, nuestra cultura popular? Es justamente esa unión. El Cancionero de los Ríos; la “Zamba del Río Robado”. Todo tiene que ver. Tiene que ver con los ríos, y ese todo se une. Spinetta también tiene que ver con los ríos, los Qom; que es una síntesis de lo nuestro.

Es parte de nuestra idiosincrasia… La acumulación de manifestaciones que conforman a nuestra cultura, o nuestras culturas.

―Sí. Cuántos mundos, cuántas Argentinas hay en Argentina. Cuántos argentinos hay en cada región. Cuántas Argentinas hay en el hombre de la llanura que mira el horizonte, y tiene esa profundidad, ese infinito. Cuántas Argentinas hay en el hombre que es del país de las montañas, que tiene otro tipo de horizonte, y tal vez un horizonte más velado.

Estas aguafuertes provincianas conjugan, o tratan de conjugar, todos esos mundos, que somos nosotros mismos tratando de contar nuestro lugar, ponerle melodías, ponerle poesías. ¿Cómo ha nacido esta obra? ¿cómo se ha ido construyendo?

―Esto se escribió, si bien en los dos últimos años, esto se viene construyendo en los últimos diez años. Porque desde casi diez años atrás trabajo con Marcelo Simón, en Radio Nacional; y hace diez años que estoy conociendo la otra Argentina. Es decir, estoy conociendo que esos ríos, que esas rayitas azules que figuran en los mapas, no son solamente ríos, sino que son universos. Universos donde en las orillas está la cultura de tantas cosas, y en los ríos navegan tantas otras, tantos oficios; y también ríos que se roban, que generan tantas canciones. Esto nace realmente de darme cuenta que también hace diez años recorro este camino. Podía hablarte de Rimbaud, de Baudelaire, pero no sabía quién era Morisoli, quién era Bustriazo, quién era “El Bardino”, quién era Ramón Ayala, quién era Petrocelli. En la Universidad de Letras de Buenos Aires me enseñaban a contemplar al Manifiesto Surrealista de Bretón, pero nadie me hablaba de lo que era un antigal. La mejor manera de conocer ese mundo fue a través de la gente, a través de la mirada, de las manos de un zafrero, de la mirada de un minero, de la espera de un pescador, de la espera de un mariscador en Corrientes. De todo lo que es el Zonda, de todo lo que interpela en el alma el Zonda, o el Pampero y en la Patagonia con sus vientos. Los pueblos petroleros. En fin, tantos universos que están dentro de nuestro país, de tantos países que hay dentro de este país.

Una gran riqueza de mitos, de leyendas, de personajes que forman parte, justamente, de nuestros pueblos. Qué interesante que citaras a Baudelaire, ya que permite decir que uno no deja algo porque encontró otra cosa, sino que trata de combinar. Él hablaba de las correspondencias.

―Claro; es así. El otro día estaba hablando en Buenos Aires con el periodismo en ETER; me habían juntado con el director de la revista Rolling Stone. Decía que está bien que exista esa idea de Carlos Fuentes, ¿no?, cuando refería que los argentinos venimos de las naves; pero eso está omitiendo una cultura ancestral. Tonto el que cree que solamente tiene 500 años. Tenemos siglos, pero muchos siglos, tenemos el maíz, tenemos la papa, tenemos tanto, pero además de tener esa cultura ancestral, venimos de los trenes, somos hijos de los trenes. Esos trenes trajeron leyendas, carnavales, culturas, tonadas. Esos trenes que recorrieron el país y que fundaron pueblos, también fundaron desiertos cada vez que cerraban un ramal. A eso me refiero, que podemos leer a Baudelaire y todo lo que vino con las naves. Entonces no tenemos que olvidar que nosotros somos de acá, que nos gusta el aire de aquí como diría Yupanqui. Y que hay una cultura central, pero también hay voces latentes que nos están hablando todo el tiempo, o que están esperando para hablar. Es como dice Morisoli, en el cielo algunos ven la Cruz del Sur, nosotros miramos el guanaco sideral que nos rodea, que nos acecha, que nos enseña.

Cuando hablabas recién de los trenes recordé ese pasado en imágenes de poetas. Poetas que, de alguna manera, también sentían ese viaje en tren como algo muy particular: porque se llegaba a un nuevo lugar, o volvían al lugar donde habían vivido. Como Francisco Madariaga, que tiene sus trenes fluviales. Además Jorge Teillier, poeta chileno, también, a través de sus trenes vuelve a su lar, adonde está el tiempo como detenido en el pasado. Ellos, de esa forma, fueron cociendo una visión del universo que quieren conservar a través de la escritura.

―Es tan fuerte los trenes para las poesías. Neruda se llama Neruda por culpa de los trenes. El padre de Neruda era un ferroviario de Temuco, y no soportaba que su hijo se llamase Pablo Neruda. Es decir, Pablo Neruda es un nombre que adoptó como poeta. Le gustaba como nombre, Pablo, y Neruda lo adoptó de un poeta checo. El padre, que era conductor de trenes en Temuco, no le gustaba que su hijo fuera poeta. Pablo Neruda, entre otras cosas, dijo que no hay nada más triste que un tren detenido bajo la lluvia. Qué imagen tan fuerte. También Manuel J. Castilla, hijo de ferroviarios, y Yupanqui, que decía que su padre era un ferroviario pobre con libros, y María Elena Walsh, también, hija de ferroviarios. Cuanto nos han dado los trenes.

Conciliarías con que el arte no es algo indistinto y que está separado del hombre “común”, sino que es parte de él.

―Claro. Totalmente. Esa es la clave. La cultura popular se funda en la figura de esos ilustres desconocidos, esos próceres cotidianos, que son los que hacen esta cultura. Esa mirada de lo que hablamos. ¿Cuántos ferroviarios que se quedaron sin trenes y que, de alguna manera, murieron; y con ello todo un paisaje? ¿Cuántos baqueanos o reseros, como los que hay en el Don Segundo Sombra, se perdieron? ¿Quién es más dueño de un horizonte que un resero? Tantos y tantas personas hicieron y hacen nuestra cultura popular.

Ustedes en La Pampa tienen lo suyo. Carlos Loza, uno de los músicos más talentoso de La Pampa, me fue enseñando esta secreta Pampa. Todos esos secretos de La Pampa, con su reunión de poetas, con el colectivo de voces. Conocí a poetas maravillosos como Edgar Morisoli, que llega a hablar de la tabla del náufrago. Y uno se pregunta: ¿pero qué naufragio se puede tener en la mitad de la llanura? Entonces se comprende todo ahí, en esas creaciones; uno comprende que “La Pampa es un viejo mar”, como escribió Ricardo Nervi.

Y es tan extraordinario todo este conocimiento que, como bien señalás, no tiene que ver con un ámbito cultural, ni de élite, sino que se respira, que se vive, que está en la gente. Claro que está en un naufragio, en los nacimientos; pero, por sobre todo, en la gente con la que nos codeamos todos los días.

Rodolfo Kusch recupera gran parte de ese sentir cuando nos dijo que “la cultura es una cuestión de tripas”…

―Sí, un gran maestro. Él que pudo develar esa tensión entre hedor y pulcritud; si no nunca se sabe quiénes son los del hedor y quiénes los de la pulcritud. Es como los civilizados y los bárbaros, que al final los civilizados terminaron cortándoles la cabeza a los bárbaros; como pasó con el Chacho Peñaloza. Para saber quién es quién en este hermoso continente. Este continente que tiene tanto por descubrirse y por mirarse, para entenderse.

Cuando leía el libro imaginaba a las provincias como provincias flotantes, es decir, veía que no estaban contenidas por los límites geográficos; sino que esas provincias se iban acercando a Latinoamérica.

―Y sí, y cada vez más, no? Mirá, aprendí una cosa en el tantanaku infantil de la Quebrada de Humahuaca, cuando llegaban los changuitos de los pueblos de la Puna. Es que se dieron cuenta que todo aquello que les habían enseñado para avergonzarse era su verdadera riqueza. Era y es un verdadero tesoro. Por mucho tiempo los hicieron avergonzarse de su idioma, de su rostro, de su color de piel, de su canto. Pero ahora estoy notando que lo están mostrando como algo muy suyo, ancestral. En ese tantanaku infantil están sus verdaderos tesoros, sus verdaderas riquezas. Empecemos a descubrir nuestras verdaderas riquezas, porque los hombres que tengan esas riquezas van a ser ricos siempre; aunque estén con las manos vacías siempre van a ser ricos. En la Argentina profunda, en ese sentido, tenemos muchas riquezas, paisajes, escritores, músicos. Un rico y largo camino de sabidurías populares.

Otras de las cosas valiosas en Aguafuertes… es que recuperás a un personaje muy importante que nos ha enseñado a ver y a entendernos, a Jauretche.

―Sí, sí, a don Arturo Jauretche. Yo era uno de los “zonzos”, como dice él… (risas).

Bueno, muchos hemos sido zonzos…

―Claro. Estudié letras y quería morir en una buhardilla de París, creía en todas esas tonterías. Pero con la crisis del 2001, al enfrentar un montón de cosas, uno empieza a comprender que “existe una sabia organización de la ignorancia”, como decía nuestro querido Jauretche. Nosotros tenemos que dar todo para comprender por qué somos como aquellos que fueron señalados como bárbaros. Ese es nuestro camino, y no el de los civilizados, que lo que hacían siempre era señalar a lo extranjero como lo fundamental, anteponiéndolo a los nativos, que era lo que se tenía que despreciar. Lo cierto es que en lo que se hace debemos parecernos a nuestra gente, a nuestro paisaje, y resguardar la particularidad de la tonada. Me parece que eso es fundamental, parecerse a lo que uno es, siendo con nuestra gente, con la gente necesaria; y descubrirnos en esa gente.

Queda evidenciada aquella alusión de Jauretche sobre la pedagogía colonialista y que se ha ido deconstruyendo en estos últimos años; apelando, por ejemplo, un poco a la mirada de los procesos políticos que está viviendo Latinoamérica. Encontrar a Gilberto Gil y uno de los Buarque en el gobierno de Lula da Silva, a Ticio Escobar en el de Lugo, a José Nun, Teresa Parodi y Jorge Coscia con Néstor y Cristina. Un texto del libro está dedicado al Comandante Hugo Chávez; que también ha marcado la historia y nos incluye al recuperar a la sabiduría popular, a los cantores, a los poetas…

―Claro, fijate, ¿cuántas veces nos hicieron avergonzarnos de nosotros, de nuestra sangre? ¿con cuántas escenas nos hicieron creer que lo mejor estaba afuera? Acá, en nuestro país, existe un poeta tan extraordinario como Edgar Morisoli, poeta vivo. Me pregunto: ¿dónde está Edgar Morisoli? Y esto no sucede solamente en Argentina, también en Latinoamérica, y en el mundo. ¿De dónde es Morisoli?, bueno, nació en Acebal, en Santa Fe, pero gran parte de la obra de Morisoli es de La Pampa. Y les digo cuando voy a La Pampa, tienen a Morisoli, tienen a un Neruda acá a la vuelta. Lo que tenemos que aprender es eso; a conocernos, a encontrarnos. A ver cómo encaja acá nuestro tesoro; investigarnos, leernos y saber más de nosotros, a ver si encontramos, de una buena vez, la Ciudad de los Césares. La Ciudad de los Césares es una gran metáfora de todo lo que tenemos para dar, de esas ciudades increíbles que tenemos para encontrar, Lin Lin, Trapalanda, y todo lo que nosotros somos. Jauretche me parece que es fundamental. Es fundamental para luchar contra eso que decía Leda Valladares, de que “nos trae la cigüeña de París, no el cóndor de los Andes” (risas). Tal vez sea el tiempo de que nos traiga la diuca de La Pampa.

La diuca haciendo nacer, o haciendo amanecer…

―Sí, como cuenta Morisoli. En La Pampa “la diuca no canta porque vaya a amanecer, sino para que amanezca”; eso es hermoso, eso realmente es hermoso.

 

Sobre Aguafuertes provincianas

Cuando un mapa geocultural se despliega no sólo emergen sino que también se identifican los matices políticos, sociales y artísticos de una región. Ese reconocimiento presenta y hace circular, ampliando su radio de influencias, tradiciones que forman parte de la idiosincrasia de los pueblos.

El libro Aguafuertes provincianas (Corregidor, 2013) regresa a las fuentes donde se cimientan las obras que refieren y representan a un lugar, a una generación; dando cuenta de la historia y de los procesos que constituyen su acervo simbólico. Leyendas, mitos, anécdotas, poemas y cantos son reunidos por la memoria de Pedro Patzer con el afán de prolongar a través de la escritura un catálogo de expresiones, sabores y tonalidades de la patria “interior”.

En esta obra son convocados poetas y músicos, historiadores y artesanos, pensadores y trabajadores, en síntesis, hombres militantes de la vida. En el relato germinan las palabras y las melodías que retratan a esos mismos hombres con sus experiencias y sus sueños, con sus triunfos y derrotas.

Pero estos escritos no atinan nada más en recuperar ese pasado pleno de artistas e intelectuales, sino que repone las vivencias de los hombres de pueblo, con sus virtudes y miserias, y pone en evidencia problemas actuales como el paco, el glifosato o el enajenamiento que producen las nuevas tecnologías de la comunicación virtual.

Quizás deba destacarse el diálogo entre poesía y canción / canción y poesía (ya lo refería Borges: “El verso siempre recuerda que fue oral antes de ser un arte escrito. Se acuerda que fue primero canción.”), porque a ese camino lo han transitado muchos autores del mundo; entonces como no citar la exquisita complementariedad entre Joan Manuel Serrat y Antonio Machado o Miguel Hernández, Aldo Ferrer y Astor Piazzolla, Cuchi Leguizamón y Manuel J. Castilla, Pablo Neruda y Víctor Heredia, Teresa Parodi y Francisco Madariaga, Lalo Molina y Edgar Morisoli, Alberto Cortez y Juan Ricardo Nervi, entre otros tantos ejemplos. Pero este encuentro es determinante, no sólo en su perspectiva estética, sino también en sus consecuencias socioculturales, porque la raigambre de estas creaciones se hace carne en el hombre, son su alimento diario, porque como señalaba Rodolfo Kusch: “la cultura es una cuestión de tripas”.

Pedro Patzer con sus Aguafuertes provincianas nos recuerda a los hacedores que le pusieron voz y letra a la cultura, reconstruyendo un nutrido índice que se asemeja al concebido por las mujeres que conservan las recetas familiares, y nos invita a realizar un viaje por pagos, bibliotecas, boliches para que comprendamos, apreciemos y apropiemos la diversidad cultural de la Patria Grande.

 

Pedro Patzer

Estudió Letras en la UBA. Guionista recibido en el Iser, ha dictado allí clases de guión de radio (también en Eter y en el Centro Cultural Rojas). En La Folklórica, de Radio Nacional se desempeña como guionista (contenidos) desde 2003. Distinguido con el 3º Premio Naconal 2014 (Rubro Guión Radio y TV) con el galardón Santa Clara de Asís y con siete premios Argentores por escritura en radio: por “Pequeños Pueblos… Grandes universos” (2006); “Biblioteca Popular” (2006); “Canconero del pan” (2009); “La canción desesperada” (2010); “Bcentenario” (2010); “Facundo, un libro que Sarmiento escribió con amor a sus odios” (2011); “En el gran cielo de la poesía” (2011); y “Sagrado corazón del chagas” (2012).

Tiene publicados tres libros: Aguafuertes provincianas (Editorial Corregidor, 2O13); Las vocales (Landeira Ediciones, 2012); Efectos secundarios (Antología poética, Anaya, España. 2004); y Artefactos de Mar (De Alejandría, 2000).

Su primera obra de teatro, Epígrafes (2010), fue ganadora del concurso de dramaturgia del ciclo Teatro x la Identidad, de las Abuelas de Plaza de Mayo, y fue representada en todo el país.

Desde octubre de 2013 forma parte del consejo de radio de Argentores.

Estrenó en Julio de 2016, en Tecnópolis, su obra de teatro María Elena Walsh, ayudanos a mirar, tributo a la autora de “La Cigarra”.

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