by Claudio Medin | 10 \10\America/Argentina/Buenos_Aires marzo \10\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Festival de Poesía
Nuestro Espacio Literario. Protagonistas, lugares, fechas y horarios de todas las actividades, con entrada libre y gratuita, que se realizarán durante el mes de marzo en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (Av. Corrientes 1543, Ciudad de Buenos Aires)
Dramaturgias posibles. Un ciclo donde el teatro es pensado desde la literatura. El viernes 9 de marzo la entrevistada será Mariana Oberztern. Coordina Nara Mansur. Sala Meyer Dubrovsky (3° piso), 19 hs
Tierra. Presentación del libro de Alicia Salinas publicado por La Mariposa y la Iguana. Participa la autora junto a Ana Laferranderie. Jueves 15 de marzo, Sala Meyer Dubrovsky (3º piso), 19 hs.
Las raras circunstancias. El último lunes de cada mes la poesía visita el CCC. El 26 de marzo Mrinés Scelta, Alfredo Luna, Natalia Leiderman y Dolores Etchecopar, junto a la cantautora Alin Demirdjian. Coordinan: Marina Cavalletti, Romina Dziovenas y Carlos Aldazábal. Sala Osvaldo Pugliese (PB), 19 hs.
by Claudio Medin | 10 \10\America/Argentina/Buenos_Aires marzo \10\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Notas, Poesía
El poeta español presenta el libro de la argentina Marisa Martínez Pérsico, editado recientemente por la editorial Valparaíso.
Marisa Martínez Pérsico es una profesora de literatura a la que conocí en Italia, una conocedora notable de la poesía contemporánea. Cuando la descubrí como poeta me llevé una sorpresa muy grata porque a veces, cuando uno siente cariño a una persona, pues se incomoda a la hora de leer su poesía. Si no nos gusta lo que escribe, lo que leemos, uno se siente mal. Yo me siento mal cuando no me gustan cosas que hacen mis amigos, y me alegro mucho cuando sus libros me parecen buenos. Y la verdad es que cuando Javier Bozalongo me mandó el libro para que yo le pusiese una nota en la contracubierta me llevé una alegría porque lo leí y me pareció un libro excelente. Y escribí lo siguiente, que quiero recordar aquí:
“La voz de Marisa Martínez Pérsico funda una frontera propia entre la lucidez y el sueño, entre el mundo exterior y la intimidad. El cuerpo se cuenta y se canta, porque sentir la piel es un acontecimiento parecido a cruzar una ciudad o a tocar con las manos una idea. La hora de esta poesía sucede en el lugar del instinto y la meditación, del saber y del desear. Las certezas del cielo se ponen entre paréntesis porque hay fronteras que se crean para que la poesía las cruce y establezca su contrabando de memorias y de silencios. Siempre al otro lado de las cosas, escucha la realidad detrás de una puerta y atiende a la imaginación desde la otra orilla de lo que ya ocurrió o desde lo que quizá pudiera repetirse de un modo distinto. Profesora, poeta, Marisa Martínez Pérsico une la pasión narrativa con el lirismo puro, el conocimiento de la tradición con el tiempo vivo del mañana, la materialidad con la fuga. Tiene el don de la primera vez y de las segundas oportunidades”.
Entre la primera vez y las segundas oportunidades están los paréntesis en los que uno suele habitar. Y yo, de manera muy resumida, escribí este texto porque lo que hay, a mi modo de ver, en el paréntesis de este cielo, es una conciencia del vacío, una conciencia que sin embargo está habitada por los sentimientos del que recuerda lo que pasó y se ha perdido, y del que espera lo que puede llegar pero todavía no está.
Se trata de un diálogo del deseo y de la ausencia, y ahí está la poesía de Marisa, que es una indagación profunda en los sentimientos de pérdida, en los sentimientos de ausencia, en la espera, hasta el punto de que ella descubre que uno, al pensar en uno mismo y en el tiempo, acaba echando raíces en la nada. Se puede echar raíces en la ausencia. Y ahí empieza el ejercicio de su poesía, que es una poesía que junta la lucidez y la meditación con la sensualidad, haciendo un hermanamiento del deseo sometido a la realidad.
Digo que se trata de habitar el vacío porque este deseo echa raíces en un espacio donde está lo que ya se ha perdido o está lo que todavía no ha llegado, como ejercicio de meditación sobre el paso del tiempo. La vida -y lo escribe Marisa- necesita que alguien la piense. Pensar la vida es reconquistar el pasado y es interpelar, preguntar sobre el futuro, darle al deseo el protagonismo. Y la poesía de Marisa es eso: la responsabilidad de asumir una vida que debe ser pensada. Porque la verdad, que es lo que busca el poeta, necesita que alguien la piense. Por eso su mundo poético está apretado en un instinto de sensualidad inteligente, y por eso su mundo poético es un mundo que une el culturalismo con la mirada a la realidad cotidiana. Aparte de las tradiciones hispanoamericana y española, también está la presencia de la poesía italiana en la sombra de Ungaretti, sin ir más lejos.
Esta sensualidad inteligente hace que su poesía atienda al rumor de la calle, a las charlas del mercado, hace que mire y observe lo que ocurre en las estaciones cuando la gente se despide, hace que desde el interior y detrás de la puerta esté escuchando los ruidos. Y al mismo tiempo hace que ella apueste por la carnalidad, por la materialidad de los cuerpos. Aquí está el sudor. Y en el amor se lame el sudor, y hay conciencia de la carne y hay testimonio de la realidad. Pero todo eso se somete al pensamiento y se elabora. ¿Por qué? Porque el ejercicio del poeta en busca de la verdad es convertir la vida en pensamiento, en meditación, y porque se necesita trascender para superar lo que puede ser anecdótico, lo que puede ser algo que ocurre en la calle normalmente. Pueden ser cosas importantes como la muerte de un padre, como el sentimiento amoroso, como el recuerdo de algunos espacios que se cargan de significado, por ejemplo un cuarto alquilado en una ciudad. Pueden ser anécdotas biográficas, pero en la meditación de la poesía lo que se busca es la creación de sentido. Y así lo anecdótico se convierte en una reflexión sobre el miedo, sobre la dependencia, sobre la entrega, sobre esas preguntas que nos mantienen constantemente echando raíces en el vacío entre lo que se ha perdido y se pretende reconquistar. El pasado desde el presente nos invita a una reconquista, el deseo nos invita a mirar hacia aquello que se está esperando, aquello que es un tal vez, un si alguna vez llega.
Todo esto se convierte en una ética de poeta. Aquí hay una ética: se unen la ética del amor con la ética de la poesía. La ética de alguien que necesita elegir y que sabe que lo que elige puede determinar la vida, puede convertirse en una jaula o puede convertirse en una raíz dentro de la ausencia.
Hay un elemento interesante que se relaciona con buscar la verdad y la trascendencia poética. Un bombardeo en Sarajevo es importante. Las desgracias del mundo son importantes. Pero en esa incomodidad buscada del poeta hay algo más: los territorios que han sido catástrofe suelen sufrir un proceso de banalización que los conduce al turismo. Y entonces hay gente que por turismo va de pronto a comprar insignias de los países del Este como si fueran souvenires. Pero la incomodidad del poeta es no aceptar esa banalización. Es mirar la realidad sin perder la conciencia de que allí hubo crímenes, no aceptando la conversión turística del mundo. Eso es lo que diferencia la verdad del poeta con la superficialidad de la historia a través del paso del tiempo.
Su ética poética juega con las alusiones a la realidad, juega con el lenguaje cotidiano, pero tiene muy claro que para crear sentido hay que buscar la trascendencia, hay que llevar la palabra hacia una frontera donde se pueda violar el significado superficial de las palabras. Y en ese sentido busca una poesía que parece un fulgor dentro de la realidad. Dentro del diálogo con la sensualidad se busca el momento de fulgor que crea sentido y se busca una apuesta por la poesía tan en profundidad que solo valen aquellos poemas que no te dejan igual cuando han pasado por ti. Se trata de que te dejen distinto cuando pasan por ti.
Todo esto compone una voz muy personal, que no es la voz de una entendida en poesía, de una académica que aplica su conocimiento a la poesía, sino que es algo más difícil: es la voz de la inteligencia de la propia poesía, y no de la academia. Y Marisa es inteligente como poeta, sabe superar la inteligencia en sensualidad y en apuesta de honestidad y ética con las palabras como poeta. No es una profesora que escriba versos -por mucho prestigio que pueda tener como profesora-, es una de las poetas más interesantes -a mi modo de ver- de la literatura argentina actual y de la literatura de nuestra lengua. De manera que yo estoy encantado de que Valparaíso haya publicado este libro.
Luis García Montero. Texto leído durante la presentación de El cielo entre paréntesis.
Librería Alberti, Madrid, 31 de enero de 2018
Algunos poemas de El cielo entre paréntesis (Valparaíso, 2017)
LENITIVO II
Dejar esa fractura expuesta a la mañana.
Sin compresas.
Que el poema respire por la herida.
DESPEDIDA DE UN PUERTO
“La luz que brilla con el doble de intensidad
dura la mitad del tiempo”. Blade Runner
Poso un ojo
en la cerradura del cielo que amanece,
pinta un alba intangible
el bisturí del insomnio.
Un cortejo de patos
escolta los navíos con destino a Procida.
El vaivén amarillo de las torres normandas.
El salitre del puerto.
El bullicio apretado de los coches.
El alivio de no ser indispensable
para que esto suceda.
Dicen que el tiempo es un cepillo eficaz
de cabelleras rebeldes.
Que los dioses se pudren
lentamente
en la historia de los ritos personales.
Que las páginas quedan.
Me trepo al precipicio
donde hundieron a golpes la República.
Evoco a Eleonora Pimentel desde Sant’Elmo
en un diálogo oblicuo
de tu historia y la mía.
Hemos dicho palabras de entresueño y espuma,
hemos sido dos cuerpos tendidos a deshoras
maquillando las ruinas del dolor
con un dolor vigente.
Toda pena es perfecta
cuando es pura.
Me despido de un puerto.
Su castillo se eleva
en una isla volcánica
de piedra tufacea y mosaicos bizantinos.
Fue cárcel, residencia de duques,
factoría de espejos y cristales.
Era un hombre que quise.
FRANCOTIRADORES DE SARAJEVO
¿Por qué no vamos
de vacaciones a Bosnia?
Ha sido tu pregunta
de estos años.
Hojeabas la revista Bell’Europa
y andabas por la casa
con un cuadro
del antiguo cementerio judío.
En la foto de la tienda
que reza Cvjecara
las flores germinan en la roca
a través de los impactos
de mortero.
Hay orquídeas en venta,
para los amantes
y los muertos, me decías.
¿Por qué no organizar
un viaje a Herzegovina,
este verano?
Estabas triste a destiempo.
Por entonces
eras solo un muchacho
de familia opulenta
que franqueaba el confín
de los Balcanes
por tumbarse en las playas
sin bombas del Egeo.
Pero es fácil ser lírico
con la tragedia ajena.
Pavonearse entre los símbolos
con temas prestados
sin usar las rodillas
como patas de perro
por burlar a los maquis
del Bulevar Selimovica.
¿Por qué no vamos a Mostar,
aunque sea unos días?
Yo tenía trece años.
El padre de mi amiga
amanecía pegado
a una emisora europea
para oír del asedio,
de su hermano en Markale,
de esa Miss Universo
coronada en un sótano.
Yo escuchaba The Cult
en la otra sala.
La pureza no duele
cuando el mal no nos toca.
Después de Sarajevo
no es posible mirar una criatura
sin vendarse los ojos.
No volviste a insistir.
La llevarás, ahora, de la mano
al osario de tórtolas
del cuadro.
Y todo está en su sitio,
amor,
no te disculpes.
Yo tendré otras montañas.
EL CIELO ENTRE PARÉNTESIS
Que las cosas
se acomoden en su molde
no significa
que se hayan vuelto nuestras.
Tal vez quiera decir
que el árbol de la ausencia
ha echado tallos y raíces
en la tierra indicada.
Como a un comensal inesperado,
hay que aprender a dar
el sitio exacto
también al vacío.
PEQUEÑAS MUERTES PROVISORIAS
Este vagar por todas las ciudades
buscando un gesto tuyo:
un rizo, un pelo, un gajo de tela en las vitrinas,
una medusa tibia como tu alma,
entre tus muslos y miedos,
un elefante muerto.
Este cuarto alquilado en un altar de Roma,
una caricia dulce y constelada,
este ir sudando en blanco por el mundo:
carreteras, telarañas de luz, carretas mudas
con peldaños sin rumbo
al corazón.
Este ir mudándose
a otro sitio, sin saciarse,
eterna enemistad que me une
con las cosas.
Este rodar distritos como un canto
indagando, sin eco, al horizonte,
dónde puso el tejado de tus labios
o el viaducto oscilante de tus dedos.
Estas piezas de nada que te invocan,
esta nada en añicos que te nombra
y no te encuentra
y no te encuentra
y no te encuentra
y no te encuentra
(eco)
LOS SONIDOS DE ALEPO
“La sangre siempre es roja en las heridas”. Laura Scarano
A María del Mar
Soñé que estábamos en una ciudad bombardeada.
Vi praderas, estepas y desiertos.
Vi los bosques montanos de Anatolia,
las cabriolas áereas,
el impacto de las bombas de racimo,
la argamasa de piel contra el cemento,
los escombros azules de un hotel incendiado.
He despertado pensando en los sonidos
para no meditar sobre el silencio
pues los niños
no sabrían vivir en el silencio,
y en los parques de Alepo
ya no pueden cantar.
Que alguien grabe la orquesta
de un mundo que enmudece.
Las charlas del mercado,
un saludo de amor desde el alféizar,
el fragor de una taza
y el susurro de un ave bizantina
dibujada en un muro
que resiste de pie.
Todo pasa tan rápido. No hay tiempo
de llorar a los muertos.
¿Tan urgente es la ruina de los otros?
Pasamanos ajenos de la pena
para afirmarse en vertical.
La conciencia del crimen
no nos salva del crimen.
Más de cien niños murieron en Alepo
y un convoy de juguetes aguarda todavía.
Todos ellos emulan tu rostro cuando duermes,
la fogata del sol que te calienta,
la cobija en que sueñas cada noche,
ya no hay mantas ni peces ni caricias
que arropen las estepas,
serán siempre las suyas heridas que te nombran
aunque estorben a un mundo que a ti te pertenece.
Escribiré a tu lado este poema a las estrellas.
La muerte siempre es de los otros.
Luis García Montero (Granada, España, 1958) es poeta y catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada. Autor de varios libros de ensayo, novela y de catorce poemarios y volúmenes de prosa lírica. Recibió los premios Adonáis en 1982, Loewe en 1993, Nacional de Literatura en 1994, Nacional de la Crítica en 2003, entre otros. Es uno de los autores imprescindibles de la poesía escrita después de la Transición Democrática Española y uno de los poetas contemporáneos de lengua española más traducidos a otros idiomas. Más información sobre el autor: http://luisgarciamontero.com
Marisa Martínez Pérsico (Lomas de Zamora, 1978). Poeta, investigadora correspondiente del CONICET y profesora universitaria radicada en Italia desde 2010. Licenciada en Letras por la UBA, doctora por la Universidad de Salamanca. Sus poemarios: Las voces de las hojas (Baobab, Argentina, 1998), Poética ambulante (edición antológica, Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, 2003), Los pliegos obtusos (edición antológica, Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, 2004), La única puerta era la tuya (Verbum, España, 2015), El cielo entre paréntesis (Valparaíso, España, 2017). En 2017 se publicó en Argentina una antología suya titulada Después de la ceniza por El suri Porfiado. Dirige en Roma la revista Cuadernos del hipogrifowww.revistaelhipogrifo.com Más información sobre la autora en: www.marisamartinezpersico.com
by Claudio Medin | 5 \05\America/Argentina/Buenos_Aires marzo \05\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Entrevista, Notas
Seguimos con la sección Detrás de página, dedicada a aquellas personas vinculadas de alguna manera con el mundo editorial. En esta ocasión, nos responde Federico Gargiulo, fundador de la editorial SüdPol, especializada en literatura de viajes y con sede en la ciudad de Ushuaia, Tierra del Fuego.
Una pregunta que suele surgir en los lectores acerca de los autores que leen es cómo habrá sido su primera relación con la literatura, su inmersión en el universo literario. Porque no siempre se nace en casa de lectores. En tu caso, ¿cómo empezó tu relación con los libros?, ¿en la propia casa, en la escuela, en una biblioteca popular?
En mi caso puntual, mi casa siempre fue una casa de libros. Mi padre era un hombre silencioso, y siempre lo encontraba leyendo en la mesa del living. Sin decirme nada, sin tratar de convencerme de que me sumergiera en la lectura, se me dio por leer desde una edad temprana. Y no mucho más tarde, por escribir.
Y con respecto a la tarea concreta de la edición, ¿cómo se inició? ¿Hubo algún maestro en tu camino como editor? Y si no hubo alguno de carne y hueso, ¿algún autor que consideres fundamental?
No tuve ningún maestro a la hora de convertirme en editor. De hecho, tampoco me considero un editor, más bien un hacedor de libros. Autores fundamentales, Borges, Cortázar, y dejando autores a un lado, siempre me gustó la literatura de viajes.
En un libro sobre edición hay un epígrafe de Thomas Fuller que dice: “La cultura ha progresado gracias principalmente a los libros que han producido pérdidas a sus editores”. ¿Qué pensás sobre esto?
Que es una gran verdad. No dejo de sorprenderme, o de indignarme, de toda la literatura basura que triunfa comercialmente en el mercado editorial, y de las grandes obras que “fracasan“.
¿Cómo ves el mundo editorial en la Argentina hoy, con las políticas económicas impulsadas por el gobierno actual?
Creo que al gobierno actual le importa un bledo la cultura, y la ciencia, y muchas otras cosas que son fundamentales en la sociedad. Las políticas económicas actuales no hacen más que resentir el consumo, y muchas veces la cultura es una de los ítems que primero se recorta en tiempos de vacas flacas.
¿Cómo te llevás con los libros digitales? ¿Te parecen un complemento, un estorbo, algo pasajero dentro de la industria editorial?
Los libros digitales me parecen un complemento, no creo que los libros físicos vayan a desaparecer nunca (como algunos profetas de los ebooks sostienen). Tampoco siento que afecten mi mercado, ni las ventas de mi editorial. Al menos no sustancialmente.
En el caso de SüdPol, una editorial con un nicho tan específico y con un marcado número de títulos que son reediciones o traducciones de obras antiguas (ya sea clásicos o títulos hasta el momento poco conocidos en español), imagino que en general las ideas de publicación surgen de tu parte y no de originales que te acercan los autores. Pero no deja de estar la decisión de publicar, o no, detrás. ¿Ante qué cuestiones te solés detener para decir: este libro lo vale, hay que editarlo?
Sin duda, las ideas de publicación surgen de mi parte, pero aún así ya hay casos dentro de mi fondo editorial en los que he recibido manuscritos (recomendados por otros conocidos) y los he publicado. Creo que a la hora de publicar un libro, muchas veces pienso si comercialmente puede andar o no, pero al fin de cuentas lo que más me importa es que los libros que publico me gusten y me entusiasmen, más allá de que la gente los compre o no.
En los textos que son de otra época, ¿hay un trabajo de edición (en el sentido de trabajar el texto), previo a la publicación?
En ciertos libros antiguos con nomenclatura marinera hemos hecho notas al pie para explicar ciertos términos concretos. O mismo en ciertas traducciones con giros idiomáticos inentendibles de no hacerse las aclaraciones correspondientes.
El oficio de editar, como el de corregir, es casi invisible. Los lectores muchas veces desconocen todo lo que sucede con los textos antes de que los libros lleguen a sus manos. Pero acá queremos saber, si es que se puede: ¿cuál fue el trabajo más arduo que has encarado hasta el momento, en cuanto a la edición/publicación de un texto? ¿Y el que te generó más placer?
Sur, de Ernest Shacketon, fue la primera traducción a nivel mundial de South, lo cual me generó una gran alegría. Había muchos libros sobre esta historia, pero no el propio escrito por el autor. A su vez, también se debieron hacer muchas notas al pie para esclarecer términos marineros, lo que demandó bastante trabajo.
Uttermost part of the Earth, en su versión original, también nos generó mucho trabajo, pero a la vez bastante placer porque es la primera vez que este libro se publica en inglés en Argentina, lo que hace que los libreros ya no tengan la necesidad de importar este clásico sobre Tierra del Fuego.
Si uno se detiene en el catálogo y sabe que Südpol es una editorial que se especializa en publicar lo que se conoce como “libros de viajes” (con todos sus matices), sospechará que la forma de publicar es casi siempre la misma: nace de un deseo de tu parte y no de originales que se presenten para ser evaluados.
Hay gente que se acerca con sus manuscritos, y me encantaría tener el tiempo para leerlos a todos. La realidad no me permite hacerlo ya que además de mi trabajo como director (y cadete, y administrativo, y logístico) de Südpol, trabajo como guía Antártico / Ártico y recientemente como agente de viajes, con lo cual apenas tengo el tiempo para las cosas más urgentes.
¿Qué libro te gustaría poder publicar, que no hayas podido hacerlo?
Tengo varios proyectos en mente, quizá una nueva traducción del Último Confín de la Tierra, pero también libros acerca de exploración Ártica. Es cuestión de tiempo y esfuerzo, por lo general publicamos dos o tres novedades por año, más alguna que otra reimpresión.
Südpol es una editorial relativamente nueva y con relativamente pocos títulos, y sin embargo tiene un nivel de distribución, a lo largo y ancho del país, que impresiona. ¿Cómo te las arreglás para que eso suceda?
Lo más difícil fue el contacto inicial con librerías y distribuidores, lo que me llevó mucho tiempo y trabajo. Si bien las relaciones comerciales de Südpol y sus canales de venta están aceitadas hoy por hoy, el desafío es lograr tener un seguimiento real y constante de todo el stock de la editorial que anda dando vueltas por ahí. El hecho de tener que trabajar en consignación complica toda la ecuación, pero lamentablemente es la única forma. A veces el volumen de trabajo administrativo es tanto que apabulla.
Por último: ¿cuál sería tu definición de “catálogo”?
Catálogo no solo es el conjunto de títulos que conforman a una editorial, sino aquello que marca su norte. En el caso de Südpol, la temática viajes es la que da vida y marca el camino de la editorial.
Federico Gargiulo es licenciado en Turismo, además de escritor y editor. Reside parte del año en Buenos Aires y en los meses en que las regiones polares se descongelan un poco, se dedica a navegarlas a bordo de barcos de expedición. Tanto en el Ártico como en la Antártida, se desempeña como guía de campo y conductor náutico. En agosto de 2007 publicó su primer libro, Huellas de Fuego, relatos de una expedición al Fin de la Tierra, que luego fue traducido al inglés, al francés, al portugués y al alemán. En 2008, fundó la editorial Südpol, especializada en literatura de viajes, la cual dirige. En 2011 publicó su segundo libro, Papeles de tierra y mar, historias reunidas donde termina el mundo.
© Fotografía: Jorge Monferini.
by Claudio Medin | 1 \01\America/Argentina/Buenos_Aires marzo \01\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Poesía, Sin categoría
Presentamos diez poemas de Carolina Biscayart, nacida en Mar del Plata en 1972 y radicada en Bariloche desde 1981.
El trazo de la expiación
Las horas me conducen
a un final
cada una de ellas
precisa de mi destino, de mi misión me digo
como si este acto de escribir fuera por ejemplo vital
la palabra vital me da risa
porque esta hora de vida, cada una de ellas
habla de la muerte todo el tiempo
pero cierta expiación de quién
de tantos
pero cierta expiación de quién
atribuye a mi hora
un estar de animal en supremacía
una respiración de ser vivo a secas
el que nace se reproduce y muere
una ameba con muchas cualidades
con una razón que urge utilizar
en estas horas, en las mías
la razón se escabulle
como el humo del palo santo puesto en mi mesa
que no santifica nada
que no detiene el ritual hacia el final
la hora se debate
en hacer, en disfrutar
en pensar qué es lo mejor para hacer
en armar una teoría sin grietas
en cuál es el léxico acertado
pero la hora se quiebra
y el vidrio roto deja ahí un trozo agudo
en un lugar de mi pecho
ese trozo se hunde
en un lugar sagrado de mis sueños
ese trozo se hunde
un hilo de sangre, un goteo
mi razón funciona de maravillas con Don quién
¿hablo de religión?
¿hablo de filosofía?
¿hablo de avatares de psiquiatra?
no no no
hablo un lenguaje inentendible
a solas con mi hora
sin plan
sin deseo
una hora casi muerta
que tiene lugar para que entre
una vaca
un roble
un mar parecido al Egeo
un sueño que dura años
que nunca viví ni viviré
el trazo de las horas llama a mi sangre a salir de mí
cada vez que me detengo
soy una mujer a merced de una hora
implacable
que le resta minutos
a esa entelequia llamada futuro
debo cerrar las puertas
no preciso la risa fácil
el libro de autoayuda
la razón lapidaria
ni esa forma de tristeza irremediable
que mancha mi hora
hora en la que mi luz entra y sale a su antojo
una luz de color blanco opaco
una luz que no deja ver
pero alumbra
y así llama a esas voces viejas
que me dicen “no podés pedirle poemas a una ameba”
“la razón no entiende la metáfora”
y el trazo de la sangre
en esta hora
que será irreversiblemente parecida a la próxima
es el trazo necesario para otra
al menos
una
palabra.
Lo que no se sabe también fluye
En esta tierra
ingrata
sin memoria del agua
han crecido mis flores
las raíces insisten
y mis hojas esclavas
testigos de la lluvia
que se va sin remedio
reverencian el cielo
son tan necias mis partes
no me dicen su sueño
en esta tierra
ingrata
sin memoria del agua
mis flores se abren
con ternura a la lluvia
que nunca nunca
las moja
ni tiene la piedad
de abandonarlas..
Libertad
Cómo volver al principio
antes de la palabra
antes del gesto
antes de la caricia anzuelo.
Cómo volver a la pureza
a esa flor blanca
salvaje
flotando sobre el río.
Certeza
Cuando te quiero soy
una especie
en extinción.
Reparándome en poesías ajenas
En torno a la casa estaban las cebollas. Rostros de turquesa, celestes, frágiles, delicadísimos. Anidaron aquí y allá, moviendo, a ratos las delgadas colas, y las niñas clamaban: Son víboras. En medio de la mesa había un tazón con sangre -yo bien lo vi- y no se sabía de quién.
Marosa di Giorgio
I
Imaginé al hombrecito de Marosa
ya sin alas
ya sin poder de animal
un ser condenado
al pensamiento
entonces antes que fuese un hombre
de tamaño natural
con mi escasa motricidad fina
le devolví las alas
se las pegué con un pegamento transparente
y la mariposa voló
hacia arriba, hacia la luz
II
Imaginé a los leones de Marosa
esos que rondaban la casa
les abrí la puerta
les di de comer
sus ojos amarillos imitaban el fuego
me senté entre ellos
no temí a sus fauces
no es en la muerte donde radica el sufrimiento
y así, ellos fueron mis gatos
domesticados, les enseñé a mirar mi horizonte
no me tapan el paraíso.
La oca se enamora
También yo arrojo la capa así, también yo chasqueo los dedos ante el destino.
Virginia Woolf
Cae en el casillero
el hacedor leyendo el mandato
vuelve diez lugares hacia atrás
el hacedor tira los dados otra vez
avanza dos lugares
vuelve a creer
resucita
oca cisne se nombra
de nuevo la suerte en el tablero
mueven su cuerpo de alas inútiles
hacia el lugar que corresponde
escrita en el rectángulo, una extraña sentencia
el viento la tira hacia atrás
se le entristecen las plumas
de cisne a paloma de plaza
innecesaria y hambrienta
Antes de la nueva jugada mira el tablero
ajeno, ajeno
ajeno
el hacedor bosteza antes del próximo paso
sólo queda esperar lo que digan los dados
O puede jugar
ella pajarito de dios
a mirarle la cara
a intuirle el pulso
a disfrutar el gesto
del dueño de los dados.
El poema rebalsa
No voy a escribir tus vidas
no soy una servil escribiente
no puedo con las historias “porque sí”
salvo que me remienden
que me hagan chasquear los dientes de frío
que me limpien un poco
como la lluvia a los jardines
salvo que lo que no me estés diciendo
sea mi fruta más sabrosa
o que vea un pedazo de mí en tus palabras
si me acompaso, ya te estoy escribiendo
no puedo hoy
hoy
soy más que suficiente a mi poema
cuando pueda historias desprendidas de mí
como hijitos de cactus
esos que crecen solos en tierra con arena
ya sin sed
tal vez haya olvidado este oficio
el de escribir.
Generosidad cruel
hay que atreverse a mostrar el hueso
y a olvidar el alimento.
Antonine Artaud
Los niños lloran
tienen hambre
yo tengo hambre pero no importa
porque los niños la tienen
yo tengo hambre y sé
del tiempo y de la muerte
yo tengo hambre y mi boca es desmedida
mi hambre es la de un niño capaz de comerse
todos estos niños con hambre
de un solo bocado
Mi hambre es un secreto
es una culpa virtuosa
es el arma perfecta para alimentarlos
para saber que la vida es algo donde nada ocurre
salvo esta voracidad indecible.
Rezos al caer la tarde
Que haya una manta
para cada uno
por si la lluvia
por si la noche
por si la furia
que haya una manta
para arroparse
para esconderse
que haya una manta
cuando la vida
se des-pren-da
de – la – vida
y no sea el hacedor
la muerte.
Ceder ante lo urgente
Inevitable el poema
los minutos del poema
el peso de los minutos del poema
la herida, la inercia, la oscuridad
los nombres
los gestos del poema
inevitable el cuerpo
su necesidad
lo frágil
el latido
lo inminente, la llaga
la voz gutural, su eco, y otra vez su eco
inevitable el cuerpo
su ser volcánico y anónimo
cuando pierde noción de las puertas
Inevitable perder, siempre perder
siempre perder aunque se gane
aunque el amor
aunque se ría a veces
aunque la vida se quiera como es
de inexplicable
inevitable lo triste
detrás de la postal, detrás de la pasión
detrás de la entrega más cierta
inevitable este continuo desamor con la fe
la esperanza o esas cosas bonitas
y volver a creer cada mañana
y el esfuerzo de volver a creer
cada mañana
y la cicatriz del esfuerzo
inevitable
inevitable la noche, el viento
los hijos
los muertos
la madrugada
la lista de cosas por hacer
el té, el guiso, las sobras
y las copas brillando en el mantel
inevitable el abrazo
y el olvido
de lo que no olvidamos
inevitable el saber
de aquello que se sabe
que no encuentra palabras
y debe derramarse
porque es sentido
inevitable el sentido
el desencuentro
y la piedra otra vez
y el dolor en el pie descalzo
para dar de lleno
de nuevo con eso
ni lindo ni amplio ni cómodo
pero cierto
inevitable dar
con la piedra
áspera aguda intransigente
esa lápida
acaso
llamada destino.
Carolina Biscayart nació en la ciudad de Mar del Plata en 1972. Desde 1985 vive en San Carlos de Bariloche, Río Negro. Se graduó en Ciencias exactas y actualmente trabaja en la Universidad Nacional del Comahue en el Departamento de Matemáticas. Fue becada por el Fondo Nacional de las Artes durante 2007. Coordinó talleres de escritura para adolescentes y actualmente dirige un taller de escritura creativa para adultos en Bariloche. Es autora de los libros de cuentos Invenciones (Ediciones en Danza 2008, reeditado en 2010) y El amor, sólo una idea (Ediciones de Dock 2012). Además de los libros de poesía Eso otro se llama luna (El suri porfiado 2014) y La trama que sostiene los jardines (premiada y editada por EMB, 2016). Textos suyos fueron publicados en diversas revistas literarias y en antologías de narrativa argentinas y extranjeras. Entre otros, obtuvo el Primer Premio Ayuntamiento de Gran Canaria, por Certezas (poesía, España 2010), Primer premio de Concurso de escritores patagónicos 2007 por Invenciones (narrativa breve). Esta última obra fue seleccionada por CONABIP en 2010, para reedición y distribución en bibliotecas populares.
Fotografía original: Santiago Rey.
by Claudio Medin | 1 \01\America/Argentina/Buenos_Aires marzo \01\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Poesía
Presentamos una selección de poemas de Jorge Felippa (Córdoba, 1949).
De la magia ni qué hablar
El silencio parpadea.
Los cuerpos se adivinan y hablan.
Las lenguas queman uvas y llaves.
El deseo carga sus naves.
En la proas
llevan nombres escritos con barro.
Amores como arenas movedizas.
En la penumbra
una mansedumbre de álamos
reposa en sus miradas.
Cómo acarrear por la ciudad
llamados, relojes, pasos en falso.
La cita es túnel y arcano.
Gota de sangre en el borde del espejo.
Cómo rondar sin solapas
la cadera eléctrica de sus pudores
si él no fuera
pañuelo azotado por el hambre
y ginebra en el tajo que larva.
Si ella
tuviese en sus manos
algo más que huellas de anillos
y de jardines de invierno.
Entonces las palabras
oxidan hasta el rocío que respiran
las veletas de sus naves incendiadas.
Afuera
la ciudad es una jaula.
Sólo estallidos o convalecencias en el silencio.
Ellos tendrán ojos para siempre
cuando el adiós se les cuele en el alma
como una carta
que una mano anónima
desliza en la pieza del viejo hotel
adonde ellos se confían los cuerpos
lejos de toda memoria o miseria.
De la magia
ni qué hablar.
Decíamos ayer
La copa de futuro que ofrecen nuestros hijos
habrá que beberla gota a gota.
A veces agria, otras placentera,
sabemos que sus pasos
tienen un norte con sabor a lejanías.
Nuestra semilla es un árbol que a veces
da frutos tan amargos.
La madera se astilla y espina el corazón de desencantos.
Nuestra corona de deseos – buena leche y pura como el pan –
les pesa como la cruz a Cristo.
Así prueban
las alas marchitas del ángel de la guarda
y beben asombrados
la mariposa frágil del futuro.
Aunque nos den la espalda
miremos de frente todo lo que no fuimos.
La copa medio llena y los vacíos llenos
de cartas en la manga.
Olvidos y memorias tatuados en la sangre:
esa viva moneda que nunca volverá a repetirse.
Así vuelve la palabra a la página en blanco.
¿Cosecharás la siembra de tan largo silencio?
¿O comienzas apenas a preparar la tierra
para que tu mano arroje al viento
las últimas semillas?
El dolor es un maestro
Su llamado demora y el cansancio es paliza.
Me anochecen los duelos que le parten el alma.
Usted abre su pecho para que lloren otros
y en el regazo acuna las penas que hizo suyas.
¿Qué razón o deidad se invoca a la hora
de una muerte anunciada?
¿Adónde nos marchamos
cuando el mundo arrebata
el corazón de un niño?
La palabra que alivia es aire lacerante,
espina que desangra en la lágrima viva,
puñado de sal en el desierto del alma.
Comprendemos entonces
que no sabemos nada sobre el calvario ajeno.
El dolor es un maestro que enseña con silencios.
Mientras la luna besa sus ojos afligidos,
me guardo la palabra en respeto a sus duelos.
Otros duelos
Toda la noche llueve sobre la ciudad sedienta.
A cántaros me llueven estos días de marzo.
Son otras las heridas abiertas en el pecho
y otras manos las que alivian sus pesares.
Una sirena, a lo lejos, desgarra las calles.
Es como un relámpago de otro marzo feroz.
¿Acabaron los días del sálvese quién pueda?
¿Le damos una mano al vecino de al lado
cuando tiembla su suelo y se le abisma el cielo?
Mastico este silencio amargo de preguntas.
Es que han vuelto los buitres.
¿Alguna vez se fueron?
Olfatean las sobras
en la mesa del pobre.
Llueve sin bendiciones ni santos milagrosos.
Mañana sabremos quien cuenta las monedas
del que ha perdido todo.
Treinta y tres pisos apagan la luna de enfrente.
La palabra poesía es una cachetada
en la otra mejilla de la ciudad a oscuras:
por treinta y tres denarios
remataron su alma.
¿A quién le digo entonces que mis duelos son otros?
Una casa en las sierras, una hija que canta,
otra que levanta el vuelo
y un viejo aguaribay ceniciento de pena.
Como lobos hambrientos
Dejo hervir el agua,
que el fuego se consuma.
La noche no pinta para mansa.
Sus anzuelos
muerden mi pecho
como un libro abierto en el invierno
Afuera
cada cual hace su agosto.
Vuelco sobre la mesa
las cartas que todavía
borroneo en tus umbrales.
Tu cintura
quema el despertador.
Con la miel de tus piernas
sangro palabras
en las bocacalles.
La garganta apura
los vinos
que nos lavan del miedo
de alumbrar el olvido.
En tus labios beso
las cenizas
de una canción desesperada.
Tanguedia del equilibrista
que vuelve cada noche
a cortarse la lengua
antes de pronunciar tu nombre.
Y así
como lobos hambrientos
acechamos
en la basura del día
sin encontrarnos.
Caminata nocturna
I
Salgo a caminar por la ciudad
semivacía, maloliente, estropeada.
Deambulo entre buscavidas nocturnos,
discos y películas pirateadas,
anteojos y flores y estampitas.
Receloso, esquivo las miradas
de otros cazadores solitarios.
II
No hay nadie en el bar.
Fallutos, le digo al mozo.
El café se enfría con tanta indiferencia.
Las noticias son polvo desteñido
en las páginas del diario.
Empieza a lloviznar.
El día ya es historia
menos para los que hoy
ya no tienen laburo.
Y son miles.
Oigo palabras que prefiero olvidar.
Pienso: que no les toque a tu madre ni a tu viejo,
a tu hermano o compañero.
No es azar ni magia. Tampoco el destino.
Ya no habrá San Cayetano
para que laves tu conciencia.
Ya elegiste.
Tus razones valen tanto como las de aquellos
que mañana saldrán a la calle
a molestar tus trámites, el tránsito,
tus deseos de mirar siempre adelante.
Olerás los sudores y tus miedos
debajo de los anteojos oscuros
como el mañana sin futuro
que decidiste
con tu hartazgo de estar harto.
III
Regreso con una piedra en la garganta.
Nadie en el teléfono. Nadie en la pantalla.
Ahora llueve.
El año nuevo,
es un puñado de espinas y de sal.
Si no fuera por mi hija que avisa su regreso,
este jueves no tendría ni una brizna de memoria.
La única señal en el camino, herrumbrada,
torcida por el viento, sin apuntar a ningún lado,
dice: Córdoba.
Mis palabras, acaso,
¿podrían encontrar otro destino?
Santo día
Recuerda una bella novela cubana:
La última mujer y el próximo combate
escrita por Manuel Cofiño López,
allá a principios de los ’70.
Entonces, él también era joven,
casi feliz y creyente de aquellas utopías.
Demasiadas batallas y derrotas
arrasaron la herencia porvenir.
Hoy, piernas y brazos acusan la desidia
porque el parque ya no extraña su figura.
¿Él no extraña las caminatas domingueras,
el sudor en la frente, morder una manzana,
la espalda en el rocío, el sol entre el follaje,
el agua aliviando la garganta?
En los hombros le duelen
las palabras no dichas.
Lo que importa ahora es
caminar hasta que el cuerpo diga basta.
Hoy es el día de su santo.
Pero no tiene santos en sus devociones.
Ni oculta los pecados
a los crédulos que lo invocan en sus rezos.
Reconoce
que gracias a ellos,
hay pan, vino en la mesa,
y una frazada en su cama.
Y extraña, sí, el cuerpo de esa mujer,
porque con ella quiere dar
el último combate.
Dos de abril
Debemos hablar amor
antes que las palabras cenicen sus braseros
y lluevan malos tragos.
Ya no hay sonrisa que valga
mientras una paliza bautismal
nos sedienta y ahoga
la más austral mirada.
Te das cuenta amor
qué poco sale el sol
y somos
tendidas transparencias
rosarios de lana y hasta cuándo
que repiten a coro y lo creemos:
después del dos de abril
ya nada será igual entre nosotros.
No lo olvidemos
ahora que la guerra anoticia esta trinchera
el alquiler rompecabezas
y las manos
tocan el umbral de los adioses
sin que ardan nocturnas vanaglorias.
No lo olvidemos
ahora que las caretas
desnudan sus estafas
oliendo el asco de nuestros hermanos
metales purísimos
a la hora de la fragua.
Y nosotros como antes
de plaza hasta los huesos
las patas en la fuente
pulmones de consignas
y como nunca pedigueños.
Este no es su pueblo
señor.
El pueblo está en Malvinas
de puerto y hecho brújula
porque en el sur amor
se juega nuestro norte
y América
truena llueve y amamanta
de luz
su vientre campanario.
Café La Paz
La ciudad va llorando
todo el parto del lunes
mientras cruzo por ella
desvelado y don nadie.
Desde el bajo ya sube
el coral mañanero
la calle cuesta arriba
hace plomo los pasos.
Alguien ciego de urgencias
se come las noticias
y tropieza en la baldosa
de su infancia perdida.
Estoy mirando rostros
tallados por el caos
y que el monstruo digiere
en su vientre de olvidos.
En Montevideo y Corrientes
La Paz
no es sólo un bar
al que ella no vuelve.
La Paz es la plegaria
remanso del tumulto
el principio del pan
la luz plural del vino.
Oración para las dictaduras
Para organizar su intranquilidad
para eso estamos
los que no escuchan sus preceptos
los depositarios de sus furias
los impacientes jueces de sus actos
para que justifiquen sus torturas
para eso estamos
los condenados de las cárceles y hospicios
los eternos marginados de sus buenas acciones
los desheredados de su mundo occidental
para atormentar sus memorias
para eso estamos
los legalmente asociados en la explotación
los ilusos labradores del amor
para complicarles la historia
para eso estamos
los jornaleros del alba
los secuaces en la lucha
los cómplices del hombre.
(Publicado el sábado 11 de octubre de 1975
En el Periódico Alberdi, de Vedia, Provincia de Buenos Aires).
Jorge Felippa (Córdoba, 1949) es autor de las novelas Quiero volver a casa (El Emporio Ediciones, 2005, finalista del Concurso Provincial de Novela Daniel Moyano 2004); El que avisa no es traidor (Ediciones del Boulevard, 2007); También la verdad se inventa (Editorial Babel, 2009, primera mención del Concurso Luis de Tejeda de la Municipalidad de Córdoba, 1986); y Las trampas de la colmena (Ediciones del Boulevard), 2013. Como poeta ha publicado Yo no diría la última palabra, Faja de Honor de la SADE (1976), El orden de los factores, A brazo partido y Que veinte años. En 1991 fundó y dirigió Op Oloop Ediciones hasta el año 2001. Desde 1985 dicta talleres de escritura creativa y narrativa en diversas instituciones públicas y privadas. Fue Delegado en Córdoba del Fondo Nacional de las Artes desde el año 2008 hasta el 2015. Ese mismo año recibió, por su trayectoria, el Premio Reconocimiento al Mérito Artístico, que otorga el gobierno de la Provincia de Córdoba.
Fotografía: cortesía del autor.