Los frutos del cuerpo, de Abdellatif Laâbi

Los frutos del cuerpo, de Abdellatif Laâbi

 

Compartimos diez poemas del poeta marroquí Abdellatif Laâbi, de su libro Los frutos del cuerpo (2003 / Alción, 2012), traducido por Leandro Manuel Calle: «Un testimonio insoslayable de la delicadeza del amor y el erotismo. El cuerpo se vuelve poesía. Poesía que no esquiva la realidad del mundo, sino que la asume y la supera por el sutil camino de la belleza» (L. Calle).

 

 

Les lèvres en fleurs

abeilles gourmandes

gonflées de suc

De la fleur

ou de l’abeille

qui butine l’autre?

 

 

Labios en flor

abejas golosas

hinchadas de jugo

¿Es la flor

o la abeja

quien liba?

 

 

*

 

 

Ce collier

qui résiste

à l’entière nudité

et trace

une vague frontière

entre le licite

et l’illicite

 

 

Ese collar

que resiste

a la completa desnudez

y traza

una vaga frontera

entre lo lícito

y lo ilícito

 

 

*

 

 

Des genoux aussi lustrés

refléteraient la lune

en sa naissance

Ils décrètent

la fin du ramadan

alors qu’il vient d’être annoncé

 

 

Rodillas así lustradas

reflejarían la luna

cuando nace

Ellas decretan

el fin del ramadán

cuando acaba de ser anunciado

 

 

*

 

 

Tant de grâces

Les yeux

ne suffisent pas

au regard

 

 

Tanta gracia

Los ojos

no bastan

a la mirada

 

 

*

 

 

Je n’imagine rien

Je n’invente rien

Je crois sur-le-champ

Je vois et touche

l’objet de ma croyance

ce divin pubis

 

 

No imagino nada

No invento nada

Creo sobre la marcha

Veo y toco

el objeto de mi creencia

ese pubis divino

 

 

*

 

 

Arbre de chair

savant de volupté

Il s’étire

vers la cime

et l’abîme

Coupe l’infini

en deux

 

 

Árbol de carne

sabio en placer

Se estira

hacia la cima

y el abismo

Corta en dos

al infinito

 

 

*

 

 

Le désir

ne se déclare

ni ne se commente

Il brûle

et se propage

ou meurt

en silence

 

 

El deseo

no se declara

ni se comenta

Arde

y se propaga

o muere

en silencio

 

 

*

 

 

Seule la langue

reconnaît

cette eau douée de mémoire

que nous échangeons

pour nous donner encore plus soif

 

 

Solo la lengua

reconoce

ese agua provista de memoria

que intercambiamos

para darnos todavía más sed

 

 

*

 

 

Nous avons tout le temps

pour peindre cette toile

et nous en revêtir

Sculpter cette idole

et la manger

Écrire ce poème

et le brûler

 

 

Tenemos todo el tiempo

para pintar esta tela

y revestirnos con ella

Esculpir este ídolo

y devorarlo

Escribir este poema

y quemarlo

 

 

*

 

 

Le lit des amants

tourne

autour du soleil

en pleine nuit

 

 

La cama de los amantes

gira

alrededor del sol

en plena noche

 


 

Abdellatif Laâbi, nació en 1942 en la ciudad de Fès, Marruecos. En 1963 participa en la creación del Teatro Universitario marroquí y en 1967 funda, junto a otros compañeros, la revista Souffles, un hito fundamental en la vida cultural de Marruecos. La revista fue prohibida en 1971 y Abdellatif Laâbi  fue detenido, torturado y condenado a diez años de prisión por su oposición intelectual al régimen. Hacia 1979 es liberado y se exilia en Francia en el año 1985. Desde entonces, vive (con Marruecos en el corazón) en las afueras de París. Recibió en 1979 el Premio Internacional de Poesía, concedido por la Asociación de las Artes de Rotterdam; en 2009 el premio Goncourt de poesía y el Grand Prix de la francophonie de l’Académie française en 2011.

En Argentina tiene publicados por Alción Editora y con traducción de Leandro Calle Los frutos del cuerpo (2012) y Antología poética (2015).

 

***

 

Leandro Calle (Zárate, 1969). Poeta, traductor y docente universitario. Reside en Córdoba (Argentina).  Sus últimos libros de poesía son: entonces (Alción Editora, 2010). blasfemo (Alción Editora, 2013), elijo (Alción Editora, 2017) y país (Alción Editora, 2018).Cuatro de sus libros fueron traducidos al francés por Yves Roullière bajo el título: Une lumière venue du fleuve et autres poèmes (Ediciones Atopia, 2016 y Recours au poème, 2015). Como traductor ha traducido a Guy de Maupassant, y a diversos poetas francófonos. Dirige para Alción Editora la Biblioteca de autores y temas marroquíes.

riendo-con-laabi

Los frutos del cuerpo, de Abdellatif Laâbi

Transmigraciones

Continuamos con la entrega de una columna mensual de crónicas y ensayos del poeta y escritor hondureño Rolando Kattan (Tegucigalpa, 1979).

 

 

Si la imaginación es ala ¿por qué quedarnos en la tierra?, si la imaginación es llave ¿por qué no abrir otros cuerpos como puertas? ¿Por qué no ser piedra en el camino o pie que tropieza a la manera de Oliverio Girondo?:

A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración.

Mientras aquéllos se pasan la vida colgados de una soga o pegando puñetazos sobre una mesa, yo no me canso nunca de transmigrar.

Desde el amanecer, me instalo en algún eucalipto a respirar la brisa de la mañana. Duermo una siesta mineral, dentro de la primera piedra que hallo en mi camino, y antes de anochecer ya estoy pensando la noche y las chimeneas con un espíritu de gato.

¡Qué delicia la de metamorfosearse en abejorro, la de sorber el polen de las rosas! ¡Qué voluptuosidad la de ser tierra, la de sentirse penetrado de tubérculos, de raíces, de una vida latente que nos fecunda… y nos hace cosquillas!

Para apreciar el jamón ¿no es indispensable ser chancho? Quien no logre transformarse en caballo ¿podrá saborear el gusto de los valles y darse cuenta de lo que significa “tirar el carro”?…

Lo importante es transmigrar, ser otro. Y en el poema concluye: ser hormiga, jirafa, poner un huevo, y lo que es más importante aún, encontrarme conmigo mismo en el momento en que me había olvidado, casi completamente, de mi propia existencia.

El Destino del mundo, con mayúscula porque bien hacían los griegos en darle vida, es un viejo alcahueta que ha cultivado jardines para que la humanidad se detenga en el individuo. Solamente en la otredad tiene valor la individualidad. Cuánta razón tiene Oliverio al advertir que siendo uno mismo todos los días se nos olvida nuestra condición. A propósito de ello, Octavio Paz costura unos versos hermosos en “El Prisionero” un poema de su libro “Libertad Bajo Palabra”:

El hombre está habitado por silencio y vacío. / ¿Cómo saciar esta hambre, / cómo acallar este silencio y poblar su vacío? / ¿Cómo escapar a mi imagen? / Sólo en mi semejante me trasciendo, / Sólo su sangre da fe de otra existencia.

Contrario a la otredad, Sigmund Freud hablaba del narcisismo de las pequeñas diferencias: comunidades vecinas y próximas en todos sus aspectos, se hostilizan y encarnecen. No era el instinto agresivo el motivo principal de los conflictos, lo que sucedía era exactamente lo contrario: eran las pequeñas diferencias lo que provocaba la agresión. Especie de mismidad.

La transmigración propuesta no basta en calzar el zapato del otro, hay que vestir también los versos de Nelly Sachs: Oh vosotros dedos, / Que vaciasteis la arena de los zapatos de los muertos, / ¡Mañana seréis polvo vosotros / en los zapatos de los que han de venir!

¿Por qué nos es fácil imaginar las palabras de un árbol en una fábula, entender sus lágrimas otoñales y su necesidad de lluvia y nos es tan complejo comprender las necesidades del vecino?  Borges lo escribió con sabiduría: Nadie es la patria, pero todos lo somos, por ello es preciso transmigrar, al principio como un pasatiempo, y después como asunto serio.

 

 


Rolando Kattan (Tegucigalpa, Honduras, 1979), poeta, gestor cultural y miembro de número de la Academia Hondureña de la Lengua. Ha publicado los libros de poesía: Exploración al Hormiguero (Editorial Sexta Vocal, Tegucigalpa 2004); Poemas de un Relojero (Costa Rica, 2013); Animal no Identificado (Ed. Gattomerlino, Italia, 2013); Acto Textual(El Ángel Editor, Ecuador, 2016); El árbol de la Piña (Ed. Cisne Negro, Honduras, 2016) y Luciérnaga de Otoño (Ed. Cisne Negro, Honduras, 2018); Un país en la fronda  (Raffaelli Editore, Italia, 2018);  Parte de su obra ha sido traducida al francés, árabe, japonés, italiano, portugués, chino, rumano, macedonio, griego e inglés.

Imagen: “Confusiones elementales 22”, de Florencia Lobo

Los frutos del cuerpo, de Abdellatif Laâbi

Programación de octubre (2018) del Espacio Literario del CCC

Nuestro Espacio Literario. Protagonistas, lugares, fechas y horarios de todas las actividades, con entrada libre y gratuita, que se realizarán durante el mes de octubre en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (Av. Corrientes 1543, Ciudad de Buenos Aires)

 

El resplandor de lo maravilloso. Presentación del nuevo libro de Adolfo Colombres, reconocido narrador y antropólogo. Martes 02 de octubre, sala Jacobo Laks (3° piso), 19 hs

 

Allegro ma non tanto. Presentación del libro de Hilda Guerra publicado por editorial Leviatán. Participarán junto a la autora Eduardo Jozami, Claudia Schvartz y Juano Villafañe. Lunes 08 de octubre, sala Jacobo Laks (3° piso) 19 hs

 

El trajecito rosa. Presentación del libro de Nara Mansur publicado por Buenos Aires Poetry. Lunes 08 de octubre, sala Osvaldo Pugliese (3° piso) 19 hs

 

Dramaturgias posibles. Un ciclo donde el teatro es pensado desde la literatura. El jueves 11 la entrevistada será Corina Fiorillo. Coordina Nara Mansur. Sala Jacobo Lacks (3° piso), 19 hs

 

El inmigrante y otros cuentos. Presentación del libro de Estela Berrenechea. Viernes 19 de octubre, sala Meyer Dubrovsky (3° piso), 19 hs.

 

El suri porfiado. Presentación de los nuevos títulos de la editorial: Poemas Árticos y Ecuatorial, de Vicente Huidobro, Boca que la noche abre, de Leonor García Hernando, El lento deambular de las tormentas, de Florencia Lobo, Vos es (el libro interminable), de Néstor Ponce, Golpe Manco, de Ricardo Costa, Antología mínima, de Humberto Avilés Bermúdez, La misma araña, de Ana María Pedernera, Una casa no arde sola, de Evangelina Aguilera y Con_tra el desamparo, de Adriana González. Participación musical de Mariana Debenedetti. Lunes 22 de octubre. Sala Osvaldo Pugliese (PB), 19 hs.

Los frutos del cuerpo, de Abdellatif Laâbi

En el corazón de la caída

Un recorrido por la poesía de Adriana Almada, crítica de arte y poeta argentina radicada en Paraguay

 

 

De “Zona de silencio”, 2005

 

 

 

La privacidad, esa evanescencia.

 

 

***

 

 

Todos somos Ulises regresando a Ítaca,

pero sólo llegan los héroes.

Viejos y cansados,

pero llegan.

Saben que llegan tarde,

que perdieron parte de la película,

pero llegan.

Inventan lo que se ha ido,

construyen una nueva historia.

 

Soy Ulises.

Mi amado teje y desteje los días

mientras espera.

 

Él ya está en su patria,

nunca ha salido de ella.

Hace encantamientos

para olvidar que todavía no llego,

que el viaje es largo,

y que las sirenas se entretienen

conversando conmigo.

 

 

 

***

 

 

Escribir es desnudarse, exhibir cierta impudicia.

 

 

***

 

 

Encrespada cabellera de la tarde,

reflejo tardío sobre la quietud del té.

 

Saludos fragantes.

 

Hálito perfumado,

manos de seda,

ángel festivo.

 

 

 

***

 

 

Palpar [discreto placer],

tentador ejercicio.

 

Plácida placenta palpitante,

avidez primera,

último vestigio del paraíso.

 

 

 

***

 

 

Escritos de entrecasa, carne adentro.

 

 

 

***

 

 

La comba de la noche,

cáustica sombra

sobre la espiral del deseo.

 

 

 

***

 

 

Placer bifronte: el acariciante y el acariciado.

 

 

 

***

 

Madeja suave

de tiempo y silencio.

Mientras espero,

me acuno en el abandono.

 

 

 

 

De “Patios prohibidos”, 2008

 

 

 

¿qué es esta carne sino profecía ya cumplida?

el deseo quema todas las naves

 

 

 

***

 

 

el deseo. moscardón astuto que se demora y vuelve. silabeo de serpientes, fraternidad de hierba. el deseo se deshace en saliva, en peces que babean las paredes y pájaros sin cabeza que revolotean sobre la cama. el deseo infantil es poderoso. virginal. no sabe de manzanas ni de infiernos. el futuro no existe, solo este pedazo congelado de tiempo donde el universo se astilla.

 

 

 

***

 

 

la fruta de la infancia

es dulce en el exilio

 

cuando el destierro

se cumple piel adentro

no hay sitio más salado

que la propia carnadura

 

 

 

***

 

 

flor carnívora

este sexo de niña

que devora al corruptor

que la seduce

 

 

 

***

 

 

alacranes domesticados cruzan el silencio

 

 

***

 

 

camino vadeando abismos

rodeando ciudadelas de sal

en medio de la noche

 

 

 

***

 

 

nos arrojamos vendados

y también atados

el vértigo florece en el corazón de la caída

 

 

 

***

 

 

amargo es el trozo de pan con frío

 

 

 

***

 

 

ardedura antigua

tu mirada
interpela

mi infancia de sal y piedra

tus dedos desprenden el hielo

y encuentran agua

 

 

 

***

 

creo que puedo reconstruirlo todo a partir del indicio. dibujos, escritos, una que otra tela… perfumes. creo que puedo. detenerme un instante, sentir la inminencia del viaje. creo que puedo. la memoria es tierra fértil, plena de humus y lombrices que airean la propia biografía. reconstruirlo todo. como el homicida la escena del crimen, como el amante la delectación del amado.

 

 

 

 

***

 

paño fresco son los ojos del amado

ácido benévolo que remueve el pánico

es el día visto dos veces

 

al costado del laberinto

la noche se golpea

loca de amor

en una jaula

 

 

 

***

 

 

llueve

 

hay que preservar el fuego

en la intemperie

 

 

 

***

 

 

quiero alterar

la cadena genética del poema

cada partícula es una criatura

vulnerable

corruptible

 

quiero extirpar uno a uno

los órganos del poema

 

 

 

***

 

 

 

con la suavidad del álamo

has partido en dos la brisa

has arrojado el último pañuelo

sobre la seda del abismo

 

 

 

 

***

 

¿cómo hacer la cama

cuando uno solo quiere saltar al vacío?

 

***

 

 

el unicornio escapa de la fábula

me hiere

su desconsuelo de pradera extraviada

 

 

***

 

 

¿qué es el destierro
sino este deambular por las superficies?

¿qué es el destierro para las flores del aire?

 

 

***

 

 

en las varas de milenrama

el mundo se despelleja

 

rosa dédalo

apergaminada fragancia de laberinto

 

 

 

***

 

 

ábrete sésamo

palabra tacto

corazón de corzuela

 

 

 

***

 

el sonido

acaricia la felpa del día

se demora, viaja, enloquece

 

el sonido

hilo fino

lento

incisivo

 

el sonido de todo

el sonido del mundo

solo de sonido

 

***

 

 

promiscuidad perfecta

como hilos en una madeja

las palabras

 

 

 

De “Jardines del abandono”, 2018

 

 

Guardo un pliego de celofán desde la infancia. He crecido a su lado. Es hora de comenzar a desplegarlo y verificar su condición. Sigue intacto. Mi respiración vela, de a ratos, su transparencia. Lo desdoblo y hace ruido. Se quiebra. El solo tacto altera su composición física y metafísica. Mucho tiempo permaneció en esta caja que acabo de abrir. He desatado los lazos que la mantenían sellada y he revuelto su interior con ansiedad. El celofán se retuerce, estrangulado.

 

 

 

***

 

 

A la sombra de un cuervo

gigante desperté una mañana.

Sola, bajo el cuervo.

A la luz del día.

 

 

***

 

 

Autorretrato. Espejo ebrio.

 

 

***

 

Quiero ponerme un sombrero,

un par de guantes y un abrigo.

Y partir calle abajo, como Pessoa.

Pero aquí no hay calle. Ni frío.

Tampoco hay Pessoa.

Creo que Pessoa

tenía el sexo en la espalda.

En la espalda de Bernardo Soares.

En la tibia espalda del infortunio.

 

 

 

***

 

 

Traigo este viejo corazón en una bandeja.

Es un manjar extraño.

Ligero y violento.

Acidulado.

Exquisito en su amargura,

como un buen calvados.

Viejo corazón.

Hojaldre de pena.

Crocante.

 

Un bocado para cada comensal:

hay que proceder despacio,

suavemente.

Manjar tibio.

Viejo corazón delicado.

 

Cada mordisco libera un eco

y cada eco un fantasma.

No todas las fauces son iguales.

Algunas apuran la  fiesta.

Sin embargo, no hay desgarro:

este viejo corazón no tiene sangre.

Cada trozo se deshace

en mil hojas apergaminadas.

 

Viejo corazón secado en sal.

En vértigo.

 

 

***

 

El tiempo

se disfraza de ayer y hoy.

 

Adriana Almada nació en Salta (Argentina) y reside en Asunción (Paraguay).

Ha publicado dos libros de poesía: Zona de silencio (2005) y Patios prohibidos (2008) y tiene un tercero en imprenta, Jardines del abandono (2015). Es escritora, crítica de arte y curadora. Es autora de “Colección privada. Escritos sobre artes visuales en Paraguay”, “Hugo Aveta. Espacios sustraíbles” y “Joaquín Sánchez, el narrador”, entre otras publicaciones. Sus textos han sido recogidos en volúmenes colectivos, antologías y revistas  literarias.

Los frutos del cuerpo, de Abdellatif Laâbi

Antepasados

Con “Antepasados”  inauguramos una columna mensual de crónicas y ensayos del poeta y escritor hondureño Rolando Kattan (Tegucigalpa, 1979). Que la disfruten.

 

 

 

En mala sangre, especie de proemio del libro «Une saison en enfer», Rimbaud tomó los frutos que sobrevivían en el árbol de la sabiduría, de aquel que reinó y dio sombra en el jardín del Edén, sus versos son mordiscos de manzana: La mano que maneja la pluma vale tanto como la que conduce el arado. – ¡Qué siglo de manos! – Yo nunca tendré mano. Además, la domesticidad lleva demasiado lejos. Me exaspera la honradez de la mendicidad. Los criminales repugnan como los castrados: en cuanto a mí, estoy intacto, y me da lo mismo. ¡Pero! ¿quién hizo mi lengua tan pérfida como para que guiara y protegiera hasta ahora mi pereza?

Así el poeta deslía su origen, libera su pensamiento de la cosmovisión cristiana y de la lógica: Mi recuerdo no va más allá de esta tierra y del cristianismo. Jamás terminaré de reverme en ese pasado. Pero siempre solo; sin familia ¿qué lenguaje hablaría? Nunca me veo en los consejos de Cristo: ni en los consejos de los Señores, – representantes de Cristo. Quienquiera que yo fuese en el siglo pasado, sólo vuelvo a encontrarme hoy. Nada de vagabundos, nada de guerras vagas. La raza inferior lo cubrió todo – el pueblo, como se dice, la razón; la nación y la ciencia.

Hoy paso este poema en el corazón para que se tiña de duda y sentir en el torrente sanguíneo el arcoíris del mestizaje porque tal y como reza un proverbio africano, somos los habitantes de aquí abajo y somos también los de otra parte.  

Tal vez lo que quiero decir fue dicho por el poeta colombiano Jotamario Arbeláez en su poema “Antepasados”, Mis antepasados entraron a sangre y fuego en América conquistando y arrasando / Mis antepasados se defendieron con los dientes de esta invasión de bárbaros / Mis antepasados buscaban el oro para cuadrar las arcas de sus monarcas y saciar sus propias sedes / Mis antepasados ocultaron el oro de sus ritos al sol bajo tierra y bajo las aguas / Mis antepasados nos robaron la tierra / Mis antepasados no pudieron recuperarla / Cómo siento en el alma no haber estado en el cuerpo de mis antepasados / ¿De parte de cuál de mis antepasados me pondré contra cuáles?

O lo dijo el poeta chileno Farid Hidd en su poema “Generación”: Nacimos cuando nuestros abuelos / — amos del bosque — / decidieron / acercar sus viviendas / para conversar un poco / al final del día.

O —lo que quiero decir— ya lo escribió el poeta palestino Najwan Darwish en su poema “Documento de identidad”:  Todos los lugares de los que vengo resistieron a sus invasores, no hay hombre/ libre con quien / no esté unido por lazos de parentesco; / y no hay un solo árbol / ni una sola nube con los que yo no esté en deuda.

O tal vez solo basta sumar minutos en la fuente hasta que vea en mis rasgos, no los de mi madre, sino los de una estirpe y los de otra estirpe y los de otra. O reconocer que hay en mi saudade el rostro de un ancestro esclavo y en mi soberbia, la mano ordinaria de algún rey familiar.

Tal vez lo único que quería decir es que el jardín de las delicias, esa obra maestra del Bosco es en verdad un retrato de familia, de cualquier familia. Y que vale la pena acercar otra vez las viviendas, las ventanas para conversar de nuevo otro poco.

 

Imagen: detalle de “El jardín de las delicias” de El Bosco.


 

kattanRolando Kattan (Tegucigalpa, Honduras, 1979), poeta, gestor cultural y miembro de número de la Academia Hondureña de la Lengua. Ha publicado los libros de poesía: Exploración al Hormiguero (Editorial Sexta Vocal, Tegucigalpa 2004); Poemas de un Relojero (Costa Rica, 2013); Animal no Identificado (Ed. Gattomerlino, Italia, 2013); Acto Textual (El Ángel Editor, Ecuador, 2016); El árbol de la Piña (Ed. Cisne Negro, Honduras, 2016) y Luciérnaga de Otoño (Ed. Cisne Negro, Honduras, 2018); Un país en la fronda  (Raffaelli Editore, Italia, 2018);  Parte de su obra ha sido traducida al francés, árabe, japonés, italiano, portugués, chino, rumano, macedonio, griego e inglés.

 

Certificados SSL Argentina