Poemas de Emiliano Bustos

Poemas de Emiliano Bustos

Dos de poemas de Emiliano Bustos con traducción al francés realizada por Elise Person.

 

 

Mutación de la esperanza

 

A Mateo

 

Pasan muchas cosas en el mundo, las espinas

de los grandes males apuntan directamente al

corazón, y no hay diseños para esos agujeros por

venir. ¿La esperanza remodela esos escudos? Los

escudos no existen, pero pensar en la remodelación

de un hecho imposible es lo mejor que puedo decir

de la esperanza. Si te levantás en mitad de la noche

y temés que los pájaros, grandes pájaros carroñeros

se acerquen a tu ventana. Si ves que ya están ahí

y al mismo tiempo en el oscuro árbol aguja. Pasan

muchas cosas en el mundo, las espinas de los grandes

males. Si ves que ya están ahí y comen detrás de la

la ventana. El corazón es una espina tan fuerte

cruza de lado a lado. Y ahora ya no son carroñeros,

no recortan su cuerpo oscuro sobre el árbol aguja.

Tienen pico de pato, ahora, de pato. Pasan muchas

cosas en el mundo. Y querés sacar algo, pasar tu

brazo por la ventana, ya no son carroñeros, podés

buscar esas semillas que también buscan ellos.

Podés pasar el brazo, a pesar del miedo. ¿Y si,

a pesar de todo, te muerden? Atrapan tu brazo

o algo. Las espinas, esos agujeros por venir.

¿La esperanza remodela esos escudos? Es bueno

ser amigo del tiempo que pasa, ¿podemos ser amigos

y cortar nuestras cabezas antes de morir? Si ves que

ya no están ahí, que avanzaron sobre tus cuartos

y que son perros de lana de muchos colores. Se

revuelcan por el piso, pelean no tienen garras, son

como los juguetes de tu hijo. Podrías dormir sobre ellos

y rezar por el frío que tuviste hasta no hace mucho.

Rezar por ellos, pasan muchas cosas en el mundo.

Mutación de la esperanza.

 

 

Mutation de l’espoir

 

À Mateo

 

Il se passe beaucoup de choses dans le monde, les épines

des grands maux visent directement le

cœur, et il n’y a pas de desseins pour ces trous à

venir. L’espoir transforme-t-il ces boucliers ? Les

boucliers n’existent pas, mais penser à la transformation

d’un fait impossible est la meilleure chose que je peux dire

de l’espoir. Si tu te lèves au milieu de la nuit

et que tu as peur que les oiseaux, de grands oiseaux charognards

s’approchent de ta fenêtre. Si tu vois qu’ils sont déjà là

et en même temps dans le sombre sapin. Il se passe

beaucoup de choses dans le monde, les épines des grands

maux. Si tu vois qu’ils sont déjà là et qu’ils mangent derrière

la fenêtre. Le cœur est une épine si forte

traversant de part en part. Et maintenant ce ne sont plus des charognards,

leur corps sombre ne se détache plus du sapin.

Ils ont un bec de canard, maintenant, de canard. Il se passe beaucoup de

choses dans le monde. Et tu veux sortir quelque chose, passer ton

bras par la fenêtre, ce ne sont plus des charognards, tu peux

chercher ces graines qu’ils cherchent eux aussi.

Tu peux sortir le bras, malgré la peur. Et si,

malgré tout, ils te mordent ? S’ils attrapent ton bras

ou quelque chose. Les épines, ces trous à venir.

L’espoir transforme-t-il ces boucliers ? Il est bon

d’être l’ami du temps qui passe, pouvons-nous être amis

et couper nos têtes avant de mourir ? Si tu vois qu’ils

ne sont plus là, qu’ils sont entrés dans ta chambre

et que ce sont des chiens en laine très colorée. Ils

se roulent par terre, se battent et n’ont pas de griffes, ils sont

comme les jouets de ton fils. Tu pourrais dormir dessus

et prier pour le froid que tu as eu il y a peu.

Prier pour eux, il se passe beaucoup de choses dans le monde.

Mutation de l’espoir.

 

 

Bebemos cuando llega la mañana

 

A la Gata

 

Los vi desde el tren. Sentados en la puerta de una casa,

tomaban en tazas. Estaban cerca, como una pareja o

amigos. Tal vez haya visto una escalera. Unos escalones

donde estaban sentados. Es una casa cerca de la calle

Paraná, pasé tantas veces por ahí. Escribiendo un poema

como este me gustaría pensar (o decir) que venían de una

habitación rociada de amor. Llegó la mañana y quisieron

respirar, porque todo sigue. No es fácil darle cuerda al día,

¿qué hacía cuando era joven? Estaban cerca, como amigos.

¿Vi sus edades? Desde el tren recuperé unas formas, que

preferí pensar enamoradas. El tren pasó rápido, y construí

la casa desde todas las veces que la vi. ¿Cuál era la novedad?

Bebemos cuando llega la mañana, lo hice tantas veces. Si

el trauma del mundo nos permite incrustar el alma, el día,

lo haremos aún mañana. Los vi desde el tren y pensé

escribir un poema sin el efecto melancólico que siempre

nos seduce sobre las cosas pasadas, pensé en el día que

empieza, cómo beber un poco frente a otro. Nunca estalló

el hit de la poesía en mis manos; todavía me considero un

Sísifo intrafamiliar. Sentados en la puerta de una casa,

tomaban en tazas. Por qué pedir la muerte si el día apenas

llega; lo vemos desde una perspectiva fugaz, ahí, desde

el coro. Amigos distantes, ¿me susurraron estas cosas?

No, el canto llega de todas partes, y la posesión de un

amor cuando el día nace es un milagro que apunta al

corazón. Bebemos cuando llega la mañana, recuperamos

las formas que pasan, por algún tiempo.

 

 

Nous buvons quand vient le matin

 

À la Gata

 

Je les ai vus du train. Assis à la porte d’une maison,

ils buvaient dans des tasses. Ils étaient proches, comme un couple ou

des amis. J’ai peut-être vu un escalier. Quelques marches

sur lesquelles ils étaient assis. Dans une maison proche de la rue

Paraná, je suis si souvent passé par là. En écrivant un poème

comme celui-ci, j’aimerais penser (ou dire) qu’ils venaient d’une

chambre baignée d’amour. Le matin est venu et ils ont voulu

respirer, car tout continue. Il n’est pas facile de remonter le jour,

que faisais-je quand j’étais jeune ? Ils étaient proches, comme des amis.

Ai-je vu leur âge ? Depuis le train, j’ai récupéré quelques formes, que

j’ai préféré penser amoureuses. Le train est passé vite, et j’ai construit

la maison à partir de toutes les fois où je l’ai vue. Quelle était la nouveauté ?

Nous buvons quand vient le matin, je l’ai fait tant de fois. Si

le traumatisme du monde nous permet d’incruster l’âme, le jour,

nous le ferons encore demain. Je les ai vus du train et j’ai pensé

écrire un poème sans l’effet mélancolique qui

nous séduit toujours au sujet des choses du passé, j’ai pensé au jour qui

commence, à comment boire un peu face à l’autre. Le succès

de la poésie n’a jamais explosé entre mes mains ; dans la famille,

je me considère encore comme un Sisyphe. Assis à la porte d’une maison,

ils buvaient dans des tasses. Pourquoi demander la mort si le jour arrive

à peine ; nous le voyons depuis une perspective fugace, là, depuis

le chœur. Lointains amis, m’auriez-vous chuchoté ces choses ?

Non, le chant arrive de partout, et la possession d’un

amour quand le jour se lève est un miracle qui vise le

cœur. Nous buvons quand vient le matin, nous récupérons

les formes qui passent, pour un certain temps.

 

 

Elise Person es profesora de español y traductora en Brest (Francia). Estudió en la Universidad de Bretaña. En 2007 Editions L’harmattan, de Paris, publica su tesis: Vocabulaire hispanique des chansons et des musiques populaires caraïbes. Tradujo, entre otros, a Verónica González Arredondo (México), Luis Enrique Belmonte (Venezuela), Víctor López Zumelzu (Chile), Philémon Le Guyader (Francia) y Arnaud Bourven (Francia).

Emiliano Bustos es poeta y dibujante. Publicó Trizas al cielo (1997), Falada (2001), 56 poemas (2005), Cheetah (2007), Gotas de crítica común (2011), Poemas hijos de Rosaura (2016), Mutation de l’espoir (2021). Participó en los ciclos La línea piensa (Centro Cultural Borges, Buenos Aires, 2013), El dibujo es mentira (Alianza Francesa de Barranquilla, Colombia, 2020), y en los libros colectivos Guardianes de Piatock (2020) y Una imagen para decirlo (2022). En 2022 ilustró la antología Interestelaria, compilada por Julián Axat, y el poemario Hontanar, de Reynaldo Jiménez.

XII Festival de Poesía en el Centro

XII Festival de Poesía en el Centro

…algo en mí reconoció los signos,/ esas suaves y delgadas canoas/ sobre el papel, esas líneas/ de arenas y de vientos.

Susana Cabuchi

 

Pero la poesía altera la gramática,/ a veces tiembla el sujeto del enunciado/ o tropieza quien habla en la enunciación/ como si el proceso de despersonalizarse/ implicara una tormenta de nieve.

Javier Galarza

 

 

Doce años de poesía, representativa de las distintas tradiciones argentinas y latinoamericanas.

Veinte años de vida del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, redoblando la apuesta por más encuentros, más poesía de calidad, más identidad cultural, más diversidad poética, a pesar de las pandemias y las crisis.

 

[MAR 09] Sala Raúl González Tuñón [1° P]

 

19 hs-Apertura. Presentación de poetas internacionales: Charlie Marré (Panamá), Victoria Sur (Colombia), Valeria Sandi (Bolivia), Marta López Luaces (España), y Harold Alva (Perú).

Victoria Sur canta a César Vallejo

 

[MIE 10]  Sala Osvaldo Pugliese [PB]

 

18 hs. Mesa de lectura

Participan: Gustavo Tisocco (Corrientes), Luis Raúl Calvo, Sara Mamani (Salta), Marina Cavalletti, Victoria Sur (Colombia) y Mercedes Roffé

 

20 hs. Mesa de lectura

Participan: Marta López Luaces (España), Fernando Caniza, César Bisso (Santa Fe), Emiliano Campos Medina y Osvaldo Bossi.

 

[JUE 11] Sala Osvaldo Pugliese [PB]

 

18 hs. Mesa de lectura

Participan: Ana Claudia Díaz (Santa Teresita), Gabriela Borrelli Azara, Daniel Viola, Gabriela Franco y Harold Alva (Perú).

 

20 hs. Mesa de lectura

Participan: Charlie Marré (Panamá), Romina Dziovenas, Emiliano Bustos, Bárbara Alí y Valeria Sandi (Bolivia).

 

[VIE 12] Sala Osvaldo Pugliese [PB]

 

18 hs. Mesa de lectura

Participan: Alejandra Méndez Bujonok (Rosario), Sabrina De Luca (Tierra del Fuego), María José Bozzone, Viviana Abnur, Lucas Margarit y Carolina Zamudio (Corrientes).

 

20 hs Una conversación sobre poesía

Claudia Masin y Guillermo Saavedra dialogan y leen sus textos

 

POETAS PARTICIPANTES

Viviana Abnur (Buenos Aires, 1964). Publicó Agosto (2007), Delta (2009, con fotografías de Anna Lee), Flores y velas (2014), La pereza (2018), y Rash (2022). Integra las antologías Animales distintos (México, 2008) y Poesía argentina por Palestina (2016). Poemas de Delta, forman parte del libro El patrimonio natural y cultural del Bajo Delta Insular del Río Paraná (2011).  Junto con el fotógrafo Alejandro Montini y el videasta Gastón Roccasalvo, fue finalista del Concurso Video Babel, Cusco Perú, 2013, con el proyecto luna doble. En 2010 recibió el Premio Nacional de Poesía Adolfo Bioy Casares. Reside en la ciudad de Haedo (Buenos Aires).

 

Bárbara Alí (Buenos Aires, 1984). En 2021 ganó el XXXV Premio Unicaja de Poesía, organizado por la Editorial Pre-Textos y la Fundación Unicaja (España), con su libro Memoria fantasma. En 2016 publicó el poemario La mancha de los días y en 2020 Movimiento de ida. Compiló, junto con Roxana Molinelli, la antología de poesía Otros colores para nosotras (2018). Su poesía integra antologías nacionales y extranjeras. Es Licenciada y Profesora en Letras por la Universidad de Buenos Aires.

 

Harold Alva (Perú, 1978). Es autor de Tocado por la lluvia (2022), Lima (2012), Sotto voce (2003) y Morada y sombras (1998), entre otros libros. Desde el año 2013 realiza el Festival Internacional Primavera Poética. Ha participado como expositor en diversas ferias internacionales y festivales de poesía en Estados Unidos, Colombia, Ecuador, Chile, Argentina, España y Portugal. Antólogo de La primera línea: poesía iberoamericana, y director de la colección de poesía iberoamericana publicada por la Municipalidad de Lima (2020). En 2021 el Ayuntamiento de Salamanca lo declaró Huésped Distinguido, junto al Poeta Nuno Júdice.

 

César Bisso (Coronda, Santa Fe, 1952). Poeta y ensayista. Sus últimos libros publicados son Un niño en la orilla (Segundo premio municipal de poesía, Ciudad de Buenos Aires); Andares; La jornada (Tercer premio Fundación Argentina para la Poesía) y De abajo mira el cielo. Participó en encuentros y festivales realizados en Argentina, América Latina y Europa. Fue incluido en antologías nacionales y extranjeras, y traducido al inglés, portugués, francés, alemán, italiano y árabe.

 

Gabriela Borrelli Azara (Monte Grande, Buenos Aires). Ha publicado los libros de poemas Océano (2015), Hamaca paraguaya (2019) y Holter (2021).  También la novela Vidrio (2020). Compiló los libros de divulgación Lecturas feministas, I y II (2018-2021) y Si Evita viviera. Antología de poesía lesboperonista (2021). Locutora, conductora de radio, feminista nacional y popular, lectora incansable y generosa divulgadora de múltiples producciones literarias. Compartió espacios radiales con Julia Mengolini, Tom Lupo y Héctor Larrea, entre otros nombres, intentando acercar la poesía desde la radio. Es asesora en literatura del Centro Cultural Kirchner, donde dirige el Festival Poesía Ya!

 

Osvaldo Bossi (Buenos Aires, 1960). Poeta y narrador. Sus últimos libros publicados son Un tonto deseo de amor, antología poética (Aranga Ranga, 2021), Y sin que me diera cuenta yo (Patronus Ediciones 2021), Cuando yo era poeta (H.D Ediciones, 2022) y Querido Joven maravilla (Mágicas naranjas, 2022). Integra numerosas antologías de poesía argentina y latinoamericana. Coordina el ciclo de lecturas El rayo verde, y dicta talleres de poesía en forma grupal e individual.

 

Majo Bozzone (Buenos Aires, 1966). Es licenciada en psicología y practicante del psicoanálisis. Publicó los poemarios Ecos del silencio (2013), Irrupciones (2020) y El mito de mi habla (2021). Le interesa especialmente la vecindad entre psicoanálisis y poesía. Compiló junto a Natalia Neo Poblet Oscilaciones del sentido (2019). Realizó taller literario con la poeta Carla Demark (2016-2019) y desde el 2020 con el poeta Javier Galarza. Desde el 2001 coordina diferentes dispositivos de lectura abiertos a la comunidad. A partir del año 2019 desarrolla el sitio www.teleotecuento.com.ar .

 

Emiliano Bustos (Buenos Aires, 1972). Es poeta y dibujante. Publicó Trizas al cielo (1997), Falada (2001), 56 poemas (2005), Cheetah (2007), Gotas de crítica común (2011), Poemas hijos de Rosaura (2016), Mutation de l’espoir (2021). Participó en los ciclos La línea piensa (Centro Cultural Borges, Buenos Aires, 2013), El dibujo es mentira (Alianza Francesa de Barranquilla, Colombia, 2020), y en los libros colectivos Guardianes de Piatock (2020) y Una imagen para decirlo (2022). En 2022 ilustró la antología Interestelaria, compilada por Julián Axat, y el poemario Hontanar, de Reynaldo Jiménez.

 

Luis Raúl Calvo (Buenos Aires, 1955). Dirige el Proyecto Cultural “Generación Abierta” desde su fundación, en 1988. En 2000, “Generación Abierta” fue declarado de interés cultural por la Legislatura porteña. Publicó trece libros de poesía. Ha sido traducido al inglés (por Flavia Cosma y Carmen Vasco), al francés (por Duilio Ferraro y Ana Romano), al portugués (por Antonio Miranda, Lourdes Sarmento y Patricia Tenorio), al rumano (por Flavia Cosma), al italiano (por Antonio Aliberti y Gladys Sica), al bengalí (por Mainak Adak), al albanés (por Baki Ymeri), y al griego (por Stelio Karayanis).

 

Emiliano Campos Medina (Buenos Aires, 1978). Estudió Artes Aplicadas al Muro en la Escuela Llotja de Barcelona, España, y cursó Filosofía en la UBA. Publicó Altares suburbanos (2017) y Nieve en Barcelona (2020), ambos por Ediciones En Danza. Vive en la ciudad de Quilmes.

 

Fernando Gabriel Caniza (Buenos Aires, 1970). Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación, periodista, escritor, gestor cultural y docente universitario. Publicó Así estamos (2019), A nadie le importa (2016) y Luces de hospital (2005). Participó de la Antología Federal de Poesía, región Ciudad de Buenos Aires (CFI, 2020). Fue jurado del concurso Premio UNNE para las letras (2021), de cuentos Yo te Cuento Buenos Aires-Edición de Oro (2019), organizado por la Legislatura porteña. Coordina los ciclos de lectura Transpolar, de forma autogestiva, y Correspondencia (Legislatura, Ciudad de Buenos Aires).

 

Marina Cavalletti (Avellaneda, Buenos Aires). Es Magíster en Escritura Creativa y Técnica profesional en Música. Ideó el ciclo nómade “Brote Poético”. Dirigió la colección González Tuñón del GES. En 2020 editó Random (ebook + playlist) y en 2021 Hospital pediátrico, ganador del Concurso Adolfo Bioy Casares. Coordinó, junto a Romina Dziovenas, el ciclo “Las raras circunstancias”, en el marco del Espacio Literario Juan L. Ortiz del CCC. Dicta talleres de canto y escritura.

 

Sabrina De Luca (Ushuaia, Tierra del Fuego, 1980). Escritora y Profesora de Filosofía por la Universidad de Buenos Aires. Galardonada por Abelardo Castillo, Sylvia Iparraguirre y Guillermo Martínez por su cuento Sobre la fabricación de Ideas (San Isidro, 2009) Editó su primer libro de cuentos Bajotierra (Alción editora) en 2013, y en el año 2018 Más detalles, su primer libro de poesía (Modesto Rimba editorial). Fue curadora de Ciclo el Toro, literatura de Frente, por donde circularon grandes músicos y escritores de la escena local (Buenos Aires, 2017-2019).

 

Ana Claudia Díaz (Santa Teresita, Buenos Aires, 1983). Publicó los poemarios Limbo (Pájarosló Editora 2010 – La One Hit Wonder Cartonera 2012), Conspiración de perlas que trasmigran (Zindo & Gafuri 2013), Una cartografía de la insolación (Club Hem 2015) y El hemisferio del lado en que quedamos (2018, Baltasara). En 2018 obtuvo una Beca a la Creación del Fondo Nacional de las Artes para su proyecto Yacer en el Tuyú. Antología de poetas del Partido de la Costa y General Lavalle (El Suri Porfiado, 2020). Coordina talleres de escritura.

 

Romina Dziovenas (San Fernando, Buenos Aires, 1981). Participó en diversas antologías, entre ellas El Rayo verde: la tenue respuesta de las hojas y Otros colores para nosotras. Zona de derrumbe (2018) es su primer libro de poemas. Se dedica al psicoanálisis y a la docencia universitaria. Le gusta coleccionar miniaturas.

 

Gabriela Franco (Buenos Aires, 1970). Licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Es poeta, editora y docente. En poesía, publicó Calle, Piedras preciosas, Los que van a morir, Modos de ir y En orden de aparición. Estuvo a cargo de la compilación de varias antologías de poesía, como Primeras poetas argentinas, y de la antología de relatos Perón Vuelve. Cuentos sobre peronismo. Coordina la revista Por el Camino de Puan, la publicación literaria de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Colabora en distintos medios y ha coordinado talleres y ciclos de poesía. En 2022 su libro inédito Por las ramas recibió el Premio Storni de poesía (CCK).

 

Marta López Luaces (A Coruña, España 1964) En poesía ha publicado: Distancia y destierros (1998), Las lenguas del viajero (2005), la plaqueta Memorias de un vacío (New York: PenPress, 2002), Los arquitectos de lo imaginario (Valencia: Pretextos, 2010) y Después de la oscuridad. (Valencia: Pretextos, 21016 y reeditado en 2022 por el suri porfiado en Buenos Aires). Es traductora del inglés y dirige el ciclo de lecturas Bilingual Poetry Readings at Tompkins. Su última novela publicada es El placer de matar a una madre (Penguin Random House, 2019). Es profesora de literatura en la universidad de Montclair SU, en la ciudad de Nueva York.

 

Sara Mamani (Salta, 1952). Cantante, autora y compositora. Es Profesora de Filosofía egresada de la Universidad Nacional de Salta, cuyo lema, “Mi sabiduría viene de esta tierra”, ha nutrido toda su expresión artística. Ha editado Cantos de tierra, Agüita el alma, Warmi, Yo tengo palabras, Re-Vivir, y Trazos. Integrante del Foro Argentino de Compositoras y de MujerTrova. Ha trabajado con Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, en el Servicio Paz y Justicia. Recibió, entre otras, la Distinción Nelly Omar por su aporte a la Cultura Popular. En 2020 publicó, su primer libro de poemas, Décimas, y en 2021 Ovillos, los dos por El Suri Porfiado.

 

Lucas Margarit (Buenos Aires, 1966). Publicó los libros de poesía, Círculos y piedras, Lazlo y Alvis, El libro de los elementos, Bernat Metge, Elis o teoría de la distancia, Telesio, Brevissimo tratado sobre el asombro y Vestigios de lo que se puede ver. Entre sus títulos de ensayos, Samuel Beckett. Las huellas en el vacío y Leer a Shakespeare: notas sobre la ambigüedad. Es Doctor en Letras por la Universidad de Buenos Aires (UBA), investigador y docente de la materia Literatura inglesa, en la misma Universidad.

 

Charlie Marré (Panamá, Ciudad de Panamá, 1987).  Autor del poemario La próxima frontera (2022).  Realizó las performances poéticas Travesía de los sentidos (2006) y Bajo Tierra (2010-2012). Su producción literaria se ha publicado en numerosas antologías entre ellas Contar no es un juego, de la Universidad Tecnológica de Panamá (2006) y AM3R1C4 2.0 (2010) de la Universidad Autónoma de México. Fue integrante y fundador de la revista literaria Los inútiles de siempre.

 

Claudia Masin (Resistencia, Chaco, 1972) Actualmente reside en Córdoba, donde coordina talleres de escritura. Fue docente de la materia Poesía en la carrera de Artes de la Escritura (Universidad Nacional de las Artes, Buenos Aires). Publicó diez libros de poemas, dos antologías y una edición de su Poesía Reunida. Libros suyos se han publicado en España, México, Brasil y Chile. Su libro La vista obtuvo por unanimidad el Premio Casa de América de España (Visor, 2002).  Su libro Lo intacto obtuvo un premio del Fondo Nacional de las Artes (2017). Ha sido traducida al francés, inglés, sueco, portugués e italiano.

 

Alejandra Mendez Bujonok (San Cristóbal, Santa Fe, 1979). Publicó los libros de poemas: Tarde abedul (2013), Charlas con Cuchúa (2018), Trece maneras de enfocar otro pájaro (2019) y Rapsodia descontenta (2022). Fue declarada Artista Distinguida por la Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe (2019). Integra numerosas antologías nacionales e internacionales. Coordina un ciclo de lecturas en la Biblioteca Argentina Dr Juan Álvarez, en la ciudad de Rosario, y, junto a la poeta Vicky Lovell, el Área de Letras del Complejo Cultural Atlas, donde destaca, entre otras actividades, la curaduría del Melopeas Fest (Festival. Nacional de Poesía y Música).

 

Mercedes Roffé (Buenos Aires, 1954). De amplia trayectoria y reconocimiento, por su poesía recibió, entre otras distinciones, la beca John Simon Guggenheim (2001) y el Premio de Poesía Fundación Casa Bukowski (2021). Ha sido traducida a varios idiomas e incluida en antologías nacionales y extranjeras. En 2022, la editorial EDUVIM, de Córdoba, publicó Iluminado artificio. Ensayos sobre la obra de Mercedes Roffé, volumen compilado por Eugenia Straccali. Además de sus numerosos libros de poesía, ha publicado libros de fotografía, en los que las imágenes dialogan con las palabras. Es editora de la colección de poesía PenPress, en la ciudad de Nueva York.

 

Valeria Sandi Peña (Santa Cruz, Bolivia, 1991). Publicó los poemarios Ambidiestros (2014) en coautoría, La luna lleva sal (2016), Rincón de lluvia (2018) y Raíz de Ceniza (2020). Forma parte de la editorial Literatelia y es coordinadora para Sudamérica de la Feria de Letras Iberoamericanas Literatelia (FLIL) y las revistas Galerías del Alma y Mal de Ojo. Dirige el ciclo de lecturas Trueque Poético y el Festival Internacional de Poesía Joven Jauría de Palabras. Participó en festivales y encuentros en Argentina, Chile, Colombia, Perú, México y Cuba. Ha recibido, entre otras, la distinción del Ministerio de Culturas y Turismo de Bolivia, por su aporte y dedicación constante a la cultura del país.

 

Guillermo Saavedra (Buenos Aires, 1960) es poeta, editor, traductor y crítico cultural. Publicó los libros de poesía Caracol (1989), Tentativas sobre Cage (1995), El velador (1998, reeditado en 2019), La voz inútil (2003), Del tomate (2009, con ilustraciones de Eduardo Stupía), Treinta y tres tristes trípticos (2015, con fotografías de Daniel Caldirola), Diario de viaje de Pretty Jane (2016, en colaboración con Liliana Heer), amor aleja (2020, también junto a Liliana Heer) y Vidas del poema (2021, con dibujos de Eduardo Stupía). Su poesía fue traducida al portugués, inglés, alemán e italiano.

 

Victoria Sur (Colombia). Publicó el libro de poemas Tan cerca (2022). Como cantautora publicó seis álbumes: Bambuco Ácido (2004), Colección de mundos (2008), Belleza Silvestre (2010), Tu continente (2005), Hasta el nuevo sol (2017) y Nanas Consentidoras (2020). Recientemente ha publicado dos sencillos junto a la reconocida intérprete peruana Susana Baca: “Camino de la patria” (2021) y “Chabuca Es” (2022).

 

Gustavo Tisocco (Mocoretá, Corrientes, 1969). Publicó cuatro CD de poesía y catorce poemarios, entre otros Hectáreas (publicado en Madrid), Perla del Sur, Entre ventanas y El solo. Por su poesía, traducida a varios idiomas, obtuvo numerosos premios y reconocimientos. Participó en encuentros nacionales e internacionales, en países y ciudades como Perú, México y Nueva York. Es creador y curador, desde 2006, del sitio web Mispoetascontemporaneos.

 

Daniel Viola (Buenos Aires, 1958). Sus últimos libros de poemas publicados son La sombra de la hoja (2020) y Los días inversos (2022). Ha participado en más de cuarenta espectáculos teatrales en su carácter de actor, dramaturgo, titiritero y director. Desde 2009 conduce y guiona el programa de radio para chicos Los Limpiaorejas (Premio Argentores, Premio ATINA), donde difunde cuentos y poemas de diferentes autores, junto a música de Latinoamérica y Argentina. Fue fundador y coordinador de MOMUSI (Movimiento de música para niños), junto a María Teresa Corral.

 

Carolina Zamudio (Corrientes, 1973). Publicó Seguir al viento (2013), La oscuridad de lo que brilla (2015) Doble fondo XII (antología, 2016), Rituales del azar (2017), Teoría sobre la belleza (2017), La timidez de los árboles (2018), El propio río (2020), Vértice (2020) y Las certezas son del sol (2021). Su poesía ha sido traducida a varios idiomas e incluida en antologías nacionales y extranjeras. Es Magíster en Comunicación Institucional y Asuntos Públicos. También ejerce el periodismo. Creó y dirige la Fundación Esteros, y la Revista Literaria Esteros (www.esteros.org).

 

 

Organiza: Espacio Literario Juan L Ortiz

Poemas de Emiliano Bustos

Después de la pandemia

Julio de 2022, relanzamiento de Excéntrica

 

Luego de casi tres años de pandemia, el Espacio Literario Juan L Ortiz del Centro Cultural de la Coperación relanza sus actividades, incluyendo la publicación de Excéntrica, nuestra revista digital.

En este 2022, cuando el CCC cumple 20 años de existencia, relanzamos también nuestro Festival Internacional de Poesía, que en agosto celebrará una nueva edición, con diversidad y excelencia, con poetas de Argentina y de otras partes del mundo.

En el caso de Excéntrica, este renacimiento incluye, como simpre, poemas y narraciones, pero también ensayos y notas, y una entrevista imperdible a la gran crítica literaria argentina Josefina Ludmer.

En este mes de julio, las poéticas en movimiento de Excéntrica vuelven a circular. Sean todos y todas bienvenid@s de nuevo.

 

Poemas de Emiliano Bustos

Incendio mineral

Poemas de “Incendio mineral”, libro ganador del Premio de la Crítica de España. El miércoles 06 de julio, a las 19 hs, en la sala Osvaldo Pugliese del CCC. Av. Corrientes 1543, su autora, María Ángeles Perez López, de paso por Buenos Aires, ofrecerá una lectura de poemas y dialogará con el público.

 

[DESCIENDO HASTA TU CUERPO Y ME OSCUREZCO]

 

Desciendo hasta tu cuerpo y me oscurezco. Me pierdo en tu penumbra, en la apretada maraña de tu boca.

Han desaparecido las huellas de enfermeras y de antílopes, de pasajeros sombríos en el atardecer del metro. Los flamboyanes son promesas rojizas que nada quieren saber de la ciudad. Gotea, sobre los túneles también sombríos, la perlada e infame desmesura del sudor. La grasa de los motores recalienta la tarde hasta asfixiarla.

Entonces, agotado ya el día, entro en ti como en una cueva fresca y sibilante. Atrás quedan las horas insulsas, los platos de comida precocinada que se adhieren al plástico, los teléfonos que suenan sin que nadie conteste. Atrás queda, al fin, la expoliación carnal de las mañanas, fibra en la que los músculos se tensan hasta abrirse en puntitos de sangre que no se ha dejado domesticar por completo.

Cuando entro en ti, todo se borra: palabras que aprieto contra el paladar hasta volverlas de agua; archivos de memoria que no encuentro; proteína que pierde su estructura en la embriaguez extrema del calor.

Cuando entro en ti, la noche me posee.

El cuerpo pertenece a su placer.

 

 

*

[LÓPEZ, HIJO DE LOPE, HIJO DE LOBO]

 

López, hijo de Lope, hijo de lobo.

Camada de palabras en la boca. La madre las arrastra por el cuello, protege en la piedad de sus colmillos cada cría que nace hacia lo oscuro.

Lobeznos cuya piel, también oscura, señala que aún son tránsito y progenie. Cuando nacen, sordos y ciegos durante muchos días solo intuirán el cuerpo de la madre, la tibia exhalación de sus mamas agrestes. Corre un hilo muy blanco por su hocico. El mismo que alimentó a Rómulo y Remo. El que fundó después Roma la eterna. Todas nuestras ciudades erigidas sobre esa leche montaraz y sorda.

Plazuelas y estaciones de tren que chapotean, sin saberlo, en el líquido indómito que brotó de madre. Luego Remo lo teñirá de rojo cuando sea asesinado por su hermano.

El fratricidio mancha los días, las glorietas, los obtusos semáforos que gesticulan en la noche temible de la sangre. ¿Dónde está tu hermano?, le pregunta la loba a cada hijo.

Pero ahora, cuando las palabras son todavía muy niñas, en la extrema piedad de lo salvaje solo un líquido blanco moja el mundo.

De las mamas dolidas y valientes surge la llamada a alzarse sobre el suelo, a ser lobatos. Vendrán las piezas dentales a colmar a cada cría. Le enseñarán el rumbo de la caza. El perfume sangriento de vivir.

Cuando dejan la cueva de la boca no olvidan su patronímico, su condición audaz de brote y descendencia en relación con la camada y con la especie. Llevan su apellido en la cerviz, animales domésticos de pronto, sometidos por esas palabritas a la deuda imperiosa de su clan. Perfectos alfiles del tablero, piezas para el servicio del señor que, tras la levita azul de los domingos, no olvidan que en su origen fueron lobos.

Canis lupus.

Parientes del aullido de la noche bajo la tosca malla de metal. Cubiertos con chapa repujada, adorna su violencia el guantelete, el yelmo, el ristre, la armadura. Gritan como animales acosados. El caballo cae vencido contra el suelo.

Sin embargo nada dura la roja euforia de contemplar a Remo vencido contra el suelo. Hombre y presa bajo la misma piel. Quien hoy venció es mañana derrotado. Se nubla la memoria del combate.

En el furor extremo de la Historia solo brilla la primera dentición, vagido de la vida que no tiembla. A los pechos de loba se dirige, a su reguero blanco, a su osadía.

Cuando llega la noche y tengo miedo, reconozco en mi nuca la correa con la que estoy atada al apellido. Pero en la sombra suenan mis hermanas. Su aullido me permite levantarme de mi propia estatura, de la legislación de lo real. Casi a tientas, entonces, sacudo mi pelaje y, olisqueando la leche, subo a madre. A la inocencia extrema en sus colmillos y el fervor derramado de la luz.

 

 

 

*

[EN LA LOMBRIZ DE TIERRA, NADA ES TIERRA]

 

En la lombriz de tierra, nada es tierra. ¿Acaso a ella le importa su apellido? ¿La prudente certeza de las taxonomías? ¿La sucesión arbórea de nombres en latín que hunden sus raíces en la tierra más blanda?

Cuando se mueve, avanza en lo invisible. Anélido vibrante, conjetura, coágulo de tiempo entre lo oscuro. Su traslación es blanda y sinuosa, no acepta ni la línea ni el triángulo ni ningún mecanismo de lo rígido. No puede imaginar que otras especies reñimos violentamente con nuestros huesos. Que los soportamos con la resignada obstinación de quien carga todo el peso de la ley.

En el dócil cilindro de su cuerpo, entra y sale la tierra sin parar. Pero en ella hay tan solo ondulación. La insólita respuesta a los cambios de luz. El flujo en que persigue su deseo como si fuera un pez brillante bajo el agua al que no puede ver ni atrapar con las manos.

Sin embargo no siente ninguna desazón. En ella nunca cabe la sospecha, solo el tenaz empuje de lo vivo hacia todas las formas de lo vivo, la ebullición inquieta en lo ilegible.

Cuando baja hasta el mundo sin temor, ¿tropieza con la sangre derramada? Por ejemplo en Magenta o Nagasaki, en El Cairo y Alepo, en Srebrenica, ¿se empapa, pegajosa, de esa sangre? ¿De su alarido hirviente? ¿Del cauce enardecido con que el odio moja la piel oscura de los campos como ácido que mana sin ceder? ¿También de las ciudades, que se hincan de rodillas sobre sus edificios más humildes?

Cuando entran en el mundo sin temor, las lombrices conocen lo baldío, lo seco, lo atrapado en la intemperie. Pese a ello, descienden a la luz. Bajan por ascensores de cristal en los que entra pastoso el territorio y trasladan la dicha a todas partes. Sacramento y unción de la materia.

Después serán tomadas como cebo. Igual personas, campos y ciudades servirán como cebo y como espita. Agitarán temblando su temor en la boca arrasada de la muerte.

Pero antes, siempre antes de ese instante, es suya la hipótesis feliz de los anillos que unen cada parte de su cuerpo como se une el todo con el todo. Por eso conspiran y eclosionan hacia el barro, la tierra primordial. Por eso no aceptan venir hasta aquí y convertirse en línea y armazón, en verso empobrecido de esta página.

¿Cómo haré para entrar en su abandono, en la respiración concéntrica de lo que no se sabe?

Eslabón prodigioso en lo fugaz.

La alegría, impasible, invertebrada.

 

con Claudio Rodríguez

 

 

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[EL FUEGO ALGUNA VEZ FUE UN ANIMAL]

 

El fuego alguna vez fue un animal. Un músculo violento que saltaba abrazando cada hoja. Un lengüetazo extremo de calor en la altura voluble del bejuco. La imperiosa fricción de lo invisible con los órganos blandos de la luz, como boca que todo lo mordiese.

Para atraparla hay lanzas, alaridos y el estupor que nunca dimite de sí.

Hay sangre entre los huesos y las hachas.

Se movilizan piedras y animales, estirpes y cuchillos hacia la cacería de lo incierto.

Pero ¿quién es quien domestica a quién? ¿A quién le pertenece ese fluido? Espécimen borrado por la lluvia, por la memoria húmeda del mundo, es también su raíz y su inocencia. No es cierto que ya esté domesticado. Siempre somos su piel y su carnaza.

 

El fuego alguna vez fue un animal. Hoy es tigre y es cueva, es tiempo y es techumbre, la escisión de lo denso y ligero en dos mitades que luego se besan y derrochan.

Le entregaremos lo que acaso fuimos: las largas ceremonias de los bosques en su ritual de nudos y de tallos, la cicatriz del viento, la ceniza, el pánico de las muchachas que caminan solas en la noche, la infancia con su escritura de humo.

Y nosotros ardiendo en esa pira, ¿seríamos también un alfabeto roto? ¿Caligrafía impropia y displicente?

Pero decir nosotros es pensar en ¿qué? en ¿quiénes? ¿Las viudas del ritual sati, en el norte de la India, que se ofrecen a las mismas llamas de las que brotó la unción animal con el esposo? ¿Los que arrojan en la noche de San Juan hasta la última rama del olvido? ¿Los que soplan las brasas de los basureros y golpean sus dientes contra lo tumefacto por si de ellos rezuma un grumo intestinal? ¿Los que queman banderas ante las embajadas y luego creen que un colibrí bebe en su pecho? ¿Los que se apellidan Ramos y saben que habrán de entregarse a cada hoguera? Entonces alguien te regala otro apellido. Si has quedado tan huérfano, podrían entregarte otro cualquiera: Escudero, Expósito o Vasallo. Tal vez Lerner, el que vino de muy lejos. El médico inglés James Parkinson también puede regalarte el suyo.  Pedirás, con angustia, con los brazos atados a la enfermedad, que te devuelvan quien habías sido: una ramita verde de avellano que solo conocía lo flexible. Pero antes o después, todos los nombres bajan hasta el fuego. Bajan las lanzas, las manos perfumadas de resina, los códices que Diego de Landa quemó en Yucatán, la Biblioteca de Alejandría con su despiadado recuento de volúmenes perdidos y el año 33 en la Plaza de la Ópera en Berlín (quemar cuerpos y libros termina pareciéndose, alguna vez el fuego fue un cuerpo insólito, como el de un animal).

Sin embargo, contra todo pronóstico, contra la ignición del todo y de sus partes, alfabeto y fulgor también se funden en la abrasada extensión de los campos para que en los brotes vuelva a inventarse el nitrógeno, la estampida, la unión de lo vivo y lo muerto que se muerden, se succionan, se enlazan como si no hubiera entre ellos nada más que el amor. Su combustión.

 

 

*

[¿Y SI ERES NADIE?]

 

¿Y si eres nadie?

Miras dentro de ti y solo hay un inmenso páramo en el que nada se oye. Ni siquiera la respiración agitada en el incendio de aquello que fuiste. ¿Adónde irás cargando tu vacío?

Nada pesa lo que no tienes, pero no hay ligereza posible para ti porque el vacío te arrastra hacia sus pies. Ha arrasado con toda la flora, los días sin viento, las reservas de agua y de pardales. Quedan muchos más pájaros atrapados contra las vallas: vencejos, cormoranes, petirrojos. Un viejísimo albatros sacude su cabeza como si se hubiera atragantado con un mal verso. Entre ellos se disputan las raspas del sol y todos los poemas sobre ruiseñores o palomas que han sido capaces de digerir. Disputan también con quienes han quedado crucificados contra esas vallas, atrapados en la larga migración del hambre, de la guerra.

Y mientras, tú sobre tu páramo vacío.

Te asomas con miedo al brocal de la boca y solo se ve un espejo negro que parece saludarte desde el fondo. También alguna mano de gente difusa tras tantas pantallas entreabiertas. Nada se oye sino la frugalidad de la desgana.

A lo lejos, tal vez el agua pida que abras la puerta de tu cuerpo. ¿O vas a conformarte con ser páramo? ¿Eriazo que no habilitan las hormigas? ¿Pedregal que golpea con su sed?

¿Y si nadie somos todos? Pájaro perro, pájaro persona, población y polluelo enardecido. ¿Qué harás en el tránsito de las taxonomías?

En ti están los cien mil caracteres hereditarios que te atan dulcemente a los demás, los tres mil millones de letras del genoma humano que has aprendido sin esfuerzo y silbas con felicidad al levantarte, veinticuatro de los noventa elementos químicos, todas las maletas que quedan extraviadas frente a las aduanas y las noches de Ítaca y Caronte.

En ti, partículas lejanísimas de estrellas y otros parientes, piedras, peces, patronímicos, banderas deslucidas y otros trapos del dolor. Incluso meteoros en el festejo de la luz.

Todos ellos te bendicen y completan.

Bendicen cada una de las capas freáticas que alimentas con tu desesperación y tu amor radical a esta extrañeza que llamaron vivir, estar viviendo.

Porque tú no eres suficiente para ti.

Desconoces quién eres y no importa.

De pronto apremian la vida y los tendones. De pronto estallan granos rojísimos de luz sobre la superficie torpe de tu lengua. Algunos estorninos los disputan y te besan con su canción de alambre.

¿Cómo dejar entonces que el día colisione? ¿Que haya personas aparcadas como muebles mientras viajan las mesas en primera?

Alguna vez recibiste en herencia un baúl y una silla de esparto pero hoy todo ha sido arrasado en el fuego, hasta el flequillo que desordenó los días y la expiación y nota a lápiz del convenio laboral, mientras hay personas aparcadas como muebles y están dentro de ti, son tu apellido. Con el agua que mana de sus letras humedeces tu frente y te levantas.

 

con Fernando Pessoa

y Antonio Machado

 

María Ángeles Pérez López (Valladolid, España, 1967). Es poeta y profesora titular de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Salamanca. Antologías de su obra han sido publicadas en Caracas, Ciudad de México, Quito, Nueva York, Monterrey, Bogotá y Lima. Obra suya ha sido editada bilingüe en Italia, Portugal, Brasil y Estados Unidos. Su libro Incendio mineral ha ganado el Premio Nacional de la Crítica en 2022. Es miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, académica honoraria de la Academia Nicaragüense de la Lengua, miembro de la Academia de Juglares de Fontiveros e hija adoptiva de Fontiveros, el pueblo natal de San Juan de la Cruz.

Poemas de Emiliano Bustos

El cine de la India: jardín de senderos que se bifurcan


India destaca por la diversidad cultural de su industria cinematrográfica. La escritora argentina Fabiola Rinaudo, nos lleva, en esta nota, a conocer la historia del fascinante cine del gigante del sur de Asia.

Si Georges Meliés, que hizo del cine arte, ilusión y espectáculo viviera, encontraría en el cine de la India su dilecta creatura.
Muchos metros de celuloide han corrido desde aquel 7 de Julio de 1896 cuando Maurice Sestier, operador de los hermanos Lumière, decidió hacer un alto en su viaje a Australia y sorprender a los extranjeros –en su mayoría británicos– y a los indios occidentalizados que se encontraban en el elegante Hotel Watson de Bombay con la proyección de “L’arrivée d’un train a la gare de La Ciotat” (25 de enero de 1895), y las imágenes de unos operarios saliendo de una fábrica en Lyon de “La sortie de l’usine”, ambos de factura de sus patrones, que el Times de India declararía “la maravilla del siglo”.
“La sortie de l’usine” se había exhibido por primera vez al público en París el 28 de diciembre de 1895 en el subsuelo del Grand Café de la Avda. de Los Capucines que, curiosamente, se llama el salón indio (“Le salon indien”) mientras que el cortometraje de la Ciotat fue proyectado por primera vez en enero de 1896. Unos escasos 6 meses más tarde lo sería en el suelo indostano.

Acompañados por una orquesta, y con entradas a precios diferenciales a efectos de permitir el acceso del público con diferente nivel de ingreso, el impacto del invento fue seguramente comparable al que produjo entre los franceses. Los indios empezaron a consumir todo el material que llegaba de Europa y a querer producir el propio que, como en todo incipiente desarrollo, tendió a imitar a los modelos. Estas primeras producciones iban a ser realizadas, casi en su totalidad, por camarógrafos y técnicos europeos hasta que un fotógrafo de origen Maharashtra, Save Dada (Sakharam Bhatvedekar), que había asistido a la proyección y quedó encantado, se compró como pudo una cámara británica al precio de 21 guineas – después consiguió otra cámara y un proyector Lumière- y puso manos a la obra. En 1899 había terminado su primer cortometraje sobre unos luchadores que el público pudo ver en 1901. Se lo considera el primer filme indio, y a su autor el primer documentalista.

Save Dada y el bengalí Hiralal Sen, quien con su “Royal Bioscope” comenzó a filmar en tiempo real escenas del teatro clásico, son considerados los padres del cine indio (Las “Escenas de baile” de “Las flores de Persia” de Sen son de 1898). Cine itinerante en sus comienzos, que operadores y proyeccionistas, sorteando todo tipo de contingencias, llevaban para ser exhibido de ciudad en ciudad llegando aún a zonas alejadas donde ni siquiera había energía eléctrica. A ellos se debe en gran medida el desarrollo del hábito de los indios por ver cine.
El apetito por registrar la historia, los hechos de la vida cotidiana, festividades, ceremonias religiosas y la actividad en los mercados y bazares, pronto encontraría en compañías europeas y americanas como Pathé (la primera que instaló una oficina en Bombay en 1907) la vía para ser satisfecho. No tardarían en seguirla Éclair, Vitagraphe, Gaumont -que empezarían a vender máquinas e insumos para la naciente industria-, y la danesa Nordisk.

Esto hace del cine de India, que empezó importando 23 metros de película en 1900 y adquirió casi inmediatamente características propias, uno de los más antiguos del mundo. El historiador Ives Thoraval arriesga que la enorme influencia de sus artes tradicionales, la música, el baile, y el teatro popular en su nacimiento y primeros años es probablemente la causa del entusiasmo característico por insertar canciones y secuencias de bailes en los filmes (que se mantiene hasta la fecha), lo que los ubica entre los de más larga duración en la historia del cine del mundo.

La revolución producida por el cine, que tuvo en India la particularidad de no quedar confinado a los límites de la ciudad sino de extenderse también al campo, determinó que el público lo prefiriera por sobre el teatro y demandara lugares permanentes de exhibición. Esta circunstancia y que el precio de las entradas se fijara en función de la capacidad de pago de los eventuales espectadores no deben hacernos presumir, sin más, su democratización y alcance: muchas zonas del país eran inaccesibles y se veían afectadas por continuos cortes de corriente. Lo que sí es indudable es que contribuyeron al desarrollo del gusto de la gente por ir al cine a ver cine.


Primer largometraje de la era silente.

La construcción de la identidad
Tan pronto como obtuvieron los medios para hacerlo, los indios comenzaron a filmar cortos documentales relacionados con temas indígenas, políticos, sociales e historias locales. Posteriormente, siempre durante la era silente, el repertorio se amplió a temas referidos a la civilización india y a la herencia cultural, comunes a la mayoría de la población, con variantes regionales que incluían los distintos aspectos de la vida social, las artes plásticas, el teatro, la mitología, la religión y la literatura, y eran exhibidos con acompañamiento de piano (tocado inicialmente por músicos anglo-indios) y luego por una pequeña orquesta que incluía instrumentos tradicionales como la tabla, el sarangi y el harmonium.

Documentales como el del funeral de la Reina Victoria (1901), la Guerra Anglo-Boer en Sudáfrica (1902), y la Guerra ruso-japonesa (1905) ya se pudieron ver en una sala dispuesta a esos efectos, y a oscuras.

Bien temprano en esa evolución el sentimiento nacionalista que empezaba a gestarse contra la regla colonial iba a quedar impreso en el celuloide. Un rol esencial en este desarrollo tendría Dhundiraj Govind Phalke (1870-1944), a quien se llamó “el Meliés indio”, que dirigió el que se considera el primer largometraje indio “Raja Harish Chandra” (del que sólo se conservan 2 de 4 rollos), sobre el mítico rey Ayodhya, considerado hijo del Sol, que está en una de las historias del Mahabharata.
El filme, actuado también por hombres en los roles femeninos- con textos en hindi, en urdu y en inglés, incluyó cantos debido al elevado porcentaje de analfabetismo. Dadasaheb Phalke, como también se lo conoce, que moriría en el olvido en 1944, no estaba interesado en la parte ‘occidentalizada’ y más acomodada de la sociedad india sino en el hombre común (tal vez por eso la prensa le prestó poca atención) y se abocó a desarrollar en sus más de 100 películas temas de los Puranas y del Ramayana (los textos sagrados sobre la creación del mundo y la genealogía de los reyes).

El tema mitológico, conocido por todos y de alto contenido cultural, estaba en línea con el pensamiento intelectual anticolonialista que representaba, entre otros, Rabindranath Tagore. No es ocioso recordar que el aristócrata bengalí –el primer escritor no europeo en ganar el premio Nobel de Literatura en 1913, que visitó la Argentina en 1924, donde trabó una estrecha relación con Victoria Ocampo– había adquirido una notoriedad enorme a partir de la publicación y difusión de su poemario “Gitanjali”.
Tagore causó sensación en los ambientes literarios y artísticos londinenses porque pasó a representar la mística de Oriente y a convertirse en vocero del cuestionamiento de la lógica paternalista –hegemónica hasta entonces- que justificaba la dominación colonial con el maquillaje de la ‘civilización’, anticipándose una década a Gandhi. Pero hay que dejar claro que el cuestionamiento de Tagore a Occidente, del que dijo que «se alimenta de los recursos de otros pueblos, e intenta engullir la totalidad de su futuro», alcanzaba también a las posturas nacionalistas.

En esta etapa primigenia –en que quedarían sentados los rasgos identitarios del cine indio- los temas sociales cederían ante los mitológicos y religiosos. En algunos lugares los espectadores podían ponerse a rezar o a realizar rituales cuando veían en la pantalla a los actores haciendo de dioses y era común que colocaran sus fotografías al lado de las imágenes de aquellos y de los íconos religiosos.

El estadio que siguió implicó el desarrollo de lo que prontamente se convertiría en industria con un muy satisfactorio nivel técnico. A pesar de esto, de los 1320 filmes que se exhibieron entre 1921 y 1922 sólo 63 se habían filmado en India. El 85% del mercado del cine de ficción estaba controlado por Hollywood y las firmas extranjeras. Asimismo, en todo lo relativo a las características de los estudios (con un staff permanente) y al Star system, se replicó el modelo de Hollywood.

Las producciones de la época ya muestran una meticulosa fotografía, buen juego de luces, de cinematografía y montaje, y escenarios grandiosos de soporte de los temas mitológicos, históricos o patrióticos y drama de costumbres. Es el momento en que empezarían a popularizarse los filmes de acción. De 1923 es el largometraje histórico, en gran escala, “Sinhagad” sobre la vida del emperador Shivaji (S.XVII) dirigido por Krishnarao Mistry (llamado Bubarao Painter).

Los principales centros de producción de películas serán Bombay, Calcuta, centro intelectual y capital del Raj británico en India – que en los años ’50 se ubicaría en la vanguardia de la producción artística cinematográfica- Kolhapur y Madrás. Bombay empezará a llamarse Bollywood a partir de los años ’70, en contraposición al cine de Hollywood. El término alude también a las películas de cine comercial que integran música y baile en la narración.

El rápido desarrollo de la industria cinematográfica durante la era silente determinaría la necesidad de su regulación. La censura quedó oficializada en el Acta de Cinematografía que se sancionó en 1918 y que atribuyó a las autoridades locales la decisión de si un filme era o no apto para la exhibición pública sin indicar, sin embargo, qué era lo que los inspectores debían tener en cuenta. El objetivo era preservar la “moral” en el cine, y a los indios de la depravación occidental.

En 1920 quedarían establecidos una serie de parámetros (43 en total) que los consejos de censores en Bombay, Madrás, Calcuta, Rangoon –y años más tarde Lahore- debían observar y que fueron, casi en su totalidad, extraídos de las listas de la censura británica. Ello determinó que no se admitieran escenas en las que se menospreciara o ridiculizara “el uniforme del Rey”, o en las que el país, sus oficiales o los oficiales británicos fueran tratados de manera odiosa. Tampoco se admitía la “innecesaria exhibición del desnudo femenino” ni “bailes indecorosos” o referencias a la prostitución, etc. Se advertía también a los directores que evitaran los crímenes horrendos y las escenas de estrangulamiento. El acta, con modificaciones, continúa vigente.

Esto ha determinado que las escenas de besos quedaran casi excluidas de la pantalla. (No hacemos alusión aquí a las películas Clase “C”, pornográficas o de cine de explotación, de las que hablaremos en otra entrada).
Aunque cargadas de erotismo, los besos son escasos en las escenas de amor en el cine de la India. Para dar un ejemplo, algunas comedias románticas como “2 States” (Varman, 2014), “Half girlfriend” (Suri, 2017) y “Mubarakan” (Bazmee, 2017), protagonizadas por Arjun Kapoor, los muestran, pero despojados de tensión sexual –que pueden tener muchas de las escenas sin ellos.
Los besos son casi tímidos y las escenas de sexo, sugeridas, estando completamente excluidos los desnudos. Sin embargo, este extremo recato que se puede ver en producciones de factura reciente no lo tienen muchos de los filmes de los años ‘20 y ‘30. En “Shiraz” (1928) y “A Throw of Dice” (1929) de Fraz Osten los protagonistas se besan y en “Hamarun Hindustan” (Father India, 1930) hay una escena íntima entre Jal (Jal Merchant) y Sulochana (Ruby Myers). En la obra de Ezra Mir, “Zarina” (1932) se pueden contar 48 besos entre Jal Merchant y Zubeida que una revista de la época señala que “empañan la pantalla” y “encendieron una acalorada discusión de la censura”. Es legendario el beso de 4 minutos de duración de una llorosa Devika Rani que trata de volver a la vida a un moribundo Himanshu Rai en una escena que incluye una serpiente en “Karma”(1933).
(En https://www.youtube.com/watch?v=_0bgBtmGba8 se puede ver un extracto).

Hay que decir que el censor británico más que por los besos estaba preocupado por ‘proteger’ al pueblo indio de toda expresión de sentimiento nacionalista (Gandhi estaba directamente prohibido y también se recortaban las fotos de los líderes nacionales de los noticieros). Los censores bengalíes, además, prohibieron filmes como “Juárez”, el drama histórico de la Warner Bross, de alto presupuesto, dirigido por William Dieterle, con Paul Muni y Bette Davis, sobre la resistencia de Benito Juárez a los intentos de Napoleón III y Maximiliano de Austria de establecer un imperio ‘latino’ en México.

El acta de Cinematografía de 1952 ya estructura la censura de la forma que subsiste hasta el presente. Se la cuestiona por los poderes vagos y discrecionales que otorga al comité de censores, todos propuestos por el gobierno –en los que, huelga señalar, la política no está exenta– que se maneja arbitrariamente con parámetros similares a los establecidos durante la era colonial. De ahí que las películas deban proveer un “sano y limpio entretenimiento”.

El primer filme sonoro “Alam-Ara” de Ardeshir Irani, en hindi y urdu, se estrenó el 14 de marzo de 1931 y rompió todos los récords de taquilla (tuvo un presupuesto de 360 millones de rupias y recaudó ¡casi 3 billones de rupias!). Esto descubriría el enorme potencial del mercado interno indio. La película, una historia de amor entre un príncipe y una gitana basada en un cuento parsi que lamentablemente se ha perdido (no se conserva ninguna copia), puso sobre el tapete la cuestión del idioma. El cine de Bombay se empezó a hacer en hindi y urdu y los de las regiones en las lenguas en uso (Bengalí, Punjabi, Marathi), con una versión en alguna de las otras dos. Pero al imponerse el hindi como idioma nacional la producción cinematográfica de Bombay pasó a ser considerada ‘nacional’.

Claroscuros de la cinemanía
El público indio es uno de los más entusiastas y ávidos del mundo. Eso y el tamaño del país con una de las economías más robustas del orbe explican que solamente en el año 2012 se hayan producido 1.600 películas en 14 idiomas –entre ellos hindi, telugu, farsi, urdu, punjabi, marathi, gujarati e inglés, superando largamente al cine de Hollywood, y que sea el mercado de cine más importante del mundo. Del 2019 al 2020 se estrenaron 1982 filmes. Sólo en India se vendieron en 2016 USD2.600 millones en entradas mientras que Hollywood vendió USD1360; y los ingresos por la venta de películas indias en el exterior se triplicaron en 2017.
En ese volumen hay lugar para todo. Para el cine comercial, las superproducciones, y para el cine arte. Para obras de escaso valor artístico y para verdaderas joyas que engrosan la lista de los clásicos del Séptimo arte.

India tiene la industria cinematográfica más grande del mundo. Su cine comercial goza de excelente salud. El cine independiente y de autor, en cambio, se ve amenazado por la falta de una adecuada cadena de lanzamiento y distribución. Los entendidos arriesgan que esta circunstancia, sumada al hecho de que salas como las Multiplex sean muy grandes para el cine arte, son responsables del desapego del público. Este tipo de producto está más bien circunscripto a festivales, sociedades de cine y a lugares puntuales como Bengala o Kerala, donde hay un público aficionado y se otorgan facilidades y ventajas a los realizadores.

Entre ambos cines se ubica uno intermedio, que encontró su camino para imponerse en el gusto del público que no podía ignorar la violencia y las inequidades del país, “como si la idea del abordaje de temas serios, en opinión de Ives Thoraval, hubiera germinado, dividiendo la audiencia, gracias a las técnicas de filmación.” Esta combinación del ‘mainstream’ con el cine ‘serio’ referido a temas álgidos y urticantes demostró ser muy convincente. Vino a satisfacer, además, las expectativas de los jóvenes, en particular, los habitantes de las ciudades.

En sus distintas modalidades y funciones, como formador de conciencia, vehículo de evasión y productor de la realidad, el cine de India ha sido y sigue siendo la experiencia estética y narrativa, colectiva e integral que el “espejo pintado”, la “máquina de soñar” jamás soñó proponerse.
Volveremos con el apasionante e inimitable cine de la India en nuestra próxima entrada.

Fuentes: The cinemas of India (1896-2000) Ives Thoraval. MacMillan. 2000.
A hundred years of Indian Cinema. Art Connect. Volume 7. Number 1. January/June 2013.
“Rabindranath Tagore: avatares de un cosmopolita periférico en el Río de la Plata” de Martín Bergel en
http://historiapolitica.com/datos/biblioteca/argtrasnacional_bergel.pdf

Fabiola Rinaudo (Salta, Argentina, 1964). Es escritora, abogada, periodista y docente. Tiene publicados poemas, relatos y crónicas en suplementos, periódicos, revistas y antologías (impresos y digitales). De 2014 es su poemario “Green Square”, (El Suri Porfiado Ed., Bs. As.). Su novela “El llanto de las cigarras” recibió la Mención en el Concurso organizado por la Secretaría de Cultura de Salta (2021). Algunos de sus poemas fueron traducidos al chino, al italiano y al portugués.
Escribe crítica de cine y fue jurado en festivales de cine latino en New Haven (CT) y New York, y es miembro del Comité de Selección de películas del Festival de Cine Latino e Ibérico de la Universidad de Yale (LIFFY), (EE.UU.). Reparte su tiempo entre Toronto, New Haven, Buenos Aires y Salta.

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