by Claudio Medin | 1 \01\America/Argentina/Buenos_Aires julio \01\America/Argentina/Buenos_Aires 2022 | Notas

India destaca por la diversidad cultural de su industria cinematrográfica. La escritora argentina Fabiola Rinaudo, nos lleva, en esta nota, a conocer la historia del fascinante cine del gigante del sur de Asia.
Si Georges Meliés, que hizo del cine arte, ilusión y espectáculo viviera, encontraría en el cine de la India su dilecta creatura.
Muchos metros de celuloide han corrido desde aquel 7 de Julio de 1896 cuando Maurice Sestier, operador de los hermanos Lumière, decidió hacer un alto en su viaje a Australia y sorprender a los extranjeros –en su mayoría británicos– y a los indios occidentalizados que se encontraban en el elegante Hotel Watson de Bombay con la proyección de “L’arrivée d’un train a la gare de La Ciotat” (25 de enero de 1895), y las imágenes de unos operarios saliendo de una fábrica en Lyon de “La sortie de l’usine”, ambos de factura de sus patrones, que el Times de India declararía “la maravilla del siglo”.
“La sortie de l’usine” se había exhibido por primera vez al público en París el 28 de diciembre de 1895 en el subsuelo del Grand Café de la Avda. de Los Capucines que, curiosamente, se llama el salón indio (“Le salon indien”) mientras que el cortometraje de la Ciotat fue proyectado por primera vez en enero de 1896. Unos escasos 6 meses más tarde lo sería en el suelo indostano.
Acompañados por una orquesta, y con entradas a precios diferenciales a efectos de permitir el acceso del público con diferente nivel de ingreso, el impacto del invento fue seguramente comparable al que produjo entre los franceses. Los indios empezaron a consumir todo el material que llegaba de Europa y a querer producir el propio que, como en todo incipiente desarrollo, tendió a imitar a los modelos. Estas primeras producciones iban a ser realizadas, casi en su totalidad, por camarógrafos y técnicos europeos hasta que un fotógrafo de origen Maharashtra, Save Dada (Sakharam Bhatvedekar), que había asistido a la proyección y quedó encantado, se compró como pudo una cámara británica al precio de 21 guineas – después consiguió otra cámara y un proyector Lumière- y puso manos a la obra. En 1899 había terminado su primer cortometraje sobre unos luchadores que el público pudo ver en 1901. Se lo considera el primer filme indio, y a su autor el primer documentalista.
Save Dada y el bengalí Hiralal Sen, quien con su “Royal Bioscope” comenzó a filmar en tiempo real escenas del teatro clásico, son considerados los padres del cine indio (Las “Escenas de baile” de “Las flores de Persia” de Sen son de 1898). Cine itinerante en sus comienzos, que operadores y proyeccionistas, sorteando todo tipo de contingencias, llevaban para ser exhibido de ciudad en ciudad llegando aún a zonas alejadas donde ni siquiera había energía eléctrica. A ellos se debe en gran medida el desarrollo del hábito de los indios por ver cine.
El apetito por registrar la historia, los hechos de la vida cotidiana, festividades, ceremonias religiosas y la actividad en los mercados y bazares, pronto encontraría en compañías europeas y americanas como Pathé (la primera que instaló una oficina en Bombay en 1907) la vía para ser satisfecho. No tardarían en seguirla Éclair, Vitagraphe, Gaumont -que empezarían a vender máquinas e insumos para la naciente industria-, y la danesa Nordisk.
Esto hace del cine de India, que empezó importando 23 metros de película en 1900 y adquirió casi inmediatamente características propias, uno de los más antiguos del mundo. El historiador Ives Thoraval arriesga que la enorme influencia de sus artes tradicionales, la música, el baile, y el teatro popular en su nacimiento y primeros años es probablemente la causa del entusiasmo característico por insertar canciones y secuencias de bailes en los filmes (que se mantiene hasta la fecha), lo que los ubica entre los de más larga duración en la historia del cine del mundo.
La revolución producida por el cine, que tuvo en India la particularidad de no quedar confinado a los límites de la ciudad sino de extenderse también al campo, determinó que el público lo prefiriera por sobre el teatro y demandara lugares permanentes de exhibición. Esta circunstancia y que el precio de las entradas se fijara en función de la capacidad de pago de los eventuales espectadores no deben hacernos presumir, sin más, su democratización y alcance: muchas zonas del país eran inaccesibles y se veían afectadas por continuos cortes de corriente. Lo que sí es indudable es que contribuyeron al desarrollo del gusto de la gente por ir al cine a ver cine.

Primer largometraje de la era silente.
La construcción de la identidad
Tan pronto como obtuvieron los medios para hacerlo, los indios comenzaron a filmar cortos documentales relacionados con temas indígenas, políticos, sociales e historias locales. Posteriormente, siempre durante la era silente, el repertorio se amplió a temas referidos a la civilización india y a la herencia cultural, comunes a la mayoría de la población, con variantes regionales que incluían los distintos aspectos de la vida social, las artes plásticas, el teatro, la mitología, la religión y la literatura, y eran exhibidos con acompañamiento de piano (tocado inicialmente por músicos anglo-indios) y luego por una pequeña orquesta que incluía instrumentos tradicionales como la tabla, el sarangi y el harmonium.
Documentales como el del funeral de la Reina Victoria (1901), la Guerra Anglo-Boer en Sudáfrica (1902), y la Guerra ruso-japonesa (1905) ya se pudieron ver en una sala dispuesta a esos efectos, y a oscuras.
Bien temprano en esa evolución el sentimiento nacionalista que empezaba a gestarse contra la regla colonial iba a quedar impreso en el celuloide. Un rol esencial en este desarrollo tendría Dhundiraj Govind Phalke (1870-1944), a quien se llamó “el Meliés indio”, que dirigió el que se considera el primer largometraje indio “Raja Harish Chandra” (del que sólo se conservan 2 de 4 rollos), sobre el mítico rey Ayodhya, considerado hijo del Sol, que está en una de las historias del Mahabharata.
El filme, actuado también por hombres en los roles femeninos- con textos en hindi, en urdu y en inglés, incluyó cantos debido al elevado porcentaje de analfabetismo. Dadasaheb Phalke, como también se lo conoce, que moriría en el olvido en 1944, no estaba interesado en la parte ‘occidentalizada’ y más acomodada de la sociedad india sino en el hombre común (tal vez por eso la prensa le prestó poca atención) y se abocó a desarrollar en sus más de 100 películas temas de los Puranas y del Ramayana (los textos sagrados sobre la creación del mundo y la genealogía de los reyes).
El tema mitológico, conocido por todos y de alto contenido cultural, estaba en línea con el pensamiento intelectual anticolonialista que representaba, entre otros, Rabindranath Tagore. No es ocioso recordar que el aristócrata bengalí –el primer escritor no europeo en ganar el premio Nobel de Literatura en 1913, que visitó la Argentina en 1924, donde trabó una estrecha relación con Victoria Ocampo– había adquirido una notoriedad enorme a partir de la publicación y difusión de su poemario “Gitanjali”.
Tagore causó sensación en los ambientes literarios y artísticos londinenses porque pasó a representar la mística de Oriente y a convertirse en vocero del cuestionamiento de la lógica paternalista –hegemónica hasta entonces- que justificaba la dominación colonial con el maquillaje de la ‘civilización’, anticipándose una década a Gandhi. Pero hay que dejar claro que el cuestionamiento de Tagore a Occidente, del que dijo que «se alimenta de los recursos de otros pueblos, e intenta engullir la totalidad de su futuro», alcanzaba también a las posturas nacionalistas.
En esta etapa primigenia –en que quedarían sentados los rasgos identitarios del cine indio- los temas sociales cederían ante los mitológicos y religiosos. En algunos lugares los espectadores podían ponerse a rezar o a realizar rituales cuando veían en la pantalla a los actores haciendo de dioses y era común que colocaran sus fotografías al lado de las imágenes de aquellos y de los íconos religiosos.
El estadio que siguió implicó el desarrollo de lo que prontamente se convertiría en industria con un muy satisfactorio nivel técnico. A pesar de esto, de los 1320 filmes que se exhibieron entre 1921 y 1922 sólo 63 se habían filmado en India. El 85% del mercado del cine de ficción estaba controlado por Hollywood y las firmas extranjeras. Asimismo, en todo lo relativo a las características de los estudios (con un staff permanente) y al Star system, se replicó el modelo de Hollywood.
Las producciones de la época ya muestran una meticulosa fotografía, buen juego de luces, de cinematografía y montaje, y escenarios grandiosos de soporte de los temas mitológicos, históricos o patrióticos y drama de costumbres. Es el momento en que empezarían a popularizarse los filmes de acción. De 1923 es el largometraje histórico, en gran escala, “Sinhagad” sobre la vida del emperador Shivaji (S.XVII) dirigido por Krishnarao Mistry (llamado Bubarao Painter).
Los principales centros de producción de películas serán Bombay, Calcuta, centro intelectual y capital del Raj británico en India – que en los años ’50 se ubicaría en la vanguardia de la producción artística cinematográfica- Kolhapur y Madrás. Bombay empezará a llamarse Bollywood a partir de los años ’70, en contraposición al cine de Hollywood. El término alude también a las películas de cine comercial que integran música y baile en la narración.
El rápido desarrollo de la industria cinematográfica durante la era silente determinaría la necesidad de su regulación. La censura quedó oficializada en el Acta de Cinematografía que se sancionó en 1918 y que atribuyó a las autoridades locales la decisión de si un filme era o no apto para la exhibición pública sin indicar, sin embargo, qué era lo que los inspectores debían tener en cuenta. El objetivo era preservar la “moral” en el cine, y a los indios de la depravación occidental.
En 1920 quedarían establecidos una serie de parámetros (43 en total) que los consejos de censores en Bombay, Madrás, Calcuta, Rangoon –y años más tarde Lahore- debían observar y que fueron, casi en su totalidad, extraídos de las listas de la censura británica. Ello determinó que no se admitieran escenas en las que se menospreciara o ridiculizara “el uniforme del Rey”, o en las que el país, sus oficiales o los oficiales británicos fueran tratados de manera odiosa. Tampoco se admitía la “innecesaria exhibición del desnudo femenino” ni “bailes indecorosos” o referencias a la prostitución, etc. Se advertía también a los directores que evitaran los crímenes horrendos y las escenas de estrangulamiento. El acta, con modificaciones, continúa vigente.
Esto ha determinado que las escenas de besos quedaran casi excluidas de la pantalla. (No hacemos alusión aquí a las películas Clase “C”, pornográficas o de cine de explotación, de las que hablaremos en otra entrada).
Aunque cargadas de erotismo, los besos son escasos en las escenas de amor en el cine de la India. Para dar un ejemplo, algunas comedias románticas como “2 States” (Varman, 2014), “Half girlfriend” (Suri, 2017) y “Mubarakan” (Bazmee, 2017), protagonizadas por Arjun Kapoor, los muestran, pero despojados de tensión sexual –que pueden tener muchas de las escenas sin ellos.
Los besos son casi tímidos y las escenas de sexo, sugeridas, estando completamente excluidos los desnudos. Sin embargo, este extremo recato que se puede ver en producciones de factura reciente no lo tienen muchos de los filmes de los años ‘20 y ‘30. En “Shiraz” (1928) y “A Throw of Dice” (1929) de Fraz Osten los protagonistas se besan y en “Hamarun Hindustan” (Father India, 1930) hay una escena íntima entre Jal (Jal Merchant) y Sulochana (Ruby Myers). En la obra de Ezra Mir, “Zarina” (1932) se pueden contar 48 besos entre Jal Merchant y Zubeida que una revista de la época señala que “empañan la pantalla” y “encendieron una acalorada discusión de la censura”. Es legendario el beso de 4 minutos de duración de una llorosa Devika Rani que trata de volver a la vida a un moribundo Himanshu Rai en una escena que incluye una serpiente en “Karma”(1933).
(En https://www.youtube.com/watch?v=_0bgBtmGba8 se puede ver un extracto).
Hay que decir que el censor británico más que por los besos estaba preocupado por ‘proteger’ al pueblo indio de toda expresión de sentimiento nacionalista (Gandhi estaba directamente prohibido y también se recortaban las fotos de los líderes nacionales de los noticieros). Los censores bengalíes, además, prohibieron filmes como “Juárez”, el drama histórico de la Warner Bross, de alto presupuesto, dirigido por William Dieterle, con Paul Muni y Bette Davis, sobre la resistencia de Benito Juárez a los intentos de Napoleón III y Maximiliano de Austria de establecer un imperio ‘latino’ en México.
El acta de Cinematografía de 1952 ya estructura la censura de la forma que subsiste hasta el presente. Se la cuestiona por los poderes vagos y discrecionales que otorga al comité de censores, todos propuestos por el gobierno –en los que, huelga señalar, la política no está exenta– que se maneja arbitrariamente con parámetros similares a los establecidos durante la era colonial. De ahí que las películas deban proveer un “sano y limpio entretenimiento”.
El primer filme sonoro “Alam-Ara” de Ardeshir Irani, en hindi y urdu, se estrenó el 14 de marzo de 1931 y rompió todos los récords de taquilla (tuvo un presupuesto de 360 millones de rupias y recaudó ¡casi 3 billones de rupias!). Esto descubriría el enorme potencial del mercado interno indio. La película, una historia de amor entre un príncipe y una gitana basada en un cuento parsi que lamentablemente se ha perdido (no se conserva ninguna copia), puso sobre el tapete la cuestión del idioma. El cine de Bombay se empezó a hacer en hindi y urdu y los de las regiones en las lenguas en uso (Bengalí, Punjabi, Marathi), con una versión en alguna de las otras dos. Pero al imponerse el hindi como idioma nacional la producción cinematográfica de Bombay pasó a ser considerada ‘nacional’.
Claroscuros de la cinemanía
El público indio es uno de los más entusiastas y ávidos del mundo. Eso y el tamaño del país con una de las economías más robustas del orbe explican que solamente en el año 2012 se hayan producido 1.600 películas en 14 idiomas –entre ellos hindi, telugu, farsi, urdu, punjabi, marathi, gujarati e inglés, superando largamente al cine de Hollywood, y que sea el mercado de cine más importante del mundo. Del 2019 al 2020 se estrenaron 1982 filmes. Sólo en India se vendieron en 2016 USD2.600 millones en entradas mientras que Hollywood vendió USD1360; y los ingresos por la venta de películas indias en el exterior se triplicaron en 2017.
En ese volumen hay lugar para todo. Para el cine comercial, las superproducciones, y para el cine arte. Para obras de escaso valor artístico y para verdaderas joyas que engrosan la lista de los clásicos del Séptimo arte.
India tiene la industria cinematográfica más grande del mundo. Su cine comercial goza de excelente salud. El cine independiente y de autor, en cambio, se ve amenazado por la falta de una adecuada cadena de lanzamiento y distribución. Los entendidos arriesgan que esta circunstancia, sumada al hecho de que salas como las Multiplex sean muy grandes para el cine arte, son responsables del desapego del público. Este tipo de producto está más bien circunscripto a festivales, sociedades de cine y a lugares puntuales como Bengala o Kerala, donde hay un público aficionado y se otorgan facilidades y ventajas a los realizadores.
Entre ambos cines se ubica uno intermedio, que encontró su camino para imponerse en el gusto del público que no podía ignorar la violencia y las inequidades del país, “como si la idea del abordaje de temas serios, en opinión de Ives Thoraval, hubiera germinado, dividiendo la audiencia, gracias a las técnicas de filmación.” Esta combinación del ‘mainstream’ con el cine ‘serio’ referido a temas álgidos y urticantes demostró ser muy convincente. Vino a satisfacer, además, las expectativas de los jóvenes, en particular, los habitantes de las ciudades.
En sus distintas modalidades y funciones, como formador de conciencia, vehículo de evasión y productor de la realidad, el cine de India ha sido y sigue siendo la experiencia estética y narrativa, colectiva e integral que el “espejo pintado”, la “máquina de soñar” jamás soñó proponerse.
Volveremos con el apasionante e inimitable cine de la India en nuestra próxima entrada.
Fuentes: The cinemas of India (1896-2000) Ives Thoraval. MacMillan. 2000.
A hundred years of Indian Cinema. Art Connect. Volume 7. Number 1. January/June 2013.
“Rabindranath Tagore: avatares de un cosmopolita periférico en el Río de la Plata” de Martín Bergel en
http://historiapolitica.com/datos/biblioteca/argtrasnacional_bergel.pdf
Fabiola Rinaudo (Salta, Argentina, 1964). Es escritora, abogada, periodista y docente. Tiene publicados poemas, relatos y crónicas en suplementos, periódicos, revistas y antologías (impresos y digitales). De 2014 es su poemario “Green Square”, (El Suri Porfiado Ed., Bs. As.). Su novela “El llanto de las cigarras” recibió la Mención en el Concurso organizado por la Secretaría de Cultura de Salta (2021). Algunos de sus poemas fueron traducidos al chino, al italiano y al portugués.
Escribe crítica de cine y fue jurado en festivales de cine latino en New Haven (CT) y New York, y es miembro del Comité de Selección de películas del Festival de Cine Latino e Ibérico de la Universidad de Yale (LIFFY), (EE.UU.). Reparte su tiempo entre Toronto, New Haven, Buenos Aires y Salta.
by Claudio Medin | 1 \01\America/Argentina/Buenos_Aires julio \01\America/Argentina/Buenos_Aires 2022 | Festival de Poesía, Poesía
Ana Cagnoni ganó en 2021 el Tercer Premio en Poesía del Fondo Nacional de las Artes. Aquí, algunos poemas del libro ganador, publicado por El Suri Porfiado, que se presentará en Buenos Aires el próximo miércoles 27 de julio, a las 19 hs., en la sala Meyer Dubrovsky del CCC, Av Corrientes 1543.
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bajó de la autopista.
había manejado casi cinco horas
sin parar.
decidió comer langosta
en un restaurante de toldo rojo.
alfombras raídas,
tanques llenos de bichos vivos.
dedicatorias obscenas
grabadas en la puerta de los baños.
con una mano grasienta, tocó
el peón que pesaba en su bolsillo.
afuera, el frío sol del norte
cortaba sombras azules en la nieve.
pidió la cuenta.
no es fácil matar a alguien.
más fácil es robarle un peón blanco
y enterrarlo en la nieve.
al lado de un cartel que ofrece
langosta fresca todo el año.
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en la tapa del libro
más verdadero, está el autor
muerto en la nieve.
bombín, pisadas,
golpes fuertes en la puerta,
el cielo caléndula en la última
tarde de diciembre.
un paseante, el autor
muerto en la nieve.
zapatos acordonados o cuervos,
sobretodo, construcción
de parábolas relucientes.
el libro en el libro
en la nieve de diciembre,
retrato ajado, oblicuas pisadas
negras como escarabajos, nubes,
caléndulas, la última tarde
del autor muerto en la nieve.
las caléndulas se comen.
el autor no puede haberlo sabido.
yo tampoco lo sabía
hasta hoy. desperté
con una caléndula en la boca,
pensé:
a veces la muerte nos visita así.
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1
tres sillas esperándonos.
imposible.
la tarde es blanca
como un desierto maldito.
en los desiertos no hay sillas
ni túneles húmedos
revestidos de orquídeas.
no son orquídeas.
2
primera silla – la reconozco.
un ave en el desierto
posada sobre una saliente rocosa.
tanto, que ya no es silla
sino roca. prolongaciones
como preguntas sin responder.
no son preguntas.
3
la suma de todas sus patas.
para que un camino
conduzca al poniente,
debe tomar la decisión.
lo que brota muere
si no es silla.
4
última oportunidad.
le pregunto a un lugareño: me dice:
a las sillas les decimos velos.
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“anoche cupimos”.
para decir que el lenguaje
debe obediencia al tiempo.
si no, puede multiplicarse
o intentar una explicación.
“no cupimos porque x
exponía nuestras flaquezas.
fue necesario deshacernos de él”.
se abre la cuestión del método.
¿cómo se deshicieron de x?
¿qué flaquezas?
a modo de respuesta,
repiten como un coro:
el lago aquel.
¿cuál habrá sido el pacto?
el duelo por x duró años.
debe ser ese.
el rumor constante
que surge del agua tranquila,
o de las piedras.
______________________________________
hay problemas
que se definen por su
solución.
picazón / rascado,
falta de pronombre
personal.
también hay soluciones
sin problemas:
para atrapar a un mono,
introducir dulces en una
botella pesada de cuello
angosto y esperar.
*
lo único que ella quería
era llegar al otro lado
de las vías.
en bicicleta o a pie.
ahora está encerrada
en la segunda ventana
del tercer vagón –
los ojos negros
se baten en un nistagmo
estricto y
permanente.
Ana Lucila Cagnoni (Buenos Aires, 1977) es médica oncóloga (UBA). En literatura, se formó en Casa de Letras y en los talleres literarios a cargo de José María Brindisi y Jorge Consiglio. Actualmente se encuentra completando una Maestría Bilingüe en Escritura Creativa en la Universidad de Texas (EEUU). Su primer poemario, Con su debida calma, recibió una Mención Especial en el Concurso Nacional de Poesía Adolfo Bioy Casares (2020), y su reciente colección de poemas Hoteles infinitos recibió una Mención Especial en el Concurso de Poesía de Revista Metafórica y Editorial Vuelo de Quimera (2022). Publicó poemas en revistas internacionales como Acentos Review y Río Grande Review. Reparte su tiempo entre Argentina y Estados Unidos. Media y extrema razón (el suri porfiado, 2022) obtuvo el TercerPremio en Poesía del Fondo Nacional de las Artes (2021).
by Claudio Medin | 1 \01\America/Argentina/Buenos_Aires julio \01\America/Argentina/Buenos_Aires 2022 | Poesía
El poeta Julián Axat nos propone esta compilación de poemas de Ciencia Ficción recientemente publicada en Argentina. Aquí, el prólogo y algunos de los textos seleccionados.
PRÓLOGO INTERESTELARIA
POESÍA,COSMOS Y CIENCIA FICCIÓN
¿Qué otra cosa vislumbras en la oscura lejanía,
allá en el abismo del tiempo?
William Shakespeare
Esta antología nació de las estrellas. De la historia de la poesía que se origina levantando la cabeza, en el hecho de contemplar la noche. Diría que no hay poeta que no se proyecte hacia el cosmos. Macrocosmos y microcosmos que confluyen en el poeta.
La palabra “constelación”, proveniente del latín constellatus, hace referencia a una “conjunción de planetas” que, según las creencias de los antiguos, ejercía influencia suprema en asuntos humanos. Así, las estrellas, objetos celestes que parecen permanecer siempre en el mismo lugar, son, para los antiguos poetas, un oráculo del pasado, presente y futuro. Una fuerza determinante, colectiva e individual del destino humano. Walter Benjamin dice que al mirar las estrellas, ellas nos devuelven la mirada. Esa proyección de luz que rebota y encandila. Ilumina al poeta.
Hay poetas que se pierden en esas esferas de luz, y profundizan el juego, convirtiéndose prácticamente en una suerte de astrónomos, entre el más acá y el más allá. Otros viajan en el tiempo y proyectan un futuro, una visión alucinada del cosmos. Es lo que en esta antología de poesía se recoge como viaje interestelar, es decir, más allá de las estrellas.
Interestelaria se proyecta como apuesta del género, una mirada sobre los cambios tecnológicos y la velocidad en que sucede el mundo, de la que la poesía no es ajena; que impacta en las formas de escritura de las nuevas generaciones. Por eso aquí encontrarán de todo: viajes en el tiempo, naves, estrellas, cometas, lunas, asteroides, alienígenas, robots, planetas, astronautas, seres de cuarzo, mundos inhóspitos, y mucha velocidad de la luz. Pero siempre desde la poesía. Porque el género de la ciencia ficción suele ser más común en el mundo de la narrativa, y prácticamente no existen antologías de este tipo y género en el mundo de habla hispana, al menos del que yo pueda saber.
***
Bajo el concepto de cosmos y ciencia ficción hemos tratado de circunscribir la mención explícita o implícita a fenómenos estelares, cuerpos, objetos y seres que gravitan en el espacio/tiempo; y cumplen una función lumínica u óptica, pero también astronómica, tecnológica y hasta onírica.
La selección incluye fragmentos de poetas antiguos, que han tematizado cosmogonías y poseen una versión del origen universo, como es el caso de Lucrecio, la mirada de los antiguos Mayas en el Popol Vuh. Hasta Edgar Allan Poe, en su “Eureka” se atreverá a deslizar una teoría científica desde lo astronómicopoético. El tormento de Giordano Bruno, la arquitectura del cielo de Swedenborg y la música de las esferas como vibración muchas veces tangencial, pero que es captada por los poetas para hablar del sol, las estrellas, cometas, asteroides y planetas. Así Whitman, Maiakovski, Gelman, Huidobro, Tsvietáieva, Neruda, Sarduy, Sebald, Szymborska, Vilariño, Zurita, Girri, Darío, Paz, Bradbury, Szpunberg, etc.
En el caso específico de la Luna, el satélite de la tierra ha sido motivo de inspiración de casi todos los poetas de la historia. He seleccionado las increíbles historias contadas por Luciano de Samósata y Cyrano de Bergerac, que ya Borges menciona en el prólogo de Crónicas Marcianas. El episodio captado por Safo, que permitió a los astrónomos de la actualidad fechar un eclipse lunar.
El poema (inédito) de Julio Verne, el clásico romance de García Lorca, versos de Tristán Tzara. Durante el siglo XX, la llamada “conquista del espacio” ha dado poesía específica sobre la llegada del hombre a la Luna, sus artefactos y héroes de la carrera espacial.
Los poetas no han dejado pasar estos acontecimientos, dando lugar a que la epopeya también sea contada por ellos. Poemas como los de Ernesto Cardenal, Nicanor y Violeta Parra, Evtushenko, Leonel Rugama, Joaquín Giannuzzi y Julio Torri, dan cuenta de esos episodios y sus personajes.
La mirada alucinada también se pierde en una proyección distópica, que puede resumirse en el monólogo final del replicante Roy Batty (Blade Runner – “como lágrimas en la lluvia”), por supuesto incluido en esta antología. Viajes imaginados por Miguel Angel Bustos y su hijo Emiliano, como si entablaran un dialogo más allá del espacio y tiempo. Las palabras del habitante de Marte de Alfonsina Storni, y la llamada escuela Martian Poetry que a principios de los 80`, de la mano de autores ingleses como Craig Raine, realizaban ejercicios de extrañamiento desde la mirada del poeta marciano.
Luego sigue el planeta animal de Graciela Maturo y los primeros hombres en Mercurio del escocés Edwin Morgan. Los Ovnis de Mario Benedetti. Mundos extraños, alucinados como el de William Blake, como el post nuclear de Allen Ginsberg. Los mares de arena de Diana Bellessi. El bosque de Pizarnik. El Credo de J.G. Ballard. La profecía en el Everness de Borges. Distopías de ensueño en el paseo literario de Bolaño. La tecnología maldita del Autogedón de Heathcote Williams.
Escenarios donde el futuro se abre a la hiperconexión digital como la proyectada por Peri Rossi. El mundo de la inteligencia artificial como las poetizadas por Marechal en su Poema de robot. El droide Cibernius de J.J. Bajarlía que asiste a El final.
Finalmente, no puedo evitar vincular la ciencia ficción con la cultura de masas, en especial con la poesía del rock. Hemos seleccionado algunas letras paradigmáticas, como: Set The Controls For The Heart Of The Sun de Pink Floyd; Space Oddity de David Bowie; pasando por Somewhere in Time de Iron Maiden; hasta llegar a El anillo del capitán Beto, de Luis Alberto Spinetta, que no podía faltar.
***
Si bien el discurso poético es a menudo figurado, el despliegue de figuras retóricas no es una condición sine qua non de la poesía. De allí que, si hay algo que parece claro después del corpus seleccionado, es que, del mismo modo que en el cuento y la novela, el género poético de ciencia ficción es una variante y puede representar/fundar mundos, acaso profetizarlos, no solo a través de simples metáforas, sino también como hechos objetivos, sucesos que ocurrirán o podrían ocurrir literalmente. Claro que aquí hay tradiciones poéticas de diversos tipos, algunas que son más proclives que otras, ya sea a la visión ensoñada distópica, a la descripción meramente sideral, y/o a la mención de tópicos de ciencia ficción.
Por eso en este recorrido encontrarán poetas que se dedican especialmente a ciencia ficción; otros que tangencialmente abordan la cuestión en alguno de sus versos, y hasta aquellos que componen música y se meten con las esferas. Poetas cuya diversidad abreva en todas las lenguas y regiones del mundo: argentinos, mexicanos, ingleses, norteamericanos; los conocidos y desconocidos, jóvenes latinoamericanos, españoles e ingleses.
En definitiva, poetas que se tocan en algún punto, que escriben y obsesionan con el mundo cósmico y la ciencia ficción.
Decía que no existen antologías de este tipo en el mundo de habla hispana. Seguramente que por su diversidad y amplitud de autores, sea una de las primeras.1 Ojalá este corpus-constelación pueda ser disfrutado y esté a la altura de las circunstancias.
***
Por último, quiero agradecer a Emiliano Bustos por las maravillosas ilustraciones que componen el libro. A Javier Cófreces por creer en el proyecto. A Matías Carnevale por el epílogo y traducciones. A Juan Bautista Duizeide por recordarme de la necesidad del último capítulo. Y finalmente, a Coti López por sus comentarios y correcciones.
Julián Axat. City Bell. Septiembre, 2021
LOS GÉRMENES
Se repartieron por todas partes
Como si sembrasen en el universo
Arrhenius
Noche condenada a la ceguera,
Noche que aún a través del día buscas a los hombres
Con manos perforadas de milagros,
He aquí a los gérmenes espaciales, polen vaporoso de los mundos.
Los gérmenes que en su larga jornada han medido los cielos
Y se posan sobre la hierba sin ruido,
Capricho de una sombra que atraviesa el espíritu.
Escapan fluidos del murmullo confuso de los mundos
Hasta donde se eleva el rumor de nuestros más lejanos pensamientos,
Sueños del hombre bajo las estrellas atentas
Que suscitan zarzas violentas en pleno cielo
Y un cabrito que gira sobre sí mismo hasta volverse astro.
Sueño del marinero que va a dispersar la tormenta
Y que, al entregar su alma al último lucero,
Visto entre dos olas que se alzan,
Hace nacer de su mirada, ahogada en el mar y la muerte,
En millones de horribles años-luz, los gérmenes.
Y los postigos verdes de sus moradas tímidamente se entreabren
Como si una mano de mujer los lanzase desde allá dentro.
Pero nadie sabe que los gérmenes acaban de llegar
Mientras la noche remienda los andrajos del día.
Jules Supervielle. (Montevideo, Uruguay, 1884-1960). (De, Versiones y diversiones, México, 1973. Traducción de Octavio Paz).
DÉJENLO TODO, NUEVAMENTE
Hasta los confines del sistema solar hay cuatro horas-luz;
hasta la estrella más cercana, cuatro años-luz. Un desmedido océano de vacío.
Pero ¿estamos realmente seguros de que sólo haya un vacío?
Únicamente sabemos que en este espacio no hay estrellas luminosas;
de existir,
¿serían visibles?
¿Y si existiesen cuerpos no luminosos, u oscuros?
¿No podría suceder en los mapas celestes, al igual que en los de la tierra, que estén indicadas las estrellas-ciudades y omitidas las estrellas-pueblos?
(…)
Primer manifiesto infrarrealista. (México, 1976). (De, Infrarrealistas / Poetas. Edit. La Caída, Colección las alas del escorpión, 2014. Fragmento).
FISIÓN (1963)
¿Cómo se haría un mapa del movimiento? ¿O el movimiento
es un mapa de sí mismo en constante hacerse y deshacerse? No
existen fronteras que no se crucen, que no cambien de un instante
al siguiente. Esto es lo que no cristaliza. Lo que impide incluso
que la vista se fije. La imposibilidad del detalle. El detalle
es una criatura de la contemplación, una presa codiciada que el
movimiento pone en libertad. Cuando todo fluye, la inmensidad
del universo se relativiza: uno es parte del cosmos y vive en la
materia que lo anima. Los pequeños y ordenados planetas no
dejan de moverse, penetran en pliegues cuyo origen y destino se
ignoran. Se viaja en estado de gracia: la incertidumbre conduce.
Eduardo Mileo, Buenos Aires, 1953. (De, Extracción del agua de la niebla. Ediciones En Danza, 2018.)
PARÁFRASIS
cada letra es una estrella
las estrellas me hablan
abren puertas en el centro del cuerpo
comienza el rezo de la paráfrasis
el silencio me abandona
fui su maqueta
le hablo a las estrellas
Natalia Litvinova. (Gómel, Bielorrusia, 1986). (De, Esteparia. Ediciones del Dock, 2010.)
EL ACELERADOR DE PROTONES
Afuera el valle extiende su llanura de
/Sombras
Mejor es no nombrarlo. Un aguilucho roza
Con el ala el hielo. Así hay que tratarlo.
El monte siempre procede por hechos
/consumados
Más allá de la nieve, en los más altos Alpes,
Más allá del futuro, de los lejanos mares,
De tierras relucientes y de cielos fantásticos,
De los grandes silencios bajo el sol de verano,
El Eternauta afirma que existe una llanura
No pisada por nadie. Su arena es cegadora.
En ella un solo grano encierra la verdura.
Ciudades invisibles, infinitas auroras,
Todo lo que ya ha sido y lo que será un día.
Mis hijos quizás vean la divina partícula.
Rodolfo Mattarollo. (Buenos Aires, 1939- 2014). (De, Otros tiempos. Edic. Colihue, 2013.)
EL TIEMPO VARÍA A VELOCIDADES RELATIVISTAS
Nos internamos en el cosmos preparados para todo, es decir para la soledad, la lucha, la fatiga y la muerte.
Lem Stanislaw
I.
Vagamos durante diez años
–inexpertos cosmonautas–
horadando el espacio sideral.
Hendimos soberbios las distancias,
a bordo del Prometeo.
Nombre que comprendimos demasiado tarde,
quizá…
Atravesamos la galaxia en busca de un gigante naranja
–como Quijotes sidéreos–
Y volvimos a la Tierra,
cansados,
tras diez años de vagar.
¿Han oído acaso acerca de la Dilatación del Tiempo por velocidad?
Volvimos después de diez años a la Tierra,
Que ya no era nuestro hogar.
Yo he visto morir a un compañero
de locura astral.
En un planeta ignoto,
regresando al que no sería nuestro hogar.
¿Cómo sucedió?
Guardo ese secreto al resto de mi tripulación.
Éramos algo más susceptibles
en la soledad de esa desolación.
¿Han cuestionado acaso al tiempo terrenal?
Einstein, en mi época hogar lo hizo.
Dio luz a la Teoría de la relatividad.
Yo he visto envejecer a mi carne
con una ralentizada longevidad.
La Tierra.
Mi tiempo.
Mi hogar.
Yo.
No más.
Mi carne prevalece, ¡Fueron diez años!
¡Nada más!
II.
Nuestra misión fue orbitar Arturo,
distante a 36,7 años luz de nuestro Sistema Solar.
Misión vana,
que nunca admitimos.
El valor de nuestra vida y marca
nos tenía que compensar.
Llegamos a ella,
la cuarta más brillante de nuestro cielo
–terrícola, claro–
Después de Sirius,
De Canopus,
De las Alfa Centauri –vistas por nuestro ojo humano como unidad–
Llegamos a ella,
con fines trascendentales que ignoramos.
La ciencia del viaje espacial
Terminó siendo otro sueño imperial.
Pero volvimos,
Al Sol,
Después de una década.
A un tiempo extraño.
Al futuro
Desde el pasado.
Y qué jóvenes volvimos,
A otra Tierra.
A otro lugar.
III.
127 años pasaron por sus ríos,
Por sus montañas,
Por la genética de la Humanidad.
Nosotros, Odiseos,
Regresamos jóvenes de carne
A una Íthaca abrumada de electricidad.
Arribamos al futuro, jóvenes de carne
–pero antiguos como el tiempo espacial–
A otra Tierra, a otro lugar
A otro infierno.
Nuevo.
Por las estrellas, ¡este no es mi hogar!
Las grandes teorías de mi tiempo,
Sus grandes mentes.
Obsoletas.
Reducidas a pasos torpes, iniciales en la carrera sapiencial.
Yo he vuelto,
Fantasma del pasado,
Como una bestia, a los ojos de los demás.
Yo he vuelto a otro lugar.
Como un niño.
Indefenso.
Violento.
Humano.
¡Fueron diez años! ¡Nada más!
Y entendí que el tiempo existe
Sin posesivos
Ni adverbios.
-Nuestro tiempo solo es terrenal-
Y entendí que mi hogar ya no existe.
Ni mi nombre.
Ni mi marca.
Ni mi tiempo.
Tú
Que Existes
En Tu Tiempo.
¿Viajemos a bordo del Prometeo,
rumbo a Arturo,
–o a Fomalhaut–
Por diez años,
nada
más?
Luna Anarresti (Lara Blanco). (Maipú, Mendoza, 1993. Inédito.)
Julián Axat nació en La Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina, en 1976. Publicó: Peso formidable (2003), Servarios (2005), Medium (2006), ylumynarya (2008), Neo o el equipo forense de sí (2010), Musulmán o biopoética (2013), Rimbaud en la CGT (2014), Offshore (2017), Cuando las gasolineras sean ruinas románticas (2019) y Perros del Cosmos (2020). También publicó las antologías: Si Hamlet duda, le daremos muerte (2010) y La Plata Spoon River (2014). Hasta 2015 dirigió la colección de poesía Los Detectives Salvajes, de la editorial Libros de la Talita Dorada. Su poesía ha sido traducida al italiano, francés e inglés. Figura en antologías como Resistencia en la tierra (2014), Giovane poesía latinoamericana (2016), Atlas de poesía argentina (2017) y Antología federal de poesía (2019), entre otras.