Rodolfo Häsler

Rodolfo Häsler

Algunos poemas del poeta español Rodolfo Häsler, quien estará participando próximamente en el Festival de Poesía organizado por la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. El viernes 3 de mayo, a las 19:30 hs, estará leyendo en el Centro Cultural de la Cooperación.

 

VISIÓN DEL MERCADO

 

A Conchi Jubany

 

Lo único que nos detendrá, te dije, será la visita

al mercado de Algeciras.

 

El mar, que aparece sin ser visto,

es un reino de fuerza que se asienta en la cabeza

y tiene el color potente de una aguamarina.

 

Recorremos un camino de aceitunas moradas,

limones cortados que salpican el rostro,

cestos de higos secos que esconden el áspid,

carne de pez espada donde gime el corazón.

 

Poco antes de abrir los ojos

el gesto de tus manos entre el pescado

me eleva en el espacio con la plenitud

de un ángel sobreviviente.

 

 

VISIÓN DEL CÁLAMO

 

A Blanca Andreu

 

Me hallo en un esmerado jardín

con dos cipreses lanceolados, un melocotonero

en flor y una fuente. En su perfección lo tomo

por un huerto persa. Mientras contemplo

ensimismado la eclosión de una rosa

una voz me devuelve a la belleza del vergel,

una extraña voz, voz hermafrodita: toma el cálamo

y escribe, toma el cálamo y escribe cuanto sabes.

 

 

Página dos: martes

 

La palabra urraca: la leo en el espejo.

Un liso corte en el cristal ¿qué te propone?

La imagen se va por la ranura del azogue

y corre a una boca de metro, destino Jabaquara.

La sombra estatuaria de los predios lima el cristalino,

no descubre nada, sólo extrañeza y dolor.

El graznido de un pájaro,

y un día, quizá hoy, puede que mañana, nublado,

cesa su intención ante el ritmo del universo.

 

 

Página diez: miércoles. El poeta

 

¿Qué luce en su cabeza? Será un violín sonoro,

un instrumento que sabe ordenar, le dicta al oído

continuas confidencias, detalles de una vida disuelta en agua,

no sé si sabe nadar, sin embargo, es una vida viajera,

un timbre, una indisposición de maldoror.

 

 

Página once: lunes. La lluvia

 

Una frase atrevida, en hora baja, a media noche,

convoca la cosmología de la urraca. Con una ligera

inclinación destapa las cajitas donde vibra el sonido,

expande su insistente intromisión.

El dolor es lluvia, sube y baja, ruge,

el sudor oscilando entre el lector y tú

tizna el cuaderno de una dicción truculenta.

Una espuma, un desnivel que todo lo quiebra,

la inconformidad genera la misma pregunta,

inunda un lugar calcinado,

un trago de angustia es el cambio, es la sombra,

cierta manera de arrimarse a lo que no conoce.

No creas lo que es, no es cierto,

siempre le sorprende, llegada la primavera,

un chaparrón en miniatura.

 

***

Una tarde,

siguiendo el rastro de un espectro,

entré en el museo, suelo ajedrezado y paredes carmín

juegan con las sombras por las esquinas,

me dijo, ¿dónde estuviste

todo este tiempo?

Iba de una sala a otra, de los simbolistas

a la flor de cera de Redon

sobre la que no pretendo dar explicaciones,

el tallo azul ultramar,

la flor crece visiblemente

hasta invadir la estancia.

Esta situación podría no existir,

ser parte del mundo que hace mucho

me atrapó.

En el centro acecha la ansiedad,

la visita al caparazón del erizo

junto a una estrella de mar,

una enredadera envuelve

el recuerdo que impide el sueño,

pétalos se abren en las marcas del pincel,

la sala donde espío a Redon

es la espina del erizo que se hunde en la carne,

una vida bárbara

perdida en la amargura del espejo,

y por consecuencia,

despertar, despertar.

 

***

La aparición de la sangre

indica el daño,

seguir con vida después del hundimiento,

por supuesto, para poderlo contar,

viene de lejos,

un lugar verde y lluvioso

donde el hierro es húmedo

y las flores no tienen olor,

vive tranquilo en un recodo,

y su intención es borrar fronteras,

no jurar, volver al regazo,

se alimenta de de la sopa boba,

de la nada ninguneada,

insiste en andar, seducido por el otro,

jugándose a los dados

el tacto olvidado,

esfuerzo que se aleja en un suspiro,

algunas palabras justas que crecen

en lengua española, paternal alemán,

excelente francés que usa cuando quiere,

en un instante desaparece en el aire

y una isla sigue a otras más lejanas,

Azores, Flores, Terceira, Santa María,

en la incierta nebulosa, sin alma, sin alma,

nunca volver, aunque esté allí,

nunca volver sin alterarse, azufre, estatua de sal

por si mira atrás,

ya se sabe,

aunque vuelva, deja su acento atrás,

su marca del nacimiento

de delicada habladuría.

 

***

Insiste en acercarse a la bestia,

hay que seducirla poco a poco,

no debes tocarla, quema,

abrasa la yema de los dedos,

no bastan lágrimas,

beberás su sangre, beberás la sangre

de los sueños congelados,

entra con un machete

en la pulpa de la ansiedad,

en el vientre, con ahínco,

cepíllale la crisma,

entre el pelo ralo y el ojo

sentirás la dimensión del espanto.

 

Rodolfo Häsler nació en 1958 en Santiago de Cuba y desde los diez años reside en Barcelona. Estudió Letras en la universidad de Lausanne, Suiza. Tiene publicados los siguientes libros: Poemas de arena (Editorial E.R., Barcelona, 1982), Tratado de licantropía (Editorial Endymión, Madrid, 1988), Elleife (Editorial El Bardo, Barcelona, 1993 y Editorial Polibea, Madrid, 2018), De la belleza del puro pensamiento (Editorial El Bardo, Barcelona, 1997), Poemas de la rue de Zurich (Miguel Gómez Ediciones, Málaga, 2000), Paisaje, tiempo azul (Editorial Aldus, Ciudad de México, 2001), Cabeza de ébano (Ediciones Igitur, Barcelona, 2007 y Ediciones El Quirófano, Guayaquil, 2014), Diario de la urraca (Huerga y Fierro Editores, Madrid, Editorial Mangos de Hacha, Ciudad de México, y Kálathos Ediciones, Caracas, 2013) y Lengua de lobo (Ediciones Hiperión, Madrid, 2019). Ha obtenido el I premio Aula de Poesía de Barcelona 1992, la beca de la Oscar B. Cintas Foundation de Nueva York 1993, el premio Noah Stone del festival internacional de poesía de Yerevan 2016 y el XII premio internacional de poesía Claudio Rodríguez 2018.

Rodolfo Häsler

Cinco poemas de Alex Fleites

Una selección de poemas del poeta, editor y periodista cubano Alex Fleites.

 

noche que vela los espejos

 

para reina maría  despierta en ánimas

 

noche cerrada como un puño

que nada contiene

ni una tos  ni una risa

ni el gorjeo de un niño

 

noche por donde no circulan autos

ni nadie canta como si peleara

en medio de la calle

ni una radio ha quedado encendida

derramando noticias

que no importan

pues no hablan

de ninguno de nosotros

ni de nuestros enemigos

ni siquiera de los seres que amábamos

 

noche como rosa nonata

que ni perfuma ni estalla en color

 

noche que vela los espejos

 

noche que devora

las minúsculas plantas de la sala

los cuadros donde se asomaron

espantados los amigos

 

noche que sabe que vigilo

que salgo al balcón

como quien mira

a través del retrato de la hija

 

noche previa a la noche de la noche

disuélvete en mi pecho

y no permitas que ponga un pie

más allá de la marca sangrienta

donde ya no hacen falta los misterios

 

 *

 

⟨⟩

 

⟨adentro era un domingo

sin palabras

 

había poca luz

 

el salmón que escapó

de casi todo

vino a encallar

en nuestra mesa

 

brad mehldau

amenizaba

la carrera de hormigas

pésima elección

las locas se ponían

a marcar el ritmo

 

afuera el mundo

era un acuario

la gente respiraba

la brisa incendiaria

quería decirnos algo

pero se marchaba

nadando el resplandor

 

tu jugabas a ordenar

rostros vencidos

hechos al arte de la espera

 

yo me daba palmadas

en la frente

por un verso feliz

que a otro se le había

antes revelado

 

después de comer

tradujimos

de dylan el “desaire”

 

estábamos podridos de amar

lo incomprensible

 

aquí se podía besar sin previo aviso

aquí se podía ejercer la desnudez

y ungirla con vino rojo

y briznas de tierra lloviznada

 

al cerrarse el símbolo

quedaron limitados los espacios

 

no me habría importado

permanecer del otro lado

si hubiera podido impedir

una vez más

la disolución de tu sombra

de espaldas

alejándose⟩

 

*

 

 

discurso del hombre como un gato

 

 

este es el comienzo de la cuarta vida

 

en pocos metros cuadrados

acomodo lo que queda

de mi mundo

afortunadamente tan poco

que nunca va a desbordarse

aunque las ventanas

se queden peligrosamente abiertas

a los incendios de la noche

 

este es el momento

en que empieza a fundarse el olvido

 

fuera los espejos

fuera las cintas que reproducen

intensas vísperas  anunciaciones varias

fuera los libros que atestiguan

los retratos que hablan

el perro que pasa una y otra vez

por el sueño sin reconocer la mano

el olor pálido de entonces

 

esta es la hora en que debo quemar

los trajes que en otro tiempo

me arroparon el alma

el segundo de cortar

los hilos del teléfono

cambiar de nombre

dejar tan sólo un rastro de hojas secas

que sirva a los hijos

si fuera menester

para dar con mi atribulado corazón

tan errático como una granada

cuya parábola

nadie puede corregir

y una y otra vez cae al centro del mar

sólo para espanto

de anémonas y peces

 

*

caída de la casa

 

al techo de la casa

le han salido manchas de humedad

 

si se miran bien  dos rosas inconclusas

dos rostros

dos pámpanos marinos

y hasta dos soles negros

sobre nuestro breve cielo

de estar cómodamente acongojados

 

mañana alguien  diligente

va a reparar las lozas

que la lluvia cincela

y cobrará por ello

un precio intolerable

 

nada va a quedar

del presagio de las floraciones

 

olvidaremos por un tiempo

el inaplazable comienzo del derrumbe

 

*

 

beber café en la oscuridad aleja el miedo

 

adentro de la taza

también está la noche

que diluye

hasta los pensamientos

 

beber café en la oscuridad

es como aspirar

la niebla

echar leños

al cráter de un volcán

lanzar los ojos

a las aves que han bajado

trinando

a comer de tus despojos

 

quien se bebe la noche

despertará

sangrando

en una noche

de otro tiempo

 

quien se bebe la noche

desciende

sin miedo

a la gruta

donde se guardan

los cuadernos y los signos

los talismanes y las fotos

el aire denso

de aquel amanecer

en que toda posibilidad

temblaba de rocío

 

beber café en la oscuridad

apaga los rezos

las canciones

que se pretendían

amorosas

sella el rumor

por donde tratara

de deslizarse la luz,

la caricia furtiva,

cualquier palabra

que no volviese

a herir

que no volviese

 


Alex Fleites (Caracas, 1954). Licenciado en Filología Española por la Universidad de La Habana. Entre sus poemarios más conocidos se cuentan  A dos espacios (1981), El arca de la serena alegría (1985), Ómnibus de noche (1995) y Un perro en la casa del amor (2004). En el 2015 la Universidad Veracruzana editó su antología personal Alguien enciende las luces del planeta. Es, asimismo, autor del libro de relatos Canta lo sentimental publicado en México (2011), Cuba (2012) y España (2016). Su obra ha sido parcialmente traducida al ruso, inglés, francés, italiano, alemán, portugués, chino, vietnamita y cebuano. Aparece antologado en importantes colecciones de poetas cubanos confeccionadas en la Isla y en el exterior. Es periodista, editor y curador de arte.

 

Fotografía: Álvaro Fleites

 

 

Rodolfo Häsler

Una tal Lila

Fragmento de la novela “El agujero” del poeta y narrador correntino Rodrigo Galarza, con la que obtuvo el Tercer premio Municipal de Literatura “Luis de Tejeda” de Córdoba, y que acaba de ser editada por la Editorial Municipal de esa ciudad.

 

Quizá esté lloviendo o haya cesado un poco o más bien la lluvia se haya transformado en una tímida garúa de esas que parece que no mojan y que terminan por empaparte hasta el apellido; quizá en todo momento haya sido la garúa de junio la que impregnó  la ciudad de cierta orfandad y algunos, los más débiles, se hayan sentido aludidos por la tristeza y hayan decidido no salir de casa ni siquiera por la urgencia de comprar cigarrillos, birras o porros. Quizá la garúa, como en el tango que, acaso ninguno de ellos conoce, acentúa con sus púas en el corazón de los desprevenidos; sí, los desprevenidos o el desprevenido. Rulo sale de su casa lleno de hastío y de impaciencia; hace varios días que no ve a Poli, quizá todo haya sido un malentendido pero la bronca  le enciende el hígado, ¡le enciende!, no como la llamita lánguida del zippo que opta por morirse bajo la garúa de junio. Ningún mensaje, no, ninguna llamada, qué hable él, que pida perdón este guacho. Quizá esté lloviendo o haya cesado un poco o más bien la lluvia se haya transformado en una tímida garúa de esas que parece que no mojan y que terminan por empaparte por dentro, terminan por desquiciarte en el solo acto de querer encender un porro apoyado contra el poste mugriento de luz si así pudiera llamársele y no poste de candil…Acá, en esta esquina desierta nadie pide perdón por existir bajo la garúa de junio. Por fin el petardito refulge su brasita y Rulo tose varias veces sin largar el humo. Quizá le haya rascado un poco la garganta; ¡rica! está  la plantita del Paragua, rica y pegadora; quizá no sea tan mala la noche y hasta tiene su encanto la garúa que insiste con su fraseo de bolero de quilombo. Rulo camina unos metros por la acera y se detiene un instante mirando a diestra y siniestra como si tomara precaución para atravesar la Avenida 3 de abril; vuelve a darle una seca al porro y cruza la calle. Quizá, después de todo no haya sido tan mala la idea de salir a dar una vuelta y estas sean las mejores noches en que parece que nada va suceder y sin embargo, tal vez, sí suceda. Rulo vuelve a detenerse en la esquina siguiente: hacia la izquierda se llega a la despensa del Bizco; mejor hacia la derecha, hacia el monoblock 11; rumbea lento con la capucha de su buzo levantada, rumbea lento bajo la llovizna insistente, con el cerebro tomado por el humo azul; mira de reojo por los agujeros que le ha hecho a la capucha en los costados: nadie; pero en el pasillo oscuro del monoblock 11 alguien estará despuntando el vicio o simplemente estará, igual que él, esperando que algo suceda. Mientras camina ladra un perro; luego otro, aunque  más lánguido, más lastimero. Se oye aplacado un riff de los Redondos, ahí va queriendo la noche de junio, noche de hastío e impaciencia. Va queriendo, ¿qué? Rulo se aproxima al edificio, hace una pausa, apura la tuca, ¡rica! la plantita del Paragua. Rodea la mole de cemento, busca el pasillo oscuro. En el fondo, allí donde las cosas y los seres pierden sus formas: un silueta: una mujer o un hombre de pelo largo. Rulo se acerca, saluda como si le conociera de toda la vida, en realidad sí le conoce de toda la vida, lo vio crecer en el barrio siempre aparte, siempre increpado por los pibes cuando no quería jugar al fútbol ni siquiera en el arco. Dale vení Lilo marica, jugá con nosotros, dale marica que falta uno, metele en el arco aunque sea. Y Lilo decía no y se reía, él tenía reservado para sí otros juegos que le divertían más y no esa mierda de correr tras una pelota y verse horrible después, transpirado y sucio.

-Hola, dice Rulo sacando un porro de entre los cigarrillos del paquete.

-¡Hola rico! dice Lila, ¿qué hacés acá?

-¿Por? ¿tengo que pagar entrada o qué?

-No boludo, digo porque hace mucho que no te veo y además está fulera la noche.

-Tan fulera no debe estar, estás acá ¿no?

-Estoy esperando a uno pero está tardando, se ve que no está pudiendo zafar de  su jermu.

-Le habrá atado a la cama por vicioso.

Ambos ríen. Rulo le pasa el porro y Lila aspira con avidez y luego se lo devuelve.

-Rico che. ¿y Poli?

-Ni idea, debe  estar en lo de Carmen, otro… también que le tienen atado a la cama.

Lila se apresura en devolver la invitación del porro pasándole una botella de cerveza.

Aquí, en este pasillo oscuro, hay un adentro, un no paso del tiempo; quizá sea la infancia la que regresa en forma de confidencias bajo la garúa que ya no está, entre bocanadas de la plantita del Paragua y las quilmes calentonas a pesar de junio. Quizá la más sorprendida sea Lila por la fragilidad nunca demostrada de Rulo que a esta altura mejor dicho hondura de la noche, se le está pegando un mambo tristón de perro sarnoso. Algo se le despierta a Lila, algo impensado. A Rulo el galope empieza a quedársele corto y entre chistes zafios y silencios habladores, se traga una anfeta y sin preguntar le pone otra en la boca a Lila que cierra con suavidad sus labios sobre los dedos sucios de Rulo. Y atrás queda la plantita del Paragua y más atrás la birra calentona, atrás, más atrás queda la sarna del perro tristón, la pelea con Poli, las confidencias de infancia. Adelante, arriba, en el centro, el pasillo oscuro achica, cierra sus fauces. Rulo se pelea con la pantalla de su teléfono, aprieta varias veces sobre el archivo: Jijiji. No pongas alto que nos corren. Pará chabón, no te calientes. A Lila  le mordisquea la cabeza la palabra “chabón”, pero no dice nada, demasiada verdad hay en la letra que se expande como una frenada de coche en la voz del Indio Solari. Rulo suda, suda y suda, a pesar de junio, a pesar de haberse quedado en camisa. Lila se quita su viejo gabán vintage, cuando tomo de esas…me entra un calor; le da un largo trago a la cerveza. Rulo espera con impaciencia el primer solo de la canción, un solo pensado para el pogo o para una hinchada de fútbol; su impaciencia crece en el puente del estribillo. Lila lo mira, algo le crece también a ella. Rulo levanta una pierna y gira sobre la otra; la guitarra de Skay le arranca saltos y balbuceos. Quizá sea la garúa que ya no está, la noche de junio que de pronto se vuelve Jijiji, o quizá sea la plantita del Paragua, las Quilmes calentonas, la inesperada confidencia con Lila, más la anfeta zapateando un malambo en la azotea. Rulo trastabilla hacia un lado y Lila lo sostiene, evita su caída. Bien agarrado le tiene Lila y Rulo se queda ahí como si necesitara una caricia, como si volviera a ser el perro sarnoso del principio de la noche; él se deja que ella le agarre bien de ahí, total el pasillo oscuro se lo traga todo, así es, se lo traga todo…aunque  antes unos masajes de las manos expertas de Lila. Rulo apoya su espalda contrala pared, separa un poco las piernas y se baja el cierre la bragueta. Lila levanta un poco su pollera de jeans y se arrodilla. Debe ser junio nomás, la garúa que ya no está, la ausencia de Poli mezclada con la plantita del Paragua, las Quilmes calentonas, la canción de los Redondos, la anfeta del Bizco; debe ser nomás las ganas de Lila de expiar por fin los epítetos hirientes de la infancia, y cómo lo expía con la boca llena del machito Rulo y cómo trabaja con la lengua para que el machito Rulo levante su cabeza y mire el cielo oscuro mientras suena la sirena de la parte final de Jijiji y a esta altura Lila, quizá por la anfeta o porque a ella también le crecen cosas en la entrepierna, haga un pausa para que Rulo machito se desespere y  le agarre de la cabeza y le vuelva a embutir su miembro en la boca. Tan noche esta de junio, de garúa en retirada que Lila es dueña de la situación porque Rulo machito sólo piensa en meterse ahí mientras un perro ladra y Jijiji calla y Rulo machito contiene un gemido y  Lila expiada se pone de pie, se levanta la pollera y apoya sus manos contra la pared como si fuera a ser cateada por la policía y Rulo se acomoda detrás, en tanto en vano intenta mojar sus dedos con  saliva, trapo seco su boca. Rulo machito se acomoda detrás, abre las nalgas duras de Lila, y empuja…¡ay! -se oye- ¡pará! , y no hay impostación femenina en la voz, es un ay casi de resuello agónico. Rulo machito, lleno de anfeta y de placer se prende por la cadera estrecha de Lila y vuelve a empujar y Lila arquea un poco su columna sacando su anca hacia afuera para que Rulo machito expíe sin saberlo el honor de Lila y la expiación llega con Rulo rebuznando casi, dale que te dale lleno de anfeta y más de placer, dale que te dale Rulo machito prendiéndose de la manija dura de Lila, dale que te dale Rulo machito empujando con su pelvis y sobando con ritmo la manija mientras le rebuzna en la oreja a Lila llena también de anfeta, de placer y de expiación; tenía razón el Indio Solari en  Jijiji: “no lo soñé…/ y se ofreció mejor que nunca”. Tenso Rulo machito con su mandioca bien adentro, tensa su mano derecha bajando y subiendo sobre la manija; quizá sea la noche de junio, la garúa en retirada, la pelea con Poli; sí, quizá sea eso o quizá la plantita del Paragua, las Quilmes calentonas, la anfeta del Bizco  o quizá sea que a Rulo machito siempre le gustaron la nalgas de Lila y esta noche de junio con la garúa en retirada y la anfeta del Bizco dale que te dale con su manija y dale que te dale a la manija de Lila. Si Poli lo viera, si Poli presenciara a Rulo tan machito con la manija de Lila en mano, ¡qué papelón! si Poli se lo contara a Yacaré y al Polaco no terminarían más la cargadas, Rulo machito con una verga ajena en la mano ¿y qué hace Rulo con esa verga?, nada, dale que te pego, intenta seguir el ritmo múltiple, ocupado Rulo machito con dos vergas a la vez, uno-dos, uno-dos, uno-dos, uno-dos hasta que su placer se extinga nalgas adentro y  Lila escriba en la pared: no lo soñé…

 

Rodrigo Galarza nació en Caá Catí, Corrientes, en 1972. Es profesor en Letras. Co-fundador del Grupo Literario ¨Pájaro de Tinta¨ y director de la revista del mismo nombre. Su poesía ha sido reconocida con numerosos premios en el país y en el extranjero. Ha publicado en diarios y revistas de su provincia, de Buenos Aires, de Asunción del Paraguay, de Madrid,, de Nord Carolina EEUU, y  de México. Algunos de sus poemarios publicados son: Diluvio en la memoria; El desierto de la sed; Parque de destrucciones (el suri porfiado, 2007); Dietario del sur; Urubamba (el suri porfiado 2016). Figura en Twenty Poets from Argentina-Poetry of the Nineties (2004,Inglaterra, traducción de Graham Yoll y Daniel Samoilovich) entre otras antologías. Actualmente escribe una página de poesía en el diario El Litoral de Corrientes. El agujero, perteneciente a Trilogía de Corrientes, es su primera novela publicada.

Rodolfo Häsler

Programación de abril (2019) del Espacio Literario del CCC

Nuestro Espacio Literario. Protagonistas, lugares, fechas y horarios de todas las actividades, con entrada libre y gratuita, que se realizarán durante el mes de abril en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (Av. Corrientes 1543, Ciudad de Buenos Aires)

 

El dolor de la ausencia. Presentación de la novela de Omar Ramos publicada por Baldíos en la lengua. Presentan Ariel Bermani y Vicente Battista. Jueves 04 de abril, sala Jacobo Lacks (3° piso), 19 hs,

 

Ficciones. Los narradores visitan el CCC y leen sus producciones. Segundo viernes de cada mes. El 12 de abril, el primer encuentro del año, coordinado por Carla Corvalán y Denise Pluis. Sala Meyer Dubrovsky (3° piso), 19 hs

 

El imperio del agua. Presentación de la novela de Claudia Ainchil publicada por Clara Beter. Presentan Omar Ramos y Gito Minore. Jueves 11 de abril, sala Meyer Dubrovsky (3º piso), 19 hs.

 

Las raras circunstancias. El último jueves de cada mes la poesía visita el CCC. El 25 de abril, Roxana Molinelli, Jimena Repetto, Hugo Rivella y Daniel Pacossi. Coordinan: Marina Cavalletti, Romina Dziovenas y Carlos Aldazábal. Sala Meyer Dubrovsky (PB), 19 hs.

 

 

Rodolfo Häsler

La poesía de Anahí Lazzaroni

Compartimos una selección de poemas de Anahí Lazzaroni (1957-2019), poeta nacida en La Plata y radicada en Ushuaia desde su infancia, que partió al mar de sus sueños o al cielo de sus pájaros en marzo de este año.

 

De Dibujos:

 

Hablando de fútbol, menaje y TV

 

De las charlas insulsas

desembarco

a mitad de camino.

Deserto al galope,

tomo el rumbo de las lluvias.

Mitigo

las insolaciones humanas.

 

*

 

Nostalgias

 

De aquellos días abiertos

a las alegrías del mundo

sólo nos queda

un suave polvillo

birlado

por el viento.

 


 

De El poema se va sin saludarnos:

 

 

Alejandra Pizarnik, in memorian II

 

¿Dónde está

la reina loca que nombrabas?

No puedo verla, mira al ahorcado

que me exige limosna.

No le des –me dices–

no le ofrezcas,

mejor guarda

para que se alimenten tus pájaros

o mejor tírala.

Cada moneda que reluce

es un estigma

en los tiempos que corren.

 

*

 

Meditaciones de fin de siglo

 

La luz morada del otoño,

un ave que grazna mientras sobrevuela el agua.

No siempre la naturaleza reconforta,

y el mundo

posee habilidades:

nos alimenta

o

nos despoja.

 

*

 

Tiempos posmodernos

 

No hay esencia,

no hay razón,

no hay ni una loca esperanza

perdida en la hondonada.

 

Oh, viejo Zeus, aliméntame

por los días de los días.

Ofréceme esa intensidad suprema

de los moribundos ilusionados

y ampárame

de tiempos tan duros.

 

 


 

De Bonus Track:

 

 

Boceto

 

Cantos sólo cantos

escritos en una noche de vigilia.

La juventud huye, huye

a vuelo rasante,

en ese caballo con cara de Dios

van sus aromas.

 

*

 

 

Perfil

 

Ágil y lustroso

salta

(en la mitad de una mañana radiante)

el pez azul

de la melancolía.

 

*

 

 

Poema sin camellos

 

                                         Y nos decimos que cantamos 

                                               para alejar la oscuridad.

Emily Dickinson

 

No veré más a la lluvia dorada

pintar el mar,

ni a los pájaros del alma

beberse a cántaros el viento.

Un fulgor distinto iluminará el paisaje

y la travesía será más tenue.

En la ciudad también está el desierto.

 

*

 

En la casa del Tigre

 

Cuentan grandes penas, amoríos trágicos

e historias de madres posesivas hilando la tarde.

Despliegan el dolor como si fuera un mantel

y beben alegres las copas del olvido.

Una embarcación en ruinas

navega el río de la noche,

dicen que en ella viajan

el rey mendigo y su guardia de sonámbulos.

A mediados del siglo

en una ciudad mal llamada Buenos Aires,

repiten, un niño levantaba apuestas de caballos

a espaldas de sus inmaculados padres

y más lejos otro niño loco

se inventaba solitario la llanura.

Murmuran trozos de vida

ya cubiertos por el polvo

o casi.

 

*

 

Leyendo diarios

 

Un cocodrilo del siglo diecinueve

bosteza.

¿El río?

Cualquier río fangoso

de África lejana.

Animal de sanas y sabias costumbres

si vinieras

y devoraras este caos perfecto

no harías otra cosa

que embellecer

el mundo.

 

 


 

De A la luz del desierto:

 

Lo dicen por ahí

 

Te atraen las ciudades en decadencia,

los hoteles ruinosos, la gente loca y amable

sucumbiendo a sus propios designios.

Aquellos pájaros gordos

quietos sobre la última nieve.

La música secreta tocada en un piano

por alguien que durmió en Calcuta.

El cielo lleno de nubes de esta comarca perdida.

El andar afelpado del leopardo.

Los conocimientos inútiles.

La luz que trastoca a los soñadores.

Las preguntas infinitas saliendo de su cauce

como ríos alucinados.

La posibilidad de escribir.

Mirar el aleteo de una mosca

sin que el tiempo importe demasiado.

 

Dicen que es cierto.

 

*

 

Canción sin partitura

 

Nada está escrito en ningún lado,

ni las canciones viejas

que nos llegan a la memoria

para salvarnos del invierno,

y se hunden bajo el grito constante

de los pájaros nocturnos.

Nada está escrito,

ni esos terrores marcados a fuego

que aparecen en los sueños,

ni las alegrías

o el olvido mismo.

Nada está escrito en ningún lado

Y los locos,

los pobres locos

ya no dibujan árboles

en las paredes vacías.

 


De El viento sopla:

 

 

Graffti

 

Alguien debería dibujar de un modo impecable

el mapa de una ciudad loca

a la que abofetea el viento.

Bordeada por un mar gris y murallas de piedra,

con gentes de poco hablar

navegando sus propios océanos.

Nombro una ciudad que no está muerta ni viva.

 

15 de octubre, 2003

 

*

 

La ciudad y el poema

 

Observás cómo enseña a hacer tempura

una cocinera japonesa en un documental,

sentís la ciudad colapsada.

Mirar una cosa y pensar en otra,

quizás en eso consista la escritura

o el poema que comienza escribirse

a espaldas del mundo

al mejor estilo de un buen ladrón de gallinero.

Es de noche y no llueve,

no llueve por una vez en esta ciudad.

Ya hubo alerta amarilla por vientos huracanados.

Eso pasó

como pasa todo y nadie lo recuerda.

 

21 de abril, 2006

 

*

 

Las canciones antiguas

 

Tintas antiguas para describir la ciudad.

Campos de nieve y falsas arenas movedizas.

Fotografía de pobladores y viajeros muertos.

Barcos entre los bordes de las olas azules.

Miserias empujadas por los vientos del Sudoeste.

Canciones alegres de tierras lejanas

que nadie puede cantar, ni cantará jamás.

Monedas del oro que nunca estuvo aquí.

Son otros los pájaros que vuelan en el cielo

 

10 de mayo, 2005

 


De Alguien lo dijo:

 

Enigma

 

¿Para qué recordar esta melodía

si desconocemos de dónde viene?

¿Por qué razón vuelve

si no la podemos cantar?

Hubo un tiempo que estuvo

en nosotros

al igual que tantas cosas.

El pentagrama está vacío.

 

*

 

Poetas contemporáneos o el legado de lo cursi

 

A Jorge G. Garzarelli

 

Queridos amigos:

Nuestro gran deber es mantener a los lectores en vilo

sabemos que la poesía aburre a la mayoría de los

[mortales.

Temen hallar golondrinas, rimas tontas,

crepúsculos, maderas de sándalo.

Y si nos descuidamos

hasta a ese par de muchachas hoy tan desprestigiadas:

la costurerita que dio el mal paso

y la pulpera de Santa Lucía.

 

*

 

Bajando decibeles

 

Señoras y señores poetas:

El insecto que se desliza a ras de tierra

nos ignora.

Los latifundistas también.

Por eso nuestra idea de la poesía

nunca debe de ser tan grandiosa.

Alcanza

con que quepa

en una caja de zapatos

mediana.

 

 


Anahí Lazzaroni nació en La Plata el 30 de agosto de 1957. Residió desde su infancia en Ushuaia. Publicó: Viernes de Acrílico (1977), Liberen a la libélula (1980), Dibujos (Ediciones Revista Aldea, 1988), En esta ciudad se escribirá una novela (prosa, Ediciones Revista Aldea, 1989), El poema se va sin saludarnos (Ediciones Último Reino, 1994), Bonus Track (Ediciones Último Reino, 1999), A la luz del desierto (Ediciones Último Reino, 2004), El viento sopla (editorial El Suri Porfiado, 2011), Alguien lo dijo (El Suri Porfiado, 2018).  Entre 1986 y 1994 codirigió la revista Aldea. Colaboró en diarios y publicaciones del país, y del extranjero. Poemas suyos figuran en antologías de poesía contemporánea y han sido traducidos al catalán, coreano, francés, inglés, italiano y portugués.

 

Fotografía: Florencia Lobo

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