by Claudio Medin | 30 \30\America/Argentina/Buenos_Aires julio \30\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Poesía
Poemas del libro de Julieta Lopérgolo (Rosario, 1973), publicado recientemente por Postales japonesas (2018)
He decidido perdonar
la muerte de mi padre
cuando suceda.
Lo que extraño
no tiene nombre,
no existe.
Aún no sucede.
Sin embargo,
con qué amabilidad
ronda
a veces
lo imperdonable.
Estoy en viaje.
Nunca amanece.
Nunca llego.
Mi padre está muy lejos
de mi viaje.
Estoy en ir,
en un estado que no admite
el tiempo.
Te hablo.
Apuesto a que mis palabras
te despierten,
se ablanden dentro de tu cuerpo,
pacifiquen el aire,
el líquido que infla tu sueño.
Te hablo
y cuando me voy no quiero
ni una sola de las palabras que te dije.
Imagino que flotan protectoras
a tu alrededor,
vendadas con suspiros.
Son fuerzas delicadas,
salmos entonando tu nombre
a la altura de mi corazón.
Todo intento es pequeño.
Así imagino yo
que te defiendo
con un ejército de palabras.
Lejos
una paz aparece.
Por última vez
había que subir a la terraza a destender
tu ropa.
Había que ver cómo algo tan simple
nos hería.
Esa mañana contraria a las demás
la forma de tu cuerpo ondulaba en la soga,
el aire envejecido,
empastado de nada,
todo lo que no.
Queríamos decir mañana y no,
cielo celeste no,
ni vamos,
ni en un rato.
Lo único importante era esa ropa paralela
a la certeza enorme de tu muerte
en los oídos.
Podríamos haber velado directamente
la ropa tendida,
abrazados,
mientras soplaba ese viento desacostumbrado de junio
sobre el techo inocente de tu casa.
Antes de que la enfermedad
que se hizo de tu cuerpo
te impidiera la escritura,
lo escribías todo,
como quien sabe que el deseo
tiene un límite,
o mejor dicho: que el deseo
no tiene cura.
Quieren volver los perros
lastimados,
la jauría incompleta.
No sé qué pierden por los ojos,
si acaso es su desesperación
lo que supuran
y trae un olor dulce y triste
al aire descompuesto.
Buscan a uno
en esa soledad peor que nunca,
en el paisaje equivocado
donde falta.
A una distancia presentida
cierran los ojos,
son puro olor que grita
huyendo de un dolor
para resucitar en otro.
Mitigamos la belleza con nombres,
como si nos curara enfermarnos de eso.
A la espesura de los bosques
la llamamos verde,
oscuridad,
mitos de casas de los árboles;
al polvo de la tierra, humo.
Decimos nervaduras
a las venas quebradas de las hojas,
sangre al color de la respiración.
Llamamos mar
a la deriva persistente del agua.
Llamamos a lo que no habla
con este miedo.
Julieta Lopérgolo nació en Rosario en 1973. Es Licenciada en Letras y en Psicología. “Para que exista esa isla” (publicado por Postales Japonesas) es su primer libro. Actualmente vive en Montevideo.
by Claudio Medin | 30 \30\America/Argentina/Buenos_Aires julio \30\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Ensayo
Fragementos del libro de ensayos de Mercedes Roffé editado por Excursiones (2018)
Prólogo
Este libro surge en principio como un diálogo casi personal con algunos ensayos literarios o filosóficos que me atrajeron particularmente, como Idea de la prosa, de Agamben, Letra herida, de Nuria Amat, El autor y la escritura, de Jünger, o el fundante Livre de lectures de Marthe Robert. De ellos, quizás, algunos de los temas iniciales que dieron materia a mi escritura.
Pronto, esas notas se fueron independizando y buscando otras fuentes de diálogo, sus propios “textos maestros” a los que afiliarse como un comentario o una nota al pie –no por pudor o modestia, sino por la potencialidad que asocio a este tipo de márgenes, y la atracción que despiertan en mí, en la medida en que abren otros espacios de meditación posibles, otras poéticas de la reflexión.
Así, la inagotable sensatez de Canetti, algún pasaje de Cioran o de María Zambrano, de Cixous o de Gottfried Benn, Formas breves de Ricardo Piglia o Poesía etcétera de Jacques Roubaud, fueron sirviendo, cada cual a su modo, de nuevas guías o interlocutores. Los temas y motivos de interés se fueron así expandiendo para dejar entrar también materias no exclusivamente literarias: una muestra de pintura china de los dos últimos siglos; consideraciones alrededor del tema de la traducción; la lectura de los románticos; la concepción del desnudo en Oriente y Occidente; el arte de los simbolistas y las diversas posibilidades de entrar en contacto con su mundo y sus obras.
Pero mal se haría en limitar esas fuentes a aquellos textos de reflexión escritos exclusivamente por escritores. Ensayos de poética, reflexiones sobre el propio hacer y sobre lo que lo circunda, son también los escritos de Chillida, los de Tapiés, los de Antonio Saura, los de Cage, los de Louise Bourgeois, los de Satie, las parcas pistas que adelanta Pärt sobre sus composiciones; las múltiples entradas a su universo que David Lynch facilita en todos los soportes posibles . . .
Estas son las líneas que desembocan en Glosa continua. De allí quizás su inmediatez y sus desvíos. Esta es su genealogía y su marco de referencia; esta la caja de resonancia que hizo posible este diálogo sostenido, múltiple y abierto, paradójicamente tan cercano a un monólogo interior.
* * *
En el primer encuentro del taller de escritura que dictó en Harvard, el 5 de enero de 1966, Elizabeth Bishop confronta así a sus alumnos:
you seem to write a lot of free verse out here. I guess that’s what you call it. I was rather appalled. I just couldn’t scan your “free verse”—and one can scan Eliot. I think some of you are misled about free verse. It isn’t that easy. Look at Eliot—you can scan his descriptive pieces about Cape Ann perfectly, and the same goes for The Four Quartets and The Waste Land. Elizabeth Bishop[1]
Y procede a leer en voz alta un pasaje de Tierra baldía.
* * *
Hay visiones. Visiones del hambre y de la droga. Visiones de la contemplación y de la abstinencia. Hay visiones como las de Hildegard, como las de Buda, como las de los místicos de Tudela y Safed. Visiones de la ceguera y visiones de la ensoñación. Y hay visiones entre la vida y la muerte, entre la vigilia y el sueño, entre el sueño y el despertar.
La pregunta es: ¿Hay representación? ¿Da acceso la visión a alguna realidad otra? ¿O hay sólo eso, la imago –esa alucinación, esa fantasmagoría–, y con eso sería ya bastante –bastante vértigo o bendición?
¿Hay correspondencia alguna entre la visión y otra cosa? ¿es necesario hacerla correlativa a algún tipo de verdad, de mundo, fuera de ella misma? Y en ese caso, ¿como vía hacia qué?
Y hay ideología. Quiero decir: lo aprendido, lo esperable. Que a Teresa de Ávila le haya sido dado ver la Humanidad de Cristo y no el Carro de Ezequiel. Que al boddhitsava le sea dado ver la conexión entre todo lo vivo y no la orgiástica intuición del Día del Juicio que vio Miguel Ángel a pedido de Roma. Que a Michaux en sus viajes con mezcalina no le fuera dado ver ni la interconexión de todas las cosas ni la extremada gloria del Hijo de Dios, sino una enloquecedora sucesión de puntitos…
En todo caso, ¿por qué cualquiera de estas visiones habría de corresponderse con algo –algo, más allá de sí misma? Más aun, más allá de la literatura, la mitología, de la que bebió aquel o aquella que ayunó o ingirió.
Imperfecciones todas; anécdotas previas a la plenitud sonora del vacío.
* * *
Aun cuando lo trascendente no llegue a ocupar, cuantitativamente, más que un ínfimo porcentaje de cualquier vida regular, secular, laica, entiendo la vida como una experiencia fundamental-mente espiritual. Es ese porcentaje ínfimo, o siquiera la intuición de ese vislumbre, lo que sostiene la credibilidad de todo lo demás –su arquitectura callada.
La mayor parte de nuestra vida es ruido, tiempo profano. El trabajo está concebido de modo que no es sino el principal instrumento de alienación. Invasión, por lo general innecesaria –quiero decir: desproporcionada, no sólo con respecto al tiempo que le insume al trabajador, sino también a los bienes que produce. Una gran máquina de perder tiempo, de alejar al ser humano de cualquier sosiego, de cualquier intuición, de cualquier experiencia íntima y verdadera, siquiera a partir del contacto no mediatizado, no ficcionalizado, con sus propios problemas.
* * *
Tal vez temiendo ver derivar en caos el trabajo de toda su vida –sus “pensamientos del alba”– fue que Valéry dio en proponer una serie de categorías bajo las cuales organizar el maremágnum de notas que conformarían los 29 volúmenes de sus Cahiers publicados póstumamente.
Sin embargo, ¿quién podría negar que lo que lo movió durante la mayor parte de su vida a apuntar esas notas no fue sino la voluntad de dejar un registro de lo que más tarde otro filósofo llamaría los “movimientos del pensar”? Era, precisamente, esa errancia, ese deambular, ese constante devenir y rearticularse del pensamiento –de las ciencias a la literatura, de las matemáticas al eros, del dibujo a la política o la psicología– lo que estaba en el punto de miras del autor: algo como hacer de sus cuadernos la imagen magnética no de sus pensamientos, sino de su pensar, del humano pensar.
Malhaya, entonces, las ediciones que deciden seguir aquellas pistas, apuntadas como a contrapelo del deseo que signó la escritura de esos carnets. Pues si de lo que se trataba era, precisamente, de dejar huella del constante trabajo del intelecto, ¿cómo justificar el artificio que supone fijar en temas tan sostenido nomadismo?
Asistimos así a un esfuerzo que en vez de revelarnos el funcionamiento del mismísimo acto de reflexionar, nos depara un numeroso cúmulo de reflexiones prolijamente catalogadas bajo los títulos: Cuadernos, Ego, Literatura, Poética, Poesía, Temas, Eros, Ciencia, Matemáticas…
La máquina de maquinar ahogada por la compulsión clasificatoria.
* * *
Experimentación, permisividad, y la necesidad y la alegría de volver a nombrar las cosas primordiales.
* * *
¿Qué es el misterio, qué es lo “misterioso” en poesía?
El misterio, todo lo desconocido que la poesía revela. Lo misterioso, que ciertas palabras se amen, o se imanten.
* * *
¿La función del/la poeta? Desaparecer. Dejar que las palabras hablen precisamente allí donde él/ella deja de interponerse.
[1] Conversations with Elizabeth Bishop. Edited by George Monteiro. University Press of Mississippi, 1996, page 40.
MERCEDES ROFFÉ es una de las voces de la poesía argentina actual de mayor reconocimiento internacional. Libros suyos se publicaron inicialmente en España y Latinoamérica y, en traducción, en Italia, Quebec, Rumania, Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Su poemario La ópera fantasma (Vaso Roto, 2012) fue elegido uno de los mejores libros del año por dos prestigiosos periódicos mexicanos. Le siguió Carcaj : Vislumbres (Vaso Roto, 2014). En 2012, la editorial Amargord reedita su Canto errante seguido de Memorial de agravios (Colección Transatlántica) y publica la compilación de entrevistas a la autora La interrogación incesante 1996-2012 (Colección ONCE). En 2016 se publica en Sevilla su Diario ínfimo (Ediciones La Isla de Siltolá). En 2017 se publican en Latinoamérica tres antologías de su obra: El Michaux (Tintas) y otros poemas (Puebla, BUAP), Todo alumbra (Quito, El Ángel) y El desierto y el oro (Sgo. de Chile, RIL/Aérea). Desde 1998 dirige Ediciones Pen Press. Entre otras distinciones, recibió las becas John S. Guggenheim (2001) y Civitella Ranieri (2012). Desde 1995 vive en Nueva York.
Foto de Constanza Niscovolos
by Claudio Medin | 30 \30\America/Argentina/Buenos_Aires julio \30\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Poesía
Poemas del libro “A nadie le importa”, publicado por La gran Nilson en 2016
Plan de paz
No hay paz sincera
ni planes sin fisura.
En aquelarre mediático,
uno de los nuestros, cayó en la
trampa humillado, al estirar el brazo
en símbolo fraterno.
Ahora su cabeza se exhibe
frente al Obelisco,
en una horca 3D.
Y el mandante
a todas luces declara que
fue involuntario, el haber
dicho ‘todo negro es
bienvenido
lejos de la frontera’.
Lección primera:
nunca creas en quienes
te ofrecen caramelos
mientras te quitan los zapatos.
Lección segunda:
nunca aceptes botellas de Coca-Cola,
abiertas
en dependencias policiales.
Lección tercera:
nunca dejes que un mito
se consuma con sandía y vino.
Lección cuarta:
nunca dejes que un holograma
disipe tus mejores aromas.
Ficciones
La nostalgia confunde
distorsiona eso que evoca.
Fantasmas de galera
con tono imperativo reclaman
faena de oraciones
cacerolas batientes
restauración del mando.
Su-realidad vencedora
ejerce sin límites
en terreno apropiado
legiones poseedoras
con sus cucardas
espantan a la plebe
dispersan efluvios
sobre avenida Santa Fe
para que vuelva a convertirse
desde plaza San Martín
hasta La Rural, en una carretera
de sentido único
con su mano invisible
de orden y progreso.
Cambio de color
A veces se puede
reconstruir un trayecto si
hurgamos entre capas
muy profundas de
nuestras acciones.
Se piensa: qué hacemos
cómo llegamos hasta aquí
quién está bajo nuestro techo
si esto sirve para seguir
en modo programa
con la llama activa
a pesar de la tormenta.
Y sospechamos
matar, matarse, morir de muerte
herida derramada, es un desvío
si se busca despegar en el viento.
Y sospechamos
en medio de ruinas
la carne blanda se derrite
en pocos minutos
cuando la fogata cambia de color.
La chispa
Se quiere paz cuando hay guerra
y en la paz algunos pesados
piden sangre pa’los que
interfieren sus negocios.
Si hay represalia el desconcierto
se apodera de los pasos
el andar de miles
no cambia nada en apariencia
es más bien
poesía cargada de futuro
escenario adecuado
para que una chispa
encienda la hojarasca.
Algunos dicen
en el pasto seco alcanza
una chispa bien dirigida para
que arda la espesura.
Así, con un alma en piedra,
se golpearían nuevas
piedras hasta que apareciera
la potencia transformadora
de la materia en un gran fuego.
Otros quieren esparcir
pequeños focos ardientes
en campo abierto
confían en sus luces
como un destino mágico.
Con firmeza
insistimos durante añares
la maleza tarda
en ponerse a punto.
Está demostrado:
repartir chisperos no siempre
genera fuego envolvente
tampoco una hoguera bien
alimentada, garantiza
una llama perdurable.
Para encontrarse
Algún día, tal vez no importen
reglas virtuales de esta ciudad
algún día tendremos alternativas
al diseño colonial de las calles.
Algún día un urbanista nacido
de las entrañas de un árbol añoso
transformará en laberintos borgeanos
este bloque de líneas rectas.
Así podríamos evitar el
código de los negocios
desandar legados de virreyes
producir organismos
sinfines mutantes.
En una pequeña parte
del territorio, por el momento,
la clave es: salida a paso lento,
avance, retroceso, giros inesperados
sin objetivo aparente, explorar
algo nuevo en las mismas coordenadas.
Si te movés por Ballivián el destino es
Ginebra. Aunque, si la idea es seguir
hacia Liverpool, entonces llegarías
a Londres. Y al decidir un camino
recto, insólitamente, se proyecta
Dublin al Sur. Pero cuando
preferís zapatear por Bauness
es mejor un giro a la izquierda
y no retroceder en Cádiz.
El miedo a perderse
intimida a taxistas, carteros
y guardianes del orden.
En cambio, es atrapante
para quienes deciden buscar
su propio monstruo,
en el laberinto de sus palabras.
Sin temor al desvarío
porque sabemos, de todo laberinto
siempre se sale por arriba.
Hace falta…
Hace falta preguntarse,
cuando el calor aprieta, qué pasa
con la espuma de las olas
cómo sobreviven sin ser pensadas
sin reflejarse en otros
qué camino toman
mareas en lucha
cómo recuperan su fuerza
al entreverarse con Orixás.
Algunos quedamos
en telaraña de calles
con bolsillos resecos,
entre ardores subtropicales,
extrañados del vacío
sin autos ni gente.
Sólo nos queda sacar fotos
a los rebotes soleados
dormir bajo un árbol junto a
la amada inmóvil,
o quizás derretirnos
con el hormigón,
pasear por un parque
y meter las patas en la fuente.
El grito infinito
No avanzar, stop,
un alto en la huella
el mundo se detiene
al menos un rato
Caminabas hipersensible
sobre puente Alsina,
en color sepia, inescrutable,
una silueta de otro siglo.
Tu imaginación se puebla
de gritos y de sombras
salidos de cavernas
nervios crujen, se resienten
un deja vú interminable.
Pájaros traen en sus plumas
verdades enlatadas
para supermercados
Sin moverse, a pesar de la
penumbra de sus aguas, se avizora
Riachuelo fundido en metales
sobras del gatillo fácil.
Estruendo mudo
se apodera de tu sistema.
Pronto tu cabeza será
un sonajero para niños,
recuerdo de compañeros
anomalía de la memoria.
Lo que resuena en
brumas agitadas es
frío inyectado en los huesos.
Travesía mental
Quien anda sin rumbo
tarda mucho en comprender
cabeza-piernas desfasadas.
Primero izquierda, luego derecha,
una temporada de falocentrismo
y después a empezar de nuevo.
Van y vienen sin criterio aparente
plenos de coartadas, rebusques de ocasión.
Antes vagaban por Independencia
con el pecho inflado pero
decidieron girar a la izquierda
en avenida 9 de Julio
para terminar en Estados Unidos.
Allí se pierden sus pasos
en el magma de la indiferencia.
Verdadero misterio es saber lo que irradia
un mar de cabezas en sincronía
pues si acaso pudiera ocultarse en
El lado oscuro de la luna.
Quienes andan sin rumbo
dicen que pensar demasiado
sustrae la acción al cuerpo
pero no podría decir sin pensar
sería terrible no hacer preguntas.
Dicen en el diario que
si no hubiera cuestionamientos
las personas serían
noventa y dos por ciento más felices.
Y en las encuestas se demostraría que,
si se acataran las normas, al consenso
se podría llegar con facilidad.
Aun así, aunque luzcan
muy probadas, las estadísticas
nunca resultan confiables.
Los rayos
¡Qué te parta un rayo!
lanzaron hacia vos
en perpetua condena y
te arrebataron.
Ante cada amenaza
de aguacero quedás
chamuscado sin mojadura.
Último recurso, alejarse entre
diques de un puerto caído
para obtener equilibrio, electricidad
a distancia de-vida.
El agua recibe tu vacío
lleno de ondas planas
sin cruces ni petates.
Abrís tu garganta esperando
alivio en forma de gotas
gotas de palabras
re piquetean / re que te pican
hasta desangrar tu lengua.
Una lengua cortada a cuchillo
no puede saborear
silabeo infértil a todo trapo.
Y te preguntás con furia
si esas descargas incendiarias
convierten un gruñido en adagio,
un tibio en Maldoror.
A nadie
A nadie sorprende
un perro ileso
caído de un balcón
Chopin interpretado
por gatos siameses
con un piano de juguete
miles de cosas pasan
al mismo tiempo
nadie se satura
de indolencia nada
a nadie le importa
el olvido nunca
conviene
dejarse llevar
por habladurías.
A nadie nada
importa si los gatos
son un simulacro
o si el perro se disuelve
como un meteorito
al estrellarse contra el piso.
Nadie se sorprende
por el tiempo de arena
nadie se satura nunca
de habladurías a nadie
conviene
dejarse llevar
el olvido de nada
a nadie le importa.
Fernando Gabriel Caniza nació en la ciudad de Buenos Aires. Es escritor, periodista, docente y gestor cultural. Publicó los poemarios A nadie le importa (la gran Nilson, 2016) y Luces de hospital (Araña Editorial, Valencia, 2004). Tiene otro libro esperando su publicación. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA). Fue redactor en el diario La Nación y es docente titular en la Universidad de Palermo. Asesora en Comunicación organizacional con su propia consultora. Se desempeña en gestión cultural con la curaduría del ciclo Transpolar de literatura+música+imágenes (2013, hasta la fecha). Coordinó mesas de lectura en en el festival Poética (Centro Cultural Kirchner) y Festival Internacional de Poesía (Feria del Libro de Buenos Aires, 2009) Entre 2009-2012 integró la comisión directiva de la Sociedad de Escritores de la Argentina (SEA).