by Claudio Medin | 1 \01\America/Argentina/Buenos_Aires marzo \01\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Poesía, Sin categoría
Presentamos diez poemas de Carolina Biscayart, nacida en Mar del Plata en 1972 y radicada en Bariloche desde 1981.
El trazo de la expiación
Las horas me conducen
a un final
cada una de ellas
precisa de mi destino, de mi misión me digo
como si este acto de escribir fuera por ejemplo vital
la palabra vital me da risa
porque esta hora de vida, cada una de ellas
habla de la muerte todo el tiempo
pero cierta expiación de quién
de tantos
pero cierta expiación de quién
atribuye a mi hora
un estar de animal en supremacía
una respiración de ser vivo a secas
el que nace se reproduce y muere
una ameba con muchas cualidades
con una razón que urge utilizar
en estas horas, en las mías
la razón se escabulle
como el humo del palo santo puesto en mi mesa
que no santifica nada
que no detiene el ritual hacia el final
la hora se debate
en hacer, en disfrutar
en pensar qué es lo mejor para hacer
en armar una teoría sin grietas
en cuál es el léxico acertado
pero la hora se quiebra
y el vidrio roto deja ahí un trozo agudo
en un lugar de mi pecho
ese trozo se hunde
en un lugar sagrado de mis sueños
ese trozo se hunde
un hilo de sangre, un goteo
mi razón funciona de maravillas con Don quién
¿hablo de religión?
¿hablo de filosofía?
¿hablo de avatares de psiquiatra?
no no no
hablo un lenguaje inentendible
a solas con mi hora
sin plan
sin deseo
una hora casi muerta
que tiene lugar para que entre
una vaca
un roble
un mar parecido al Egeo
un sueño que dura años
que nunca viví ni viviré
el trazo de las horas llama a mi sangre a salir de mí
cada vez que me detengo
soy una mujer a merced de una hora
implacable
que le resta minutos
a esa entelequia llamada futuro
debo cerrar las puertas
no preciso la risa fácil
el libro de autoayuda
la razón lapidaria
ni esa forma de tristeza irremediable
que mancha mi hora
hora en la que mi luz entra y sale a su antojo
una luz de color blanco opaco
una luz que no deja ver
pero alumbra
y así llama a esas voces viejas
que me dicen “no podés pedirle poemas a una ameba”
“la razón no entiende la metáfora”
y el trazo de la sangre
en esta hora
que será irreversiblemente parecida a la próxima
es el trazo necesario para otra
al menos
una
palabra.
Lo que no se sabe también fluye
En esta tierra
ingrata
sin memoria del agua
han crecido mis flores
las raíces insisten
y mis hojas esclavas
testigos de la lluvia
que se va sin remedio
reverencian el cielo
son tan necias mis partes
no me dicen su sueño
en esta tierra
ingrata
sin memoria del agua
mis flores se abren
con ternura a la lluvia
que nunca nunca
las moja
ni tiene la piedad
de abandonarlas..
Libertad
Cómo volver al principio
antes de la palabra
antes del gesto
antes de la caricia anzuelo.
Cómo volver a la pureza
a esa flor blanca
salvaje
flotando sobre el río.
Certeza
Cuando te quiero soy
una especie
en extinción.
Reparándome en poesías ajenas
En torno a la casa estaban las cebollas. Rostros de turquesa, celestes, frágiles, delicadísimos. Anidaron aquí y allá, moviendo, a ratos las delgadas colas, y las niñas clamaban: Son víboras. En medio de la mesa había un tazón con sangre -yo bien lo vi- y no se sabía de quién.
Marosa di Giorgio
I
Imaginé al hombrecito de Marosa
ya sin alas
ya sin poder de animal
un ser condenado
al pensamiento
entonces antes que fuese un hombre
de tamaño natural
con mi escasa motricidad fina
le devolví las alas
se las pegué con un pegamento transparente
y la mariposa voló
hacia arriba, hacia la luz
II
Imaginé a los leones de Marosa
esos que rondaban la casa
les abrí la puerta
les di de comer
sus ojos amarillos imitaban el fuego
me senté entre ellos
no temí a sus fauces
no es en la muerte donde radica el sufrimiento
y así, ellos fueron mis gatos
domesticados, les enseñé a mirar mi horizonte
no me tapan el paraíso.
La oca se enamora
También yo arrojo la capa así, también yo chasqueo los dedos ante el destino.
Virginia Woolf
Cae en el casillero
el hacedor leyendo el mandato
vuelve diez lugares hacia atrás
el hacedor tira los dados otra vez
avanza dos lugares
vuelve a creer
resucita
oca cisne se nombra
de nuevo la suerte en el tablero
mueven su cuerpo de alas inútiles
hacia el lugar que corresponde
escrita en el rectángulo, una extraña sentencia
el viento la tira hacia atrás
se le entristecen las plumas
de cisne a paloma de plaza
innecesaria y hambrienta
Antes de la nueva jugada mira el tablero
ajeno, ajeno
ajeno
el hacedor bosteza antes del próximo paso
sólo queda esperar lo que digan los dados
O puede jugar
ella pajarito de dios
a mirarle la cara
a intuirle el pulso
a disfrutar el gesto
del dueño de los dados.
El poema rebalsa
No voy a escribir tus vidas
no soy una servil escribiente
no puedo con las historias “porque sí”
salvo que me remienden
que me hagan chasquear los dientes de frío
que me limpien un poco
como la lluvia a los jardines
salvo que lo que no me estés diciendo
sea mi fruta más sabrosa
o que vea un pedazo de mí en tus palabras
si me acompaso, ya te estoy escribiendo
no puedo hoy
hoy
soy más que suficiente a mi poema
cuando pueda historias desprendidas de mí
como hijitos de cactus
esos que crecen solos en tierra con arena
ya sin sed
tal vez haya olvidado este oficio
el de escribir.
Generosidad cruel
hay que atreverse a mostrar el hueso
y a olvidar el alimento.
Antonine Artaud
Los niños lloran
tienen hambre
yo tengo hambre pero no importa
porque los niños la tienen
yo tengo hambre y sé
del tiempo y de la muerte
yo tengo hambre y mi boca es desmedida
mi hambre es la de un niño capaz de comerse
todos estos niños con hambre
de un solo bocado
Mi hambre es un secreto
es una culpa virtuosa
es el arma perfecta para alimentarlos
para saber que la vida es algo donde nada ocurre
salvo esta voracidad indecible.
Rezos al caer la tarde
Que haya una manta
para cada uno
por si la lluvia
por si la noche
por si la furia
que haya una manta
para arroparse
para esconderse
que haya una manta
cuando la vida
se des-pren-da
de – la – vida
y no sea el hacedor
la muerte.
Ceder ante lo urgente
Inevitable el poema
los minutos del poema
el peso de los minutos del poema
la herida, la inercia, la oscuridad
los nombres
los gestos del poema
inevitable el cuerpo
su necesidad
lo frágil
el latido
lo inminente, la llaga
la voz gutural, su eco, y otra vez su eco
inevitable el cuerpo
su ser volcánico y anónimo
cuando pierde noción de las puertas
Inevitable perder, siempre perder
siempre perder aunque se gane
aunque el amor
aunque se ría a veces
aunque la vida se quiera como es
de inexplicable
inevitable lo triste
detrás de la postal, detrás de la pasión
detrás de la entrega más cierta
inevitable este continuo desamor con la fe
la esperanza o esas cosas bonitas
y volver a creer cada mañana
y el esfuerzo de volver a creer
cada mañana
y la cicatriz del esfuerzo
inevitable
inevitable la noche, el viento
los hijos
los muertos
la madrugada
la lista de cosas por hacer
el té, el guiso, las sobras
y las copas brillando en el mantel
inevitable el abrazo
y el olvido
de lo que no olvidamos
inevitable el saber
de aquello que se sabe
que no encuentra palabras
y debe derramarse
porque es sentido
inevitable el sentido
el desencuentro
y la piedra otra vez
y el dolor en el pie descalzo
para dar de lleno
de nuevo con eso
ni lindo ni amplio ni cómodo
pero cierto
inevitable dar
con la piedra
áspera aguda intransigente
esa lápida
acaso
llamada destino.
Carolina Biscayart nació en la ciudad de Mar del Plata en 1972. Desde 1985 vive en San Carlos de Bariloche, Río Negro. Se graduó en Ciencias exactas y actualmente trabaja en la Universidad Nacional del Comahue en el Departamento de Matemáticas. Fue becada por el Fondo Nacional de las Artes durante 2007. Coordinó talleres de escritura para adolescentes y actualmente dirige un taller de escritura creativa para adultos en Bariloche. Es autora de los libros de cuentos Invenciones (Ediciones en Danza 2008, reeditado en 2010) y El amor, sólo una idea (Ediciones de Dock 2012). Además de los libros de poesía Eso otro se llama luna (El suri porfiado 2014) y La trama que sostiene los jardines (premiada y editada por EMB, 2016). Textos suyos fueron publicados en diversas revistas literarias y en antologías de narrativa argentinas y extranjeras. Entre otros, obtuvo el Primer Premio Ayuntamiento de Gran Canaria, por Certezas (poesía, España 2010), Primer premio de Concurso de escritores patagónicos 2007 por Invenciones (narrativa breve). Esta última obra fue seleccionada por CONABIP en 2010, para reedición y distribución en bibliotecas populares.
Fotografía original: Santiago Rey.
by Claudio Medin | 1 \01\America/Argentina/Buenos_Aires marzo \01\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Poesía
Presentamos una selección de poemas de Jorge Felippa (Córdoba, 1949).
De la magia ni qué hablar
El silencio parpadea.
Los cuerpos se adivinan y hablan.
Las lenguas queman uvas y llaves.
El deseo carga sus naves.
En la proas
llevan nombres escritos con barro.
Amores como arenas movedizas.
En la penumbra
una mansedumbre de álamos
reposa en sus miradas.
Cómo acarrear por la ciudad
llamados, relojes, pasos en falso.
La cita es túnel y arcano.
Gota de sangre en el borde del espejo.
Cómo rondar sin solapas
la cadera eléctrica de sus pudores
si él no fuera
pañuelo azotado por el hambre
y ginebra en el tajo que larva.
Si ella
tuviese en sus manos
algo más que huellas de anillos
y de jardines de invierno.
Entonces las palabras
oxidan hasta el rocío que respiran
las veletas de sus naves incendiadas.
Afuera
la ciudad es una jaula.
Sólo estallidos o convalecencias en el silencio.
Ellos tendrán ojos para siempre
cuando el adiós se les cuele en el alma
como una carta
que una mano anónima
desliza en la pieza del viejo hotel
adonde ellos se confían los cuerpos
lejos de toda memoria o miseria.
De la magia
ni qué hablar.
Decíamos ayer
La copa de futuro que ofrecen nuestros hijos
habrá que beberla gota a gota.
A veces agria, otras placentera,
sabemos que sus pasos
tienen un norte con sabor a lejanías.
Nuestra semilla es un árbol que a veces
da frutos tan amargos.
La madera se astilla y espina el corazón de desencantos.
Nuestra corona de deseos – buena leche y pura como el pan –
les pesa como la cruz a Cristo.
Así prueban
las alas marchitas del ángel de la guarda
y beben asombrados
la mariposa frágil del futuro.
Aunque nos den la espalda
miremos de frente todo lo que no fuimos.
La copa medio llena y los vacíos llenos
de cartas en la manga.
Olvidos y memorias tatuados en la sangre:
esa viva moneda que nunca volverá a repetirse.
Así vuelve la palabra a la página en blanco.
¿Cosecharás la siembra de tan largo silencio?
¿O comienzas apenas a preparar la tierra
para que tu mano arroje al viento
las últimas semillas?
El dolor es un maestro
Su llamado demora y el cansancio es paliza.
Me anochecen los duelos que le parten el alma.
Usted abre su pecho para que lloren otros
y en el regazo acuna las penas que hizo suyas.
¿Qué razón o deidad se invoca a la hora
de una muerte anunciada?
¿Adónde nos marchamos
cuando el mundo arrebata
el corazón de un niño?
La palabra que alivia es aire lacerante,
espina que desangra en la lágrima viva,
puñado de sal en el desierto del alma.
Comprendemos entonces
que no sabemos nada sobre el calvario ajeno.
El dolor es un maestro que enseña con silencios.
Mientras la luna besa sus ojos afligidos,
me guardo la palabra en respeto a sus duelos.
Otros duelos
Toda la noche llueve sobre la ciudad sedienta.
A cántaros me llueven estos días de marzo.
Son otras las heridas abiertas en el pecho
y otras manos las que alivian sus pesares.
Una sirena, a lo lejos, desgarra las calles.
Es como un relámpago de otro marzo feroz.
¿Acabaron los días del sálvese quién pueda?
¿Le damos una mano al vecino de al lado
cuando tiembla su suelo y se le abisma el cielo?
Mastico este silencio amargo de preguntas.
Es que han vuelto los buitres.
¿Alguna vez se fueron?
Olfatean las sobras
en la mesa del pobre.
Llueve sin bendiciones ni santos milagrosos.
Mañana sabremos quien cuenta las monedas
del que ha perdido todo.
Treinta y tres pisos apagan la luna de enfrente.
La palabra poesía es una cachetada
en la otra mejilla de la ciudad a oscuras:
por treinta y tres denarios
remataron su alma.
¿A quién le digo entonces que mis duelos son otros?
Una casa en las sierras, una hija que canta,
otra que levanta el vuelo
y un viejo aguaribay ceniciento de pena.
Como lobos hambrientos
Dejo hervir el agua,
que el fuego se consuma.
La noche no pinta para mansa.
Sus anzuelos
muerden mi pecho
como un libro abierto en el invierno
Afuera
cada cual hace su agosto.
Vuelco sobre la mesa
las cartas que todavía
borroneo en tus umbrales.
Tu cintura
quema el despertador.
Con la miel de tus piernas
sangro palabras
en las bocacalles.
La garganta apura
los vinos
que nos lavan del miedo
de alumbrar el olvido.
En tus labios beso
las cenizas
de una canción desesperada.
Tanguedia del equilibrista
que vuelve cada noche
a cortarse la lengua
antes de pronunciar tu nombre.
Y así
como lobos hambrientos
acechamos
en la basura del día
sin encontrarnos.
Caminata nocturna
I
Salgo a caminar por la ciudad
semivacía, maloliente, estropeada.
Deambulo entre buscavidas nocturnos,
discos y películas pirateadas,
anteojos y flores y estampitas.
Receloso, esquivo las miradas
de otros cazadores solitarios.
II
No hay nadie en el bar.
Fallutos, le digo al mozo.
El café se enfría con tanta indiferencia.
Las noticias son polvo desteñido
en las páginas del diario.
Empieza a lloviznar.
El día ya es historia
menos para los que hoy
ya no tienen laburo.
Y son miles.
Oigo palabras que prefiero olvidar.
Pienso: que no les toque a tu madre ni a tu viejo,
a tu hermano o compañero.
No es azar ni magia. Tampoco el destino.
Ya no habrá San Cayetano
para que laves tu conciencia.
Ya elegiste.
Tus razones valen tanto como las de aquellos
que mañana saldrán a la calle
a molestar tus trámites, el tránsito,
tus deseos de mirar siempre adelante.
Olerás los sudores y tus miedos
debajo de los anteojos oscuros
como el mañana sin futuro
que decidiste
con tu hartazgo de estar harto.
III
Regreso con una piedra en la garganta.
Nadie en el teléfono. Nadie en la pantalla.
Ahora llueve.
El año nuevo,
es un puñado de espinas y de sal.
Si no fuera por mi hija que avisa su regreso,
este jueves no tendría ni una brizna de memoria.
La única señal en el camino, herrumbrada,
torcida por el viento, sin apuntar a ningún lado,
dice: Córdoba.
Mis palabras, acaso,
¿podrían encontrar otro destino?
Santo día
Recuerda una bella novela cubana:
La última mujer y el próximo combate
escrita por Manuel Cofiño López,
allá a principios de los ’70.
Entonces, él también era joven,
casi feliz y creyente de aquellas utopías.
Demasiadas batallas y derrotas
arrasaron la herencia porvenir.
Hoy, piernas y brazos acusan la desidia
porque el parque ya no extraña su figura.
¿Él no extraña las caminatas domingueras,
el sudor en la frente, morder una manzana,
la espalda en el rocío, el sol entre el follaje,
el agua aliviando la garganta?
En los hombros le duelen
las palabras no dichas.
Lo que importa ahora es
caminar hasta que el cuerpo diga basta.
Hoy es el día de su santo.
Pero no tiene santos en sus devociones.
Ni oculta los pecados
a los crédulos que lo invocan en sus rezos.
Reconoce
que gracias a ellos,
hay pan, vino en la mesa,
y una frazada en su cama.
Y extraña, sí, el cuerpo de esa mujer,
porque con ella quiere dar
el último combate.
Dos de abril
Debemos hablar amor
antes que las palabras cenicen sus braseros
y lluevan malos tragos.
Ya no hay sonrisa que valga
mientras una paliza bautismal
nos sedienta y ahoga
la más austral mirada.
Te das cuenta amor
qué poco sale el sol
y somos
tendidas transparencias
rosarios de lana y hasta cuándo
que repiten a coro y lo creemos:
después del dos de abril
ya nada será igual entre nosotros.
No lo olvidemos
ahora que la guerra anoticia esta trinchera
el alquiler rompecabezas
y las manos
tocan el umbral de los adioses
sin que ardan nocturnas vanaglorias.
No lo olvidemos
ahora que las caretas
desnudan sus estafas
oliendo el asco de nuestros hermanos
metales purísimos
a la hora de la fragua.
Y nosotros como antes
de plaza hasta los huesos
las patas en la fuente
pulmones de consignas
y como nunca pedigueños.
Este no es su pueblo
señor.
El pueblo está en Malvinas
de puerto y hecho brújula
porque en el sur amor
se juega nuestro norte
y América
truena llueve y amamanta
de luz
su vientre campanario.
Café La Paz
La ciudad va llorando
todo el parto del lunes
mientras cruzo por ella
desvelado y don nadie.
Desde el bajo ya sube
el coral mañanero
la calle cuesta arriba
hace plomo los pasos.
Alguien ciego de urgencias
se come las noticias
y tropieza en la baldosa
de su infancia perdida.
Estoy mirando rostros
tallados por el caos
y que el monstruo digiere
en su vientre de olvidos.
En Montevideo y Corrientes
La Paz
no es sólo un bar
al que ella no vuelve.
La Paz es la plegaria
remanso del tumulto
el principio del pan
la luz plural del vino.
Oración para las dictaduras
Para organizar su intranquilidad
para eso estamos
los que no escuchan sus preceptos
los depositarios de sus furias
los impacientes jueces de sus actos
para que justifiquen sus torturas
para eso estamos
los condenados de las cárceles y hospicios
los eternos marginados de sus buenas acciones
los desheredados de su mundo occidental
para atormentar sus memorias
para eso estamos
los legalmente asociados en la explotación
los ilusos labradores del amor
para complicarles la historia
para eso estamos
los jornaleros del alba
los secuaces en la lucha
los cómplices del hombre.
(Publicado el sábado 11 de octubre de 1975
En el Periódico Alberdi, de Vedia, Provincia de Buenos Aires).
Jorge Felippa (Córdoba, 1949) es autor de las novelas Quiero volver a casa (El Emporio Ediciones, 2005, finalista del Concurso Provincial de Novela Daniel Moyano 2004); El que avisa no es traidor (Ediciones del Boulevard, 2007); También la verdad se inventa (Editorial Babel, 2009, primera mención del Concurso Luis de Tejeda de la Municipalidad de Córdoba, 1986); y Las trampas de la colmena (Ediciones del Boulevard), 2013. Como poeta ha publicado Yo no diría la última palabra, Faja de Honor de la SADE (1976), El orden de los factores, A brazo partido y Que veinte años. En 1991 fundó y dirigió Op Oloop Ediciones hasta el año 2001. Desde 1985 dicta talleres de escritura creativa y narrativa en diversas instituciones públicas y privadas. Fue Delegado en Córdoba del Fondo Nacional de las Artes desde el año 2008 hasta el 2015. Ese mismo año recibió, por su trayectoria, el Premio Reconocimiento al Mérito Artístico, que otorga el gobierno de la Provincia de Córdoba.
Fotografía: cortesía del autor.