by Claudio Medin | 11 \11\America/Argentina/Buenos_Aires mayo \11\America/Argentina/Buenos_Aires 2017 | Ensayo
Una reflexión de Roberto Montaña
Mucho se dijo y se dirá sobre la complejidad de la literatura de Jorge Luis Borges. Su (mala) fama se fundamenta sobre todo en un puñado de cuentos cortos que constituyen lo medular de su obra literaria. Es cierto que en Ficciones (1944), Artificios (1944), y El Aleph (1949) , y también en algunos poemas ( Argumentum Ornithologicum) o incluso en ensayos (Historia de la Eternidad), se alude a una problemática propia de la filosofía clásica. En ellos abundan las referencias a la estructura de la realidad (La Lotería de Babilonia), el sentido del Universo (El Aleph), el infinito (La biblioteca de Babel) o la inmortalidad (El inmortal). Sin embargo nunca hay que olvidar que Borges antes que nada es un escritor y su curiosidad lo acerca a la filosofía como supo acercarlo a los mitos nórdicos o a los arrabales porteños. Basta recordar su opinión sobre la metafísica resumida en una frase de Tlön, Uqbar, Orbis Tertius“es una rama de la literatura fantástica”. Mas allá que la aseveración ponga los pelos de punta a los académicos, lo cierto es que Borges nunca creyó que en las indagaciones de la filosofía esté en juego verdad alguna, ni siquiera que exista esa verdad. Es un escéptico absoluto y los grandes sistemas que los filósofos idearon a lo largo de la historia no lo seducen por su capacidad de explicar la realidad, sino por su belleza. Tal pensamiento queda expuesto con toda claridad en su admiración por Spinoza, una admiración que no solo es de orden intelectual: a Borges lo seduce la pasión, el empecinamiento y la tozudez de este “judío que labra un arduo cristal: el infinito”. Ahora en una de sus conferencias lo deja bien en claro: “Yo he tratado a mi modo de ser spinozista pero no he logrado serlo”. O sea, muy lindo el more geométrico, pero ni a palos me creo ese cuento del panteísmo.
La pregunta que deberíamos hacernos aquí es por qué si Borges no cree en la filosofía, los filósofos (o sus sucedáneos) se empecinan en hacernos creer lo contrario. Se lo ha interpretado hasta el cansancio para abonar las más extravagantes teorías y desde los ámbitos más disímiles que nos podamos imaginar. Parece que Borges diera para todo… a tal punto que no me puedo aguantar las ganas de interpretar aquí mismo uno de sus mejores cuentos: Las Ruinas Circulares. El argumento es simple, para decirlo de alguna manera, de literatura infantil (Por algo empieza con una cita de Lewis Carroll, autor de Alicia en el País de las maravillas): Se trata de un hombre que sueña a otro hombre y tiene la ilusión de darle vida. ¿No se puede acaso leer como una variación de la historia de Gepetto y su Pinocchio?. El hombre (también se lo llama mago), afronta su empresa soñando con “nubes de alumnos” a los que dicta cátedra, para luego quedarse con uno solo, aquél cuyos rasgos le recordaban a él mismo. Pero ese gesto de soberbia, como el de la madrastra de Blancanieves, como el de las hermanas de Cenicienta, lo llevó al fracaso. ¿Qué hizo el mago para corregir su error””Soñó con un corazón que latía…” Como dice mi hijo: ¿No es una ternura?
Pero ahora volvamos a lo nuestro, ¿a qué se debe que se hayan escrito tantos papers, intrincadas monografías, libros enteros dedicados a revelar un punto de vista distinto, único, magistral, a cuál más ingenioso, a cuál más profundo? ¿A qué se debe ese afán de emparentarlo con el budismo, la teoría del eterno retorno, los filósofos presocráticos, o los procesos de creación literaria? Eso no dice nada de Borges, porque Borges no es complejo ni inextricable y el aura que lo rodea no es culpa suya, sino de sus exégetas. Que en Las Ruinas Circulares adjetive “la unánime noche”, ” los árboles incesantes”, o que el soñador venga de un lugar “donde el zend no está contaminado de griego” o que aluda a las “cosmogonías gnósticas” para explicar la construcción de este “Adán de sueño”, no revela sobre su literatura ninguna otra cosa mas que un enorme talento. Y ese talento antes que fomentar la pluralidad de las interpretaciones lo que busca, y a veces logra de manera genial, es generar un ámbito, un espacio de lectura propio. La verdadera magia, lo absolutamente difícil de conseguir, es crear con dos o tres oraciones un universo único y autónomo, es producir esa sensación de extrañamiento tan típicamente “borgeana”. Pero ese es un problema del Borges escritor, no nuestro. Nosotros solo tenemos que ocuparnos de leerlo.
Hay algo que es cierto y no podemos pasar por alto. Borges es uno de esos raros escritores que ha “creado” un tipo peculiar de lector, un lector que suele caer en los mismos vicios que el lector de policiales, es decir, perspicaz, desconfiado, que busca en el texto señales que le revelen la trama no ya de un crimen, sino de una idea filosófica. Es el tipo de lector que ha impregnado a la obra de Borges de una pátina de aristocracia exclusiva y excluyente. Y ese sí es nuestro problema, y no el de Borges. Porque nos vienen corriendo con el ancho falso de la intelectualidad desde que lo citan en las universidades o lo nombran en conversaciones pretenciosas. Por eso lo que recomendamos es relajarse y disfrutar, como si cada uno de sus cuentos se pudiesen saborear como un buen Malbec: ¿Que tiene sabor a “frutos del bosque”? ¿Que presenta “notas de pimienta” y “un toque de madera”? ¡Dejate de joder y servíme otra copa!
Roberto Montaña nació en Montevideo en 1963 y vive en Argentina desde 1974. Es licenciado en Filosofía (UBA). Recibió premios y distinciones; entre otros, el de la Fundación Amalia Lacroze Fortabat y el VIII Concurso Nacional de Narrativa Macedonio Fernández. Sus cuentos han sido publicados en varias antologías. Coordina el taller literario de la Biblioteca Victoria Ocampo de Ranelagh. Su primera novela,
Washington (2014), recibió mención en el Fondo Nacional de las Artes.
Los otros hijos ( 2016) es su último libro publicado.
by Claudio Medin | 9 \09\America/Argentina/Buenos_Aires mayo \09\America/Argentina/Buenos_Aires 2017 | Poesía
Poesía antropológica. Poesía testimonial. Las voces de las mujeres indígenas de Nuestra América en la mirada del poeta Álvaro Urrutia (Villalonga, Argentina, 1982)
Poema de Natividad
I
mucho santos hay allá
acá en la iglesia no hay muchos
pero en boliviamuuuuucho santos
llena la iglesia está
yo vine en el ochentaitres
pero siempre era que yo me iba
venía a la caña a tucumán
despuésvenía a la uva de mendoza
a salta veníamos a cosechar tabaco…
alguien venía y te decía
en tales lugares se está ganando bien
y todos se iban para allá y así…
II
mamá vivía en ledesma de donde el azúcar
se enfermó no sé qué es lo que tenía
le dolía acá
donde es los riñones
en seis meses se murió nomás
cuarenta y tres años tenía
antes los doctores no eran tan profesionales
antes no había los análisis
yo nunca escuchaba nunca sabía de los análisis
III
ahora en sucre me hicieron la tomografía
acá no no me hicieron lo que es nada
apenas me dieron los calmantitos
me llevaron a bahía a mí no me dijo el doctor
parece que le dijo al ambulenciero
que no era nada
hasta que fui a bolivia
me curaron con un poco de yuyo
me hicieron un poco de vapor
un naturista me bañó con eso
alguien venía y te decía
en tales lugares se está ganando bien
y todos se iban para allá y así…
IV
en enero me fui
digo me voy todo el dinero junté y me fui
me mira y me dice qué tenés
me duele me duele me duele y no doy más
no me dice pero vos te agarró una vez ese relámpago
me acuerdo que me había agarrado un relámpago
en el campo
seguro que me cayó
porque viste que cuando te caye
qué sé yo si es cierto
si no te vio nadie te forma también eso
cuando te ve alguien morís
no te tiene que ver nadie
ni siquiera el pajarito te tiene que ver
yo me acuerdo fue a las once de la mañana
teníamos mucha cabra nosotros
fui a arrear las cabras
cuando yo me levanté de ahííí eran las tres cuatro de la tarde
entonces según ellos
capaz que has estado muerta esas hora
me curo con secreto nomás
me curo así
con los remedios mucho vapor también
con puro yuyo nomás todo yuyo de campo nomás
y con eeeso se me fue
entonces qué va a saber el doctor sino era eso
alguien venía y te decía
en tales lugares se está ganando bien
y todos se iban para allá y así…
V
eeera de no recordar
era dolor dolor total
ahora me duele un poco nomás
pero debe ser por las yagas
ninguno de mis hijos tiene
acá no había nadddanaddda de trabajo
en bahía me agarró la vinchuca me picó
no tiene ninguno de ellos
a no ser que lo haya picado cuando los llevé al horno conmigo
alguien venía y te decía
en tales lugares se está ganando bien
y todos se iban para allá y así
VI
yo vine a ledesma después vine a salta después a jujuy
después vine a buenos aires ahí hice frutillas
con los chicos vine
mi marido estaba en mendoza
siempre estuve sola
vine con un conocido le escondía la panza
porque no iba a dar trabajo
me le escondía un poco con los chicos
nueve surcos trabajamos de frutilla
tenes que desyuyar regar y cosechar también
el treinta por ciento te dan a vos
de cien cajas treinta son para mí
le embalé y todo el treinta por ciento nomás
VII
estábamos en una finca
alguien venía y te decía
en tales lugares se está ganando bien
y todos se iban para allá y así sucesivamente
y me voy y me voy me voy
VIII
mi hijos nacieron acá allá en jujuy
el mayor mi hermana me ayudó
así tenés que tener así
y ahí lo tuve
yo vi como lo hizo al bebé
después yo me preparaba
no quiero que me vea nadie viste
agarro caliento mucha agua
ahí porque yo ya siento que me duele me duele
y todo el día estoy andando
estoy andando
me tomo así manzanilla
manzanilla me tomo siempre
y con mentisan
viste ayuda mucho el mentisan
yo me lo paso tantotanto
y camino y camino
y uno ya sabe cuándo va a nacer
me sujeto a esa silla así de rodillas
tiendo ahí una camita para el bebé
y ahí cae el bebé
después yo me levanto ahí
corto el ombligo
hay que atarle el cordón aquí al dedito
enseguida sino se vuelve
le desinfecto con alcohol
le baño con agua tibias
después me baño yo porque te quedas débil
alguien venía y te decía
en tales lugares se está ganando bien
y todos se iban para allá y así…
IX
así lo hacía mamá
vayan afuera hasta que lloraba el bebé
no veíamos una gota de sangre ni nada
en el hospital te retan
igual yo la quería tener acá a la más chica
le digo a mi marido sacá los chicos afuera
tenía mucho paño en la cara
más manchada estaba
durante el embarazo
mucho trabajo siempre el sol te quema
entonce
cuando vos tenés en la casa
vos te lo podes curar con la misma sangre
en el hospital te retan
con la misma sangre del bebé la placenta
te curás con todo eso
al mes no tenés nada
X
con la más chica
no me limpié nada
como ocho meses estuve
con la cara toda manchada
a mi marido no le importaba nada
a pedro luro me fui al hospital
yo fui ese día a trabajar al campo
se me cortó
llegué con mucho dolor
el tema es que yo no tenía fuerza
no tenía valor parecía
me sentí incapaz sentí que no lo iba a tener
se me pasó el dolor
justo entró mi cuñada y me asustéayy
mi mamá decía siempre
que no vaya nadie porque se le va el dolor decía
y así parece que es
se me fue la contracción hasta el día siguiente
alguien venía y te decía
en tales lugares se está ganando bien
y todos se iban para allá y así
XI
tuve cinco uno murió en mendoza
lo tengo allá
no sé pasa que yo sufrí mucho en el embarazo
dicen que hay que ser feliz en el embarazo
todos los embarazos tuve triste
él me embarazaba y se iba me embarazaba y se iba
alguien venía y te decía
en tales lugares se está ganando bien
y todos se iban para allá y así
Álvaro Urrutia (Villalonga, Patagones, provincia de Buenos Aires, Argentina). Estudio Filosofía en la ciudad de Bahía Blanca. Edito dos libros de poesía: nadeando (2005) y con tierra en los ojos (2013). Publico ensayos, reseñas y artículos sobre poesía, filosofía, pintura, danza y política en diferentes revistas, diarios y medios digitales del país. Actualmente divide sus días entre Bahía Blanca, donde coordina un ciclo de lecturas (Cuatro de Copas) y un taller literario (club Sixto Laspiur), además de realizar actividades literarias (Centro Cultural Pez Dorado); y Villalonga, donde se desempeña como profesor rural.
by Claudio Medin | 1 \01\America/Argentina/Buenos_Aires mayo \01\America/Argentina/Buenos_Aires 2017 | Notas
Una lectura sobre la poesía del Noroeste argentino a partir de dos antologías publicadas por el Fondo Nacional de las Artes
Mi sabiduría viene de esta tierra
Una reunión de jóvenes. Ocurrió en Salta a mediados del 2008. Una guitarra circulando por el hall de un hotel, y la mirada puesta en los intérpretes: catamarqueños, santiagueños, tucumanos, salteños, jujeños, todos hermanados de repente por una cancionística en común: la del cancionero folclórico. Por ahí sonaba el “Cuchi”, acompañado por Manuel J. Castilla y el “Chivo” Valladares y las “Coplas para la luna”, y Julio Espinoza con “Vidala para mi sombra”, y los Carabajal, a pura chacarera. Y la memoria en versos: poemas de Calvetti, de Raúl Galán, de Raúl Aráoz Anzoategui. Pero también coplas anónimas atravesando el aire. Hacía falta esa noche de guitarra y vino para completar la descripción que había hecho el poeta porteño Javier Adúriz a la tarde, refiriéndose a los nuevos poetas del Noroeste que acababa de antologar Santiago Sylvester para el Fondo Nacional de las Artes (2008).
Así, a la opinión de Adúriz de una generación atravesada por la globalización, internet, el rock y las nuevas tecnologías, la identidad norteña le contestó esa noche con dos rasgos desconocidos para poetas jóvenes de otras regiones: la capacidad de memorizar textos propios y ajenos, y la ductilidad para remitir la poesía al canto, más allá de las experimentaciones formales y vanguardistas.
Esto que ocurre ahora, con la última generación de poetas del NOA es, sin embargo, un gesto que ha marcado diferencial y positivamente la región poética, desde sus remotos orígenes en la copla española y anónima, mixturada con la escala tritónica de la baguala indígena (Juárez Aldazábal, 2009). Y en contra de lo que se podría suponer, la poesía del NOA se destaca por esa capacidad de elaborar lo propio en el sincretismo: ya, en pleno auge del modernismo latinoamericano, la región había anticipado esa avanzada de América sobre España (especialmente en la figura de Rubén Darío) con la poesía del salteño Joaquín Castellanos (1861-1932), romántico en sus formas pero, sin embargo, permeable a la influencia del gran modernista argentino, Leopoldo Lugones. Su poema, de tono moral, titulado originalmente “El borracho”, para luego convertirse en “El temulento”, ingresó en el sistema escolar argentino memorizado por generaciones de jóvenes en todo el país (Castellanos, 2000).
Pero así como Castellanos permeó la región al movimiento modernista desde su romanticismo, el NOA, gracias al santiagueño Bernardo Canal Feijóo (1897-1982), ingresó tempranamente a las formas vanguardistas del género. Su Penúltimo poema del fútbol, publicado en su provincia natal en 1924, fue el gesto pionero y fundacional que anticipó una de las capacidades más significativas de la región poética: incorporar tempranamente las novedades de la época sin perder, sin embargo, la matriz de la cultura local: su temprano vínculo con el martinfierrismo porteño posibilitó su acercamiento al poeta peruano José Parra del Riego, precursor de la poesía del fútbol en el Continente. Pero su preocupación por involucrarse en la vida futbolística de su provincia, fue lo que terminó dándole forma al poemario (Juárez Aldazábal, 2007). Del mismo modo, el catamarqueño Luis Franco (1898-1988) desarrolló una poética al modo de Neruda, en simultáneo con el gran chileno.
Otro ejemplo significativo en este delicado equilibro entre lo propio y lo ajeno, que fue delimitando la identidad poética de la Región, lo dio, sin embargo, otro santiagueño: el gran Homero Manzi (1907-1951), capaz de construir una identidad anfibia entre el NOA y la Ciudad Puerto que anticipó, en pleno auge del género tango a nivel mundial, el desembarco de las músicas (y también las poéticas) de las provincias del Norte en el panorama cultural argentino, desembarco que continuarían el también santiagueño Andrés Chazarreta, junto al tucumano adoptivo Atahualpa Yupanqui, y todo el aluvión salteño que consolidaría al género folclórico en la industria discográfica de las décadas del 40 y 50 (Juárez Aldazábal 2009).
Es importante señalar que este fenómeno musical, de fuerte incidencia nacional y, posteriormente, latinoamericana, tuvo su contracara poética en la fundación oficial de la Región que hizo el grupo de poetas (aunque había artistas de otras disciplinas) nucleados alrededor del jujeño Raúl Galán (1913-1963), y que, manifiesto mediante, se autodenominó “La Carpa”.
El manifiesto de La Carpa, fechado en 1944, redactado por Galán y suscripto por, entre otros, Manuel J. Castilla (Salta), María Adela Agudo (Santiago del Estero), María Elvira Juárez (Tucumán), y Raúl Aráoz Anzoátegui (Salta), significó una fuerte consolidación hacia lo propio, escapando, sin embargo, a las pretensiones puristas de los folclorólogos. Anticipando otros gestos regionales, el NOA poético se reinventó a sí mismo apoyándose en esa tradición de sincretismo que significaba deglutir la cultura universal en términos locales (Parfeniuk, 1990).
Fue esta generación, la llamada “generación poética del 40”, la que consolidó y tendió el puente hacia la cancionística folclórica, siendo Manuel J. Castilla (1918-1980) el poeta mayor en este acercamiento entre poesía y música, sin desmerecer los aportes de Jaime Dávalos (Salta, 1921-1981), Miguel Angel Pérez (Catamarca, 1930) o el propio Raúl Galán, entre otros memorables y extraordinarios creadores.
Lo que sorprende, ya en pleno siglo XXI, es que esa tradición se haya mantenido incólume, como lo demostró aquella reunión de jóvenes poetas en Salta donde la identidad cultural, más allá de las diferencias estilísticas y las particularidades de cada una de las poéticas, se manifestó en la capacidad de decir poemas de memoria, o en la predisposición al canto.
Es difícil saber si Javier Adúriz cambió su versión homologante entre poetas jóvenes del NOA y poetas jóvenes de cualquier otra región del País. Probablemente no, porque Adúriz no participó de esa guitarreada. Pero para los poetas que participamos fue una marca de identidad indeleble que se manifestó en forma espontánea. La práctica de la memoria. La práctica del canto.
“Mi sabiduría viene de esta tierra”, escribió alguna vez Manuel J. Castilla, pensando en un eslogan para la Universidad Nacional de Salta. Esa frase sirve para pensar la originalidad de la poesía del NOA frente a las poéticas de otras regiones: habla de un modo de invocar el pasado (incluso el más arcaico: el de la naturaleza) en el presente, y de ese modo poder proyectarlo hacia el futuro.
Gracias al trabajo responsable y desinteresado del poeta salteño Santiago Sylvester, los nuevos poetas del NOA nos descubrimos, pero en ese descubrimiento también trajimos a luz las voces de nuestros mayores, resucitando en nuevas formas, formas capaces de mantener viva esa capacidad de sincretismo que habla de una cultura inteligente y abierta, que logra sostener su identidad sin cerrarse a la época ni al mundo.
Las antologías
Justamente, Santiago Sylvester es el responsable de dos libros significativos a la hora de pensar el desarrollo poético de la Región: Poesía del Noroeste Argentino Siglo XX y Poesía Joven del Noroeste Argentino, dos antologías editadas por el Fondo Nacional de las Artes en 2003 y en 2008, respectivamente.
El recorrido que hace el antólogo por el siglo XX del NOA parte del poeta tucumano Mario Bravo (1882-1944), cerrando con el salteño Carlos Jesús Maita (1966), en un recorrido atinado que muestra 84 nombres, algunos tan significativos como los que he mencionado antes (Castilla, Canal Feijóo, María Elvira Juárez -1915/2009-, María Adela Agudo -1912/1952-, Raúl Aráoz Anzoátegui -1923-, Jaime Dávalos, Homero Manzi, Luis Franco), pero también nombres relevantes como Nicandro Pereyra (1914-2001), Holver Martínez Borelli (1930-1978), Jacobo Regen (1935), Leopoldo Castilla (1947), o los riojanos Francisco Squeo Acuña (1938-2006) y Lucía Carmona (1946). 84 nombres que hablan de un siglo en el que la Región consolidó su identidad, con grupos de poetas como el ya citado de La Carpa (1944), con sus antecedentes en La Brasa santiagueña (1925) y sus continuaciones en la riojana Calíbar (1953) y la jujeña Tarja (1955), donde destacaban los nombres de Mario Busignani (1908-1990), Jorge Calvetti (1916-2002), Néstor Groppa (1928) y Andrés Fidalgo (1919-2008), todos incluidos en la antología (Sylvester, 2003).
Entre el siglo XX y el siglo XXI la Región perdió a La Rioja. Lo explica Sylvester en el prólogo a la Poesía Joven del Noroeste Argentino: “En esta selección no está incluida La Rioja, que siempre fue considerada parte del Noroeste: la razón se debe a que esta provincia ha resuelto integrarse a la región del Nuevo Cuyo; desde entonces ha pasado el tiempo, y el tiempo produce sus efectos. Uno de ellos es que en la zona cuyana, según información que me ha llegado, se están gestando antologías regionales, y en ellas se considerará a la provincia de La Rioja: evito, por lo tanto, una posible superposición” (Sylvester, 2008: 9). Este criterio de selección significó que en aquella guitarreada, mencionada en el apartado anterior, no haya estado ningún riojano, lo que nos privó, seguramente, de escuchar alguna canción con el ritmo de la chaya riojana, probablemnte con letra del poeta Héctor David Gatica (1935), incluido en la antología del siglo XX.
Así, los poetas del siglo XXI antologados, nacidos, en concomitancia o con posterioridad al golpe de estado del 76, somos treinta: la antología se abre con el tucumano Guillermo Siles (1967), y se cierra con otro tucumano, Manuel Martínez (1988).
El dato de la dictadura no es menor. Esto lo explica muy bien el antólogo: “por sus fechas de nacimiento, los poetas que integran esta selección llegaron al mundo en el momento de ese quiebre, de consecuencias no sólo políticas; un cambio tan absoluto que podría decirse que se formaron en un país distinto, casi en otro país, que las generaciones previas” (Sylvester, 2008: 15). Y más adelante hipotetiza: “Pero lo que sin dudas se lesionó es la continuidad que hasta ese momento había existido; y esta herida se sumó a la paradoja que señalábamos como parte de esta época globalizada: empujó en esa misma dirección para que el acervo propio se diluyera” (Sylvester, 2008:15). Nuevamente la tensión, la discusión entre lo propio y lo ajeno.
Una reunión en Salta
Con la excusa de la antología, la Secretaría de Cultura de Salta invitó a los jóvenes poetas del NOA para presentar el libro. Santiago Sylvester, antólogo y responsable, convocó al poeta Javier Adúriz de Buenos Aires, para que realizara una lectura de las poéticas emergentes.
Esto ocurrió en julio de 2008, y allí nos dimos cita los salteños exiliados (como el que escribe este texto) y locales, tucumanos, santiagueños, y jujeños. Fue un modo de reconocimiento, y también una forma de confirmar y, al mismo tiempo, refutar las hipótesis de los presentadores: lo propio continuaba presente, a pesar de la dictadura y la atmósfera globalizada.
La idea que enunciara alguna vez Beatriz Sarlo, una literatura regional no regionalista (Juárez Aldazábal, 1998), no pudo encontrar mejor ejemplo que esta reunión de poetas. Algunos, como Pablo Dumit (Tucumán), directamente vinculados a la renovación del cancionero folclórico en pleno siglo XXI, otros, como Idilko Valeria Nassr (Jujuy), fusionando la poesía con el microrelato, ese género tan de moda, pero también algunos, como el lírico Guillermo Siles, reflexionando sobre los fenómenos más recientes de la poesía nacional, incluyendo el “realismo atolondrado” del puerto, que tan bien supieron decantar en una versión superadora, que transforma el atolondramiento en humor corrosivo y crítica social, Juan Anselmo Leguizamón (Santiago del Estero), Federico Leguizamón (Jujuy) y Pablo Espinoza (Jujuy).
Y también están las poéticas intertextuales como las de Juan Manuel Díaz Pas (Salta), Agustín Guerrero (Jujuy) y Fabián Soberón (Tucumán). Las versiones femeninas de la intimidad, como las que elaboran Eva Gardenal (Santiago del Estero), Melisa Ortiz (Jujuy), Gerladine Palavecino (Salta), Celina Galera (Catamarca), Myriam Leal (Tucumán) y Sylvina Bach (Tucumán). Y las poéticas que remiten a realidades sociales propias, como las que practican Eduardo Atilio Romano (Salta), Mariano Ortiz (Jujuy), Sebastián Nofal (Tucumán) y Darío Villalba (Salta). Todo esto, sin descuidar los refinamientos líricos de Marcelo Ahumada (Catamarca), Eduardo Robino (Salta), Dolores Espeja (Tucumán), Denisse León (Tucumán), César Arrueta (Jujuy), Javier Foguet (Tucumán), Arturo Herrera (Catamarca), Camilo Ramos Gatti (Tucumán), Francisco Avendaño (Santiago del Estero) y el más joven de la muestra, Manuel Martínez, donde el manejo de lo local junto a la incorporación de elementos universales hablan de la vigencia de nuestra tradición sincrética.
Lo cierto es que la mayoría de nosotros nos conocimos en aquella reunión salteña. Y en contra de la idea de un corte completo de la tradición, el cancionero folclórico nos vino a hablar de una pertenencia, de una capacidad de la Región que aún persiste en nuestras poéticas, tanteos por lograr un decir propio en los que nos servimos de la cultura universal para confirmar nuestra pertenencia cultural.
La poesía del NOA, se presenta, de este modo, como una de las tradiciones más ricas de la poesía argentina. Una tradición que se remonta al canto de la copla, y que se ha venido consolidando en obras, en manifiestos, en canciones y poemas que enriquecieron la cultura argentina a lo largo y ancho del siglo XX, y que en pleno siglo XXI continúa diciendo desde su originalidad sincrética.
Y quisiera cerrar con una brevísima antología, a modo de homenaje, de uno de nuestros poetas más representativos, no incluido, por pudor, en ninguna de las dos antologías. Me refiero a Santiago Sylvester (1942). Una brevísima muestra de sincretismo poético, perteneciente al libro El reloj biológico (2007), que sólo podía conjugar un poeta del Norte:
(el enterramiento)
ARRIBA, en
la misma cresta, hay piedras mortuorias: muertes
que ya no son nuestras: en círculos: junto al ventisquero que, si se lo sube, concluye
en Chile. Muertos
tal vez ilustres: pero ésta
es tarea de antropólogos que no llegarán, espero, con sus medidas y sus pesas para que
nadie duerma en paz.
Eneas
llegó al templo de Cartago y supo que él era el argumento de ese friso: él
combatiendo y
escapando de Troya con la promesa que lo esperaba en la otra punta: el que dijo aquí
también hay lágrimas para la desventura.
Bajo estas piedras no está Eneas, aún
contando con lo inactual de todo,
pero puestas en friso narran la memoria de cuantos fueron por aquí, luchando
como él sus guerras, fundando ciudades con sus lágrimas porque cualquiera
ríe o se lamenta con la intervención de un dios.
¿Quién puso estas piedras? ¿traídas
o caídas de donde cada una tiene un nombre
y unas fechas? El enterramiento de hombres y palabras comienza siempre así, por el
planteo,
sigue por las historias que se cuentan junto al fuego y
termina con nosotros en círculo espiando para adentro.
¿Cuál es el argumento? ¿De quién se habla aquí, donde sin duda se habla de alguien
que tal vez seamos nosotros,
y todo el argumento sea el que conozco bien
porque es el mío?
Las palabras están naciendo siempre; estos muertos
muriendo siempre: y estas piedras
colocadas para llegar a ellas como si hubiera una piedra esperando a cada uno: mudas
de raíz,
y sin embargo hablan de una vida
y otra:
Una sóla vida tengo
dositas quiero tener,
una pa’ de vez en cuando
otra pa’ permanecer.
Bibliografía
Castellanos, Joaquín (2000), Obras literarias, Buenos Aires, Honorable Senado de la Nación.
Juárez Aldazábal, Carlos (1998), “La sombra del malentendido. Entrevista a Beatriz Sarlo”, en revista El Tyrano Nº 1, Buenos Aires, setiembre.
Juárez Aldazábal, Carlos (2007), “Prólogo a la edición”, en Canal Feijóo, Bernardo, Penúltimo Poema del Fútbol, Buenos Aires, el suri porfiado ediciones.
Juárez Aldazábal, Carlos (2009) El aire estaba quieto. Cultura popular y música folclórica, Buenos Aires, Ediciones del CCC.
Parfeniuk, Aldo (1990), Manuel J. Castilla desde la aldea americana, Córdoba, Alción.
Sylvester, Santiago (2003), Poesía del Noroeste Argentino Siglo XX, Buenos Aires, Fondo Nacional de las Artes.
Sylvester, Santiago (2008), Poesía Joven del Noroeste Argentino, Buenos Aires, Fondo Nacional de las Artes.
Sylvester, Santiago (2007) El reloj biológico, Buenos Aires, Ediciones del Dock.