by Claudio Medin | 1 \01\America/Argentina/Buenos_Aires marzo \01\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Poesía, Sin categoría
Presentamos diez poemas de Carolina Biscayart, nacida en Mar del Plata en 1972 y radicada en Bariloche desde 1981.
El trazo de la expiación
Las horas me conducen
a un final
cada una de ellas
precisa de mi destino, de mi misión me digo
como si este acto de escribir fuera por ejemplo vital
la palabra vital me da risa
porque esta hora de vida, cada una de ellas
habla de la muerte todo el tiempo
pero cierta expiación de quién
de tantos
pero cierta expiación de quién
atribuye a mi hora
un estar de animal en supremacía
una respiración de ser vivo a secas
el que nace se reproduce y muere
una ameba con muchas cualidades
con una razón que urge utilizar
en estas horas, en las mías
la razón se escabulle
como el humo del palo santo puesto en mi mesa
que no santifica nada
que no detiene el ritual hacia el final
la hora se debate
en hacer, en disfrutar
en pensar qué es lo mejor para hacer
en armar una teoría sin grietas
en cuál es el léxico acertado
pero la hora se quiebra
y el vidrio roto deja ahí un trozo agudo
en un lugar de mi pecho
ese trozo se hunde
en un lugar sagrado de mis sueños
ese trozo se hunde
un hilo de sangre, un goteo
mi razón funciona de maravillas con Don quién
¿hablo de religión?
¿hablo de filosofía?
¿hablo de avatares de psiquiatra?
no no no
hablo un lenguaje inentendible
a solas con mi hora
sin plan
sin deseo
una hora casi muerta
que tiene lugar para que entre
una vaca
un roble
un mar parecido al Egeo
un sueño que dura años
que nunca viví ni viviré
el trazo de las horas llama a mi sangre a salir de mí
cada vez que me detengo
soy una mujer a merced de una hora
implacable
que le resta minutos
a esa entelequia llamada futuro
debo cerrar las puertas
no preciso la risa fácil
el libro de autoayuda
la razón lapidaria
ni esa forma de tristeza irremediable
que mancha mi hora
hora en la que mi luz entra y sale a su antojo
una luz de color blanco opaco
una luz que no deja ver
pero alumbra
y así llama a esas voces viejas
que me dicen “no podés pedirle poemas a una ameba”
“la razón no entiende la metáfora”
y el trazo de la sangre
en esta hora
que será irreversiblemente parecida a la próxima
es el trazo necesario para otra
al menos
una
palabra.
Lo que no se sabe también fluye
En esta tierra
ingrata
sin memoria del agua
han crecido mis flores
las raíces insisten
y mis hojas esclavas
testigos de la lluvia
que se va sin remedio
reverencian el cielo
son tan necias mis partes
no me dicen su sueño
en esta tierra
ingrata
sin memoria del agua
mis flores se abren
con ternura a la lluvia
que nunca nunca
las moja
ni tiene la piedad
de abandonarlas..
Libertad
Cómo volver al principio
antes de la palabra
antes del gesto
antes de la caricia anzuelo.
Cómo volver a la pureza
a esa flor blanca
salvaje
flotando sobre el río.
Certeza
Cuando te quiero soy
una especie
en extinción.
Reparándome en poesías ajenas
En torno a la casa estaban las cebollas. Rostros de turquesa, celestes, frágiles, delicadísimos. Anidaron aquí y allá, moviendo, a ratos las delgadas colas, y las niñas clamaban: Son víboras. En medio de la mesa había un tazón con sangre -yo bien lo vi- y no se sabía de quién.
Marosa di Giorgio
I
Imaginé al hombrecito de Marosa
ya sin alas
ya sin poder de animal
un ser condenado
al pensamiento
entonces antes que fuese un hombre
de tamaño natural
con mi escasa motricidad fina
le devolví las alas
se las pegué con un pegamento transparente
y la mariposa voló
hacia arriba, hacia la luz
II
Imaginé a los leones de Marosa
esos que rondaban la casa
les abrí la puerta
les di de comer
sus ojos amarillos imitaban el fuego
me senté entre ellos
no temí a sus fauces
no es en la muerte donde radica el sufrimiento
y así, ellos fueron mis gatos
domesticados, les enseñé a mirar mi horizonte
no me tapan el paraíso.
La oca se enamora
También yo arrojo la capa así, también yo chasqueo los dedos ante el destino.
Virginia Woolf
Cae en el casillero
el hacedor leyendo el mandato
vuelve diez lugares hacia atrás
el hacedor tira los dados otra vez
avanza dos lugares
vuelve a creer
resucita
oca cisne se nombra
de nuevo la suerte en el tablero
mueven su cuerpo de alas inútiles
hacia el lugar que corresponde
escrita en el rectángulo, una extraña sentencia
el viento la tira hacia atrás
se le entristecen las plumas
de cisne a paloma de plaza
innecesaria y hambrienta
Antes de la nueva jugada mira el tablero
ajeno, ajeno
ajeno
el hacedor bosteza antes del próximo paso
sólo queda esperar lo que digan los dados
O puede jugar
ella pajarito de dios
a mirarle la cara
a intuirle el pulso
a disfrutar el gesto
del dueño de los dados.
El poema rebalsa
No voy a escribir tus vidas
no soy una servil escribiente
no puedo con las historias “porque sí”
salvo que me remienden
que me hagan chasquear los dientes de frío
que me limpien un poco
como la lluvia a los jardines
salvo que lo que no me estés diciendo
sea mi fruta más sabrosa
o que vea un pedazo de mí en tus palabras
si me acompaso, ya te estoy escribiendo
no puedo hoy
hoy
soy más que suficiente a mi poema
cuando pueda historias desprendidas de mí
como hijitos de cactus
esos que crecen solos en tierra con arena
ya sin sed
tal vez haya olvidado este oficio
el de escribir.
Generosidad cruel
hay que atreverse a mostrar el hueso
y a olvidar el alimento.
Antonine Artaud
Los niños lloran
tienen hambre
yo tengo hambre pero no importa
porque los niños la tienen
yo tengo hambre y sé
del tiempo y de la muerte
yo tengo hambre y mi boca es desmedida
mi hambre es la de un niño capaz de comerse
todos estos niños con hambre
de un solo bocado
Mi hambre es un secreto
es una culpa virtuosa
es el arma perfecta para alimentarlos
para saber que la vida es algo donde nada ocurre
salvo esta voracidad indecible.
Rezos al caer la tarde
Que haya una manta
para cada uno
por si la lluvia
por si la noche
por si la furia
que haya una manta
para arroparse
para esconderse
que haya una manta
cuando la vida
se des-pren-da
de – la – vida
y no sea el hacedor
la muerte.
Ceder ante lo urgente
Inevitable el poema
los minutos del poema
el peso de los minutos del poema
la herida, la inercia, la oscuridad
los nombres
los gestos del poema
inevitable el cuerpo
su necesidad
lo frágil
el latido
lo inminente, la llaga
la voz gutural, su eco, y otra vez su eco
inevitable el cuerpo
su ser volcánico y anónimo
cuando pierde noción de las puertas
Inevitable perder, siempre perder
siempre perder aunque se gane
aunque el amor
aunque se ría a veces
aunque la vida se quiera como es
de inexplicable
inevitable lo triste
detrás de la postal, detrás de la pasión
detrás de la entrega más cierta
inevitable este continuo desamor con la fe
la esperanza o esas cosas bonitas
y volver a creer cada mañana
y el esfuerzo de volver a creer
cada mañana
y la cicatriz del esfuerzo
inevitable
inevitable la noche, el viento
los hijos
los muertos
la madrugada
la lista de cosas por hacer
el té, el guiso, las sobras
y las copas brillando en el mantel
inevitable el abrazo
y el olvido
de lo que no olvidamos
inevitable el saber
de aquello que se sabe
que no encuentra palabras
y debe derramarse
porque es sentido
inevitable el sentido
el desencuentro
y la piedra otra vez
y el dolor en el pie descalzo
para dar de lleno
de nuevo con eso
ni lindo ni amplio ni cómodo
pero cierto
inevitable dar
con la piedra
áspera aguda intransigente
esa lápida
acaso
llamada destino.
Carolina Biscayart nació en la ciudad de Mar del Plata en 1972. Desde 1985 vive en San Carlos de Bariloche, Río Negro. Se graduó en Ciencias exactas y actualmente trabaja en la Universidad Nacional del Comahue en el Departamento de Matemáticas. Fue becada por el Fondo Nacional de las Artes durante 2007. Coordinó talleres de escritura para adolescentes y actualmente dirige un taller de escritura creativa para adultos en Bariloche. Es autora de los libros de cuentos Invenciones (Ediciones en Danza 2008, reeditado en 2010) y El amor, sólo una idea (Ediciones de Dock 2012). Además de los libros de poesía Eso otro se llama luna (El suri porfiado 2014) y La trama que sostiene los jardines (premiada y editada por EMB, 2016). Textos suyos fueron publicados en diversas revistas literarias y en antologías de narrativa argentinas y extranjeras. Entre otros, obtuvo el Primer Premio Ayuntamiento de Gran Canaria, por Certezas (poesía, España 2010), Primer premio de Concurso de escritores patagónicos 2007 por Invenciones (narrativa breve). Esta última obra fue seleccionada por CONABIP en 2010, para reedición y distribución en bibliotecas populares.
Fotografía original: Santiago Rey.
by Claudio Medin | 1 \01\America/Argentina/Buenos_Aires marzo \01\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Poesía
Presentamos una selección de poemas de Jorge Felippa (Córdoba, 1949).
De la magia ni qué hablar
El silencio parpadea.
Los cuerpos se adivinan y hablan.
Las lenguas queman uvas y llaves.
El deseo carga sus naves.
En la proas
llevan nombres escritos con barro.
Amores como arenas movedizas.
En la penumbra
una mansedumbre de álamos
reposa en sus miradas.
Cómo acarrear por la ciudad
llamados, relojes, pasos en falso.
La cita es túnel y arcano.
Gota de sangre en el borde del espejo.
Cómo rondar sin solapas
la cadera eléctrica de sus pudores
si él no fuera
pañuelo azotado por el hambre
y ginebra en el tajo que larva.
Si ella
tuviese en sus manos
algo más que huellas de anillos
y de jardines de invierno.
Entonces las palabras
oxidan hasta el rocío que respiran
las veletas de sus naves incendiadas.
Afuera
la ciudad es una jaula.
Sólo estallidos o convalecencias en el silencio.
Ellos tendrán ojos para siempre
cuando el adiós se les cuele en el alma
como una carta
que una mano anónima
desliza en la pieza del viejo hotel
adonde ellos se confían los cuerpos
lejos de toda memoria o miseria.
De la magia
ni qué hablar.
Decíamos ayer
La copa de futuro que ofrecen nuestros hijos
habrá que beberla gota a gota.
A veces agria, otras placentera,
sabemos que sus pasos
tienen un norte con sabor a lejanías.
Nuestra semilla es un árbol que a veces
da frutos tan amargos.
La madera se astilla y espina el corazón de desencantos.
Nuestra corona de deseos – buena leche y pura como el pan –
les pesa como la cruz a Cristo.
Así prueban
las alas marchitas del ángel de la guarda
y beben asombrados
la mariposa frágil del futuro.
Aunque nos den la espalda
miremos de frente todo lo que no fuimos.
La copa medio llena y los vacíos llenos
de cartas en la manga.
Olvidos y memorias tatuados en la sangre:
esa viva moneda que nunca volverá a repetirse.
Así vuelve la palabra a la página en blanco.
¿Cosecharás la siembra de tan largo silencio?
¿O comienzas apenas a preparar la tierra
para que tu mano arroje al viento
las últimas semillas?
El dolor es un maestro
Su llamado demora y el cansancio es paliza.
Me anochecen los duelos que le parten el alma.
Usted abre su pecho para que lloren otros
y en el regazo acuna las penas que hizo suyas.
¿Qué razón o deidad se invoca a la hora
de una muerte anunciada?
¿Adónde nos marchamos
cuando el mundo arrebata
el corazón de un niño?
La palabra que alivia es aire lacerante,
espina que desangra en la lágrima viva,
puñado de sal en el desierto del alma.
Comprendemos entonces
que no sabemos nada sobre el calvario ajeno.
El dolor es un maestro que enseña con silencios.
Mientras la luna besa sus ojos afligidos,
me guardo la palabra en respeto a sus duelos.
Otros duelos
Toda la noche llueve sobre la ciudad sedienta.
A cántaros me llueven estos días de marzo.
Son otras las heridas abiertas en el pecho
y otras manos las que alivian sus pesares.
Una sirena, a lo lejos, desgarra las calles.
Es como un relámpago de otro marzo feroz.
¿Acabaron los días del sálvese quién pueda?
¿Le damos una mano al vecino de al lado
cuando tiembla su suelo y se le abisma el cielo?
Mastico este silencio amargo de preguntas.
Es que han vuelto los buitres.
¿Alguna vez se fueron?
Olfatean las sobras
en la mesa del pobre.
Llueve sin bendiciones ni santos milagrosos.
Mañana sabremos quien cuenta las monedas
del que ha perdido todo.
Treinta y tres pisos apagan la luna de enfrente.
La palabra poesía es una cachetada
en la otra mejilla de la ciudad a oscuras:
por treinta y tres denarios
remataron su alma.
¿A quién le digo entonces que mis duelos son otros?
Una casa en las sierras, una hija que canta,
otra que levanta el vuelo
y un viejo aguaribay ceniciento de pena.
Como lobos hambrientos
Dejo hervir el agua,
que el fuego se consuma.
La noche no pinta para mansa.
Sus anzuelos
muerden mi pecho
como un libro abierto en el invierno
Afuera
cada cual hace su agosto.
Vuelco sobre la mesa
las cartas que todavía
borroneo en tus umbrales.
Tu cintura
quema el despertador.
Con la miel de tus piernas
sangro palabras
en las bocacalles.
La garganta apura
los vinos
que nos lavan del miedo
de alumbrar el olvido.
En tus labios beso
las cenizas
de una canción desesperada.
Tanguedia del equilibrista
que vuelve cada noche
a cortarse la lengua
antes de pronunciar tu nombre.
Y así
como lobos hambrientos
acechamos
en la basura del día
sin encontrarnos.
Caminata nocturna
I
Salgo a caminar por la ciudad
semivacía, maloliente, estropeada.
Deambulo entre buscavidas nocturnos,
discos y películas pirateadas,
anteojos y flores y estampitas.
Receloso, esquivo las miradas
de otros cazadores solitarios.
II
No hay nadie en el bar.
Fallutos, le digo al mozo.
El café se enfría con tanta indiferencia.
Las noticias son polvo desteñido
en las páginas del diario.
Empieza a lloviznar.
El día ya es historia
menos para los que hoy
ya no tienen laburo.
Y son miles.
Oigo palabras que prefiero olvidar.
Pienso: que no les toque a tu madre ni a tu viejo,
a tu hermano o compañero.
No es azar ni magia. Tampoco el destino.
Ya no habrá San Cayetano
para que laves tu conciencia.
Ya elegiste.
Tus razones valen tanto como las de aquellos
que mañana saldrán a la calle
a molestar tus trámites, el tránsito,
tus deseos de mirar siempre adelante.
Olerás los sudores y tus miedos
debajo de los anteojos oscuros
como el mañana sin futuro
que decidiste
con tu hartazgo de estar harto.
III
Regreso con una piedra en la garganta.
Nadie en el teléfono. Nadie en la pantalla.
Ahora llueve.
El año nuevo,
es un puñado de espinas y de sal.
Si no fuera por mi hija que avisa su regreso,
este jueves no tendría ni una brizna de memoria.
La única señal en el camino, herrumbrada,
torcida por el viento, sin apuntar a ningún lado,
dice: Córdoba.
Mis palabras, acaso,
¿podrían encontrar otro destino?
Santo día
Recuerda una bella novela cubana:
La última mujer y el próximo combate
escrita por Manuel Cofiño López,
allá a principios de los ’70.
Entonces, él también era joven,
casi feliz y creyente de aquellas utopías.
Demasiadas batallas y derrotas
arrasaron la herencia porvenir.
Hoy, piernas y brazos acusan la desidia
porque el parque ya no extraña su figura.
¿Él no extraña las caminatas domingueras,
el sudor en la frente, morder una manzana,
la espalda en el rocío, el sol entre el follaje,
el agua aliviando la garganta?
En los hombros le duelen
las palabras no dichas.
Lo que importa ahora es
caminar hasta que el cuerpo diga basta.
Hoy es el día de su santo.
Pero no tiene santos en sus devociones.
Ni oculta los pecados
a los crédulos que lo invocan en sus rezos.
Reconoce
que gracias a ellos,
hay pan, vino en la mesa,
y una frazada en su cama.
Y extraña, sí, el cuerpo de esa mujer,
porque con ella quiere dar
el último combate.
Dos de abril
Debemos hablar amor
antes que las palabras cenicen sus braseros
y lluevan malos tragos.
Ya no hay sonrisa que valga
mientras una paliza bautismal
nos sedienta y ahoga
la más austral mirada.
Te das cuenta amor
qué poco sale el sol
y somos
tendidas transparencias
rosarios de lana y hasta cuándo
que repiten a coro y lo creemos:
después del dos de abril
ya nada será igual entre nosotros.
No lo olvidemos
ahora que la guerra anoticia esta trinchera
el alquiler rompecabezas
y las manos
tocan el umbral de los adioses
sin que ardan nocturnas vanaglorias.
No lo olvidemos
ahora que las caretas
desnudan sus estafas
oliendo el asco de nuestros hermanos
metales purísimos
a la hora de la fragua.
Y nosotros como antes
de plaza hasta los huesos
las patas en la fuente
pulmones de consignas
y como nunca pedigueños.
Este no es su pueblo
señor.
El pueblo está en Malvinas
de puerto y hecho brújula
porque en el sur amor
se juega nuestro norte
y América
truena llueve y amamanta
de luz
su vientre campanario.
Café La Paz
La ciudad va llorando
todo el parto del lunes
mientras cruzo por ella
desvelado y don nadie.
Desde el bajo ya sube
el coral mañanero
la calle cuesta arriba
hace plomo los pasos.
Alguien ciego de urgencias
se come las noticias
y tropieza en la baldosa
de su infancia perdida.
Estoy mirando rostros
tallados por el caos
y que el monstruo digiere
en su vientre de olvidos.
En Montevideo y Corrientes
La Paz
no es sólo un bar
al que ella no vuelve.
La Paz es la plegaria
remanso del tumulto
el principio del pan
la luz plural del vino.
Oración para las dictaduras
Para organizar su intranquilidad
para eso estamos
los que no escuchan sus preceptos
los depositarios de sus furias
los impacientes jueces de sus actos
para que justifiquen sus torturas
para eso estamos
los condenados de las cárceles y hospicios
los eternos marginados de sus buenas acciones
los desheredados de su mundo occidental
para atormentar sus memorias
para eso estamos
los legalmente asociados en la explotación
los ilusos labradores del amor
para complicarles la historia
para eso estamos
los jornaleros del alba
los secuaces en la lucha
los cómplices del hombre.
(Publicado el sábado 11 de octubre de 1975
En el Periódico Alberdi, de Vedia, Provincia de Buenos Aires).
Jorge Felippa (Córdoba, 1949) es autor de las novelas Quiero volver a casa (El Emporio Ediciones, 2005, finalista del Concurso Provincial de Novela Daniel Moyano 2004); El que avisa no es traidor (Ediciones del Boulevard, 2007); También la verdad se inventa (Editorial Babel, 2009, primera mención del Concurso Luis de Tejeda de la Municipalidad de Córdoba, 1986); y Las trampas de la colmena (Ediciones del Boulevard), 2013. Como poeta ha publicado Yo no diría la última palabra, Faja de Honor de la SADE (1976), El orden de los factores, A brazo partido y Que veinte años. En 1991 fundó y dirigió Op Oloop Ediciones hasta el año 2001. Desde 1985 dicta talleres de escritura creativa y narrativa en diversas instituciones públicas y privadas. Fue Delegado en Córdoba del Fondo Nacional de las Artes desde el año 2008 hasta el 2015. Ese mismo año recibió, por su trayectoria, el Premio Reconocimiento al Mérito Artístico, que otorga el gobierno de la Provincia de Córdoba.
Fotografía: cortesía del autor.
by Claudio Medin | 17 \17\America/Argentina/Buenos_Aires febrero \17\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Poesía, Sin categoría
Presentamos una selección de poemas de Luis Comis (nacido en Buenos Aires en 1971, radicado en Ushuaia, Tierra del Fuego, desde 1990).
De Lloviznan (edición del autor, 2017):
escribo en el silencio
en el compás de las agujas
que aturden al tiempo
***
no volverás quizás
pero este poema
estaba escrito
antes que tu ausencia
***
pienso en los poemas
que no he dicho
en ellos radica el asombro
de la ausencia
***
la lluvia es siempre vida/
hasta la muerte se moja los pies
***
un pájaro es una jaula nevada
en él habita el viento del sur
le abriré el pecho hasta que
aprenda a volar
***
La tensión
no está en el arco,
ni en la cinta elástica, ni
en el instinto entre vivir
o morir de la presa,
ni en la certeza aguda del arquero.
La tensión está
en creer que existe.
(Inéditos)
A la sombra del fagot
Hay dos mujeres sentadas en la noche:
Una juega con un dedo en las aguas del abismo;
la otra enreda palabras en los rizos del viento.
A la sombra de un fagot destella el silencio atardecer del puerto.
El acorde dibuja con letras de carbón una desnudez.
La pobreza se sujeta al lienzo del artista que ejecutará el ritmo.
***
Sakura
Un pájaro canta
la desnudez del invierno…
A la sombra de la flor
las nubes rosadas.
La fugacidad de lo eterno.
***
La gota de rocío se abre para medir la soledad
de la otra orilla del mundo…
Cae liviana sobre el lomo de una rana
que se sumerge por debajo de la llovizna de abril
y entra al resplandor que ha dejado la noche y el relámpago,
acumulada en las esporas de viento y en las alas de la mariposa azul…
Una niña juega en el silencio que hay entre el colibrí y la verbena…
Nada será más liviano que el fluir armónico de tus manos y la maleza.
***
“el pajarístico es una lengua transparente y sin palabras”
Juan Luis Martínez
el plumaje de los pájaros
lleva el sonido mudo de la nieve
pero no el canto de los pájaros
en sus picos trasladan el sonido
sordo de los árboles que han caído
bosque adentro
pero no el chillido de sus pichones hambrientos
en sus ojos cargan la memoria
de los niños que comen el pan de los pobres
pero no las migajas que alimentan
sus días de invierno de poca liga
en sus patitas sujetan al mundo que grita
cargado de genterío
pero no las raspaduras del ñire
que le brinda generoso la larvalimento
los pájaros son puro silencio
que cantan en las pausas del viento
llueven pájaros en cada otoño perdido
en las sombras de la noche
un gato aguarda sigiloso
para dar el zarpazo
en la nada misma
donde anida el plumaje de los pájaros
Luis Comis (Capital Federal, 1971) reside en la ciudad de Ushuaia, Tierra del Fuego, desde 1990. Es escritor y coordinador de talleres y cafés literarios. Publicó: Suaves palabras del alma (2000) Caricias para el amor (2001) Cuidemos nuestra salud (2002) Azul oscuro (2003) Contemplares (2005) Adónde van los niños (2007) Sombras de la memoria (2008) La intemperie (2010) Poemas del mientras tanto (2013) y lloviznan (2017). Participa en más de 30 antologías en España, México, Colombia y Venezuela y ha obtenido algunos reconocimientos en el ámbito nacional e internacional tanto en prosa como en poesía.
© Fotografía: Paulo Lezcano.
by Claudio Medin | 7 \07\America/Argentina/Buenos_Aires febrero \07\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Poesía
Presentamos tres poemas de Arturo Desimone, traducidos del inglés al castellano por Lucas Brockenshire.
El tren a Córdoba
El otro día tomé el lento tren
el increíble temblante
tren a Córdoba
desde la ventana del durmiente
el segundo día pasado de
campos que podrían haber sido Egipto
esteros cultivados
los toros de montaña
balanceando el sol en alto entre sus cuernos
pasó volando un pato
(batería de alas verdes, cabecita turquesa, su canto gris raya el cielo)
soy un hombre con hambre
y mi boca se moja con su vuelo
pero de ser un animal, no soy ningún
perro de campo
Estoy camino a Córdoba
provincia majestuosa
cuna pintada a sol sobre
barcaza de metal
tren obsoleto
turbulencia entre las rocas contra
los rieles
una lluvia de piedras golpea
la panza de esta máquina
infinito azul de ultratumba
bien sea yo el perro Anubis
o su niño humano
The train to Cordoba
The other day I took the slow, incredible trembling train to Cordoba
from sleeper’s window, caravan on the second day
riding past fields that could have been Egypt,
cultivated marshlands, yaks, sun overhead
a duck flew by, I was hungry, my mouth watered at its flight
but if an animal, I am no field dog
I am on the way to Cordoba, majestic province
sunshine-painted crib upon metal barge
obsolete train,
turbulence across rocks on the tracks
a stony rain hits the belly of this machine
azure infinite of stony afterlife,
either I am
the dog Anubis
or his human child
Pájaros entre los servidores madre
Si todavía supiéramos cómo
enseñarles a los pájaros
a enviar y traer cartas, órdenes judiciales,
papyri para temer o esperar con ansias,
declaraciones y denegaciones de amor,
documentos citatorios –
entonces no tendríamos que mandarnos correos electrónicos
tan solo dejar pequeñas muescas
y cuencos de piedra llenos de agua,
algunas semillas y flores de Attarsheyas
para los pájaros, como las que dejan los árabes
en las tumbas de sus madres
en cementerios de tierra reseca al sol
Y cada tercera ventana
estaría llena
del ir y el venir de pájaros,
ya nadie se pelearía por computadoras
telegramas virtuales
todos inmersos en una mecánica de transistores de escritorio,
leyéndonos el código morse unos a otros
como exaltados yahoos
libros vacíos anónimos
en lugar de una palanca de envío
despacharíamos el mensaje
con un beso en la cabeza del pájaro,
léase el cuello, pulgar sobre pico punzante,
luego lo arrojaríamos a los sesos nimbados del cielo
que nunca caen ni cesan de soñar
y nuestro mensaje no
chocaría ni caería a plomo en la anchura
de su propia sombra abrazada en la tierra
Hay que esforzarse para eligir
el pájaro más veloz,
el más lindo,
o el más gris, dependiendo de
la naturaleza del mensaje
y de la belleza del destinatario:
el matico, que canta dulcemente,
el chuchubi del Caribe, gris y ronco
que advierte del peligro del lagarto uvero de cola azul
la golondrina africana: más veloz que Mercurio
el mercader
de inframundos financieros,
él tiene los códigos legales de Cupido
vuela entre las copas de los árboles
donde crecen violetas entre los cementerios lluviosos
y las hamacas de los destinatarios de la pasión.
Birds Over Mainframes 2
If we still knew how
to train birds
to send and bring the letters, warrants,
papyri to fear or anticipate,
declarations and refusals of love,
subpoenas—
then we wouldn’t ever need to mainframe
Only to leave little indentures
and stone bowls full of water,
some seeds and Attarsheya flowers
for the birds, like what Arabs leave
for their mother’s graves
in cemeteries of dry dirt under sun
And every third window
would be busy
with birds coming and going,
No one would squabble over computers
virtual telegrams
all of us transistor-mechanics on flat bureaus,
reading one another’s morse code
faceless blank books
Instead of a send-lever
we would dispatch the message
by kissing the bird on its head,
read throat, thumb on picking beak,
then throw it at sky’s cloud-brains
that never fall or cease dreaming
and our message would not
crash or fall to die in the wingspan
of its own dirt-hugged shadow
Effort is necessary to pick
the fastest bird,
the prettiest,
or the most gray, depending on
the nature of the message
and the beauty of the recipient:
orange black Troupial, who sings sweetly,
the Caribbean Chuchubi, gray and hoarse
who announces death by blue-tailed grape lizard
African Swallow: faster than mercury
the merchant
of financial underworlds,
he holds the legal codes of Cupid
speeding through the treetops
where violets grow over the wet cemeteries
and the hammocks of passion’s recipients.

Caen los pájaros como Sidi santos
Caen los pájaros como Sidi santos
que hurgaron en la tierra de Sidi Bouzid, Sidi Bou Said para morir allí,
para levantarse allí en altares al Uwa’hah.*
Cuenta un mito: sus huesos finos
son las llaves de los recintos de los reyes.
Los gusanos inmortales que hoyan los cuerpos de estos pájaros
ni bien son mirados, obligan al observador a tragarlos
y él los llevará en el estómago donde cosechando viñas de dolor
brotarán como un discurso revolucionario de su boca.
Y solo acabará la miseria cuando esta se sumerja en uno de los cuatro ríos
del Paraíso, firdaus coránico.
Esta es toda la violencia
de la que fueron capaces la ornitología medieval islámica de Ibn Khaldoun y los Sidi doctores.
*Uwa’hah : del árabe, Oasis الواحة
The Birds Fall Like Sidi-Saints
the birds fall like sidi-saints
who delved into the earth of Sidi Bouzid, Sidi Bousaeed and died there,
became a we’lah shrine there
small myth: their fine bones
are keys to the enclosures of kings
the immortal worms that tunneled in the corpses of these birds
immediately upon being seen, overpower the sighter to swallow them
and he will carry them in his stomach where they harvest vineyards of suffering
that spring like a revolutionary speech from his mouth
and the misery can only be destroyed when immersed in the water of one of the four rivers in paradise, Koranic firdaus
this is the most violence
that medieval Islamic Ornithology of Ibn Khaldoun and the Sidi doctors were capable of.
Arturo Desimone (1984) nació en la isla de Aruba (Mar Caribe, Antillas del reino holandés) en una familia de exiliados de Argentina, Polonia y Rusia. Sus poemas, ensayos y cuentos en inglés han sido publicados en diversos jornales literarios en Estados Unidos, el Caribe e Inglaterra (Drunken Boat, New Orleans Review, Matter Monthly, Small Axe). Cartas a Carlos Marx y otros poemas, poemario bilingüe, fue publicado en 2017 por la editorial peruana Hanan Harawi y se presentó en Cuba durante el “Encuentro de Jóvenes Escritores de Ibero-América y el Caribe” en la Habana.
Lucas Brockenshire (Santiago de Chile, 1991). Licenciado en Letras por la UBA y traductor. Vivió en Asia entre los años 1993 y 2003, y desde 2003 reside en Buenos Aires, Argentina. Ha traducido novelas y poemarios al inglés y al castellano y actualmente prepara traducciones del ruso.
*Imágenes: cortesía Arturo Desimone.
by Claudio Medin | 6 \06\America/Argentina/Buenos_Aires febrero \06\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Poesía
Compartimos cinco poemas de Felipe Herrero, entre ellos un adelanto de Luz natal, de próxima publicación.
NOSOTROS SIN TECHO
ESTÁ ahí
sola
como ella sólo sabe estar sola
con su indomable humor de árbol alto
pero está bien
hoy podré amarla otra vez
invadirla de animales encendidos
y sobre todo
podré decirle
que ya no cerraré puertas
que todo el humus que preciso
está entre esas paredes que la contienen
sin techo
para que nunca deje de crecer
NATALICIO
Y se teje claridad en las sombras de los yuyos
y hay rumores que se sueltan de la flora
plantas vestidas de traje
que echan a andar por las riberas
sí,
se teje el destino del páramo mientras el día
desteje su forma hacia la sangre del atardecer
orejones salen despavoridos hacia la maleza
Hugo mira el fuego crepitar desde las brasas
esas brasas resplandecientes que
destronan la madera de árbol viejo
hay una luz natal en las cosas
que amortigua en su superficie
la toco con las manos apenas
una caricia que me cansa
echaré el cuerpo
quedaré dormido en la maleza
cobijado con la luz natal
de las cosas
* Ambos poemas pertenecen a Luz natal (de próxima publicación).

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LUZ DE ENERO
- Estoicos
DEJAR de lado ciertas conclusiones disonantes
pensamientos familiares haciendo corto durante años
32 personas dentro de un radio de 400 metros
cuando en verdad
siempre estuvieron juntas en un radio
de 11.000 kilómetros
6 hermanos en un círculo
el coro reunido
el mismísimo edén de estrella y el jardín universal
la despedida adentro entre sus cosas
entonces
uno empieza a entender
que una despedida —cualquiera que sea—
está aferrada en sentimiento a la persona que parte
todos los operarios están focalizados en ese brote
de memoria que florece
entre las 32 personas Alejandro se hace presente
él hubiese querido de esta forma
32 personas estoicas
sin recurrir a flaquezas o grietas
pero convengamos
no hay terremoto en la escala de Ritcher
que tenga más puntos que el último adiós
aún así
estoicos en cierta forma
un poco como él quería
haciendo de esos 11.000 kilómetros
un recuerdo
una sonrisa
o una lágrima
- Luz de enero o cualquier mes
ENTONCES vi en los ojos la pesada lumbre de la angustia
se iban des estructurando cada una de tus ideas
al ritmo que empezaba a florecer el cambio radical
diez y seis años de tu sonrisa echados al vacío y él ahí
postrado en la cama quirúrgica
y vos sentado al otro lado junto a esa ventana
sin poder centrar la vista
rompiendo en llanto al ver pasar tanta gente que lo fue
a despedir y él ahí
sin paso cadencioso sin renguera
sin esa cabeza estructurando una historia un chisme
cuatro fábulas
sin esa luz de enero en su rostro
A todo le encontraba su magia —me dijiste—
ahí postrado en lo que había sido tu habitación en otro
tiempo
y la familia de Salta desplegada en la quinta
San Ramón y vos ahí
creyendo que le fallaste
que no fuiste un buen hijo
cuando en verdad
yo no recuerdo haber visto tal orgullo en la cara
de un padre
por el compositor y pianista que había dado al mundo
aquél día en Salta… ¿recordás?
cuando lo angustié por fumar los CJ
rumbo al cerro de los siete colores
y ahora que el silencio está sentado sobre su boca
cada fábula está narrada por su voz
* Luz de Enero pertenece a Estoico (editorial lisboa, 2016).
CALLE RAWSON
entre lluvia y sombra diluido
un zorzal echa versos en el aire
un camión deja un olor pasable
entre aire, luz hacia el domingo
por la cuadra tropieza deleznable
en sombra va cayendo desnutrido
atención carente, oído ido
en vereda lo tildan detestable
ya no hay gestos, ni bondad, ni besos
ya no hay árbol, ni risa o nada
todo encastra en tristes conceptos
hambre nueva echada entre lajas
la humildad echada en el cesto
humanidad dormida en las zanjas
* inédito
Felipe Herrero (Buenos Aires, Argentina, 1985). Es poeta, librero y editor. Fue director de Melón editora (2011~2014) y actualmente dirige la editorial lisboa que publica a poetas y narradores de habla hispana. En poesía publicó entre otros, Legua roja (2011; 2013), pirueta solar (2011), El cálido viento de la noche (2012), Noruega / Norway (2012), Avenida de Mayo (2013), Impureza de los días (2014), Río antiguo, alba antigua (2015), Estoico (2016), Cañones para despeinar a Hitler (2017) y Luz natal (2018). En narrativa publicó Del ovillo al suéter (2008) y Agua marina / Otoño y olvido / Bajo nieve (2010). Su poesía fue parcialmente traducida al inglés y al italiano y está incluida en distintas antologías de su país y del extranjero, entre las que destaca El hilo dorado. Muestra de poesía argentina reciente (Vallejo & Co., 2015, Perú).
Fotografía original: Marco Zanger.