Barco Quieto

Barco Quieto

A continuación compartimos una selección de poemas de la poeta Constanza Pérez Ruiz.

 

Heno de Pravia

todavía
puedo sentir el olor a Heno de Pravia
en tu piel tan clara
en tu piel que se estiró tantas veces
hasta lo indecible
para volver más o menos a su lugar
después de cada nacimiento
con olor a jaboncito
y leche de tus pechos
que hoy caen exhaustos
después de tanta vida

todavía
tus manos esconden
debajo de la carpetita en el placard
algún secreto que todos conocemos
pero que nadie nombra
y tus pies desandan
el pasillo que de noche
me recuerda al terror

todavía creo
todavía
que tu mirada de verdes claros inocentes ojos
y hasta crueles a veces
descubrirá mis lágrimas
y tus manos
con olor a Heno de Pravia
secarán ese surco
que dejaron en mi cara
los dolores que tantas veces
silenciamos

 

Despedida

sentados a una mesa
donde el vacío
hacía su banquete
pronunció la palabra

y la puerta se abrió

pesadamente caminó
qué lento fue su irse

duró años
mi mirada en su espalda

hasta verlo perderse
dar la vuelta
desaparecer
del horizonte

 

Despojo

con la piel
que me arranco
se van
las marcas
las cicatrices
las caricias
hay una soledad
que ninguna piel
puede cubrir
una es
también
la piel que deja

 

Barco Quieto

a solas
en la casa vacía
que parece un barco encallado
un barco que encontró su destino
demasiado pronto
y fue invadida por las plantas
los insectos
que anidan en todos los rincones

a solas
en la casa que ya no es de nadie
que perdió su nombre
que vive de alquiler
le cambiaron la cara
las desdichas
las noches y los días
y ya no sabe a quién escucha

a solas
por sus pasillos oscuros
por la que fuera una vez
la biblioteca
donde la música sonaba los domingos
como un día de fiesta
que perdura
en el silencio de sus muros

a solas
por la antigua cocina donde
la pared curva y contracurva sisea
hasta encontrarse con el patio
o su invocación
un breve canto que se abre
a la siempre sombra

a solas
por las habitaciones que albergaron
el sueño y los juegos
el amor que fue un sueño
desvanecido
atravieso la puerta
que da a la galería
resguardada del sol

y más allá los árboles frutales
que plantamos hace ya
tantos años
con pies descalzos camino a solas
por el pasto
todavía húmedo de tantos rocíos
siento crujir las hojas amarillas
que el otoño dejó desparramadas

siento el corazón de la noche
que despierta
hinchándose en una breve inspiración
y se detiene en el instante mismo
en que canta algún pájaro perdido
en el pasado

todo respira aún
alrededor de la casa

 

Broches

la magia
de unos broches te sostiene
¿acaso no lo ves?
qué hay de seguro
en un broche de ropa
sólo la voluntad de la mano
que aprieta la tela
contra la soga
el viento pelea sus posesiones
de tierra resecada
de vez en cuando
una se escapa
vuela
encontrará una libertad
precaria
todo está sujeto
a la voluntad del viento

 

Constanza Pérez Ruiz es periodista. Nació en Corrientes en 1972. Publicó los poemarios Tiene voz, en 2011, Cartón en 2012 y Broches en 2020. Obtuvo el primer Premio de Poesía Creadores de la Universidad del Sol. UNNE en 2011. El Tercer premio de poesía Concurso CCU- UNNE en 2014 y el Primer Premio en las Jornadas de Comunicaciones Científicas de la UNNE  “Representaciones de la mujer en la cumbia villera” en 2004. 

Barco Quieto

5 poemas de María Bakun

Compartimos una selección de poemas inéditos de la poeta María Bakun (De Summum bonum: 1 y 2 – De La lira en el aire: 3, 4 y 5).

 

1.

En la comunión entre
el agua, la tierra y el aire
se esconde un secreto
tan antiguo y sagrado
como la primera partícula.

2.

¿Por qué no se me dio
ser un animal
enorme y desnudo
entre los pájaros
entregado al lodo y al viento?

3.

Como en un Casorati
donde el sol se filtra tenue
tu fulgor se instala en el tiempo.

El mundo se detiene armónico
y seres feéricos meditan
tu nombre idílico.

En tus ojos
las horas trovan
un espacio encantado.

4.

Más que de la herida del lenguaje,
soy de su golpe e iluminación.

De la visión erguida
por la alquimia de Amor
y el no pavor a la palabra.

El verbo, sublime coadjutor de la voz,
en esta ruina que es el tiempo.

5.

Mi corazón como una hoja en el viento.
Mi corazón de pez dorado.
Mi corazón horadado de belleza.
Mi corazón como un rayo de luz.
Mi corazón en la cornisa.
Mi corazón de pentagrama musical.
Mi corazón pisoteado por un ángel.
Mi corazón como un tropel sin concierto.
Mi corazón de árbol con raíces.
Mi corazón de exequias.
Mi corazón de fondo del mar.
Mi corazón de pergamino medieval.
Mi corazón de phalène hacia la luz.

 

María del Rosario Bakun (Corrientes, Argentina, 1989) es curadora, traductora y poeta.
Actualmente finaliza la Licenciatura en Letras en la Universidad Nacional del Nordeste. Ha
sido adscripta a la cátedra Teoría Literaria. Ha brindado talleres de lectura y de creación de
poesía contemporánea. Algunos de sus poemas forman parte de fanzines, videojuegos,
antologías y revistas, tanto dentro como fuera de la Argentina. Su primer libro de poesía es
Negar la sangre.

Barco Quieto

Mariana Rosa

Presentamos una selección de poemas de la poeta neuquina Mariana Rosa; entre ellos, un adelanto de su próximo libro.

 

Hacer la plancha

 

Si duermo entre dos celestes

como un camalote abierto

 

si sueño, líquida la espalda,

nubes que pasan

 

y flotando seguirlas

en el cauce, el viento

 

algo desde mi fondo

se desprende y sube

 

una moneda sumergida

en burbujas resuena

 

y se levanta,

una voz.

 

Esta es la gracia:

 

quien recibe

vibra

 

y tañe

la propia nota.

 

Una pequeñez entre el agua

y el cielo, canta

 

su música es eco de la luz

que la sostiene.

 

*

 

La repetición de los álamos al borde de la ruta.

Siempre debe andar este tramo del camino.

Travesía es dejar atrás el suelo natal,

buscar lo propio en el devenir que se imagina.

 

Cientos de colectivos todavía partiendo

desde la casa primera;

la misma gesta se proyecta en las ventanas cada vez.

 

¿Qué desea la mujer a bordo?

Señaló un derrotero con el dedo desde la ruta 22;

tuvo fe en el movimiento.

 

Ahora se siente madurar, fruta

furtiva en el asiento.

Los álamos se suceden,

interminables hileras que plantaron sus ancestros,

para protegerse del ir y venir

del viento.

 

*

 

A veces soy una laguna

pantanosa en la Selva Triste.

Puedo sentir las plantas

creciéndome en el fondo,

carnosas, avanzando

lentamente hacia arriba,

confiando encandiladas

en el pequeño rayo de luz.

 

Veo sobre mí una película finísima

y plateada

que es el fin del agua;

los tallos y las hojas llegarán,

sus cuerpos serán otros

cuando la quiebren.

 

Quiero estar despierta

porque sucederá otra vez:

 

sobrevendrá     un mundo.

 

(De Primeros Fríos, Espacio Hudson, 2019)

 

*

 

 

   Llega, viene,

la Musiquita.

La mu
si

   qui

ta.

          Macky Corbalán

 

 

Las bandurrias llegaron

inesperadas los primeros días de otoño,

se escuchan en montonera

en la mañana temprana, mitigan

la tristeza de ver al sol menguar,

volverse un animal dócil

después de su celo salvaje

de su furor felino

que nos mantuvo irisados el verano entero.

Ahora la bestia dorada se echa a dormir,

y las bandurrias le caminan tranquilas por el lomo.

Traen su trinar, … ¿como un toque de silencio?

¿como el augurio de la nueva estación? ¿del sosiego?

Que venga así también la musiquita,

que aquietada oiga en mí ese gorjeo

que llora o canta

cuando solo queda irse,

o amar lo que se va.

El párpado que se cierra,

la temporada solar en su desmayo.

Que pueda cantar

como una bandurria,

las patas en los primeros charcos oscuros,

las notas

como una llamarada pequeña,

la luz amasada

y oculta en el centro del cuerpo

lanzar al aire:

hilo de Ariadna,

puente colgante,

único y trémulo

derrotero fiel

en el pasaje.

 

*

 

Primavera,

avistaje incipiente

del verano conjurado,

anuncio de aquello que viene

en respuesta al anhelo de fruta

y de calor.

 

La inminencia de los brotes,

el temor

a su irremediable materialidad deseada,

el atisbo

de una flor desconocida,

el espíritu que puja

imbatible hacia no sabe qué color

qué pétalo qué espina, cuajará.

 

Ave, estación preñada,

pueda ser mi aura la tierra

el agua el aire

que esta encarnadura pide;

soplo y paisaje infinitos

urden una forma viva

en mí. Que aprenda

la torsión la contorsión, la dulce

y amarga espera

que descubre arena y fango

según urge el clamor.

 

Cactus o magnolia,

hiedra trepadora,

cardo errante,

que la savia me encuentre dispuesta

flameando cuerpo y alma en su fe germinal.

Ave, estación del augurio,

pináculo del temblor.

 

  (De El Cruce, de próxima publicación)

 

 


 

Mariana Rosa nació en Neuquén en 1974. Estudió Lengua y Literatura Inglesa en la Universidad Nacional de Cuyo y, más tarde, hizo una Maestría de Investigación en Estudios Literarios Comparados en la Universidad de Utrecht.

En el año 2001, integró el grupo fundador de la Casa de la Poesía de Neuquén y obtuvo una beca de la Fundación Antorchas para participar en los talleres de escritura organizados por Revuelto Magallanes. Entre el 2003 y el 2006 hizo clínica de obra con la poeta Alicia Genovese.

Publicó Crónica de un Salto (Ediciones de Dock, 2006), las plaquetas “Vestal” y “Un Abrigo Errante” (la cebolla de vidrio, 2017), y el poemario Primeros Fríos (Espacio Hudson, 2019). La edición de su libro El Cruce está en preparación.

Actualmente sus días transcurren entre la Argentina y los Países Bajos.

 

Barco Quieto

Susana Slednew

A continuación, una selección de los poemarios: Hoja de Ruta, Mapa Oscuro, Poéticas del Movimiento y Gramática del Viento, de Susana Slednew.

En: Hoja de ruta

 

De la vida sólo sé

ciertos instantes puros

 

lo callado de un dolor,

la boca de mi padre 

abierta hacia el olvido

 

Diré que no se sabe 

si la muerte alcanza a ver la casa entristecida

con el último esfuerzo extraviado de su alma

 

si puede ver –al modo de un fantasma-cómo se desfigura el rostro

o su cuerpo queda sin fuerza

 

Diré que no se sabe sobre la manera 

en que algún pétalo en el patio

intenta compensar el vacío

ni cómo se reinventa el sol entre los ventanales

ni el modo que encuentra la sombra para no borrar 

hasta el final

la gracia de la pena

 

Diré que escapa a nuestro entender 

cómo las estaciones

nos vuelven al ritmo con sus ritos y disparates

le inscriben a los cuerpos la forma de reparar

el desamparo de la muerte

 

¿Cómo se verá en el microscopio la forma en que el dolor

se transforma en una fuerza para protegernos de lo mismo?

¿cómo hace el latido de un corazón para ganarle a otra muerte?

¿qué sensaciones reconstruyen el ritmo con que fluye la sangre?

 

Diré que no se sabe si hay un movimiento lento

que hace el cielo a escondidas

que no se puede decir cuándo

porque lo que se rompe se recupera en pedazos

en brillos apenas perceptibles

sobre la piedra de la calle

 

¿Será por eso que le debemos algo a la muerte

a la bondad de la luna sobre los techos del pueblo

y más aún a las formas que van tomando las manos

para acariciarse las tristezas?

 

Diré

que no se sabe

 

*****

En: mapa oscuro

 

aunque todo es calma 

sobre el mapa de la calle

 

la intuición del presente

es un invento 

 

un atajo dorado

 

ahora sos esta mujer 

empapada de encierro

 

alguien envejece a lo lejos

alguien nace 

otro se muda

 

un ciego aprende a bailar

un tiburón encuentra a su presa

en el mar al que nunca fuiste

 

un hombre en libertad se llora a sí mismo

alguien aplaude una interpretación de mozart 

otro 

levanta un cartón en la ciudad que duerme

 

mientras tanto

la línea que es difícil de ver

separa el bien del mal 

como quien aparta los ingredientes 

sin calcular con precisión 

los resultados

 

ahora leen un poema 

que es igual a todos los perdones

 

entonces

una minúscula mancha en el piso 

llama la atención 

 

mientras escuchás 

el perdón se ha acomodado 

entre los versos

 

tiene 

el tamaño justo 

de un silencio

entre dos baldosas

 

****

En: Poéticas del movimiento

 

cada tanto recobro tu número infinito

me digo que volvería a estar con vos

pisaría de nuevo las calles

la música de nuestro sueño

recostados sobre la geografía

 

no se trata de retroceder 

pero cruzaría el tiempo hasta cada una 

de las constelaciones que formamos

pero no cambiaría la fuerza 

con que la vida nos trajo

 

y aunque me repita

que me quedé afuera de vos 

y soy esta perra acostumbrada a su hambre

plegaría una vez sobre otra las formas

constelaría de nuevo 

tu nombre

 

mi padre se parecía a los caballos 

que el abuelo herraba 

en el final del terreno de la casa

fortaleza y libertad 

impaciencia de potro frente al campo

 

yo imitaba su furia en un cuaderno oscuro

un imperfecto ser sin cascos ni músculo

donde la frágil cabalgaba 

por antojo de imitar lo que hacía su padre con el día

 

y fui la perfecta contracara

la moduladora del vacío

 

él me enseñaba el vértigo de sol a sol 

el morro 

yo controlaba el trazo del papel 

él modelaba la mezcla sobre el ladrillo 

yo agregaba a la hoja 

la tesitura grave

la fuerza de lo que estalla en soledad

 

no subestimarás

el poder de lo ingrávido, me dije

creerás en la mirada

pagarás la cuota de la poesía a término

 

sostendrás la fugacidad

adoptarás la medida del aire

serás funcional al sueño

 

hablarás desde la fascinación o la extrañeza

evitarás el cliché

no desatarás si antes no hubo nudo

 

y en el poema te despedirás

siempre te despedirás

sabrás que es por amor 

o por miedo

 

****

En: Gramática del viento

 

Se suelta un pájaro

sobre la hrámátika del viento.

 

Tiene las alas encendidas.

 

Mi apellido 

trae aquel viento del lodo siberiano

y me devuelve al viento.

 

Yo regreso a esa casa 

cada vez que el viento aspira,

toda vez que el lodo cede y

cruza la enormidad para besarme en su letra,

las bocas en las que fuera nombrado 

sobre el mapa. 

Sopla el partir,

jadea.

 

Algo exhala en su escultura, la letra,

como si soplara delante de un caballo 

errado en latitudes.

 

Algo murmura y en su andar lo dice.

Secretos trae para mí:

hija del viento, ,

heredera de un soplo,

ták.

 

Y si todo es viento, viento,

ambiente volado y desvariado por donde cuela el aire,

por donde frío es, hiriente, herido.

 

Si todo rellena el vacío, el mío, el mío.

 

Y si todo es velocidad, escala en el ala, ala en la escala,

que baja, sube, baja. 

Masa 

de aire en la región más azul. 

 

Si todo es viento, constancia, viento,

partícula de estrella volada

a la palma de la mano, volada

a la palma abierta

del necesitado corazón. No sé.

 

No sé.

 

 

Susana Slednew nació en Provincia de Buenos Aires en 1958. Reside en Mendoza. Docente especializada en lectura y escritura, poeta. Autora, en poesía, de Los bordes del azar, Lavar la vida, Mapa oscuro, Porcelana rota premio poesía del FEP, Hastag para el amor, Poéticas del movimiento obra finalista del Premio Inés Manzano, Gramática del viento que quedó entre las cinco finalistas del Concurso Internacional Poesía Paralelo Cero 2023 de Ecuador. Fue becada en dos ocasiones por el Fondo Nacional de las Artes. Actualmente, ofrece clínica de obra (poesía); escribe notas, crónicas y reseñas críticas para medios con los que colabora; participa de la creación de un enhebrado de poesía y música, con sus poemas y canciones de la trova cubana, junto al trovador Rafael Quevedo Domínguez.

Nadie sabe qué hacer con los poetas

Nadie sabe qué hacer con los poetas

Compartimos algunos fragmentos del último libro de María Malusardi, un ensayo sobre la poesía publicado por la editorial Llantén (2023).

 

 

Una testigo insatisfecha

 

En mis obras, las citas son como atracadores al acecho en la calle que con armas asaltan al caminante y le arrebatan sus convicciones.

Walter Benjamin

 

Lo que el lector tiene en sus manos es un vivero de citas, un puñado de misceláneas personales, de breves reseñas y de entrevistas (o encuentros en la página), cuyo único fin es provocar contagio y movimiento, combatir el adormecimiento y la resignación. Citar un texto, dice Benjamin, implica interrumpir su contexto. “La cita –profundiza Giorgio Agamben–, al separar un fragmento del pasado de su contexto histórico, le hace perder su carácter de testimonio auténtico para investirlo de un potencial de enajenación que constituye su inconfundible fuerza agresiva”.

Años atrás comencé, de manera informe y agresiva, un diario íntimo, al que llamo Diario de poéticas, centrado, esencialmente, en mis lecturas y sus provocaciones y en mis roces con la escritura. Me dediqué a apuntar lo que cada autor dejaba en mí o marcaba en mí tendencias. Citas que son disparos. Escrituras “desgarradas”, escrituras del “desastre”, sus entramados mañosos, sus asperezas, sus vísperas.

Aún me dedico a perseguir, capturar y reflexionar sobre las problemáticas propias de la escritura de cada quien, seguramente en busca de mi propia fertilidad. O bien como un modo de expiación ante lo incomprensible, lo inalcanzable.

Cuando leí los tres volúmenes de El libro de los márgenes de Edmond Jabès, sentí el ardor de lo posible imposible. Jabès congestiona con citas sus digresiones. O bien, a partir de las citas que surgen de sus lecturas, abre caminos de escritura propios y pasionales. Las ideas que suscita un autor se confunden en uno hasta formar parte de uno, es decir de ese único libro que nos constituye. Hay un libro, un único libro, dice Jabès, del que somos “a la vez el autor y el lector, aquel que nunca terminamos de leer, de escribir”. No es un tipo de confusión problemática sino de esas raras ocasiones en que la confusión constituye, precisamente, una necesidad.

Esto no pretende ser un ensayo ni tradicional ni compacto. Intenta una cartografía de escrituras que disertan abiertamente: voces sobre voces; voces entre voces; voces con voces. No pretende ser más que una bitácora de ese viaje irrepetible por la escritura poética. La de otros y la propia, como consecuencia. Un fardo de citas ajenas que de alguna manera nos explican y dicen de nosotros, humanos, más de lo que sabemos y no alcanzamos. “Cuando leemos un libro –escribe Jabès– sólo leemos lo poco que contiene de nuestra alma y de nuestra vida. Y lo que nos enseña suele ser suficiente para llenarnos de alegría o para destruirnos”.

Nadie sabe qué hacer con los poetas se sostiene en el ascenso y descenso de mis lecturas. De mis deseos y de mis tumbas. No hay un orden preconcebido, sino un eje zigzagueante que se sostiene en el temblor de su humanidad y de cierto ritmo y musicalidad de las ideas punteadas en las palabras.

Ideas. La idea. La idea no es cerrar. Ni sacar conclusiones concluyentes. La idea es generar el deseo por la poesía. Recoger las migas que poetas y pensadores van dejando para recorrer un camino posible sobre la poesía. La idea es llegar a entender lo que no hay por qué entender de la manera que imponen los vientos de la época. La idea es no forzar ni obligar a nadie a que se arrime a aquello que, por su ajenidad con lo demente, tendrá siempre tan lejos. La idea es dar a conocer las posibilidades del espíritu humano cuando vibra con el mundo, tanto en sus derrumbes como en sus regeneraciones. Y certificar que la poesía habla por sí misma a través de quienes le han sabido dar su voz para defenderse de la mudez de la infancia, la propia, la del mundo. La idea es seguir abriendo afluentes constantes, enramados de tesis y delirios, prolongando algunos hasta un imposible infinito, dejando a otros textos mutilados, muñones de ideas por el camino, porque también de mujeres y hombres rotos está hecho el mundo. La idea es denunciar el vacío, pronunciarlo, quererlo, amamantarlo. La idea es supurar cuando canse y abstenerse cuando supure. La idea es morir de muerte inacabada cuando las palabras digan basta, nos hemos cansado de escucharnos, ya no sentimos más que repetición en el abismo de nuestra retórica.

Acaso porque el poeta es un testigo insatisfecho (dixit Mario Luzi), nadie sabe qué hacer con los poetas.

 

 

El cielo con las manos

 

Fue esa vez. La única, acaso. O la más absoluta. Fines de la década del 90. Escribía para una revista que acompañaba, cada domingo, a seis diarios del interior del país. El jefe de redacción de entonces, conociendo mi vocación absurda y radical por la poesía, me citó en su despacho y me invitó a producir una nota de tapa que ofreciera un panorama federal de la poesía argentina en ese momento. Desde lo monetario, significó, aunque de manera provisoria, una mejora salarial, porque el artículo superó las veinte páginas. Pero lo fundamental es que me abrió las puertas de un mundo al que deseaba ingresar con desesperación, un mundo que necesitaba para expandirme como poeta. Mientras repaso el recuerdo, revivo la excitación y la caricia de ese momento en el que realicé un trabajo de producción insuperable; una búsqueda de información con la que armé un texto enorme, expansivo, abierto, desprejuiciado. Valiente.

Ese trabajo periodístico resultó increíble y la investigación, exhaustiva. Conocí poetas que admiraba y editores de poesía que me abrieron sus puertas para siempre. Toqué el cielo con el cuerpo entero. Caí hacia arriba y nunca más regresé. Me hundí en ese pabellón azul de la locura para siempre.

 

Delirio tremens

 

Siempre leemos el error, el malentendido, la desviación, lo dañado. El poema no debe corresponderse nunca con la corrección de los hábitos. Siempre es su tergiversación. La fuga de sus costumbres. El poema es mudanza de sí. Rodar por las escaleras y regresar adverso a sostener los años.

Pensar la experiencia. Derrotarse en la propia vida (desmontarla) para vivir en el lenguaje a flor de piel como redirigiendo una inexistencia (dixit Paul Preciado). Y someterla a la luz para definirla en su fugacidad.

Doy a luz la fuga del sentido. Y me quedo con el vacío nevado. La punta de la luz en el invierno negro. La brasa, como el verso, rima la impaciencia. Y el ardor.

No son los hechos. No es la historia. Es la experiencia y sus detalles examinados.

La experiencia escapándose entre los dedos como arena y soplándole al lenguaje su mutación, escandalosamente abierta.

La escritura es una siembra de avispas. Es su música en la flor. Es la mirada. El ardor. La miel. La despedida.

 


 

María Malusardi nació en Buenos Aires en 1966. Escritora, periodista cultural, docente y tallerista. Publicó harán una película con mi entierro (Editorial El desenfreno, 2023), Una madre es un piano triste (Editorial Las Furias, 2021), artista del hambre (Ediciones en Danza, 2019, Segundo Premio Municipal 2018-2019), el descenso de jacqueline du pré y otros poemas (Ediciones en Danza, 2018), el desvío y el daño (Editorial Cadáver exquisito, 2023, Ecuador; Buenos Aires Poetry, 2017), el sastre (Ediciones en Danza, 2015, Mención especial del Premio de Literatura Casa de las Américas 2015, de Cuba), trilogía de la tristeza (Alción, 2009, traducido al francés y publicado por Zinnia Édition en 2013), diálogo con pescadores (Alción, 2007), variaciones en la niebla (Alción, 2005), entre otros. Estuvo a cargo de la edición de la poesía de Raúl Gustavo Aguirre en el volumen Obra poética (Ediciones Del dock, 2015). Recibió en 2018 la beca del Fondo Nacional de las Artes para escribir un ensayo sobre la obra y vida del poeta argentino Alberto Szpunberg. En 2022, llevó adelante la Escuela de Poesía Argentina en la Biblioteca Municipal Evaristo Carriego, un proyecto de enseñanza y difusión por el que obtuvo la beca de Mecenazgo en 2020. Actualmente es profesora en la escuela de periodismo TEA y escribe en la revista y la web de Caras y Caretas.

Crédito de la fotografía: Marcos Zanger

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