by Claudio Medin | 6 \06\America/Argentina/Buenos_Aires diciembre \06\America/Argentina/Buenos_Aires 2023 | Poesía
A continuación compartimos una selección de poemas de la poeta Evelin Bochle.
Llevo el cuerpo
lo levanto
le abro los ojos
le pongo entre los dientes un bocado de algo
Me lo cargo encima
Lo enjuago
lo visto
le pongo rubor
perfume
un broche en el cabello
cepillo su sonrisa
delineo sus ojos
Me lo pongo
A veces
las vísceras pesan
los órganos espumosos se inflaman y duelen
los fluidos se espesan
se detienen
Pobre bodoque inerte
se pone tenso
difícil de dirigir
Pero el tiempo cae sobre el mundo como un cuchillo oxidado
Gargantas lejanas me llaman
Siempre alguno me reclama el cuerpo
Acudo
me lo llevo a cuestas
como un vestido caliente
Así lo llevo
lo traslado
lo arrastro
A todas partes lo llevo
a veces
yo también voy
Salen de a montones desde las bocas de sus casas
en apariencia completos
caminan como si estuvieran enteros
Llevan sobre la espalda
el fastidio de disfrazarse cada día de ellos mismos
Se colocan las manos
se calzan los pies
De frente al espejo se anudan el cogote
se tienden sobre los hombros la piel tibia rescatada de entre las sábanas
Se abotonan la pelvis
Bien acomodada la cabeza antes de salir
se peinan con gel el cráneo devastado
Marchan
muñecos articulados
insinúan la sonrisa blanca
en los lentes los ojos
Algunas veces dan lástima
otras
causan miedo sus miradas vacías
Cruzan las calles
hacen señas a algún remisero
beben un agua fría a la media mañana
o un café caliente
Regresan al fin
más tristes y más tontos
Se descalzan los pasos del día
se desatan el cogote
se quitan la sonrisa dejan los lentes sobre la mesa o sobre el escritorio
Se despojan de la piel cansada
se quitan la cabeza el cráneo despeinado
Desabotonan sus ganas
Entonces
tal vez serán ellos mismos
quién sabe
Alguien te dijo que sos mujer
hija
madre
vientre
Incompleta sin varón a tu lado
tetitas tristes
vértice cerrado para él
Cintura quebrada bajo su piel
Alguien te contó
del milagro
de los hijos rosados devorando tu carne desde adentro
matriz
ombligo manso
Grandioso el día en que dudaste
muda para no repetir
ciega para verte
sorda
Rompiste el molde
quebraste la forma perfecta
pariste una mujer cualquiera
Hembra brava
hecatombe original
Desastre natural entre tus piernas
en tu pecho
en tu vena misma
en el iris poderoso de tu mirada
Cuando una no sabe qué hacer con el dolor
lo coloca
como al descuido
sobre la mesada de la cocina
Tan al filo del filo del cuchillo
que podría confundirse con una cebolla más
con el tronco de cualquier zanahoria
o con la hoja misma
reluciente
fina
Cuando una no sabe qué hacer con el dolor
se lo mete en la cartera
se lo incrusta en el diente
o en la línea negra del rímel que rodea el ojo
A veces
se lo cuelga de las orejas
se lo pinta en las uñas
se lo ata con algún colgante
De tiempo en tiempo
se lo instala
en el puño cerrado
en la boca abierta
en el latido del corazón
Cuando una no sabe qué hacer con el dolor
se lo acomoda a presión en el nudo duro que se forma en la boca del estómago
Se lo mete en la cabeza
se lo ciñe a la cintura
entallado en la piel
Se lo sitúa en el talón
justo ahí donde termina el deseo y comienza el zapato
Cuando una no sabe qué más podría hacer con el dolor
le ajusta los márgenes
lo revisa
le pone nombre
lo posa casi desnudo
sobre la mirada
de los otros
No es que no quiera a los varones
ocurre
en cambio
que los amo demasiado
Me enamoro todo el tiempo de ellos
miro sus dientes
sus barbas
Examino los cuellos de sus suéteres
las rayas de sus camisas
las botamangas de sus pantalones
sus zapatos acordonados
sus cremalleras abultadas
el pliegue que insinúa esa magia que los despierta
Adoro sus miradas de fuego
su insinuación constante
me encanta verlos caminar despreocupados
Sin ruido andan
pegajosos como el viento norte
fuertes pero inofensivos
hermosos animales sedientos
Sin embargo
me matarían bajo la presión de sus pechos
socavarían las entrañas
harían saltar de mi cuerpo a los hijos encerrados
hallarían en los pezones la leche y la vida
Me matarían
de seguro
como suelo matar yo
eventualmente
a algunas mujeres
Evelin Bochle nació en Empedrado, provincia de Corrientes, en 1979. Es profesora de Lengua y Literatura de Nivel Superior y Licenciada en Letras. Como escritora participa en eventos culturales de la zona con la lectura de sus textos y de otros escritores, presentaciones de libros y charlas. Sus textos forman parte de diferentes antologías literarias. Publicó los poemarios “Como un Vestido Caliente” en 2018, Editorial Semánticas. “Calzado para Dama” en 2019, Editorial Deacá. Desde Adentro en 2022, Editorial Moglia Ediciones. “El 00,01%” en 2023, Editorial Moglia Ediciones. Coordina el taller de escritura Koeyú, del Centro Cultural Universitario en la Extensión Universitaria en Corrientes Capital. Actualmente dirige la colección de poesía Como el Agua, producida por Moglia Ediciones.
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Compartimos una selección de poemas de Beto Elías Ulibarri.
Lapachos en flor
Los lapachos florecidos
se han convertido
en mis hitos naturales
Ya los tengo elegidos.
Sé en qué calles me los encuentro
A donde sea que vaya,
al centro de la ciudad
o alguna de mis clases,
armo los trayectos para pasar
por debajo
de cada uno de ellos.
Yo que ando tan perdido
desde que te has ido
Desde que te has ido
ando tan perdido
Los lapachos me guían
trazan mi camino.
levantan mi mirada del suelo
al cielo
y voy…
¿cómo me voy a orientar
cuando hayan perdido
todas sus flores?
(pensaba hoy)
Tragedia
Colapsan rascacielos vidriados en mis ojos
Sus astillas cortan mis brazos
Una mariposa bate sus alas y
revolotea ingenua sobre este caos sangriento
de estruendos agrietados y gritos desesperados
corro para distanciarme del derrumbe final
se desparraman mis partes en la huida
por el golpe de la caída
algo se detonó
explotan alcantarillas de fuego
me sobrevuelan autos y miembros ajenos
revientan cuerpos extranjeros
podridos de plaga y popularidad
se oyen alaridos perdidos en las pantallas
que miran mi extinción trasmitida en vivo
miro hacia atrás, sigo corriendo
enajenado
como si pudiera escapar
del suelo que se abre, del mundo que se cae
del asteroide que me acecha detrás
De la curva de agua de inabarcable hondura
Que me persiguen
cardúmenes de peces ahogados
manadas de esquirlas se aproximan a la velocidad de la luz
que viene con muerte
me golpea la tragedia me voltea
cuando el final me mira
por última vez a los ojos
veo que la mariposa sigue allí
volando entre nosotros dos.
Fusiforme
Me gusta la forma fusiforme de los peces
valga la redundancia
y me valga la obviedad en la elección, también.
Pero, el diseño hidrodinámico de sus cuerpos
adaptados para avanzar contra la resistencia
para nadar contra la corriente
para volar en agua
me resulta una condición formal corporal evolutiva, envidiable.
¿Está mal envidiar el cuerpo de un animal?
¿Está mal desear su existencia silenciosa de pez?
¿Está mal no querer cargar los deseos, insatisfechos y secos,
de este cuerpo bípedo?
¿Quién no quisiera ser hidrodinámico? Acaso.
Yo quisiera un cuerpo fusiforme
deslizar en el agua dulce,
sentir que la corto con suavidad al ir.
Yo también quiero habitar escamas brillantes
ojos quietos
respirar el aire subacuático
ser silueta ágil
ondulación.
Yo quiero encontrarme uno a uno con esos cuerpos
fusiformes y nadar con ellos.
No ahogarme nunca
en palabras.
Nadar sin resistencia con ellos
y nadar.
En el ala de una mariposa
Encontré un libro que daba por perdido.
Encontré el ala de una mariposa dentro del libro.
Encontré un mensaje perdido en el ala de la mariposa.
“Meter el ala en la boca
como una hostia bicolor.
Diluir el ala con la saliva.
Saborear sus escamas
con la lengua ciega.
Tragar el ala.
Transcribir el mensaje
en un poema liviano
y efímero.
Perderse”.
Tres estados
Soy sólido,
pero no duro
ni con los pies en la tierra.
Soy la líquida
y flexiblemente vital
sangre que me fluye,
con humo.
Y a veces me esfumo
para ser sobre todo menos sólido,
y más volátil.
Me es fumo
de cigarrillos
para ir perdiendo peso y masa,
me liquido con el humo
para no ser ni sólido ni líquido,
sino aire y nicotina esfumadas
que se volatilizan graciosamente.
Beto Elías Ulibarri nació en Santiago del Estero en 1977. En 1996 se trasladó a Buenos Aires para estudiar Ciencias de la Comunicación (UBA) y teatro en la escuela de Julio Chávez. En 2004 publicó su primer poemario Yo soy 3 dentro de la antología El Grito de Medusa – El Deseo de lo Indecible. En 2010 lanzó el poemario digital ¡Muérete! Accidentes Lingüísticos con ilustraciones de Addrox Karpenkopf. Ha participado en varias antologías y sus poemas han sido publicados en revistas literarias online. Escribió colaboraciones para el Grupo Sorna y la revista de arte online Sauna. En 2022 auto editó la plaqueta Las Ciencias Poéticas y en 2023 publicó Un único consejo por Ediciones Arroyo. En la actualidad, reside nuevamente en Buenos Aires, siempre está tratando de volver a escribir y realiza performances poéticas con su Aphex Twin, Alberto Balsalm.
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A continuación, un paseo por la poesía del escritor Aníbal Costilla.
Cuando te llame
Oh Señor, apaga de mi corazón
esta quemadura.
Que la fuerza de mi espíritu
tuerza el cuello del toro
hasta que su boca gotee a la sombra
el abismo de la sangre.
Ah Silencioso, avanza con tu ejército,
rodea las murallas,
rompe las piedras en las manos del enemigo.
Cuando yo te llame, háblame,
dedícame tus palabras,
olvida todos mis pecados,
haber estado solo
y esperar ver en los otros los caminos
que me llevan hasta mí.
Oh Señor, no maldigas mi raza
si averiguo demasiado,
sólo sé estar en tu silencio,
hundido en preguntas, amansado por el freno ardiente,
rota mi boca, rota mi lengua,
ampollada de tanto tironear lo impuro.
Oh Silencioso, ya no preguntaré,
rodearé de miradas la espesura de la sombra,
abriré un camino,
iré esparciendo mis pedazos,
las escamas de la luna
volarán en las crecientes del río,
abriré un camino
hasta el niño que me espera.
Oh Señor, este que ves aquí, arrodillado,
este soy:
golpeo las manos
sobre la corteza del alma.
La luz derramada
He visto cómo los grises y los verdes del día
batallaban, encarnizados, debajo del cielo.
La quietud de las noches
restituía las energías; oh el amor y el equilibrio…
He visto la verde espalda del monte
golpeada por la piedra del fuego.
El dolor y su víbora de cenizas
derramaron en los cuencos carcomidos
el fuego que la sangre deshizo.
He visto los ojos azorados del escuerzo
bajo los horcones donde dormía el prójimo,
las manos ampolladas por el trabajo del tiempo,
postrada su esperanza, como un tronco
invadido por gusanos.
He visto la sombra anaranjada de la luna
treparse a los rostros de los cerros
abiertos como acequias, como si volviese de una alucinación
movía las manos a lo lejos, hacía señales de aviones,
humo rectilíneo, y bajaba en una cicatriz femenina para teñir el río.
He visto los campos arados, la desprolija
ausencia de árboles, el viento levantó
crines amarillas como lenguas de paja,
los terrones agonizaron
esperando la sed de las semillas
y el cuervo, amargo soñador
de un tribunal de osamentas,
apuntó sus ojos con la atención
de aquel que demora en gatillar.
He visto la putrefacción y el nacimiento
repentinos, la paciencia de la hormiga
arrastrando hojas picadas
para amasar el alimento
antes de la amenaza de las lluvias.
He visto erigirse en medio de la arena
grandes Babeles,
miles y miles de siervos desfilaron
por el borde de las empalizadas,
portaban carteles incendiados, bebés que mordían
la teta de una infancia sin palabras.
He visto al gualo mirar en una sola dirección,
se arrastraba, borraba
sus huellas en la arena.
El puma bebía del tajo de la presa
levantaba sus ojos,
a nadie le agradeció su grito saciado.
He visto el final de la estación
horrorosa,
el cielo se cerró como una inflorescencia
para madurar en su interior
la semilla del nuevo origen,
mi mano hendió el barro que cubría la ponzoña.
Pude seguir mirando, dije,
me amparaba la belleza de los nacimientos,
sin embargo, existen tantas artimañas
para resguardar un corazón.
Bebida
Adelante vi a los pájaros ahuyentados de viento,
las nubes golpeaban palmas arriba de mi cabeza,
volaba sobre el ruido. La velocidad me despertó:
cuando bajé la luz era suave y refrescaba
como el agua de las acequias donde bebíamos la siesta,
las manos infantiles ahuecadas, como cascarillas
que la corriente del agua hacía cada vez más transparentes,
raíces móviles subiendo y bajando hasta el ardor de los labios.
Cuando volvía a casa, me toqué la frente: aún estaba vivo.
Refucilos
Las flores de ceibo que aferraba en mis manos de niño
vivían en mis ojos y cubrían de sangre la pobreza,
después del aguacero se alzaban flores verdaderas,
asomaban en los techos de chapas
cuando el metal de la siesta bebía en el vientre del sol.
Las flores del yuchán se estrellaban en la arena
y cicatrizaban las heridas de las espinas rotas.
Aníbal Costilla nació en El Mojón, Pellegrini, Santiago del Estero, Argentina, en 1.980. Es docente, escritor y editor. Escribe poesía y narrativa. Publicó textos en diarios y revistas nacionales e internacionales. Integra la Antología Federal de Poesía, NOA, Consejo Fed. de Inversiones (2.017). Forma parte de la Antología de Poetas Santiagueños (2.013). Publicó, entre otros, los libros Memoria del canto, Dejarse llevar, Esto parece eterno, La urdimbre del miedo, Última oportunidad + 2 Poemas, Antología I, Poesía Circular y El paraíso podría esperar. Obtuvo el 1° Premio Nacional de Poesía Inédita Enrique Banchs (Fund. Arg. para la Poesía, 2022). Forma parte del grupo Poesía Circular y de Poetas del Norte Entero.
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Presentamos a continuación una selección de poemas de la joven escritora, Malena Luján.
Con la memoria en los ojos (Susana Aliano Casales, 2021)
Entre la piel y el hueso limpio
solo hay fotografías.
Entonces me miro las manos
un poco más grises.
El mediodía no quiere
traer torcazas,
el viento no besa
la frente de nadie.
La mano,
cansada del naufragio,
destensa el puño.
El remo se va río abajo.
Ya no queda niño, juguete,
ni canción redonda
que cantar a la muerte.
La mano es una trinchera
y no encontramos tajo
para sangrarla.
La imagen del viento (Casa de Escritores del Uruguay; Fundación Nancy Bacelo; Feria Ideas+,
2021)
Desarmo en mi espalda
los últimos días
de los pájaros.
Yo quiero un jardín solo,
sin fondo, sin agua.
En qué lenguaje despedir
las pequeñas astillas de luz
que me trajiste.
Potrilla (Susana Aliano Casales, 2023)
De potrilla corté
estos dientes
de nácar,
la tripa como un mosaico.
Me salió esta crin y la he dejado.
Alguna vez me prendí fuego.
Hablo la lengua del olvido,
tengo una edad inmarcesible.
Potrilla (Susana Aliano Casales, 2023)
Ciruelas monstruosas me crecen
de las manos.
Mi lengua es ancha,
es enorme.
Hoy voy a pedirle lo que quiera
a las palabras.
Revista Casapaís (2023)
Yo hablo de hombres
anguilas eléctricas
en las que el cielo sucumbe.
Terminan a mi lado, ¿sabés?
esos hombres con sus lenguas,
sus bolsillos tan hombres
y sus voces perladas trasegando
entre las nubes.
Una vez los vi doblarse
morir y descansar,
parir el olvido
aunque no tengan útero.
Y tu espigado filo de flamenco
y tus palabras soñando
con enormes tortugas.
Malena Luján (Montevideo, 2001) es estudiante avanzada de la Tecnicatura Universitaria en Corrección de Estilo (TUCE) y de la Tecnicatura en Dramaturgia (TUD) de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, de la Universidad de la República, en Uruguay. Trabaja como correctora de estilo en diversas publicaciones culturales y científicas, y en proyectos editoriales particulares; coordina el taller de escritura creativa «Tiempo para mirar con las palabras» con niños y adultos en Montevideo y Ciudad de la Costa. Publicó su primer libro de poesía bajo el sello editorial de Susana Aliano Casales, Con la memoria en los ojos (abril, 2021). Recibió una mención especial del Premio Casa de Escritores, edición 2021. Recibió el primer premio del Premio de Poesía Inédita, de la Fundación Nancy Bacelo, Ideas + y Casa de Escritores del Uruguay con la obra La imagen del viento (diciembre, 2021). Publicó los fanzines Palabra (2019) y Abrazo a tiempo para un amor a destiempo, (2020). Su último poemario se titula Potrilla (Susana Aliano Casales, 2023); publicará, de la mano de Luna Insomne Editores (República Dominicana) la antología Despiértenme si todo termina (octubre, 2023).
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Compartimos a continuación, un ramo de poemas de la poeta Pamela De Battista.
De Cuaderno para brujas (EDER 2019)
La costurera
Contra todo silencio
que íntimo
mar
se mueve danza,
contra toda lágrima
que piedra,
aquieta,
soy la costurera.
Se hamaca el pie
se ensaña la mirada
se concentra.
Contra toda la noche despierta
enhebro la letra
hilvano el pensamiento
doy la primera puntada;
el hilo en la tela
abre puertas,
punta con punta
palabra con palabra.
De esta unión ya no se vuelve
ya no
hay vuelta atrás.
Canta el vestido
abre los volados
cae la voz,
su sombra se sacude
se aprieta contra el muro
desespera.
Canta la aguja
se clava
sabe exactamente dónde
sabe exactamente cuándo,
gime el rojo retazo
entregado al relámpago puñal
que lo penetra
que lo transforma.
De esta unión ya no se vuelve
ya no
hay vuelta atrás.
Contra toda la lluvia
que crece en la ventana
como si el vidrio
o mis ojos
fueran una lupa,
triste,
contra toda tristeza
canto
compongo los huecos,
las bocas de la tela,
las yemas se juegan
en una apuesta filosa
punzante
por la forma.
Canto
me detengo
sorbo el agua del poema
pruebo
la temperatura,
adivino
el espacio que ocupa
en la garganta,
canto de nuevo.
Los hilos saben
la tela sabe
la aguja sabe
con qué lenguajes me erotizo,
con qué gesto
el ruedo me conduce
sola
por los bordes.
Canto.
De esta unión ya no se vuelve.
De esta unión
ya no
hay vuelta atrás.
Poema de la trenza (inédito)
Mi abuela guarda
envuelta en papel de diario
la trenza de su hija muerta.
Está en una caja
en la que cada objeto
abisma
o
en la que cada cosa
es
un agujero negro.
Arriba,
en el ropero
reposa.
A veces está buscando algo
a veces revuelve con los brazos en alto
y da al descuido con el cartón
la forma
de la caja de zapatos.
Mirá, me dice,
y saca la tapa.
Descubre el rollo abichado de pequeñas letras.
Desenvuelve,
abre ese canal
al silencio
o peor
a recordar
lo incontrolable.
La trenza es larga
madera
larga
exhalación
contoneada
tres es un número inconmensurable,
un número voluminoso
y moviéndose
una trenza
es tres e infinito.
Sentadas en el borde
de la cama
miramos una parte viva
de una hija muerta.
Entramos a ese horizonte
de sucesos.
Sabemos
que desde ahí
ya no se vuelve.
De Antología Entre Orillas 2021
Ibas a llamarte Orfea
IV
Mi abuela me enseñó a rezar el rosario
y que la devoción responde
a una necesidad
y no a una fe.
Con cada cuenta me hundía
en materia oscura.
A veces íbamos a la iglesia.
Las cúpulas de las iglesias
invitan a caer hacia arriba
como si fuera posible volcarse
en dirección al cielo.
Yo no quiero ir al cielo,
yo no me voy a morir,
pero mejor
no decir algunas cosas.
Tres estatuas de santos
a cada costado.
Una hilera de manos blanquísimas cruzadas en oración pareja
e infinita.
Los ojos,
mejor no sentarse
donde ellos miran.
Los ojos de los santos te ven los pensamientos.
Tengo ocho
diez
quince años
un montón de miedo
ninguna respuesta clara.
V
Con manzanilla nos perfumamos las manos.
Las palmas para la caricia
las palmas para hueco
para amasar el pan y el agua
que refrescará nuestro rostro
cuando el tiempo obre como un buey
en silencio.
Un buey bajo el sol es enorme
está cansado,
y todo lo que sabe es tolerar.
La casa es otra bestia
de la que no nos es dado
departir.
Debajo de las uñas se nos esconden
los hijos muertos.
Se dice que
en el día del casamiento
el deseo de la progenitora
se hace cuerpo.
Ojalá se te mueran
tres de los hijos que tengas,
le dijo a mi abuela su madre.
Debajo de las uñas se nos esconden
los hijos muertos.
Con esas uñas rasgamos la tierra de los patios,
atrapamos pequeños bichos que nos metemos en la boca,
mordemos con insistencia
la dureza
la cáscara
con esas uñas
hacemos chillar la tierra como pan quemándose
como pan negro cubriéndose de brasa
como pan que no va a saciar nunca nuestra hambre.
Dejamos talismanes plantados para después
para las hijas que vendrán
y damos espacio a otros dolores
más cotidianos y urgentes.
Con tilo
nos perfumamos la manos
para dormir mejor
pero antes
las levantamos
abiertas
a la altura de los ojos
también abiertos.
Iguales
manos y ojos son espejos enfrentados
repitiéndonos al infinito
la misma imagen.
Pamela De Battista (Gualeguaychú, Entre Ríos) publicó Cuaderno para el agua (Singular, 2012,
poesía), Cuaderno para brujas (EDER, 2019, premio Fray Mocho poesía) y Envuélveme (Palo
Santo, 2022, novela). Participa en antologías como “Flotar” (Ed. Camalote), Entre Orillas
(Premio provincial 2021) y “Poetas argentinas -1981-2000-” (del Dock).
Esporádicamente dicta talleres de poesía. Forma parte de los equipos organizadores del
Encuentro de escrituras de mujeres y disidencias de género, y del festival literario FRAGUA, en
su ciudad natal.