Las tardes de Dafne

Las tardes de Dafne

Selección de poemas de Rubén Márquez Máximo: Abrazo en la tarde en la quietud del árbol

 

Un nuevo día amanece en nuestros ojos
y el sol que viene hasta mi cuarto
es el mismo que ama en otro sitio
su pie que asoma por debajo
de las sábanas de vivas sombras.

Es la luz que alumbra los distantes pasos
la luz que toca las miradas
y me hace buscarte en medio del vacío.

Luz que se disgrega y se confunde
con el abrazo o la partida.

Busca a Dafne entre la lluvia
el sonido que la nombre
que la toque desde lejos.

En la música de Satie
imagina su mirada
sus labios diluidos en la tarde
porque ella fue humedad que canta
mirada hacia el otoño.

Cuando al fin la lluvia cese
se insinúe oliendo a ella
bebe su aroma y sus destellos.

 

Su vientre se alejaba cada tarde
y la tierra era la llama de las hojas
cuando el otoño nos cubría.

El amor de Dafne
era los fulgores que morían en secreto
la esencia de las flores que termina.

A cada instante la deseaba
pero detrás del regocijo de su cuerpo
se ocultaba la mirada tenue.

 

Hay cosas que he olvidado
olores que han partido
pero aún recuerdo
la rosa sombra que crecía con mi lengua
desbordando su perfume.

Hoy que tus mieles     no viajarán por mi cuerpo
y tu canto no embellecerá las horas de la espera
la memoria se habrá vuelto pesadumbre.

Sin ti
no encontré el sitio exacto
para la mirada del mañana.

 


Rubén Márquez Máximo. (México. 1981) Poeta y Doctor en Literatura Hispanoamericana por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Ha sido incluido en las antologías de poesía: La luz que va dando nombre (1965-1985): Veinte años de la poesía última en México (2007), El oro ensortijado. Poesía viva de México (2009), Antología de poesía contemporánea. México y Colombia (2011), Antología general de la poesía mexicana (2014) y Al menos flores, al menos cantos. Antología de poetas del mundo (2017). En Ediciones Alforja ha publicado el poemario Pleamar en vuelo (2008) en Valparaíso México Las batallas de Eros (2016) y en Círculo de Poesía Ediciones Las tardes de Dafne (2024). Es co-fundador de la Revista electrónica Círculo de Poesía y de su casa editora.

Corazón de agua

Corazón de agua

Cinco poemas del poeta caleño, Ayran Riascos.

Corazón de agua

Mi corazón es una piedra
manchada de musgo
en el frío fondo del riachuelo,
es discípulo de la corriente mística
que mueve al agua en su eterno goce.
Allá arriba
los grillos hacen su reino
después de la tormenta
aquí abajo solo se escucha
el correr de la sangre
el eterno viaje de ida y regreso
al corazón de la tierra.

Que se callen

Que se callen todos los sonidos
que se escondan de mí los intrusos
y que solo sea el silencio quien me llame por mi nombre
Lo siento, voy a retirarme al jardín.

Como la tierra,
me ocultaré de los pasos de los hombres
que cruzan las aceras.
Volveré a ser planta,
canto de río,
lejos del ruido y de todo lo demás,
ahí abajo
seré raíz blanca,
oscuridad y silencio
donde solo la tierra sabrá mi nombre
lejos del ruido y todo lo demás.

Sinvergüenza

Si mis ojos miran hacia adentro,
¿cómo te explico mi rostro?
No necesito desnudar mi carne
para aspirar a tu respeto,
soy el milagro de la diferencia,
el valor cuando me miro al espejo
cuando respiro,
cuando amo,
cuando camino las calles de pocos
con mi existencia como bandera
y sin la cara entre las manos.

Casa de humo

En la casa de humo
no hay sala.
El espacio de los muebles lo ocupan
mi madre y sus máquinas
La casa me ha visto nacer,
ha tomado el sol conmigo después del baño,
ha mutado con la prisa de cada mudanza
me ha visto
desde sus ventanas fantasma
caminar sonámbulo por los pasillos
escuchando mis charlas con los espejos.

En soledad y sentadito a la sombra
he leído en sus paredes las fábulas de la vida,
consejos para enjuagar la escasez
instrucciones para algún día
cambiar lugares
y ser el héroe de mi madre.

Espía

Ella es como un segundo cuerpo debajo de mi cuerpo,
un segundo ser debajo de mi ser,
al despertar le escucho desearme buenos días,
y su voz, que es invisible,
me recuerda un amor que no me toca pero cuyo aroma me desarma.

Me obliga a vivir con la certeza omnipresente de que existe.
Es narrador de fondo y presencia implacable.
Es un universo paralelo hecho de nieve,
cuando afuera el verano arrecia.

Al llegar al lecho le escucho desearme buenas noches,
y su voz, que es un susurro,
me recuerda que es mía pero también de otros.
Me regala cinemática de estrellas,
desde la soledad de su patio
mientras se empapa los pies de rocío.

Desde ahí me ve,
y la veo en mi mente,
y su mirada que es de marfil es una verdad intangible,
una conexión en un mundo de individuos que caminan solitarios.

Al vernos de frente danzamos de lejos,
nos paseamos entre la multitud en plena conciencia de nuestra presencia
un saber de estar juntos,
aunque para los demás seamos extraños

 


Ayran Riascos Mondragón (1993) es un poeta trans caleño, licenciado en lenguas extranjeras y formulador de proyectos en la Universidad del Valle. Fue ganador del primer puesto categoría adultos del XV Concurso de Poesía Inédita de Cali. Ha sido conferencista y poeta invitado del Festival internacional de Poesía de Cali en sus ediciones XX y XXI. En noviembre de 2021, publica su primer libro El que camina, gracias a la convocatoria Estímulos 2021 del Ministerio de Cultura. En 2022 fue invitado a la Feria del Libro de Bogotá e hizo parte del stand Cali La Sucursal en Movimiento. En 2023 fue poeta invitado a la Feria del Libro de Neiva Fil Vorágine. El autor ha distribuido su primera obra personalmente en las librerías independientes de Cali, Bogotá, Medellín y Santa Marta. Sus poemas han sido publicados en diversas antologías, en Colombia como Poesía Joven del Valle del Cauca (2022), la Revista Colombiana La Raíz Invertida (2023) y próximamente en la revista Círculo de Poesía de México (2024). En 2023, cofundó de la mano de Corporación Babilonia, el 1er Encuentro Internacional Cultural: Conexión Latinoamericana. En 2024, es invitado al Festival Internacional Ignacio Rodriguez Galván en Hidalgo, México.

La mejor ruta

La mejor ruta

Dos obras del poeta mexicano, Jorge Contreras Herrera

 

La mejor ruta 

El niño que fui apareció repentinamente en mi hijo,
con él, un tiempo nuevo de tecnología inaudita.

La distancia a mi niñez está llena de polvo
y miedo a las brujas escondidas detrás de los magueyes
que chupan el estómago de los infantes.

Miedo a los robaniños, al cincuate y a los alacranes.
Miedo a las maestras que golpeaban en el salón
por no cumplir con la tarea,
miedo a la vara del pirul que levantaba la piel.
Aún estoy ahí en aquel tiempo
viendo en la noche las formas espectrales de los árboles,
las estrellas para que alguna cayera
rebotando en la atmosfera con su cola fulgurante para pedir el deseo
“no lo digas a nadie para que se cumpla”.

Pienso en los que nacieron deformes
animales y niños por lo que después supe,
fue por las varillas radiactivas enterradas en Maquixco.
En mi tío Valentín, que le dio cáncer,
en mi hermana que le dio cáncer,
en mi prima que le dio cáncer
y no debe ser coincidencia.

En mi infancia íbamos por agua en burro
o una pipa llenaba la cisterna.
Los niños del rumbo
nos bebíamos el aguamiel de los magueyes
y juntábamos chinicuiles en tardes de lluvia
donde el estruendo de los truenos de agosto
despertaba a los subterráneos huéspedes.

Pienso en el viaje a Juquila con la familia
para suplicar el milagro en el cerro del pedimento.
La virgen de Santa Catarina,
Una mártir de la inteligencia que le cercenaron los senos.
Me decían que el rumbo era seguir el lucero más brillante,
Venus, supe su nombre y el de cada planeta visible.

Recuerdo formar con barro la figura de una pareja:
era yo y una mujer que nunca ha llegado o no se ha quedado.
Ese fue mi deseo y no pasaba mi edad de los siete años.

Fue después del temblor de 1985
que al pueblo llegó una niña. Emma.
Ella arreglaba mi cuello de la camisa y yo volaba.
Después, no la volví a ver.
Fue mi epifanía de infancia.

He pensado lo que significa vivir.
Quién no lo ha hecho.
Mirar las flores,
el cielo, las estrellas, los insectos.
Todo, todo parece vibrar con armonía,
atributos de lo perfecto.
Buscamos un significado:
una flecha que diga a donde dirigirnos,
una rosa de los vientos,
una brújula de mano,
un astrolabio, una estrella para andar la mejor ruta.

El ave extiende sus alas
y vuela como si comprendiera al viento.
Quizá ni el ave ni el viento lo saben.

Alguna frecuencia es la realidad.
Ver las formas o la energía.
Lo invisible o lo denso.
Quiero un significado.
Entender.
Veo en mi hijo al niño que fui, o al niño que soy
Y trato de entender la mismidad y la otredad:
Trazar la mejor ruta.

 

Breve biografía inconclusa

Confundí el abandono, el rechazo, la sopa de espinas
el vinagre, las hierbas amargas, los golpes de infancia.

No era amor lo que buscaba y buscaba amor.

Encontraba quien me hiciera otra herida
para culpar por lo amargo,
e hiciera el nudo y quitara la silla.

Busqué la imposible, mi alma perdida
tal como el mito de Eurídice y sus clavículas.

Culpé la serpiente y al talón.

No mires hacia atrás si quieres recuperarla.
No era una mujer a quien había perdido,
era mi voluntad.

No quería escribir poemas,
yo quería jugar futbol, aunque tampoco me gustara,
quería cantar y nunca pude aprender una canción.
Todo me rechazaba, incluso yo.

Eran los vientos del exilio
La tormenta y las olas en un naufragio.
Y aquí estoy.
Aun no soy viejo. Tengo 43 años
y dejé de contar las monedas que dejé en algún saco,
en los pantalones gastados.
Algún billete en medio de un libro
para esos días que necesito cigarros.
Vivo en la misma casa que mis padres y un hermano.
La parte que nos toca más un baño.

Estoy solo. Soy insoportable.

Quisiera reírme de los chistes que cuentan en las reuniones,
aplaudir la gracia que hace el perro,
apasionarme como un fanático a un deporte.

Y quisiera, se los juro,
enamorarme y salir los domingos al parque.

Quisiera no pensar en el alma,
o salir de aquí, de esta ilusión.
Temo profundamente en la existencia del destino.

Que todo está escrito.
No he leído el final de mi vida
para no adelantarme de capítulo.

Ustedes, —no todos—, estamos más allá, en un futuro
de esto que llamamos vida
y no es más que una posibilidad.
Creo que la existencia es esto.
Todos los tiempos suceden, fluyen como el río.
Si veo río arriba veo el pasado
Si voy a su final, veo el mar, su futuro. Y todo está.
Todo está fractalmente conformado.

Esto lo escribí el siguiente año.
Comprenda lo que sucede:
una puerta aparece donde antes había un muro,
El futuro ya pasó, el pasado está por suceder.

Soy de emociones que aturden mi mente un tiempo
y no veo la tormenta creyendo que son aguas calmas.
El silencio me llama al fondo del ruido.

Deja de gustarme el poema que me emocionó hace un año,
le habré puesto signos donde no iban
o escuché mal el dictado y veo el monstruo tomando vida.

Cambio el pasado. Soy un anhedónico. No siento nada.
Es verdad que miento. Me apasionan muchas cosas.
Cambio el pasado. Soy un Hombre en paz.

Tengo los zapatos rotos, es mi excusa para no salir a correr.
El calor en esta habitación derrite la cera
de las velas que compré en Navidad.

Escucho canales de YouTube,
Chet Baker, bekanze bekanze,
mantras budistas que vuelan la cabeza.
Quiero abrir el tercer ojo como aquella vez
que me sentí Buda
dentro de un mandala que se movía en mi conciencia.

La sensibilidad toca notas profundísimas.

Después de un relámpago, escucho un trueno.
El trueno se ramifica en resonancias infinitesimales,
El relámpago va recorriendo mi sangre.
Arbóreo sonido de la luz.

Leo un poema de Dylan Thomas:
“I have longed to move away
From the hissing of the spent lie”.

Quizá Neruda estaba leyendo este poema
cuando escribió Walking a Round.
Y es verdad.
Estoy cansado del interés que debe haber en todo.
Cansado de justificar que se debe a la condición humana.

Pienso en Dylan y Ezra, en su CANTAR XLV;
la usura, la avaricia y la porquería que engendra la mentira.

Debo alejarme, he pensado en dejar de fumar,
no me queda mucho, prefiero el humo que la hipocresía.

No fumo, dejé de fumar en los versos pasados.
Releo lo escrito y veo una fluctuación de conciencia.
Estaba escribiendo un poema, y ya no sé qué edad tengo.

 


Jorge Contreras Herrera (México 1978). Poeta. Ha publicado catorce libros de poesía: Vedo un coniglio guardarmi dalla neve, y Breve biografía incompiuta, Deshoje del Mundo, ¿Quién Soy Otro sino Tú?, Inventario de Caricias, Hojarasca, Entre otros. Participó en antologías internacionales y nacionales.
Director del Festival Internacional de Poesía Ignacio Rodríguez Galván. Miembro del comité del Festival Internacional de Poesía de la Habana y Presidente Honorario Para El 2018. Coordinador editorial del gobierno de Tizayuca, Hidalgo, México.

Poemas al mar

Poemas al mar

Un paseo por la escritura de Mateo Morrison quien participó del último encuentro de poesía en el CCC

Intento de destronar el mar

A Tony Raful

Intento de destronar el mar con mis palabras
a cada trazo cuestionar su existencia milenaria
que las piedras formadoras de islas
respondan hace cuanto tiempo impasibles
reciben el golpeo de los mares.
Y los hombres que creyéndole brazos jugueteaban
y dejaron sus esqueletos entre zargazos
que nos digan si en su fondo es también el mar
desafiante y bravío.

Que los que fueron a sus orillas
tomados de la mano, hablen si es cierto
que sus vaivenes rebosan el corazón de los amantes.

Y que cardúmenes a coro nos relaten
cómo es posible vivir en una habitación de tantas aguas!
Y lo de la sirena,
si es cierta su existencia y sus encantos
y si no, seguir escuchando sus voces en los sueños;
entonces el mar es un contraste de la vida con la muerte
(plenitud de vida).

Por eso
intento destronar el mar con mis palabras.

Donde esta el mar

I

¿Ojo vibrátil del mañana
ojo acuoso de sales
dónde está el mar?
¿Dónde los peces bañándose
en enormes olas impetuosas?
-pregunta el transeúnte-
Y el dedo señala el horizonte:
¿dónde está el mar?
La cabeza da vueltas en una enorme mesa
el índice de nuevo señala el horizonte
y el mar aparece de pronto
humedeciendo los ojos infinitos
del futuro.

Donde esta el mar

II

Caminas en dirección al ojo del mar
no llegarás
te detendrás en cada ola y en cada vaivén
no arribarás a ese cementerio de peces que descubriste
una tarde de amor y de distancias.

Hoy me he detenido en la playa

Al meditar sobre la construcción de los océanos.
Nada me hará dejar mi pensamiento
sin concluir descubriendo los secretos del mar.
¿Alguien antes que yo lo habrá intentado?
No lo sé,pero si hubo respuestas
las dejaron enterradas en la arena.
Será mejor descubrir el misterio
a través de los vientos
que arrastraron la memoria.

Navegar sobre aguas más profundas

Aguzas las briosas
cabalgaduras de lo ignoto,
serpenteas en escalas de abastos.
Sé que te vas en tu marea de burbujas.
Lanzo mi anzuelo.
Quizás esa prensa extraïda
seas tú,
la que en los ceremoniales ofrece solo el cuerpo
mientras el espíritu navega en piélagos
más profundos.

No abordaré más la arena que reclamas,
los colores marinos
diseñados por tus dedos.
Este encuentro fugaz,
furiosamente hermoso,
trazó la línea
entre el amor y el deseo.
Ignoro de qué lado estamos,
qué paisaje nos cubre,
pues el mar no sabe
de respuestas precisas.
Su movimiento juguetea con nosotros.
Anochece…
Nada que no sean estos
instantes inciertos
nos pertenece.

La tensión entre el morir y el vivir

Miedo solo habīa.
Tantos cadáveres flotando…’
Confundo la muerte con el sueño.
No entiendo
el soplo de la vida de que hablamos
aquella tarde en que el mar
parecía sonreír.

Espacios que nos ofrece el mar

Desde la presencia del mar
Hasta el centro de la vida.
(Enrique Eusebio)

Las puertas que cruzamos
antes del deterioro de las naves
no advirtieron el cansancio.
Seguimos sin tiempo
por los espacios que nos ofrecía el mar.
Un conjunto de senderos nos recordó
que otras dimensiones existían.
A veces, en estos estadios,
miramos la tierra con desdén.
¿Será el mar nuestro hábitat preferido?

 


Mateo Morrison (Santo Domingo, República Dominicana) Miembro de la Generación Literaria de Posguerra, fundó el Taller Literario César Vallejo, institución fundamental en el surgimiento de la posterior Generación del 80. Ha sido reconocido por el Senado de la Republica Dominicana y la Cámara de Diputados por su labor cultural. Es Doctor Honoris Causa en Humanidades por la International Writers and Artists Asociation. Es Licenciado en Derecho Magna Cum-Laude con una especialidad en propiedad intelectual y otra Negocios Jurídicos Internacionales. Posee un master en filosofía del mundo Global por la universidad del País Vasco y es egresado del Centro Latinoamericano y del caribe para el desarrollo cultural, en Administración de los Servicios Culturales. En 2010 recibió el Premio Nacional de Literatura la más alta distinción que se otorga a un escritor dominicano en vida. En el 2012 el poder ejecutivo lo distinguió con la Orden de Duarte, Sánchez y Mella, en el grado de caballero, por sus aportes a la cultura y los valores patrios. En el 2019 fue investido como Miembros de Número de la Academia de Ciencias, galardonado con el Caonabo de Oro en el área de literatura y con el premio pluma de oro que otorga Acudebi . Ha escrito más de 30 obras, correspondientes a diversos géneros literarios, alguna de las cuales han sido traducida a diversos idiomas.

 

La voz hermana

La voz hermana

Los poemas que siguen forman parte del libro La voz hermana, por Salvador Biedma, que acaba de salir por la editorial La Ballesta Magnífica.

 

 

Con el trabajo empezado,

llega la hora de tumbarnos al sol

del ruido del tren ausente.

Alda Merini puso números

en la carne aspirada

de cada cigarrillo.

Tus hijos ya lo saben,

lo escriben sin palabras:

la soledad consiste

en no escuchar a los pájaros.

 

*

 

No supe encontrar

sacrificios en la nieve,

las piedras mudas y el negro candil,

el principio y el fin de la luz

de las cuatro de la tarde,

la piel de otra voz

fuera de esta casa.

En cada habitación cuelga

un paisaje blanco y negro

como un cuenco de cenizas.

Destripo otro pájaro ciego

y siempre aparece tu nombre.

Con el mar alrededor

nadie corrige

la geometría de las olas,

nadie sopla las velas

en medio de un tornado.

Quise contar a Bonnefoy

y no pude, no

con esta letra mezclada.

Una vez tuve diez años,

pero ignoro lo que es

decantar las sombras

como hace el chico de aquel poema.

Yo sólo amontoné malas palabras

para silbar por el camino.

 

*

 

Adélia Prado seguramente

vio leer a san Ambrosio.

Quiso vestidos, quiso un novio,

quiso creer en un dios, preparó

la cena de la familia.

Hinchó su cuerpo en emociones, logró decir la migraña,

esconder besos, también llorar

todas las edades.

Se hizo santa en el deseo,

vio el rostro de las máquinas,

la velocidad de las bicicletas.

Contó que fray Tito murió en un árbol,

mostró la valentía de preguntar por qué.

La vida de un pueblo

tiene sus canciones.

¿Y si la casa es la primera

fábrica del mundo?

El almíbar se cuece a fuego lento,

Esther, Jonathan, José y María

comen porotos negros y aman

sin quitarse sus nombres.

Puede ser simple esta alegría,

te miro mientras cambiamos

la luz de la sala.

 

*

 

Anochece en la nieve

y en las agujas de los pinos,

dos voces forman

un murmullo de plegarias

y como pájaro de un dios

por fuera del insomnio

desde la altura

Ajmátova contempla el mundo.

Los años, las guerras, los funerales,

la sinfonía de otros poetas,

el largo peso de la memoria

por el camino, nubes de Rusia,

crisantemos, rostros que abren las casas,

besos que encienden el adiós.

Cuántos amantes llevan

mandarinas en los bolsillos.

Te traje frutas de colores

para saber que no es sábado ya

y que no pido nada.

Qué cabe en un patio de versos,

más vale un poco de sopa,

una cuchara caliente,

el tenaz corazón de una madre

para ese hijo en Siberia.

 

*

 

Querida, ¿vemos las cosas

por segunda vez?

Un pescador junto al río, en su mirada,

prueba la existencia de los árboles.

El árbol está ahí, quién podría decir que no.

Es el río de Pavese, lleno de risas jóvenes,

con la piel embrutecida por soles que besan.

No sé si me animo a meterme.

Él puso explosiones de Dioniso (la poesía nació)

en los diálogos, hizo ensayo de los días,

relató en verso el retorno al idioma

de la niñez, también viajó confinado

a los límites de las páginas. Trabajó la vida

hasta el cansancio, en el arte de narrar,

en el oficio de vivir. Hizo todo

y, sobre todo, sufrió el amor.

Murió de timidez. En Turín y en Roma, al mismo tiempo,

vino la muerte a sus ojos niños.

Pienso en la habitación de hotel casi vacía,

las páginas vividas obsesivamente en orden,

las pastillas y la pipa hasta el final.

Querida, los cajones y los libros

nos invitan a horas de lentitud

si el viento vuela

desde los cristales borrachos del reloj

y te acerca esta carta.

 

Salvador Biedma nació en Buenos Aires en 1979. Ha trabajado como corrector, periodista, editor, traductor y librero. Publicó las novelas Además, el tiempo (2013) y Siempre empuja todo (2018)m el libro de poemas Quizá fuera volviendo (2017) y los libros para las infancias A una vaca (con ilustraciones de Pablo Martín Fernández, 2021), El Muy Fantasma (con ilustraciones de Leo Batic, 2023) y Río de sueño (con ilustraciones de Lorena Méndez, 2023).

Certificados SSL Argentina