by Claudio Medin | 27 \27\America/Argentina/Buenos_Aires mayo \27\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Poesía
Un recorrido por la obra de Marcela Rosales (1970), una de las voces más singulares de la actual poesía de Córdoba.
DIESIS (Alción, 2017)
Side by side
Guárdese cada uno de su compañero
Jeremías 8, 4.
Tomo el bus hacia el final del camino
abrazados al sueño del norte del norte
con ojos rasgados o redondos
reponemos el stock de cuerpos
y basura en los bordes de las aceras
salimos de la selva de la selva
el bus sube abriendo una herida parda
amontonamos cielo ahora
y bajamos los párpados
los montículos de carne vencida
siguen ahí, golpeando detrás de la córnea
aguas marrones las pieles todas
bajo el garrote divino
en los costados del camino se acumulan
las hojas del otoño y los imposibles
cuán dulces son tus ideales, hermano mío
como higos de la canasta buena
mi compañero de asiento lleva pasamontaña
amartilla el rifle y baja del bus
no llega a usarlo
lo trituran como a jugosa breva
a mí que no lo he acompañado también
side by side, de nada sirve.
Jehová ya anunció que no nos escuchará
dice que está cansado de arrepentirse
el bus acelera dando tumbos
tropezamos de a miles en montes de oscuridad.
Él, dice que está cansado.
Cintéotl (dios/diosa del maíz)
Abrazado sin brazo
con el cuerpo colgando hacia el abismo
conduce un deus ex machina
que abusa, viola, engendra y puebla
un desierto de plástico y lámina.
Refulge a su paso el sol a diestra,
y siniestra la negra gola del coyote
engulle un mediodía de asfixia.
De un solo tajo el tren
degüella a México.
En un extremo el mar
en el otro un sueño
en el medio el hambre
de los cuerpos.
Para los que sobreviven
en Cartolandia, Doña Guadalupe
sazona elotes frescos.
Para el miedo y la vigilia
de los que desesperan dentro
en Washington, Mrs. Hillary
promete cartones secos
(¿le creeremos?)
En otros, de tapas duras,
una tercera mujer acusa a la “izquierda”
de arruinar a “América”
(¿con sal, chile y limón?)
-No siempre quien cocina
entiende del deseo-
–Habrá que levantar un muro más alto,
escribe ella.
-Una barrera entre el suelo y el cielo,
pienso.
Porque al cielo invocan
(no a la Iglesia)
los cuerpos panza arriba fundidos
a la Bestia
para cruzar la frontera
–Solo, yo, y dios conmigo,
musita para sí, y no se suelta,
el sin brazo
el sin tierra
el sin muro.
La fe, la de los cuerpos
-la única posible, me digo,
es un incendio sin humo crepitando en la noche
un precipicio sin bordes
un riel de espaldas imantado a la nada
una quemazón sabrosa desgranándose en la boca
una locomotora arrastrada
por el Vagón de Carga==========//
Estación futuro
aunque almuercen semillitas…
DLSO
Bajo las alcantarillas de la ciudad
donde se precipita el lodo
muchachos andrajosos improvisan
pasadizos secretos, imaginarios puentes
para muchachas pecosas
espigadas de centeno y amapola.
En las noches sin luna, negro
mediodía de los miserables
febriles hacedores de paraísos
demuelen las catedrales del hambre
(la cloaca es una equivocación)
en el trigo, vayamos niñas a comer cerezas.
Bajo la calle ajena de la tristeza propia
se los oye reír y nace el canto.
Rescoldo marrón en honda celda,
fuegos pálidos, sombras que nadie sueña.
Yuyos del centro
sólo las grietas de la calle
dibujan vida en la tarde
Cielo Razzo
Inmunes a toda primavera
acomodamos el gesto
a la fugacidad del encuentro.
Él vende palabras en la calle
(yo también)
-Llevala, por favor, es la última,
me pide.
Quiere irse de aquí
(lo sé bien, porque es mi frase favorita
desde que llegué)
“FE Y FUTURO”, leo en la tapa
y rebusco en los bolsillos
no tengo, pienso, dinero sí.
Se lo entrego. Igual no sirve.
Los dos sabemos que las grietas
no dan revancha
apenas una oblicua superficie
propiciatoria de malezas ralas.
Y aun así…
Octubre
no tienes alternativa
si quieres enceguecer
también al viento
Giorgio Caproni
Niega octubre
las plantas agrietadas tomando por asalto
la ciudad, las plazas.
El alud invertido rebalsando los drenajes
la náusea y el hambre.
Niega el hambre
su roja floración, su enceguecida sed
de muchedumbre.
Toman café en los bares los que niegan
la vibración marrón en el pocillo
el derrame inminente sobre sus pulcros zapatos.
Niega el odio
tras el vidrio tras la reja tras el muro tras la lente
tras la mira tras el ojo
y ciérralo, ciérrate para siempre a su evidencia
porque no entenderás su herida sin la tuya.
Niega el miedo
a la piel a su ausencia a la intemperie
a decir a aguardar ser fulminado
por su roce temprano
-de ese miedo sí sabes
no hables de otro-
Niega el rayo
y húndete hasta el embrutecimiento
si es que no quieres ver
tu única revolución triunfante.
Octubre ya ha ocurrido.
In a silent way
Tributo a Aimé Césaire
y Rigoberta Menchú
Una mujer grita.
Contra el mar escollera
quiebra un solo
de Miles Davis.
Su cuerpo fulminado
en el grito.
Cuerpo imposible
de tigre americano
cuerpo serpiente
cuerpo quetzal
cuerpo milagroso
cuerpo piojera de sueños
cuerpo último madero flotante
cuerpo suicida
cuerpo ciénaga y azúcar
cuerpo despreciado
cuerpo indígena
cuerpo guijarro
cuerpo fulgurante
estaño de la trompeta
de Miles atronando
in a silent way
injusto fuego
injusto miedo
ojo fascinador
ojo tuyo
cuerpo mío
de un modo silencioso
de un mudo modo
in a silent way
ay, cuerpo mío.
CIUDAD DE HUECOS (Alción, 2011)
Sunday Morning
Aprendimos a enterrar
nuestro cuerpo en el jardín
con gentil mortalidad.
Roly Rosales
I
Las calles desiertas. El sol quema la puerta
de la Iglesia sin cura. El pueblo es un escarabajo
ebrio en los cálices blancos de los arbustos en celo.
Detrás la casa aúlla (yo aún no sé decirlo).
Jugamos en silencio, tensos.
II
Game over, anochece en la ciudad. Volvemos
por las calles del centro atiborrados de cine y bares.
El bramido del tráfico redime del diálogo. Arriba en
los patios-pajarera de los edificios, la ropa nunca se seca.
Ya sé decirlo: el olor de las magnolias es revulsivo.
III
Es de noche. La podredumbre del día se acumula en las aceras.
Falta el aire. En los ojos desvelados de dos niños
cabe todo el infierno. Detrás del vidrio
miro a mi hermano despedirse de su padre de domingo.
No hay santuario. No se los digo.
Summer
Es 13 de mayo y cumplo 16. Las cuatro
desconocidas opinan que debo festejar.
Nos disfrazamos de nuestras madres
con vestidos de verano años 70’, collares
estridentes y el pelo batido. Temblando
de frío nos abrazamos para la foto en
los escalones de Villa Huecos como divas
de Hollywood descendiendo del avión.
Abajo la multitud enardecida vocifera,
aplaude, aturde. No festeja nada,
básicamente quiere comida. La consigue
apedreando el súper de la esquina.
Yo abro la boca roja de payasa
bien grande y compongo El Grito
entre las manos. Básicamente
quiero dejar de respirar. Lo consigo.
(Como al país, me sobrevive la mueca)
Autómata
Hay trenes que se empacan en maletas
aviones que se guardan en sombreros,
barcos que se doblan en pañuelos
y carrozas que se calzan con los guantes.
Las estaciones, en cambio, no caben,
no caben.
(Se extienden por el mundo como rieles
y nos dejan varados)
Hospital
Me quemaré en tu sol, Concepción.
Hugo Rosales
Rías negras
rías de la vida
rojas rías.
El pico nevado
en lo alto miasmas
flotando en lo bajo.
Cuerpos dolientes-padres ausentes
sombras helándose al sol.
La mujer in
/
grávida
el hijo no
/
nato
el padre no
/
muerto.
El hijo anudado a la madre
la madre anudada al padre
el padre anudado al cable
el cable anudado al viento
el viento anudado al hueco
de mis venas abiertas:
gota-goteo remedio
rojas rías
gota-goteo alimento
rías de la vida
gota-goteo excremento
negras rías.
Hijos silentes-tumbas pacientes
sombras helándose al sol.
Marcela Rosales (Córdoba, 1970), Lic. en Filosofía, Doctora en Ciencia Política. Docente e Investigadora de la Universidad Nacional de Córdoba. Escritora, Integrante del Consejo de Redacción de la Revista Palabras de Poeta. Integrante y fundadora del Grupo de Poesía y Narrativa “Todos los Nombres”. Como poeta publicó Versos como Naves (EDUCC, 2005), Con tu pie desnudo (Alción, 2008), Ciudad de huecos (Alción, 2011), Los Miserables (Otros), Todos los Nombres (Alción, 2013), Incendiados (Alción, 2015) y Diesis (Alción, 2017). Fue incluida en diversas antologías, entre la que destaca Antología Federal de Poesía Argentina, Región Centro (CFI, 2018) compilada por Samuel Bossini.
by Claudio Medin | 27 \27\America/Argentina/Buenos_Aires mayo \27\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Poesía
Poemas de Ángel J. Martínez Haza, poeta cubano radicado en Argentina. En 2017, Estancia recobrada obtuvo el Primer Premio en el Concurso Provincial de Literatura, organizado por la Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta.
Guión
Salgo a la terraza umbría
cuando el poblado gira lentamente
y se va achicando en una esquina de la pantalla.
Muchas telas se alzan al viento y caen,
se alzan y caen.
Cansado de llevar figuraciones
pido un marco insostenible,
otra escalera.
La memoria nos adormece
con su obstinada banda sonora.
¿Me ves, me escuchas
cuando voy a la terraza a contemplar
nuestro reflejo en el borde del ocaso?
Los trapos se levantan al viento,
luego caen.
Latidos de un río, habitaciones.
Y ahora ¿quésigue?
Un animal traslúcido,
erguido entre los cables,
anuncia el final
sin perder la isla de su hechura:
campanario vacío
y dos notas vacilantes
que se apagan con la primera estrella.
Vísperas
Buscábamos entonces algún artificio,
el viento desmedido y blanco
calmó nuestra sed de irrealidad.
En la calle nos quedamos sin faroles,
como podía suceder los jueves
y asistimos, ingenuos,
a la conjunción de todos los actos
en la última estación.
No recuerdo qué ingenié
para demorar el regreso.
Si dije algo quedó prendido
en la madeja nocturna
y la humedad.
Ya no es joven el secreto,
muchas olas desfallecieron
a nuestros pies.
La plenitud se nos ofrece sin rumbos
como una pálida selva de umbrales vencidos.
Testimonio onírico
Una calle antigua,
sólo para caminantes que elijan la piedra gastada y el musgo,
atraviesa la zona más extraña de la ciudad
junto a carcomidos y amables edificios.
En esta casa lóbrega junto a la rivera
estuve antes, mucho antes,
con el agua creciendo en su patio hundido.
Esunacalle cuesta arriba
con portones llamando a estancias posibles.
Allá encuentro la muchedumbre:
nadie me espera,
miran al cielo con asombro infinito.
Yo no miro, no me detengo,
debo seguir la calle
antes que desaparezca entre las brumas.
Velas
Corro entre las bocas de metal.
Junto al círculo pobre
la flama de naranjas continúa.
Despertar enmascarado
alumbrando los rincones del abismo.
Pino, lluvia, salitre.
El delicado temblor de los eventos
cuando se integran en la ronda,
cuando se hacen humo con el humo.
Samsara
¿Qué puede cambiar lo riguroso
cuando tu reflejo deslucido
y el goteo arrítmico de la memoria
dan paso al andar en calma
por la segunda faz del mediodía?
Todo lo que se aleja
conforma nuestro cuerpo.
¿Alguna vez me pensaste,
quizás en un descuido de esa realidad
que nos desprendió las emociones
en la única edad para ser libres?
Alguna vez, entre los pequeñísimos
momentos de claridad
que cada tanto y tanto
se incorporan al destino.
Clusters
Vagamos junto a una gran extensión.
Un buen día
miras sobre tu hombro
y no te agrada
ser el que pareces.
A veces queda demasiado abandono
entre dos sueños
contando, sin embargo, la misma vida.
Aprende a usar la sangre,
sus arreglos.
Permanece en la ventana
o cubre sus ojos con trapos
untados en llovizna y azafrán.
Está oscuro hacia adentro.
Vanos conjuros
Escuchaste una frase desnuda,
radiante, casi en nuestro idioma.
Es fácil adivinar un tibio escondrijo
al amparo de esa voz.
Curiosa,
vuelves a deducir el espacio,
las reacciones.
Hay una lámina de agua
que no sabes traspasar.
Vanos conjuros:
tu imagen llega difusa
al otro lado de la lluvia.
Después
algunos dicen
todo fue muy bien
cómo no
muéstranos tu violín
lentos se despiden
como espectros al amanecer
hay un segundo de viento sobre las cabezas
casi un alivio
esquinas del sonido que persisten
después
cuando nadie recuerda
y volvemos solos entre los charcos
cuando todo acaba en un gesto difuso
aparecen las heladas criaturas y comienzan a reír.
De paso
Sobre el muro se sientan
a mirar constelaciones,
en el salitre, en la piedra
de vencer marejadas.
Abrazados
anuncian la gloria
que sucede en otro sol
y otros designios.
Pero nunca sobre el muro
confesaron los escombros,
tampoco ahora en el suelo espejado
donde se acomodan
mirando a un horizonte seco
y sin navíos para soñar con el levante.
Regazo.
Fuimos añadidos
a la perfecta conjunción de suavidades
y penumbras,
porque tienes esa rara habilidad
de ennoblecer el polvo
y a veces también el infinito.
Caemos en la superficie
donde tantas historias se deshacen,
donde alcanzamos tu suerte,
apacible rincón de casa,
como entrando definitivamente
a un país de alegres olvidos.
Ángel J. Martínez Haza nació en Matanzas, Cuba en 1979. Escritor y músico. Licenciado en el Instituto Superior de Artes, Universidad de las Artes de la Habana. Recibió el Premio de Poesía de la provincia de Salta en 2017 y el Primer Premio de Poesía El Zorzal, Buenos Aires 2011. Fue galardonado en los certámenes literarios Bonifacio Byrne 1986 y Heptagrama 2011. Ha publicado Diálogos del encantador (Vigía 2006), La forma de un sueño (Matanzas, 2008), Reino y travesía (5 sentidos NOA 2013) y Estancia recobrada (Fondo Editorial 2018). Muchos de sus escritos aparecieron en revistas culturales como Vigía, Matanzas y Punto cultural, así como en antologías poéticas de Argentina, Cuba y España. Desde el año 2008 reside en Salta, donde realiza una labor activa como concertista.
by Claudio Medin | 27 \27\America/Argentina/Buenos_Aires mayo \27\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Poesía
Algunos poemas de El movimiento de la tierra, del poeta colombiano Santiago Espinosa (1985). En 2016 el libro obtuvo el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines.
Desde una montaña
Miramos la ciudad. Vemos desde la altura
tu casa o la mía, donde antes estuvo el mar.
Las voces se sumergen
al fondo del espacio
dejando en su lugar
un rumor desconocido.
Tuvimos que escribir para encontrarle
a los fantasmas su lugar bajo la lluvia.
Tantear su marca en la memoria.
Los amigos se marcharon
a otro punto del horizonte,
buscaban la semilla dispersa.
Aviones y promesas
dividían los años.
Nosotros aprendimos
a esperar lo que regresa.
Viendo bajo a las huellas
el movimiento de la Tierra.
Fosa común
Te abres el pecho
largamente
y allí encuentras
dos libros
casas que no alcanzaron
su estatuto
de moradas
el ojo de los dormidos
como un carbón
bajo la niebla
sigue cavando
los rostros de tus abuelos
amarillos
por el cáncer
el uno era político
y soñaba con los trenes
el otro un músico
que le cantaba
a las luciérnagas
Montañas arrastradas
por un río
de voces
pedregosas
y más abajo
el mar.
Ha sido inútil el arte
de cavar huellas.
Abrir un agujero
entre la hierba
y los
papeles
dispersos
para mirar de nuevo
las estrellas.
Mariposa nocturna
…espera que cada uno se realice y consume
con su poder de silencio y de palabra…
Drumond de Andrade
Es inútil que escribamos sobre todo.
Hay que saber esperar.
El poema nace en el vacío
que desplaza otro poema.
Pienso en las mariposas nocturnas
persiguiendo su sombra sobre el techo.
Se alejan y la sombra se perfila,
cuando se acercan demasiado
pierden la imagen en el vuelo.
Es mas o menos así.
Sombras que buscan la luz
para permanecer como sombras.
A veces el silencio es el último
cumplido sobre las cosas que amamos.
Su manera de estar a nuestro lado.
Abuelas
Mujeres de la casa,
muy rápido aprendimos la existencia
de un canon familiar:
la abuela paterna como un ave menuda
sobre las cosas,
nos mira con sus ojos serenos
en el agua de otro tiempo,
la madre de mi madre regresando
desde el ruido,
sus ojos como verdes candiles
en el centro de la fiesta.
Oigo los secadores que se prenden
en los baños de la infancia,
poblando la casa de mercados
y de estadios submarinos.
Miro a las abuelas y miro a las mujeres,
hablándoles a sus hijos del pasado y de los trenes,
hilando con sus historias el secreto
de Irlanda o Santander.
Sin saber quiénes somos ni hacia dónde vamos,
pienso que no tuve pasado sino un puñado de mujeres.
Mujeres despiertas como aves o candiles,
inventando desde sus pasos el rumor y los días.
John fabricante de helados
Lo aceptemos o no, el reto estaría en permitir
el contacto. Entrar en lo que ha estado disperso.
Pienso en esa persona con la que coincidimos
una mañana, extraños el uno para el otro
como ocurre en los sistemas de transporte.
Se presentó como John, de Staten Island,
yo como alguien que viajadesde otro país.
Hubiéramos podido callar pero la escena
seguiría intacta: dos hombres que miran la marea.
John me habla de su familia que está a algunas bancas
de distancia. Su esposa, sus nietos. Se sorprende del
dominiode estos chicos con las nuevas tecnologías,
para él incomprensibles. Me habla de su madre
que está entera a los 90 y vive en las playas
de Long Island. El mundo se ha vuelto numeroso
pero el frío conserva sus historias,
la de John, nos mienta o no desde su voz carrasposa,
quien asegura haber tenido una fábrica de helados
no muy lejos de allí, “el mejor trabajo del mundo”
sostiene, mientras sus ojos se abstraen hacia otro horizonte.
Piensa, sin decirlo, que un joven cualquiera
podría entenderlo mejor que su madre,
de pronto ser la muerte con su abrigo de extranjero,
justo en el más caluroso de los inviernos.
Cuántas cosas ha visto John, cuántas verdades
que quedaron en suspenso. Los recuerdos lo persiguen
como un furgón de cola que no termina de encajar.
Y él allí, siempre adelante de ellos.
Pero ahora hablemos de su voz, algo apagada por los años.
Como si las palabras nos espiaran del otro lado del hielo,
como si no hubiera garganta sino una guitarra de despojos,
abandonada por los suyos entre las piedras y la nieve.
Sus frases tenían la luz de lo que ya está a punto
de desvanecerse. John, pensamos, no le hablaría
a otra persona con la misma confianza,sólo a un extraño.
De pronto la muerte fuera ély esta la última estación,
un símbolo, John de Nueva York y de ninguna parte,
el mar se desplaza bajo el Ferri como dos sedas divididas.
Nos despedimos algo antes de tiempo,
hubo amistad entre los dos. Lo felicito por su familia
mientras él, cálido sin embargo,
me habla desde la escarcha y me desea un feliz viaje.
Esferas
Nunca temimos a los sismos,
nos habituamos a hablar sobre los sismos.
Mi padre señalaba los mapas con el nombre sonoro
de Kobe o San Francisco, Popayán o Tauramena.
Eran viajeros que llegaban desde el fondo de la tierra
con un código de Richter,
o un niño que nacía desde el calor hacia las rocas.
“Las placas se mueven bajo nosotros”,
decía mi padre, “el tiempo es una caricia silenciosa”.
E imaginábamos la lava desplazarse bajo los pies, roja y naranja.
El desplome de los campanarios en el Tiempo del ruido.
Y un espasmo, un remezón de las cortezas más profundas
que hacía bailar todas las cosas, como si despertaran.
Guardábamos el mapa entre los anaqueles. Las fotos se hacían
turbias y nosotros caminábamos sobre el planeta.
El mundo era una esfera llena de voces
y murmullos, una canica redonda y traslúcida.
“Las placas se movían bajo nosotros.
El tiempo, una caricia silenciosa.”
Cuando despertamos por el terremoto de Armenia
vimos las ruinas de la infancia en el televisor.
Vimos las madres y sus hijos llorar a la intemperie.
Los sismos se hicieron viejos
y perversos, y comenzamos a temerles.
Frente a la luz de las pantallas,
viendo el avance de las formas contra el tiempo,
el rostro de los padres comenzó a cuartearse
y fue grabado en sus semblantes
un mapa imperfecto y movedizo.
Santiago Espinosa (Bogotá, 1985). Poeta y ensayista. Profesor del Gimnasio Moderno, donde coordina la Escuela de Maestros. Poemas y ensayos suyos han aparecido en diferentes selecciones de su país y del exterior. En 2015 se publicó en España Escribir en la niebla, compilación de ensayos sobre 14 poetas colombianos. En 2017 apareció en México la antología Luz distinta (Valparaíso México), y la colección de la Universidad El Externado ha publicado su antología Para llegar a este silencio. Su libro El movimiento de la tierra, publicado en España recientemente, ganó el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2016. Recientemente la Editorial Planeta publicó la antología El libro de los animales, poemas para niños de todas las edades, de la que fue compilador.
by Claudio Medin | 27 \27\America/Argentina/Buenos_Aires mayo \27\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Festival de Poesía
Nuestro Espacio Literario. Protagonistas, lugares, fechas y horarios de todas las actividades, con entrada libre y gratuita, que se realizarán durante el mes de mayo en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (Av. Corrientes 1543, Ciudad de Buenos Aires).
ACTIVIDADES de mayo de 2018
De las consecuencias de la luna y otros textos. Presentación del libro de César Domínguez, con la participación del autor y Mauricio Kartun. Miércoles 2 de mayo, sala Jacobo Laks (3° piso) 19 hs
Dramaturgias posibles. Un ciclo donde el teatro es pensado desde la literatura. El jueves 11 de mayo la invitada será Mariana Mazover. Coordina Nara Mansur. Sala Jacobo Lacks (3° piso), 19 hs
Alto guiso. Presentación del libro colectivo de poetas de La Matanza publicado por Editorial Leviatán. Viernes 18 de mayo, sala Meyer Dubrovsky (3° piso), 19 hs.
Las raras circunstancias. La poesía en el CCC. El lunes 28 de mayo Lila Biscia, Celina Feurstein, Guillermo Siles y Juan Sasturain, junto a la música de Romina Pechin. Coordinan: Marina Cavalletti, Romina Dziovenas y Carlos Aldazábal. Sala Osvaldo Pugliese (PB), 19 hs.
by Claudio Medin | 23 \23\America/Argentina/Buenos_Aires abril \23\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Poesía
Una selección de poemas de “Cóndor”, el poemario más reciente de María Casiraghi, acompañados del texto leído por María Malusardi el día de su presentación.
CÓNDOR, DE MARÍA CASIRAGHI
Por María Malusardi
Las aves saben que nunca se alcanza el cielo, dice un verso de María Casiraghi. Nosotros, que sabemos que el cielo es una entelequia –o acaso una alegoría de lo imposible en los ojos –, nos arrojamos (precipitamos) sobre el lenguaje que, al igual que el cielo para las aves, resulta una experiencia abisal, en palabras de José Ángel Valente.
Creo que es necesario, primero, compartir con ustedes el primer poema, ya que nos brinda el tono del libro y además, en tanto umbral, este primer poema acoge –y recogerá – el derrotero de nuestro asombro.
Si quieres ser el primer hombre de la tierra
abre estas rocas, ahora.
Habrá tiempo
después
para pintar las cuevas.
Como el silencio, refúgiate
en los tímpanos de la montaña
oye
solamente
la fe de la naturaleza.
Que se apaguen los otros
esos que esperan
como tú
que suban el telón los buitres.
Porque esta butaca es tuya.
Pero el tiempo, impune,
se ha vuelto desertor.
Paciencia
estos parajes de América
no escupen tiempo ni sangre
son espejos de arena
donde hasta el viento se detiene para verse
con sus alas
incesantes
moviendo la historia.
Verás lo que puedas ver.
Verás solamente
lo que ellos
quieran que veas.
“Verás solamente / lo que ellos / quieren que veas.”
¿Es una advertencia? ¿Un necesidad? ¿Un destino?
En este primer poema se presentan, aunque sin nombrarlos, el cóndor y el humano, que serán protagonistas hasta el final, y se ubican lugares, espacios, que son materia y escenario recurrente (el aire, la montaña, la piedra). Pero también se afirma una arquitectura del lenguaje que mantiene el derrumbe en sus vísperas: cada uno de los poemas que integran el libro se contiene, equilibrado, y la ferocidad (a veces la rabia) es el tendón que nunca se ve pero que por debajo tensa, da el timbre sonoro como cuerda de viola y excita las reverberancias del sentido:
XI
Remontan solitarios, y en esa armonía
se hacen señas
se alejan, vuelven, suben,
orgullosos
desfilan:
esta mañana
nos van a embalsamar.
En la cima
nadie se rinde, nadie se va.
No te das cuenta de que estás en el mundo.
No sientes hambre, ni calor, ni frío.
Un teatro invisible te sostiene
ya no sabes quién es quién en esa nube
feliz de no estar en ningún lado
inmóvil
feliz de ser
un ser
para la muerte
y que ya no importe.
Durante mi lectura, no pude evitar un regreso a Lucrecio, De rerum natura (De la naturaleza de las cosas). Que me derivó, a la vez, a la relectura de un hermoso ensayo del filósofo George Santayana en el que se explaya no sólo con sabiduría sino con belleza sobre la obra de Lucrecio. Dice:
“Parece que estamos leyendo, no la poesía de un poeta acerca de las cosas, sino la poesía de las cosas mismas.”
“Lo que Lucrecio demuestra a la humanidad de una vez por todas –continúa Santayana – es que las cosas tienen su poesía a causa de su propio movimiento y vida, y no simplemente porque nosotros las hayamos convertido en símbolos.”
María Casiraghi logra el amparo de esta reflexión de Santayana. Cóndor, en palabras del filósofo, “descubre los resortes secretos de las apariencias” y de este modo “abre a la contemplación un segundo mundo positivo, la fragua de la naturaleza y sus activas profundidades, donde un mecanismo prodigioso alimenta continuamente nuestra vida…”.
X
Cuando un cóndor
encuentra una grieta
no ve la sangre de la roca
no teme los resquicios
líquidos
de la montaña.
La intemperie es fría
las heridas
calientes.
Sabe
que no puede refugiarse
si no es
donde se ha roto la naturaleza
si no es en ese hueco
que se abre en los paisajes más perfectos
cuando el sismo
de la vida se violenta
tras años de estar quieta.
Sólo allí
donde la piedra se vulnera
el cóndor alimenta sus crías
con la leche de un mar difunto
con la rabia de la roca sedentaria.
La arcilla sufre
cuando es plana
sin cóndor
que la fecunde
y sin viento que la rompa.
Leer poesía es ejercitarse en volar. Volar hacia donde nunca llegaremos.
Cuando transitamos la escritura del poema (cuando leemos) volamos. Cuando el cóndor vuela, nos lee (nos interpela) y nos denuncia. Este poemario nos convoca al vuelo, un vuelo oracular hacia el origen, donde todo se equipara, se alinea y, por eso mismo, nos deriva hacia otra dimensión: “… naturaleza nada aniquila, sino que reduce cada cosa a sus cuerpos primitivos”, escribe Lucrecio.
“La inspiración capital de Lucrecio –nos advierte Santayana– consiste en afirmar que todo lo que observamos a nuestro alrededor, así como nosotros mismos, no es otra cosa sino formas pasajeras de una sustancia permanente.”
Cóndor, como una continuidad secreta –la poesía va trazando sus caminos y sus tramas– se alía con la filosofía lírica de Lucrecio, aunque nos instala en una realidad actual que contempla –alejada de todo didactismo y dato duro – un ave imponente y su geografía como patrimonio simbólico de los pueblos originarios de América.
Pero también “hubo un plan // meticuloso / preciso / / para amputarle el cielo a los cóndores jóvenes”, dice Casiraghi. En nombre de este nombre, ya se sabe, los integrantes de la fuerza aeronáutica lanzaron cuerpos vivos desde los aviones. Esta tragedia política irrumpe en el libro sin perder jamás el lirismo ni la alegoría.
Es la respiración asfixiada de la historia lo que el cóndor lee en su volar:
“Paciencia /estos parajes de América / no escupen tiempo ni sangre // son espejos de arena / donde hasta el viento se detiene para verse / con sus alas / incesantes / moviendo la historia.”
Nos leemos en la ráfaga del cóndor, en esa estela del aire:
“Pero hay un eco que no es nuestro / más allá del río, en la piel de las piedras. // Su sonido se nutre / de la templanza del cóndor.
Hay un cóndor sagrado, otro mítico, otro predador, otro subversivo. Todos son el mismo que ven el mundo desde “la altura del tiempo”, dice María Casiraghi, ese tiempo al que nosotros, humanos, nunca podremos acceder.
***
Selección de poemas
No salen de sus nidos
no se oye siquiera el aleteo de ayer
de años atrás.
Habrá que aprender
que la era de la siembra humana
no comparte relojes
con las horas de las aves
(las madres cóndoras
sólo amamantan su instante
y cultivan terrazas sin época
para que nada suceda).
Habrá que esperar
que los cóndores digieran la mañana
la vendimia en la altura
es siempre suave
como el agua que baña a los niños
como llovizna que roza las campanas.
Ellos recogen corazones recién muertos
y los comen
para duplicar su alma.
*
¿Por qué no siente la amargura del exilio?
haber sido profanado
cambiar de cruz
de alimento
inquebrantable
sigue su rutina
desde el nido
al mar
del mar al basural de los humanos
del basural
al cielo.
Hay que mirarlo
una vida entera
verlo volar
y lavar el hambre de todas las religiones.
Si el confín del cóndor es el cóndor
su cuerpo, en el cielo, es el único límite de dios.
*
No caza
no está hecho para matar
pero es capaz
de provocar tu muerte
su extrema belleza
puede hacerte caer
a lo más profundo de ti.
Así lo hace
con los pobres creyentes
como ese burro
que camina sereno
por la cima del cañadón
y el cóndor,
con su manto adormecedor
lo deja boquiabierto
ojos al cielo
enamorado.
Muy despacio
el estratega del aire
lo lleva al precipicio
en el filo
lo hipnotiza
aletea con violencia
y el burro
de pánico y vértigo
cae.
Días después
su cuerpo ya es carroña
y el ave
inmaculada
lo sale a buscar.
(Estas cosas suceden
cuando el hambre
es grande.
El hombre entierra su moral
y el cóndor
su naturaleza).
*
Si es cierto
que van a desaparecer
y hay criaderos
donde sus madres
son títeres
todo al final
es simulacro
no importa si estás
o si no estás
si te aman
o si amas
más real
más verdadero
es sospechar el amor
y abandonarse en su sensación
que por estar, te amen
que al ser amada, estés.
Porque al amar
entramos
con el cuerpo cosido
en la utopía del amado.
*
Si lo miras bien
el cóndor también es subversivo
desobedece la ley de gravedad
invierte los estados del alma
y nunca desaparece.
Siempre está volviendo
sus alas traen espejos
del más allá.
No sabían
los verdugos
que el cóndor no tiene cuerpo
los siglos en el aire
lo han vuelto una visión,
un espectro.
(el que limpia puede curarte)
Por eso tanta saña y tanto miedo.
Los aparecidos
ya saben volar como los cóndores
el infinito
también tiene sus métodos.
*
EPÍLOGO DEL CÓNDOR
En los extremos de mi cuerpo
vive un instrumento que no tiene nombre
pareciera que es garra
cada dedo una nota
y una ira vieja en cada uña.
Si camino provoco melodías inútiles
teclas negras
son mis alas cuando abro los ojos y me lanzo al día
y en mi garganta
las teclas blancas
cantan a mi pesar
para todo el público.
Soy el silencio
soñando ser alguien en la música
una palabra dicha a tiempo
esa que salva a los humanos
justo antes de tirarse desde el puente.
El día es vasto
y muevo la cabeza
la giro, la revuelvo, y después la zambullo en la carroña.
En mi sombra también soy cóndor.
La oscuridad
si vuela
puede alumbrar el mundo.
María Casiraghi nació en Buenos Aires en 1977. Es poeta, narradora y periodista, licenciada en Letras por la UBA. En poesía, publicó: Escamas de Silencio (2004), Turbanidad (2008), Décima Luna (2011), Loba de Mar (2013) y Albanegra (2015) y Cóndor (2018), todos ellos por Alción Editora, y la antología Vaca de Matadero(Editorial Summa, Lima, Perú, 2017). Poemas suyos se publicaron en diferentes revistas digitales de poesía, nacionales e internacionales. Como periodista/narradora, escribió por encargo los libros de relatos y fotografías Retratos, Patagonia Sur y Patagonia Sur Santa Cruz-Argentina. En narrativa, publicó además el premiado volumen de cuentos Nomadía (Monte Ávila, Venezuela, 2010). Es colaboradora externa de la revista Lugares y desde 2014 forma parte del consejo de redacción de Boca de Sapo: Revista de Arte, Literatura y Pensamiento.