ALESSIO BRANDOLINI: EL CAMINO DE REGRESO

ALESSIO BRANDOLINI: EL CAMINO DE REGRESO

Cinco poemas, en versión bilingüe, del poeta italiano Alessio Brandolini (Roma, 1958) incluidos en la antología El camino de regreso, con prólogo, curaduría y traducción de Marisa Martínez Pérsico (edición en preparación).

 

1

 

Ya es de noche y la pálida luz de la luna funde

la corteza de los nogales que desde aquí

se pueden atisbar, la mirada se pasea, rauda,

en busca de lugares solitarios,

de espacios donde huir y aferrarse, de escondidas

constelaciones que espían los aullidos de la Tierra.

 

La penumbra de las chispas estelares es ya un milagro.

La zozobra se curva, fluye una maraña de estrellas

el invisible movimiento de otros sistemas solares.

La luz desgarra la negrura, multiplica el efluvio

de la hierba y la penumbra estalla para romper

el día. En el cielo plomizo de Roma

el viento se detiene y hay pequeños seres filiformes

que planean sobre el techo: caen, extenuados, al instante

con la mente en planetas que se fugan y en lobos por cuidar.

Al amanecer corren alegres en las palmas de mis manos.

 

 

1

 

È già notte e il pallido chiarore lunare fonde

la corteccia dei noci che da qui si possono

solo intravedere, svelto lo sguardo vaga

per conto suo in cerca di luoghi solitari

di spazi dove fuggire e afferrarsi, di nascoste

costellazioni che spiano gli ululati della Terra.

 

Il buio di faville stellari è già un miracolo.

L’ansia s’inarca, scorre un groviglio di stelle

l’invisibile movimento di altri sistemi solari.

La luce sgrana le tenebre, dilaga l’effluvio

dell’erba e il buio deflagra allo schiudersi

del giorno. Nel plumbeo cielo di Roma

il vento si blocca e piccoli esseri filiformi

planano sul tetto: stanchi crollano all’istante

pensando ai pianeti in fuga, ai lupi da accudire.

All’alba corrono allegri sui palmi delle mie mani.

 

 

 

3

 

El blanco inquieto es un mar que alberga rastros rojos

promete algo que anuda las manos con miradas.

Intactos pero esculpidos por una lluvia densa de meteoritos

así también escribes, para olvidar y mantener la calma:

el día pasa y la noche despeja las vocales, los puntos

en las i. Tan solo queda el canto impenetrable de las estrellas.

 

La arena es terciopelo que fluye sedoso entre los pies

para romper con sus ganzúas ardientes el bullicio infinito

del universo que avanza con rumor de caracol.

Para frenar el dolor que aqueja al roble, arranca

las hojas, las rosas, las alas de los ángeles. Cambia el humor

si pasas y conquistas la guarida: remolino incesante.

 

Medianoche bajo el pueblo, el reverso

del tiempo en una estrella fugaz. Un cohete

brilla atenuado en la carrera, fugaz

en su fulgor incandescente, un testamento

sordomudo incrustado en la cúpula del cielo.

 

 

 

3

 

Il bianco nervoso è un mare con dentro tracce di rosso

promette qualcosa che lega le mani ai vostri sguardi.

Integri, benché scolpiti dalla pioggia fitta di meteoriti

così scrivi qualcosa per dimenticare e rimanere calmo:

il giorno passa e la notte cancella le vocali, i punti

sulle i. Resta soltanto il canto indecifrabile delle stelle.

 

La sabbia è velluto che suadente scorre tra i piedi

sfonda coi suoi caldi grimaldelli il brusio illimitato

dell’universo che avanza con un fracasso da lumaca.

A contenere il dolore che scuote la quercia, strappa

le foglie, le rose, le ali degli angeli. Risale l’umore

quando passi e conquisti la tana: gorgo inarrestabile.

 

Mezzanotte sotto il paese, un rovescio

del tempo nella stella cadente. Un razzo

luminoso affievolito dalla corsa, fugace

nei riflessi incandescenti, un testamento

sordomuto intarsiato nella cupola celeste.

 

 

EL OTRO Y OTRA PARTE

 

I

 

La luz viene de la oscuridad, no hay conflicto

sin encuentro. Baja, sube más arriba

hasta el vacío que cubre los escombros, cierra

las zonas exploradas, los raros días en la cuna.

Hace más de treinta años que trabajas sin guantes,

que extirpas clavos con los dientes, usas la lengua

para abrir un boquete entre el hielo y la nieve

una existencia expandida hacia el mundo y el otro.

 

¡Qué boca espléndida llena de labios

de moretones y remordimientos, de pedazos de mi cuerpo!

De Saturno reflejos del olvido, en la mirada

cavidades del rojo: hambre de vida, el indómito

deseo de escapar y de un lento recorrido.

Entre cartas y fotos de otro tiempo hallas las pruebas:

ventanas destinadas a espiarnos, huellas

en el agua, un mar entre el otro y otra parte.

 

 

 

 

 

L’ALTRO E L’ALTROVE

 

I

 

La luce viene dal buio, non c’è conflitto

senza l’incontro. Scendi, sali più in alto

e il vuoto copre le macerie, chiude

le zone esplorate, i rari giorni nella culla.

Da più di trent’anni lavori senza guanti

strappi chiodi coi denti, usi la lingua

per schiudere un varco tra gelo e neve

un’esistenza estesa al mondo e all’altro.

 

Che splendida bocca piena di labbra

Di lividi e rimorsi, di pezzi del mio corpo!

Da Saturno riflessi d’oblio, nello sguardo

le cavità del rosso: la fame di vita, la folle

voglia di fughe e d’un lento percorso.

Tra lettere e vecchie foto trovi le prove:

finestre appostate a spiarci, impronte

sull’acqua, un mare fra l’altro e l’altrove.

 

 

 

VI

 

Duele el envoltorio que nos contiene.

El ruido aplastado frena el viaje

deforma las voces, seca los espejos

resucita el espectro de los veinte años.

Recuerda más el cuerpo que la mente

las cifras abstrusas tras lanzar los dados

del otro. Sobre el padre un hálito de sol:

¿es la vida este parpadeo de los ojos?

 

Hablamos de teatro, de quien escarba en las cabezas

de los actores. Nosotros distraídos, a veces una broma

pero no renuncio al sabor de lo imposible.

Abro la cortina y una madre ofrece frutas agrias

a las hormigas. La esencia de los otros teje

el sueño que no habría que soñar, descuida el bosque.

No tengo intenciones de engañar: yo vi la luz

herirse en los tejados, golondrinas estrellarse en la pared.

 

 

 

 

 

VI

 

Duole l’involucro che ci contiene.

Il rumore pressato blocca il viaggio

deforma le voci, prosciuga specchi

resuscita lo spettro dei vent’anni.

Il corpo conserva più della mente

cifre astruse dopo il lancio dei dadi

dell’altro. Sul padre un fiato di sole:

la vita è questo agitarsi dell’occhio?

 

Parliamo delle recite, di chi fruga nelle teste

degli attori. Noi distratti, a volte una battuta

però non smetto il gusto dell’impossibile.

Apro il sipario e una madre regala frutti aspri

alle formiche. L’essenza dell’altro tesse

il sogno che non va fatto e trascura il bosco.

Nessuna intenzione di barare: ho visto la luce

ferirsi sui tetti, le rondini schiantarsi sui muri.

 

 

 

PALPO TUS OJOS

 

Ladrillos que invocan casas, el negro del ojo.

Deberías mas no puedes, bien firme en la maraña

del canto de las aves nocturnas: ¿verás huellas

cancelándolas?, ¿decir te amo será fácil o tendrás

que arrancártelo de la boca? Intentas perforar el cráneo

e insertar hormigas pero el mal te precipita

en el granizo que cae en los olivos y en el huerto.

Bajando un poco más hallé el incendio

de la infancia por eso no consigo alzarme en vuelo

entre las nubes. Los barcos esperan a zarpar

los marineros juegan a las cartas en un bar del puerto.

 

Tenías en tus manos el reloj de agua, el ojo

manso de las sirenas, ahora te fugas en el aire, en el río

y en la sombra fluye la línea discontinua de los días.

Abres pasajes por saber dónde te ocultas.

Una cena entre amigos y quisieras que fuese diferente

a ciegas de todo lo que pasa regresa el desorden

de uno mismo y no puedes culparle: apuntalas las paredes

oscila la luz de la mañana. Irradiaba ráfagas

de energía cuando iba a buscarte al trabajo.

Dependiendo de donde uno esté se es lo que se puede: alejarse

de la gusanera, abrirse a las heridas, a las constelaciones.

 

 

 

 

 

PALPO I TUOI OCCHI

 

Mattoni invocano case, il nero dell’occhio.

Dovresti ma non puoi ben saldo tra i grovigli

nel canto degli uccelli notturni: vedrai le orme

cancellandole? Dire ti amo sarà facile o dovrai

strappartelo di bocca? Provi a forare il cranio

a inserire formiche e il male ti coglie al laccio

nella grandine che s’abbatte sugli ulivi, l’orto.

Calandomi più sotto incontrai l’incendio

dell’infanzia per questo non posso librarmi

tra le nubi. Navi attendono di salpare

e i marinai giocano a carte in un bar del porto.

 

Avevi in custodia l’orologio ad acqua, l’occhio

mite delle sirene, ora evadi nel fiato, nel fiume

e nell’ombra scorre la linea spezzata dei giorni.

Spalanchi varchi per scoprire dove ti occulti.

Una cena tra amici e vuoi che sia diverso

all’oscuro di ciò che accade torna l’ingombro

di se stessi e non puoi dargli torto: puntelli i muri

oscilla la luce del mattino. Emanava raffiche

di energia quando veniva a prenderti al lavoro.

In base a dove si sta si è quel che si può: staccarsi

dal verminaio, aprirsi alle ferite, alle costellazioni.

 

Alessio Brandolini vive en Roma, donde se licenció en Letras Modernas. Ha publicado los libros de poesía L’alba a piazza Navona (1992, «Premio Montale – Inédito»), Divisori orientali (2002, «Premio Alfonso Gatto – Opera Prima»), Poesie della terra (2004; también en español: Poemas de la tierra, 2004 e 2014), Il male inconsapevole (2005), Mappe colombiane (2007; también en español: Mapas colombianos, Colombia, 2015), Tevere in fiamme (2008, «Premio Sandro Penna»), Il fiume nel mare (2010, Finalista «Premio Camaiore») e Nello sguardo del lupo (2014). En 2016 se publicó su antología Il futuro è un campo incolto (1992-2014) y en 2017 Il volto e il viaggio (en colaboración con Stefano Cardinali). Sus textos han sido traducidos en revistas italianas y extranjeras. En Costa Rica se publicaron sus antologías En el ojo del lobo (2009) y Desde otro planeta (2014), en Colombia Llamo desde otro planeta (2016), y en el año 2013 publicó su libro de cuentos Un bosco nel muro. Desde el año 2006 coordina «Fili d’aquilone», revista digital de «immagini, idee e Poesia» (imágenes, ideas y Poesía). En 2011 fundó la editorial Edizioni Fili d’Aquilone. Es traductor del español al italiano y cumple una esmerada labor de difusión, en ámbito italiano, de la obra de poetas contemporáneos de España y Latinoamérica.

 

alexbrando@libero.it

www.alessiobrandolini.it

 

ALESSIO BRANDOLINI: EL CAMINO DE REGRESO

Así es el fuego

Poemas del último libro de Mercedes Araujo (Mendoza, 1972), publicado por Club Hem.

 

Inviernos finos y gélidos

 

como cristales

el cuerpo recibe

el calor

de esa selva

que a fogonazos

nos crece dentro

y ofrece lluvias, lianas

y parásitas

tantas que hacen

del jardín dormido

rosaleda,

prado, huerta,

vega, edén

debajo de la helada

cómo maúlla, croa y ruje

este vergel.

 

Es la estación milagrosa:

las noches y los días se salvan

acariciando el hielo.

 

Estrujo ramas, alzo jarillas

y alimento

un fueguito miserable

hasta sacarlo infierno.

 

Los tallos flacos

reflejan juncales carnosos

y bailan frenéticos.

 

Así es el fuego

 

parece que ocurre

en el centro ardiente

de la combustión luminosa

pero es en los bordes

allí

devora

crece

y se alza.

 

 

Un jardín en un brote

 

porque esplendor y follaje

son latencia

así como la falta

es provisión de la memoria

digo

mientras tus manos hábiles

desgranan un racimo

de uvas azules,

los ojos clavados al techo.

 

Cuando las tareas se realizan

mínimas y a ciegas

en movimientos tan precisos

resulta una gracia

semejante a la del sapo

en la espera inmóvil

del insecto.

 

Es lo íntimo:

en apariencia

-sólo en apariencia-

lo simple equivale a lo puro

y lo ingenuo

a reír

cuando delicado

lo inminente estalla.

 

 

 

Trabajar para salvarte

 

pensar en números

labores para el desconsuelo

del impulso a la fuerza

un destornillador flaco

pero hiriente

destroza la escarcha

sobre el pasto raya

con trazos iguales

a esas arruguitas en tu frente.

 

Insomnios, viejos ramalazos

la vida simple del martilleo

y el sueño

de una antigua casa de madera

que fue tu infancia

un poco derruida, decís.

 

Tablón por tablón

habrá que desarmarla

mudarla

frente al abismo de un océano

desandar la rutina

del jardín perdido

trazar planos

ensayar cifras.

 

Mirá esta casa te acordás

cuando era

el viejo stud desmantelado

y en lugar de un jazmín

florecían cardos de cobre.

 

Dijiste que tu madre

lloró de miedo

frente a los escombros

irremontables.

 

Mirala ahora

fíate del gato que es el rey

tan importante

en nuestra conversación

y nada tiene por hacer

excepto abandonarse

estirar las patas

y medir

el espacio con los bigotes.

 

Cuando llueve y truena

el cuerpo manso

o el guerrero

se refugian igual

uno

más cansado que el otro

 

¿eso es triste o es alegre?

Es triste y es alegre.

 

Mirá

mirá bien

la casa de un rey

donde antes había

un viejo stud.

 

 

 

Una mujer y una perra

 

corran bajo la luz

del sol tibio del invierno

todos diremos

el animal terrestre

más bello del barrio

cuando en travesía

las veamos pasar

 

es que el zarandeo

acompasado beneficia

la justa armonía de los lomos

y esas melenas reunidas

parecen

de un león bifronte

una negra manchada y cana

la otra rojo bermellón

como el cielo en la pampa

 

dos lobas

que avanzan al amparo

del montón de primos

y se reconocen

a la primera husmeada.

 

Esta perra tan vieja

no la reconocerías

-has llorado-

ni me oye ni salta ni ladra.

 

Es cierto, puede ser

que el ritmo de la marcha

cambie con los años

y las estrategias

se vuelvan lentas

los sueños breves

pero formar así

un par tan diverso

o ser parientes

sin haberse dicho

una palabra

en la vida entera

y andar mezcladas

una en otra

como se enreda

en la bondad la firmeza.

 

Corran bajo la luz

de la tarde del invierno

yo las miraré venir

tan idénticas: una

con ecuaciones en la cabeza

y otra, en el festejo cabal

de la carne cruda.

 

Corran que a todos nos gusta

esta vida mientras más

se parece

al canto de la sangre

cuando destella

 

bajo la luz dorada salten

los alambrados a ciegas

galopen

 

dos furias en una.

 

 

En el frío de agosto

 

con el cuerpo tibio

respirabas como un corcel.

 

Sobre una vereda rota

tiritando dije

qué puede

salirnos mal

no te conozco

ni vos a mi

 

una vida sencilla quiero

pintar dos días

un larguísimo cordón de blanco

yo elegí dormir

durante un siglo

 

en la diferencia

nace el amor

y la pelea sin fin

aspereza y cuerpo

tarde o temprano se alisan.

 

Hablaste de tu madre

yo de la mía

(de qué si no)

cuando nací pasó una gitana

y sus maldiciones dejó

contaste, tiritar

y decir gitana

el frío, el viento, un abuelo

en el campo salitrado

al borde del mar.

 

En un desierto

reseco al borde del cielo

allí nieva poco pero denso

un abuelo en un viñedo

la savia es el agua

respondí.

 

Al fin nos entregamos

a la providencia

un día, lo que la vida traiga

y lo trae

la evocás

y brota o caen

agua y alimentos

y cuando no

puro equilibrio

entre fuerzas opuestas

será.

 

Dijiste me gustan

los árboles gruesos

a su alrededor crecen

yuyos en sombras

tienen la belleza

que el día no les da.

 

No hay cimientos eternos.

Cada noche anudar las ramas

y desatarlas con la luz del día

los pastos son llanura

hierba, morada

hasta que no lo son.

 

Flores, manantiales

bestias temibles

hay que posarse allí

en sus lomos

 

¿y después?

 

el rastro

las escamas traslucidas.

 

¿Y el amor?

 

El amor es el peso del mundo

sin amor no hay descanso

 

tampoco creas

que tenemos una mínima

incidencia

sobre las iluminaciones

o los venenos

de semejante hiedra.

 

 

Hicimos juramentos

 

cuidaré de vos

en el cielo, el mar y la tierra

o sólo viviré

si sos la rama y la brisa

que la mueve

la sal y el agua

la nube que precede

 

dijimos viento, barro

lágrimas y relámpagos

hagamos juramentos

hoy el día es fuego.

 

Las promesas de amor

son cuerdas invisibles

sirven de alimento

son ruidosas

son domésticas

se cantan de noche

 

nunca son ligeras.

 

 

El ladrar estirado

 

largo en la noche

lo que hoy tengo

dejaste conmigo a tus perros.

 

Me acompañan, a veces

con cara de pena.

Les hablo

de vos

del frío.

Si te nombro

tiemblan

mejor no hacerlo.

Yo sí

yo tengo el corazón áspero

puedo con eso.

 

Cavamos, enterramos huesos

los pastos brotan

vivos y tiernos

el hocico alto

las orejas en punta

nada más cierto o incierto

que el cuerpo:

corre, gruñe o aúlla

tus perros me esconden la pena

 

igual brota

en el ritmo corto

del jadeo

cuando sueñan.

 

 

El miedo

 

tiene el cráneo

en punta

mandíbulas anchas

dientes afilados

ojos grandes

como el buitre

o el halcón

aun con los ojos dormidos

parece

un dinosaurio predador.

 

Nace y crece contento

cualquier día

se corrompe el aire y ya

mejor rendirse, comer

o esconderse

de repente florece y sos

el pescado salinero

atrapado en el arpón

 

entonces una nube parece

una ciudad suspendida

una montaña de doble cima

balanceándose filosa

sobre tu cabeza.

 

Mercedes Araujo (Mendoza, 1972). Publicó los libros de poesía Ásperos Esmeros, Duelo, Viajar sola, La isla, Así es el fuego y la novela La hija de la Cabra. Recibió el Primer premio del Fondo Nacional de las Artes en novela en 2011 y el Tercer premio en poesía en 2009. En 2016 obtuvo la Beca Bicentenario del Fondo Nacional de las Artes en la categoría Letras. Sus poemas forman parte de varias antologías y han sido traducidos al inglés y al francés.

ALESSIO BRANDOLINI: EL CAMINO DE REGRESO

Insurrección de los valles

Algunos poemas del último libro del poeta salteño Marcelo Sutti

 

A la sombra de falsos arrayanes

Los Laureles consagran vaticinios.

Saben que cuando pasa Pulares

llega como una Tiara

la Cuesta del Obispo.

Entonces desperezan

su transición de nuez y de mantillo

y se quedan con todos los sentidos

en adobe cocido por el calor humano.

—————————————————-

Por una mutación de suelo a tierra

El Maray y su verde paquidermo

domina un horizonte que no existe.

Sobre su falda,

ovejas destejen rutinas del rebaño

y el pastor las observa

con un hilo de bruma y de nostalgia.

—————————————————–

Como un río carmesí que se desmadra

así el camino va por El Churcal

al pueblo de Molinos.

Condimentan chañares y algarrobas

los colores que irradia Tiu Pampa.

Mimetizan la boca los pimientos

y el sabor

sobre las dos orillas se desangra.

—————————————————–

No hay otoño en este punto del planeta.

Sólo se pone verde

un sendero de musgo en la vertiente.

Suelo vedado a la hojarasca

y a la putrefacción de la madera,

entonces los cadáveres

conversan todavía

porque en el fondo,

siguen siendo una eterna primavera.

——————————————————-

Desde un cuenco diaguita

el perro bebe agua de cobre.

No sabe que su lengua

lame las manos del rústico alfarero

ni que besa la boca del cazador hambriento.

Otras lenguas debaten

si Colomé es un prófugo del valle

oculto en el Museo de las Luces,

o el museo se oculta en Colomé

para nunca alejarse de los valles.

——————————————————————-

Los álamos de la Finca Gualfín

peinan la cabellera de los cerros.

Se apresura el ganado al bebedero

atraído por el color del agua.

Sobre un barranco,

los loros son el árbol y sus frutos.

El minuto que pasa

no pertenece al tiempo.

———————————————————–

Pega el frío. Rompe labios

y amorata a quien lo desafía.

El humo beatifica

la noche de los ranchos.

Se confunde el sudor con el vapor del agua

porque regresa el padre trashumante

con un puñado dulce en el bolsillo.

El aliento a salitre y a vinagre

justifica sus miedos.

Una risa de fiesta son los niños

cuando ven que a la mesa

no esta invitado el hambre.

————————————————————

Tan cercana parece aquella guerra:

alianza de codicia con la muerte.

El oro de los valles es una lámina

adherida a la piel de los que viven.

Apenas un puñado de condecoraciones

fue el tesoro fugaz de la conquista,

la piel,

no les sirvió de nada.

————————————————————

A la hora de la siesta

el vuelo de un halcón dibuja el éxtasis.

Puede tocarse el filo de los cerros

con igual parsimonia

que el ave detenida por un soplo.

Rompe el silencio

la emboscada del el átomo

cayendo en una pluma.

——————————————————————

El río baja su catarata de horizonte

desde el párpado abierto de la puna.

Engordan su silueta las vertientes

bordadas por el hilo de la lluvia.

Cambia nombres,

se viste de Urubamba

llegando a la estación de Alemanía

y como un tren descarrilado sigue

torciéndole las vías

hasta que la llanura de Guachipas lo contiene

en el Cabra Corral

y su cielo de agua sometida.

 

 

Marcelo Sutti vive en Salta. Tiene editado en poesía Desde entre las espinas (1980), Crepúsculo de tierra (1993), Marcapasos (2011), Viaje quieto (2011), Libertad vigilada (2012). Sonetos imaginario (en sistema braille, 2014), Cuento a gotas (2015), Dípticos (2016) e Insurrección de los valles (2018). Fue integrante de la Orquesta Sinfónica de Salta y Profesor en la escuela Superior de Música de Salta.

ALESSIO BRANDOLINI: EL CAMINO DE REGRESO

Cabeza de tigre. La patria que nos robaron.

Fragmento de la última novela de Marcos Rosenzvaig (Tucumán, 1954) publicada por Alfaguara

 

1.

El disparo resuena en el aire y un cuerpo se desordena en la caída. Los pies rozan la humedad de la bañera. La luz aún se filtra en los ojos cerrados. ¡Qué vergüenza haberme orinado! Gotas de sangre como una runfla de corazones avanzan y se pierden en la rejilla. Los perros descargan el pánico rasguñando la puerta de entrada. Un aullido esquelético, luego la calma. Un velo opalino cubre al hombre de recuerdos como sombras de lo vivido: la llegada a la casa, lo narrado a sus hijos, el disparo y el relincho. Sube un cosquilleo por la cabeza. ¿Se habrá acordado Ana de fumigar como le pedí? Cuando las hormigas avanzan pueden hacer cualquier cosa. Había escuchado hablar sobre hombres comidos por hormigas.
Un sabor amargo en la boca reseca la lengua. El hilo rojo mancha el velo y avanza incansable desde la sien, le rodea el cuello y teje un nudo vaquero en los pulmones. Me hubiese gustado conocer el mar, ser pescador y regresar con el olor de las redes y el color de los zainos en la piel. Tener el cuerpo endurecido, hecho de acantilados feroces y de la violencia de las olas, capaz de nadar hasta islas desconocidas y bucear un diamante en el océano. En lugar de eso tengo este cuerpo de seminarista que con los años se fue desensillando en la rudeza del campo.
La puerta se abre abruptamente. Ana se abalanza. Un gesto excesivo de alarido. La paraliza la suma de cosas por hacer. Sólo atina a arrodillarse y tomarle el pulso. Los hijos tiemblan en el rellano. El hombre, que se llama José Antonio Grimau, los espía como a través del agujero de un telón. No logra establecer si esa noche llegó a contarles el cuento de Cayetano, quizá sea la confusión del momento. La mirada los duplica hasta que se desvanecen. Entonces recuerda que un mes atrás los había llevado a Buenos Aires, al cementerio de la Recoleta, a visitar la tumba del ilustre antepasado. Caminaron casi toda la tarde sin éxito. Él vivió esa contrariedad como una ofensa y se dirigió a la administración a exigir la ubicación de la tumba del teniente Cayetano Grimau y Gálvez. Los recibió un hombre de joroba prominente. Los chicos esperaron cerca de la entrada frente a una máquina de escribir. El empleado buscó al oficial por año y mes de defunción en libros de gran tamaño. Una larga hilera de fallecidos en letra cursiva se extendía longitudinal sobre el papel grueso y amarillento: nombres, edades y causas de muerte. El silencio de la pluma.
Una fotografía mira a los ojos; un nombre escrito carece de mirada.
Sus restos habían quedado fuera del cementerio, extraviados entre huesos y cenizas mezcladas de indigentes y víctimas de la fiebre amarilla. Cayetano Grimau, confundido en los carros desvencijados tirados por caballos cansados que volcaban los cadáveres, uno encima del otro, como en una baraja. Tantos, que los enterradores apostaban para ver cuántos entraban en el mismo hoyo. En ese deshuesado de tripas, en medio de esa multitud anónima, Cayetano había desaparecido.
-Mientras los tenga en mis libros, están vivos -dijo el empleado con un esbozo de sonrisa de maniquí.
Pero José Antonio intuía que la muerte es la nada, que la nada es algo, tierra, y la tierra es la osamenta del mundo. Finalmente es mejor ser tierra que descomponerse por la acción del aire. ¿La acción o la inacción? pensó mirando los ojos turbios del empleado que se movía como un cuerpo abandonado por el alma.
Ahora José Antonio siente el suelo frío bajo los pantalones mojados y se imagina que cabalga y cruza el río. En el recuerdo se confunde con Cayetano. ¿Quién soy? ¿Un niño? ¿Un viejo moribundo? Registra que ya no siente los pies. Esos que abrigaban a los tuyos durante las noches, Ana. Necesitabas tanto abrigo… La pérdida de sensibilidad sube, alcanza las manos, el torso y finalmente la cara. No entiendo por qué mi mente puede lo que mi cuerpo no. La muerte es un ser solitario. Nadie más puede entrar. Nadie puede decir Ego te absolvo, porque no hay perdón para los suicidas.
Abre los ojos temiendo que los hijos no estén allí, temiendo que la mano de Ana lo haya abandonado. Pero no. Todo está quieto como calcado, una imagen fijada para siempre. Quiero recordar este como el día más bello de mi vida. Quiero recordarme joven.
Los dedos largos y pálidos se acercan a su frente sudorosa, caliente, y son ellos, los dedos de Ana, que luchan inútilmente. José Antonio se apena por no poder reaccionar a tanta aflicción, por no responder a tanto amor en sus manos. Qué voy a hacer. Sí, piensa todavía, aunque el aire se resista, aunque no pueda ya colarse entre las rendijas porque al parecer las ventanas se cierran y la oscuridad las sella para siempre. A veces, es necesario que pasen cosas tremendas para retornar sobre los pasos y quitar el polvo de los hábitos endurecidos del alma que esconden el amor debajo de la cama. ¿Por qué no pude pensar esto? ¿Por qué ahora?
En algún lado leyó que lo último que muere en un hombre son sus oídos. Aún escucha todo lo que lo rodea: el llanto de Ana, los niños e incluso el programa radial de música clásica que Ana estaba escuchando en el dormitorio. El hilo rojo continúa tejiéndose, sale por los labios y da una vuelta. Enrosca al cuerpo del otro lado, por el lado que José Antonio ya no puede mirar. Las manos de Ana, como si no se convencieran, continúan cayendo inútiles como una guillotina mocha sobre un cuerpo vacío. ¡Qué indigna es la muerte!
Dicen que los valientes mueren con una mancha húmeda en el pantalón militar; José Antonio agonizaba meado por entero. Ahora dudaba de ser él mismo. ¿O era Cayetano Grimau quien moría? Un minuto después se aclaró todo. Acaba de hacer lo que tendría que haber hecho Cayetano cuando se malogró la misión y volvió a Buenos Aires humillado, cautivo, abochornado por un grupo de matones. Él debió hacer lo que estoy haciendo ahora. Soy él, pero muero como un héroe, sin extender décadas y décadas inútiles para sucumbir en la deshonra de la fiebre amarilla. ¡Yo ajusticié a un traidor de la patria! ¡Yo soy el verdadero Cayetano Grimau!

Marcos Rosenzvaig nació en Tucumán (Argentina) en 1954. Es profesor de Letras por la Universidad de Tucumán y doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Málaga (España) con la tesis “Ser e identidad en la obra de Copi”. Es actor, director y autor de numerosas obras de teatro, como El veneno de la vida, Edipo en la Cruz, Niyinsky, y Regreso a casa, y de varios ensayos entre ellos Técnicas actorales contemporáneas, Breviario de estéticas teatrales, El teatro de la enfermedad, Las artes que atraviesan el teatro, Tadeusz Kantor o los espejos de la muerte y Copi: sexo y teatralidad. Como narrador, publicó Madre, Fuck you!, Qué difícil es decir te quiero, Cabeza de Tigre, Perder la cabeza y Monteagudo, Anatomía de una revolución. Fue publicado en España e Italia. Dirigió numerosas obras de teatro –propias o de otros autores- en la Argentina, España y Suecia. Es el creador del grupo teatral Circus Renacentista.

 

ALESSIO BRANDOLINI: EL CAMINO DE REGRESO

Programación de junio (2018) del Espacio Literario del CCC

Nuestro Espacio Literario. Protagonistas, lugares, fechas y horarios de todas las actividades, con entrada libre y gratuita, que se realizarán durante el mes de junio en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (Av. Corrientes 1543, Ciudad de Buenos Aires).

 

La desobediencia. Presentación de la poesía reunida de Claudia Masin editada por Mulita. Participan Diana Bellessi, Mariano Quirós, Francisco “Tete” Romero y la autora. Martes 5 de junio, sala Solidaridad (2° subsuelo) 20 hs

 

Herbarium. Presentación del libro de Celia Fontán editado por La mariposa y la iguana. Acompañan a la autora Lidia Rocha y Susana Szwarc. Viernes 8 de junio, sala Meyer Dubrovsky (3° piso) 19 hs

 

Gardela. Presentación del libro de Gerardo Foia editado por En Danza. Intervienen Juano Villafañe, Javier Cófreces, Claudio Ferrari, Sergio Vanikoff y el autor. Lunes 11 de junio, sala Osvaldo Pugliese (PB), 19 hs

 

Tanta oralidad. 3° Encuentro internacional de tradición oral “urdimbre de palabras”. Ronda con narradorxs y recopiladorxs orales de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile y Polonia. Martes 12 y jueves 14, 18 hs, salas Osvaldo Pugliese (12) y Meyer Dubrovsky (14).

 

Dramaturgias posibles. Un ciclo donde el teatro es pensado desde la literatura. El jueves 14 de junio el entrevistado será Lisandro Rodríguez. Coordina Nara Mansur. Sala Jacobo Lacks (3° piso), 19 hs

 

Las raras circunstancias. La poesía en el CCC. El lunes 25 de junio Eduardo Espósito,  Valeria Tentoni, Julieta Desmarás y Guillermo Saavedra, junto a la música de Ana Stamponi. Coordinan: Marina Cavalletti, Romina Dziovenas y Carlos Aldazábal. Sala Osvaldo Pugliese (PB), 19 hs.

 

Foros del Espacio Literario Juan L. Ortiz en la SADE. El viernes 29 de junio, Teatro, dramaturgia y política. Participan Mauricio Kartun, Ricardo Talento (Circuito Cultural Barracas), Carlos Fos (Investigador teatral) y Claudio Pansera (Activista cultural). Casa Lugones (SADE) Uruguay 1371, 19 hs. Coordinan: Juano Villafañe y Santiago Alonso.

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