by Claudio Medin | 31 \31\America/Argentina/Buenos_Aires julio \31\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Festival de Poesía, Poesía
Poemas de Claudia Magliano, poeta uruguaya nacida en Montevideo (1974), que este año estará participando de la décima edición del Festival Latinoamericano de Poesía en el Centro.
El recuerdo es mejor que la vida
mientras se vive uno no se da cuenta
no advierte que eso es algo que ya sucedió.
En cambio recordar tiene además el riesgo de poner cosas donde no las hubo
de cambiar el orden de los sueños
de hacer de aquello una maravilla intocable.
Una mañana salíamos de casa con una bolsa llena de uvas
los vecinos nos habían traído una caja de castañas, llevábamos las uvas para dar las gracias por haber sido tan generosos como esos frutos.
Las casas ajenas inquietan
hay rincones por todos lados
huecos donde esconderse del frío
o ventanas por donde atrapar un pájaro.
Así el recuerdo aumenta su carne
la pulpa de las uvas se ensancha hasta formar el vino
la piel de las castañas es menos áspera ahora.
Recordar es mejor que haber vivido
pienso como se piensan las cosas que no se conocen
despacio y en voz baja
para que nadie sepa
que el recuerdo es como el sueño de los animales
ingrato como el sueño de los animales
seco como el sueño de los animales
vacío como el sueño de los animales.
Eso que se pasa por el corazón tantas veces, mejora con el tiempo
y es lo mismo que volar
o que el sueño cuando se sueña que se vuela
eso de tomar impulso y abrir los brazos
o dar un salto que olvida la gravedad y queda suspendido en el aire
el cuerpo, digo,
y lo que adentro lleva el cuerpo
como una bolsa llena de uvas
como una caja de castañas que habremos de poner al fuego
como las casas de los vecinos
-dulces e inquietantes-
como el vino que se sale de las uvas cuando la pulpa crece hasta reventar
y deja un lago rojo, una grieta, un camino de regreso.
Un indicio para salir del sueño.
El corazón de las ciruelas, Ático-Civiles iletrados, 2016
La vez que fuimos a la iglesia porque el primo de mi primo se casaba
yo me había puesto un vestido de color claro y los zapatos que me compraste cuando tomé la comunión.
Esa tarde fue dichosa. Dios había entrado en mi carne. Jesús me tocaba la frente. Comprendí que el fruto de la virgen era su hijo pero también el hijo de un carpintero que había huido de su ciudad en busca de un futuro promisorio.
La niña a la que le habían arrancado el brazo de tanto tirar hacia los costados, me asustaba.
Le temía a su brazo que estaba hecho de metal y de madera.
Por eso me escapé de la iglesia el día que se casó el primo de mi primo que era también mi primo, creo.
Hay cosas que nunca supe cómo llamar.
Eso que tiene que ver con las familias porque las familias son como ramas de árboles que se enredan y no es posible conocer a qué raíces pertenecen. Así que un tilo puede ser en realidad un naranjo o un castaño o una brexia que florece en noviembre y no resiste al frío del invierno.
Esa vez que fuimos a la iglesia vos llevabas puesto un vestido con flores y te habías pintado los ojos, te habías arreglado el pelo con un broche y entrabas como si vos fueras la novia pero sabías que no ibas a casarte.
Yo también lo supe. Supe que no me casaría en esa iglesia en la que también se casaron mis padres. Mamá llevaba un ramo de magnolias en las manos.
Eso lo vi en una fotografía años después cuando mi padre prendió una hoguera de hojas en el jardín.
El día que el primo de mi primo se casaba nos fuimos antes de que terminara la ceremonia.
Ni a vos ni a mí nos gustaban los rituales
los besos en el atrio
los ojos de dios hasta que la muerte los separe.
Es cierto, siempre dijiste que hay cosas peores que morir.
El corazón de las ciruelas, Ático-Civiles iletrados, 2016
El ganado se esparce por el campo y mira fijo las luces del automóvil es necesario apagarlas para que se vayan es necesario el camino libre para avanzar/ la tierra se explaya a los costados solo pasto pradera/ suavemente ondulado/ y los peones corren en sus caballos con las ancas abiertas a los costados se aferran a la carrera luchan campo adentro entre los montes de eucaliptos/ son altos los árboles son muy altos y apenas el sol los cubre en la copa/ se incendian/ arde el establecimiento no es fuego es la pala al rojo con que cortarán el rabo de las ovejas/ y los peones siguen en carrera llegan agotadas las fuerzas liban el vino dulce que vendimia hubo en campo vecino/ abigeato de alcohol para sobrevivir a la tarea de castrar carneros una tarde de verano.
Res, Ático ediciones, 2010
Los peones van descalzos bosta y acero en sus pies duros como madera talada/ van en cueros sus pies abriendo el camino por donde pasan las reses ordeñadas y algún que otro alacrán/ los pies de los peones están hechos de fuerza bravía son machos desde la planta al facón y sus mujeres cocinan en el fuego un poco de oveja/ son hembras como las ovejas que comerán sus machos rudos comerán y después en las casas enhiestos harán su descendencia y serán más hembras o tal vez para que no se extinga el coraje algún macho pequeño que caminará descalzo entre los pastos bosta y acero o no.
Res, Ático ediciones, 2010
Unas pocas líneas no hacen el horizonte
reza en su espalda el pecho
un tajo atravesado es un hombre
después del último discurso.
Le cortaron la cabeza desde el cuello las palabras
no hay balas en esta historia sin bombas sin misiles
al menos para este hombre
tendido como una línea, como un muestrario de guerra.
A veces falla la poesía, erra el centro del verso/ se hace humo/ blanco/ bandera/ estertores de otras voces/ detona la poesía entre las manos de algún moribundo
o del asesino.
¿quién mata? ¿cuál es el momento justo en que se mata a un hombre? Nada piensa la cuchilla de su filo ni sabe la sangre de metales. La alquimia es otra cosa. Fundir la piel/ la carne/ toda la sangre de uno contra las manos de otro.
¿quién lavará esas manos? ¿con qué agua de qué río lavó hamlet su memoria?
El arte es otra cosa. Creo. ¿es arte este poema? Decir la muerte ¿es arte?.
¿es arte la intimidad de la muerte y su asesino? ¿quién asesina entonces? ¿qué dios detrás de dios la trama empieza?¿quién es el que agoniza?
Un hombre tendido sobre la arena es una línea del horizonte. La cintura sosteniendo su cabeza. ¿habrá Creonte que prohíba su entierro? ¿comerán las aves de este sacrilegio?
Un hombre yace tendido como una línea. Creo que no es el horizonte.
(Inédito)
Hay que tener cuidado. Hay que ser cautelosa.
Modosita, decían.
No mirar más que un solo punto, el de adelante.
O la cabeza gacha, agachada, hacia abajo. Bien abajo.
El suelo, las baldosas, el piso, el asfalto, la tierra, el césped, lo que haya debajo de los pies. Mirarlo. Mirar solo hacia ahí. El cielo, el aire, los costados no son para vos. Nada te ha sido reservado. Conservá la postura. La espalda recta, derecha, la curva de tu cuello.
Hay que ser cuidadosa. Tenés que ser cuidadosa. Guardá bien tu cuerpo. Debajo de la ropa guardá bien tu cuerpo. Que no se note que hay un cuerpo allí, una piel, un pliegue.
Hay que ocultarse. Hay que abstenerse de mirar a los ojos, los hocicos, las fauces de los perros.
Los perros parecen animales domésticos. Parecen dóciles los perros. Pero los perros matan. Clavan todo lo que tienen de filoso en los cuerpos blandos, desgarran a veces, se meten adentro de los cuerpos. Arrancan la carne. La destrozan. Y no es para comerla, no. Solo para ser perros matan. Estrangulan con los dientes. Hacen huecos con las garras, dan muerte. Solo por darla. Solo por saberse perros. Más perros todavía.
Hay que tener cuidado. Ser cautelosa. Modosita. Discreta, sobre todo discreta. Tu cuerpo es de los perros. No intentes poseerlo. Poseerte. No te pertenece. No te será dado.
Un hilo de sangre corre por la boca de los perros, cae en finas gotas que se deshacen al contacto con el aire. No es su sangre la que cae. No es de los perros eso que duele. Te duele a vos que no supiste comportarte, mantener la calma que el deseo reclama. No fuiste viva, inteligente, no supiste cómo moverte y te dejaste llevar por el deseo. El deseo te arrastró varios metros sobre la tierra y dejaste un surco. Y eso que vos pensabas en otras descendencias. Creías en tus hijos y en los hijos de los hijos de tus hijos. Y en las hijas de tus hijas y las hijas de las hijas de tus hijas. Creías en una cadena interminable que perpetuaría tu nombre. Por siglos tu nombre estaría en la boca de tu descendencia. Iba a estar, eso pensabas cuando jugaste con las muñecas, cuando dibujaste una casa con chimenea y humo y un árbol y flores alrededor. Porque la vida tenía que prolongarse en el juego, en ese juego que te habían legado solo para vos. Te irías a casar, tan blanco todo, y después esperarías que tu vientre creciera como un globo o una pelota debajo del vestido y aun así estabas dispuesta a parir, porque ese era el designio. Pero los perros se adelantaron a tu suerte, levantaron tu casa bajo la tierra. Te hundieron los ojos los perros porque no supiste no mirarlos. Y eso que solo el suelo te estaba reservado, todo para vos ahí servido para que pusieras la mirada hacia abajo, para que inclinaras bien el cuello, la cabeza, todo tu cuerpo y te quedaras allí como una florcita más a la espera de la lluvia. Como un yuyo que creció imperceptible entre las grandes plantas. Pero tuviste que mirar a los perros, les clavaste los ojos bien adentro, para que te vieran, para que olfatearan tu coraje y te salió mal. Tenías que cuidarte, ser cautelosa, modosita, como decían las hijas de las hijas que te hicieron ver la luz años después de su nacimiento. Y te tocó ser parte de ellas, ser una más te tocó. Y no te diste cuenta, no entendiste que tu cuerpo no te pertenecía y era de los perros, solo para los perros era tu cuerpo.
Publicado en la muestra de poesía uruguaya De divina proporción. Editorial La coqueta, 2017
Claudia Magliano, Montevideo, 1974. Es profesora de Literatura egresada del Instituto de Profesores Artigas (IPA). En poesía ha publicado Nada, premiado en el concurso de Poesía de la Asociación de Bancarios (AEBU) y la Casa de los Escritores del Uruguay, en 2005; Res (Ático Ediciones, 2010), que obtuvo el Primer premio de poesía édita de los Premios anuales de literatura del Ministerio de Educación y cultura (MEC), edición 2012. El corazón de las ciruelas (Civiles Iletrados-Ático Ediciones, 2017), obtuvo una mención en poesía inédita en los Premios anuales de literatura del MEC, edición 2016. El libro inédito de poesía Lo trágico es el olvido obtuvo el primer accésit en el III Concurso de relatos y poesía Letras cascabeleras, Cáceres, España, 2017 y será publicado en mayo de 2019 por Letras Cascabeleras.
by Claudio Medin | 31 \31\America/Argentina/Buenos_Aires julio \31\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Poesía
Compartimos cinco poemas de la Antología pertinaz, que reúne poemas de Julio J. Leite (Ushuaia, 1957), y es el segundo volumen de la colección Confines de la editorial fueguina Viento de Hojas, esta vez en coedición con la Municipalidad de Río Grande, Tierra del Fuego.
La selección –que estuvo a cargo de Niní Bernardello, Federico Rodríguez y Florencia Lobo– viene acompañada por magníficos dibujos de la artista plástica Mónica Alvarado (Ushuaia, 1967).
Preguntita
Y si dios
fuera una trucha
enorme y saltarina,
una arco iris
con un cielo al fondo
y todo el viento?
Y si mi padre Vital
me esperara
sin sangre en la boca
en la otra orilla de la vida?
*
Queseyó
Con su noche de pelos
sobre el lomo,
con su tierra
juguetona de pezuñas
y su constelación canina
brillándome a la vera
inventando humo de amor
–aliento amigo–,
Queseyó camina…
Estoy solo y mi sombra
se llama perro.
*
Premio
Tres búhos
palmean la ira
que tengo por espalda.
Estoy construyendo
con mi húmero
un puñal filoso y pálido
para matarlos.
*
Manifiesto
No creo en los grandes
hacendados de la poesía,
en los latifundistas de la tinta.
Creo
en el ovejero de las letras,
que con los perros rigurosos
de las situaciones cotidianas
van trashumantes
con su piño de ideas
afrontando cuero al cielo
la palabra
para darnos abrigo.
Ellos son los que saben
que no es cuestión
de esperar la esperanza,
sino de ganarla.
Los arquitectos de la literatura
que sigan con sus escuadras,
compases y balanzas.
Nosotros,
–peones constantes–
a fuerza de imagen
construiremos
la justa casa del hombre.
*
El viento un corcel
galopando mi nada
infancia rota

Julio J. Leite (1957) nació en Ushuaia, Tierra del Fuego, y reside en Río Grande, en la misma provincia. Ha publicado los poemarios Cruda poesía fueguina (1986), Primeros fuegos (1988), Edad sol (1990, en coautoría con el poeta Oscar Barrionuevo), Bichitos de luz (1994), De límites y militancias (1996), Aceite humano (1997), Piedrapalabra (2003), Breve tratado sobre la lágrima (2009) e Invocación (2011), y el casete con poemas leídos Julio Leite, Poemas, Tomo I (1998). Poemas suyos han sido incluidos en el Libro de lectura del Bicentenario (Secundaria I) (2010) publicado por el Ministerio de Educación de la Nación, entre otras antologías.
by Claudio Medin | 30 \30\America/Argentina/Buenos_Aires julio \30\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Poesía
Poemas del libro de Julieta Lopérgolo (Rosario, 1973), publicado recientemente por Postales japonesas (2018)
He decidido perdonar
la muerte de mi padre
cuando suceda.
Lo que extraño
no tiene nombre,
no existe.
Aún no sucede.
Sin embargo,
con qué amabilidad
ronda
a veces
lo imperdonable.
Estoy en viaje.
Nunca amanece.
Nunca llego.
Mi padre está muy lejos
de mi viaje.
Estoy en ir,
en un estado que no admite
el tiempo.
Te hablo.
Apuesto a que mis palabras
te despierten,
se ablanden dentro de tu cuerpo,
pacifiquen el aire,
el líquido que infla tu sueño.
Te hablo
y cuando me voy no quiero
ni una sola de las palabras que te dije.
Imagino que flotan protectoras
a tu alrededor,
vendadas con suspiros.
Son fuerzas delicadas,
salmos entonando tu nombre
a la altura de mi corazón.
Todo intento es pequeño.
Así imagino yo
que te defiendo
con un ejército de palabras.
Lejos
una paz aparece.
Por última vez
había que subir a la terraza a destender
tu ropa.
Había que ver cómo algo tan simple
nos hería.
Esa mañana contraria a las demás
la forma de tu cuerpo ondulaba en la soga,
el aire envejecido,
empastado de nada,
todo lo que no.
Queríamos decir mañana y no,
cielo celeste no,
ni vamos,
ni en un rato.
Lo único importante era esa ropa paralela
a la certeza enorme de tu muerte
en los oídos.
Podríamos haber velado directamente
la ropa tendida,
abrazados,
mientras soplaba ese viento desacostumbrado de junio
sobre el techo inocente de tu casa.
Antes de que la enfermedad
que se hizo de tu cuerpo
te impidiera la escritura,
lo escribías todo,
como quien sabe que el deseo
tiene un límite,
o mejor dicho: que el deseo
no tiene cura.
Quieren volver los perros
lastimados,
la jauría incompleta.
No sé qué pierden por los ojos,
si acaso es su desesperación
lo que supuran
y trae un olor dulce y triste
al aire descompuesto.
Buscan a uno
en esa soledad peor que nunca,
en el paisaje equivocado
donde falta.
A una distancia presentida
cierran los ojos,
son puro olor que grita
huyendo de un dolor
para resucitar en otro.
Mitigamos la belleza con nombres,
como si nos curara enfermarnos de eso.
A la espesura de los bosques
la llamamos verde,
oscuridad,
mitos de casas de los árboles;
al polvo de la tierra, humo.
Decimos nervaduras
a las venas quebradas de las hojas,
sangre al color de la respiración.
Llamamos mar
a la deriva persistente del agua.
Llamamos a lo que no habla
con este miedo.
Julieta Lopérgolo nació en Rosario en 1973. Es Licenciada en Letras y en Psicología. “Para que exista esa isla” (publicado por Postales Japonesas) es su primer libro. Actualmente vive en Montevideo.
by Claudio Medin | 30 \30\America/Argentina/Buenos_Aires julio \30\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Ensayo
Fragementos del libro de ensayos de Mercedes Roffé editado por Excursiones (2018)
Prólogo
Este libro surge en principio como un diálogo casi personal con algunos ensayos literarios o filosóficos que me atrajeron particularmente, como Idea de la prosa, de Agamben, Letra herida, de Nuria Amat, El autor y la escritura, de Jünger, o el fundante Livre de lectures de Marthe Robert. De ellos, quizás, algunos de los temas iniciales que dieron materia a mi escritura.
Pronto, esas notas se fueron independizando y buscando otras fuentes de diálogo, sus propios “textos maestros” a los que afiliarse como un comentario o una nota al pie –no por pudor o modestia, sino por la potencialidad que asocio a este tipo de márgenes, y la atracción que despiertan en mí, en la medida en que abren otros espacios de meditación posibles, otras poéticas de la reflexión.
Así, la inagotable sensatez de Canetti, algún pasaje de Cioran o de María Zambrano, de Cixous o de Gottfried Benn, Formas breves de Ricardo Piglia o Poesía etcétera de Jacques Roubaud, fueron sirviendo, cada cual a su modo, de nuevas guías o interlocutores. Los temas y motivos de interés se fueron así expandiendo para dejar entrar también materias no exclusivamente literarias: una muestra de pintura china de los dos últimos siglos; consideraciones alrededor del tema de la traducción; la lectura de los románticos; la concepción del desnudo en Oriente y Occidente; el arte de los simbolistas y las diversas posibilidades de entrar en contacto con su mundo y sus obras.
Pero mal se haría en limitar esas fuentes a aquellos textos de reflexión escritos exclusivamente por escritores. Ensayos de poética, reflexiones sobre el propio hacer y sobre lo que lo circunda, son también los escritos de Chillida, los de Tapiés, los de Antonio Saura, los de Cage, los de Louise Bourgeois, los de Satie, las parcas pistas que adelanta Pärt sobre sus composiciones; las múltiples entradas a su universo que David Lynch facilita en todos los soportes posibles . . .
Estas son las líneas que desembocan en Glosa continua. De allí quizás su inmediatez y sus desvíos. Esta es su genealogía y su marco de referencia; esta la caja de resonancia que hizo posible este diálogo sostenido, múltiple y abierto, paradójicamente tan cercano a un monólogo interior.
* * *
En el primer encuentro del taller de escritura que dictó en Harvard, el 5 de enero de 1966, Elizabeth Bishop confronta así a sus alumnos:
you seem to write a lot of free verse out here. I guess that’s what you call it. I was rather appalled. I just couldn’t scan your “free verse”—and one can scan Eliot. I think some of you are misled about free verse. It isn’t that easy. Look at Eliot—you can scan his descriptive pieces about Cape Ann perfectly, and the same goes for The Four Quartets and The Waste Land. Elizabeth Bishop[1]
Y procede a leer en voz alta un pasaje de Tierra baldía.
* * *
Hay visiones. Visiones del hambre y de la droga. Visiones de la contemplación y de la abstinencia. Hay visiones como las de Hildegard, como las de Buda, como las de los místicos de Tudela y Safed. Visiones de la ceguera y visiones de la ensoñación. Y hay visiones entre la vida y la muerte, entre la vigilia y el sueño, entre el sueño y el despertar.
La pregunta es: ¿Hay representación? ¿Da acceso la visión a alguna realidad otra? ¿O hay sólo eso, la imago –esa alucinación, esa fantasmagoría–, y con eso sería ya bastante –bastante vértigo o bendición?
¿Hay correspondencia alguna entre la visión y otra cosa? ¿es necesario hacerla correlativa a algún tipo de verdad, de mundo, fuera de ella misma? Y en ese caso, ¿como vía hacia qué?
Y hay ideología. Quiero decir: lo aprendido, lo esperable. Que a Teresa de Ávila le haya sido dado ver la Humanidad de Cristo y no el Carro de Ezequiel. Que al boddhitsava le sea dado ver la conexión entre todo lo vivo y no la orgiástica intuición del Día del Juicio que vio Miguel Ángel a pedido de Roma. Que a Michaux en sus viajes con mezcalina no le fuera dado ver ni la interconexión de todas las cosas ni la extremada gloria del Hijo de Dios, sino una enloquecedora sucesión de puntitos…
En todo caso, ¿por qué cualquiera de estas visiones habría de corresponderse con algo –algo, más allá de sí misma? Más aun, más allá de la literatura, la mitología, de la que bebió aquel o aquella que ayunó o ingirió.
Imperfecciones todas; anécdotas previas a la plenitud sonora del vacío.
* * *
Aun cuando lo trascendente no llegue a ocupar, cuantitativamente, más que un ínfimo porcentaje de cualquier vida regular, secular, laica, entiendo la vida como una experiencia fundamental-mente espiritual. Es ese porcentaje ínfimo, o siquiera la intuición de ese vislumbre, lo que sostiene la credibilidad de todo lo demás –su arquitectura callada.
La mayor parte de nuestra vida es ruido, tiempo profano. El trabajo está concebido de modo que no es sino el principal instrumento de alienación. Invasión, por lo general innecesaria –quiero decir: desproporcionada, no sólo con respecto al tiempo que le insume al trabajador, sino también a los bienes que produce. Una gran máquina de perder tiempo, de alejar al ser humano de cualquier sosiego, de cualquier intuición, de cualquier experiencia íntima y verdadera, siquiera a partir del contacto no mediatizado, no ficcionalizado, con sus propios problemas.
* * *
Tal vez temiendo ver derivar en caos el trabajo de toda su vida –sus “pensamientos del alba”– fue que Valéry dio en proponer una serie de categorías bajo las cuales organizar el maremágnum de notas que conformarían los 29 volúmenes de sus Cahiers publicados póstumamente.
Sin embargo, ¿quién podría negar que lo que lo movió durante la mayor parte de su vida a apuntar esas notas no fue sino la voluntad de dejar un registro de lo que más tarde otro filósofo llamaría los “movimientos del pensar”? Era, precisamente, esa errancia, ese deambular, ese constante devenir y rearticularse del pensamiento –de las ciencias a la literatura, de las matemáticas al eros, del dibujo a la política o la psicología– lo que estaba en el punto de miras del autor: algo como hacer de sus cuadernos la imagen magnética no de sus pensamientos, sino de su pensar, del humano pensar.
Malhaya, entonces, las ediciones que deciden seguir aquellas pistas, apuntadas como a contrapelo del deseo que signó la escritura de esos carnets. Pues si de lo que se trataba era, precisamente, de dejar huella del constante trabajo del intelecto, ¿cómo justificar el artificio que supone fijar en temas tan sostenido nomadismo?
Asistimos así a un esfuerzo que en vez de revelarnos el funcionamiento del mismísimo acto de reflexionar, nos depara un numeroso cúmulo de reflexiones prolijamente catalogadas bajo los títulos: Cuadernos, Ego, Literatura, Poética, Poesía, Temas, Eros, Ciencia, Matemáticas…
La máquina de maquinar ahogada por la compulsión clasificatoria.
* * *
Experimentación, permisividad, y la necesidad y la alegría de volver a nombrar las cosas primordiales.
* * *
¿Qué es el misterio, qué es lo “misterioso” en poesía?
El misterio, todo lo desconocido que la poesía revela. Lo misterioso, que ciertas palabras se amen, o se imanten.
* * *
¿La función del/la poeta? Desaparecer. Dejar que las palabras hablen precisamente allí donde él/ella deja de interponerse.
[1] Conversations with Elizabeth Bishop. Edited by George Monteiro. University Press of Mississippi, 1996, page 40.
MERCEDES ROFFÉ es una de las voces de la poesía argentina actual de mayor reconocimiento internacional. Libros suyos se publicaron inicialmente en España y Latinoamérica y, en traducción, en Italia, Quebec, Rumania, Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Su poemario La ópera fantasma (Vaso Roto, 2012) fue elegido uno de los mejores libros del año por dos prestigiosos periódicos mexicanos. Le siguió Carcaj : Vislumbres (Vaso Roto, 2014). En 2012, la editorial Amargord reedita su Canto errante seguido de Memorial de agravios (Colección Transatlántica) y publica la compilación de entrevistas a la autora La interrogación incesante 1996-2012 (Colección ONCE). En 2016 se publica en Sevilla su Diario ínfimo (Ediciones La Isla de Siltolá). En 2017 se publican en Latinoamérica tres antologías de su obra: El Michaux (Tintas) y otros poemas (Puebla, BUAP), Todo alumbra (Quito, El Ángel) y El desierto y el oro (Sgo. de Chile, RIL/Aérea). Desde 1998 dirige Ediciones Pen Press. Entre otras distinciones, recibió las becas John S. Guggenheim (2001) y Civitella Ranieri (2012). Desde 1995 vive en Nueva York.
Foto de Constanza Niscovolos
by Claudio Medin | 30 \30\America/Argentina/Buenos_Aires julio \30\America/Argentina/Buenos_Aires 2018 | Poesía
Poemas del libro “A nadie le importa”, publicado por La gran Nilson en 2016
Plan de paz
No hay paz sincera
ni planes sin fisura.
En aquelarre mediático,
uno de los nuestros, cayó en la
trampa humillado, al estirar el brazo
en símbolo fraterno.
Ahora su cabeza se exhibe
frente al Obelisco,
en una horca 3D.
Y el mandante
a todas luces declara que
fue involuntario, el haber
dicho ‘todo negro es
bienvenido
lejos de la frontera’.
Lección primera:
nunca creas en quienes
te ofrecen caramelos
mientras te quitan los zapatos.
Lección segunda:
nunca aceptes botellas de Coca-Cola,
abiertas
en dependencias policiales.
Lección tercera:
nunca dejes que un mito
se consuma con sandía y vino.
Lección cuarta:
nunca dejes que un holograma
disipe tus mejores aromas.
Ficciones
La nostalgia confunde
distorsiona eso que evoca.
Fantasmas de galera
con tono imperativo reclaman
faena de oraciones
cacerolas batientes
restauración del mando.
Su-realidad vencedora
ejerce sin límites
en terreno apropiado
legiones poseedoras
con sus cucardas
espantan a la plebe
dispersan efluvios
sobre avenida Santa Fe
para que vuelva a convertirse
desde plaza San Martín
hasta La Rural, en una carretera
de sentido único
con su mano invisible
de orden y progreso.
Cambio de color
A veces se puede
reconstruir un trayecto si
hurgamos entre capas
muy profundas de
nuestras acciones.
Se piensa: qué hacemos
cómo llegamos hasta aquí
quién está bajo nuestro techo
si esto sirve para seguir
en modo programa
con la llama activa
a pesar de la tormenta.
Y sospechamos
matar, matarse, morir de muerte
herida derramada, es un desvío
si se busca despegar en el viento.
Y sospechamos
en medio de ruinas
la carne blanda se derrite
en pocos minutos
cuando la fogata cambia de color.
La chispa
Se quiere paz cuando hay guerra
y en la paz algunos pesados
piden sangre pa’los que
interfieren sus negocios.
Si hay represalia el desconcierto
se apodera de los pasos
el andar de miles
no cambia nada en apariencia
es más bien
poesía cargada de futuro
escenario adecuado
para que una chispa
encienda la hojarasca.
Algunos dicen
en el pasto seco alcanza
una chispa bien dirigida para
que arda la espesura.
Así, con un alma en piedra,
se golpearían nuevas
piedras hasta que apareciera
la potencia transformadora
de la materia en un gran fuego.
Otros quieren esparcir
pequeños focos ardientes
en campo abierto
confían en sus luces
como un destino mágico.
Con firmeza
insistimos durante añares
la maleza tarda
en ponerse a punto.
Está demostrado:
repartir chisperos no siempre
genera fuego envolvente
tampoco una hoguera bien
alimentada, garantiza
una llama perdurable.
Para encontrarse
Algún día, tal vez no importen
reglas virtuales de esta ciudad
algún día tendremos alternativas
al diseño colonial de las calles.
Algún día un urbanista nacido
de las entrañas de un árbol añoso
transformará en laberintos borgeanos
este bloque de líneas rectas.
Así podríamos evitar el
código de los negocios
desandar legados de virreyes
producir organismos
sinfines mutantes.
En una pequeña parte
del territorio, por el momento,
la clave es: salida a paso lento,
avance, retroceso, giros inesperados
sin objetivo aparente, explorar
algo nuevo en las mismas coordenadas.
Si te movés por Ballivián el destino es
Ginebra. Aunque, si la idea es seguir
hacia Liverpool, entonces llegarías
a Londres. Y al decidir un camino
recto, insólitamente, se proyecta
Dublin al Sur. Pero cuando
preferís zapatear por Bauness
es mejor un giro a la izquierda
y no retroceder en Cádiz.
El miedo a perderse
intimida a taxistas, carteros
y guardianes del orden.
En cambio, es atrapante
para quienes deciden buscar
su propio monstruo,
en el laberinto de sus palabras.
Sin temor al desvarío
porque sabemos, de todo laberinto
siempre se sale por arriba.
Hace falta…
Hace falta preguntarse,
cuando el calor aprieta, qué pasa
con la espuma de las olas
cómo sobreviven sin ser pensadas
sin reflejarse en otros
qué camino toman
mareas en lucha
cómo recuperan su fuerza
al entreverarse con Orixás.
Algunos quedamos
en telaraña de calles
con bolsillos resecos,
entre ardores subtropicales,
extrañados del vacío
sin autos ni gente.
Sólo nos queda sacar fotos
a los rebotes soleados
dormir bajo un árbol junto a
la amada inmóvil,
o quizás derretirnos
con el hormigón,
pasear por un parque
y meter las patas en la fuente.
El grito infinito
No avanzar, stop,
un alto en la huella
el mundo se detiene
al menos un rato
Caminabas hipersensible
sobre puente Alsina,
en color sepia, inescrutable,
una silueta de otro siglo.
Tu imaginación se puebla
de gritos y de sombras
salidos de cavernas
nervios crujen, se resienten
un deja vú interminable.
Pájaros traen en sus plumas
verdades enlatadas
para supermercados
Sin moverse, a pesar de la
penumbra de sus aguas, se avizora
Riachuelo fundido en metales
sobras del gatillo fácil.
Estruendo mudo
se apodera de tu sistema.
Pronto tu cabeza será
un sonajero para niños,
recuerdo de compañeros
anomalía de la memoria.
Lo que resuena en
brumas agitadas es
frío inyectado en los huesos.
Travesía mental
Quien anda sin rumbo
tarda mucho en comprender
cabeza-piernas desfasadas.
Primero izquierda, luego derecha,
una temporada de falocentrismo
y después a empezar de nuevo.
Van y vienen sin criterio aparente
plenos de coartadas, rebusques de ocasión.
Antes vagaban por Independencia
con el pecho inflado pero
decidieron girar a la izquierda
en avenida 9 de Julio
para terminar en Estados Unidos.
Allí se pierden sus pasos
en el magma de la indiferencia.
Verdadero misterio es saber lo que irradia
un mar de cabezas en sincronía
pues si acaso pudiera ocultarse en
El lado oscuro de la luna.
Quienes andan sin rumbo
dicen que pensar demasiado
sustrae la acción al cuerpo
pero no podría decir sin pensar
sería terrible no hacer preguntas.
Dicen en el diario que
si no hubiera cuestionamientos
las personas serían
noventa y dos por ciento más felices.
Y en las encuestas se demostraría que,
si se acataran las normas, al consenso
se podría llegar con facilidad.
Aun así, aunque luzcan
muy probadas, las estadísticas
nunca resultan confiables.
Los rayos
¡Qué te parta un rayo!
lanzaron hacia vos
en perpetua condena y
te arrebataron.
Ante cada amenaza
de aguacero quedás
chamuscado sin mojadura.
Último recurso, alejarse entre
diques de un puerto caído
para obtener equilibrio, electricidad
a distancia de-vida.
El agua recibe tu vacío
lleno de ondas planas
sin cruces ni petates.
Abrís tu garganta esperando
alivio en forma de gotas
gotas de palabras
re piquetean / re que te pican
hasta desangrar tu lengua.
Una lengua cortada a cuchillo
no puede saborear
silabeo infértil a todo trapo.
Y te preguntás con furia
si esas descargas incendiarias
convierten un gruñido en adagio,
un tibio en Maldoror.
A nadie
A nadie sorprende
un perro ileso
caído de un balcón
Chopin interpretado
por gatos siameses
con un piano de juguete
miles de cosas pasan
al mismo tiempo
nadie se satura
de indolencia nada
a nadie le importa
el olvido nunca
conviene
dejarse llevar
por habladurías.
A nadie nada
importa si los gatos
son un simulacro
o si el perro se disuelve
como un meteorito
al estrellarse contra el piso.
Nadie se sorprende
por el tiempo de arena
nadie se satura nunca
de habladurías a nadie
conviene
dejarse llevar
el olvido de nada
a nadie le importa.
Fernando Gabriel Caniza nació en la ciudad de Buenos Aires. Es escritor, periodista, docente y gestor cultural. Publicó los poemarios A nadie le importa (la gran Nilson, 2016) y Luces de hospital (Araña Editorial, Valencia, 2004). Tiene otro libro esperando su publicación. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA). Fue redactor en el diario La Nación y es docente titular en la Universidad de Palermo. Asesora en Comunicación organizacional con su propia consultora. Se desempeña en gestión cultural con la curaduría del ciclo Transpolar de literatura+música+imágenes (2013, hasta la fecha). Coordinó mesas de lectura en en el festival Poética (Centro Cultural Kirchner) y Festival Internacional de Poesía (Feria del Libro de Buenos Aires, 2009) Entre 2009-2012 integró la comisión directiva de la Sociedad de Escritores de la Argentina (SEA).