by Claudio Medin | 11 \11\America/Argentina/Buenos_Aires mayo \11\America/Argentina/Buenos_Aires 2021 | Notas, Poesía
Nota en homenaje al gran poeta Rodolfo Alonso, fallecido el 19 de enero de 2021.
Me gustaría empezar afirmando que la poesía de Rodolfo Alonso da vida, da ganas de vivir, ayuda a vivir: “Yo quiero ser / de los que aman la vida / de los que son la vida / candente inimitable”. La vida, como el amor, son dos de los temas centrales de su obra poética. En ese sentido, no es para nada extraño que su duodécimo libro de poemas se titule Señora Vida. Asimismo, es preciso expresar que la poesía ocupó, en muchos sentidos, gran parte de su vida y, hasta me atrevo a decir, que dedicó su vida a la poesía. Dicho de otro modo, su vida fue una defensa de la poesía (agregamos, que ese es el título de su quinto libro de ensayos). Con lo cual, constatamos que vida y poesía se hallan indisolublemente unidas en la palabra de Rodolfo Alonso. O, como él mismo explicó más de una vez, en consonancia con su pertenencia a las vanguardias artísticas del siglo XX, la poesía es considerada una “manera de vivir” (Tristán Tzara).
El amor, ya lo mencionamos, es otro de los núcleos de su poesía: “la que yo amo distribuye el tiempo”, “no morirán los ojos del amor” o “cantan las manos / de mi amor”. Se vuelve tan necesario como el aire para seguir existiendo y toma dimensiones metafísicas, universales, cósmicas: “Un día cualquiera volveré a amarte como en el gesto primero del mundo” o “el amor que hace girar al mundo / tirano de la muerte / bello y fugitivo”. Como ya quedó dicho, el amor, pero, también, la comunión entre los humanos, en una intensa cooperación fraterna: “nosotros somos otros // somos el otro” o “…si te duelen / las cadenas / las manos de los otros”.
La naturaleza es otro de los temas que recorren su obra, su belleza y el peligro constante en que la coloca la voracidad del capitalismo neoliberal. En el poema El joven fresno dice, se puede leer: “Yo no acumulo / yo prosigo // Yo no seduzco / yo me doy // Yo no me exhibo / yo crezco”. De igual modo, se hace visible la naturaleza en un sentido metafísico: “El paraíso es un sueño animal” o “Un grillo / sostiene el Universo”.
Por otro lado, no puedo, aunque sea, dejar de mencionar la importancia que toman en su obra el lenguaje (su ensayo En el mar del lenguaje), la cultura popular (su poema Ángel Vargas) y la creación artística (“la voz que usa tu cuerpo”).
Su trabajo como traductor, que se dio y formó parte de su trabajo como poeta, tuvo como claro objetivo la defensa de la gran poesía, como la llamaba él mismo, a través de quienes, para él, son los grandes poetas de la humanidad: Pavese, Ungaretti, René Char, Sophia de Mello Breyner Andresen, Drummond de Andrade, Murilo Mendes, Manuel Bandeira, Paul Éluard, Apollinaire, Baudelaire, Dino Campana, Prévert, Saint-Poul-Roux, Mallarmé, António Ramos Rosa, Pasolini, Rosalía de Castro, Guido Cavalcanti, Montale, Umberto Saba, Valéry, Paul Celan, Pessoa, Ledo Ivo, entre otras y otros. Esta lista se ve completada con los poetas de lengua castellana que él admiraba y quería: César Vallejo, Miguel Hernández, Juan Gelman, Juan L. Ortiz, Edgar Bayley, Raúl Gustavo Aguirre, Quevedo, San Juan de la Cruz, Garcilaso de la Vega, Manuel J. Castilla, Macedonio Fernández y Francisco Madariaga, entre otras y otros. Muchos de los cuales fueron sus amigos.
Esta defensa de la poesía se torna, en varios de sus escritos, una defensa de la humanidad y del planeta (“Sin verde no hay futuro. / Ni presente posible” o sus poemas Razón de ozono, donde afirma: “A la placenta atmósfera / le criamos un cáncer”, y Velorio del glaciar: “tanta innoble / insaciable / avidez / de aridez”), que se encuentran en peligro debido a un sistema económico, político y cultural siniestro: el neoliberalismo. Al cual se opuso y criticó, en la palabra y en la acción, siempre: “El oro dictador / Seca avaricia / Agoniza las fuentes // El oro codicioso / Oso de usura / Ahorra hasta muerte”. Entre las innumerables citas que se podrían encontrar al respecto, en su libro de ensayos República de viento, publicado en 2007, escribe: “La sociedad de consumo, que a través de los grandes medios tecnocráticos de (in)comunicación se fue constituyendo en sociedad del espectáculo, se ha vuelto ahora físicamente planetaria, sutilmente seductora, amablemente compulsiva, espiritualmente invasora, confortablemente totalitaria. No necesita violentarnos con la fuerza física: nos rodea, nos envuelve, nos impregna”.
Por todo lo dicho, declaro que la poesía de Rodolfo Alonso nos da vida en un “duro mundo” donde “el bello amor / arrasará”.
by Claudio Medin | 16 \16\America/Argentina/Buenos_Aires marzo \16\America/Argentina/Buenos_Aires 2020 | Notas, Poesía
Olga Orozco y una obra que es un paraíso, o un jardin, que germina, además, en otras creaciones. Anotaciones, diálogos e intertextos.
Distintas instituciones gubernamentales y asociaciones tenían planificados para este 17 de marzo recordatorios por el centenario del nacimiento de la poeta y periodista Olga Orozco, pero debido que no pueden realizarse actos o actividades con mucho público por el coronavirus debieron suspenderse o postergarse para otra fecha.
Como consta en numerosas bibliografías, el nacimiento de Olga Nilda Gugliotta Orozco había ocurrido en Toay, La Pampa, el 17 de marzo de 1920. A los 8 años abandona la provincia con su familia y se radican en la ciudad de Bahía Blanca (Buenos Aires).
Orozco escribe: “[..] mi casa, la única sobreviviente familiar que me queda. Cuando me fui de Toay, la encontré en cada casa donde viví. […] Dije ‘cuando me fui de Toay’ ¿Me fui del todo alguna vez? Toay es una puerta que se quedó abierta para siempre en mi memoria y por la que podía entrar a mi antojo para encontrar la fiesta o el sosiego” (en el Libro de Oro del Centenario de Toay, 1994).
No haremos un racconto de su trayectoria que ya es conocida por sus lectores, pero si algunas consideraciones de su obra y, por sobre todo, destacar algunas de las publicaciones que han surgido respecto a su poética y las influencias que ha tenido sobre otres artistas.
Tanto institucional como personalmente, Olga Orozco tuvo relación con la provincia y sus escritorxs con mayor asiduidad cuando se interesa en recuperar su casa (“La casa”), para transformarla en un espacio cultural. Comienza a reencontrarse con La Pampa en la década de 1990. Una de las intermediarias es la subsecretaria de Cultura Norma Durango, que no sólo está a disposición de la escritora sino que trabaja afanosamente en el objetivo de resignificar el hogar natal de Orozco. Es así que en 1992 se realiza la transacción y a partir de 1994 se abre como Casa de la Cultura de Toay, albergando al museo del pueblo y la biblioteca popular. Desde 2003 funciona como Casa Museo Olga Orozco, dedicado exclusivamente a su figura y su obra, además se halla en custodia su biblioteca personal.
Cabe destacar que presenta en su casa natal de la localidad de Toay su último libro publicado por la editorial Emecé en 1995, La luz también es un abismo; del cual dirá Rosario Bléfari: “contestación, segunda parte o reverso de La oscuridad es otro sol (1967)”. Esta actividad sucede un 17 de noviembre de 1995 (se reitera al día siguiente en el Consejo Deliberante de la ciudad de Santa Rosa), donde participa como presentadora la poeta y docente Dora Battiston, que es una de las más importantes investigadoras de la provincia de La Pampa que ha profundizado en las obras de Juan Carlos Bustriazo Ortiz, Juan José Sena y, también, Olga Orozco. En aquella oportunidad Battiston resaltó: “Aquella presentación fue un momento fuera de la realidad”.
El 17 de agosto de 1996 en el Auditorio “Juan Carlos Bustriazo Ortiz”, del Centro Municipal de Cultura de Santa Rosa, expone la conferencia “Oliverio Girondo frente a la Nada y lo Absoluto”. Invitada por la Asociación Pampeana de Escritorxs participa en octubre de ese mismo año en el XII Encuentro de las Letras Pampeanas “Profesor Ricardo Nervi”.
Más recientemente, APE colabora en la fundamentación del proyecto presentado por el Diputado provincial Eduardo Tindiglia, en donde se propuso declarar el año 2020 como “Año del Centenario del Nacimiento de Olga Orozco”, en conmemoración de tal acontecimiento. También es incluida en la cartelería del Paseo de los Poetas en el Parque Provincial Parque Luro, iniciativa de las Secretarías de Turismo y de la Mujer del Gobierno de La Pampa, y la Asociación Pampeana de Escritorxs.
INTERPRETACIONES DE OLGA OROZCO
Una obra excéntrica dentro de la producción poética de su época le otorgan un lugar particular en el campo de las letras nacionales. Integra la generación “Tercera Vanguardia”, de marcada tendencia surrealista además de destacarse en ella la influencia de los poetas místicos y los grandes poetas españoles del Siglo de Oro. Es autora de títulos ineludibles como Las muertes (1952), Los juegos peligrosos (1962), La oscuridad es otro sol (1967), Museo Salvaje (1974) y Con esta boca en este mundo (1994), que jalonan su trayectoria y la proyectaron a nivel internacional. Obtuvo el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo en 1998.
Su poética ha sido estudiada por críticxs como Stella Maris Colombo, Juan Liscano, Elba Torres de Peralta, Cristina Piña, Julieta Gómez Paz, María Rosa Lojo, Graciela Maturo, Alicia Genovese (La doble voz. Poetas argentinas contemporáneas, Biblos, 1998; Eduvim, 2015) , Marisa Negri, entre otrxs, que son de lectura ineludible para quien quiera comprender la estética orozquiana.
Entre lxs investigadorxs provincianxs se destaca los estudios de Diana Irene Blanco (Olga Orozco. La jerarquía de la palabra, 2009 y Olga Orozco, Señora de la alta poesía, 2018), Dora Battiston (“Elementos de la doctrina órfica en la obra de Olga Orozco”, 1994 y “Olga Orozco: la filosofía como intertexto”, 2003), Raquel Miranda (“Continuidad del pensamiento antiguo en la literatura contemporánea. La inspiración órfica en los textos de Olga Orozco”, 2001), Sergio De Matteo (“Olga Orozco: una escritura desde lejos”, 2009, “Olga Orozco: entre la alquimia y Dios, 2019 y “Entre Dios y la memoria del tiempo”, 2019), Graciela Salto (“El fondo documental y bibliográfico de Olga Orozco desde un enfoque interdisciplinario”, 2017 y “Dedicatorias latinoamericanas a Olga Orozco: nexos, lecturas y afiliaciones”, 2019).
Los textos de la escritora, poeta y periodista pampeana han despertado el interés, también, de estudiosxs extranjerxs. En varias Universidades hay doctorados basados en su poética; por ejemplo Alejandro Arturo Ramírez Arballo de University of Arizona con la tesis “La poética de Olga Orozco como proyección estética del pensamiento moderno: un modelo de doble lectura (2008), Sarah Martín López de Universitat de Valencia con la tesis “Poesía y conocimiento en la obra de dos escritoras argentinas contemporáneas: Olga Orozco y Alejandra Pizarnik (2013); o posgrados de literatura como el de Ivette Silva Corona de Universidad Autónoma Metropolitana de México: “Susurros de lo inefable. Una reflexión sobre lenguaje, silencio y Absoluto en la obra poética de Olga Orozco”, 2001). También pueden citarse los artículos de Naomi Lindstrom, de University of Texas: “Olga Orozco: la voz poética que llama entre mundos”, 1985. de Edelweis Serra: “Exploración de la realidad y estrategia textual en la poesía de Olga Orozco” en Anales de Literatura Hispanoamericana, de la Universidad Complutense de Madrid, 1985, de Thorpe Running, St. John´s University: “Imagen y creación en la poesía de Olga Orozco”, 1987, de Melanie Nicholson: “From Sibyl to Witch and Beyond: Feminine Archetype in the Poetry of Olga Orozco” en Chasqui 27, mayo de 1998, entre otros.
Además, hay que destacar los libros de la Universidad de Guadalajara (México): Acercamientos a Olga Orozco, compilados por José Brú, publicado en 1998, de la Universidad de Sevilla (España): Olga Orozco. Territorios de fuego para una poética, bajo la dirección de Inmaculada Lergo Martín, 2010 y los dos tomos de la Universidad Nacional de La Pampa conjuntamente con la Editorial Teseo: Los juegos de espejos: Poética y subjetividad en Olga Orozco (Tomo I) y Médanos fugitivos: Poética y archivo en Olga Orozco (Tomo 2), compilados por Graciela Salto, Dora Battiston y Sonia Bertón, edición con estudios de especialistas del país y del exterior, a presentarse este año.
OTRAS INTERPRETACIONES DE OLGA OROZCO
En este apartado se debería destacar la revista Museo Salvaje, que es heredera de una publicación llamada Che. Artes y Culturas en Abya Yala. A partir del año 2001 reaparece con el título del libro de Olga Orozco a modo de homenaje y se edita hasta el verano 2010/2011.
En agosto de 2003 se estrena en la Escuela N° 5 de Toay el documental “Había una vez”, basado en la niñez de Olga Orozco. Es dirigido por los cineastas Silvio Tejada, Albertina Sales y Juliana Rodríguez Poussif. En un fragmento de “Había una vez” Orozco refiere:
“Había una vez una casa (no). Había en un tiempo una casa (no). Había en varios tiempos varias casas que eran una sola casa. ¿Era realmente una casa o era un espejo fraguado por los tres tiempos, de modo que cada uno era la consecuencia y el motivo del otro? Sì, como caleidoscopios o como en un yo circular a manera de cuarto de vestir, donde la que va a ser con máscara de anciana se probara la máscara de la que fue con máscara de niña, y viceversa y sucesivamente. La máscara de la que es, también, y que sólo se ve desde adentro, desde el revés de todas las máscaras confundidas en una, hasta que se devore eso que habitualmente llamamos rostro y se pueda ver quién es quien lo devora, y entonces supongo que comprobaré lo que sospecho: que no se es uno sino todos.
Pero ahora el tiempo es y aparentemente soy yo sola. En este momento en que voy a nacer, en que voy a regresar, el tiempo y la persona que son yo soy” (en La oscuridad es otro sol, 1967).
La actriz, bailarina y directora teatral Nadia Grandón dirige e interpreta “Cantora Nocturna” (2007) y “Con esta boca en este mundo” (2009), obras basadas en textos de la poeta pampeana Olga Orozco.
En septiembre de 2009 el director teatral Silvio Lang estrena en Buenos Aires la obra “Yo, Olga Orozco”, una experiencia visual y sonora.
También hay que resaltar algunas musicalizaciones de la obra de Olga Orozco, donde sobresalen los trabajos realizados por Pepe Marriot y Ada Blidner, sobre la base del poema “Desdoblamiento en más caras de todos” (Los juegos peligrosos, 1962), realizan la versión “Lejos, de corazón en corazón”, presentada en la Casa Museo Olga Orozco el 23 de diciembre de 2013.
El cantautor Juani de Pian resignifica en la canción “Nanni” a uno de los tantos personajes semimitológicos que recrea Olga Orozco en el relato “Nanni suele volar”, del libro La oscuridad es otro sol (Losada, 1967).
La cantante Guillermina Gavazza adapta el texto “Señora tomando sopa”, del libro Con esta boca en este mundo (Sudamericana, 1994), en la canción “Calesita”, con música del bajista Hernán Basso, y brillantemente interpretado por su grupo Guillermina & Los Planetas (Hernán Basso, Mauricio Ponce y Chelo Porcel).
MÁS INTERPRETACIONES DE OLGA OROZCO
Una mención para el trabajo de zapa que realiza Marisa Negri sobre la obra desperdigada en revistas y diarios de Olga Orozco. Una parte de esas investigaciones confluye en el libro Yo, Claudia (Ediciones en Danza, 2012), que comprende la obra periodística de Olga Orozco en la revista “Claudia” entre 1964 y 1974.
Otra línea corresponde a las ilustraciones, desde las ya conocidas de Raúl Soldi (Desde lejos, 1946); Juan Battle Planas (Las muertes, 1952); Enrique Molina (Los juegos peligrosos, 1962, y La oscuridad es otro sol, 1967); Paul Klee, fragmento de “El Niesen” (Mutaciones de la realidad, 1979); Valerio Peluffo y Olga Orozco, “cadáver exquisito” (Con esta boca en este mundo, 1994); Henry Peach Robinson, “Dormido”, 1867 (También la luz es un abismo, 1995); Edgar Degas, “Retrato de Helene Rouart” -detalle- (Últimos poemas, 2009); hasta las más actuales de Lihüe Pumilla (Breviario I, 2013) y Gabriel Martino (Cantos a Berenice, 2015).
La actriz y directora teatral Fabiana Rey ha montado dos obras basadas en los libros de Olga Orozco: “Relámpagos de lo invisible” (2008) y “Las muertes” (2014).
En 2009 el director Marcelo Iaccarino estrena los documentales “Oficios”, “Infancia”, “Obra” y “Destino”, basados en una serie de entrevistas realizadas a Olga Orozco en 1998.
El escultor Rubén Schaap realiza la obra “OO” en 2018, una representación de Olga Orozco en hierro soldado forjado y amolado (Propiedad de Andrea M. D’Atri); que ilustra el artículo.
En el festival “Poesía Pampa Fest”, desarrollado en septiembre de 2019 en la sala “La Fantasma”, de la Casa Museo Olga Orozco, la directora teatral y actriz Silvina D’Atri, junto a Emilce Aimar, representan el poema “La cartomancia” (Los juegos peligros, 1962).
Y por último se destaca el disco Para ser otra, una obra extraordinaria que explora e improvisa sobre el universo poético de Olga Orozco, que graba la artista argentina Hebe Rosell, radicada en México, en 2008.
ALGUNOS POEMAS DEDICADOS A OLGA OROZCO
Más allá de los estudios sobre su obra y el fenómeno intertextual que puede identificarse, también otros poetas le han rendido homenaje por medio de la poesía misma. Francisco Madariaga, el criollo del universo, le dedica el poema “Olga Orozco”, incluido en su libro En la tierra de nadie (Ediciones del Dock, 1998):
“Cuando la conocí recordé de inmediato
el poema de Milocz que dice en una parte:
“la extraña muchacha de párpados
arcangélicos…”.
Después la vi muchas noches de canciones
y de sueños, despedirse de los amigos y partir,
en delicadas y misteriosas volantas,
hacia los arenales de la Pampa.
Se alejaba -y se la aleja siempre- como
una esmeralda negra y solar de la independencia
frente a toda capilla literaria.
Estoy seguro de que, cuando viaja, le dice
a su postillón que debe hacer atravesar -sin
miedo- a la volanta por esa Oscuridad Otro Sol
de su fidelidad absoluta a la poesía”.
La poeta Ana María Mayol desde un acápite de Olga Orozco (“Lamento de Jonás”, en Museo Salvaje, Losada, 1974), que funciona a modo de intertexto, edifica el poema “Cuerpo tomado”, de su libro No se trata de mí (Ed. El Mono Armado, 2011):
“Soy mi propio rehén
el pausado veneno del verdugo
el pacto con la muerte”,
Olga Orozco
Soy mi propio rehén
testigo de lo atroz
protagonista de esta obra mía
Soy cada palabra que no he escrito
cada poema plasmado en los insomnios
cada silencio precipitado hacia el mar
La fuga permanente desde mi misma
Soy mi propio rehén
poblada de desiertos sed y sal
de fachinal grisáceo
de caldenes
y aromos floreciendo
en el patio de la infancia
Soy ese punto ciego en el espacio
que te detiene un segundo
despojo
escombro del olvido
torbellino que rescata pasiones
en el fuego
arrebata a la lluvia su murmullo
conozco
la prisión de lo inasible
mi sombra a veces
transmuta golondrina
la obstinada presencia
del amor en los ojos
el roce inconfundible
de una mano en el alma
Me he desterrado a veces
en la tristeza
otras
he caminado hacia mi propio abismo
he muerto en soledad con otras solas
he surcado sus cárceles
sin testigos ni juicios
sorteando emboscadas
que me tendió la muerte
Soy mi propio rehén
llevo este cuerpo tomado por la luna
lleno de noche y sombras
me reconozco en otras
como un espejo
como si yo no fuese
más que el pretexto
Soy mi propio rehén
en la memoria
La Subsecretaría de Cultura de La Pampa y la Municipalidad de Toay convocaron en 2013 el Certamen Federal de Poesía “Casa-Museo Olga Orozco”, con un jurado integrado por Diana Irene Blanco, Bruno Di Benedetto y Alicia Genovese, y con la propuesta de aludir al universo poético y simbólico de la autora pampeana, siendo premiados Águeda Franco, Fabián O. Iriarte, Mónica Scheinsohn, Marisa Negri y María Daniel Pascual. De la serie “Maneras de ser otras” (1° Premio), correspondiente a Águeda Franco, también incluido en su libro Raspando los días (Ediciones en Danza, 2017), seleccionamos “La pequeña Gugliotta”:
la chica de Gugliotta
habla una lengua extraña con los pájaros
con los seres de alas
los ojos azorados por visiones
en el falaz paraíso de la infancia
taciturna levita
es Darvantara Griska Matrika Doléesa
nombres para los rostros que la asumen
cuando juega a ser otra
a ser distinta
qué mensajeros ve que nadie los registra
dónde el azoramiento de sus ojos
la chica de Gugliotta
mantiene relaciones con el mundo secreto
escarchada en el fondo del pozo
se asoma para verse
triza su cara el balde
pasa horas
en a contemplación de sus retazos
emisarios de mundos subsumidos llegan a su llamado
disimulados en ratones escarabajos o libélulas
secretean con ella
parten raudos
a llevar sus mensajes de tintas invisibles
la pequeña Gugliotta
desciende alucinada
los peldaños de miedo de los sótanos
una vela en su mano parpadea
en camisón por las cornisas
es la menuda equilibrista entre las claridades y las sombras
callada niña rara
habla el idioma de los pájaros
tiene un lunar de oro entre los ojos
marca de los que fueron elegidos
por el azar por la desgracia por el fuego perpetuo
que arrasa el corazón y no se calma
seña de una metamorfosis
entre el encantamiento y la tragedia
alguien trama los hilos de esta vida
que en las arenas de Toay
arde confusamente
chica inclasificable la Gugliotta
parpadea y las arañas tiemblan en sus telas
mojadas de un rocío de infinito
una vida no alcanza
para sus múltiples vidas escondidas
exploradora pálida
de mundos subyacentes a este mundo
la poesía la salva
la condena
El poeta salteño Carlos J. Aldazábal le dedica el poema “Debo estudiar francés”, que integra el libro Las visitas de siempre (El Suri Porfiado Ediciones, 2014):
Olga Orozco preparó un arrollado
bañado en chocolate
y vino Miroslav, que es cocinero,
a la hora del té.
También estaba yo, poeta inédito
incapaz del francés y el galicismo.
El rito comenzó con la vajilla.
“Leeré en el futuro las llaves del abismo
para saber qué puertas nos tocarán en suerte.
Qué casas cruzaremos, qué portal venturoso,
qué llanto inagotable hablará en las gargantas”.
No recuerdo el pronóstico.
Pero sí su paciencia,
la mágica infusión de su voz poderosa.
Y el “estudie francés” imperativo
que siempre descarté.
El domingo pasado tuvimos otro encuentro.
Pero estaba en La Pampa:
un museo de infancia que ahora es Olga.
Ahí viven sus libros (incluyéndome a mí),
y sus plantas, sus piedras.
Y además Berenice maúlla en tono bajo
profiriendo ladridos.
Ella se preocupó por explicarme
(esta vez sin rodeos)
cómo la muerte juega en los jardines
y los portones crujen
cuando suenan pavanas y milongas.
Y el llanto comenzó como gotera,
y no quiso parar hasta vaciarme
el poco mineral que hay en mis huesos.
Olga me consoló con galletitas y un pocillo de mate.
El llanto no cesó.
Aunque leo francés no puedo hablarlo
y no puedo nombrar
con esta boca
en este mundo
desde esta pena.
by Claudio Medin | 13 \13\America/Argentina/Buenos_Aires agosto \13\America/Argentina/Buenos_Aires 2019 | Narrativa
Fragmento de la novela de Jorge Consiglio, ganadora del Primer Premio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires, publicada en 2011 por Edhasa, y recientemente reeditada por Club Cinco.
Uno
Desde que pasó lo que me pasó tuve problemas con cualquier distancia. Ahora que estamos en una habitación chiquita, de mala muerte, es un esfuerzo para mí ir hasta la ventana a cerrar los postigos. Tengo que andar tres metros, y sin embargo me cuesta. Doy un paso firme con la pierna derecha y enseguida arrastro la rigidez de la izquierda. Me afirmo y salto el siguiente paso. Y cuando digo salto –se habrá dado cuenta de que no es una forma de expresión– uso el término exacto para describir la acción. Me desplazo como los gorriones; la diferencia es que mis movimientos siempre conservan un punto de apoyo, nunca estoy del todo en el aire.
Acuerdo con la idea que intuyo, su cerebro está madurando: me muevo con una danza espástica. Parezco un muñeco con la cuerda rota, una máquina fuera de eje, un desecho. De todas maneras, me muevo, quizás demasiado para mis expectativas.
El cielo está completamente oscuro. Llego a ver una fila de álamos a través de la lluvia. Las ramas se abren y se cierran como si quisieran pulsear con la tormenta.
Ahora, mi amigo, todo es distinto en la calle. Hay un vapor que no se mueve al ras del suelo; es un humo azulado. Las chapas del aserradero, la pared de ladrillo del local de Chaine, un tambor de doscientos litros que la gente usa para hacer fuego y hasta el lomo de un perro overo son del agua. Las cosas están enfundadas en una convicción… ¿Cómo decirlo? En una convicción ciega.
Lo raro es que es bien de día pero parece de noche. No tanto por la luz, que es un resplandor nervioso que se escapa, sino por la tensión de algo, un misterio, que parece que se está por revelar. Si se asoma a la ventana se va a dar cuenta de lo que le digo. Hay una violencia que solamente interrumpen los álamos en el fondo, con esa forma que tienen, tan compacta, de ser árboles.
Es la tormenta de Santa Rosa. Sé que por estos lugares no es frecuente, pero yo la conozco: lo digo por la época del año. Se atrasa o se adelanta un mes pero siempre llega. Y es bien furiosa: desmadra ríos, arranca ramas, tira abajo lo que se le pone adelante. Parece que quisiera terminar con el mundo. Es tupida, de gota gruesa; no como esas lluvias de primavera que empiezan y terminan con una garúa menuda. Es frontal, y por eso asusta. Cuando se larga viene el asombro: resulta increíble que caiga agua del cielo.
Otra cosa que voy a hacer es meter un trapo en la rendija que hay debajo de la puerta. No quiero que entre el viento, que acá siempre viene cargado con ese polvo que se pega a la piel y la seca. Uno se toca la cara y la encuentra áspera como una lija.
Me voy a servir un té. No le ofrezco porque no lo veo con ganas. Tengo acá, en este aparadorcito, todo lo que necesito. Caliento agua en el jarro, la paso a este vaso, le meto un saquito y dos de azúcar.
Si me siento en la cama, es porque me resulta más cómodo: tengo lugar para que mi pierna no se choque con nada. Desde que no la puedo flexionar me acostumbré a calcular el espacio para acomodarla, como si se tratara de un apéndice pegado a mi cuerpo. Para sentarme me pienso como un ángulo obtuso. Los primeros meses me caía cada tres pasos: era imposible vivir. Después empecé a moverme como le conté recién. Me ayudaba con un bastón que me había hecho un carpintero con la pata de una mesa. Tenía tallados unos garabatos que parecían letras chinas. Llamaba la atención ese bastón. ¿Se imagina? Caminando por las calles de Haedo colgado de un bastón con letras chinas no podía pasar desapercibido. Una vez, un pibe me preguntó de dónde lo había sacado. Le inventé una historia de herencias. Le dije que había sido de un capitán de barco. El chico me miraba asombrado. Le aclaré que el capitán no era de ese tipo de marinos a los que los mueve la ambición, como a los ingleses, sino que respondía a la curiosidad. Era un aventurero puro.
–¿Curiosidad? –me preguntó.
–Sí –le dije.
Se quedó callado. Guardó la duda para que le fermentara con los días.
***
La lluvia es torrencial. Escucho el agua golpeando la chapa de los techos. Esta tormenta no va a parar más, nunca más. Si tuviera ganas, dejaría el vaso con té en la mesa de luz, me pararía e iría de nuevo hasta la ventana. Me encontraría con las cosas cubiertas por ese esmalte que deja la humedad. Un esmalte que barniza desde los árboles hasta las piedras, desde la tierra hasta el cuero de los animales, y que es, aunque parezca contradictorio, una nueva identidad y su rechazo más tajante. No hay nada en el mundo que conserve la serenidad cuando está mojado. Lo que usted podría ver, si se le antojara asomarse, es la pausa de la resignación. Es así nomás: las cosas hundidas en esa luz de acuario que sabe traer la tormenta.
***
Se habrá dado cuenta: la gente abre bien los ojos cuando llueve. Es por la amenaza; porque las tormentas, aunque sean chicas, son siempre un riesgo. Ponen a prueba al hombre. Mire el techo, sin ir más lejos. Por esa rajadura que hay ahí, a la derecha del tirante, en un ratito nomás, va a empezar a meterse el agua. Primero es una gotita, pero termina en una inundación. Cae y cae. Fíjese que abajo está la cama, y correrla, en el estado en que me encuentro, es un verdadero problema. Lo mismo pasaba en la casa de Haedo. Me acostaba y veía una grieta que cruzaba el techo. Era larga, pero filtraba en un ángulo. Me acuerdo de que, después de estar observándola unos minutos, me evocaba distintas cosas. A veces, me hacía pensar en el cauce de un río. Otras, descubría el perfil de un alemán que trabajaba con mi viejo en el vivero, un tal Wagner. Un raro; era uno de esos madrugadores que confunden la verdad con un conjunto de hábitos. Era altísimo. Siempre me dio la sensación de que mi viejo se sentía incómodo con él. Como trabajador lo respetaba, pero prefería no hablarle. Tiene la discreción de los traidores, decía. Nunca supe bien a qué se refería. Mi madre lo escuchaba y decía que sí, pero tampoco creo que lo entendiera.
***
Es caprichosa la memoria: de mi madre tengo más presente la personalidad que las facciones. Su punto de vista siempre coincidía con el de los demás. Si tenía una ilusión, creo, era la de escapar a un lugar al que no llegaran los reclamos. Porque aunque resulte paradójico, los había y en gran cantidad. Estoy convencido de que esto responde a una lógica infalible: cuanto más blanda es la carne, más fácil entra la aguja. Mi madre era una de esas personas que aguantan en silencio. Qué sé yo. La cuestión es que en quince días, de tanto tragar hiel, la barrió un cáncer. Cuando el médico le dijo a mi viejo que no había más que hacer, la trajeron a casa con la idea de que muriera en paz. Mis hermanos –tengo dos: un varón y una mujer– no querían entrar a la pieza. Yo, en cambio, que tenía diez años, me quedé fascinado mirando los gestos que le fueron cambiando la cara. Porque cuando estas alteraciones sucedían, dejaban una huella: la piel se hacía más lisa, se le borraban los poros. Pero, de todos modos, no pude retener por mucho tiempo su imagen. Lo que me queda es el enigma de saber cómo hubiera sido un futuro que la incluyera. Entiendo que vivió su peor equivocación con convencimiento y eso, de por sí, es un acierto, aunque no lo parezca.
***
Fíjese el viento que se levantó. El ruido mete miedo, parece como si quisiera arrancar la casa. Qué bárbaro. Es una suerte que estemos seguros en esta pieza. Tenemos lo que nos hace falta.
Hay que conformarse. Usted parece satisfecho con lo que pude ofrecerle. Yo estoy muy bien con mi tecito.
También tengo pan, carne seca, tomate, media ristra de ajo. Me avisa cuando le entre hambre. Yo enseguida le preparo algo.
Jorge Consiglio nació en Buenos Aires y es licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Ha escrito artículos, poemas y cuentos cortos para diversos suplementos culturales nacionales y extranjeros. Publicó cinco novelas: El bien (2003, Premio Nuevos Narradores de Editorial Opera Prima de España), Gramática de la sombra (2007, Tercer Premio Municipal de Novela), Pequeñas intenciones (2011, Segundo Premio Nacional de Novela y Primer Premio Municipal de Novela), Hospital Posadas (2015) y Tres monedas (2018); los volúmenes de relatos: Marrakech (1999), El otro lado (2009, Segundo Premio Municipal de Cuento) y Villa del Parque (2016) traducido al inglés, cinco libros de poesía: Indicio de lo otro (1986), Las frutas y los días (1992), La velocidad de la tierra (2004), Intemperie (2006), Plaza Sinclair (2018) y un libro de miscelánea, Las cajas (2017), en el que reúne una selección de textos publicados en el blog de la editorial Eterna Cadencia.
by Claudio Medin | 3 \03\America/Argentina/Buenos_Aires agosto \03\America/Argentina/Buenos_Aires 2019 | Ensayo
Un breve ensayo de Natalia Neo Poblet sobre el gran escritor chileno.
“Ahora, cuando la pobreza disfrazada por la ropa americana ya no quiere llamarse pueblo y prefiere ocultarse bajo la globalidad del término “gente”, más plural, más despolitizada en las encuestas que suman electrodomésticos para evaluar la repartija del gasto social en las capas de menos ingresos. Y todo es así, para un mejor vivir están las líneas de crédito que permiten soñar en colores, mirando el catálogo endeudado de un bienestar a plazo”[1].
La lengua de Lemebel es política. Su escritura aborda la marginalidad de los travestis, el sida, la homosexualidad, la prostitución y el mundo gay en los diferentes barrios. Sus crónicas son contestarias a la derecha y denuncian los discursos hegemónicos. Las paradojas de la vida hicieron que fuera perdiendo su voz por un cáncer de laringe muriendo a sus 62 años, un 23 de enero del 2015. Nos quedó su escritura irreverente y la resonancia de su voz.
Escribe en sus crónicas “…leer y escribir son instrumentos de poder más que de conocimiento”[2].
El discurso social hegemónico tiende siempre a la segregación, promoviendo la homogenización y suprimiendo el modo de goce de cada ser hablante. El eslogan de la globalización es “Todos gocemos del mismo modo”, generando la segregación de lo diferente y produciéndose como efecto una violencia en cada singularidad al no haber espacio para “lo extranjero”.
A su vez, lo segregativo reinstala la diferencia que la homogenización del mercado global tiende a anular. Lemebel enfrentó la homogenización de goce, el orden social y moral establecido. Su lengua subversiva fue una respuesta a esto e hizo de su lengua política un medio de lucha.
“Aprendo la lengua patriarcal para maldecirla”[3].
Lemebel no quiere ser cómplice de ningún tipo de silenciamiento. Escribe en el deslinde, su voz intenta nombrar lo que no pertenece al habla para hacerlo existir. Emplea sus crónicas como una forma de visibilizar lo disruptivo, lo minoritario y lo segregado.
“Muchos son los silencios impuestos por la cultura grafóloga a las etnias orales colonizadas, pero aprender a leer esos silencios es reaprender a hablar. Usar lo que omiten, niegan o fabrican las palabras, para saber qué de nosotros se oculta, no se sabe o no se dice. Ese silencio es nuestro, pero no es silencio; habla como una memoria que exorciza las huellas coloniales y reconstruye nuestra dignidad oral destrozada por el alfabeto”[4].
Él se alinea con lo que está en el margen y lleva a cabo una militancia tanto con lo indígena como con las minorías sexuales, tampoco deja de nombrar la informalidad laboral y la vulnerabilidad que esto produce. Sus crónicas son una estrategia de poder, pero también de lucha y de resistencia. Ellas tratan sobre lo disidente, lo segregado, lo marginal, lo vulnerable, lo minoritario: lo político. Plantean una lucha social y por tanto de clases, en un Chile que fue tomado durante muchos años por la dictadura y el totalitarismo.
“Desde ahí los años se despeñaron como derrumbe de troncos que sepultaron la fiesta nacional. Vino el golpe y la nevazón de balas provocó la estampida de las locas, que nunca más volvieron a danzar por los patios floridos de la Unctad”[5].
“La historia mordida, aún amordazada por la indiferencia y el trámite democrático”[6].
Lemebel apuesta a lo político de la palabra porque sabe que es ‘con’ y ‘desde’ el lenguaje que se influye en las construcciones y en las deconstrucciones sociales. Sus crónicas también hacen resistencia a la normalización y a la libertad en el amor. Su amor, su sexualidad, su cuerpo y su lengua son militancia LGBTIQ.
“Tal vez esta agrupación, doblemente segregada por ser mujeres y además lesbianas, no sólo recibió la agresión del patriarcado, también fueron expulsadas de una agrupación feminista en aquellos años, cuando no convenía mezclar las cosas, y que se confundiera feminismo con lesbianismo. Ahora casi no importa, ya que las dos causas están igualmente estigmatizadas”[7].
Su lengua provoca un corrimiento cultural al despatologizar y al no estigmatizar; va contra el consumo y el individualismo.
“Sería fácil condenar este consumo del cuerpo femenino diciendo que es un refinado puterío de remate público. Sería obvio apuntar con la uña sucia de la moral este negocio erótico de los nuevos tiempos. Pero las únicas perjudicadas serían las chicas que llegaron a este oficio con sueños de gloria”[8].
Su lengua va contra una exclusión disciplinante. Su “hermandad travesti”[9] va haciendo un tratamiento de “lo otro”. Logra visibilizar el horror social a través de su discurso obstinado e insobornable.
En el año 1986 leyó en una reunión política de izquierdas “Hablo por mi diferencia”, Manifiesto que atestigua su militancia y es la antesala al dúo que formó, al año siguiente, con Francisco Casas con quien se dedicaban a interrumpir sorpresivamente eventos culturales. Se nombraban: “Las Yeguas del Apocalípsis”.
“Pero eran tantos, y era tanta la violencia sobre su cuerpo tiritando. Eran tantas fauces que la mordían, la chupaban, como hienas de fiesta; la noche sin luna fue compinche de su vejación en el eriazo. Y ella sabe que aulló pidiendo ayuda, está segura de que los vecinos escucharon mirando detrás de las cortinas, cobardes, cómplices, silenciosos. Ella sabe que toda la cuadra apagó las luces para no comprometerse. Más bien, para ser anónimos espectadores de un juicio colectivo”[10].
Lemebel le dio voz a las minorías y a todos aquellxs que callaron y silenciaron, en un Chile tomado por la dictadura, porque sabía que la mayor lucha es hacerse escuchar. Lemebel, tomó la palabra con su escritura y con su cuerpo.
“Devengo coleóptero que teje su miel negra, devengo mujer como cualquier minoría”[11].
Natalia Neo Poblet nació en Buenos Aires es psicoanalista y lectora. Licenciada en Psicología U.B.A. (2000). Se dedica a la Clínica y a la conexión entre Literatura y Psicoanálisis. Autora de diversos artículos en Libros, Revistas y Diarios entre ellos Página/12. Compiladora y autora, junto a Guido Idiart, de los libros: Lalengua en la poética del cuerpo (Letra Viva, 2018); El arte de lo real (Letra Viva, 2016) y La máquina des-escribir. El sujeto entre líneas (Letra Viva, 2014). Junto a Laura Galarza tienen un Canal de YouTuBe La Solapa de Laura y Nati donde recomiendan libros de literatura.
Natalia Neo Poblet. Fotografía de Carla Aquilanti
[1] LEMEBEL, Pedro, Poco hombre. Crónicas escogidas, Ediciones Universidad Diego Portales, Colección Huellas, Santiago de Chile, 2013, p. 50.
[2] Ibid, p. 42.
[3] Ibid, p. 165.
[4] Ibid, p. 42.
[5] Ibid, p. 92.
[6] Ibid, p. 105.
[7] Ibid, p. 116.
[8] Ibid, p. 72.
[9] Ibid, p. 165.
[10] Ibid, p. 75.
[11] Ibid, p. 165.