Hechicerías
Poemas del último libro de Lidia Rocha, publicado por Sigamos enamoradas
1
Que no me falten las ganas ni la fuerza
para cortar tus pies.
Que ate el manto de la noche
con un nudo de sombras.
Y te quedes adentro.
Que festeje la esclavitud de tus labios.
Que celebre el silencio de tu voz.
Así como tiembles no volverás a hacerlo.
Las manos en las manos.
Mi pecho sobre el tuyo.
Y la fusión fantasma para comer tu espíritu.
Quizás adviertas
que un goce semejante no lo has sentido nunca.
Cuando me haya hecho humo de madrugada,
recordarás apenas,
como los peces ciegos
entre los arrecifes.
Yo escribiré la historia.
Serás Nadie.
10
Te di una fiesta de mujeres hambrientas.
Ellas, las comensales; vos, el banquete.
¿Ha sido un sacrificio?
Creí que gritabas de placer.
Sorbieron tus lágrimas.
Te arrasaron.
Yo dirigía el asalto.
¿Me veías reír?
En un ritual así se expande la conciencia.
Prendé la luz ahora.
Estás en mi regazo y el niño que no sos canta.
Te sostengo en el hueco de mi costilla.
Sos mi Eva ahora, mi pequeña.
Decíme: ¿sos mi prisionero?
Hay ventanas abiertas
para que vuelvas a tu vida ordinaria.
¿Has aprendido algo?
Regalaste tu alma a cambio de un hechizo.
12
Si te entrego a otro hombre
es porque tu cuerpo lo pide.
En los engaños del espejo,
cualquier pájaro se clava el pico.
¿En qué pensabas?
¿No te advirtieron sobre los peligros
de beber con extraños?
¿Qué te pone en la boca?
¿No es raro que todo emane una luminosidad cálida,
como si hubieras nacido para ser feliz?
Soy un pozo al que vas a tirarte de cabeza.
Reímos los tres, nos abrazamos
y subís a la rueda de la fortuna.
Las flores se cierran sobre sí hasta asfixiarse
y que sólo quede un aroma de siega.
Así es como obra el conjuro,
Así destila su magia.
13
¿Qué artista de altura aceptaría una red?
Nuestro juego es sin resguardo.
No me mires con esos ojos quietos y azules,
vos sabés que el deseo
librado a sus ensueños
sólo acaba en el crimen.
Te dejo ondular en el lago de la buenaventura.
A nuestro alrededor flotan flores anestesiadas.
Sellaste tu esclavitud por un veneno.
Tu única libertad
es la puerta de embarque.
21
La belleza es un problema.
Me pedís que alguna vez sea más tierna,
que te abrace.
Como si así no fuera yo a engrosar
las filas de tus seguidoras.
Como si no quisiéramos todas
verte sangrar el labio.
Besarlo así.
Quererte así, roto.
Mejor si están tus manos atadas a la pared.
Mejor aún si estoy sobre tus piernas
y aprieto tu cuello con mis manos.
No sé si creés que conozco este juego,
que no voy a cancelarte la línea de la vida
de un tajo sobre la palma izquierda.
En la apnea otros son los milagros,
otra la intensidad.
O mejor, mejor aún, comerte,
comerte mientras mi pie se clava en tu garganta
y sabés que me bastaría un golpe de talón.
De tales estallidos emergés como un pez fuera del agua.
Y el oxígeno que entra tan de a poco,
en un goteo de álamos dormidos en la niebla.
Después pedirás más.
Después pedirás eso.
Voy a decir que no.
No vaya a ser que te acostumbres.
Y que no quieras otros regalos de menor importancia.
O que tales ofrendas se te hagan cotidianas.
Y ya no me agradezcas.
Lidia Rocha es profesora de lengua y literatura. Publicó los libros de poesía Aves migratorias (2006), Roma (2010), Así la vida de nuestra primavera (2015), Soltar la casa (2020) y Hechicerías (2024), del cual forman parte los poemas anteriores inspirados por La Venus de las pieles, novela del escritor austriaco Leopold von Sacher-Masoch.