Poemas sobre la inmortalidad de mi padre
Poemas inéditos de la poeta mexicana Sveltana Garza
Hay un pasaje de la biblia
que habla de mi padre
y de mis hermanas:
Ese en el que Noé se embriaga
¿sin querer?
y tira su ropa y su pudor al piso
y se tambalea por sus viñedos.
Uno de sus hijos lo ve
y avisa a sus hermanos.
El hijo que acusa a su padre
queda maldito.
Los otros dos van por un manto
caminan de espaldas hacia Noé
para no ver su cuerpo
para no ver si impudor;
lo cubren y lo llevan a casa…
Decía la maestra
que la moraleja de la escena
es que a veces los hijos
deben voltear la mirada
ante los pecados de los padres
ante los errores de los padres.
Una de mis hermanas y yo
(Quizás porque leímos la biblia,
quizás porque somos adoptadas)
hicimos eso mismo:
La vista gorda
al alcoholismo de mi padre
Pero la menor no tuvo tanta suerte
Ya lo había visto desnudo
Ya lo había visto tambalearse
Ya lo había visto
Y la maldición de la ira fácil
cayó sobre el Canaán de su vida
y ahora no puede ver a los hombres…
sin ver su desnudez
sin ver a mi padre
sin odiar a mi padre.
Alivio
Cuentan que, en los Mochis,
ya se iba cayendo,
llevaba todo el hocico sangrando
Corrido del Caballo Blanco
Al fin murió mi padre.
Ya no más su enfermedad en la cocina
Ya no más servirle primero en la cocina
Ya no más su violencia en la cocina
Ya no más sus tambaleos torpes,
en el pasillo, y en la sala
y en la cocina
Su puño sobre la mesa
Su prótesis dental
Su bolsa urinaria
Sus ronquidos estentóreos,
categóricos como puñetazos,
sus puñetazos en la mesa
Ya no más
sus huesos rotos
regados por el pasillo
para que los nietos se tropiecen
de cara contra el azulejo
Ya no más su úlcera reventada
en el desayuno, en la cena
en la comida familiar,
ya no más garbanzos de a libra
Ya no más su próstata en la sala
a la vista de todos
entre el retrato de la abuela
y el de los niños
Ya no más su miembro flácido,
en las camas nupciales
de su esposa y de sus hijas,
exprimiéndose en el urinal
Ya no más muletas en la cajuela
andador en la cajuela
silla de ruedas en la cajuela
“Tráete unos pañales
ya que vas a salir”
Ya no más:
“Está frío”
“No sabe a nada”
“Quítame el plato”
Ya no más
“Boladehuevonas”
“Tu chingado gato”
“A ver si te acomides”
“¿Y esa blusita es nueva?”
“¿Quién es ese que te vino a buscar?”
Ya no más:
“Siéntese bien”
“Aquí no es cantina”
Ya no más decirle “mija”
a las enfermeras
en su cara
Y “la pinche vieja esa”
a sus espaldas
Ya no más su “esas no son formas”
Ya no más
“Caballo de la sabana”
“Perdieron tus patriotas”
“Al mar se le respeta”
“Esas son pendejadas”
Ya no más “mi reina” donde iría tu nombre
“Sé me fue tu nombre”
Ya no más jugo de naranja
recién exprimido
Ya no más naranjas en sacrificio
Ya no más sacrificio
“Ayúdame a levantarme”
“Ayúdame a ponerme el reloj”
“A amarrarme los zapatos”
“A poner la tele”
“A programar la tele”
“A cortarme las uñas de los pies”
“Ayúdame a limpiarme el culo”
“Ayúdale a tu mamá”
“Ayúdame a morir”
Ya no más navidades en la del valle
Ya no más “pobre de tu papacito”
Ya no más su tos, sus gases, sus flemas
sus movimientos intestinales
Ni su demencia senil,
Ya no más salas de espera
Ya no más sus orines y su mierda encima
Ya no más su dolor
Hijo de tigre
“Mi amor por ti
Me enseñó a nadar,
a andar en bici,
a gritarle a la tele,
a beber como cosaco,
a beber como los hombres,
a beber como malmarido,
a regresar siempre, aunque sea ebrio,
a manejar ebrio,
a morir como un buen borracho…
como un buen hombre
Cuidadora paliativa
Yo solía tener un nombre
algo con luz en la raíz.
También tuve un amor
con más raíces que luces.
¿A quién engaño?
Tuve un chingo
de amores… y de nombres,
suficientes
para sembrar la duda
También solía tener la noche.
La noche,
de la que todos se creen dueños,
era mía.
Ahora son tuyas todas,
más que tuyas,
de la sala de espera
También solía tener hermanas,
hermanas diurnas
y tan esbeltas
que no les hacía falta sombra.
Y en el esbelto hueco que dejaron
ahora tengo enemigas
Yo solía tener una madre
y suficientes reproches
para llamarla mía,
con risos perfectos,
que de puro mezquina
no le heredó a nadie.
Yo solía tener una madre
con más lunares
de los que ha habido estrellas.
Yo solía tener una madre
pero se murió en la cama
donde tu rehusabas morirte
donde todas te ahuyentábamos la parca
Yo solía tener una vida
pero con el superpoder de tu sonda
la absorbiste en la tuya
Funeral para un planeta
Marte, despierta
Pobre planeta rojo,
aprendiendo
a golpes de meteoro.
Hay planetas que
no han nacido nunca
y tú has muerto
ya tantas veces.
Marte ha tenido
una vida dura,
sobre todo
después de muerto
Es incapaz de vida nueva
no sabe cómo sanar
No va a volver a caminar nunca
pero tampoco muere para siempre
Despierta, Marte
si hace frío
canta
si quema
canta
Abre los ojos, Marte
contempla las estrellas
entrégate al infinito
Svetlana Garza (México) es profesora de la Escuela Nacional de Lenguas, Lingüística y Traducción (ENALLT) de la UNAM. Publicó los poemarios La Rinoceronta en el cuarto” y Bestiario de mis exxxes.