Hechicerías

Hechicerías

Poemas del último libro de Lidia Rocha, publicado por Sigamos enamoradas

1

Que no me falten las ganas ni la fuerza 

para cortar tus pies.

 

Que ate el manto de la noche 

con un nudo de sombras. 

Y te quedes adentro. 

 

Que festeje la esclavitud de tus labios. 

Que celebre el silencio de tu voz. 

 

Así como tiembles no volverás a hacerlo. 

 

Las manos en las manos. 

Mi pecho sobre el tuyo. 

Y la fusión fantasma para comer tu espíritu. 

 

Quizás adviertas 

que un goce semejante no lo has sentido nunca. 

 

Cuando me haya hecho humo de madrugada, 

recordarás apenas, 

como los peces ciegos 

entre los arrecifes. 

 

Yo escribiré la historia. 

Serás Nadie.

 

10

 

Te di una fiesta de mujeres hambrientas. 

Ellas, las comensales; vos, el banquete. 

 

¿Ha sido un sacrificio? 

Creí que gritabas de placer. 

Sorbieron tus lágrimas. 

Te arrasaron. 

 

Yo dirigía el asalto. 

¿Me veías reír? 

 

En un ritual así se expande la conciencia. 

 

Prendé la luz ahora. 

Estás en mi regazo y el niño que no sos canta. 

Te sostengo en el hueco de mi costilla. 

Sos mi Eva ahora, mi pequeña. 

 

Decíme: ¿sos mi prisionero? 

Hay ventanas abiertas 

para que vuelvas a tu vida ordinaria. 

 

¿Has aprendido algo? 

Regalaste tu alma a cambio de un hechizo. 

 

12

Si te entrego a otro hombre 

es porque tu cuerpo lo pide. 

 

En los engaños del espejo, 

cualquier pájaro se clava el pico. 

 

¿En qué pensabas? 

¿No te advirtieron sobre los peligros 

de beber con extraños? 

¿Qué te pone en la boca? 

¿No es raro que todo emane una luminosidad cálida, 

como si hubieras nacido para ser feliz? 

 

Soy un pozo al que vas a tirarte de cabeza. 

 

Reímos los tres, nos abrazamos 

y subís a la rueda de la fortuna. 

Las flores se cierran sobre sí hasta asfixiarse 

y que sólo quede un aroma de siega. 

 

Así es como obra el conjuro, 

Así destila su magia.  

 

13

¿Qué artista de altura aceptaría una red? 

Nuestro juego es sin resguardo. 

 

No me mires con esos ojos quietos y azules, 

vos sabés que el deseo 

librado a sus ensueños 

sólo acaba en el crimen

 

Te dejo ondular en el lago de la buenaventura. 

A nuestro alrededor flotan flores anestesiadas. 

 

Sellaste tu esclavitud por un veneno. 

 

Tu única libertad 

es la puerta de embarque.

 

21

La belleza es un problema. 

Me pedís que alguna vez sea más tierna, 

que te abrace. 

 

Como si así no fuera yo a engrosar 

las filas de tus seguidoras. 

 

Como si no quisiéramos todas 

verte sangrar el labio. 

Besarlo así. 

Quererte así, roto. 

 

Mejor si están tus manos atadas a la pared. 

Mejor aún si estoy sobre tus piernas 

y aprieto tu cuello con mis manos. 

 

No sé si creés que conozco este juego, 

que no voy a cancelarte la línea de la vida 

de un tajo sobre la palma izquierda. 

En la apnea otros son los milagros, 

otra la intensidad. 

 

O mejor, mejor aún, comerte, 

comerte mientras mi pie se clava en tu garganta 

y sabés que me bastaría un golpe de talón. 

 

De tales estallidos emergés como un pez fuera del agua.

 Y el oxígeno que entra tan de a poco, 

en un goteo de álamos dormidos en la niebla. 

Después pedirás más. 

Después pedirás eso. 

 

Voy a decir que no. 

No vaya a ser que te acostumbres. 

Y que no quieras otros regalos de menor importancia. 

O que tales ofrendas se te hagan cotidianas. 

Y ya no me agradezcas. 

 

Lidia Rocha es profesora de lengua y literatura. Publicó los libros de poesía Aves migratorias (2006), Roma (2010), Así la vida de nuestra primavera (2015), Soltar la casa (2020) y Hechicerías (2024), del cual forman parte los poemas anteriores inspirados por La Venus de las pieles, novela del escritor austriaco Leopold von Sacher-Masoch.

 

Sergio Langer: reírse del horror

Sergio Langer: reírse del horror

Por Leandro González de León y Laura Vazquez Hutnik*

Una entrevista sobre humor, arte y compromiso en tiempos difíciles.

Arquitecto, humorista gráfico e ilustrador, Sergio Langer inició su carrera en Humor Registrado en 1979. Publicó en Rico Tipo, Página 12, Barcelona y Clarín, donde durante años realizó, junto a Rubén Mira, La Nelly. Editó numerosos libros, entre otros Langer Blanco y Negro, Manual de historia argentina: De Carlos a Néstor, Burroughs para principiantes y Judíos. Su obra fue reconocida con premios en Japón, Brasil, Alemania y Taiwán. En 2022 recibió el Diploma al Mérito del Premio Konex por su trayectoria en la última década. \

¿Cómo te encontrás en este momento, Sergio?

Bien, bien. Pasaron muchas cosas. Estamos hablando de la post-pandemia. De alguna manera uno ya está acostumbrado a estar tipo en modo Ana Frank: los dibujantes solemos estar solos mucho tiempo dibujando. Con la pandemia en su momento sentí que era más una especie de aventura medio rara, bizarra, pero a la distancia se notan los efectos, sobre todo en los pibes más jóvenes. 

La sociabilidad siempre ha sido importante en tu trabajo, se ve en lo querido que sos. Apenas apareció tu nombre en redes sociales nos llegaron comentarios por todos lados: el groso, el maestro, el monstruo, pero además el amado Sergio Langer. Contanos de tu espacio laboral, dónde trabajás…

Para mí el taller, el espacio, es fundamental. Soy canceriano, me gusta estar abrigado en un lugar que me guste. Después de que ganó Macri, ‘’casualmente’’ nos rajaron de Clarín. Yo estuve casi 20 años en Clarín, en distintos suplementos, Turismo, Arquitectura y Zona, que dirigía María Seoane. Y cuando salió la tira La Nelly, en 2003, que hicimos junto con Rubén Mira, estuvimos casi 14 años. Éramos como una especie de infiltrados en el diario, porque nos matábamos de risa. Lo disfrutamos, fue un goce total. Sabiendo que estábamos en el nido de la serpiente, siempre. Lo hicimos con un clima festivo y siempre tratando de correr el límite lo que se pudiera.

Y cuando nos rajaron en 2015, no fue casual. Ya la guerra la habían ganado los tipos. Después de 200 tapas contra Cristina, contra los K, ya estaba listo. Con la televisión era una blitzkrieg, por decirlo de alguna manera. Una guerra relámpago que no fue tan relámpago, porque duró como 15, 20 años. Y bueno, ganaron… ¿Para qué querían un par de humoristas satíricos que hacían un grotesco y que se cagaban de risa? Nos rajaron al mes que subió Macri. Me vino bárbaro porque con la indemnización pude armar mi búnker en Paternal.

Que tiene nombre, ¿no?

Sí, es el Espacio Dickman. Ahí mi hija tenía un lugar para tatuar. Fue una especie de micro, mini centro contracultural, o no sé cómo llamarlo. Fue en el momento más interesante en el cual podía tener mi propio estudio cuando ya dejó de haber laburo. Porque ya está, no hay soporte de diario. Salvo los que ya están en algunos diarios en papel, que igual ¿quién compra un diario? Ni sé lo que vale un diario. Pensé que jamás prescindiría del diario en papel, como una especie de ritual que uno tiene.

¿Te quedaste ahí en tu búnker?

Sí, en el momento en que ya dejó de haber laburo. El año pasado me jubilé y pensé, ¿qué es eso, jubilarse? Siempre estuve por el borde del sistema, a nivel ideológico, porque laburé para los medios gráficos, desde los más pequeños fanzines hasta medios hegemónicos. Sin embargo, siempre sentí que estaba ahí, siempre haciendo lo que yo hago. Y de repente dejó de haber laburo. Me jubilé y empecé a hacer cosas que nunca hice. Empecé a dibujar en grande, pasé a otra escala. Hice dos muestras: una en Córdoba, otra el año pasado en Rosario. Empecé a hacer cerámica. Estoy en un espacio donde hago cerámica y hago tanques de guerra. En lugar de estar internado en un hospital de día, hago eso.

Comenzaste a hacer La Nelly en el año 2003, post-menemismo… 

María Seoane me dijo que La Nelly tenía que ser como Mafalda… Yo la miré y dije, no, no… En todo caso como Susanita después de tres abortos, porque La Nelly salía con una motosierra, muy alejada de Mafalda. Yo no tenía nada que ver con Mafalda, a pesar de que estaba en Clarín y que se supone que ahí tenés que ser lo bien pensante y lo correcto, que es Clarín representando a la clase media. Pero justamente en ese lugar nosotros es donde metíamos la cuchara.

¿Y hoy lo bien pensante dónde queda?

Y hoy lo bien pensante está en todos lados… Votarlo a Milei era lo no bien pensante y lo disruptivo, lo punk, porque a la gente no le quedó más remedio. Quedó inerme ante un escenario donde era mucho más apasionante votar a un tipo con una motosierra en un camión que al boludo de Massa. Yo no soy un politólogo, pero mientras se los cuento lo voy pensando.

Igualmente pensar en la deriva de la clase media entre Mafalda y La Nelly, la consigna de pensar dónde estaría Mafalda en 2003 está en la génesis…

Entre Mafalda y La Nelly hubo 30.000 desaparecidos. Y la crisis del 2001. Estábamos tratando con El Colo (Rubén Mira), que es un cráneo —yo lo amo, es un capo ese chabón, a mí me ayudó a aclarar, a saber cuál es mi trabajo, es un gran artista—, él sobre todo estaba preocupado por saber qué era y cuál era el signo de los tiempos que estábamos atravesando mientras hacíamos la tira, qué era el kirchnerismo. Entonces era apasionante. Llegamos a hacer a Cristina bailando en el caño y fue una de las pocas tiras que nos rebotaron. Porque era antes de la pelea entre kirchnerismo y Clarín.

¿Se publicó después?

No. No la publiqué en ningún lado. La tengo en una carpeta que dice ‘rebotado, cancelado’.

Pero tenemos El libro de oro de La Nelly, que es un gran libro, un lingote…

El libro es un compendio, es una historia de cómo construimos la tira con El Colo, con Rubén. Es diseñado por Rubén… 

¿Volverías a hacer la tira?

Qué se yo… A mí me encanta el personaje y sigue vigente. Ayer en la movida de la Gran Paternal en la que estoy, una movida de casi cincuenta talleres que dos veces al año salen a mostrar sus trabajos, proyectamos en unas paredes de un edificio gigantesco con un grupo que se llama Horrenders, por el tema de la gentrificación… Tuve el honor de que pasaron mis tiras de La Nelly del 2007, una saga donde La Nelly se va a la terraza a tomar sol y le hacen en una hora, dos torres express de 30 pisos. Esa es la saga, dura un mes. Desde el 2007, casi 18 años, y está vigente todavía. Ahí me doy cuenta, ¿no? Está bien que era una obra que hacíamos juntos con El Colo, y que yo lo diga no tiene mucha gracia, pero reconozco que es así… Viste cuando se genera una tercera mente, ¿no? La mía más la del Colo, otra cosa. Es así cuando salen verdaderos resultados artísticos zarpados.

Estaría buenísimo que salgan en redes, en donde sea. Porque necesitamos un personaje crítico.

Sí, pero claro, lo que pasa es que ahí tenés que jugar en las redes, en TikTok, los reels. Y yo no sé ni cómo hacer, empezar a hacer eso, no tengo idea. Y soy muy vago. Pero estoy igualmente. Y ahora son tiempos terribles. Lo de Gaza es increíble. Yo siempre me puse en valor mi condición de judío con un orgullo, porque para mí ser judío era ser antifascista. Y mirá a lo que llegamos, a este exterminio.

La cuestión autobiográfica te atraviesa y lo contás con dolor.

Sí, lo cuento a veces. Lo conté tantas veces, a veces te conectás con la emoción y a veces no. Mi vieja era sobreviviente de un campo de concentración en Ucrania. Mataron a toda su familia, judíos. Yo me crié con eso y con el Estado de Israel como una especie de respuesta, la creación de un hogar para los judíos, porque en Europa no dieron respuesta. De hecho fue un genocidio. Entonces yo además sionista, con una perspectiva humanista o de izquierda, si querés. Pero nada, después del 7 de octubre me di cuenta que todo ese relato escondía un dolor muy grande de la gente que ya estaba, del pueblo palestino que fueron expulsados, la Nakba. Eran 800.000, 750.000 palestinos. Yo eso lo supe siempre, pero me crié en un ambiente en el que era más fuerte la idea de que por fin Israel tiene un ejército y puede defender a sus ciudadanos, y todos somos hermanos y todos los judíos del mundo tienen derecho a ir a vivir. Yo me crié con eso.

¿En qué años estuviste en Israel?

Siempre hubo familia. En el año 79 fui a un kibbutz, porque para mí el link con el Estado de Israel eran las granjas colectivas, el socialismo. Pero en ninguno de esos relatos estaban los palestinos. Era como un fantasma. Los palestinos, sí, un territorio para dos estados, dos pueblos hermanos, pero no pasó nada de eso. Y fueron justamente los gobiernos laboristas los que fundaron el Estado. No hicieron un carajo y se fue derechizando cada vez más.

¿No hay un pueblo, un margen al menos que resista?

Sí, hay un diario muy conocido que es Haaretz que refleja a un 20% de la sociedad israelí, a las universidades,a una clase media progre,  que es la oposición a Netanyahu… Tampoco es que Netanyahu secuestró al Estado y es un fanático junto con otros tres. Representa la opinión de la sociedad. Después del atentado del 7 de octubre, sí, pero bueno… O sea, si después de 80 años de humillaciones, de asesinatos, de bombardeos, ¿qué podés esperar? ¿Que te vengan con una caja de bombones? Yo me he distanciado de muchos amigos y familiares por expresar mis opiniones o por mis dibujos contra el Genocidio del pueblo Palestino.

Salvando las distancias con lo que contabas antes de Argentina (porque queda doméstica la grieta política argentina contra esto, que es la grieta más universal que hay) pero igual no dejamos de pensar en la soledad del que se queda entre grietas o queda al margen de eso. En ambas historias te vemos defendiendo ideas que no encajan en un escenario de polarización…

Yo colaboraba en un medio que se llama Nueva Sion. Un medio que se creó cuando se creó el Estado de Israel, lo fundó Avraya Rottenberg, que es el padre de Ariel Roth y de Cecilia Roth. A mí nunca me gustó mucho el nombre Nueva Sion, pero bueno, yo hacía los chistes más disruptivos. Después del 7 de octubre, en el grupo de WhatsApp, sentí que estaba todo como demasiado tibio. Había un consenso en que había que responder, esto no podía ser. Entonces empecé a subir cosas que tenían que ver con el contexto y nadie me contestaba. Cuando vi el grado de ferocidad con la que el Estado de Israel se fue derechizando en segundos, me bajé, me fui y renuncié.

No había lugar para el humor…

No, simplemente me di cuenta que estaba en el lugar equivocado. Y me llegaron a decir: ‘Che, no es momento para que pongas eso’. Otro tipo me dice: ‘¿Por qué subís esa mierda? Le podía haber pasado a tu hija’. Otro me decía: ‘¿Cuándo un chistecito para este lado?’ Entonces, ahí hay como un parteaguas zarpado. Hay que atravesarlo como pueda. Yo la verdad que no sé. Simplemente les cuento lo que me está pasando.

Te la jugás sabiendo que por ahí perdés afectos, que perdés no solo laburo, que perdés afectividad, que perdés amor…

Sí, me da pena eso. Pero lo estoy transitando, no sé. Estoy evaluándolo mientras me voy cayendo en ese abismo. 

Además hay proyectos artísticos relacionados con este tema en los que estás trabajando.

Sí, me crucé con la gente de Tinta Limón, que es una cooperativa editorial, y me ofrecieron hacer la tapa de un libro de Bifo Berardi, después la tapa de otro libro con la cuestión de Gaza. Entonces, a partir de ahí surgió la posibilidad de hacer en la Casona de Flores, en el marco de la feria editorial que se hace todos los años, una muestra. Era de dibujos míos, pero en un momento dije: bueno, vamos a abrir el juego, vamos a hacer una muestra colectiva. Y se me fue un poco de las manos, porque ya somos como 40 artistas. Yo soy el curador, cuando nunca fui curador, ni nada. Tengo la voluntad de juntar gente siempre, me da vértigo y miedo, porque es una situación donde estás exponiendo, te estás exponiendo. Entre los más conocidos están Marcia Schwartz, Roberto Jacoby, Maitena, Isol, Chichoni, Scafati, Nacha Vollenweiderl, María Alcobre, y un montón de dibujantes menos conocidos pero de mucha trayectoria, amigos y colegas. Muchos no saben qué hacer porque tienen miedo de hacer algo que sea molesto o los acusen de antisemitas Y digo: hacé lo que se te cante. Esto es una emergencia, es algo improvisado, es un acto político. Es una acción. Estoy en ese lugar como un referente, y eso me da un poco de miedo y al mismo tiempo me motiva.

Va a repercutir en medios y va a generar también broncas. Pero es la idea, ¿no? Mover el avispero.

Bueno, sí, a mover un poco. Lo que no se puede es que se esté quieto. Y además yo, como judío, yo tengo que estar acá. Yo no puedo tolerar esto. A mi familia la masacraron en Europa. ¿Por qué tengo que estar tolerando esto? ¡Al contrario! ¡Hay que parar este genocidio!

Estás actuando con tu coherencia y argumentado…

Sí. Y yo lo abordo desde el humor negro, que es lo que a mí me convoca.

Acá nos ponemos más académicos… ¿Qué es el humor negro?

El humor negro es reírte de algo horroroso. Poner en el primer plano una situación que es horripilante y es dolorosa y darle una vuelta y que la chispa de la risa se prenda. Pero es notable, no es un invento mío. Es algo que te sale. No hay límites. Si no hay límites para el horror, ¿por qué va a haber límites para reírse de ese horror? Eso lo pensé después del atentado terrorista en la revista francesa Charlie Hebdo, cuando mataron a doce dibujantes y periodistas  que laburaban ahí, todos decían: ‘Ah sí, pero ¿cuáles son los límites? Porque estos tipos se reían del Islam, de los judíos, los neonazis…’ Y yo, ¿qué? ¿No te podés reír? Pero claro, si yo hubiera estado en Francia hubiera estado colaborando en Charlie Hebdo. Pero también, estar en Buenos Aires en ese contexto era estar en Disneylandia. Yo hacía unos chistes sarpados con el Islam y con los judíos. Acá siempre se vivía un clima donde la libertad de expresión no estaba en juego.

El tema es que también no te gane el miedo. Hoy hay mucha autocensura, incluso a veces impulsada por la gente común, por los usuarios en las redes…

Y también desde el progresismo hubo mucho de eso… Yo colaboro con una revista en España que se llama Mongolia. Hice un chiste sobre una violación en manada que pasó ahí, hice varios chistes. La tapa de Mongolia era la justicia golpeada. Publiqué 6, 7 chistes, historietas de humor negro. Y uno de esos chistes lo subí en mi Instagram acá y me recontraputearon. Yo tenía ahí en Espacio Dickman un lugar donde se juntaba un colectivo de artistas disidentes, La Línea Peluda, que eran en su mayoría feministas . Un día yo estaba emocionado por tener a esas minas en mi espacio y al otro día yo era un falocrático burgués machirulo por ese chiste de humor negro…

¿Cómo lo viviste?

Mal, mal… Lo borré en un momento, fue mi primer contacto con las cancelaciones. 

Tuviste el problema en una redacción tradicional en Clarín, que te dicen: no, esta tira no sale, y años después, en un espacio autogestivo y en redes sociales, te cancela el feminismo…

Un nuevo paradigma, jugar en las redes y bueno, bancátela, aprendé a jugar en las redes. Y eso genera empobrecer la obra.

¿Hay un origen del humor negro, de esa pasión por molestar, por esa crítica corrosiva? ¿Dónde lo acordás, es tu familia, en el inicio de tu trabajo?

Me parece que era una buena herramienta para abordar mi propia historia dolorosa. Si vos hacés humor, encontré que con un personaje como Mamá Pierri, que yo hacía en la revista Barcelona, con un personaje abiertamente fascista, yo podía meterme en la piel de un fascista y burlarme de los progres, del progresismo. Es un mecanismo… Después está Capusotto con Violencia Rivas, todo el tiempo satirizando y parodiando al fascismo. Yo estoy dentro de esa corriente. Encontré que esa era la única manera. ¿Qué voy a hacer? ¿Voy a bajar línea? “No chicos, esto está mal”, eso no hace reír a nadie. Entonces encontré una complicidad con mucha gente que se reía de eso y la Barcelona era ideal.

En Judíos también está muy presente.

Yo lo veo tibio ahora, porque tiene 10 años. El libro fue para mí como una especie de álbum blanco medio cachivachesco porque puse todo. El minimalismo no es lo mío. Entonces me gustaría hacer una edición nueva con todo lo que hice ahora, pero tendría que ser la mitad de ese libro. Mi fantasía es hacer una edición para poder publicarla en Europa. Pero imagínate ahora, en este contexto es imposible, iría en cana por antisemitismo, un delito de odio, jaja…

Queríamos preguntarte por Lápiz Japonés.

Empecé en la revista Rico Tipo,que dirigía el gran Ferro, después fui a la revista Humor donde publiqué mi primer dibujo en el 79. Entonces, yo lo que aspiraba era hacer mejor haciendo humor gráfico y publicar en medios. Si podía publicar en Playboy, publicaba, y de hecho publiqué en Playboy de acá y de España. Mi aspiración era crecer en eso, nada más alejado de lo contracultural. Después de haber hecho todo ese recorrido me crucé con Diego Bianki, con otros artistas: con Elenio Pico, con Ral Veroni, con Rapa Carballo, Sergio Kern. A los treinta y pico de años empecé a explorar lo under, lo contracultural, directamente lo alternativo y lo independiente.

Entonces hicimos Lápiz Japonés número uno, número dos, número tres y un cuarto. El primer número fue muy loco porque le hicimos un Quaker que se abría la tapa y estaba troquelado. Era la tapa de una caja de Quaker y había una mina arrodillada de espalda como rezando y el quakero sonriendo, era una intervención Pop. Entonces la Quaker nos clavó un juicio por 100.000 dólares.

Lápiz tiene que estar reeditado, pero primero podemos buscarte un abogado…

El abogado nuestro fue Pablo Jacoby, hermano de Roberto Jacoby, que es un referente del arte contemporáneo. De hecho, en el juicio, Roberto estuvo presente para darnos una mano. Oscar Steimberg fue también testigo, porque queríamos mostrar, decir: “che, loco, esto es pop art, no jodas”. Decían que era obsceno y no pudieron demostrar eso. Jacoby le dijo al juez, que la defensa que la mujer estaba agradeciendo al tipo. Le estaba haciendo un pete, pero no se veía en ningún momento, la tipa estaba agachada. ¿Dónde hay algo obsceno? No había. Entonces, bueno, el juicio duró como 4 años y finalmente desistieron de avanzar en eso porque dijeron: ‘bueno, no pueden volver a usar nunca más la imagen sin pedir autorización’.

Pusimos con Diego cinco mil dólares cada uno. Yo que sé, me podía comprar una moto con cinco lucas, pero no era mi mambo. El fanzine de lujo duró cinco años y se armó la comuna del Lápiz Japonés. Participaron artistas, dibujantes de historieta, fotógrafos, periodistas. Fue un parteaguas en la escena de las ediciones independientes y de experimentación gráfica, quedó como algo de culto hasta el día de hoy.

Siempre en la academia vuelve. Hay monografías, trabajos. Es de culto.

Yo venía de un viaje por Nueva York donde estuve casi un año y había conocido a Art Spiegelman, el autor de Maus. Yo era un pichi… Yo me estaba construyendo como artista. Y en ese viaje me acuerdo que vi la revista Raw. Entonces vine con todo eso y después me crucé con Diego e hicimos Lápiz Japonés. 

¿Compartiste con Spiegelman? ¿Le dijiste que también eras sobreviviente?

Sí, estuve en su casa en 1991 en NY, con mi inglés de mierda, jaja. Ese día él había invitado a Víctor Mora, que era un guionista español muy conocido, el guionista del Capitán Trueno, una historieta de los años 50 que Spiegelman leía de chico y era muy fan. Me acuerdo que cuando llamé a  Spiegelman, me dijo: ‘bueno, va a venir Víctor Mora, let’s have a Spanish night’. Fue un encuentro muy genial…

Él también está ahora muy comprometido con Gaza, trabajando en una obra de eso. Con Joe Sacco se juntaron.

¡Sí, tal cual! Joe Sacco es un capo total, aún no pude ver esa obra que hicieron juntos.

Te queríamos preguntar por la persistencia. Pasaste por muchos escenarios difíciles y persististe.

Lo tengo naturalizado. No siento que haya hecho un esfuerzo o un trabajo adicional, o me puse en peligro, o me expuse. No es que no tengo conciencia del peligro, no. Yo soy bastante cagón, pero en este caso puntual, no puedo. El desafío en estos momentos es con los amigos y familiares más queridos que piensan y sienten tan distinto.. O sea, vos podés guardarte el ego y no ir con la remera palestina al casamiento de tu primo sionista, eso no va a parar el Genocidio.

Me identifico más con lo punk y con la provocación, esa es mi impronta, mi persistencia a través de los años, pero con el tiempo aprendí a no exponerme al pedo… A veces por ahí no me doy cuenta. Tiene que valer la pena. Hablando un poco de Medio Oriente, no quiero martirizarme, pero me fui acomodando a los distintos procesos de una manera natural, quizás salvaje, sin traicionar mis convicciones más profundas, aferrándome a esa tabla de salvación que es el humor.

 

*Entrevista realizada en Nadie podrá impedirlo (FM La Tribu) el 22 de septiembre de 2025. Desde diciembre de 2025, Lápiz Japonés está disponible en el Archivo Histórico de Revistas Argentinas https://ahira.com.ar/revistas/lapiz-japones/ 

 

Laura Vazquez Hutnik es doctora en Ciencias Sociales (UBA), investigadora independiente del CONICET y profesora en UNA y UTDT. Autora de El oficio de las viñetas. La industria de la historieta en Argentina y de Fuera de cuadro. Ideas sobre Historieta.

Leandro González de León (Buenos Aires, 1986) es licenciado en Comunicación (UBA) y maestrando en Sociología de la Cultura y Análisis Cultural (UNSAM). Conduce el ciclo Nadie podrá impedirlo, por FM La Tribu.

 

Poemas sobre la inmortalidad de mi padre

Poemas sobre la inmortalidad de mi padre

Poemas inéditos de la poeta mexicana Sveltana Garza

 

Hay un pasaje de la biblia

 

que habla de mi padre

y de mis hermanas:

Ese en el que Noé se embriaga 

¿sin querer?

y tira su ropa y su pudor al piso

y se tambalea por sus viñedos.

Uno de sus hijos lo ve

y avisa a sus hermanos.

El hijo que acusa a su padre

queda maldito.

Los otros dos van por un manto

caminan de espaldas hacia Noé

para no ver su cuerpo

para no ver si impudor;

lo cubren y lo llevan a casa…

Decía la maestra 

que la moraleja de la escena

es que a veces los hijos 

deben voltear la mirada

ante los pecados de los padres

ante los errores de los padres. 

Una de mis hermanas y yo

(Quizás porque leímos la biblia,

quizás porque somos adoptadas)

hicimos eso mismo:

La vista gorda

al alcoholismo de mi padre

Pero la menor no tuvo tanta suerte

Ya lo había visto desnudo

Ya lo había visto tambalearse

Ya lo había visto

Y la maldición de la ira fácil

cayó sobre el Canaán de su vida 

y ahora no puede ver a los hombres…

 

sin ver su desnudez

 

sin ver a mi padre

 

sin odiar a mi padre.

 

Alivio

 

Cuentan que, en los Mochis, 

ya se iba cayendo, 

 llevaba todo el hocico sangrando

Corrido del Caballo Blanco

 

Al fin murió mi padre.

 

Ya no más su enfermedad en la cocina

Ya no más servirle primero en la cocina 

 Ya no más su violencia en la cocina 

Ya no más sus tambaleos torpes,

en el pasillo, y en la sala      

y en la cocina

Su puño sobre la mesa

Su prótesis dental

Su bolsa urinaria 

Sus ronquidos estentóreos,

categóricos como puñetazos,

sus puñetazos en la mesa 

 

Ya no más 

sus huesos rotos

regados por el pasillo

para que los nietos se tropiecen 

de cara contra el azulejo

 

Ya no más su úlcera reventada

en el desayuno, en la cena

en la comida familiar,

ya no más garbanzos de a libra

 

Ya no más su próstata en la sala

a la vista de todos
entre el retrato de la abuela 

y el de los niños

 

Ya no más su miembro flácido,

en las camas nupciales

de su esposa y de sus hijas,

exprimiéndose en el urinal  

 

Ya no más muletas en la cajuela

andador en la cajuela

silla de ruedas en la cajuela 

“Tráete unos pañales

ya que vas a salir”


Ya no más: 

“Está frío”
“No sabe a nada”

“Quítame el plato”

Ya no más
“Boladehuevonas” 

“Tu chingado gato”

“A ver si te acomides”

“¿Y esa blusita es nueva?”

“¿Quién es ese que te vino a buscar?”

Ya no más:

“Siéntese bien”

“Aquí no es cantina”
Ya no más decirle “mija” 

a las enfermeras 

en su cara

Y “la pinche vieja esa”

a sus espaldas 

Ya no más su “esas no son formas”

 

Ya no más

“Caballo de la sabana” 

“Perdieron tus patriotas”

 “Al mar se le respeta” 

“Esas son pendejadas” 

 

Ya no más “mi reina” donde iría tu nombre

“Sé me fue tu nombre”

 

Ya no más jugo de naranja 

 recién exprimido

Ya no más naranjas en sacrificio

 Ya no más sacrificio

“Ayúdame a levantarme” 

“Ayúdame a ponerme el reloj” 

“A amarrarme los zapatos”
“A poner la tele”

“A programar la tele”

“A cortarme las uñas de los pies”

“Ayúdame a limpiarme el culo”
“Ayúdale a tu mamá”
“Ayúdame a morir”

 

Ya no más navidades en la del valle

Ya no más “pobre de tu papacito”

Ya no más su tos, sus gases, sus flemas 

sus movimientos intestinales

Ni su demencia senil, 

Ya no más salas de espera

 

Ya no más sus orines y su mierda encima 

Ya no más su dolor

 

Hijo de tigre

 

“Mi amor por ti

Me enseñó a nadar,

a andar en bici,

a gritarle a la tele,

a beber como cosaco,

a beber como los hombres, 

a beber como malmarido,

a regresar siempre, aunque sea ebrio,

a manejar ebrio,

a morir como un buen borracho…

como un buen hombre

 

 

Cuidadora paliativa

 

Yo solía tener un nombre 

algo con luz en la raíz. 

También tuve un amor

con más raíces que luces. 

¿A quién engaño?

Tuve un chingo

de amores… y de nombres,

suficientes 

para sembrar la duda

 

También solía tener la noche.

La noche, 

de la que todos se creen dueños,

era mía. 

Ahora son tuyas todas,

más que tuyas,

de la sala de espera 

 

También solía tener hermanas, 

hermanas diurnas 

y tan esbeltas 

que no les hacía falta sombra.

Y en el esbelto hueco que dejaron 

ahora tengo enemigas

 

Yo solía tener una madre 

y suficientes reproches

para llamarla mía,

con risos perfectos, 

que de puro mezquina

no le heredó a nadie.

 

Yo solía tener una madre

con más lunares 

de los que ha habido estrellas.

 

Yo solía tener una madre

pero se murió en la cama

donde tu rehusabas morirte 

donde todas te ahuyentábamos la parca

 

Yo solía tener una vida

pero con el superpoder de tu sonda

la absorbiste en la tuya

 

Funeral para un planeta

Marte, despierta
Pobre planeta rojo,
aprendiendo
a golpes de meteoro.

 

Hay planetas que
no han nacido nunca
y tú has muerto
ya tantas veces.

Marte ha tenido
una vida dura,
sobre todo
después de muerto

Es incapaz de vida nueva
no sabe cómo sanar 

No va a volver a caminar nunca
pero tampoco muere para siempre 

Despierta, Marte
si hace frío
canta
si quema
canta

Abre los ojos, Marte
contempla las estrellas
entrégate al infinito 

 

Svetlana Garza (México) es profesora de la Escuela Nacional de Lenguas, Lingüística y Traducción (ENALLT) de la UNAM. Publicó los poemarios La Rinoceronta en el cuarto” y Bestiario de mis exxxes.

¿Se puede criticar? A un año de la muerte de Beatriz Sarlo

¿Se puede criticar? A un año de la muerte de Beatriz Sarlo

 

Por Leandro González de León

El pasado 17 de diciembre se cumplió el primer aniversario del fallecimiento de Beatriz Sarlo. Una oportunidad para preguntarse qué se pierde con su muerte, qué prácticas y qué gestos se hacen necesarios en su ausencia.

En una de sus últimas entrevistas públicas, en el streaming Gelatina, Sarlo se refería a la dificultad de “distinguirse como interlocutor cultural en un momento donde todo es pluralismo estético”. Su último libro publicado en vida, Las dos torres (Siglo XXI) reúne escritos en torno al lugar de los intelectuales, de la crítica cultural, en un contexto donde se ha enseñado “que la pelea es algo que debe evitarse a toda costa”. Sarlo considera que “una discusión estética, intelectual, económica es importante” y se pregunta: “¿cómo se llega a acuerdos si no es a través de esa discusión?”.

Dice en Las dos torres: “[en la posmodernidad] el conflicto es suplantado por la coexistencia pacífica de las estéticas y otras prácticas. Incluso la discusión estética es irrelevante dentro de ese marco”. 

Sarlo define a la cultura como un sistema de diferencias. Esto y no aquello. La identidad es siempre oposicional y “todo reside en la forma que toman las oposiciones”. Si hacia el año 2000, la oposición entre el capitalismo y el socialismo había perdido fuerza, lo mismo sucedía para Sarlo entre lo prohibido y lo permitido, lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo (“tanto en un sentido moral como estético”). En ese contexto, la figura del crítico cultural perdía sentido o asumía un carácter puramente negativo.

Si todo vale lo mismo, nada tiene sentido. Dice Sarlo que “es posible suspender la necesidad de llegar a un sentido”, pero “¿por cuánto tiempo?”

En diciembre de 2025, Quentin Tarantino, en el podcast de Bret Easton Ellis, habló de las mejores películas del siglo XXI. Ubicó There Will Be Blood en el puesto 5 de su lista personal. Dijo que podría haber sido número 1 o 2 “si no tuviera un gran defecto: Paul Dano” y lo llama “el actor más flojo del SAG”. No critica su vida personal. No critica su identidad. Critica su trabajo como actor, en una película nominada al Oscar. Una crítica discutible, pero crítica al fin.

La reacción de Hollywood fue inmediata y corporativa. Matt Reeves (director de The Batman) tuiteó “Paul Dano es un actor increíble y una persona increíble.” En el mismo sentido, Reese Witherspoon dijo “Paul Dano es un actor increíblemente talentoso. Más importante aún, es un caballero” y sigue la lista. El enfoque de Matt Reeves predominó en la mayoría de las declaraciones, la indiferenciación entre la calidad artística y la condición personal. La solidaridad se organiza como si Dano hubiera sido víctima de discriminación, de agresión a su identidad, no como si hubiera recibido una crítica sobre su desempeño profesional.

En Buenos Aires, Santiago Motorizado se refirió al fenómeno en torno a Lux, el nuevo disco de Rosalía: “imaginate criticar el disco de Rosalía, te liquidan acá en la puerta”. Santiago no termina diciendo que Lux es malo. Pero ante la maquinaria del “mejor disco de la historia” un posicionamiento matizado tiene poco espacio y un alto costo.

¿Se puede criticar? ¿Por qué es necesario hacerlo?

Sarlo fue lectora de Raymond Williams, de los estudios culturales británicos que revalorizaron la cultura popular. Escribió sobre folletines sentimentales (El imperio de los sentimientos), sobre la cultura de masas, sobre Arlt y el criollismo urbano. Fue parte de una generación que amplió el canon, que discutió la alta cultura desde la cultura popular.  Pero en sus últimos años defendió posiciones que podrían considerarse conservadoras y hasta reaccionarias: la necesidad de jerarquías en el arte, la diferencia entre una buena y una mala obra, el rol del crítico como instancia de evaluación, el canon como construcción colectiva argumentada.

Sarlo ve que el “pluralismo estético” no produce democracia cultural sino parálisis crítica. Que la horizontalidad total no empodera sino que disuelve. Que cuando “todo vale igual”, cuando no se puede decir que algo es mejor que otra cosa, el campo cultural entero pierde prestigio, pierde función, pierde sentido.

Las consecuencias no son solo estéticas. Son morales y organizacionales. 

En 1934, Enrique Santos Discépolo escribe “Cambalache”. En plena dictadura, en plena crisis, hace una crítica que no es solo económica ni solo política. Es una crítica estético-moral:

“Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio, chorro,
generoso, estafador.
Todo es igual, nada es mejor,
lo mismo un burro que un gran profesor.”

Lo sagrado junto a lo utilitario. Lo trascendente junto a lo banal. Pérdida del canon, pérdida de jerarquía. Discépolo defiende el canon porque entiende algo fundamental: la pérdida de jerarquías no es democratización sino decadencia.

Una comunidad artística que no se autocritica, que no jerarquiza, que no pondera, pierde la capacidad de distinguir. Y cuando el campo cultural pierde esa capacidad de evaluación, de jerarquización, esa función no desaparece: la ocupa otro. Necesitamos criterios. Y cuando el campo cultural democrático no los provee, se buscarán en otros campos.

El reordenamiento (o el mero caos) geopolítico en el que ingresamos en 2026 señala un evidente cambio de época con las extremas derechas en la vanguardia de un nuevo mundo, donde la confrontación directa, física y verbal, las dramáticas distinciones entre el bien y el mal, vuelven a ser dominantes. Nos aciertan una piña en la cara en un ámbito donde hasta hace muy poco tiempo nadie se podía agarrar a piñas, y el que lo intentaba era un borracho, un loco, al que sacaban rápidamente de la escena. 

El primer desafío no es entonces de fondo, sino de formas. Después de agotados consensos, de una extensa decadencia, es necesario volver a confrontar y, sobre todo, aprender a hacerlo.

 

Leandro González de León (Buenos Aires, 1986) es licenciado en Comunicación (UBA) y maestrando en Sociología de la Cultura y Análisis Cultural (UNSAM). Conduce el ciclo Nadie podrá impedirlo, por FM La Tribu.

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