“Las babas del diablo”: literatura y fotografía en Cortázar

“Las babas del diablo”: literatura y fotografía en Cortázar

Un análisis comparativo entre fotografía y literatura en Cortázar, por Nina Schiaffino.

“Las babas del diablo”: literatura y fotografía en Cortázar.

Una tensión comparativa entre la literatura y la fotografía como modos de retratar la realidad y narrar lo cotidiano se asienta en “Las babas del diablo”, de Julio Cortázar. Si se parte del uso de los diversos planos estructurales del relato se encuentra que la relación tensa entre ambos elementos se sostiene, resultando en un paralelismo que permite ver la convivencia de los dos modos de ver y vivir la vida cotidiana.

  1. Puntos de vista: la cámara, la máquina y la desorientación

“Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda, usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no servirán de nada (…)” (Cortázar [1959]:25). Con este comienzo, el cuento presenta un relato marco y un relato enmarcado, introduciendo al segundo directamente con la narración de la historia y la presentación del personaje protagonista, Roberto Michel. La enmarcación de un relato dentro de otro recuerda a una foto enmarcada, donde el marco ya incluye elementos del relato enmarcado y marca un contexto, funcionando como un límite; al indicar la fecha y el lugar, se imita la función del marco fotográfico, que contiene a la foto a la vez que la expone como el retrato de un lugar determinado en un momento determinado (en este caso, noviembre en París). Esta diferenciación, a su vez, es remarcada por el espacio en blanco que separa a las partes.

Continúa el relato:

Puestos a contar, si se pudiera ir a beber un bock por ahí y que la máquina siguiera sola (porque escribo a máquina), sería la perfección. Y no es un modo de decir. La perfección, sí, porque aquí el agujero que hay que contar es también una máquina (de otra especie, una Cóntax 1.1.2) y a lo mejor puede ser que una máquina sepa más de otra máquina que yo […]. (ibíd.:25).

Los campos semánticos del narrador son la fotografía y la literatura: se presenta como un experto al hablar de su escritura, de poesía, de los distintos elementos a tener en cuenta a la hora de usar una cámara y de su estrecha relación con la fotografía, al punto de poder pensar fotográficamente —pero no necesariamente hacerlo— las escenas del cotidiano. Después de todo, se recita a sí mismo versos de Apollinaire de memoria casi al pasar, y además, agrega: “… no desconfiaba, sabedor de que le bastaba salir sin la Contax para recuperar el tono distraído, la visión sin encuadre, la luz sin diafragma ni 1/250…” (ibíd.:26), sin tener que preocuparse por pensar las escenas de la ciudad de manera fotográfica, es decir, manteniendo una relación de fluctuación con el punto de vista de su cámara. El narrador juega con la primera y la tercera persona del singular, yendo y viniendo entre una mirada subjetiva y una objetiva; este vaivén, que se repite a lo largo del relato, enfrenta la visión fotográfica y la visión propia, subjetiva y literaria, las cuales conviven dentro de Michel y se vuelcan tanto en sus fotografías como en sus trabajos de traducción: “Michel es culpable de literatura.”, “Metí todo en el visor (…) y tomé la foto” (ibíd.:29, 29). Así como Michel puede, como fotógrafo, ver una escena e imaginar su fotografía, el narrador del relato se sumerge y sale constantemente de dos puntos de vista que dejan entrever la dicotomía entre visión fotográfica y visión subjetiva. De este modo es que el punto de vista de Michel y del narrador se fusionan con el de la cámara: “… y entonces giré un poco, quiero decir que la cámara giró un poco…” (ibíd.:32).

  1. Tensiones entre literatura y fotografía

En Michel se encarna la oposición escritura/fotografía: a lo largo del relato se sumerge cada vez más en la fotografía que tomó, hasta que termina absorto por ella al punto en que no puede continuar con su trabajo escrito. La tensión, entonces, se termina de resolver cuando Michel deja de lado a la escritura para meterse de lleno en la fotografía, que lo atrapa tanto o más que su texto a traducir; se fusiona con el punto de vista de la cámara, como ya mencioné, y entonces logra entender la historia que capturó en su totalidad:

comprendí, si eso era comprender, lo que tenía que pasar, lo que tenía que haber pasado, lo que hubiera tenido que pasar en ese momento, entre esa gente, ahí donde yo había llegado a trastocar un orden, inocente inmiscuido en eso que no había pasado pero que ahora iba a pasar, ahora se iba a cumplir… (ibíd.:31).

Pero la tensión no se resuelve porque Michel elija una u otra opción, sino que las combina para completarse: utiliza su imaginación literaria y deduce entonces el final de lo que fotografió, así como a lo largo del relato el narrador adelanta elementos del final entre paréntesis. El protagonista, dividido entre la literatura y la fotografía, comparándolas constantemente, las concilia para reponer la historia que retrató aquél siete de noviembre en París.

Por otra parte, tanto en los detalles del cotidiano citadino como en la vida de Michel, el uso de paralelismos entre ambos elementos aflora en todo el cuento, en comentarios tales como: “… si se pudiera (…) que la máquina siguiera sola (porque escribo a máquina), sería la perfección (…) porque aquí el agujero que hay que contar es también una máquina (de otra especie, una Contax 1. 1.2)1 (…)” (ibíd.:25), o al plantear que la fotografía debería enseñarse desde los primeros años de vida a los niños, igual que la lectura y la escritura. A través de este recurso se genera y sostiene la tensión entre literatura y fotografía como dos modos de contar historias y de retratar a la realidad cotidiana; estas dos, a su vez, se unen al ser ambas artísticas, puesto que no se utilizan con objetivos banales, como perseguir a la farándula, dice Michel, porque de esa manera resultan degradadas como simples herramientas periodísticas, quitándolas de su lugar en el arte. Por otro lado, el uso de paréntesis encuadra un adelanto de la imagen final del relato, de la fotografía final: “(ahora asoma una pequeña nube espumosa, casi sola en el cielo)”. Los paréntesis sirven a modo de un reencuadre dentro del encuadre general, una nueva fotografía dentro de la original, un recorte, una ampliación o, incluso, un zoom-off, como un recurso de la escritura pero también del efecto gráfico en el lector.

En cuanto a la dimensión espacio-temporal, por su parte, se genera una ambigüedad, reforzada por estos paréntesis, en la que el pasaje del presente al pasado se vuelve cada vez menos clara a medida que avanza el relato. Los tiempos se mezclan de la misma manera en que una fotografía invita a imaginar lo que pasó antes y después de tomarla al mirarla con atención: “…comprendí lo que tenía que pasar (…) y lo que entonces había imaginado era mucho menos horrible que la realidad…” (ibíd.:31). Los pasajes entre lugares y tiempos son poco claros, se entremezclan y los límites se desdibujan, como cuando se cuenta una historia o se observa a una fotografía por un largo tiempo y de la misma manera que las nubes se desarman en su paso por el cielo.

  1. Conclusiones

En el relato de Cortázar literatura y fotografía se hilvanan en el cotidiano para contarlo; el día a día se construye como un cuadro del cual se parte para llegar a algo más, junto con la ayuda de la literariedad en lo fotográfico pero también los visuales en lo literario. El atisbo de lo fantástico, además, concilia la tensión para que ésta quede, no perfecta —mucho menos cerrada—, pero sí redonda: se parte de un encuadre para abrir la posibilidad de lo posible, incluyendo en este, valga la contradicción, también lo imposible. Así como la cámara se mueve buscando un objetivo, la imaginación busca una historia para narrar; literatura y fotografía se unen, entonces, no perfectas pero hechas a medida la una de la otra, o al menos así se presentan en “Las babas del diablo”.

1 Este es un modelo de cámara fotográfica; se establece un paralelismo entre ambas máquinas.

Nina Schiaffino nació en Buenos Aires (2003), estudia la carrera de Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

Mercedes Roffé en la mirada de Nancy Montemurro

Mercedes Roffé en la mirada de Nancy Montemurro

Una reseña del último libro de Mercedes Roffé, junto a una muestra de su poesía.

 

Composición: cristales de Mercedes Roffé. Un silencio que canta

Por Nancy Montemurro
Composición: cristales es una lírica del movimiento. Desde sus primeros versos (“se trata de sortear/ la tentación de anclarse”), todo el libro nos invita a seguir un camino junto a la voz poética que nos guía. Es un desplazamiento de los sentidos explorando la dinámica de una composición. “Todo sucede en el espacio/ entre dos universos”, nos dice Roffé. Efectivamente, podemos pensar en un universo de encanto y otro de desencanto. En ese suceder, en ese espacio entre uno y otro, se filtran los opuestos. La búsqueda de la armonía y la verdad se topa con el borde donde todo está “a punto de caer”.

La voz poética se metamorfosea en su recorrido. De pronto es neutra: “Se dice que asoma/que resuena”; es un yo hablándole al tú: “Sabes que dependes del cielo”; es un nosotros: “Pentagramémonos /es la única manera”. Al atravesar todo el libro, sentimos que fuimos guiados para poner atención donde la mirada de la poeta se ha detenido. Es notorio, que la palabra “cristales” no esté incluida en ningún poema. ¿Qué son los cristales? ¿dónde están? Podríamos suponer que cada poema es un cristal de esta composición. Un cristal como espejo donde vernos reflejados, como joya, como piedra energética y sanadora. O tal vez, cada lector es un cristal donde el poema ve de sí mismo, su reflejo.

Interesante estrategia despliega Roffé, porque entrando al texto, ya somos parte de él. Así, el lector va encontrando al mismo tiempo, los principios constructivos: “el rojo va camino al azul”, junto a aquellos, que inestables, dejan huella de lo fugaz: “El círculo no existe: sólo las artes de su destrucción”.

El libro, concebido en dos partes, pareciera insistir en este enfrentamiento en espejo, como declarando una necesidad de simetría que no se logra, porque no hay equilibrio: “tu ideal de justicia lleva en la mano derecha un rojo ramo de flores, y en la izquierda, un garrote bañado en sangre y bilis”. Sólo nos queda la posibilidad de recorrer el espacio de la palabra que se despliega como un mapa de enunciación hasta llegar al alfabeto del cuerpo. Lo sutil y lo corpóreo se unen explorando la materia. Volutas de viento se van metiendo entre los versos y allí tanto tiene lugar “un pétalo que cae […] una corchea” como “falsas olas colmadas de monedas”. Se hace presente la dualidad del mundo y entonces surge la pregunta por nuestro ser en ese mundo. Esa es la exploración que nos propone Roffé: Aquí estamos, esto somos.

Estamos en un sitio donde “siempre acechan temores” porque “los ídolos se desmoronan” y los periódicos, los ángeles y hasta la ciencia mienten. Un mundo real, matemático, de tasas de interés, índices, tablas de valores y algoritmos que anuncian la hecatombe. Sin embargo “el ojo sigue”, el mensaje sigue “como una flecha al alma”. Entonces, “la cuestión será no detenerse. Seguir el ritmo de las devaluaciones”. Buscar el arte en sus diversas formas: el color, la música, el juego de la hoja que cae en el silencio. Separar la paja del trigo para poder distinguir lo auténtico de lo falso. “Lo importante es que sigan”, nos dice esa voz y nos alienta: “Cuando un barco no sabe de dónde/ van a soplar los vientos/ multiplica/ el color de sus velas”. Multiplicar el color, volver a la canción del sueño que nos conserva vivos, llegar hasta “un torrente de altas mareas” para sumergirnos, buscarnos, encontrarnos. Insistir en ello.

“Todo indica que sigas”, y sin embargo, Roffé se atreve a preguntarse por el posible retorno: “Como volver atrás. ¿Cómo volver atrás?”. Cualquier derrotero puede exigirnos, en un punto del camino, ir “en la dirección opuesta”. Esto es parte de la creación, de la búsqueda. Toda composición, como la vida misma, siempre vuelve una mirada al punto de partida.

La escritura es así. Sumergirse en la palabra explorando hacia adelante y hacia atrás hasta que no haya palabra. “Escribir es viajar a una insospechada dimensión del silencio. Como callar cantando”, nos dice la autora. Tan ambiguo y tan cierto: un silencio que canta, un canto del silencio. Ese es el viaje de la escritura. Ese es el mensaje, que viniendo de Mercedes Roffé, seguro llegará como una flecha al corazón. Porque “es cuestión de alegría. Siempre”.

 


Mercedes Roffé
composición: cristales
(Buenos Aires, Salta el Pez, 2023)

Parte I
*
Se trata de sortear
la tentación de anclarse
el rojo va camino del azul
los ídolos se desmoronan
la duda arrecia…
A veces
vale olvidar también.
Vencer o huir no es el dilema.

*
No sigas
No te entiendo
Este mundo me abruma
tu cuerpo, digo
tu cuerpo
—ese alfabeto

*
Todo lo recorrió
mares,
penínsulas,

bosques de alerces, de sándalo,
de arrayanes,
llanuras, valles, montes,
ríos,
continentes
y todo, siempre, todo
a punto
de caer

*
Dicen que el viejo Basho
recordando una tarde las grullas de Sotatsu
del regazo del mítico banano
se alzó
e increpó al viento: “Anch’io sono pittore.”

Parte II

*
Corre, corazón. El aire que abaniques no apagará las llamas del
bosque que se incendia dentro de ti.

*

Las tasas de interés parcial del 0% anticipan una capacidad de
recuperación que repuntará en los meses siguientes a cualquier
hecatombe, física o moral, económica o humana, regional,
planetaria o sideral. La cuestión será no detenerse. Seguir el
ritmo de las devaluaciones, los bonos, los mercados, la
prostitución, la trata, el tráfico de niñxs, de órganos, la droga, la
Iglesia, los clubs de pederastas, las bienales, los premios, las
ediciones piratas… Lo importante es que sigan. Ya les
avisaremos cuándo parar. Pero por ahora sigan. Sólo asegúrense
de dejar a sus mascotas en casa. Eso sí es importante. Y no
parar.

*

¡Ni lo sueñes! Tratar de confundirme con un mapa invertido o el
perfil de unas islas exiliadas del mar sólo demuestra que tu ideal
de justicia lleva en la mano derecha un rojo ramo de flores, y en
la izquierda, un garrote bañado en sangre y bilis.

 


Nancy Montemurro nació en la Provincia de Buenos Aires en 1961. Es poeta, docente especializada en literatura Infanto-Juvenil y traductora. Fue miembro fundador de la Cooperativa Editorial NUSUD, surgida a finales de los ´80 y con un gran aporte editorial para escritores nóveles en los años ´90. Forma parte de La Galería de Arte Contemporáneo Torres Barthe como redactora de la curaduría. Realiza crítica literaria. Publicó en poesía: A doncella (Nusud, 1988); Craquelage (Nusud, 1994); Arcanos Mayores (Edición artesanal, 1999 y Ediciones Del Citrino, 2011); Rumbos del viento (Ediciones del Dock, 2016); Jardines en el cielo (Ediciones del Dock, 2024). Ha sido traducida parcialmente al inglés y al ruso.

Del ruido del Agua

Del ruido del Agua

Selección de poemas del libro Aqua (2024), de Silvia Barei

Del ruido del Agua
Del ruido que hace una gotita cayendo de la canilla.
Allí el Agua tiene su amanecer y su sombra.
Del ruido de la cascadita donde juegan unos niños /cerca de mi casa/.
Allí el Agua es sinfonía de un mundo en teoría perfecto.
Del ruido cuando sopla el huracán.
Allí el Agua abre sus fauces en rugido de esperpento.
El ruido del Agua de lluvia sobre el tejado
es el llanto por algo lejano, una promesa o un milagro.
El ruido del Agua cuando sueño
es ocultarse en algún cuento, volverse fantasma o jardinero.
El ruido del Agua cuando riego
es la forma de un pez en un pañuelo.
El ruido del Agua en el vaso nocturno
soy yo misma vestida y desnuda
en una habitación con paredes de selva.
El ruido del Agua en el Mediterráneo en el Darién en Gaza en la quebrada de Humahuaca
en el hielo de la Antártida en las tierras de los wichi y los chané en las cenizas de
Australia
suena a metralla sabe a sal y a derrota y en la tarde última dibuja una lágrima.
El ruido del Agua no nombra los nombres de este tiempo.

Si escribo Agua
se moja
el papel
se mancha de tinta.
Nada tiene sentido
si caigo en el infierno
por un renglón avaro de luz
por el caos
por los dragones de las letras
por el vacío del nada decir
del nada sentir.
El ruido del Agua es el silencio de los nombres de este tiempo
arrinconada
atrapada en una red
en la piel lisa del cemento.
Pobrecita
la palabra Agua.

Canto
El tren pasa como un fuego
por el viejo país donde ya no vivo.
Camino a la nada
dibuja una línea incierta de polvo
martilla la oscuridad de norte a sur
cuelga de la noche
suspendido en un puente.
Huyen de él
los pueblos las laderas de los montes
el río que se ofrece en sacrificio.
Peregrinos se detienen a mirarlo.
Canta una mujer en un balcón en lo alto
/ese espacio entre ella y el mundo/
Se asoma al horizonte y quiebra el silencio

su perfil de sirena
su timbre de soprano.
Su voz es Agua que tiembla.
Los hombres se esconden.
Hay quien se asoma al río desde una baranda.
Solo los niños se ríen
como si acabara de nevar.
Alguien en este pueblo se despertará llorando.

El hombre que nada
Dijiste
Soy el nadador, Señor, sólo el hombre que nada.
Gracias doy a tus aguas porque en ellas
mis brazos todavía
hacen ruido de alas.*
Y te volaste
por las arrugas de tu cara
por la red de palabras que se deslizaban en un reloj de arena
se caían /te caías/ nos caíamos/sin remedio
y sin ruido.

Nadie
recuerda
el granito de sal
la última gota

el tiempo acabado
el correr de las cosas
hacia un país extraño
donde no hay mujeres

ni río
ni tristeza ni milagro.
Solo
una brazada
la flotación del miedo como marca.

Héctor Viel Temperley

W. H. Hudson/G.E.Hudson

Hay la orilla de un río que parece infinito
unos carros pasan golpeando el empedrado
lámparas de gas alumbran las calles
un griterío de vendedores y un joven que habla en inglés
arropado en un poncho argentino.
Campesinos, marineros rústicos bajan de un barco
y ese muchacho que deja una tierra púrpura
/para empezar a soñarla/
sube arrastrando una maleta con libros y
da por sentado que no habrá regreso
que se irá para siempre
sobre la espuma del mar.
Perdido en las calles húmedas de Londres
sabrá
-años después y ya hombre cano-
mientras mira dibujos de pájaros y caballos
mientras atisba el cielo en una tarde inesperada
entre los célebres jardines de Kensington
y sus fuentes de Agua urbana
sabrá
-que lo único que tenía-
/su novela de amor con la pampa

su lugar perfecto
su patria estremecida/
lo han abandonado.

Los caminos que conducen a la literatura
El sudor en el cuerpo
las mantas
las aspirinas
la mano de mi madre
las compresas
el líquido a sorbitos
y un sueño persistente:
un niño, una cajita de música
un río lejano y transparente
y un delfín en una burbuja salpicada de Agua
aislados en un mundo
pequeño que crece
cuando la fiebre me arrastra por el aire.
Si me entierran
/pienso/
que me lleve el delfín por el río ancho /aprisionada/ con el niño que me acuna en su
pecho.
Que me lleve hasta esa morada en algún mar en algún puerto.
Pero si no muero
/pienso/
quiero escribir sobre la cajita de música en movimiento/ las líneas de un pentagrama
/cuatro negras y ocho corcheas/ la sordera de Beethoven/ un tango en el bandoneón de
Mederos / una mujer llamada Berta recitando poesía/ alguien querido que está enfermo/ el
sonido de las vocales/ el compás la música el ritmo del silencio.
Y la sensación de irrealidad de un libro abierto.

 


Silvia Barei vive actualmente en Cerro Azul ( sierras de Córdoba). Es doctora en Letras y escritora. Se desempeña como profesora de posgrado en distintas universidades nacionales y participa activamente de la vida cultural de Córdoba. Ha publicado numerosos libros teóricos de su especialidad (Teoría literaria y Teorías de la cultura) y once libros de poemas entre los que se citan los cuatro últimos: Sangre acompasada, Carmen, Fauna y Aqua. Integra el grupo Palabras de poeta.

Desterrar el imaginario

Desterrar el imaginario

Poemas del libro inédito El mundo tiembla en mis manos, de Cecilia Carballo

 

Desterrar el imaginario
andar al estilo Run Like Hell
donde el infierno
es una revelación
no se aprende
bajo los capullos de los tilos
sí en las grutas perdidas en la playa
sé de esteros sutiles pero no hay sangre
un fósil es un refugio
las arañas peludas que atrapan
son la historia
sin limo
con la certeza de no hay tiempo
con la miasma pegoteada
en los dedos
lo maduro es todo lo que estalla.

————————————————–

El lobo
no puede huir
nos mira
se acerca separado por una pared de agua salada
Rom Freschi

 

Vino el mar
hacia nosotros
en un sueño

con olor a viento
sin olas
con piedras encalladas
y estepas amarillas
sobre su piel acuosa

nubes en fila
se posaban
bajo un azul inmenso

Vino él a buscarnos
como si
nos diera el silencio.
Su silueta se posa
en nuestras retinas
tiene esa magia
de hacernos volver
a los días en los que
su arena nos zarandeaba

no queremos huir
de ese momento

el agua salada
nos mantiene despiertos.

 

Prosas del fanzine El viento no vendrá a despeinarme, editado en junio de 2024 por Halley Ediciones

 

Las horas
La sociedad es un estruendo, la crueldad vestida de hereje deambula por los
techos, veredas, asfalto. No soy incólume a tanta eclosión. Cada palabra puede
ser una lanza que estalla en el vientre. Prefiero ser un bicho de la humedad, de
esos que se doblan con facilidad hacia adentro. Vivir entre papeles en un caos
sin brújula, ser agreste y encontrar el umbral en la hoja que cae sobre el pasto.
Estar en mi propia tierra, sin acatar órdenes de quienes embuten aguijones
para sentirse magnos en cualquier sitio.

Algo entre las manos
Caminás en una cornisa, pero firme. Algo vibra en el ambiente, rompe los
espejos y te ves de nuevo con los dedos hundidos en la tierra. Es un laberinto
de alta velocidad. Te das cuenta de que el hálito es tan breve. Estás diáfana y
sin ley. Intentás alejarte de esas vías, pero una fuerza centrífuga te atrapa. En
esos nubarrones seguís tu propio hilo y aparece el arte con su belleza. Tomás
en tus manos ese instante de chispa.

 


Cecilia Carballo nació un 25 de febrero en CABA, pero vivió su infancia entre Ituzaingó y Río Grande. Es profesora y Licenciada en Comunicación Social (UBA). En el 2012 obtuvo una mención en el Concurso Provincial de Poesía “Ginés García”. Publicó los libros “Hay tierra bajo mis pies”, “El vibrar del fuego” y “El único color que vemos”  “El viento no vendrá a despeinarme”. En 2021 participó  de la Campaña Nacional de lectura de México con su libro infantil inédito “Las casas de los vecinos y los imaginarios”. Actualmente da talleres para infancias y adolescencias en la Universidad Nacional de La Matanza.

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