by Claudio Medin | 31 \31\America/Argentina/Buenos_Aires agosto \31\America/Argentina/Buenos_Aires 2023 | Poesía
A continuación, una selección de los poemarios: Hoja de Ruta, Mapa Oscuro, Poéticas del Movimiento y Gramática del Viento, de Susana Slednew.
En: Hoja de ruta
De la vida sólo sé
ciertos instantes puros
lo callado de un dolor,
la boca de mi padre
abierta hacia el olvido
Diré que no se sabe
si la muerte alcanza a ver la casa entristecida
con el último esfuerzo extraviado de su alma
si puede ver –al modo de un fantasma-cómo se desfigura el rostro
o su cuerpo queda sin fuerza
Diré que no se sabe sobre la manera
en que algún pétalo en el patio
intenta compensar el vacío
ni cómo se reinventa el sol entre los ventanales
ni el modo que encuentra la sombra para no borrar
hasta el final
la gracia de la pena
Diré que escapa a nuestro entender
cómo las estaciones
nos vuelven al ritmo con sus ritos y disparates
le inscriben a los cuerpos la forma de reparar
el desamparo de la muerte
¿Cómo se verá en el microscopio la forma en que el dolor
se transforma en una fuerza para protegernos de lo mismo?
¿cómo hace el latido de un corazón para ganarle a otra muerte?
¿qué sensaciones reconstruyen el ritmo con que fluye la sangre?
Diré que no se sabe si hay un movimiento lento
que hace el cielo a escondidas
que no se puede decir cuándo
porque lo que se rompe se recupera en pedazos
en brillos apenas perceptibles
sobre la piedra de la calle
¿Será por eso que le debemos algo a la muerte
a la bondad de la luna sobre los techos del pueblo
y más aún a las formas que van tomando las manos
para acariciarse las tristezas?
Diré
que no se sabe
*****
En: mapa oscuro
aunque todo es calma
sobre el mapa de la calle
la intuición del presente
es un invento
un atajo dorado
ahora sos esta mujer
empapada de encierro
alguien envejece a lo lejos
alguien nace
otro se muda
un ciego aprende a bailar
un tiburón encuentra a su presa
en el mar al que nunca fuiste
un hombre en libertad se llora a sí mismo
alguien aplaude una interpretación de mozart
otro
levanta un cartón en la ciudad que duerme
mientras tanto
la línea que es difícil de ver
separa el bien del mal
como quien aparta los ingredientes
sin calcular con precisión
los resultados
ahora leen un poema
que es igual a todos los perdones
entonces
una minúscula mancha en el piso
llama la atención
mientras escuchás
el perdón se ha acomodado
entre los versos
tiene
el tamaño justo
de un silencio
entre dos baldosas
****
En: Poéticas del movimiento
cada tanto recobro tu número infinito
me digo que volvería a estar con vos
pisaría de nuevo las calles
la música de nuestro sueño
recostados sobre la geografía
no se trata de retroceder
pero cruzaría el tiempo hasta cada una
de las constelaciones que formamos
pero no cambiaría la fuerza
con que la vida nos trajo
y aunque me repita
que me quedé afuera de vos
y soy esta perra acostumbrada a su hambre
plegaría una vez sobre otra las formas
constelaría de nuevo
tu nombre
mi padre se parecía a los caballos
que el abuelo herraba
en el final del terreno de la casa
fortaleza y libertad
impaciencia de potro frente al campo
yo imitaba su furia en un cuaderno oscuro
un imperfecto ser sin cascos ni músculo
donde la frágil cabalgaba
por antojo de imitar lo que hacía su padre con el día
y fui la perfecta contracara
la moduladora del vacío
él me enseñaba el vértigo de sol a sol
el morro
yo controlaba el trazo del papel
él modelaba la mezcla sobre el ladrillo
yo agregaba a la hoja
la tesitura grave
la fuerza de lo que estalla en soledad
no subestimarás
el poder de lo ingrávido, me dije
creerás en la mirada
pagarás la cuota de la poesía a término
sostendrás la fugacidad
adoptarás la medida del aire
serás funcional al sueño
hablarás desde la fascinación o la extrañeza
evitarás el cliché
no desatarás si antes no hubo nudo
y en el poema te despedirás
siempre te despedirás
sabrás que es por amor
o por miedo
****
En: Gramática del viento
Se suelta un pájaro
sobre la hrámátika del viento.
Tiene las alas encendidas.
Mi apellido
trae aquel viento del lodo siberiano
y me devuelve al viento.
Yo regreso a esa casa
cada vez que el viento aspira,
toda vez que el lodo cede y
cruza la enormidad para besarme en su letra,
las bocas en las que fuera nombrado
sobre el mapa.
Sopla el partir,
jadea.
Algo exhala en su escultura, la letra,
como si soplara delante de un caballo
errado en latitudes.
Algo murmura y en su andar lo dice.
Secretos trae para mí:
hija del viento, dá,
heredera de un soplo,
ták.
Y si todo es viento, viento,
ambiente volado y desvariado por donde cuela el aire,
por donde frío es, hiriente, herido.
Si todo rellena el vacío, el mío, el mío.
Y si todo es velocidad, escala en el ala, ala en la escala,
que baja, sube, baja.
Masa
de aire en la región más azul.
Si todo es viento, constancia, viento,
partícula de estrella volada
a la palma de la mano, volada
a la palma abierta
del necesitado corazón. No sé.
No sé.
Susana Slednew nació en Provincia de Buenos Aires en 1958. Reside en Mendoza. Docente especializada en lectura y escritura, poeta. Autora, en poesía, de Los bordes del azar, Lavar la vida, Mapa oscuro, Porcelana rota premio poesía del FEP, Hastag para el amor, Poéticas del movimiento obra finalista del Premio Inés Manzano, Gramática del viento que quedó entre las cinco finalistas del Concurso Internacional Poesía Paralelo Cero 2023 de Ecuador. Fue becada en dos ocasiones por el Fondo Nacional de las Artes. Actualmente, ofrece clínica de obra (poesía); escribe notas, crónicas y reseñas críticas para medios con los que colabora; participa de la creación de un enhebrado de poesía y música, con sus poemas y canciones de la trova cubana, junto al trovador Rafael Quevedo Domínguez.
by Claudio Medin | 27 \27\America/Argentina/Buenos_Aires agosto \27\America/Argentina/Buenos_Aires 2023 | Ensayo
Compartimos algunos fragmentos del último libro de María Malusardi, un ensayo sobre la poesía publicado por la editorial Llantén (2023).
Una testigo insatisfecha
En mis obras, las citas son como atracadores al acecho en la calle que con armas asaltan al caminante y le arrebatan sus convicciones.
Walter Benjamin
Lo que el lector tiene en sus manos es un vivero de citas, un puñado de misceláneas personales, de breves reseñas y de entrevistas (o encuentros en la página), cuyo único fin es provocar contagio y movimiento, combatir el adormecimiento y la resignación. Citar un texto, dice Benjamin, implica interrumpir su contexto. “La cita –profundiza Giorgio Agamben–, al separar un fragmento del pasado de su contexto histórico, le hace perder su carácter de testimonio auténtico para investirlo de un potencial de enajenación que constituye su inconfundible fuerza agresiva”.
Años atrás comencé, de manera informe y agresiva, un diario íntimo, al que llamo Diario de poéticas, centrado, esencialmente, en mis lecturas y sus provocaciones y en mis roces con la escritura. Me dediqué a apuntar lo que cada autor dejaba en mí o marcaba en mí tendencias. Citas que son disparos. Escrituras “desgarradas”, escrituras del “desastre”, sus entramados mañosos, sus asperezas, sus vísperas.
Aún me dedico a perseguir, capturar y reflexionar sobre las problemáticas propias de la escritura de cada quien, seguramente en busca de mi propia fertilidad. O bien como un modo de expiación ante lo incomprensible, lo inalcanzable.
Cuando leí los tres volúmenes de El libro de los márgenes de Edmond Jabès, sentí el ardor de lo posible imposible. Jabès congestiona con citas sus digresiones. O bien, a partir de las citas que surgen de sus lecturas, abre caminos de escritura propios y pasionales. Las ideas que suscita un autor se confunden en uno hasta formar parte de uno, es decir de ese único libro que nos constituye. Hay un libro, un único libro, dice Jabès, del que somos “a la vez el autor y el lector, aquel que nunca terminamos de leer, de escribir”. No es un tipo de confusión problemática sino de esas raras ocasiones en que la confusión constituye, precisamente, una necesidad.
Esto no pretende ser un ensayo ni tradicional ni compacto. Intenta una cartografía de escrituras que disertan abiertamente: voces sobre voces; voces entre voces; voces con voces. No pretende ser más que una bitácora de ese viaje irrepetible por la escritura poética. La de otros y la propia, como consecuencia. Un fardo de citas ajenas que de alguna manera nos explican y dicen de nosotros, humanos, más de lo que sabemos y no alcanzamos. “Cuando leemos un libro –escribe Jabès– sólo leemos lo poco que contiene de nuestra alma y de nuestra vida. Y lo que nos enseña suele ser suficiente para llenarnos de alegría o para destruirnos”.
Nadie sabe qué hacer con los poetas se sostiene en el ascenso y descenso de mis lecturas. De mis deseos y de mis tumbas. No hay un orden preconcebido, sino un eje zigzagueante que se sostiene en el temblor de su humanidad y de cierto ritmo y musicalidad de las ideas punteadas en las palabras.
Ideas. La idea. La idea no es cerrar. Ni sacar conclusiones concluyentes. La idea es generar el deseo por la poesía. Recoger las migas que poetas y pensadores van dejando para recorrer un camino posible sobre la poesía. La idea es llegar a entender lo que no hay por qué entender de la manera que imponen los vientos de la época. La idea es no forzar ni obligar a nadie a que se arrime a aquello que, por su ajenidad con lo demente, tendrá siempre tan lejos. La idea es dar a conocer las posibilidades del espíritu humano cuando vibra con el mundo, tanto en sus derrumbes como en sus regeneraciones. Y certificar que la poesía habla por sí misma a través de quienes le han sabido dar su voz para defenderse de la mudez de la infancia, la propia, la del mundo. La idea es seguir abriendo afluentes constantes, enramados de tesis y delirios, prolongando algunos hasta un imposible infinito, dejando a otros textos mutilados, muñones de ideas por el camino, porque también de mujeres y hombres rotos está hecho el mundo. La idea es denunciar el vacío, pronunciarlo, quererlo, amamantarlo. La idea es supurar cuando canse y abstenerse cuando supure. La idea es morir de muerte inacabada cuando las palabras digan basta, nos hemos cansado de escucharnos, ya no sentimos más que repetición en el abismo de nuestra retórica.
Acaso porque el poeta es un testigo insatisfecho (dixit Mario Luzi), nadie sabe qué hacer con los poetas.
El cielo con las manos
Fue esa vez. La única, acaso. O la más absoluta. Fines de la década del 90. Escribía para una revista que acompañaba, cada domingo, a seis diarios del interior del país. El jefe de redacción de entonces, conociendo mi vocación absurda y radical por la poesía, me citó en su despacho y me invitó a producir una nota de tapa que ofreciera un panorama federal de la poesía argentina en ese momento. Desde lo monetario, significó, aunque de manera provisoria, una mejora salarial, porque el artículo superó las veinte páginas. Pero lo fundamental es que me abrió las puertas de un mundo al que deseaba ingresar con desesperación, un mundo que necesitaba para expandirme como poeta. Mientras repaso el recuerdo, revivo la excitación y la caricia de ese momento en el que realicé un trabajo de producción insuperable; una búsqueda de información con la que armé un texto enorme, expansivo, abierto, desprejuiciado. Valiente.
Ese trabajo periodístico resultó increíble y la investigación, exhaustiva. Conocí poetas que admiraba y editores de poesía que me abrieron sus puertas para siempre. Toqué el cielo con el cuerpo entero. Caí hacia arriba y nunca más regresé. Me hundí en ese pabellón azul de la locura para siempre.
Delirio tremens
Siempre leemos el error, el malentendido, la desviación, lo dañado. El poema no debe corresponderse nunca con la corrección de los hábitos. Siempre es su tergiversación. La fuga de sus costumbres. El poema es mudanza de sí. Rodar por las escaleras y regresar adverso a sostener los años.
Pensar la experiencia. Derrotarse en la propia vida (desmontarla) para vivir en el lenguaje a flor de piel como redirigiendo una inexistencia (dixit Paul Preciado). Y someterla a la luz para definirla en su fugacidad.
Doy a luz la fuga del sentido. Y me quedo con el vacío nevado. La punta de la luz en el invierno negro. La brasa, como el verso, rima la impaciencia. Y el ardor.
No son los hechos. No es la historia. Es la experiencia y sus detalles examinados.
La experiencia escapándose entre los dedos como arena y soplándole al lenguaje su mutación, escandalosamente abierta.
La escritura es una siembra de avispas. Es su música en la flor. Es la mirada. El ardor. La miel. La despedida.

María Malusardi nació en Buenos Aires en 1966. Escritora, periodista cultural, docente y tallerista. Publicó harán una película con mi entierro (Editorial El desenfreno, 2023), Una madre es un piano triste (Editorial Las Furias, 2021), artista del hambre (Ediciones en Danza, 2019, Segundo Premio Municipal 2018-2019), el descenso de jacqueline du pré y otros poemas (Ediciones en Danza, 2018), el desvío y el daño (Editorial Cadáver exquisito, 2023, Ecuador; Buenos Aires Poetry, 2017), el sastre (Ediciones en Danza, 2015, Mención especial del Premio de Literatura Casa de las Américas 2015, de Cuba), trilogía de la tristeza (Alción, 2009, traducido al francés y publicado por Zinnia Édition en 2013), diálogo con pescadores (Alción, 2007), variaciones en la niebla (Alción, 2005), entre otros. Estuvo a cargo de la edición de la poesía de Raúl Gustavo Aguirre en el volumen Obra poética (Ediciones Del dock, 2015). Recibió en 2018 la beca del Fondo Nacional de las Artes para escribir un ensayo sobre la obra y vida del poeta argentino Alberto Szpunberg. En 2022, llevó adelante la Escuela de Poesía Argentina en la Biblioteca Municipal Evaristo Carriego, un proyecto de enseñanza y difusión por el que obtuvo la beca de Mecenazgo en 2020. Actualmente es profesora en la escuela de periodismo TEA y escribe en la revista y la web de Caras y Caretas.

Crédito de la fotografía: Marcos Zanger
by Claudio Medin | 13 \13\America/Argentina/Buenos_Aires agosto \13\America/Argentina/Buenos_Aires 2023 | Poesía
Compartimos poemas de Por Las Ramas, libro con el que Gabriela Franco obtuvo el Premio Storni en 2022.
I
—Huir de las formas,
encontrar y perder
la fe. Aunque no se crea,
se trata de creer, no
de sufrir, que cansa
como chupar clavos, lamer
lo que no sacia, roer
las astillas, la gran
obra
II
—No se dijo o no se quiso
decir esa palabra, un canto
rodado, como una piedra
en el zapato, o una fruta
pasada, agria la boca,
la fortuna. Cantar para sí
porque sí, la voz baja,
el pudor de no decir
nada
III
—Degustar no tiene
sentido. La sed no
rechaza, dirime, juzga.
Persigue la forma,
cambiante,
de lo que fluye, el río,
al que se entra,
y se sale, con el agua
en los labios.
Una repetición
la sed
IV
—Tomar la negativa
contradecir. Anteponer no
es el camino más largo, el rodeo.
Asegurarse de no ir
por la recta vía. Forzar
el pensamiento, la dicción. Ser
dicha y movimiento, corriente
común, inesperada
VI
—¿Llamar a las cosas
por su nombre? ¿Como si
la distancia fuera río y no
hay que decir lo que se puede, tener
lo que se tiene, las
palabras erradas? ¿La verdad?
¿La verdad a medias, a
medida? Desbocarse por
mesura
XVI
—Esto lo escribió otro. No
otra ni un tercero, un
segundo, una persona en
duda. Franquear la confianza, tirar
una granada. Algo que mueva
los cimientos, que estalle. Un gajo:
algo dicho y, bien mirado
(o en la mira), sigue
hablando. Dijo y dice
cosas distintas. Una piedra, una
alabanza
XXXI
—No hay una cosa por otra, sino
la cosa en sí. La ceniza ahora
no es una diferencia, es
el acontecimiento. La piedra
en su mínima expresión. La
repetición, pulida
hasta el cansancio. Los restos
que dicen hubo
calor
Los poemas de este libro indagan en la forma del diálogo y en el deseo de decir. El diálogo entendido sobre todo como esa conversación interna que mantenemos con lxs otrxs a partir de lo conversado y lo leído (la tradición), y de donde surge el deseo de decir: aquello que aguijonea e impulsa la creación poética. Ambos movimientos, hacia atrás y hacia adelante, no son lineales, sino que crecen, zigzaguean, se van por las ramas, aprovechando cada nudo para hacer surgir una nueva dirección, un nuevo verso. En ese tejido, la negación es pura positividad, motor de búsqueda, principio de acción: un decir no (contrario a no decir) que evidencia esa mixtura de voces que es toda voz. Estos rasgos del lenguaje guiaron (como se guía la hiedra) la escritura de este libro.
G.F.
Gabriela Franco nació en Buenos Aires en 1970. Es poeta, editora y docente. Publicó Calle, Piedras preciosas, Los que van a morir, Modos de ir, En orden de aparición y Por las ramas (por este último recibió en 2022 el primer Premio Nacional de Poesía Storni). Estuvo a cargo de la compilación de varias antologías, dictó talleres de poesía en la Biblioteca Nacional y coordinó el Festival Internacional de Poesía de la Feria del Libro de Buenos Aires. Actualmente, coordina la revista Por el Camino de Puan de la UBA y colabora en distintos medios.