Poemas de Manuel Geremías Marchioni Fasanini

 

De NUESTRO AMOR ES UN PAÍS (2024)

 

Los guardapolvos

jazmines

esconden

lácteos

pálidos de apresto

y velan

aplicados

de almidón y añil

los cuerpos prometidos

a la patria.

La patria

un sacrificio color cielo

que flamea

un sol de mayo

sube, sube,

sube bandera del amor

cima de

este patio junio

de silencios y derrotas

escondido debajo de la alfombra

yace Nuestra América.

Aquí están

tus soldados

Aurora

señorita francesa

boca rojo tabaco

manos piel reseca de tiza

de escritorios con manzanas

rojas

cayó

tu voz:

¿Prometen defenderla, respetarla y amarla, con fraterna tolerancia y respeto, estudiando con firme voluntad, comprometiéndose a ser ciudadanas y ciudadanos libres, justas y justos, aceptando solidariamente en sus diferencias a quienes pueblan nuestro suelo y transmitiendo, en todos y cada uno de nuestros actos, sus valores permanentes e irrenunciables?

¡Sí, prometo!

Al unísono,

dijimos.

 

Cincuenta disparos

Milagros

cincuenta balas

en el cuerpo

de la noticia

todas salieron

todas,

pero su piel está intacta.

El resultado de balística

es un negativo:

la estela de tu nombre

aleja la ausencia

reprime el dolor

justicia

que sólo a nosotros

nos condena.

de EN LA ESQUINA DE LA ESCUELA (2025)

 

11 S

Todos los once de setiembre

no vamo´ a trabajar

como un capricho de Rodolfo Zapata

como si el músico encontrase en su pregón 

una victoria contra la plusvalía 

y la opresión capitalista.

Cantamos

Lunes y es Día del Maestro

saludamo´ a Don Sarmiento y no vamo´ a trabajar

no vamo´ a trabajar

no vamo´ a trabajar

no vamo´ a trabajar

no vamo´ a trabajar.

Por un día somos decentes

y no nos despertamos cuando todavía 

los gestos de la mañana le pertenecen a la noche.

 

Tomamos mate en la cama

y recuperamos una novela que se nos quedó 

en la mesita de luz junto con los pendientes.

 

El pinchazo del segundo recreo

es el dolor de un miembro fantasma.

Un hormiguero nos crece en la oreja que espera el timbre

y a media mañana

aprovechamos para lavar 

nuestra ropa de fajina.

 

Tenemos las manos en fiesta de espuma,

zambullimos lo blanco, 

un fuentón de zinc alberga la solución

de agua, vinagre y bicarbonato 

de sodio y de pan 

de jabón una ofrenda

que las burbujas nos crezcan y se nos empañen los miedos

que todo sea algodón, etéreo, volátil 

y se nos impregne el juego 

mientras batimos el agua

y saco una manito, la hago bailar

la cierro, la abro y la vuelvo a guardar

saco otra manito, la hago bailar

la cierro, la abro y la vuelvo a guardar.

 

Nuestro lavadero es un quilombo de burbujas,

nos olvidamos dónde comienza la espuma

y termina la cara,

redescubrimos la suavidad de la tarea 

en la aridez de una agenda en blanco.

 

Salimos al patio y en una soga

saltamos cada prenda con un broche

ropa y estrella compiten por ver

quién se lleva todos los colores,

es un mediodía radiante

y nuestros trajes duermen al sol.

 

Palabras cruzadas sobre la reposera

vertical, 

seis letras,

sueño que se toma después de comer,

s

i

e

s

t

a

una Bic azul fragmenta el día

 

(…)

 

al despertar vamos al vivero 

vestidos de civiles a comprar unas plantas 

para embellecer el balcón

toda una hilera de pensamientos sobre 

el filo de la ventana de la cocina,

así se nos van los últimos mates

con la aspereza del algodón seco

mientras el sol cae entre los edificios.

 

Al otro día,

recibimos abrazos, 

decimos gracias

y comemos torta a escondidas 

en la sala de maestros.

Volvemos a casa con una confederación 

de bolsas y de tazas,

de papeles y dibujos;

de tanto leer y releer

comenzamos a sospechar

quizás era verdad 

eso de la ternura.

de SÓLO SÉ HABLAR DE COSAS QUE NO EXISTEN (2026)

 

¿Por qué hemos olvidado, 

si lo que sí sabíamos entonces 

es que es difícil 

cierta clase de belleza, dar con ella, estar despiertos

cuando cruza por delante de nosotros, 

no para atraparla, 

sino para quedarnos a vivir 

en la estela que deja? 

Claudia Masin

 

El 93 con destino Avellaneda 

cruza el puente Pueyrredón,

en la mitad del pasillo

estoy

a punto de pulsar el timbre 

de plástico rojo.

Un pasajero me toca el hombro,

levanto la mirada

y veo el sol que cae

sobre el río.

Recuerdo la final del mundial 78,

las mandarinas que juntábamos en la quinta,

el envase transparente de Crush

y toda la gente que vive 

en la Antártica Base Marambio.

 

Las manchas de aceite brillan,

el río es un árbol de navidad

cada luz es una casa,

cada casa un refugio,

pero vigilan las cámaras 

en esta ciudad.

 

El pasajero se sube la bragueta

su dedo medio recorre los dientes apretados

relámpago,

al mismo tiempo que 

el colectivo 

hace chirrear los frenos

un dúo de bandoneones marca el final de un tango.

Ahora que los fuelles están cerrados

uno de cada lado

dos milicos hacen la venia

y juntan el taco interno de sus botas.

Podrían ser también 

por qué no

dos biombos que se cierran

que se acurrucan en cada esquina

dos jóvenes que se abrazan 

y se prometen amor eterno

el ascensor de un viejo edificio

un antiguo posafuentes de metal plegable.

Todo este trabajo para decir que las puertas se abren

y el hueco que dejan es más grande que todo este puente 

que todos los puentes de Buenos Aires.

Sin llegar a ver la Plaza Belgrano, 

ni la cancha de Independiente,

alguien baja.

 

El aire entra y renueva las narices

afuera

el cuadro es interactivo.

Las personas son satélites, 

changos de feria 

adentro de un supermercado 

a la intemperie de nailons y cartones.

 

El pasajero saca el encendedor

y mientras se sumerge en el cuadro,

Homero cruza el portal hacia la tercera dimensión,

enciende un cigarrillo

y el humo se confunde con el de la señora que vende tortillas.

 

La luz blanca del colectivo

es la noche hacia adentro.

Del otro lado del vidrio: 

el semáforo en rojo

brasitas que respiran 

y se delatan en cada pitada,

el pasajero cruza

arroja la colilla 

y un punto fulgura en la noche.

Estamos en el medio de un campo 

volvemos de pescar

mi papá apaga las luces de la camioneta

mi hermano pregunta qué son 

bichitos de luz 

luciérnagas

dice mi papá.

INÉDITOS

 

Tosí, tosí y tosí

siempre tosía:

el pecho tosco

duro, acartonado

inflacionarias 

válvulas pulmonares.

Cuando te escuché 

quise imitar tus alaridos,

tus palabras piedra,

con algo que lo equipare.

Golpié el pecho,

zurda cósmica en barrilete,

la mano abierta contra la caja

torácica,

probé los muslos

las palmas

hasta fui capaz de apoyar 

una pluma sobre la mesada de la cocina

     qué iluso,

sólo sonidos convencionales

azul Pelikan en azulejo

tres tres tos

que con inercia natural se plegaban

musicalmente 

en repetición.

Fue la tos

oso en pozo esgrime un gozo 

     letargo,

digamos

tos de tosedores tosudos que tosean tosudamente 

nietos migrantes del Vietcong 

todes con sus toses 

(lo único que funcionó)

digamos

golpear la garganta desde adentro

digamos

hacer fuerza desde el intestino

delgado, 

raspar la glotis

con delicadeza,

poner la mano sobre la boca,

imaginar

un micrófono en el centro del espiral

ahí

donde el mago esconde un pañuelo de seda color cielo.

 

Has visto las aves 

en las ramas 

sus ojos fulgurantes,

has escuchado sus graznidos perniciosos,

has 

comprendido el misterio del silencio

crujido fósforo

cuando cae la noche

y los brujos 

piensan en volver.

 

Cierro la canilla 

y la última 

gota coincide con la bocina de un tren 

que viene de madrugada.

¿Cuántas personas esperan 

llegar a destino?

Los sonidos de la noche 

son invisibles 

falla la costumbre, siempre 

hay algo que se puede esconder

conocer es jugar con otros 

sentidos que no riman con noche 

por ejemplo 

ahora intuyo 

el movimiento de mi perra

los golpes

de la pelota contra el piso

pero antes 

hubo un corte

la esponja sobre el filo

el filo sobre tu piel

tu piel sobre la cuchilla 

la cuchilla que partió 

la esponja que quedó 

en dos apenas una línea 

la sangre cae desde la palma.

 

Las personas descienden 

del tren con hambre 

del día, un chirrido, 

las puertas se cierran, ruido de panzas, miedo 

a la boca del túnel.

¿Cómo llegan hasta su Fabián?

¿Tendrán casas? 

Pagamos por la tierra donde vivimos 

como mi camino 

que termina donde 

comienza un hogar 

al final de una ruta 

estás

a trescientos cincuenta kilómetros 

estás 

y decir trescientos cincuenta kilómetros 

y decir vos 

es menos doloroso que contar

tres mil quinientas cuadras

o tres millones quinientos mil metros 

¿cuál es el sinónimo de tu distancia?

tres mil quinientos fósforos usados

o tres millones quinientos mil corchos 

o medias sueltas sin el par 

o colectivos azules perdidos.

¿Cuántos accidentes geográficos

desde la puerta de mi casa 

hasta el fondo de la tuya?

El tiempo es una prensa

que hace fuerza 

contra mi pecho.

 

La canilla quedó mal cerrada

cada página que doy 

vuelta con una gota 

coincide que cae

dentro de la olla 

en remojo

un poco de vinagre 

(el guiso se volvió a pegar)

giro la llave

la gota crece

más y más a la derecha

más y más agua

aplico más 

fuerza

pero el agua aumenta

ya es un gotaza que crece majestuosa 

y de pronto zup, ahí va, plaf.

La canilla se parte

el chorro pega contra el pecho 

el agua cae sobre el piso

y forma un charco

que progresa, luego es arroyo

pliego una servilleta

hago un barquito

y me subo

quizás la corriente 

me llevé hasta tu casa

y distancia

sea sólo 

forzar

el vástago de una canilla.

 

Manuel Geremías Marchioni Fasanini vive en Turdera desde que nació en 1989. Es Instrumentista Superior en Música Popular (EMPA) y diplomado en Promoción Cultural Bonaerense y Perspectiva de Derechos (UNLP). Actualmente cursa una Licenciatura en Artes de la Escritura (UNA). Publicó Aeropuertos (Textos Intrusos), Nuestro amor es un país (La Máquina Eterna), En la esquina de la escuela (Ediciones Otras) y Sólo sé hablar de cosas que no existen (Patronus ediciones).

Revista Excéntrica

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