Una lectura de Suave y Salvaje de Pilar Sanjurjo

Por Andrea Marone

“se me ocurre un juego divertido/ que pasaría si nunca más/ contesto tu llamada” afirma el yo lírico de Suave y salvaje (Ediciones Monserrat, 2026) de Pilar Sanjurjo. Y en tres versos veo dos movimientos claros que atraviesan el libro, por un lado, esta observadora esquiva que es capaz de describir con minuciosidad ciertos momentos nodales del desamor; por otro lado, el uso de un humor negro muy fino,
encarnado sin exageraciones en la figura de la amada que, lejos de desesperarse por la ruptura, afronta la trayectoria hacia el duelo con una dignidad admirable. No quisiera sonar rotunda, pero creo que además de ser un libro escrito con palabras bellas y precisas, también ofrece una imagen del afecto profundamente relevante: en lo que escribimos no hace falta solamente ritmo, sino también, inteligencia emocional. Sanjurjo concatena ambas virtudes.

Suave y salvaje es un libro digamos, veraniego (pero no por ligero menos quirúrgico) sobre una ruptura amorosa, una pareja que en un contexto urbano intenta planear algún futuro posible y, mientras tanto, fuma, riega su jardín (con brutal entusiasmo), duerme la siesta, intercambia música, todos eufemismos para una despedida inminente. Como dice Roland Barthes en su libro Fragmentos del discurso amoroso, “los acontecimientos de la vida amorosa son tan fútiles que no acceden a la escritura sino a través de un inmenso esfuerzo”.

¡Qué difícil escribir poemas de amor sin caer en la desmesura, la exageración o la mentira! Redoblo la apuesta, qué difícil para las mujeres escribir poemas de amor sin revisitar lugares comunes y tópicos universales. Sanjurjo aprovecha el decurso de este duelo amoroso para observar una mosca, distraerse con una rama que sale del techo, pincharse con las rosas que le regalan y hacer un retrato sobre Buenos Aires, un Buenos Aires del afecto que muchos de nosotros hemos transitado: “los días son silenciosos en tu balcón / somos vos y yo / la estúpida rama todo el día / observándonos crecer”.

El olvido, entonces, deja de ser una tragedia y comienza a ofrecer alivio: “observo el desenlace”. Como bien dijo Ohuanta Salazar en la presentación del poemario, la figura de la observadora destaca como quien testifica sin amplificar, sin mentir, un vínculo que parece haberse desgastado pero sin profundizar más que en aquello que engrandece el recurso poético. No sabemos nada del misterioso muchacho detrás, sabemos que fuma, que riega plantas, que respira dormido al unísono con la canilla que gotea. No hay una caricatura, ni una difamación, tan solo alguien fantasmático que ya no está.

Finalmente, quisiera decir que con la lectura de estos poemas recordé el libro citado de Roland Barthes porque hay una sabiduría en Sanjurjo en la profundización del desamor que pocas veces había leído en poemas contemporáneos: “el cielo radiante es severo en su belleza”. Barthes, en Fragmentos, intenta analizar el discurso amoroso. En la página 205 afirma: “El discurso amoroso asfixia al otro, que no encuentra ningún lugar para su propia palabra bajo ese decir masivo”, la virtud de Suave y Salvaje es trabajar con el registro del discurso amoroso, pero al desalambicarlo y darle hondura, deja de ser “anulador” de la figura del otro y propone casi como un juego que la acompañemos a observar el mundo.

Poemas de Suave y Salvaje

hay un hombre viviendo en mi casa
esta tarde lo vi
la luz blanca de la cocina iluminando su rostro
los pómulos deshidratados
las orejas
su ancho cuello
esta tarde le pregunté
cómo se llamaba
pero él no dijo nada
no habló no hizo gesto alguno
ninguna pista
aunque lo miré de cerca
impávidos los dos
anochece
fumo en la ventana
lo observo sentado en la única silla de la casa
frente al escritorio
no me mira
tiene en cambio
los ojos clavados en la pared
creo que intenta atravesarla
temo que está atrapado
no sabe a dónde ir
voy a dejar la casa esta noche

espero no verlo al regresar
las palabras ocupan el aire
compulsión de expandir cada minuto
de coagular el tiempo juntos
tu verborragia
en definitiva
es el contrapunto de mi ausencia
un sendero detenido
un hilo oscuro bermellón barroso
como una tensa espesa formación de rocas
abrazadas a la fuerza del tiempo sedimento
que se aflojan al leve contacto de los ojos
que se encuentran aturdidos de murmullo
escucho la radio al despertar
debería dejar ese hábito
nocivo quizás incluso antes
de tomar en serio lo del cigarrillo
porque la radio en sí no es el problema
como no lo es el tabaco
el problema debe ser la tos
el olor de la nicotina en las paredes
la voz del locutor y sus palabras
que como burbujas estallan indignadas
debe tratarse de mí
que todas las mañanas
enciendo la radio
le doy rosca al encendedor
prendida a la liturgia
densas insostenibles
las mañanas en este ecosistema
insisto en escuchar a mi oráculo matutino
algunas pocas veces nuestras voces conversan
pero a quién engaño
él nunca me escucha
maldito locutor
periodista venenoso
frecuencia am
confieso que lo quiero
lo quiero demasiado
como a mi propio padre lo quiero
él también hablaba por las mañanas
en esos inviernos agrios de humedad
cuando me llevaba a la escuela
a veces yo decía alguna cosa interesante
pero él seguía su monólogo matutino
él también era un hombre interesante
tenía problemas auditivos pero mi madre
siempre dijo que en el fondo

era distraído y desinteresado

 


Pilar Sanjurjo (Buenos Aires, 1997). Es licenciada en Sociología. Publicó Lugares comunes (Patronus Ediciones, 2021) y Suave y salvaje (Monserrat Ediciones, 2026). Co-coordina el ciclo y taller Primavera todo el año y codirige el medio cultural Espías
Rusos.

Andrea Marone (Mendoza, 1994) publicó los poemarios: Sedimento borravino (Criolla, 2026), Las cicatrices emulsionan mi piel (Fractura, 2025), Arterias (Ediciones Culturales, 2022), La conspiración de los damascos (Ojo de Golondrina, México, 2019) y Vampirización del ego (Mar Adentro, 2017). Obtuvo el primer premio en poesía en el Certamen Literario Vendimia 2021. Colaboradora en revistas de crítica cultural. Es Licenciada en Artes de la Escritura por la Universidad Nacional de las Artes. Vive en Buenos Aires.

Revista Excéntrica

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