Poemas de Noelia Rivero, de su último libro, publicado por la editorial cordobesa Potencia Editora.

Tampoco deberías matar a un grillo
Me entregan un bebé hermoso, satinado, envuelto en lino. Pero ¿dónde está el otro? ¿Y qué pasó con la incauta rama que brotó hacia el jardinero, con ese bicho que el niño creyó enorme y feo?

Inclinados por la sed
ante un mismo reflejo,
¿qué distinguíamos?

Muchos animales mueren apenas pierden la libertad. Unos cuantos enloquecen. Algunos aguardan el nuevo giro de la Fortuna, tanto vieran su mechón como su calva, para devorarla.
Otros contemplarán la constante fuga que dibuja el sol al atardecer y se aliviarán la noche de tardo sueño con el vibrar compañero del grillo, que aún persiste.

 

Muerde la mano que da de comer porque esa mano es la mano del amo
Dice no. Y acompaña su golpe con un ruego, suave y repetido. Los vuelve familiares: hermanos del mismo padre. Su cuerpo de pie cierra el paso y se adueña de la proyección de la sombra. Después, un monótono silabear y algunos engaños, algunas preferencias que le enseña. El erizado manto dorado cede, el olfato se cansa de medir la distancia. Ya es de noche y el campo abierto no existe.
Me acuesto. Me acuesto en su casa. Siento la contracción de mi lengua en el paladar. Mi gusto. No duermo.
Su mano acaricia una espina dorsal de gran memoria. Se sosiega.
Duermo después de subrayar un motivo: violencia ejecuta dulzura, dulzura ejecuta violencia.

 

Puentes
Caminé detrás de una mariposa en el puente hasta creer que me deslizaba en el aire que dejaba alargado. Pensé que también podía aletear con la vista y la nariz: olvidé el primer escalón y casi caigo.
Encontré un cabito de manzana ennegrecido de hormigas que se hundían en su jugo todas juntas.
Soñé con una araña dorada, mecánica. Le sostenía una pata que se desprendía y luego le crecía otra.
Tres días después encontré una araña panzona detrás del canasto de la ropa sucia.
La maté por mi propia naturaleza humana. ¿Para qué bajó?
Esa noche, la sirena de los bomberos me desveló. Tuve el miedo que se enrosca y se suelta como una serpentina igual que ese canto maquinal.
El gato se deslizó entre las sábanas y selló mi pecho.
Soñé con orquídeas en primerísimos planos. Sobre mi boca, mi cuello, mi plexo solar.
Algo parecido al placer brota más allá de mi cabeza.

 

Enero y fiebre
Me zambullo en la brujería de Calveyra. Cómo habrán sido los poemas cantados con una lira, entre hombres desnudos, dormidos de alcohol guardado en tinajas.
Días de tarareos.
Criseida escancia el vino. No habla en el poema. Canta su canción de esclava. Canta cuando lava los días repetidos sobre ese fondo de gritos.
Me gustaría escribir un tarareo para que se combinen materias, no ideas.
Para crear una entidad que purifique.

 


Noelia Rivero (Ciudad de Buenos Aires, 1979). Profesora y licenciada en Letras; editora y jardinera aficionada. Publicó los libros de poesía Espesa (Potencia editora, 2026), Largo tiempo para charlar (La ballesta magnífica, 2022), Tres nubes peregrinas (Litoral Dark, 2022), ¿Cuánto durará la casa de los gatos? (Maravilla editorial, 2021), Yelmo (El ojo del mármol, 2016), Fiesta en un patio de Temperley (Zorra/Poesía, 2009) y Más claro todo (Zorra/Poesía, 2007). Sus poemas y otros textos fueron compilados en varias antologías. Beca Creación del Fondo Nacional de las Artes 2021 y 2022.

Revista Excéntrica

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