Tres poemas inéditos de Lucía Gagliardini

 

boxear es verla venir

escribir ciencia ficción es ver otra cosa

escribir poesía es ver diferente

boxear es ver el hueco

escribir ficción es ver la grieta

escribir poesía es ver el pliegue

boxear es cuidar el ojo

escribir ficción es ser visionario

escribir poesía es ser oráculo

boxear es evitar la ceguera

escribir ficción es hacer del ojo un portal

escribir poesía es ver en algo diminuto

algo más diminuto todavía

boxear es ver con los ojos hinchados

escribir ficción es ver con la mente

escribir poesía es ver con el oído

 

en todos los casos si dejás de ver

quedás knockout

 

primer round – un lunar azul

 

me gustaría saber cuánta gente dijo: este mundo me aburre

cuánta dijo…

 

decidí inventar un sugus de ananá

sí, que te haga un lunar azul,

si dijiste la frase: este mundo me aburre

 

lo comés, se te hace un lunar,

a la altura de la boca,

como el de Marilyn

 

sin cintura, ni pelo rubio

ni fama, solo un lunar,

 

esa comunidad creció,

pero ese no fue el problema

no hubo problema

hubo hechos

mirá el cielo una noche muy oscura, 

¿cuántas estrellas ves?

¿tantas?

así de personas con lunares

 

del lunar crecieron seres

seres tremendamente divertidos

pero caníbales

que hicieron reír muchísimo a sus portadores

y después se los comieron

decían que comerlos antes era indigesto,

 

no, no los criaban ni nada,

eran libres, sólo que se divertían

hasta llegar al punto óptimo de felicidad sostenida,

y ahí se los comían

 

muerte, sí, podrían llamarse Muerte,

los seres que nacieron de los lunares

surgidos del sugus de ananá

inventado para saber

quiénes dijeron: este mundo me aburre

 

les voy a contar sobre ellos, de su historia y de su fin,

claro que hay fin, en este poema no creemos en dios

 

segundo round – los seres más divertidos del mundo

 

tan abrumadores como el mar o el derrumbe de una montaña

los seres más divertidos del mundo y caníbales, además eran suicidas

pero no sólo en la práctica, también en la teoría, estudiaban a los suicidas, 

leían sus obras, escuchaban sus músicas, se tatuaban sus caras 

memorizaban sus versos, visitaban sus tumbas,

hacían reuniones para conversar sobre las distintas maneras de suicidarse

escribían, clasificaban, discutían, ejercían, enseñaban, enumeraban

 

una de ellas, TITILANTE, llevaba en su bolsillo un calendario de suicidas:

 

enero: 1855, Gérard de Nerval se ahorcó 

febrero: 1963, Sylvia Plath abrió la llave de gas de su cocina

marzo: 1941, Virgina Woolf decidió llenarse los bolsillos de piedras y tirarse al río Ouse

abril: 1930, Vladimir Mayakovsky jugó a la ruleta rusa, ganó dos veces pero perdió en la última

mayo: 194 a.C., Eratóstenes, director de la biblioteca de Alejandría, casi ciego, ante la imposibilidad de leer, decidió dejar de comer hasta la muerte

junio: año 68, Nerón huyó de Roma y decidió matarse con la ayuda su secretario Epafrodito que le clavó una daga en la garganta

julio: 1961, Ernest Hemingway a primera hora de la mañana se metió el cañón de su escopeta en la boca y apretó el gatillo

agosto: año 30 a.C., Cleopatra bebió una mezcla de venenos, un tóxico elixir que contenía cicuta, acónito y opio

septiembre: 2008, David Foster Wallace se ahorcó en su casa

octubre: 1938, Alfonsina Storni se arrojó desde un acantilado al mar cerca del Club Argentino de Mujeres en Mar del Plata

noviembre: 1970, Yukio Mishima, practicó el seppuku con la ayuda de miembros de la Tatenokai 

diciembre (vacante disponible)

 

pero no fue el suicidio lo que extinguió

a los seres más divertidos del mundo,

fue una flor,

llamada Bundicall,

existente en la imaginación de ciertos monos

cuando sueñan,

la Bundicall requiere de al menos

cien soñadores en simultáneo para juntar sus partes

y tomar cuerpo,

esto no pasa casi nunca,

pero los seres más divertidos del mundo

tienen monos que les hacen compañía,

y enseñan a andar de esas maneras tan monas

y a comer bananas,

y a despiojarse

 

una cierta noche de diciembre,

donde el calendario de suicidas siempre estaba vacío,

los monos soñaron,

soñaron primero un perfume tan intenso

que toda la comunidad de seres más divertidos del mundo

se sintió

embriagada,

tan intenso que no hubo otra opción 

que la materialización de aquello

que generaba ese perfume,

pero antes de los pétalos,

hubo una baba pegajosa y transparente

que empezó a correr por todos lados

y a agrupar en una especie de melaza 

a los seres más divertidos del mundo,

finalmente se formaron los pétalos,

cien pétalos violetas suaves como seda de un lado

pero del otro llenos de cerdas ácidas,

pétalos que envolvieron la melaza 

de los seres más divertidos del mundo,

y se los engulleron en un estertor

y sacudida y suave reverberación 

que despertó a los monos

pero ya era tarde

 

la reina mona tomó la flor violeta

y se la puso en el pelo

 

(tan pequeña y perfumada)

 

agarró un poco de polen y con uno de sus dedos

escribió en el calendario

en el espacio vacío del mes de diciembre

la palabra

FIN

 

Lucía Gagliardini (Buenos Aires, 1976) Poeta, artística plástica y docente. 

Escribe poesía y dibuja desde la niñez.  Tiene tres libros de poemas publicados, El camino de los elefantes (Nusud, 1997), A campo traviesa (Pánico el pánico, 2014) y La reina del desierto (Bajo la luna 2024). Y un libro todavía inédito: Doce rounds.

Se formó en escritura con Diana Bellessi.  Estudió Bellas Artes en la Prilidiano Pueyrredón.  Investiga y da talleres sobre los sentidos, atravesados por la literatura, las artes visuales y la filosofía. Este año se edita su libro de ensayos sobre este tema, Dejar que entren los pájaros por editorial Echinopsis. Directora y docente de la escuela Belgrano del Método DeRose desde el 2003.

 

Revista Excéntrica

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