Selección de poemas de Gabina Luz Bianchi

 

Pasaporte

Son las diez de la mañana

desde lejos

un desconocido me hace

el gesto más largo del mundo

como inventando el principio

de una categoría facial

miro a la gente

y al guión mudo de la escena

es hermoso

me gustan las salas de espera

esperar de a muchos

planificadamente

el embotellamiento humano

de juntarnos a esperar

me gustan

los trámites lentísimos

de colas llenas de gente

colas que no avanzan nunca

pero avanzan

bueno

me gustan

porque

pienso en la velocidad de la luz

y abrazo

la cámara lenta de la humanidad

hoy

 

 

el señor que atiende

tiene pinta de tano malo

debe ser tano de verdad

un poco mal nos mira

me parece

como sintiéndose invadido

me gusta ser rosarina, a usted?

le digo a la señora de al lado

que me cuenta una historia familiar

una historia trabadísima

de ciudadanías trabadísimas

que iniciaron días trabadísimos

como hoy

hace mucho que son las diez de la mañana

y yo

con cada embotellamiento

pienso en Von Neumann

que me cae bien sobretodo

porque gracias a él tenemos compus

pero sobretodo

porque en la conferencia de Prusia

tras la demostración de un teorema 

fundamental

tras la demostración del teorema

de incompletitud

Von Neumann dijo

quizás en húngaro

quizás en alemán

«se acabó»



 

como resumiendo

como traduciendo al lenguaje de la historia

lo que terminaba de pasar

y ese fue el fin

de una búsqueda

el fin de una época

que buscó, esperó

y encontró lo peor

el mundo funciona

todavía así

somos una época

que va a terminar

en el momento justo

en que una boca

algún idioma

vuelva a decir

«se acabó»

por eso tano

tanito

los pasaportes sobran:

somos todos ciudadanos de la espera

el desconocido del gesto

le sonríe a alguien más

no tengo celos

tengo un mensaje de Sofi

qué hacés pupi

me pregunta y le digo

nada acá tranqui investigando

cómo esperan los demás

 

Conversación en la vereda

(NORMA Y CLAUDIA, SIMULACIÓN 64)

 

—Ya van dos sábados seguidos que se me quema la prepizza en el horno. Dos veces la misma historia. Precaliento el horno, pongo la prepizza y voy a ver las noticias con José. Al ratito ya se siente el olor a quemado, y cuando voy, la prepizza pasó a postpizza y está totalmente quemada. Entonces pienso, Claudia, que el problema no soy yo ni José ni las noticias ni mi epitelio olfatorio, sino que el olor a quemado llega por definición tarde. Que sería más espabilado el universo si el olor no emergiera de lo ya quemado, sino de lo que está por quemarse. Que, si lo pensás mucho, estamos todos por rostizarnos sin que nadie se dé cuenta hasta que ya estemos, dicho y hecho, carbonizados. La Catedral de Notre-Dame, la fábrica textil de camisas Triangle Waist Co, Chicago, Londres, Constantinopla, Roma, la Biblioteca de Alejandría, todos ellos podrían haber zafado de habernos tocado una realidad un poco más avispada.

—Ay Norma. Dicen que la asignación de simulación de realidad es aleatoria pero bien que a las viejas nos mandaron a todas a esta. Que ya es sabido y resabido y demostrado que está muy anidada en lo que es simulación de realidad, y por eso debe ser lo del olor a quemado. Llega como una alerta rendida. Qué te juego que en la realidad (pero no la simulada, la que está por afuera) el olor llega en el momento bien, no como acá que anda todo retardado. Encima en las noticias dicen que es por vagancia universal, pero yo sé que no, mirá si va a ser eso. Es que nos mandaron a una simulación en la loma de la realidad.

 

Temperatura ambiente

 

En el microclima acostumbrado

de un ciento dos

me convenzo:

la temperatura ambiente

depende de la edad.

De qué otro modo sino

se admite la convivencia

de musculosas y sacos,

polainas y polleras,

escotes y bufandas.

 

Desde la ventana puedo ver

frentes de casas

y ramas.

Es curioso,

las ramas del árbol

que asoman

al patio vecino

no las ve nadie

pero incomodan las naranjas

que caen

en el césped lindante.

 

Es impráctico andar existiendo

entre terrenos y límites.



 

Es casi un despropósito que existan

las cercas,

los tapiales

y nosotros,

todos juntos.

Hasta donde sé

ningún colegiado,

ningún agrimensor empadronado,

puede responder

si somos de donde nacemos

o somos

de donde morimos.

 

¿Cuántos miles de vecinos

familias

amigos

cortaron relaciones

o quizás

pelearon hasta la muerte

por culpa

de una naranja

con dos dueños?

¿Cuántos barrios divididos

destrozados

por no saber

si al juicio lo gana

la tierra o lo gana el aire?

 

Aftermath -1

 

El término «columna periodística» me gusta un montón. Cuando es una nota en el diario, se le pueden dar dimensiones de columna al texto en sí. Pero mis favoritas son las columnas radiofónicas, mucho más abstractas, donde me es casi imposible encontrar una relación entre lo que pasa ahí y una columna. Si me preguntan a mí, sí, me gustaría tener una columna radiofónica semanal, que dure 10 minutos nomás, para hablar sobre paradojas. Sobre arquitectura sé que las columnas son algo así como el soporte para una construcción. Y como ya habrán dicho miles de filósofos, no hay columnas más hermosas que las de la lógica, que sostienen la construcción más polémica de la humanidad: el conocimiento. Las paradojas fueron, en la historia de este edificio, un sismo de grado altísimo, que volvió inconsistente teorías re importantes y enloqueció a sus pensadores. Entonces, para darle sentido a todo esto, tendría una columna radiofónica, donde cada semana hablamos sobre una paradoja diferente, o sobre la misma en distintas versiones, y, como buena columna paradojal, no aportamos ni un poco al soporte de nada, sino que removemos con ganas los cimientos. Removemos los cimientos, sembramos dudas y nada más. En el mejor de los casos, sería una columna altamente criticada, llena de haters a quienes yo insultaría llamándolos «manga de tautológicos», y ellos, muy vengativos, mandarían silogismos al aire. Así, de una vez y para siempre, el mundo se particiona en términos de la única grieta universal. Esa que es tan fundamental que aparece cuando jugás al jenga, en una previa con amigos o en un domingo familiar. Por un lado, los emprendedores de la construcción, los que quieren ir siempre para arriba y por el otro, los que preferimos, toda la vida, sacudirle el piso a los demás.

 

Meta

 

Hay una foto mía en un congreso en que estoy fingiendo creer en la Academia. Entonces puse gesto elegante y la nariz se me respingó a la altura del prestigio. Pero en realidad estaba pensando en que «meta» (que, según Wikipedia, en griego significa «más allá») es mi prefijo favorito. Y que cuando le agrego «meta» a algún concepto siento que llamo al ascensor de la abstracción, me lo tomo y me quedo mirando al concepto desde arriba. Y que hasta ahora, mi mayor aspiración es tener una metaidea para divertirme mucho subiendo y bajando los pisos de la abstracción cuando yo quiera. Y que si alguna vez la tengo y me aburro de recorrerlos sola, entonces voy a buscar a un pibe para que me acompañe. Y en secreto le voy a decir: metapibe. Y después de jugar muchísimo voy a pedirle que se quede un ratito en planta baja, ahí donde el metapibe es concretamente lindo, que se quede ahí un ratito, así yo subo y él me tantea la belleza desde abajo.

 


Gabina Luz Bianchi (Rosario, 1994) Poeta y Licenciada en Ciencias de la Computación. Azúcar Sintáctico, su primer libro, fue galardonado con el premio Aguacero de Poesía joven 2025. 

Revista Excéntrica

Revista Excéntrica

Share This
Certificados SSL Argentina