Selección de poemas y nota: Giordana García Sojo
La poeta venezolana Giordana García Sojo nos presenta una lectura de la poesía reunida del mexicano Iván Cruz Osorio, recientemente publicada por New York Poetry Press.
En Bitácoras del expatriamiento, Iván Cruz Osorio no solo reúne dos décadas de quehacer poético; ofrece un mapa de resistencias, una cartografía íntima y colectiva donde la palabra se planta como testimonio y arma. Este volumen, parte de la colección Piedra de la locura en homenaje a Alejandra Pizarnik de la editorial Nueva York Poetry, es mucho más que una antología personal: es un proceso escritural en movimiento, un diálogo lúcido y desenfadado con la historia, la política y la tradición poética.
Desde el prólogo de Héctor Carreto a Tiempo de Guernica (2005), se anuncia una voz que rehúye el individualismo estéril y el metalenguaje complaciente. Cruz Osorio construye una poesía política innovadora, arraigada en una conciencia crítica que interroga las nociones de patria, identidad y poder. Su poesía no se limita a denunciar, investiga, transfigura y recompone los fragmentos de un mundo ‒y un México‒ devastado por la violencia y la exclusión. Su poesía opera como una crónica del “extrañamiento ante el lugar que nos alberga y nos repele, que se ama y se odia”. En este claroscuro emocional se forja una de las búsquedas centrales del libro: la desarticulación y recomposición de la noción de Patria.
La Patria, en Cruz Osorio, no es una bandera idealizada ni un relicario de héroes de bronce. Es un territorio en disputa, una herida abierta, un “puñado de escombros / que el viento intenta dispersar”, como define en el poema «Los dominios perdidos». Este concepto se desglosa en varias capas a lo largo del libro. Por un lado, está la Patria como paisaje del despojo, palpable en secciones como Erinias, donde la represión en Oaxaca se convierte en un microcosmos del país fallido: “Acribillaron a los maestros, / Ulises dio la orden. / Ulises, hace poco, era el señor de estas tierras, / ahora es sepulturero”. La Patria es aquí el escenario de una masacre, la tierra manchada por sus propios gobernantes.
Por otro lado, está la Patria como archipiélago de ausentes, tejida con los hilos rotos de los que se fueron, los desaparecidos, los migrantes. En la secuencia «Éxodo», el desarraigo se expresa con una lucidez desgarradora: “El disgusto, finalmente, no es por la ignorancia del idioma, / […] / Es por nuestro origen. También aquí, / como allá, somos extranjeros”. La Patria, entonces, es un lugar del que siempre se está partiendo o al que no se puede volver, un sentimiento de orfandad que trasciende las fronteras geográficas.
Esta investigación sobre lo nacional alcanza su cota más reflexiva y ambiciosa en Contracanto (2010). Aquí, Cruz Osorio no solo denuncia; investiga, transfigura y recompone el imaginario independentista latinoamericano. Dialogando con las figuras de Bolívar, Sucre, Miranda, Manuela Sáenz y otros libertadores, el poeta los desmitifica y los humaniza, sumergiéndolos en un presente distópico. En «Vengo de gritar tu nombre», un poema de aliento épico y tono coloquial, escribe: “Yo pude ser Pancho Villa / o Ernesto Guevara o Sandino, / y agitar en el aire nuevas banderas, / […] / pero las banderas se han vuelto trapos / flotando sobre los paredones”. La Patria soñada por los héroes es un sueño desmembrado, un proyecto inconcluso cuyas promesas se pudren en la burocracia y la traición.
Esta operación de “contracanto” ‒una dialéctica entre lo utópico y lo distópico‒ le permite hurgar en las contradicciones fundacionales. La Patria, sugiere Cruz Osorio, nació con un germen de fracaso, una “herencia de ruinas” que arrastramos como un estigma. Sin embargo, esta mirada crítica no nace del desamor, sino de una feroz lealtad a la posibilidad de una Patria verdadera, una Patria justa. Cruz Osorio interroga el proyecto nacional no para demolerlo, sino para limpiarlo de sus mitos fundacionales más opresivos. En «Apostilla a una identidad latinoamericana», si bien señala con amargura cómo “Nunca hemos conocido otro milagro / que no sea el de convertirnos en reses, / en bestias que se pueden uncir al yugo”, esta denuncia es en sí misma un acto de fe: se critica lo que se ama porque se anhela su redención. Lejos de cualquier esencialismo, el poeta no rechaza la Patria, sino que excava en sus cimientos violentos para desmontar, desde la “crítica y la autocrítica” que toma de José Revueltas, el relato impuesto y así poder imaginar, desde los escombros, una comunidad verdaderamente propia y libre. Su poesía es, en este sentido, un acto de amor devastador y necesario: la única manera de honrar la Patria es no aceptar sus fracasos como un destino irrevocable.
Asimismo, la mirada crítica no nace del cinismo, sino de una profunda raíz ética y de un reconocimiento amoroso de la tradición que lo precede. Cruz Osorio no es una voz aislada, es un eslabón consciente en una cadena de voces que han usado la poesía para interrogar la realidad. El poeta se reconoce y se nutre de una tradición que incluye a Borges, pero también a José Revueltas, a las voces críticas de Efraín Huerta y Jaime Reyes, y a la herencia de la poesía social y política latinoamericana. En su «Nota del autor», lo explicita: su poesía es una bitácora del “extrañamiento ante el lugar que nos alberga y nos repele”.
La estructura del libro ‒que incluye además secciones como «Zoológico», donde la crítica se vuelve fábula grotesca, o «Hogar», donde lo político se refracta en la intimidad de lo doméstico‒ evidencia un proyecto poético de una coherencia notable. Cada parte es un registro distinto de una misma sinfonía del desencanto.
Bitácoras del expatriamiento es un libro mayor. Iván Cruz Osorio logra el difícil equilibrio de ser rigurosamente político y profundamente lírico. Su voz, a la vez honesta y desenfadada, construye una bitácora imprescindible para navegar el naufragio de nuestro tiempo. Nos devuelve una imagen de la Patria no como respuesta, sino como una pregunta constante. Es una voz que no teme mirar de frente al abismo, pero que, al hacerlo, nos invita a no bajar la mirada. Un libro que duele, pero que también ilumina; que denuncia, pero que, sobre todo, interroga con una honestidad radical.
«No somos mejores ni distintos / a nuestros padres y abuelos. / […] / Como ellos, hemos venido a morir, / a irnos sin dejar huella, / a hacerles compañía en el fracaso» (Poema 11, Tiempo de Guernica). En estos versos, como en todo el libro, late la conciencia de un tiempo compartido, de una lucha que, aunque a menudo se sienta perdida, vale la pena seguir librando con la palabra como testigo.
Selección de poemas
De Tiempos de Guernica (2005)
- TIEMPO DE GUERNICA
1
Que tus legiones te sacien de oro, que sea próspera tu batalla en los valles cerrados y brumosos de mi reino. Que te sirvan de alimento aquellos que se oponen a tu espada. Que la sangre de mi pueblo te colme de gloria. Que salgas victorioso. Que tus Dioses icen sus banderas y que exhiban nuestra sorda eternidad, nuestro inofensivo nombre indigno del mañana…
4
«La venganza no es un banquete
donde abreven los sapos,
este manjar de perfecta hermosura
no satisface la gula
de criaturas tan míseras.
Con qué bocas prodigiosas,
con qué estómagos consistentes
digerirían cuerpos rigurosamente estéticos,
carnes de maduración tan larga,
vísceras inconcebibles que impulsan al vértigo.
Aun la ira está vedada
para estos batracios,
forzosamente numerosos y horrendos.»
9
«¿Qué esperaban del lobo, ovejas?,
¿buena educación?,
¿modales sobre la mesa?
El lobo sólo se concreta a sus garras,
a sus colmillos.
Si buscan un culpable
piensen en aquel
que cometió la vileza de contarlas
para conciliar este sueño.»
11
No somos mejores ni distintos
a nuestros padres y abuelos.
No hay por qué sentirse superiores,
ni la internet ni los autos aerodinámicos
ni el teléfono celular nos distinguen
del telégrafo, de las carretas tiradas por mulas.
Como ellos hemos venido a morir,
a irnos sin dejar huella,
a hacerles compañía en el fracaso.
LOS DOMINIOS PERDIDOS
Llorad, amigos míos,
tened entendido que con estos hechos
hemos perdido la nación mexicana.
CANTARES MEXICANOS
No tenemos una patria,
tenemos un paisaje,
tenemos cólera, indignación,
tenemos divinidades rotas,
tenemos a los muertos hundidos
en las entrañas,
tenemos un puñado de escombros
que el viento intenta dispersar.
DESAPARECIDOS
A veces, los desaparecidos, sueñan con tiernos
corderos.
Y ruegan a dios, en este mundo para todos dividido,
por una cuerda para asfixiar.
LÍBRANOS, SEÑOR
Líbranos, Señor, del crimen,
de los asaltos descarados,
del agravio de los secuestros,
de las guerras cínicas
de cada día.
Líbranos, Señor,
de esta camada
nueva y violenta.
Líbranos, Señor,
de ti, Señor,
el principal entre
las bestias carroñeras
de esta miserable selva.
CAZADORES
Que tengan buena noche asesinos,
que sueñen con la más oscura y miserable de las traiciones,
con el más ornamental y carnicero de los cepos,
con sus rojas y crueles fauces desgarrando su piel dormida,
y que ya no sea un sueño.
De Contracanto (2010)
andres bello
Navegué toda la noche
con la mirada fija en los días por delante,
con el miedo apretado en los puños.
Algo de la Tierra que dejé atrás
ha labrado mi sombra y mi abismo,
y aún no sé de qué patio,
de qué puerto sin brillo partí
con los sueños desvanecidos.
Pero sé que no habrá regreso,
porque nadie vuelve
para atizar los rescoldos
de su propia ceniza.
VENGO DE GRITAR TU NOMBRE,
de clamar a la vastedad de la noche
una palabra inofensiva
que sonó como el nombre de una patria.
Vengo de gritar
que Malintzin ha muerto
y que su corazón quedó torcido
como el alma de sus hijos,
que Cortés llora la ausencia
mientras ordena las cargas
sobre las muchedumbres,
y los pueblos se dispersan
como archipiélagos marcados con tiza.
Vengo de gritar tu nombre,
pero eso no importa,
la noche es blanca en los Andes,
y estoy solo,
y necesito una mujer
que no diga
que no es tiempo para el amor,
que amar en estos tiempos
es lo mismo que flotar como un cadáver
frente a las playas;
por eso grito tu nombre
y traigo estas piedras
desgajadas del Chimborazo y el Aconcagua,
la arena sedienta del desierto de Sonora,
y este buchito de agua del lago Titicaca para que sonrías
y pronuncies mi nombre,
que no recuerdo,
que me fue arrebatado,
y que quiero escuchar de tus labios.
La noche es blanca en los Andes.
Yo vi los triunfos en Cochabamba,
en Guanajuato.
Vi a Hidalgo y a San Martín
admirarse cuando Quetzalcóatl
sangró su miembro
sobre los huesos polvosos
de Lautaro y Cuauhtémoc
para tornarlos al mar de la vida
como hombres nuevos
y hacerlos pelear
por el país que pendía bocabajo
como un ahorcado.
Vengo de gritar tu nombre,
de enseñar ola tras ola
el mar de mi desesperación.
Vean mi sombrero, vean mi reloj,
yo pude ser Margaret Thatcher
y ganar una guerra más grande que ésta,
y hablar de países lejanos,
y poner mi bandera en islas
donde me cabe un solo pie.
Yo pude ser Pancho Villa
o Ernesto Guevara o Sandino,
y agitar en el aire nuevas banderas,
y llevar en la garganta
como un solo canto
a nuestros pueblos,
pero las banderas se han vuelto trapos
flotando sobre los paredones,
y yo sólo soy un montañés
que no pudo ser un vagabundo de los puertos,
que no conoció los bares flotantes
de Rotterdam ni de Marsella,
y en cambio miró a Mar del Plata,
a Cartagena,
a Veracruz,
a Valparaíso,
y pudo sentir el rumor de todos los mares,
y los labios salados
de todas las mujeres de las costas.
Vengo de gritar tu nombre,
de ver a los marinos que tienden las velas
y confían a los mares su destino.
Los heraldos han dicho
que la pampa está en llamas,
que arde el sitio en Cuautla,
que Morelos agita el doliente de Hidalgo,
que el Pacífico y el Atlántico
revientan en los cascos de los barcos,
que una mujer pasea sus lamentos
en las calles angostas
No vendrá nadie
a contar tu ceniza,
nadie gritará tu muerte,
invocarás su nombre,
pero ella no vendrá,
nadie te espera,
nadie te ha buscado nunca.
La noche es blanca en los Andes.
A diario cantamos un epitafio,
una historia más de desamor.
Todo el continente es desamor,
no un viñedo mendocino
abriéndose paso hacia la cordillera,
no el desierto boliviano
buscando la salida al mar.
Vengo de gritar tu nombre,
pero eso no importa,
siento que he gritado todo el amor
y toda la desolación de nuestros padres,
sin dejar de estar solo,
sin dejar de tener miedo,
como un marinero a la deriva
que sólo espera el grito de las sirenas.
Mendoza, Argentina, junio-Caracas, Venezuela, noviembre 2008.
josé de san martín
Ese día me pondré a hablar de Quetzaltenango
porque es una palabra alegre y engañosa,
porque mis compañeros de pulmones fatigados no
saben
que Morazán tomaba el colectivo
entre sus callejuelas de polvo
y dibujaba sus rebeldías en una libreta de aventuras.
A todos los desconocidos les diré que vengo
de las hornacinas de Santo Domingo,
donde la risa es constante y el alma libre,
que tengo un corazón grabado
con tu nombre fresco y embustero.
Les hablaré
de tu lunar y tus hoyuelos de Grace Kelly,
de tus ojos tan humildes y trágicos
que adornan tu boca de arrabal;
les diré que vives en San Juan,
que trabajas bajo un farolito de la calle
entre gente miserable y sutil,
y hablaré de tus pocas alegrías
frente a las acequias,
mientras bebo el té de las cinco
y conspiro contra los hombres
de bigotes de alambre.
Ese día tomaré el aire con otros
más jóvenes e infelices,
y caminaré por la calle François Villon,
no tardarás en reconocerme:
tendré una vieja escopeta,
un zurrón peruano
y una cosecha de papas para ti.
Ese día, en que caminaremos
con nuestros corazones de cera bajo el sol,
ya nos habremos encontrado para siempre.
simón rodríguez
Los ancestros tenían corazones fatalistas y enfermos,
ciudades monótonas de montañas rusas,
y chimeneas olorosas de petróleo.
Nací odiando el sollozo último de su siglo,
y aunque mis ojos son curvos
y mi mundo deforme y dolorido,
yo soy un aviador ebrio de vértigo,
ebrio de la locura sonora de las máquinas,
de la vida febril,
del vagar sin rumbo
en los transoceánicos y aeroplanos
galvanizados de emociones.
Me gustan las fiestas de pirotecnia,
los mundos perdidos del cinematógrafo,
los rascacielos inflamables de cartón
y las epilepsias del jazz-band.
Yo digo que volamos
sobre el desconsuelo de nuestra geografía
con los motores desencajados,
yo digo que convalecemos
porque he sentido mi fiebre
en todos los trenes y barcos
ennegrecidos de carbón. 134
Yo no quiero a los ancestros de alma frívola y trágica,
que sepultaron sus deseos en los campos de batalla,
yo que me entrego sin amor
a todas las metrópolis libertarias,
me dan risa los hombres que me precedieron
con sus banderitas coloridas de miedo
y sus hurras mecánicos de mampostería,
me dan risa los soldados desconocidos
que surcan nuestros pechos
con la artillería del enemigo,
me da risa la propaganda perdida
en la ceniza del tiempo
y las cabezas de radiola
de los países del norte.
Yo tengo un tren que estremece las celosías
cuando se aleja despavorido
del pasado de las naciones levantadas,
un tren con todos los adioses
de los niños abandonados,
que deshoja los caminos.
El futuro empezó hoy,
la vida se entrega como las mujeres del bulevar.
Aunque nada nos sacie,
aunque nadie venga a dejarnos satisfechos,
pongamos nuestros rostros de bufón
frente al Volga suicida
para que nos guiñe un ojo.
Todas las brújulas del mundo nos señalan,
yo tengo sueños,
historias, locuras,
y un perdón para los ancestros
que ojalá estén esperando.
El futuro empezó hoy,
yo seré feliz
con una mujer de senos robustos
y nariz roja,
que salta cuando hace frío,
y que espera mis frases de amor prefabricadas
en un Luna Park de la posguerra.
De Erinias (2006)
ERINIAS
I
Con las madres
aprendimos a caminar
en el seno de la Tierra,
a surcar los campos a través de la noche;
con ellas aprendimos
el lenguaje de los rostros derruidos,
la intensidad de una mirada
huérfana durante siglos.
II
Aquel intenso aroma a muerte,
aquella sangre decidida con aroma a muerte,
aquellas balas interminables con tu aroma a muerte.
A Jean
III
Acribillaron a los maestros,
Ulises dio la orden.
Ulises, hace poco, era el señor de estas tierras,
ahora es sepulturero.
Lo que Ulises hace ahora de sepulturero,
ya lo hacía antes como gobernador.
VIII
INFILTRADOS
De pronto se juega a deshilvanar
el secreto de esta espera,
a buscar la intensidad de este laberinto,
a tejer y destejer la entraña
inaudible del hombre;
se juega entonces a escuchar
los latidos tenues del mundo,
a tener la palabra correcta
que haga temblar
a nuestra propia oscuridad.
También, de pronto,
uno descubre que el juego
es un juego simplemente,
uno descubre la hebra engañosa,
la palabra artera,
esa, en fin, sanguinaria traición
que habita en cada uno de nosotros.
Poemas sueltos
GILGAMESH REDIME A ENKIDÚ
A Saúl Ibargoyen
[Humbaba maldice a Gilgamesh y a Enkidú]
¡Que ninguno de los dos llegue a viejo,
y que por su amigo, Gilgamesh,
Enkidú no obtenga salvación!
Yo, el más famoso de los reyes,
hombre de sudor y de estirpe
que abrí los pasos de la montaña,
que erigí los baluartes de Uruk
morada de Ishtar;
yo, verdugo de Humbaba
que alcancé los confines de la tierra
en busca de la vida;
yo, Gilgamesh, amigo de Enkidú,
hoy, solitario y enfermo, vuelvo al barro.
Pido a los dioses
que mis pasos merezcan el olvido,
que mi nombre sea polvo y dispersión,
que la gente de Uruk
no llore ni se lamente por mi,
que no haya duelo,
que no haya luto,
antes bien que el pueblo esté gozoso;
pero que mi amigo, a quien tanto amé,
perdure en el mañana de los hombres
bajo estos muros de ladrillo cocido
que ningún rey en el pasado
ni ningún hombre en el futuro igualará.
PERSECUCIÓN DE UNA SOMBRA
A Max Rojas
¿Qué más queda por hablar?
Compartimos un dolor
que por fuerza es un barco
que no deja de golpear
contra las escolleras.
Observaste mis temores,
los potros desatados de mis neuronas
y me hablabas de los maderos
crujiendo contra las rocas,
de la ternura de la sal
sobre las astillas.
¿Qué más queda por hablar?
¿De que el último resuello también
es una brisa dominada
por el odio?
¿De esa helada luz en la que nos adentramos
entre mezcales
como rumbo a una soledad más honda,
más fija
y aún no podemos escapar de ahí? 190
Quizá ya no sé cómo hablarte
o entender esos ladridos
de la noche a media calle.
¿Qué más queda por hablar?
si las botellas rotas
han olvidado
nuestras heridas y la sangre
como a viejos desahuciados
bajo la mar.
¿Qué más queda por hablar?,
¿de la militancia retrograda de las aves?,
¿de que la embarcación colapsa?,
¿de que nuestros salados pulmones
se trizan
bajo el insondable mar?
Simples ahogados
que no llegaron a parte alguna
y que encontraron en el fondo de sus rencores
un estado de saciedad.
Iván Cruz Osorio (Tlaxiaco, Oaxaca). Licenciado en Lengua y Literaturas Modernas Inglesas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es codirector y editor de Malpaís ediciones y Dogma Editorial. Autor de los poemarios Tiempo de Guernica (2005), Contracanto (2010) y Dogma (2020). Poemas suyos aparecen en diversas antologías nacionales e internacionales. La editorial New York Poetry Press, acaba de publicar su poesía reunida, Bitácoras del expatriamiento (2025)
Giordana García Sojo (Mérida, Venezuela). Licenciada en Letras (Summa Cum Laude) por la Universidad de Los Andes, con estudios de posgrado en Antropología Social y Derechos Culturales, ha ocupado altos cargos de diseño y ejecución de políticas públicas. Actualmente se dedica a la promoción y gestión editorial a través de Nila Ediciones. Es compiladora y coautora de obras de análisis político, como Venezuela, vórtice de la guerra del siglo XXI (2020) y de los poemarios Bajo el rezo animal (2023), Diarios de flote (2025) y Dinero y otros poemas (2025).


